A vueltas con los rascacielos de Marbella

La cuestión de los rascacielos, por su envergadura, ha reabierto el debate sobre el urbanismo en Marbella. La codicia, la ineptitud gobernando y en suma la abierta estupidez llevaron a Marbella al más completo desastre, lastrando la ciudad con problemas que tardará años en resolver y retrasando su desarrollo.

Gomorra es una película impresionante. Si no la han visto, véanla. Se basa en el libro de Roberto Saviano “Viaggio nell’impero economico e nel sogno di dominio della camorra”, o sea viaje en el imperio económico y en el sueño de dominio de la camorra.

Marbella también fue víctima de un imperio económico y del sueño de dominio de algunos. Las consecuencias, como en el caso de Nápoles, no fueron buenas.

Nápoles también es única: está cargada de Arte, Historia, cultura… y muchísimo más que Marbella: y sin embargo, pese a los numerosos napolitanos inteligentes, preparados y absolutamente honrados que hay, la ciudad sufre el azote del gobierno de lo peor: personas a quienes sólo mueve el interés económico inmediato, carentes de ninguna visión de gobierno de una ciudad que están destrozando. Los mejores se van para no volver, y la economía se va apagando.

Las consecuencias de la corrupción y la ineptitud para gobernar son la miseria, el atraso y la descomposición de la sociedad.

Los males napolitanos no son exclusivos de esa ciudad: de hecho los padece el entero sur de Italia, donde lo peor del sistema clientelar romano está profundamente arraigado. Andalucía acabará igual si los andaluces no reaccionan y las consecuencias serán las mismas: miseria, atraso y descomposición de la sociedad.

El lema del escudo del Consejo de Estado español reza “Praevidet Providet”. En Marbella es hora de hablar, de prever, a fin de mejor proveer. En los últimos años se han hecho muchas cosas bien en Marbella y es de justicia reconocerlo. Otras dejan mucho que desear. Y ciertas que se atisban evocan recuerdos de un pasado en absoluto lejano, casi presente diríase.

Inversión y seguridad jurídica

Desde que el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Marbella entró en vigor el 10 de mayo de 2010, o sea, hará unos dos años y medio,  se ha modificado más de cuarenta veces. Es cierto que el Plan, pese a los años que tardó en salir y el dinero que costó, adolecía de numerosos defectos. Aprobar un documento tan importante a sabiendas de sus enormes deficiencias es, dicho sea con todo el respeto institucional, una muestra de pésimo gobierno.

No es, incidentalmente, el único documento sustantiva y técnicamente deficiente.

La constante modificación del PGOU marbellí está dando nacimiento a una suerte de “urbanismo a la carta”. Un PGOU en continua evolución es tan pernicioso para la ciudad como obrar al margen del mismo. Al amparo de un cambio puntual, lo que se construya será legal, pero no nos engañemos: económicamente es nefasto, como lo son las sentencias injustas o las leyes torpes.

No se puede contentar a todos siempre, como no se puede servir a dos amos a la vez. Gobernar exige establecer unas pautas tan claras como acertadas, con una permanencia en el tiempo que permita que la economía florezca al amparo de un marco normativo previsible. Si la ley cambia continuamente o su incumplimiento con excesiva frecuencia queda sin sanción, la inversión se retrae, buscando destinos mejores.

Cuando un gobernante contenta a todos es porque sobre todo se está contentando a si mismo y la mejor gestión de lo público no es el fin, sino algo instrumental a otros objetivos, distintos y particulares.

La inseguridad jurídica que crea un siempre cambiante PGOU ahuyenta cualquier forma de inversión medianamente seria. El inmueble valioso por sus vistas o su orientación pasará a no valer nada, oculto tras la repentina sombra de un rascacielos como única vista posible.

La construcción de un solo rascacielos exige antes el cambio en las normas generales del PGOU, a fin de admitir un tipo de construcción que hoy por hoy, no es posible llevar a cabo en Marbella. Si construir un rascacielos es legal, nada impide que dentro de cinco años haya quien plantee construir diez, en vez de uno, o cinco, de los que se habla hoy.

