Marbella: tocada y hundida (II) – Este sin desperdicio

Sólo los enemigos de una ciudad pueden empeñarse en imponer a todos su silencio cómplice, o peor aún, las falsas alabanzas. Hace falta ser un iluso para pensar que por callar lo evidente, ello resulte menos visible. Error total: se ve igual, y además, sin muchas esperanzas de que se vaya a remediar, pues no hay solución posible sin un diagnóstico certero.

Bien, pues estos días se ha recibido una variedad de mensajes y comentarios de quienes aunque se le pongan cifras y hechos sobre la mesa, seguirán empeñándose en negar lo evidente y que tantos, tantos reconocen en privado. Ello mueve a dos reflexiones.

Primera. Fueron los nazis quienes hicieron suyo el mantra de “aquí hay lo que hay y al que no le guste que se largue”… tan sólo para acabar aniquilando a aquellos a quienes ellos habían decidido que no les gustaban. Nos rasgamos las vestiduras cuando oímos esto en boca de nacionalistas catalanes y vascos: “…y el que no esté de acuerdo, que se vaya”. Pues déjenme añadir al club a unos cuantos de por estos lares, de quienes se ha oído lo mismo estos días. Y ya se sabe, manías de abogado: una guarda papeles de todo.

Segunda. A los anteriores hay que sumar quienes recurren a la descalificación personal, que suele ser el recurso de aquél sin mejor argumento. El problema es que enviar un comentario lleno de insultos personales no llena la sección cultural del Ayuntamiento: sólo descalifica a su autor. Eso sí, coadyuva a la radiografía sociológica de la ciudad.

Marbella ya no es ni la sombra de lo que fue, y lo es por la torpeza y la falta de valores en demasiadas personas, incapaces de ver más allá del beneficio inmediato que pretenden obtener sin trabajar ni merecerlo. Todo es cuestión de masas críticas y un exceso de lo malo hace que los lugares entren en declive, atrayendo perfiles personales menos deseables, y destrozando la labor de quienes lo hacen bien.

Tanto es necesario luchar contra nuestros defectos, como suplir nuestras carencias, si pretendemos sobrevivir. Y si lo que se busca es atraer un turismo de calidad, me temo que hay que estar a la altura en la oferta.

La gota que ha colmado el vaso

Lo que ahora se va a relatar es la gota que ha colmado el vaso de la paciencia. El grado de estupidez, dicho sea en estrictos términos profesionales —insisto: términos estrictamente profesionales, nada personal—, es de los que hace saltar todas las alarmas. Se acabaron los silencios y a partir de ahora va negro sobre blanco lo que hay. Lo ocurrido no es una excepción, para nada, y sí un excelente botón de muestra que he tenido el dudoso placer de compartir con otras personas, que han pasado por experiencias similares.

Si Marbella quiere verdaderamente tener prestigio mundial, tiene que ofrecer cosas con estándares de los que se llaman “world class”.

Esto, en Marbella, simplemente no ocurre, o a lo sumo, de manera muy, muy ocasional. El evento esporádico, me temo que no crea ambiente.

Son las grandes ciudades las que tienen una fabulosa vida cultural, y es a ellas a donde hay que ir en busca de lo mejor. Hay iniciativas culturales que se quiera o no, resultan costosas, por la propia naturaleza de las cosas. Hay otras, empero, que siendo igualmente estupendas, resultan financieramente mucho más viables.

La buena música, en una gran variedad de géneros y estilos, es una de las cosas de las que más maravillosas que hay en la vida. Hay que ir a por lo mejor, pues nada deprime más que un mal concierto (o una exposición artística donde domine la fealdad).

Toda iniciativa entraña un riesgo financiero, siendo uno de los inevitables el de pagar a los artistas que si son buenos, suelen tener un caché muy respetable. Se tardan muchos años en hacer un buen músico: y ni todo el mundo tiene algo que decir, ni es capaz de hacerlo con belleza. En el arte son muchos los llamados, pero pocos los elegidos; es tan justo como cruel, pero si tiene usted la oportunidad de asomarse a su mundo, hágalo: porque es una de las cosas que más valen la pena en la vida.

Por circunstancias de la vida, quien escribe estas líneas, ha tenido la enorme suerte de poder acceder a lo mejor. En música son quienes pertenecen al circuito internacional, ya estén afincados en España o simplemente de paso; son quienes han estudiado con los mejores, quienes tocan unos instrumentos maravillosos o tienen unas voces privilegiadas. Son esos que actúan en el Auditorio Nacional y el Teatro Real… y en el Metropolitan y la Ópera de París.

Marbella tuvo en su día un efímero contacto con ese mundo —de ahí la calle dedicada a Don Aturo Rubinstein—, si bien la codicia y el abierto latrocinio pudieron en su día más que el amor al arte: ahí está el caso del dinero que dieron los Bockmann para hacer en Las Canteras un auditorio al aire libre: desapareció, misteriosamente. Eso sí, el monolito agradeciéndoles la aportación sigue ahí.

