Desde lo rural y con lo rural

Reflexiones sobre el suicidio

20.10.17 | 18:55. Archivado en Acerca del autor


A continuación en gallego

No es la primera vez que se tocan estos dos extremos: Cigoña de Infovaticana y Vidal de Religión Digital. Trato a los dos. Soy amigo de los dos. Los dos hablaron demasiado bien de mí. Sé que se aprecian mutuamente en la discrepancia. A nivel de conceptos me siento más próximo a José Manuel Vidal que a Francisco José. Afectómetro no tengo, pero pruebas de su afecto, al que trato de corresponder tengo muchas.

Se tocaron a principios de semana al tratar el delicado tema de la incierta o desconocida causa de la muerte del joven compañero sacerdote Fernando García de Valladolid.

Se para más en el análisis Vidal que Cigoña, pero éste de algún modo lo hace suyo dando el enlace. Es posible que a estas alturas esté aclarado el posible misterio, pero tal como se presentaba el caso despierta interés, y también despierta morbo y empiezan los comentarios para todos los gustos, disgustos y faltos de gusto.

Del caso concreto solo sé lo que pude leer. Me disgusta la muerte de toda persona joven y más si es hermano en el sacerdocio y me disgusta que se aproveche para denigrar al obispo, a quien conozco, respeto y quiero desde que estuvo en Santiago, y a la diócesis y a la Iglesia. Y para lo que voy a decir me olvido de la persona concreta, de Fernando.

Ante cualquier suicidio siempre buscamos razones, olvidando lo difícil que es encontrar razones desde mentes que se supone que funcionan bien en lo referente a conservar la propia vida para aplicarlas a una mente que funcionan mal en este campo concreto.

Buscamos posibles causas externas olvidando que las verdaderas causas son internas. Los factores externos pueden ser desencadenantes, estimulantes o una proyección, incluso verbalizada o somatizada, de motivaciones subconscientes. Y olvidando también cómo se podrán encontrar causas externas comunes cuando son internas y muy personales.

Por la lectura de post y comentarios me parece que ninguno de los que escribe, y leí hasta ahora, tiene experiencia próxima del suicidio de una persona cercana o de temporadas luchando contra ideas obsesivas de un suicidio propio

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.Esto es cierto y también puede serlo la viceversa, me parece.

13.10.17 | 22:45. Archivado en Acerca del autor

A continuación en galego

Una vez leí que la letra impresa, es decir: un texto escrito, puede llegar a tener mucha fuerza, especialmente si no se conoce o si se idealiza a quien escribe, porque nos centramos en la lectura y no hay otros factores externos que nos distraigan.

Tengo cavilado alguna vez sobre esa idea y creo que puede ser cierta, máxime si se alzan muchas voces a favor de quien escribe. También pienso que puede ocurrir al contrario: que un texto sea muy bueno, pero que pase desapercibido o incluso sea atacado porque no le conviene a algún grupo de poder.

Supongo que desde que el ser humano es capaz de expresarse existe la tentación de hacer callar a quien dice lo que no queremos escuchar, como le pasó a Juan Bautista que lo hicieron callar cortándole el cuello, o al mismo Jesús, o a Monseñor Romero.

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Cincuenta años son muchos o pocos. A la gallega, depende.

29.09.17 | 23:00. Archivado en Acerca del autor

Con motivo de cumplir en el mes de junio de este año los 50 de cura y de cesar oficialmente de párroco de seis parroquias, de algunas desde septiembre del 1973, quiso hacerme una entrevista la amiga Cristina Pérez para la sección “A Chaira” del periódico El Progreso de Lugo . Accedí sien mayores dificultades, por quién me lo pedía y también porque creo tener algo que decir. Después de publicada la entrevista pude comprobar que le interesaba a alguien lo que dije, sin que eso signifique que no esté convencido de que otros en las mismas circunstancias pueden tener más y mejor que contar que yo. Con el permiso de Cristina traigo aquí dicha entrevista con algún mínimo retoque; porque la periodista ya me facilitó mucho el trabajo. Si la lee alguien y le gusta, mejor, y si no salgo del paso esta semana sin quebrar mucho la cabeza.

ENTREVISTA A XOSE MANUEL CARBALLO FERREIRO
Cristina Pérez

1-El año de sus bodas de oro es también el de su jubilación, ¿qué balance hace de estos 50 años?

Repito lo que ya dije en otras ocasiones, porque así lo he pensado y repensado: Lo sabido, sabido, volvería a coger el mismo camino. Aproximadamente, no cambiaría un 50%., mejoraría un 25 y evitaría otro 25. Jubilado ya estaba. Ahora llega la jubilación oficial de la atención a parroquias. Ya hace dos años que las viene atendiendo, y muy bien, mi sucesor, Javier Rodríguez Couce, que me permite ayudarle algo.

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Casualidades o causalidades?

22.09.17 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Se escucha o se lee a menudo que no existen casualidades, sino causalidades, dando a entender que todo acontece por algo. También lo creo así, pero me olvido muchas veces y vuelvo a atribuir a la casualidad aquellos hechos que me llaman la atención y no sé por que ocurren.


