Marbella 1988-2013: prestigio y prosperidad


Veinticinco años: han pasado veinticinco años desde que salió el primer número del Boletín de la Asociación de Residentes de Marbella. Su lema era “prestigio y prosperidad”.

La razón de ser de la Asociación era aconsejar a un Ayuntamiento que prestaba poca atención a todos esos residentes, tan marbellíes como el que más, que día a día trabajaban por convertir esta ciudad en el paraíso mundial, preservando su encanto y su belleza, a la vez que haciendo de ella un lugar extraordinariamente cosmopolita.

Para lograr sus fines, la Asociación de Residentes se proponía divulgar aún más el prestigio de Marbella, potenciando una nueva imagen de la ciudad, fomentando la cultura y el deporte. Llevarían a cabo campañas de divulgación en los medios de comunicación e incluso editarían revistas. Mantendrían un servicio de información acerca de todas las actividades que se organizasen, y darían a conocer a los ciudadanos sus derechos.

Presidía el Comité Director Don Alfonso de Hohenlohe, descrito en el citado boletín como “marbellí empedernido“, siendo Vicepresidentes Doña María de Salamanca. Ex-Presidente de la Cruz Roja de Marbella “y patrocinadora de cuanta obra social y de beneficencia” hubiere, además de Don Iñigo de Orbaneja, Delegado del Patronato de Turismo y  fundador del hoy reposado Centro de Iniciativas Turísticas, asociación que se fue apartando de lo que para ella preveía el Decreto de 1974 a cuyo amparo se creó, Decreto que empero sigue plenamente vigente (tanto en un sentido jurídico como espiritual).

El Secretario general de la Asociación de Residentes era Don Pedro Eyzaguirre; el Tesorero era Don Miguel López Ferrer y Secretario Adjunto se nombró a Don Andrew Linn. Los vocales serían el Conde Rudi, el ingeniero de Banús Don Alberto Díaz Fraga junto con el Presidente de la sociedad que llevaba el Puerto, Don Alberto Vidiella. Eran además vocales Don Ricardo Bocanegra, Don Enrique Canales y el abogado Don Francisco Fernández García.

En resumen: harina de otro costal, gente estupenda y con unas tremendas ganas de hacer las cosas bien: nada que ver con lo que ya hacia finales de los años 80 se veía campar a sus anchas por Marbella. En este mismo número del Boletín, una graciosa viñeta hacía referencia a los traficantes de armas y drogas, las merertrices y el dinero que se movía por Marbella, ante el estupor del común de los mortales y la ineptitud del entonces Alcalde para afrontar la situación.

De la incapacidad para hacerse con la situación se pasó al conocido asalto de Marbella por estos personajes que de inteligentes, glamurosos, divertidos y emprendedores no tenían nada: resultaron, como todo lo malo, profundamente destructivos.

Es famoso el ensayo de Moses Naim sobre Estados Mafia, publicado en distintas versiones más o menos extensas en el entorno de la revista Foreign Affairs (cercana al grupo Bilderberg que son cualquier cosa menos incultos o tontos). Desde el punto de vista de la teoría política, lo relevante es la identificación de los detentadores del poder, es decir, de las personas quienes encarnan los órganos del Estado, con la mafia. Quienes deben luchar contra el crimen, en sus diversas manifestaciones, son quienes precisamente gestionan grandes entramados criminales cuyo único objetivo es enriquecerse, al precio que sea. Y ya se sabe aquello que decía Jellinek de que el Derecho penal protege el mínimo del mínimo ético indispensable para la convivencia.

Marbella real, Marbella imaginaria

Si de algo eran muy conscientes —como lo es quien escribe estas líneas y que ya lo dijo hace meses en su “Marbella tocada y hundida”—, era del declive de Marbella. En el número del Boletín de la Asociación de Residentes que reseñamos  lo tenían claro: el artículo de fondo que publicaba se titulaba “Marbella real, Marbella imaginaria”, y venía a poner el dedo en la llaga.

El privilegiado microclima de la ciudad, al abrigo de Sierra Blanca, su naturaleza exhuberante y maravillosa, hizo que muchas personas se instalasen en ella. Sin embargo, la falta de servicios básicos, indispensables en una ciudad moderna, hacía saltar todas las alarmas. Algunas cosas de las que se reivindicaban, caso de la autopista o el hospital comarcal, sí se han logrado. También ha mejorado la seguridad ciudadana, sobre todo en el casco antiguo que ya por aquél entonces empezaba a ser intransitable para los visitantes, con la consiguiente ruina del comercio.

Sin embargo la limpieza y adecentamiento de calles y fachadas o la mejora de los transportes, urbanos e interurbanos, está lejos de ser lo que se hubiera deseado. “Hay que reinventar Marbella”, escribían “o pronto nos encontraremos con una ciudad empobrecida, con un pueblo fantasma repleto de urbanizaciones y hoteles vacíos“. Pues sí, señores sí, eso es en buena parte cierto, para qué decir otra cosa. Se vende la costa entera y hay quien tiene que cerrar o resignarse a perder dinero, porque simplemente no tiene clientes bastantes. ¿Es esto justo? ¿Es que no hay nada que se pueda hacer para ponerle remedio? ¡Pues claro que sí!

