Jaque al Rey

El jaque el rey es obligatorio anunciarlo, son las reglas del juego.

De la situación de postración y desastre en la cual se halla España tienen la culpa todos quienes con su ultraegoísmo enfermizo, no han respetado las mínimas reglas éticas que hacen posible la pacífica convivencia en una sociedad con posibilidades de prosperidad para todos. La visión grotesca de la acumulación de una riqueza salvaje, en cada vez menos manos y en el caso de España, obtenida de manera tantas veces injusta, es el espectáculo más bochornoso y más horrendo que se pueda contemplar.

La democracia se ha construido entre todos los que han cumplido, y se ha destruido cada vez que alguien ha dejado de hacerlo. El Estado de Derecho “es” cada vez que un funcionario dicta un acto administrativo oportuno y justo; cada vez que un ciudadano paga sus impuestos puntualmente; cada vez que se legisla y se juzga con acierto, ergo con observancia de los más elevados estándares técnicos y morales, que no llevamos más de dos mil años de civilización jurídica formal para nada…

Mucho de esto no ha ocurrido en España durante demasiado tiempo haciendo que el ambiente destile un hedor insufrible. Cuando además se apoipa la voz para adornar lo perverso con palabras biensonantes es como si se abriese la espita del gas metano..

Ya hemos escrito en estas líneas que cuando el de arriba pierde la vergüenza el de abajo pierde el respeto.

Durante muchos años los dislates de algunos han estado ocultos al público general. Por supuesto que hay numerosos desatinos que no revisten interés informativo ninguno: otros, empero sí, y mucho. Los criterios de veracidad e interés informativo, dentro de la exposición respetuosa de hechos, son, como es sabido, los límites legales dentro de los cuales se mueve el derecho a la información. Veracidad no quiere decir necesariamente verdad: quiere simplemente decir que es razonable pensar que lo que se dice es cierto y que se han contrastado de manera suficiente las informaciones que se publican.

Dentro de estos límites, que dan amplísimo margen para informar aún de los temas más escandalosos, en España desde principios de los años ’80 en que la jurisprudencia constitucional ya perfiló los límites de la libertad de expresión, poca excusa hay para la autocensura de los medios.

Con lo que no contaron los autores del 11-M fue con internet. Ese horrendo atentado dejó al descubierto dos cosas: que había quien era capaz de matar a 192 personas y herir de diversa consideración a unas dos mil con tal de salirse con la suya… y que internet no lo manejaba nadie.

La inmensa torpeza de la Casa Real

Durante años se ha cubierto con un manto de silencio cualquier desacierto del Rey y su entorno —se prescinde aquí del concepto jurídico de Familia Real—, entendido esto en su recto sentido, pues son numerosas las cuestiones de las que podría hablarse en relación con cualquier persona —sea quien fuere— y que evidentemente que no revisten ningún interés informativo.

Sin embargo hay otros asuntos acerca de los cuales se debería haber informado en su momento, por su naturaleza y entidad. Es conocido que los mantos de silencio proporcionan una cierta sensación de impunidad a quienes disfrutan de ellos. Es raro que quien se comporta de manera contraria a la ley no lo haga de manera gradual, avanzando según va ganando experiencia en el quehacer y confianza en sí mismo, protegido por el manto de silencio.

Internet ha dificultado el control sobre el silencio. Esto no es que fuese previsible, es que era evidente. En este sentido, resulta inquietante la falta de adaptación de la Casa Real a los tiempos, la desconexión con la realidad de quienes son un “titular fácil”.

La Familia Real no es como las demás familias, resultado de lo cual, su entorno tampoco lo es. Si la Familia Real verdaderamente es como las demás familias, que renuncie a sus privilegios, empezando por la generosa asignación que reciben anualmente, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

El símbolo de la unidad y permanencia de la Nación española no sólo que ha de cumplir con eficacia sustantiva su papel —que no lo está haciendo y lleva mucho tiempo sin hacerlo—, sino que ha de desempeñarlo con dignidad, decoro moral e inteligencia.

Ninguna de estas cosas parecen brillar de manera especial desde hace tiempo.

Es indecorosa la proximidad pública de ciertas amistades, porque simplemente no es ejemplar. Si por las vicisitudes de la vida ciertas circunstancias se diesen, hay para ellas tratamientos más acertados.