Hago esta pequeña introducción para narrar algo que no sé porque fue, pero fue. Tampoco sé el interés que puede despertar para que se fije algún lector o lectora, pero también puidrera darse el caso de que les haya ocurrido algo parecido.
Pronto será el primero anivarsario de la muerte de un compañero al que me referí aquí mismo no hace muchos días, Evaristo Lorenzo Orol de Recaré del Valle de Oro y provincia de Lugo.

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El tiempo no se mata. Muere el solito si no se vive.

14.09.17 | 20:48. Archivado en Acerca del autor

A Continuación en galego

Sigo muy preocupado por el conflicto de Cataluña y no me preocupa tanto lo que pueda pasar el día 1 de octubre como lo que pueda pasar después.

Sentimentalmente y por estar acostumbrado a considerar a Cataluña como una parte de España no acabo de hacerme a la idea de una España sin ella, pero no me voy a parar ahora en las razones que mueven a otros a opinar distinto. Parece que el día 1 no se va a decidir modificar el mapa; pero ¿cómo van a reaccionar de ahí en adelante los que quieren reformarlo? No lo sé y, sin querer ser ave de mal agüero, prefiero vivirlo desde aquí, desde Galicia, desde lejos, que desde allí mismo. Ojalá no haya lugar para nuevas manifestaciones terroristas desde dentro. No sabría decir cuál es el mal menor y aunque lo supiera, poco importa lo que yo diga. Así que parece que después de un verano caliente, vamos a tener un otoño hirviente.

Y hablando del otoño y de lo que en gallego llamamos “outonía”, que viene a aquivaler a la producción y laboreo de las finca en otoño, me llegó hace pocos días, vía internet, una carta del amigo y compañero Xaquín Campo Freire, un cura jubilado y jubiloso que no para de fabricar eventos humanitarios. En ella me hacía saber que allá por las parroquias de Mandiá y Marmancón del Ferrol van a celebrar el otoño vital en comunidad los que están metidos en esta estación de la vida y no perdieron el gusto por celebrar.

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Homenaje de un Ayuntamiento a un cura

08.09.17 | 18:35. Archivado en Acerca del autor

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Después de un mes muy caliente y sin señales de enfriar por lo menos por el lado de
Cataluña, volvemos a andar por aquí
con un escrito que hice de muy buena gana por encargo para un acto de homenaje a un compañero cura. Fue un acto sencillo, pero sentido. No ocupó grandes titulares en la prensa ni un minuto de programación televisiva y, sin embargo, es noticia. Algún suspicaz dirá antes de leer: Va a hablar bien porque es cura como él. Pues no. Voy a hablar bien porque fue buena persona y buen cura. Así lo entendió el Ayuntamiento de Narón, en la comarca de Ferrol y las asociaciones o entidades que promovieron el homenaje: Colectivo vecinal A Gándara, Cáritas de la parroquia y Narón Amigos del Arte. El homenaje fue el seis de este mes.
Va, pues:

Señor Alcalde del Ayuntamiento de Narón, señores concejales, entidades convocantes a este homenaje, feligreses y no feligreses de Evaristo, familiares, compañeros y amigos suyos e incluso algún enemigo si anduviese olfateando alguno por ahí, porque para ser amigo de alguno hay que ser muy mala persona, cosa que Evaristo ni era ni es.

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Graciñas, Señor Santiago

26.07.17 | 22:41. Archivado en Acerca del autor

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Voy observando que es una tendencia muy común en los humanos la de que casi todos los que por una o por otra razón tuvieron que dejar su tierra, aspiran a poder reposar en ella per saecula saeculorum. Bien es cierto que no siempre es posible tal aspiración.


Tienen que ser muchas las causas que están detrás de esta tendencia tan enraizada en los pueblos que fueron dejando de ser nómadas. No faltarán analistas que las destripen con el máximo rigor; pero se me ocurre, dejando volar un poquitín la imaginación, que toda la tierra está animada desde que el Creador le insufló a un trocito de ella, tomando la parte por el todo, uno soplo de vida, y por eso siempre la propia tierra tira mucho. Especial fuerza de atracción tiene que ejercer aquella más inmediata que nos configura pra reclamar las porciones que cedió sólo en préstamo temporal.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (y IV)

21.07.17 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

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Por fin termino la evocación después de 32 años de un hecho angustioso vivido entonces y revivido, amasado con todas las experiencias acumuladas desde entonces. Quienes hayan tenido la paciencia de acompañarme a lo largo de las tres últimas semanas saben que me refiero a la angustia espera durante siete horas por papel higiénico en una situación en que yo no podía salir de cama debido a una convalecencia de más de tres meses por una fractura conminuta de ala ilíaca izquierda y acetábulo pélvico con posterior paresia de ciático, causado todo por un accidente de circulación.


Por mi edad, 41 años, no procedían pañales y después de pedir sin éxito el dichoso papel a ateses, responsables de inyecciones contra embolias, chicas de la limpieza y tomadoras de tensión, a eso de las trece horas, vino el RAP, (Responsable de Asistencia Pastoral), también conocido más vulgarmente como el CURA y también como Don EDELMIRO.
Su saludo cariñoso de compañero, con la diferencia de que él estaba en activo y yo en pasivo, fue:

-Buenos días, Xosé Manuel.

