Marbella tocada y hundida (y IV): la necesidad de repensarse estratégicamente

La gota que ha colmado el vaso y ha motivado la publicación de esta pequeña serie de artículos ha sido el proceder tan inadecuado de un establecimiento que se tiene a si mismo por excelente. Si algo revela sugerir que intérpretes de primera fila vayan a tocar a un Beach Club, es un despiste monumental. No es un caso aislado, sino desafortunadamente algo cada vez más extendido.

Una sociedad sin cultura es una sociedad sin valores, pues sus individuos apreciarán poco más que lo material e inmediato que tengan ante sí. Una sociedad sin valores será manejable en algunos aspectos y por un cierto tiempo, pero está abocada al descontrol, ya sea en aquellos ámbitos de la vida de relación que regulen las leyes u otros.

Los sistemas legales se basan en la idea de que hay una amplia mayoría de ciudadanos que de manera espontánea, cumplen las normas: sea por convicción moral, o por la naturaleza disuasoria que la propia norma anuda a su inobservancia. Cuando falta la convicción moral y falla la imposición coactiva de la norma incumplida, entonces se desmorona todo el entramado.

Marbella no es una excepción al desbarajuste generalizado: pero Marbella ha tenido un elevadísimo nivel de descontrol, y sigue habiendo quién aún se resiste a abandonar actitudes periclitadas y que sólo sirven para espantar a la clientela.

No hay lujo sin una elemental decencia: al contrario, el verdadero lujo se basa en unas infalibles garantías de calidad; e infalibles quiere decir que se puede estar tranquilo ante ellas. Eso, en Marbella, en demasiados casos, no ocurre: la informalidad, la falta de seriedad, cuando no la abierta corrupción y el latrocinio están al cabo de la calle —como en tantos otros lugares, pero ahora estamos hablando de este—, y eso tiene unas consecuencias terribles.

Akerloff y el efecto contaminante de sus “limones”

El hiperfamoso ensayo de Akerloff, “The market for lemons” hacía referencia a la compraventa de coches de segunda mano. Si la experiencia del consumidor era negativa —amarga como un limón—, los vehículos de segunda mano no serían percibidos como una buena oportunidad, sino como “un limón”, devaluándose todos ellos por el riesgo de que al comprar, se tuviese mala suerte (y sin las garantías de un vehículo nuevo).

Bien, pues esta “contaminación” de todos por unos pocos, que se produce en la mente del consumidor, hace un inmenso daño a quienes se esfuerzan día a día por cumplir lo mejor que pueden en un entorno nada favorable: ni ayuda la tradicional miopía de la Junta de Andalucía respecto de Marbella, ni la voracidad del fisco y la neurosis iusadministrativa permiten respirar, ni la falta de crédito alienta, ni el mal funcionamiento de la Justicia tranquiliza… ni un mercado laboral que no acaba de romper con el modelo del sindicato vertical franquista es lo más conveniente en este momento.

Si el efecto contaminante de los malos profesionales sobre los buenos es siempre reprobable, en la complicadísima coyuntura actual, lo es muchísimo, muchísimo más.

El efecto crowding-out

Una cosa es el efecto contaminante y otra el efecto expulsión (crowding-out): no son exactamente lo mismo, si bien la contaminación llevada al extremo conlleva la expulsión.

El efecto crowding-out se predica tradicionalmente del sector público frente al privado, y ello en diversos órdenes, empezando por los ámbitos de actividad en los cuales la Administración pretende ejercer de protagonista sin que esté claro que esto sea óptimo.

Por lo que respecta al control obsesivo, las administraciones han de cumplir las leyes, por supuesto que sí, pero deberían ser muchísimo más activas a la hora de proponer reformas de aquellas que en su experiencia resultan inservibles, redundantes o de un coste excesivo para el administrado, atendida su utilidad real.

Añádase a lo anterior el efecto expulsión financiero, cuya consecuencia inevitable es la contracción de la economía a largo plazo pues durante años se han estado empleando demasiados recursos en iniciativas sin la rentabilidad indispensable.

Tan reales como los anteriores son el efecto psicológico del crowding-out, resultado del cual los ciudadanos nos olvidamos fácilmente de que hay responsabilidades que nos incumben principalmente a nosotros. Estimulados por la indiscreta omnipresencia político-administrativa, por inercia miramos a los poderes públicos esperando que sean ellos quienes resuelvan, eso cuando no les hacemos directamente culpables.