De las cinco parcelas que se contemplan, cuatro son de suelo urbanizable y sólo una es de suelo urbano. La realidad es que las primeras tardarán años en ver la luz verde, pero el que se proyecta sobre suelo que ya es urbano podría verla antes. De hecho sólo hemos visto un proyecto, los demás no deben existir aún.

¿Y quién no dice que tras ese uno, no vendrían más, todos ellos en suelo urbano? ¿Cómo ese agravio comparativo entre promotores? No se comprendería.

Marbella no es Dubai

Dubai fue la gran lavadora de dinero negro proveniente del crimen más abyecto, desde la prostitución infantil, al tráfico de personas, armas, drogas o datos informáticos. Sus reglas ahora han cambiado ligeramente, pero circunvalar los controles es sencillo. Basta con poner los inmuebles a nombre de sociedades radicadas en territorios cuya legislación, sin ser paraísos fiscales, admita acciones al portador. Los verdaderos dueños del inmueble no se conocen nunca; cambia de manos sin tributar ni por ganancias de capital, ni por plusvalías ni por transmisiones patrimoniales; y en España desde el 1 de enero de 2013 tampoco tributa por el gravamen especial de no residentes. Con que las acciones cambien de manos, el piso cambia de dueño.

Los rascacielos dubaitíes fueron y aún son activos idóneos para lavar dinero, con un valor mínimo del activo prácticamente garantizado.

Esto es Marbella, visto a través de la privilegiada mirada de Emilio Pino, una persona nacida con esa extraordinaria habilidad que tienen los artistas de ver la belleza y dejarla ahí, plasmada, para deleite de los demás.

Poder ofrecer estas vistas, con un clima excelente y a dos horas de vuelo de numerosas capitales europeas es algo muy digno de conservar. No lo estropeemos, busquemos otras alternativas, creadoras de empleo y riqueza para todos.

Prever para mejor proveer, dice el lema del Consejo de Estado, una de las instituciones más antiguas de España cuyos orígenes se remontan a la monarquía visigoda.

La Historia está para aprender de ella.

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10 comentarios


  1. Enrique Monterroso Madueño

    Cristina: comparto buena parte de tus apreciaciones sobre la ciudad y sus potencialidades. Necesitamos guardar un equilibrio entre el necesario desarrollo y la conservación de sus identidades, una de las cuales es su paisaje y su modelo urbanístico que le presta un carácter singular y diferenciador. La ciudad es un ser vivo que no pertenece a sus moradores por entero. Sin embargo, tus referencias a Nápoles y lo que conlleva , así como a los riesgos para Andalucia me parecen un poco excedidos. De todas formas, me gusta como te expresas. No te conocía pero me alegró ahora. Saludos cordiales

    • Cristina Falkenberg

      Muchísimas gracias por tu comentario, Enrique. A mi también me ha alegrado conocerte.

      La corrupción es profunda, Enrique, no nos engañemos, y tiene raíces profundas. Arraiga porque se permite a muchos participar un poquito en ella. Desde ese momento compra el silencio, la omertà. Aunque sea poco lo que uno se haya llevado, o la ventaja indebida recibida sea pequeña, la mayoría calla, por necesidad, agradecimiento o saber que aquello, de alguna manera, quizá no estuviese bien del todo.

      Por supuesto que los grandes organizadores son pocos y son quienes de verdad se llevan el dinero: pero necesitan la colaboración de muchos, a través de su silencio: y ese silencio se lo compran. Eso es lo peor del sistema clientelar romano y lo hay en el sur de Italia y lo han en Andalucía, Enrique: no nos engañemos. Los EREs fueron años y años de robar a manos llenas, muchas personas con la colaboración y el silencio cómplice de otras tantas.

      Andalucía tiene condiciones naturales bastantes como para ser una de las regiones más prósperas de Europa, empero no lo es. Hay una razón para ello.