Mi respuesta, o no respuesta, apresurada salió como un proyectil:

-¿Está muy lejos de aquí el papel higiénico?

Acorde con las mismas prisas de la pregunta fue su respuesta inmediata:

-Tres puertas más adelante. ¿Lo necesitas?

- ¡Desde las seis de la mañana!

Salió de mi habitación, la 330, y en un abrir y cerrar de ojos volvió con tres rollos, uno en cada mano y otro debajo del brazo.


Nadie me lo confirmó nunca con claridad. La historia se encargará de hacerlo en su momento; pero no hay quien me desmonte de mi convicción de que todo estaba estudiado y planeado desde arriba; porque, en el tanteo de competencias en las más bien frías relaciones diplomáticas que se llevaban en aquel momento entre la Iglesia y el primer gobierno socialista, después de largos años de dictadura, aparentemente protectora de la Iglesia, pero en realidad sólo protectora de su iglesia, hay sobrados motivos para sospechar que socialistas de viejo cuño, recalcitrantes y anticlericales, consideraban que el servicio del papel higiénico podía ser una de las competencias cedidas por el Estado al ámbito eclesiástico, en virtud del Concordato, dando así un paso más en el intento de que la cuestión religiosa se recluyese al terreno de lo privado.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (III)

15.07.17 | 16:12. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Quedaba hace ocho día rememorando aquel día de comienzos del 1985 que probablemente no me puedan borrar de la memoria ni el temible señor Alzheimer ni el temido señor Parkinson por quedar impreso no sólo en todo mi ser corporal, sino incluso en el aura extracorpórea, en la agradable compañía de una TDTA (Tomadora De Tensión Arterial) del Complejo hospitalario Xeneral-Calde de Lugo. Lástima que no pudiese disfrutar de esa momentánea compañía por estar yo viviendo aquella mañana con la inevitable obsesión de hacerme con papel higiénico antes de que aconteciera lo que me temía que irremisiblemente acabaría aconteciendo.

Dicha TDTA, vivía lustrosamente esa imprecisa edad previa a doblar el Cabo de Buena Esperanza. Aparentaba ser mujer abierta, tanto por la forma directa y limpia de mirar, como por el trato siempre próximo, como por los últimos botones superiores de la blusa, pero todo dentro de unos parámetros normales, en lo que a mí me es dado a entender, que mucho no pode ser. Tuve otro compañero de habitación mucho más sabio que yo en ropas interiores que me dijo un día:
-Usted, aunque sea cura no se extrañará de lo que le voy a decir, que todos somos hombres. El sostén de la de la tensión debe ser de tiempos del franquismo, porque bien se nota que oprime al interior, engaña al exterior y levanta monumentos a los caídos.

Me quedé pensando un poco y, como él sólo estaba de paso, porque habían tenido que volver a partirle el cúbito, o quizás el radio, no recuerdo con exactitud, que soldara sobrepuesto, y no teníamos confianza para tocar ciertos temas y además yo tenía bastante a que atender, le respondí secamente:

-No sé, que yo libré de la mili por estar en el seminario. Ni siquiera juré bandera, debido a un despiste.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (II)

08.07.17 | 16:18. Archivado en Acerca del autor

(En castellano y a continuación en galego)

Lamento profundamente dejar sufriendo a algunos desde hace ocho días. Nunca uno las tiene todas presentes y no me di cuenta de que hay personas con los humores de los hipocondrios tan descompensados que sufren una terrible enfermedad que consiste en sentir los síntomas de todas las que van encontrando en los compañeros de camino. Dos lectores veladamente me acusaron de ser yo la causa de que no les anduviese el vientre en estos últimos ocho días. Era lo que me faltaba ahora, ¡a mi edad!

Permítanme detenerme un ratito en la temible Hipocondria. No le deseo este mal ni al peor enemigo, sobre todo desde que supe de uno médico que se volvió hipocondríaco desde que tenía la plaza en propiedad. Era un médico de los de antes, de los especialistas en todas las disciplinas y, atendiendo en su casa a una parturienta, también él rompió aguas. Una vecina, partera ella de oído, quiero decir sin partitura, y conocida como “La Gaceta”, se dedicó a pregonar que Don Epifanio incluso dilatara; cosa muy poco probable, porque con los primeros empujes se desvaneció, como nos pasaría a la mayoría de los hombres. Tuvo que dejar la profesión y no falta quien lo compara con Argán, el Enfermo Imaginario de Molière; pero no. No cabe compararación; porque Don Epifanio no anda maquinando casorios como Argán. Está recluido en su habitación y mata el tiempo no viviéndolo, de paso que se embota un poco más cada día con los ojos fijos en el televisor mirando dibujos animados en japonés, pero sin traducir, ni subtitulados, ni diccionario.