Pues las administraciones a veces ni saben, ni pueden, ni quieren resolver. Europa debe regresar a una distribución racional de las actividades y por ende los recursos entre el sector público y el privado, si queremos competir con eficacia y mantener las conquistas sociales que tantos siglos de esfuerzo nos han costado. Marbella no es ajena a esto.

Un lupanar gigante

De lo que no cabe duda es de que hay potestades de la Administración que resultan indelegables, caso de las que entrañan el ejercicio de la pública autoridad. En la actual koiné es sencillamente imperdonable que por parte de las administraciones no se haga todo esfuerzo por aplicar algunas normas que resultan ya urgentes. La presión fiscal en Marbella es de entre las más altas de España y por tanto de Europa.

La calle trasera de Puerto Banús, entre otras zonas de Marbella, es a partir de cierta hora —cada vez más temprana—, sencillamente intransitable. El monumento a la degradación humana que ahí se contempla ya no es que sea incompatible con la idea de lujo: es que es un espectáculo dantesco. La prostitución no es en principio una infracción penal en sí, pero sí lo es administrativa, por ser contraria (en este caso) al artículo 33 bis de la Ordenanza Municipal sobre Protección de los Espacios Públicos del Municipio de Marbella (B.O.P. de 27 de septiembre de 2010); y es desde luego un ilícito civil por ser contrario a los párrafos 1 y 3 del artículo 1271 del Código Civil. Es obvio que la sexualidad de una persona, al igual su buen nombre o un órgano de su cuerpo, son cosas que están fuera del comercio de los hombres, insusceptibles por tanto de erigirse en objeto válido de un contrato, siendo contrario a la ley tanto por esta razón como por chocar con las buenas costumbres. Y van tres cuartos de lo mismo por el tráfico de estupefacientes, que además es delito.

La perfección ya sabemos que no es de este mundo, pero todo tiene su límite y no es de recibo que la mitad de la población femenina en ciertos entornos —incluidos establecimientos de alto nivel—, sea “de alquiler”. Desconocemos si toda esta actividad tiene algún impacto positivo inmediato en la economía; pero de lo que estamos seguros, es de que a largo plazo es profundamente destructiva.

Repensar Marbella estratégicamente

Marbella necesita repensarse a sí misma, desde la madurez autocrítica y despersonalizada. La impresión de deriva es indeleble: todo ocurre al trun-trun y sin que haya un plan ni un liderazgo claro: y no es misión del Ayuntamiento acometerlo: es misión de todos, en especial, del sector privado. Falta completamente nada que se llame planificación estratégica a largo plazo, dentro de un orden coherente de ideas que dote de unidad de sentido el esfuerzo colectivo. Sin amplitud de miras, difícilmente se acertará en la indispensable visión global que nos equipe para afrontar el futuro con éxito.

De lo que no cabe duda es de que el motor económico de la zona es el turismo de lujo, en sus dos modalidades: visitantes y turismo residencial, este último importantísimo en sus efectos económicos y desestacionalizadores.

Marbella tiene que recuperar el tono y el estilo. Son muy poquitas las cosas que se organizan que tengan clase de verdad, y el ambiente general sufre el deterioro de años, con un exceso de oferta para la demanda real que acude.

Stefan Zweig, escritor genial donde los haya, tiene una novela cuyo título lo resume todo: “La piedad peligrosa”. Si por amabilidad (o puro egoísmo y conveniencia) no somos capaces de decir cuándo algo realmente no se está haciendo todo lo bien que se podría (y debería), el resultado probable es que como en la novela, la cosa acabe en tragedia. La propensión a la creación de estructuras inservibles para ninguna otra cosa que no sea parecer que se hace algo cuando en realidad no se está logrando nada; los diálogos biensonantes a los cuales no sigue acción eficaz alguna… son cosas que pertenecen al pasado.

Una ciudad que se pretende meca del lujo y el estilo debe tener claro, de entrada, que la ineficacia no es admisible y la abierta irregularidad, aún menos. Partiendo de esta base indispensable para que nada pueda funcionar, la oferta debe resultar original, interesante, divertida y “world-class”: y eso obliga, inexorablemente, tanto a prestarle atención a la cultura, con mayúsculas, en su versión “ocio-cultura”… como a pensar en tener ocasiones de categoría mundial: y hoy por hoy Marbella no tiene ni la una ni la otra.

El momento no admite más demoras.