Como no podíamos pagar los cachés —es así de simple—, se empezó a tirar de agenda. Para compensar, a los intérpretes se les planteó un proyecto que fuese personal, suyo, sin intervención de terceros ni del estamento oficial. Se buscó a dos directores artísticos de máximo nivel —uno más centrado en lo lírico y otro en lo instrumental—, quienes accedieron a colaborar sin cobrar. Quien lo coordinaba todo, que es quien escribe estas líneas tampoco cobrara. Los músicos irían a gastos pagados, a cambio de participación en beneficios, el proyecto sería suyo, y la calidad, el buen nivel estarían asegurados siempre, nada de mezclas por enchufismo u otras circunstancias.

Se encontró el entorno adecuado, se eligieron los espacios, se cerraron las fechas, las condiciones y el modo en que iba a desarrollarse todo y quién se encargaría de cada aspecto del proyecto. Eso, aquí y en Sebastopol, es un contrato; y su incumplimiento es algo fuera de todo orden de cosas… aunque en Marbella, siento decirlo, no sea algo extraño. Sépase, pues, que “aquí somos así”.

Bien, pues “así” me temo que no se va a ninguna parte.

Tras meses hablando, y un mes de trabajo intensivo para lograr cuadrar el sudoku de la programación, atendidas las fechas y los espacios reservados, se recibió un mensaje que decía tres cosas:

Primera: que estaban ocupadísimos y que los espacios reservados no iban a poder usarse: la mentira más ridícula no podía ser pues pocos días antes se habían repasado de nuevo todas las fechas disponibles y todos los demás jueves desde mayo hasta septiembre estaban libres a salvo los pocos ocupados desde el inicio.

Segunda: que los músicos podían ir sin embargo a tocar al Beach Club. ¡Al Beach Club! ¡Al señor que hay tortas por oírle en el Covent Garden usted lo manda a tocar al Beach Club que no tiene ni el aforo ni las mínimas condiciones acústicas! Con toda franqueza: ¿se han vuelto ustedes completamente locos? Esto sólo se le ocurre sugerirlo a un completo palurdo, dicho sea, de nuevo, en estrictos términos culturales. Esto es como recibir un Velázquez en donación y decir que uno lo va a poner en el baño.

Aparte de no tener palabra, o bien se padece de unas enfermizas ganas de insultar gratuitamente a los intérpretes, o bien es que uno está completamente fuera de contacto con la realidad: y esto explica, y muy bien explicado, por qué en plena temporada alta, ese establecimiento, estaba la mitad de él cerrado (y no es la única inversión millonaria de la zona que es un completo fracaso, esa es la pura verdad).

Tercera cosa que decía aquél correo: que de lo pactado, nada, y que las condiciones, todas ellas, serían las que impusiese, unilateralmente y en todo, el establecimiento en cuestión, lo cual, aparte de un disparate inaceptable, es algo que “en marbellí” significa: “y aunque vengáis y lo llenéis, no os pensamos pagar”.

Esto… es lo que ocurre en el lugar que es un completo erial cultural, donde todo es por lo general muy de segunda fila y que en el fondo sólo resulta un gigantesco aburrimiento.

Continuará… con que ánimo a todos.

 

cultura, economía, turismo , , , , , ,

3 comentarios


  1. Sancho Amado

    Me quedo con esta frase tuya: “Se tardan muchos años en hacer un buen músico: y ni todo el mundo tiene algo que decir, ni es capaz de hacerlo con belleza”.
    Tú tienes algo que decir y lo has dicho con una fluidez y buen léxico que aporta belleza a la tristeza que publicas.
    Otra cuestión es el hecho denunciado. Mala solución, porque en el último párrafo lo aclaras bien, concretado en la acertada sospecha de “no os pensamos pagar”. Igual piensan los palurdos que el escenario pesa más que la música y que lo único válido en Marbella es poner la mano en lugar de darla. Enhorabuena. Sigue luchando.

  2. Cristina Falkenberg

    Mil gracias por tu enlace, Sancho, que subo por aquí:

    Dice entre otros que

    No puede ser que una empresa creada para la gestión de programas culturales se gaste el 80 por ciento en personal, quedándose sin presupuestos culturales para gestionar”. […]

    LA Junta de Andalucía ha creado con docenas de fundaciones, agencias, organismos, institutos y empresas públicas y otros organismos una administración paralela imbricada en las diferentes consejerías del gobierno. […]

    EN la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales (AAIICC) se integró el personal laboral proveniente del extinto Instituto Andaluz de las Artes y las Letras. 534 personas, sin contar asesores.

    La información la tenéis en la revista El Observador

  3. Pingback: Lomas Pueblo Blog