Este trabajito es divulgativo; pero si pretendiese darle rigo científico cabría decir algo del síndrome de “Couvade”, por el que algunos padres al comienzo y al final del embarazo de la mujer sufren síntomas semejantes a los de la preñada, aunque cotejado el ADN no sean el verdadero progenitor. Y de ahí se podría dar el salto al ñandú, esa especie del Viejo Mundo semejante a los avestruces, pero más pequeña, en la que no es infrecuente que sea el macho quien se mete en cama pra incubar los huevos, mientras la hembra va a buscar la subsistencia. No acierto a entender como no está ya en marcha “La Semana del Ñandú Común”, debido al dimorfismo sexual de algunos individuos de la misma especie.

A ver si no perdemos el hilo. Quedábamos en que a las siete de la mañana de un infausto día del año 1985 en el Hospital General-Calde de Lugo, había pedido este servidor papel higiénico pra hacer frente a una necesidad perentoria y compulsiva al incluso tiempo.

Serían alrededor de las nueve y media, cuando entró en la habitación dejando abierta de par en par la puerta, la CHDL., (Chica De la Limpieza), que más bien debería ser SDL (Señora De la Limpieza) aunque ella debía pensar que seguía siendo CH; porque llevaba una minifalda que le quedaba como un rifle de caza mayor a uno San Francisco de Asís. Al vela llegar, también creí ver el cielo abierto y pensé que por fin podría abrir placenteramente mis esfínteres más pudibundos antes de que pudieran relajarse, debido a la prolongada sobrecarga a que estaban sometidos, dando lugar a momentos de bochorno cuando les tocase el turno a las HDCH, (Hacedoras De Camas Hospitalarias).
De manera que, muy amablemente, volví la implorarle, disimulando mi angustia, el nunca tan deseado papel.

Ella, también con muchísima amabilidad, interrumpió el "Onditas vienen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, y me contestó:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta ya se lo traigo de contadito; pero aún me queda todo el otro lado y lo que te rondaré, morena.

Recé un Padrenuestro implorando el milagro de que no se produjera una descarga intempestiva antes de que la CHDL rematara de pasarle la fregona al te rondaré, morena.

Según me contó luego el vecino de habitación, de sobrenombre el TTB, (Trescientas Treinta B) que había salido fumar un cigarrillo medio clandestino al descanso de las escaleras generales, exponiendo, orgulloso y arrogante, a la contemplación de cantos subieran o bajaran sus casi esqueléticas canillas, que navegaban con soltura en unas flojas chancletas de color rosa y el pijama que un día había tenido color y que con el tiempo había perdido color y diez centímetros por lo menos en cada pernera.

Decía, o más bien quería decir, que, segundo él, mi transitorio compañero de habitación, cuando la CHDL acabó su trabajo, se encontró allí mismamente delante de él, en el descanso de la escalera con una compañera de otra planta a la que le preguntó qué número del cupón de la ONCE había salido premiado la víspera por la noche y, ante la respuesta de la otra no se le ocurrió nada mejor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dos números! ¡Nunca tanto me aproximé como esta noche!

¡Buena la hizo!, porque le respondió la otra con malos modos que si se aproximara como debía, en virtud del débito matrimonial, no andaría su marido olfateando casi todas las noches a ver se encontraba a quien aproximarse.

Mientras tanto, yo seguía impotente y por fortuna inoperante, sintiendo en lo más íntimo de mi mismo aproximarse lenta pero irremisiblemente a su salida, lo que por ley natural tenía que salir con papel higiénico o sin él.

Aquel día no tomé ni un simple sorbo de café al desayuno pra evitar que la ingesta actuara de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo esto, ahí por las diez cuarenta y cinco, le cuadró de pasar a la TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que disponía de un horario bastante flexible y que guardaba con encomiable circunspección datos no transferibles, como pude deducir al experimentar que nunca logré que me revelara la tensión que indicaba la maquinita que yo tenía. Me parecía injusto el hecho de no revelármela a diario. Lo vivía silenciosamente como un espolio de algo muy mío aprovechando mi estado de indefensión, ya que, si la tensión era mi tensión y sólo mía, ni siquiera inducida por fármacos, dieta o estrés hospitalario, debía ampararme el derecho a conocer algo de mi exclusiva propiedad.

Andando el tiempo y consultado el Aranzadi llegué a la conclusión de que cuando hay legislación por medio las realidades dejan de ser simples para transformarse en poliédricas. Estaba yo en un craso error que me llevaba a emitir juicios temerarios.

No me amparaba derecho ninguno particular, porque por encima del bien individual está el bien común, del que dimanan casi todas las órdenes de expropiación. Intento explicarme:

La tensión, por ser tan mutante, tanto a la alza como a la baja, no puede considerarse, salvo raras excepciones, como un ente congénito, ni endógeno, ni hereditario. Y, aunque en circunstancias normales se diese por bueno que la tensión arterial o su equivalente, la presión sanguínea, fuera del paciente hospitalizado, el conocimiento de la misma es en principio de la TDTA debidamente capacitada y autorizada, e incluso en la parte alícuota correspondiente puede ser considerada a dicha tensión como propiedad de la colectividad, o cuando menos, segundo otros autores, la colectividad puede considerarse dueña de ciertos emolumentos usufructuarios, por ser obtenido el conocimiento de la misma mediante instrumental privado pero de uso público, o a la viceversa, adquirido con dinero de los presupuestos de las administraciones competentes en la materia. Tal es también el caso de los fonendos, sillas de ruedas y pañales, propios e intransferibles de cada hospital de la red pública, independientemente de la marca o modelo, que ahí es donde pueden entrar los tanto a cientos de financiación en B a los partidos políticos.