      A mi me gustaría ver una Marbella que fuese el motor económico de la zona y por ello trabajaré y se empieza, querido Enrique, porque el día a día funcione con eficacia prusiana, con una administración inteligente, frugal, alejada de populismos, impulsora de una igualdad de oportunidades real y efectiva y que ponga las bases para la creación de buenos puestos de trabajo para todos (quienes quieran de verdad trabajar, que no todo el mundo quiere, hay quien prefiere descansar). Y con el sobrante (basta con recortar despilfarros innecesarios) debe atenderse en condiciones a quien de verdad tiene necesidad. Eso es muy simple: sólo hay que centrar el tiro y estar a lo que hay que estar.

      De nuevo me encantó conocerte. Un abrazo

  2. Pedro

    ¡Magistral! Realmente no haga falta más que tu frase, Marbella no es Dubai, para exponer el conflicto, aparte de que haces muy bien vinculando la construcción de rascacielos con una administración con motivos cuestionables, para no decir otra cosa.

    De todas las maneras, gracias a ti y unos cuantos mas, parece que la batalla ya está ganada, y por el momento Marbella no tendrá que someterse a una política urbanística muy lejos de la que quieren la mayoría de los ciudadanos.

    Enhorabuena Cristina.

    • Cristina Falkenberg

      % de ellas) las Muchas gracias, Pedro. Sí, yo creo que el modelo de urbanismo influye decisivamente en la clase de personas que se puedan sentir atraídas. Creo que el mensaje de muchos ciudadanos de Marbella está claro: no quieren alteraciones sustanciales en un paisaje que es un lujo, por la cantidad de espacios verdes que hay y la práctica ausencia de torres, y no quieren vueltas a un pasado que mejor no recordar.

      Si algo ha demostrado este episodio de los rascacielos es que en ciertas cosas básicas (así como el 90% de ellas) los ciudadanos tendemos a estar de acuerdo y sabemos juntar fuerzas porque entendemos que hay un interés general superior que nos incumbe a todos.

      La enhorabuena es pues para Marbella, hoy y en el futuro, en que esperemos que esta propuesta de los rascacielos no se repita nunca más.

  3. Collins

    ¡Lo has conseguido! ¡Magnifico! Muchas gracias a la plataforma contra los rascacielos por habernos salvado de esas horripiladas construcciones que no caben en absoluto en un pueblo mediterráneo.
    Eres un fenómeno.

    • Cristina Falkenberg

      Muchas gracias pero han sido muchas las personas que han contribuido, desde dentro y desde fuera de la plataforma a la cual apenas le dio tiempo de nada más que una reunión. Tengo la impresión de que quizá para cuando la plataforma se estuviese reuniendo, la decisión de desactivar el tema de los rascacielos ya estuviese tomado por Alcaldía, incluso algún día antes, ante el clamor social.

      La buena noticia es que tenemos una Alcaldía que sabe escuchar, que es sensible a la opinión pública claramente expresada y eso es muy bueno y hay que saber valorarlo. Marbella no quiere “pan para hoy y hambre para mañana”, como probaron ser los rascacielos en todos los lugares donde se hicieron: Torremolinos, Benidorm… Destinos que empezaron siendo excelentes y acabaron por ser de segunda y tercera fila.

      Saber ver eso antes de que ocurriese, como lo supo ver Alfonso Hohenlohe, y tener la firmeza de carácter de plantarse ante ello y decir que él se marchaba de Marbella con su familia y sus amigos, eso tiene un montón de mérito, porque eso es saber ver las cosas antes de que ocurran, en un tiempo en que muchos eran incapaces de verlo (y de ahí el destrozo de la costa española).

      Ahora ya sabemos lo que trae. Conocemos además otro ejemplo, el de Dubai y sus rascacielos de superlujo. Decidir si lo queremos o no,es fácil, y una abrumadora mayoría de ciudadanos ha dicho “NO”. Como le digo a Pedro más abajo: esperemos que la propuesta de los rascacielos no se repita nunca más. Es un debate que simplemente no ha lugar.

