Marbella: tocada y hundida (I)

Partiendo de unas condiciones mínimas, lo cierto es que son las personas las que hacen las organizaciones… y los lugares. Si fallan las personas, falla todo; y dará igual el dinero que se ponga sobre la mesa: la mezquindad humana será capaz de terminar, y para siempre, con las mejores cosas.

Lo ocurrido recientemente con el que se supone el mejor hotel de Marbella —al menos por instalaciones—, es expresivo de lo que de verdad es esta ciudad, que se empeña trágicamente en atrapar a un turismo de lujo que cada vez viene menos. La razón es tan simple como que en Marbella hay muy poquito que tenga clase de verdad. En lo que respecta a lo cultural, lo que pueda valer la pena —sin ser jamás excepcional—, se cuenta en un año con los dedos de una mano… y sobran.

Si se apuesta por el turismo de lujo hay que saber ofrecer lujo, sin quedar de paletos admirados ante la primera bobada que se proponga o inflando el perro como si no se hubiese visto el mundo por un agujero, aunque eso, exactamente eso, es lo que ocurre y lo que impide a tantos ser medianamente críticos.

Bien, pues vamos a decir las verdades como son: en Marbella hay unos cuantos hoteles de categoría alta o muy alta que tienen que cerrar, en todo o en parte, durante varios meses al año, porque simplemente no va nadie. Y no va nadie, porque no ocurre nada de interés de modo que no hay ninguna razón para que las personas vayan. Es una pena ver unas instalaciones magníficas, sencillamente espectaculares, vacías en plena temporada alta. Por algo será (otros defectos, aparte y que aquí no vienen al caso).

El turismo de lujo es el motor de Marbella. Es lo que tira del resto de la economía, por lo demás necesitada de una urgente diversificación; empero de momento, es la locomotora que hay y la que va a haber durante unos años, de modo que sólo parece razonable querer cuidar de ella para que pueda tirar de lo demás.

No es posible pretender tener éxito en ningún negocio si uno no conoce antes a su cliente. Es apabullante el completo desconocimiento que se tiene en Marbella de lo que de verdad es lujo, refinamiento e interés. Algunas cosas están bien: otras están muy mal, y en general, y es triste decirlo, parece increíble que tras años de industria turística se pueda pensar de verdad y en serio, que lo que se está ofreciendo es lo correcto, no digamos ya lo mejor: porque está muy lejos de serlo.

El problema de fondo de Marbella es que es en realidad sumamente aburrido. Hay un límite de lo que se puede comer, jugar al golf e ir a la playa. Jamás se superará la implosión del turismo residencial y de lujo si no se sabe ver que hay que ofrecer algo más que pachanga de pueblo y cosas de muy segunda fila.

El erial cultural

Lo escribía el otro día: Marbella es un erial cultural. Si uno se asoma a la página del Ayuntamiento, hay capítulos enteros que están completamente vacíos semana tras semana: música, danza, teatro… Los impuestos que se pagan en esta ciudad no se corresponden con lo que se ofrece. Se despilfarra dinero a manos llenas, y mientras tanto, la cultura es una auténtica tragedia.

En vez de emplear de manera directa a tantas personas en el Ayuntamiento, ¿qué tal si invertimos en proyectos que costando mucho menos, son susceptibles de generar puestos de trabajo que, además, por su contenido, generen una riqueza real?

Marbella es una ciudad a la cual le ha llovido el dinero del cielo. ¿Podemos saber cuántas instalaciones culturales tiene? Un infrautilizado Palacio Municipal de Congresos… y un Teatro, que por dentro tiene pase pero por fuera parece el mercado municipal (con mis respetos por el mercado, por supuesto, pero cada infraestructura tiene una estética que le es más adecuada a sus fines).

Luego hay otros espacios, secundarios, no específicos… muy poco, muy pobre, muy expresivo de lo que de verdad hay en el alma y en la cabeza de las personas, siento decir.

La cultura no es algo que incumba al sector público, pese al completamente histérico intervencionismo administrativo que se sufre en este país y que tiene un efecto crowding-out tan negativo respecto del sector privado. La cultura es algo que también se promueve, y de manera muy principal, desde el sector privado.