Tampoco parece buen ejemplo que nadie pueda haber aprovechado un cargo público para su enriquecimiento personal: vaya por todos.

Del mismo modo que el manto de silencio anima a obrar de modo equivocado a quien si siente arropado por él, los comportamientos que pueda ver próximos quien no parece tener los mimbres personales más sólidos, sólo le sirven de fuente de inspiración. ¿Infidelidad? Se baraja. ¿Enriquecimiento ilícito? La imputación es contundente.

La Casa Real parece empeñada, sin embargo, en su inadaptación a los tiempos. No salva la institución el persistir en lo inaceptable, y si el auto de imputación de la infanta era flojo, la falta de obstáculos a que viaje a un país sin tratado de extradición quien se halla imputado por delitos graves, ya resulta inexplicable.

El hombre más simple parece que hecho el ridículo o ante una sucesión de graves errores, tiende a rectificar, por respeto a sí mismo y a fin de ganarse el respeto de los demás, por ejemplo, reparando el daño hecho. Esta es una máxima de la experiencia.

El español medio, ante lo que ocurre tan cerca del Rey, no deja de preguntarse atónito en qué estarán pensando, y si estarán de verdad preparados para el desempeño de la alta función que se les ha encomendado.

Salvar a Don Iñaki o incluso a la infanta, no merece dañar tan gravemente una institución con muchas, muchas ventajas en su diseño constitucional, por la estabilidad, ejemplaridad y sentido del orden que está destinada a aportar. La Jefatura del Estado no tiene otro interés que encarnar el Estado mismo, ante los demás Estados del mundo y al servicio de cada ciudadano, a quien debe garantizar que los valores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político sean una realidad, aún para la persona más humilde, por el simple hecho de ser todos hijos de Dios.

Qué auténtico abismo entre lo que debe ser, y el horror que está siendo.

A este paso, jaque mate: lo último que necesita España en estos tiempos tan difíciles, porque la alternativa no pinta mejor.

Derecho, Política, Unidad de España

3 comentarios


  1. ANRO

    Son muy pocas o casi ninguna las Instituciones en la que puedan confiar los ciudadanos. La Justicia es una de las Instituciones que no merece la pena seguir creyendo en ella. Al menos en España. Nuestro sistema supuestamente democrático hace agua por todas partes. No vamos a ninguna parte.

    Para cualquier meridiana inteligencia, es inconcebible que una esposa no tenga conocimiento de los negocios de su marido. La Infanta debe ser imputada y juzgada. Por muy estupendo que se ponga el Fiscal y todos el aparato del Estado, en defensa de la corona. La Monarquía está “tocada”. Nadie da un centavo por la casa real. Al igual que con el sistema perverso partitocratico y corrupto. Me avergüenzo de ser Español.

  2. Cristina Falkenberg

    Toca usted una serie de temas de importancia. Dos se van a abordar en este blog pronto. El primero de ellos es el de las alternativas a la Monarquía.

    El segundo de ellos es el de la justicia, pero entendida ésta en un sentido amplio. Se ha escrito muy poco sobre las mafias “abogados – justicia”, y sobre el horror que es el propio CGPJ. Es rigurosamente cierto que en España no hay Justicia, nadie debe creer en ella, y no porque no haya Jueces y funcionarios buenos, que los hay y no pocos, sino porque el ciudadano no sabe lo que se va a encontrar a lo largo del periplo judicial, y siendo la corrupción enorme como es, la probabilidad de toparse con ella es muy elevada.

    Por supuesto que con estos mimbres no hay esperanza alguna de recuperación, porque nadie en su sano juicio está dispuesto a invertir. Al contrario: cuanto mayor sea la miseria, más desesperación y más latrocinio habrá.

    El Consejo General del Poder Judicial no hace nada por remediarlo, y ese CGPJ está haciendo un inmenso, inmenso daño a España.

    Créame que este modesto blog va a hablar todo lo alto y lo claro que pueda del tema. Y yo también me avergüenzo de mi país, me avergüenzo de lo que veo a diario.

  3. Cristina Falkenberg

    Esta mañana se informa de que la infanta podría estar pensando en acompañar a su marido a Qatar. Insisto en que salvar a Don Iñaki o incluso a la infanta, no merece dañar tan gravemente a la institución, otras consideraciones, aparte, claro, porque entonces la pregunta es si España empieza de verdad a ser un Estado-Mafia.