  4. francisco

    He llegado a su excelente blog por su brillante artículo sobre las comunidades de propietarios y lamento no poder ya dejar allí este comentario, pero a riesgo de interferir en la línea de este post no me resisto a elogiar que alguien con alguna repercusión se haya decidido a llamar a las cosas por su nombre. Verdaderamente se trata de un ámbito en el que imperan la más cruda ley de la jungla, la impunidad y la permisividad tan característica de los españoles (sobre todo en nuestro querido sur), un auténtico lastre porque afecta a un sector vital para la economía en que todos estamos involucrados. Tengo una casuística particular muy interesante para un periodista y si le interesa se la enviaré en privado. Reitero mi enhorabuena, no esperaba encontrar periodistas que abordaran temas que me afectan e interesan mucho más que los futbolistas, los discursos del Rey o la última y costosa parida del Sr. Mas.

    • Cristina Falkenberg

      Muchísimas gracias por su comentario, Francisco, pero no merezco tanto. Yo simplemente digo lo que todos vemos porque es verde y con asas: sea acerca del tipo de público que podría sentirse atraído por un determinado modelo urbanístico u otro, sea lo que ocurre desde hace muchos años en las Comunidades de Propietarios y en general en el desordenadísimo urbanismo marbellí donde se venden casas, total o parcialmente legalizables (pero no legales) o simplemente no-legalizables…. todo ello sin la menor advertencia al cliente y sabiendo lo que hay.

      Como no es bastante la tomadura de pelo seguimos, y el que le mete la mano en el bolsillo es quien lleva la comunidad, en sus distintos niveles. Es algo sencillamente repugnante. Por supuesto los Juzgados prefieren descansar a hincarle el diente a un asunto en el cual hay auténticas redes organizadas; los colegios profesionales hacen tres cuartos de lo mismo, y lo único que ocurre es que aflora, cara a quien nos visita, lo peor de una España corrupta, putrefacta y en situación de colapso institucional.

      Si alguien es tan ingenuo que se cree que no se ve o que esto no tiene un precio, está muy equivocado. El precio que paga España es altísimo, y es tremendo el nombre que está adquiriendo internacionalmente, con los escándalos de corrupción que salen en los medios y que para el lector se confirman además a nivel “micro”.

      Es sumamente injusto, porque también hay buenísimas personas, absolutamente decentes, trabajadoras y profesionalmente estupendísimas: empero todos esos están pagando la tolerancia de tantos, la completa inutilidad de la Justicia a sus fines y la estupidez institucional (si no algo peor: es lo del Lazarillo que no se quejaba de que el ciego comiese las uvas de dos en dos porque él las comía de tres en tres). No hay lujo sin una elemental decencia, sin un orden y sin una eficacia.

      Por lo demás yo no soy periodista, soy abogado y de algunas cosas, como hace usted, yo también hablo “hechos en mano” y lo que hay es repelente, sí.

  5. francisco

    No es sencillo decir lo que se ve, o al menos para mí no ha sido sencillo encontrar quien lo haga. Sin que sirva de consuelo, sobre el tema hay cuentos iniciáticos difíciles de ver por Atres Media pero que han de seguir por ahí impresos. Mi experiencia confirma que incluso en los casos flagrantes hasta los perjudicados prefieren mirar a otro lado y buscar su propio modo de beneficiarse o contar con los favores del tiranuelo doméstico al que pagan, muy caro por cierto. Su artículo es más digno de elogio si me dice que es abogado, porque los hay -muy ilustres por cierto- que se alían con los cargos para atentar contra la comunidad que les paga. Habla de redes organizadas. Se extienden hasta la Policía Nacional y quien sabe si los jueces, que nadie dijo que los mafiosos no sean gente bien relacionada en sociedad. Siempre encuentras agentes honrados que llaman a eso que les cuentan por su nombre: “acoso inmobiliario”. Lo triste es que te aconsejan que no recurras a ellos, sino a abogados “peleones”. ¿Pero los hay? Yo he encontrado quienes ni me respondieron antes de hablar de honorarios, quienes me aconsejaron desistir porque ellos hacen lo propio en las comunidades donde tienen el despacho y quienes prefirieron decir que no tenían especialistas que admitir que uno de sus clientes es esa Administración propietaria del inmueble a la que yo recurrí sin éxito y que prefiere recortar salarios o servicios públicos que enterarse al menos de por qué ha de pagar tantas derramas por la propiedad de unos locales que tiene siempre vacíos. Comprenderá que más raro que alguien que llame a las cosas por su nombre es encontrar quien tenga tiempo y energías para enfrentarse a esto, pero una cosa que apunta es clara: lo pagaremos, lo estamos pagando ya de hecho. Prometo no volver a salirme del tema, pero de verdad que su artículo es balsámico, de los que devuelven la fe.