Son los propios marbellíes que con su indolencia y su pasividad —porque no les molesta la ausencia de cultura, no les duele estar rodeados de esa mediocridad diaria— han contribuido de manera decisiva al desmoronamiento de la ciudad.

Un buen ejemplo de ello es el Centro de Iniciativas Turísticas o CIT, creado al hilo del Decreto 2481/1974, entre cuyas funciones están todas las bondades imaginables, incluidas las de hacer que la normativa urbanística se cumpliese. Esto habla por sí solo pero es que si uno va a la web del CIT, sus Estatutos —que no dejan de ser su carta de presentación—, son tan sumamente incorrectos, que uno no sabe si reír o llorar. Se les ha ofrecido su corrección —gratis, por supuesto—, a lo cual se recibe una respuesta que en “marbellí” significa “gracias, pero no pensamos hacer nada: nosotros así estamos bien”. Ustedes quizá, pero para el resto del mundo, se están cubriendo de gloria…

Y es que este es el problema de Marbella: “ellos así están bien” y no se dan cuenta de lo cateto, lo limitado, lo pueblerino, lo pacato, lo aburrido, lo mediocre y lo sin gracia de tantas cosas… cosa gravísima en un sitio que pretende precisamente atraerse a un cierto perfil de personas, que es exactamente por el que hay que apostar, porque en Europa no podemos competir con la mano de obra baratísima —y el turismo es una industria muy intensiva en mano de obra—, de otros destinos en los cuales ocurre que también brilla el sol durante muchos meses al año.

¿Podría alguien explicar por qué nadie querría ir a un sitio donde no ocurre nada interesante y al contrario, donde hay muchas cosas a las que aquí llaman eventos, que son perfectamente prescindibles?

La incultura es uno de los cánceres que roe y corroe las entrañas de Marbella, una ciudad que apenas es la sombra de lo que fue; hoy poco más que una mona vestida de seda con un vestido que ya tampoco alcanza para cubrirla. Duele oírlo y aún duele más vivirlo, verlo, día a día.

Por supuesto que hay personas buenas, rectas, cultas, estupendas e inteligentes: pero ni se organizan, ni son, desde luego, la media: ¡en absoluto! Y hay vagancia, mucha, mucha, mucha vagancia. Pasar de tomar café y soñar despiertos a efectivamente ponerse a trabajar, eso es un paso que dan pocos.

La incultura y la falta de reacción ante ella, es expresión, por lo general, de una calidad humana pobre. A uno no le molesta estar viendo siempre lo feo, lo básico, lo irrelevante: pasarse meses sin ver una buena obra de teatro, un buen ballet, un concierto excepcional… es que no molesta, no duele que eso falte, se es insensible a estas carencias… o se acepta lo que simplemente no tiene calidad y a lo cual se puede acudir una vez, dos… y seis… pero llega un punto a partir del cual uno ha tenido bastante y siente la necesidad de llamar las cosas por su nombre. No todo puede ser siempre básico, pachanguero, irrelevante… y en el fondo muy sin interés, muy aburrido.

Continuará… con la gota que ha colmado el vaso, y que no es otra cosa que lo ocurrido con uno de los hoteles que se supone “top”, pero que está vacío… y que acabó vendiendo su menú de Nochebuena a 42 € el cubierto. En sabiendo lo que ocurrió, la frase con la que abría este post de que “…son las personas las que hacen las organizaciones… y los lugares” cobrará todo su sentido.

 

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3 comentarios


  1. javier herrero

    wow!

    No has dejado títere con cabeza!

    Estoy de acuerdo totalmente de acuerdo con tu forma de pensar.