Siendo esto así, lo de la tensión, no lo de los partidos, me asalta una nueva duda: ¿Cómo puede justificarse que yo no pueda conoce mi tensión al ponerme siempre de espaldas la pantallita del tensiómetro, pero en cambio pueda conocer la mía el vecino de habitación o yo la suya a través de la misma pantalla indefectiblemente orientada de espaldas al interfecto? Habrá que modificar la ley y me extraña que no esté ya trabajando en eso alguna comisión parlamentaria de partidos que tanto abogan por el ansiado cambio.

Si todo sigue su cauce también seguiremos dentro de ocho días, pero, por favor, no me hagan volver a sentir mal. Están cayendo las once de aquel fatídico día y por las trece estaba resuelto el problema.

En galego
¿De quen foi e é competencia o papel hixiénico na sanidade pública? (II)

Lamento profundamente deixar sufrindo a algúns desde fai oito días. Nunca un as ten todas presentes e non me din conta de que hai persoas cos humores dos hipocondrios tan descompensados que sofren unha terrible enfermidade que consiste en sentir os síntoma de todas as que van atopando nos compañeiros de camiño. Dous lectores disimuladamente acusáronme de ser eu a causa de que non lles andase o ventre nestes últimos oito días. Era o que me faltaba agora á miña idade!

Permítanme determe un chisquiño nisto da Hipocondria. Non lle desexo este mal nin ó peor inimigo, sobre todo desde que souben dun médico que se volveu hipocondríaco desde que tiña a praza en propiedade. Era un médico dos de antes, dos que eran especialistas en todas as disciplinas e atendendo nunha casa a unha parturenta, tamén el rompeu augas. Unha veciña, parteira ela de oído, quero dicir sen partitura, e coñecida como “A Gaceta” dedicouse a pregoar que Don Epifanio ata dilatara; cousa moi pouco probable, porque cos primeiros empuxes desmaiouse, como nos pasaría á maioría dos homes. Tivo que deixar a profesión e mesmo hai quen o compara con Argán, o Enfermo imaxinario de Molière; pero non. Non hai comparanza; porque Don Epifanio non anda maquinando casoiros coma Argán. Está recluído na súa habitación e mata o tempo non vivíndoo de paso que apampa cara a tele mirando debuxos animados en xaponés, pero sen traducir, nin subtitulados, nin dicionario.

Este traballiño é divulgativo; pero se fose de rigor científico cabería dicir algo do síndrome de “Couvade” polo que algúns pais ó comezo e ó remate do embarazo da muller senten síntomas semellantes ós da preñada aínda que polo ADN non sexan o verdadeiro proxenitor. E de aí saltaríamos ó ñandú, esa especie do Vello Mundo semellante ós avestruces, pero máis pequerrecha na que non é infrecuente que sexa o macho quen se mete na cama pra chocar os ovos, mentres a femia vai buscar con que manterse. Non atino a entender como non está xa en marcha a Semana do Ñandú Común, debido ó dimorfismo sexual dalgúns individuos da mesma especie.

A ver se non perdemos o fío. Quedabamos en que às sete da mañá dun infausto día do 1985 no Hospital Xeral-Calde de Lugo pedira este servidor papel hixiénico pra facer fronte a unha necesidade perentoria e compulsiva ó mesmo tempo.

Serían ó redor das nove e media, cando entrou na habitación deixando aberta de par en par a porta, a CHDL., (Chica Da Limpeza), que máis ben debería ser SDL (Señora Da Limpeza) aínda que ela debía pensar que seguía sendo CH; porque levaba unha minisaia que lle quedaba como un rifle de caza maior a un San Francisco de Asís. Ó vela chegar, tamén crin ver o ceo aberto e pensei que por fin podería abrir pracenteiramente os meus esfínteres máis pudibundos antes de que puidesen relaxarse debido á prolongada sobrecarga a que estaban sometidos dando lugar a uns momentos de bochorno cando lles tocase a quenda ás FDCH, (Facedoras De Camas Hospitalarias).

De maneira que, moi amablemente, volvín a implorarlle, disimulando a miña angustia, o nunca tan desexado papel.

Ela, tamén con moitísima amabilidade, interrompeu o "Onditas veñen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, e contestoume:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta xa llo traio de contadito; pero aínda me queda todo o outro lado y lo que te rondaré, morena.

Recei un Padrenuestro implorando o milagre de que non se producise unha descarga intempestiva antes de que a CHDL rematase de pasarlle a fregona ó te rondaré, morena.

Segundo me contou logo o veciño de habitación, de sobrenome o TTB, (Trescentas Trinta B) que saíra fumar un cigarro medio clandestino ó descanso das escaleiras xerais, expoñendo, fachendoso e arrogante, á contemplación de cantos subisen ou baixasen os súas case esqueléticas canelas, que navegaban con soltura nunhas frouxas chancletas de cor rosa e o pixama que un día tivera cor e que co tempo perdera cor e dez centímetros polo menos en cada perneira.