El turismo no es una industria asentada en un lugar, es como el dinero, que igual que viene se va“, decían, tras haber afirmado que “Es mucho el fruto que Marbella da a Andalucía y a España y muy poco lo que recibe a cambio”. Esto, como ciertos artículos del Código Civil o el catecismo cuando uno es pequeño, son frases que conviene aprender de memoria.

Se hacía necesario inventar Marbella. Con su microclima privilegiado se proponía crear un jardín botánico que estuviese entre los mejores del mundo. Asimismo, señalaban cómo la falta de eventos culturales en la ciudad era casi legendaria. La verdad es que lo sigue siendo, sin que nadie haya pensado en la importancia que esto tiene tanto para el turismo residencial como el de visitantes. ¿Hay algún proyecto de infraestructura cultural de un mínimo de importancia? Ninguno. ¿Y deportiva? Tampoco. ¿Y de que ciertas cosas básicas funcionen? Pues la verdad es que tampoco.

Hoy parece que no estemos en nada de lo que hace veinticinco años ya se vio que era tan necesario, sino en hacer rascacielos, gilismo —que no neogilismo— en estado puro: que algunos de los actores se repiten, con nombres y apellidos.

En Marbella hubo un verdadero “Ayuntamiento Mafia”, modelo teórico de gobierno municipal con los mismos problemas que Moses Naim identifica en su famoso ensayo sobre los Estados Mafia.

¿Hay un Ayuntamiento Mafia? No lo sabemos. Los indicios de que pueda haberlo se sugerían hoy en el diario Sur, y puede darse el caso de que el periodista no estuviese dando puntada sin hilo. Esta lectora así lo cree. ¿Y usted?

Esperamos sus comentarios.

 

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5 comentarios


  1. Diego Eyzaguirre

    Hace ya 25 años cuando mi padre Pedro Eyzaguirre,antiguo diplomático chileno e ilustre personaje reconocido social y culturalmente en el mundo entero,tuvo a bien fundar la Asociación de Residentes de Marbella
    Buen conocedor del turismo de calidad ya que había recorrido el mundo entero en los mas prestigiosos lugares como Biarritz ,Monte Carlo o Acapulco,por nombrar algunos.Era amigo de las gentes mas influyentes y conocidas de los años dorados en Europa y America.
    Por eso cuando recalamos en Marbella allá por lo años 64 por invitación de Alfonso Hohenlohe,quedo tan maravillado por este lugar que se enamoró de esta ciudad
    De esa pasión por Marbella vino la idea de fundar esta asociación que daba prestigio,prosperidad y lustro
    Hoy en peligro de perder su esencia misma con proyectos disparatados que tienden mas en favorecer intereses de algunos pocos por encima de los marbelleros
    Estoy orgulloso de haber sido testigo del compromiso y el cariño de mi padre con esta ciudad por eso hoy debo el seguir defendiendo el “prestigio y prosperidad”de Marbella

    • Cristina Falkenberg

      Muchas gracias por tu comentario. Pues sí, Diego Eyzaguirre, son las personas las que hacen los lugares. No cabe duda que en Marbella hubo quien tuvo una visión y supo llevarla a cabo, sabiendo rodearse para ello de unas personas de calidad extraordinaria, preparadas, trabajadoras incansables y con unos valores. Eso, unido a una serie de condiciones naturales, es lo que hizo de Marbella ese lugar único en el mundo. Sin ese liderazgo, lo cierto es que no hay por qué pensar que Marbella hubiese destacado más que otras ciudades de la costa mediterránea.
      Hoy, 25 años más tarde, somos otros quienes debemos continuar esa labor: es una obligación moral, hacia ellos, para con nosotros mismos y frente a las generaciones que nos seguirán. La Historia la hacemos los vivos, los que en cada momento vemos lo que ocurre y pensamos que el rumbo no es el adecuado. La apatía y la indolencia se pagan muy caras: carísimas. Los rascacielos de hoy, son herederos directos de los desórdenes de ayer, que siguen campando a sus anchas. Los valores no calaron: sólo la tentación del dinero fácil, con una clase política que ha demostrado no ser quizá la más preparada o la que más visión tenga.
      Somos los de hoy, aquí y ahora, quienes tenemos la sagradísima obligación de ponernos en pie y decir “no”, y que hasta aquí hemos llegado, y que lo que hay que hacer es otra cosa, y que nosotros tenemos una idea mejor, en buena parte heredera de todo eso que ya se dijo hace 25 años que faltaba y en parte sigue faltando. Y NO HAY NINGUNA RAZÓN PARA AGUANTARSE CON ESTOS ATROPELLOS. AL CONTRARIO, SABEMOS TODOS MUY BIEN, DEMASIADO BIEN, DE DÓNDE VIENEN Y A LO QUE CONDUCEN.

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  3. Agustín Casado

    Recuerdo que el sr. Eyzaguirre vino a verme a mi estudio entonces y “me dictó” “la graciosa viñeta” de que habla y que reproduce el artículo. Yo fui apenas el instrumento. Me alegra encontrármela veinticinco años después.
    Agustín Casado

    • Cristina Falkenberg

      ¡Pues su viñeta es es genial, Sr. Casado! Y además, sigue estando (desafortunadamente) de plenísima actualidad. una imagen vale más que mil palabras: retomemos pues su dibujo y la acertada crítica del Sr. Eyzaguirre, y cambiemos el rumbo de las cosas. Con una bajada a las catacumbas, ¡llega!
      Mil gracias por su comentario