    • Cristina Falkenberg

      Es que hay cosas que levantan ampollas, es por eso que es más cómodo no ponerlas negro sobre blanco. Lo que ocurre es que si uno no es capaz de pronunciarse llegado el momento, ante aquello que simplemente no tiene pase, ¿qué clase de persona se es? Y, ¿de qué se queja uno luego?

      Respecto de los Letrados en Marbella —no en particular por ser Marbella pero es de esta ciudad de la que hablamos ahora—, este ciudadano debe decir que ha visto de todo: desde personas estupendas a otras que despliegan un proceder simplemente inaceptable, por no decir algo más fuerte, todo ello ante la pasividad de un Colegio de Abogados y un Consejo Andaluz de Colegios de Abogados que ambos prefieren mirar hacia otro lado, es decir, están podridos hasta la médula, cosa que no es precisamente ninguna novedad entre los Colegios Profesionales de este país. Lo mismo aplica al Colegio de Administradores de Fincas.

      Por supuesto que la Policía Nacional y la Policía Local en esta materia no hacen absolutamente nada, aunque a nivel individual haya inspectores, en ambos cuerpos, a quienes se han aportado datos y pruebas y que ven los mismos abundantes indicios de delito que una servidora. Por lo que respecta a los Juzgados de Instrucción de Marbella mi experiencia hasta ahora coincide con la de una mayoría de ciudadanos que los encuentra cuando menos decepcionantes, y desde hace años, cuestión sobre la cual han corrido ríos de tinta. Es mucha más la desidia que la pobreza y es más cómodo no trabajar: y este es un asunto en el cual aunque el monto total de la actividad presuntamente delictiva es, en términos anuales acumulados, muy importante, al ser numerosos los afectados por el delito continuado y delito masa, parece que no haya mucha intención de abordarlo. Es, como se dice, un trabajo de chinos, con independencia de que la experiencia pueda sugerir que quizá no todos sean libres de arremangarse y ponerse a trabajar, según se ha publicado también y sin que ello se haya desmentido.

      Por lo que respecta a los clientes lo cierto es que en las comunidades son muy pocos quienes se toman la molestia de hacer algo. Otros se sientan a esperar a que se lo solucionen, otros saben que les están estafando y lo asumen como un mal menor, aquí sólo quieren venir a descansar y a estar de vacaciones (y lo comprendo) y otros, finalmente, no entienden ni media de lo que está ocurriendo. Por supuesto a esos hay que sumar los que no tienen el menor escrúpulo en meterle la mano en el bolsillo a su vecino y que son tanto nacionales como extranjeros, que tan ladrones los hay aquí como de otros lugares (si bien es cierto que sin la cooperación de los lugareños se va poco lejos en esta materia).

      Una cosa que se ha de tener muy en cuenta es que simplemente sentarse a ver de qué va un caso y qué posibilidades tiene ya es un trabajo en sí. Personalmente puedo comprender bien a aquellos compañeros letrados que piden un pequeño honorario por estudiar un caso, y que implica muchas veces sentarse horas y más horas sobre los papeles. No puede ser que se trabajen horas y horas y no se cobre, ¿o es que nadie vive del aire? Con harta frecuencia los clientes abusan, desean ser escuchados, hacer mil preguntas acerca del caso en cuestión y de otros, y si las cosas no toman el rumbo que ellos desean, entonces no quieren pagar.

      Personalmente no trabajo sin previa provisión de fondos. El que algo quiere y tiene seriedad, va adelantando según se va generando la minuta, y el que no es que no es que quiere que le dediquen quince o veinte horas de trabajo… gratis. Cuidadín con Marbella y con el “gratis total”.