Dicía, ou máis ben quería dicir, que, segundo el, meu transitorio compañeiro de habitación, cando a CHDL acabou o seu traballo, atopouse alí mesmo diante del, no descanso da escaleira cunha compañeira doutra planta á que lle preguntou que número do cupón da ONCE saíra premiado a véspera pola noite e, ante a resposta da outra non se lle ocorreu nada mellor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dous números! ¡Nunca tanto me aproximei como esta noite!

¡Boa a fíxo!, porque lle respondeu a outra con malos modos que se se aproximase como debía, en virtude do débito matrimonial, non andaría o seu marido pescudando case todas as noites a ver se atopaba a quen aproximarse.

Mentres tanto, eu seguía impotente e por fortuna inoperante, sentindo no máis íntimo de min mesmo aproximarse lenta pero irremisiblemente á súa saída, o que por lei natural tiña que saír con papel hixiénico ou sen el.
Aquel día non tomei nin un simple sorbo de café ó almorzo pra evitar que a inxesta actuase de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo isto, aí polas dez corenta e cinco, cadroulle de pasar á TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que dispoñía dun horario bastante flexible e que gardaba con encomiable circunspección datos non transferibles, como puiden deducir ó experimentar que nunca logrei que me revelase a tensión que indicaba a maquinita que eu tiña. Parecíame inxusto o feito de non revelarma a diario. Vivíao silenciosamente como un espolio de algo moi meu aproveitando o meu estado de indefensión, xa que, se a tensión era a miña tensión e só miña, nin sequera inducida por fármacos, dieta ou estrés hospitalario, debía ampararme o dereito a coñecer algo da miña exclusiva propiedade.

Andando o tempo e consultado o Aranzadi cheguei á conclusión de que cando hai lexislación por medio as realidades deixan de ser simples pra transformarse en poliédricas. Estaba eu nun craso error que me levaba a emitir xuízos temerarios.

Non me amparaba dereito ningún particular, porque por encima do ben individual está o ben común, do que dimanan case todas as ordes de expropiación. Intento explicarme:

A tensión, por ser tan mutante, tanto a alza como á baixa, non pode considerarse, salvo raras excepcións, como un ente conxénito, nin endóxeno, nin hereditario. E, aínda que en circunstancias normais se dese por bo que a tensión arterial ou a súa equivalente, a presión sanguínea, fose do paciente hospitalizado, o coñecemento da mesma é en principio da TDTA debidamente capacitada e autorizada, e ata na parte alícuota correspondente pode ser considerada a devandita tensión como propiedade da colectividade, ou cando menos, segundo outros autores, a colectividade pode considerarse dona de certos emolumentos usufructuarios, por ser obtido o coñecemento da mesma mediante instrumental privado pero de uso público, ou á viceversa, adquirido con diñeiro dos orzamentos das administracións competentes na materia. Tal é tamén o caso dos fonendos, cadeiras de rodas e cueiros, propios e intransferibles de cada hospital da rede pública, independentemente da marca ou modelo, que aí é onde poden entrar os tanto por centos de financiamento en B ós partidos políticos.

Sendo isto así, o da tensión, non o dos partidos, asáltame unha nova dúbida: Como pode xustificarse que eu non poida coñece a miña tensión ó poñerme sempre de costas a pantallita do tensiómetro, pero en cambio poida coñecer a miña o veciño de habitación ou eu a súa a través da mesma pantalla indefectiblemente orientada de costas ó interfecto? Haberá que modificar a lei e estráñame que non estea xa traballando niso algunha comisión parlamentaria de partidos que tanto avogan polo ansiado cambio.

Se todo segue a súa canle tamén seguiremos dentro de oito días, pero, por favor, non me fagan volver a sentir mal. Están caendo as once daquel fatídico día e polas trece estaba resolto o problema.


¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (II)

07.07.17 | 20:55. Archivado en Acerca del autor

(En castellano y a continuación en galego)

Lamento profundamente dejar sufriendo a algunos desde hace ocho días. Nunca uno las tiene todas presentes y no me di cuenta de que hay personas con los humores de los hipocondrios tan descompensados que sufren una terrible enfermedad que consiste en sentir los síntomas de todas las que van encontrando en los compañeros de camino. Dos lectores veladamente me acusaron de ser yo la causa de que no les anduviese el vientre en estos últimos ocho días. Era lo que me faltaba ahora, ¡a mi edad!

Permítanme detenerme un ratito en la temible Hipocondria. No le deseo este mal ni al peor enemigo, sobre todo desde que supe de uno médico que se volvió hipocondríaco desde que tenía la plaza en propiedad. Era un médico de los de antes, de los especialistas en todas las disciplinas y, atendiendo en su casa a una parturienta, también él rompió aguas. Una vecina, partera ella de oído, quiero decir sin partitura, y conocida como “La Gaceta”, se dedicó a pregonar que Don Epifanio incluso dilatara; cosa muy poco probable, porque con los primeros empujes se desvaneció, como nos pasaría a la mayoría de los hombres. Tuvo que dejar la profesión y no falta quien lo compara con Argán, el Enfermo Imaginario de Molière; pero no. No cabe compararación; porque Don Epifanio no anda maquinando casorios como Argán. Está recluido en su habitación y mata el tiempo no viviéndolo, de paso que se embota un poco más cada día con los ojos fijos en el televisor mirando dibujos animados en japonés, pero sin traducir, ni subtitulados, ni diccionario.

