Enmoquetada

Enmoquetada. Marbella está enmoquetada. Puede que se trate de algo permanente o quizá sea un convenio de colaboración temporal suscrito con el Leroy Merlin para que de verdad nos creamos que la primavera ya está a aquí. Sea como fuere, Marbella está enmoquetada: no hay rotonda en la que no haya una bonita alfombra de césped artificial, de intenso color verde homogéneo, perfectamente adaptado al suelo irregular que hay debajo, con su inconfundible brillo de plástico al sol, sus rebordes remetiditos, con esa graciosa rebaba que se forma… Y su diseño, único y exclusivo, en el centro de cada rotonda: con su bordecito de plástico ondulado: más plástico, sí, pero éste más oscuro, por aquello del contraste de colores.

Cada vez tenemos más rotondas enmoquetadas, perfectamente enmoquetadas, Marbella entera está enmoquetada e incluso podría pensarse en inventar la moqueta de arena… y podríamos enmoquetar las playas… Y ya, sólo con pasarles la aspiradora las playas estarían limpias, ¿por qué no?

Alternativamente, y frente a tener una ciudad que está empezando a parecer un muestrario del Leroy Merlin —se cita este comercio porque es el que tenemos aquí y por aquello del color corporativo y sus bonitas exposiciones en las que año a año nos presentan sus colecciones de muebles y complementos de exterior—, frente a esto, decimos, este ciudadano querría proponer una idea creadora de empleo y valor para siempre. Se trata de algo tan novedoso, rompedor y nunca visto como el opus tessellatum romano, también conocido como mosaico de piedra.

Este es un invento duradero, casi definitivo, diría yo, frente a un mucho más efímero —cuanto más efímero mejor— césped artificial. Presenta importantes ventajas en orden a su conservación, pues una vez instalado, se le puede pasar la Kärcher, que lo dejará limpio y reluciente en un pis-pas. No hay que podarlo, regarlo, segarlo ni renovar la vegetación. Así pues, su mantenimiento presenta ventajas tanto frente a las rotondas de vegetación natural como las enmoquetadas.

Pero es que yendo a más, una bonita colección de rotondas de mosaico no dejarían de ser algo muy cultural, reivindicativo de los orígenes romanos de Marbella, que ya en aquellos tiempos este lugar fue centro de diversión y descanso.

Podría pensarse en unas bonitas referencias a la ciudad, de indudable vocación marinera, pero con cierta historia industrial y agrícola. También habría que hacer referencias a su presente: pensemos que esos mosaicos pueden durar un par de miles de años: querremos poder contarles a las generaciones futuras lo que fuimos y cómo vivíamos.

Los motivos pueden ser naturalistas, abstractos o combinaciones de ambos, sin olvidar palos de golf, banderitas y montañitas de pelotas; el pádel, más o menos inventado aquí, no habría que olvidarlo tampoco; otros motivos más sofisticados como yates y Ferraris habrían de estar presentes y por supuesto los clásicos dibujos de flora y fauna merecen su espacio también.

Una bonita colección de rotondas de mosaico, frente a la moqueta actual, no sólo sería de un enorme valor para la ciudad, sino que no habría que volver a renovarlas pronto, como sí va a ocurrir con la moqueta, a la cual es dudoso que nadie le vaya a pasar la aspiradora jamás. Se dijo el otro día y se repite: sólo lo bello, lo bien hecho, lo que tiene calidad y un poco de clase, crea algún valor y utilidad para el futuro.

Por el amor de Dios, dejen de hacer el hortera y destrozar esta ciudad como lo están haciendo. Cuiden de lo que tienen y embellezcan de verdad, usen la inteligencia, por favor, que para eso está: cómo se puede tener tan poca visión, gastar tanto tan torpemente…

El opus tessellatum crea un montón de empleo en un trabajo artístico y gratificante —lo cual es una cuestión de respeto hacia el trabajador como ser humano—, porque es para cualquiera un orgullo haber sido un artesano que participe en una obra que quedará para la posteridad.

Además, el mosaico romano usa materiales locales (eso es bueno para la economía), es limpio y absolutamente ecológico y le daría un carácter propio a esta ciudad de estilo cada vez más… “ecléctico”.

Finalmente habría que pensar en que fuese un primer paso hacia la ampliación de los mecanismos de democracia directa. En efecto, determinadas las rotondas a desenmoquetar y otras que se quieran arreglar, se convocaría un concurso público entre diseñadores. Los ciudadanos votarían para cada rotonda —o serie de ellas, por aquello de que la cosa tuviese cierta unidad estética—, los dibujos que más les gustasen. Es altamente probable que el resultado fuese un acierto total.

Y deberían ser posibles las votaciones online, con toda la información sobre proyectos, contratistas y precios, con los costes al detalle, para que los ciudadanos pudiésemos, detectando los chanchullos, rechazar las propuestas de teselas a 10 € cada una en vez de a céntimos. Sería un primer paso hacia la e-democracia y la verdadera transparencia en los contratos que adjudican las Administraciones públicas.

La única condición sine qua non sería que la opinión del Excelentísimo Ayuntamiento enmoquetador quedase totalmente proscrita, visto que tiene el gusto en los talones, dicho sea en estrictos términos estéticos y con el máximo respeto institucional.

Por una vez estaría condenado a quedarse calladito: y si no, que no hubiese puesto moqueta por todas partes.

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