Pedro Peña y un magnífico Luis Caruncho

Hablar de Pedro Peña es mencionar uno de los grandes decoradores de la Costa del Sol y toda una institución en Marbella. Su tienda, en plena Milla de Oro marbellí, es una auténtica preciosidad. No hay una sola pieza que no sea bella, y por supuesto todas ellas son de calidad selecta.

Si absolutamente espléndida fue su fiesta de 25 aniversario el año pasado, la exposición de Luis Caruncho que inauguró el cóctel del pasado jueves, fue verdaderamente notable también.

Gracias, Pedro, gracias por tu generosidad con todos, siempre y de nuevo este año, también.
En Pedro Peña se reunió lo más granado de la sociedad marbellí: auténticos pesos pesados del mundo de los negocios internacionales, cuya discreción hace que pasen desapercibidos para el común de los mortales: ni fotos, ni nombres, ni mención alguna en los medios; ellos están a otro nivel y todos respetamos su deseo de privacidad y su derecho a ella.

En Marbella viven durante muchos meses al año, dirigiendo sus empresas en todo el mundo desde sus mansiones, auténticas Pymes donde a diario viven y trabajan numerosas personas.

La concentración de fortunas que se pasearon por Pedro Peña el jueves pasado sólo se ve en las grandes capitales… y en sitios muy especiales, como Marbella. Y es que la Galería de Pedro Peña lleva nombres como Roy Lichtenstein, Sonia Delaunay, Max Neumann, Bacon, Tapies, Miró, Chillida, Barceló, Calder, Canogar o Manolo Valdés, artistas cuyas piezas sólo resultan accesibles a bolsillos de cierta profundidad y envergadura.
Pasear por la preciosa tienda de Pedro Peña es poder disfrutar de la sensibilidad, el gusto y el enorme conocimiento de causa de Pedro y su estupendo equipo de diseñadores.

Como me explica amablemente su comercial y buen amigo mío, Damir Koric, “cuando pensamos que ya está bien, Pedro sin embargo ve que aún se puede mejorar, que nada es nunca del todo perfecto, que se puede ir aún más allá: eso hace que estemos en constante evolución“. Y me relata cómo ya conocía a Pedro cuando entró a trabajar con él, “…aunque nunca me imaginé cuánto esfuerzo se hace aquí por ofrecer siempre lo mejor: la mejor calidad, el mejor diseño: siempre un poco más…”

En Pedro Peña “se trabaja codo con codo con el cliente, y hasta que no queda absolutamente satisfecho, no ha terminado nuestro trabajo“. A la vista de las sonrisas y los abrazos parece, desde luego, que había muchos clientes más que satisfechos, tanto que durante la noche se vendieron unos cuantos muebles y objetos de arte.

Moverse por la tienda de Pedro no es sólo pasear entre ambientes bonitos de una vez: es verlos decorados con piezas de Yves Klein, Frank Thiel o Chillida, por mencionar alguno. Y ese dinero internacional “en serio” es el que compra en las grandes galerías y casas de subastas internacionales. Algunos fueron a la fiesta de Pedro, otros faltaron —no sin excusar educadamente su presencia: estaban en la otra parte del mundo, navegando—, “pero a buen seguro se pasarán sin falta“, nos dicen.

Y este fue el público que asistió a una exposición muy especial, la de Luis Caruncho, un artista que se da mucha menos importancia de la que tiene, pero que la Alcaldesa, Ángeles Muñoz, está claro que sabe apreciar, visto que acudió, se agarró del brazo de Caruncho y contempló las piezas una por una, sin perder detalle.

Arquitecto, pintor y escultor, Luis Caruncho es autor también de murales, vidrieras, grabados,  carteles y obras de diseño gráfico.  Activo en numerosos frentes, desde su pasión por la ornamentación de espacios públicos hasta su labor de difusión del arte contemporáneo desde su Sala Kandinsky en Madrid, Luis Caruncho cuenta en su haber con un reconocimiento que abarca desde la medalla del Círculo de Bellas artes recibida ya en 1976, hasta el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid, otorgado en 2010.

A partir de 1975, el conocido marchante André Urban difundirá su obra a nivel internacional desde su galería del Faubourg Saint Honoré en París, convirtiendo a Caruncho en uno de los pintores y escultores españoles más apreciados en la capital francesa y todo un referente en el constructivismo. Su obra se halla en algunas de las mejores colecciones españolas e internacionales, como la del Banco Bilbao Vizcaya o la del Banco Hispano… o los Museos de Arte Contemporáneo, desde el de Buenos Aires hasta el de Zagreb… y por supuesto la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y aquí en Marbella, el Museo del Grabado Español Contemporáneo.