Este trabajito es divulgativo; pero si pretendiese darle rigo científico cabría decir algo del síndrome de “Couvade”, por el que algunos padres al comienzo y al final del embarazo de la mujer sufren síntomas semejantes a los de la preñada, aunque cotejado el ADN no sean el verdadero progenitor. Y de ahí se podría dar el salto al ñandú, esa especie del Viejo Mundo semejante a los avestruces, pero más pequeña, en la que no es infrecuente que sea el macho quien se mete en cama pra incubar los huevos, mientras la hembra va a buscar la subsistencia. No acierto a entender como no está ya en marcha “La Semana del Ñandú Común”, debido al dimorfismo sexual de algunos individuos de la misma especie.

A ver si no perdemos el hilo. Quedábamos en que a las siete de la mañana de un infausto día del año 1985 en el Hospital General-Calde de Lugo, había pedido este servidor papel higiénico pra hacer frente a una necesidad perentoria y compulsiva al incluso tiempo.

Serían alrededor de las nueve y media, cuando entró en la habitación dejando abierta de par en par la puerta, la CHDL., (Chica De la Limpieza), que más bien debería ser SDL (Señora De la Limpieza) aunque ella debía pensar que seguía siendo CH; porque llevaba una minifalda que le quedaba como un rifle de caza mayor a uno San Francisco de Asís. Al vela llegar, también creí ver el cielo abierto y pensé que por fin podría abrir placenteramente mis esfínteres más pudibundos antes de que pudieran relajarse, debido a la prolongada sobrecarga a que estaban sometidos, dando lugar a momentos de bochorno cuando les tocase el turno a las HDCH, (Hacedoras De Camas Hospitalarias).
De manera que, muy amablemente, volví la implorarle, disimulando mi angustia, el nunca tan deseado papel.

Ella, también con muchísima amabilidad, interrumpió el "Onditas vienen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, y me contestó:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta ya se lo traigo de contadito; pero aún me queda todo el otro lado y lo que te rondaré, morena.

Recé un Padrenuestro implorando el milagro de que no se produjera una descarga intempestiva antes de que la CHDL rematara de pasarle la fregona al te rondaré, morena.

Según me contó luego el vecino de habitación, de sobrenombre el TTB, (Trescientas Treinta B) que había salido fumar un cigarrillo medio clandestino al descanso de las escaleras generales, exponiendo, orgulloso y arrogante, a la contemplación de cantos subieran o bajaran sus casi esqueléticas canillas, que navegaban con soltura en unas flojas chancletas de color rosa y el pijama que un día había tenido color y que con el tiempo había perdido color y diez centímetros por lo menos en cada pernera.

Decía, o más bien quería decir, que, segundo él, mi transitorio compañero de habitación, cuando la CHDL acabó su trabajo, se encontró allí mismamente delante de él, en el descanso de la escalera con una compañera de otra planta a la que le preguntó qué número del cupón de la ONCE había salido premiado la víspera por la noche y, ante la respuesta de la otra no se le ocurrió nada mejor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dos números! ¡Nunca tanto me aproximé como esta noche!

¡Buena la hizo!, porque le respondió la otra con malos modos que si se aproximara como debía, en virtud del débito matrimonial, no andaría su marido olfateando casi todas las noches a ver se encontraba a quien aproximarse.

Mientras tanto, yo seguía impotente y por fortuna inoperante, sintiendo en lo más íntimo de mi mismo aproximarse lenta pero irremisiblemente a su salida, lo que por ley natural tenía que salir con papel higiénico o sin él.

Aquel día no tomé ni un simple sorbo de café al desayuno pra evitar que la ingesta actuara de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo esto, ahí por las diez cuarenta y cinco, le cuadró de pasar a la TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que disponía de un horario bastante flexible y que guardaba con encomiable circunspección datos no transferibles, como pude deducir al experimentar que nunca logré que me revelara la tensión que indicaba la maquinita que yo tenía. Me parecía injusto el hecho de no revelármela a diario. Lo vivía silenciosamente como un espolio de algo muy mío aprovechando mi estado de indefensión, ya que, si la tensión era mi tensión y sólo mía, ni siquiera inducida por fármacos, dieta o estrés hospitalario, debía ampararme el derecho a conocer algo de mi exclusiva propiedad.

Andando el tiempo y consultado el Aranzadi llegué a la conclusión de que cuando hay legislación por medio las realidades dejan de ser simples para transformarse en poliédricas. Estaba yo en un craso error que me llevaba a emitir juicios temerarios.