 

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13 comentarios


  1. Sancho Amado

    Curioso no leer la palabra prostituta ni una sola vez en un artículo que trata de eso, a todos los niveles, también en el metafórico (sociedad prostituida). Igual tenéis suerte y se marchan a Eurovegas, aunque faltan años para eso y para entonces igual alguna es lo suficientemente metida en años como para marchar a zonas menos lujosas.
    El lujo como viene se va. Antes, hace pocos años, el lujo de Marbella era que no existía el lujo y esa era su mayor belleza (MAR BELLA).

  2. Cristina Falkenberg

    Se ha perdido mucho del buen gusto, Sancho.
    Bueno, el artículo denuncia cosas que son inaceptables pero porque sirven para subrayar que es como si no hubiese una idea clara de a dónde vamos en esta ciudad, pues cualquiera con unos conceptos bien definidos, ¡desde luego toma acción ante ciertas cosas!

  3. Jose manuel Sánchez Orgaz

    Aun estando de acuerdo con el articulo que acabo de leer , echo de menos que solo culpes al sector privado, el Ayuntamiento tambien tiene algo o bastante que ver y hacer y tambien es corresponsable de lo que denuncias (al menos en un porcentaje de culpa)…..Esto que denuncias, ya viene pasando hace años, pero se va degradadando dia a dia, sobre todo en invierno……Igual que conseguierón hasta cierto punto quitar la venta ambulante en Puerto Banus, podian hacer algo más con este problema…….si vas andando por el Paseo Maritimo veras que ha disminido hasta niveles impercetibles dicha venta…y eso si tiene un impacto medianamente importante en la economia local, la cual ultimamente entre la tremenda presión fiscal y la crisis, no termina de levantar cabeza.

  4. Cristina Falkenberg

    Gracias por tu comentario José Manuel. No culpo sólo al sector privado, pero entiendo que es él quien debe llevar la iniciativa, sin perjuicio de la obligación del sector público de contribuir en todo lo que pueda.

    Lo que sí defiendo es que si os recursos son limitados, las administraciones se centren en aquello de que manera alguna pueden hacer nunca los ciudadanos. Pagamos muchos impuestos para a veces ver resultados tan discretos.

    Y sí entiendo que falta por completo una visión estratégica, a largo plazo de las cosas, y que empieza por una mirada autocrítica orientada al diagnóstico despersonalizado pero certero… para luego pensar muy bien a dónde queremos ir y dónde queremos estar.

    A veces hay que decir que hay mucho de segunda, tercera y cuarta fila… con esfuerzos que se hacen al trun-trun y de manera dispersa. El resultado es que esos trabajos rinden muchísimo menos que cuando se encuadran en un plan estratégico lógico y ordenado, respecto del cual entiendo que la voz cantante ha de llevarla el sector privado.

    • Jose manuel Sánchez Orgaz

      Supongo que estaras de acuerdo conmingo que a ese sector privado, al que citas en tu articulo, es al que se le deberia de pedir algo más que la iniciativa en el tema del tren, él cual a este paso no lo vemos por aqui en lustros…que en pleno siglo XXI no tengamos ninguna infraestructura en ferrocariles es penoso, dramatico, vamos, nadie lo entiende…para mi es de vital importancia, no solo para Marbella en particular, sino tambien para Málaga y Andalucia en general, y ese problema es cronico y me temo que va para largo como nos paso con el famoso soterramiento de San Pedro..Un saludo.

  5. Cristina Falkenberg

    Hay otras muchísimas cosas tan importante so más que el tren. Siempre hay que buscar aquellas inversiones cuya utilidad sea mayor, por unidad de coste. Si esto es cierto siempre, “en épocas de crisis, más”.

    Por ejemplo: cable de fibra óptica. Fuuuuuuundamental. Y hay compañías privadas, por ejemplo ONO, que estudian a ver si pueden usar las arquetas y tubos existentes y que tienen buenas relaciones con Telefónica.

    Por ejemplo: lo que yo cito aquí: una buena vida musical. Un par de eventos que tengan categoría mundial… por ejemplo. Son cosas que ahí es más la desidia que la pobreza, como se suele decir: desorganización, descoordinación, muuuuuchas ambiciones particulares…

    Por ejemplo: política de comunicación: tenemos exactamente lo que nos merecemos, por lo que no hemos cuidado y por lo que abiertamente hemos descuidado…

  6. Jose manuel Sánchez Orgaz

    La fibra optica deberia ser más que necesario, una obligación, pero es perfectamente compatible con el tren, cada cosa en su ambito.