Caruncho domina el volumen magistralmente, hasta el punto de que en sus cuadros monocromo juega exclusivamente con la incidencia de la luz —y su correlativa sombra— sobre la superficie del cuadro, ya se distribuya según un patrón regular que se repite en un orden perfecto, ya se distribuya en una estudiada, sutil irregularidad con la que Caruncho acaricia la mirada del espectador.

De una factura técnica exquisita, las piezas de Caruncho pueden también llegar a ser todo un manifiesto, de singular contundencia, sobre la importancia poética del color. Distribuido en masas perfectamente equilibradas, matemáticamente exactas, Caruncho logra algo tan complejo como transmitir calidez, dentro de su a veces enorme simplicidad.

Del mismo modo que no cabe hablar de música sin ritmo, siendo el ritmo la división del tiempo en partes iguales, no puede hablarse de pintura o escultura sin la división equilibrada del espacio, dejando que la luz se distribuya en él. Y esta es una de las cosas más interesantes de la exposición de Caruncho.

Las dos composiciones que abren la muestra, en las que se desliza el pasado cubista de Caruncho, desde luego mueven a la reflexión en este sentido. ¿Ubicación intencionada, mensaje sutil al espectador? Puede muy bien ser.

Sea cual fuere el caso, poder disfrutar de la obra de Caruncho por cortesía y hospitalidad de Pedro Peña es todo un privilegio: buena parte de la exposición se hallaba al aire libre, en plena azotea.

Con una temperatura perfecta, en inmejorable compañía y con el maravilloso perfume de las flores que en Marbella se abren de noche, era simplemente imposible pedir más y la emoción ineludible, urgente, que produce sin remedio el placer estético, esos momentos de revelación ante un cuadro o una escultura, en la noche marbellí multiplican su poder de trasladar al espectador a otra dimensión.

Otra dimensión, eso fue el cóctel este año en Pedro Peña: un nivel artístico digno de los mejores museos de arte contemporáneo, y un nivel de público que nada tiene que ver con lo que captan los flashes de los medios de masas: esto es otra cosa, y esto es lo que hace y siempre hará de Marbella una ciudad en una categoría propia, suya.

Gracias Pedro, gracias Damir y gracias a todo el equipo de Pedro Peña por todo vuestro trabajo, porque detrás de eso que parece fluir con tanta facilidad hay años y más años de esfuerzo en búsqueda de la excelencia. Sois todo un referente y quienes acudieron el jueves pasado, creo que lo avalan.

Y gracias a Pedro Jaén por las fotos segunda a cuarta y octava de este reportaje

 

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2 comentarios


  1. Maite Correro

    Estas son las noticias que gustan recibir de Marbella, todo con clase, lo demás, festorios vulgares y faltos de contenido, junto con otras cosas similares es lo que a mi parecer descalifican a un grado bajo a esta preciosa ciudad.

    • Cristina Falkenberg

      O por lo menos no dan una imagen fiel de lo que hay, pienso yo. Y la imagen fiel exige hablar de lo bueno, lo malo y lo regular. ¿Que ha habido y siguen habiendo problemas? Si: aquí y en Sebastopol. Pues se tratan con seriedad y sin dramatizar y se superan. ¿Que hay eventos sin un excesivo contenido y se quiere hablar de ellos? Pues este es un país libre. Pero sólo esas dos cosas no son Marbella. Aquí, oculto y sin hacer ostentación, porque simplemente no lo necesitan, aún hay mucha clase, muchisisisisísimo dinero internacional en serio y muchas personas que están pero que muy bien de la cabeza y que pudiendo estar en cualquier parte del mundo, eligen sin embargo pasar la mitad del año en esta ciudad, donde ven sus deseos y necesidades satisfechos. Esa otra Marbella que es la que hace que esta ciudad siga siendo “ella” apenas sale en los medios, pero que salga requiere también tener acceso y ser selectivo, claro, porque escribir por escribir, no: se escribe cuando se tiene algo que contar y esta exposición es de las que en Madrid hubiera tenido su reseña no sé, en el ABC y El País. Bueno pues hay que hablar de ello, sólo que aquí además lo hacen como superplacentero, por la noche, con mucho ambiente y tal. Y el fiestorrón del año pasado fue la repanocha: magníficamente servido por Dani García y la repera, o sea que estos es que además tienen la elegancia de seguir siendo superespléndidos (o sea, como antaño y con un estilazo y una clase que gracias a Dios aún no se ha perdido).