    Pero tu articulo deja entrever un pesimismo que es propio de quien parece haber bajado ya lo brazos. No puede ser!
    La sociedad civil que no es cateta ni vaga tiene que organizarse para cambiar las cosas…

    Me gustaría cambiar impresiones con usted cuando pueda.

    mi email es comercial@kabila-decor.com

    Saludos cordiales y espero tener pronto noticias suyas

    Javier Herrero

  2. Benedikt Lantsoght

    Duele leerlo, pero la verdad duele… (siento mi español de guiry)
    Y si uno intenta abrir un negocio en Marbella, las licencias te cuestan miles de euros y si uno se informa en otro ayuntamento (Cancelada) te cobran 60% menos. A la persona que tiene el valor de abrir un negocio ahora deberian subvencionarle. Lo que vi tras los 16 años que vivo alli que Marbella es no hay poco que hacer para los jóvenes en comparación con Fuengirola.
    Una pena que Eurodisney se fue a Paris. Esperemos que su puerto para mini curceros se abra pronto y que, en un futuro Marbella se reinventa como cuidad moderno y joven, sin ver las turistas como vacas lecheras para cobrarles lo màs que se puede. No voy entrar en detalles y ya no vivo màs en la Costa del Sol, pero muchas veces tenia la impressión que hacen el contrario a lo que se debe. La playa de Marbella tiene zonas feas y estrechas lleno de piedras, el servicio en muchos establicementos no es como debe ser y raramente hablan idiomas. La policia multa sin parar. Ni te ocurra ir a urgencias en el Hospital Costa del Sol
    Marbella, el Titanic de la Costa del Sol, dejando unos ricachos jubilados en botes de salvavidas… Marbella, espero que cambiaras porque necesitas algo màs que un microclima para seducir y espero que no me hechas en cara “si no te gusta vete” porque ya lo he hecho como muchos y se me va muy bien gracias.

    • Cristina Falkenberg

      Mucho de lo que dices es muy verdad, Benedikt: hay que darse cuenta de que no estamos solos en el mundo, de que hay muchos destinos con un buen clima y de que las cosas se pueden hacer mucho mejor de lo que se están haciendo.

      Hay numerosas personas que trabajan duro y lo hacen lo mejor posible, pero ellas también se encuentran con la desorganización, la falta de seriedad, la ausencia de profesionalidad cuando no el abierto latrocinio y sinvergüencería de la cual hay mucha —no dudo que la haya en otros sitios también pero ahora estamos hablando de este—, y falta, sobre todo, una idea de dónde se está y a dónde se quiere ir. Los recursos se infrautilizan, hay una actitud muy torpe de entrara queriendo ganar dinero, ganar, ganar, ganar… en vez de entrar pensando que si todos aportan algo, al final todos ganamos.

      Son de entrada las administraciones las que tienen esa actitud ex-ante codiciosa y torpe que bien señalas. La mentalidad tiene que cambiar mucho para adaptarse a los tiempos, pero eso no ha ocurrido, y se sigue recurriendo a soluciones más propias del régimen caciquil decimonónico que de una economía moderna: véase por ejemplo la inmensa cantidad de empleados públicos en puestos de muy dudosa utilidad real. Por supuesto que el paro es un problema, pero estas soluciones si acaso lo agravan cargando aún más las arcas públicas con un gasto improductivo.

      Hay mucha falta de verdadera inteligencia y preparación en nuestra clase política que empero se empeña en mandar en todo sin escuchar a nadie y aunque a lo mejor no sepan demasiado lo que están haciendo, esto es cierto; pero no restemos culpa a los ciudadanos, Benedikte: cuando alguien está metiendo la mano en la caja y los demás lo toleran pasivamente, ¿qué esperar? Y no tiene nada que ver con los de aquí o los de fuera, etc. Es en toda Europa: o recuperamos un elemental sentido de la decencia, de la eficacia (en el logro de objetivos concretos, tangibles) y de la eficiencia (económica), o lo llevamos crudo.

      Por supuesto que los intereses de los políticos están muchas veces alejados de las necesidades de la sociedad a la que sirven: alejadísimos y además con frecuencia van muy a la zaga. Pero no restemos responsabilidad a los ciudadanos: esto es un esfuerzo colectivo, y algunos hacen muy poquito, eso cuando como bien apuntas, no parecen trabajar precisamente en sentido contrario.