    Y los eventos musicales, pues si!!, pero 5 ó 6 de categoria al año, tenemos plazas de toros, campo de futbol, auditorio, etc. etc, pero y por que no un TEATRO???, pero con mayusculas!!! y digno de nuestra ciudad, donde se represente no menos de 15 ó 20 obras al año, ahora, si quieres ver algo, tienes que ir a Málaga.

    Y por supuesto una UNIVERSIDAD, cuantas ciudades con menor censo de habitantes que la nuestra, tienen alguna, es fundamental para el presente y el futuro….

    • Cristina Falkenberg

      Ya – sólo que poner fibra óptica es financiable y el AVE cuesta bastante más…

      La música es lago más continuado que cinco o seis cosas al año, y a mi modo de ver una universidad no tiene ningún sentido. Uno ha de centrarse en lo que hace bien: no vamos a pretender ahora competir con las muchas buenísimas universidades que hay en el mundo.

      Pero por ejemplo un teatro al aire libre cuesta muy poquito hacerlo. Epidauro y similares siguen siendo inventos definitivos…!!

  7. Andrés G. B.

    Sinceramente el artículo me parece un poco friki. Y me lo parece porque después de leerlo dos veces no me entero de la mitad. No comprendo el por qué de tanto término en inglés, ¿Acaso el castellano no posee un léxico lo suficientemente rico? (crowding-out, world-class, Beach Club, Para colmo, las ideas se mezclan de una manera inusual para acabar apostando por una Marbella de ESTILO Y LUJO. Convendría precisar qué se entiende por ESTILO Y LUJO pues para mí estos términos poseen unas connotaciones clasistas, y, si esta es la apuesta que no cuenten conmigo pues la calidad, la Cultura, la gastronomía, los deportes, el ocio en general no tienen nada que ver con el estilo y el lujo, más bien parecen términos acuñados en el barrio de Salamanca por personas poco naturales. Sinceramente, me duele esta opinión porque creo que esta no es la intención.

    • Cristina Falkenberg

      Usted no se ha leído los anteriores, ¿no Andrés? Aparque la batalla “política”, la lucha de clases y otras cuestiones y céntrese en en el márketing, anglicismo más que admitido como lo es el crowding-out y los “spins” de los electrones, del mismo modo que en inglés hablan de “internet portals” o “tapas parties”.

      Partiendo pues de que los idiomas, y más en un mundo global, son permeables, y que Beach Club con sus mayúsculas es el nombre exacto del lugar dado por el establecimiento incumplidor del segundo capítulo de esta serie (no, no estamos escribiendo los sustantivos “a la alemana”)… y siguiendo con que world-class es también un término ampliamente aceptado en márketing, vamos con la sustancia.

      La sustancia viene en lo que usted no se ha leído antes, y no tiene nada que ver con lo que usted está diciendo, pero de lo que no cabe duda es de que si se cobra un precio y se crea una expectativa, hay que cumplir, apreciado Andrés. Y se está cobrando un precio muy superior al de muchos sitios con instalaciones mejores que las de Marbella y un clima igual o mejor. Para ser competitivos en estas condiciones algo más hemos de ofrecer, porque si no, no entiendo por qué nadie querría venir aquí a pagar más por menos (y a las cifras y los hoteles cerrados y vacíos me remito… y dése usted una vuelta por Ricardo Soriano… y… y…)

      De modo que puede que haya algo que no estemos haciendo bien del todo, y esos errores se traducen en algo que se llama un paro sangrante y una desesperanza enorme. El tema es demasiado serio, amigo Andrés, como para tratarlo con ligereza.

  8. Andrés G.B.

    Amiga Cristina, me gusta el tono de tu respuesta. Sólo deseo puntualizar que no es que lo haya tomado a la ligera, simplemente difiero del planteamiento de lo que he leído.
    1.- Considero que Marbella no puede ni debe abstraerse del contexto (Andalucía,España y Europa). Los problemas de aquí no surgen ni se proyectan solo aquí.
    2.- La dinámica de clases nunca puede perderse de vista porque los intereses de los ciudadanos no son homogéneos. Amplias capas de la población viven al margen de la crisis y otras la soportan, en algunos casos, a niveles de subsistencia. Las grandes firmas están facturando más que antes de la crisis y trabajadores honestos los estoy viendo en comedores sociales en Miraflores.
    3.- Me refería al carácter tan abstracto de tu análisis, si lo sacas del contexto lo comprenderas: “Una cosa es el efecto contaminante y otra el efecto expulsión (crowding-out): no son exactamente lo mismo, si bien la contaminación llevada al extremo conlleva la expulsión. El efecto crowding-out se predica tradicionalmente del sector público frente al privado, y ello en diversos órdenes, empezando por los ámbitos de actividad en los cuales la Administración pretende ejercer de protagonista sin que esté claro que esto sea óptimo”.
    Por lo demás, creo que es interesante, aunque no compartida, gran parte de tu análisis. Si bien, podemos estar de acuerdo en algunas premisas.
    En cualquier caso es un placer poder debatir de estas cosas, en un momento en que solo las emociones y las imagenes parecen valer.
    Por ende, precisar, que el lenguaje no es neutro ni neutral; por ello he comentado acerca de los anglicismos.
    Es una pena no poder haber debatido en presencia física, ya sabes que el lenguaje no verbal es más significativo (casi el 70%) que el verbal.
    Desearía que sigas escribiendo sobre esto y te invito a que me hagas llegar todo lo que escribas. Saludos.

  9. Cristina Falkenberg

    Cierto lo del carácter abstracto, pero como yo parto de que el lector medio es muy listo y que a buen entendedor, pocas palabras, cada cual sabrá por dónde coger lo que es pura teoría, ¡pero ampliamente contrastada…!

    Conozco muchísimo mejor de lo que usted se imaginaría las “distintas Marbellas” que hay, pero hace mucho que dejé de pensar que la dialéctica de la lucha de clases fuese válida. La realidad es una muy distinta: todos dependemos de todos, amigo mío, y en economía se dan las famosas “locomotoras”. Si esas se paran, se para todo.

    Lo que sí es cierto es que los operadores del sector privado tienen diversos conjuntos de intereses, pero secantes entre sí en ciertas materias. Los operadores públicos no siempre tienen unos intereses que coincidan con esta zona secante privada. Cuando eso ocurre es terrible, porque supone la inversión de los términos.

    La distribución artistotélica básica según la cual lo público no es un fin en sí sino instrumental a servir de plataforma para que cada sujeto pueda realizarse lo más y lo mejor posible, sigue siendo para mí sustancialmente muy cierta. Cuando lo público empero se repliega sobre sí mismo para atender sus propios intereses ignorando e incluso sacrificando los de las personas a las que sirve, llegamos a la situación de desastre en la cual nos hallamos.

    La segunda cosa esencial que decía esa distribución aristotélica es que lo público debe atender a cada cual según sus necesidades.

    Yo, así de golpe entiendo que nada de esto se da, y al contrario, que llevamos ¿treinta años? de regresión. El genio creador se predica de cada individuo, pero nada puede hacer sin un mínimo sustrato material (sanidad, vivienda, educación…) que le permita desarrollar todo su potencial. Ya lo decía San Agustín: la propiedad es un derecho natural por el simple hecho de que las personas tienen una serie de necesidades elementales que atender, dada su naturaleza corpórea.

    Poniendo esto en la realidad marbellí, que le cuenten a alguien que lleva cuatro años en paro que hay ninguna democracia ni ninguna libertad: lo la hay, porque no hay más que miseria para repartir. Y hay miseria porque cada cual tira de la manta para su lado, en vez de darse cuenta de la importancia de cooperar y de que a un esfuerzo “x” no se corresponda un rendimiento “y” sino un rendimiento 20 veces “y”, porque todo ello ocurra dentro de un plan general, estratégico, pensado a largo plazo (que quiere decir saber ser como las ardillas y guardar para mañana), dotado de sentido y sabiendo ver qué es lo que hace que la locomotora se mueva. Y todo lo que no forme parte de ese debate tan esencial como urgente, no cabe.

    Y ese arrimar el hombro implica un orden en las ideas y que se sepa ver que no se puede vivir del lustre del pasado, porque hace muchos años que pasó; pero que ese, justo ese lustre, es lo que trajo prosperidad. Y no tenía ni color con el dinero que hay ahora aquí, y ni color con el tamaño de la ciudad y su población. pero tenía ciertas cosas esenciales que de no cuidarlas, se están perdiendo.

    El contexto ha cambiado y mucho: pero tanto como hay más competencia, también hay más oportunidades. Lo que no podemos es posponer más el análisis sereno y sincero y si de algo me alegro respecto de estos artículos que al principio causaron cierto revuelo —creo que por incomprensión o incluso mala comunicación por mi parte—, es que el tabú de que algo puede que no sea perfecto ha caído… y no passssa nada. Estamos como estábamos, pero sin que la expresión “pues fatal…” no pueda publicarse.

    Ha sido un placer, en todo caso, debatir con usted.

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