No me amparaba derecho ninguno particular, porque por encima del bien individual está el bien común, del que dimanan casi todas las órdenes de expropiación. Intento explicarme:

La tensión, por ser tan mutante, tanto a la alza como a la baja, no puede considerarse, salvo raras excepciones, como un ente congénito, ni endógeno, ni hereditario. Y, aunque en circunstancias normales se diese por bueno que la tensión arterial o su equivalente, la presión sanguínea, fuera del paciente hospitalizado, el conocimiento de la misma es en principio de la TDTA debidamente capacitada y autorizada, e incluso en la parte alícuota correspondiente puede ser considerada a dicha tensión como propiedad de la colectividad, o cuando menos, segundo otros autores, la colectividad puede considerarse dueña de ciertos emolumentos usufructuarios, por ser obtenido el conocimiento de la misma mediante instrumental privado pero de uso público, o a la viceversa, adquirido con dinero de los presupuestos de las administraciones competentes en la materia. Tal es también el caso de los fonendos, sillas de ruedas y pañales, propios e intransferibles de cada hospital de la red pública, independientemente de la marca o modelo, que ahí es donde pueden entrar los tanto a cientos de financiación en B a los partidos políticos.

Siendo esto así, lo de la tensión, no lo de los partidos, me asalta una nueva duda: ¿Cómo puede justificarse que yo no pueda conoce mi tensión al ponerme siempre de espaldas la pantallita del tensiómetro, pero en cambio pueda conocer la mía el vecino de habitación o yo la suya a través de la misma pantalla indefectiblemente orientada de espaldas al interfecto? Habrá que modificar la ley y me extraña que no esté ya trabajando en eso alguna comisión parlamentaria de partidos que tanto abogan por el ansiado cambio.

Si todo sigue su cauce también seguiremos dentro de ocho días, pero, por favor, no me hagan volver a sentir mal. Están cayendo las once de aquel fatídico día y por las trece estaba resuelto el problema.

En galego
¿De quen foi e é competencia o papel hixiénico na sanidade pública? (II)

Lamento profundamente deixar sufrindo a algúns desde fai oito días. Nunca un as ten todas presentes e non me din conta de que hai persoas cos humores dos hipocondrios tan descompensados que sofren unha terrible enfermidade que consiste en sentir os síntoma de todas as que van atopando nos compañeiros de camiño. Dous lectores disimuladamente acusáronme de ser eu a causa de que non lles andase o ventre nestes últimos oito días. Era o que me faltaba agora á miña idade!

Permítanme determe un chisquiño nisto da Hipocondria. Non lle desexo este mal nin ó peor inimigo, sobre todo desde que souben dun médico que se volveu hipocondríaco desde que tiña a praza en propiedade. Era un médico dos de antes, dos que eran especialistas en todas as disciplinas e atendendo nunha casa a unha parturenta, tamén el rompeu augas. Unha veciña, parteira ela de oído, quero dicir sen partitura, e coñecida como “A Gaceta” dedicouse a pregoar que Don Epifanio ata dilatara; cousa moi pouco probable, porque cos primeiros empuxes desmaiouse, como nos pasaría á maioría dos homes. Tivo que deixar a profesión e mesmo hai quen o compara con Argán, o Enfermo imaxinario de Molière; pero non. Non hai comparanza; porque Don Epifanio non anda maquinando casoiros coma Argán. Está recluído na súa habitación e mata o tempo non vivíndoo de paso que apampa cara a tele mirando debuxos animados en xaponés, pero sen traducir, nin subtitulados, nin dicionario.

Este traballiño é divulgativo; pero se fose de rigor científico cabería dicir algo do síndrome de “Couvade” polo que algúns pais ó comezo e ó remate do embarazo da muller senten síntomas semellantes ós da preñada aínda que polo ADN non sexan o verdadeiro proxenitor. E de aí saltaríamos ó ñandú, esa especie do Vello Mundo semellante ós avestruces, pero máis pequerrecha na que non é infrecuente que sexa o macho quen se mete na cama pra chocar os ovos, mentres a femia vai buscar con que manterse. Non atino a entender como non está xa en marcha a Semana do Ñandú Común, debido ó dimorfismo sexual dalgúns individuos da mesma especie.

A ver se non perdemos o fío. Quedabamos en que às sete da mañá dun infausto día do 1985 no Hospital Xeral-Calde de Lugo pedira este servidor papel hixiénico pra facer fronte a unha necesidade perentoria e compulsiva ó mesmo tempo.

Serían ó redor das nove e media, cando entrou na habitación deixando aberta de par en par a porta, a CHDL., (Chica Da Limpeza), que máis ben debería ser SDL (Señora Da Limpeza) aínda que ela debía pensar que seguía sendo CH; porque levaba unha minisaia que lle quedaba como un rifle de caza maior a un San Francisco de Asís. Ó vela chegar, tamén crin ver o ceo aberto e pensei que por fin podería abrir pracenteiramente os meus esfínteres máis pudibundos antes de que puidesen relaxarse debido á prolongada sobrecarga a que estaban sometidos dando lugar a uns momentos de bochorno cando lles tocase a quenda ás FDCH, (Facedoras De Camas Hospitalarias).

De maneira que, moi amablemente, volvín a implorarlle, disimulando a miña angustia, o nunca tan desexado papel.

Ela, tamén con moitísima amabilidade, interrompeu o "Onditas veñen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, e contestoume:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta xa llo traio de contadito; pero aínda me queda todo o outro lado y lo que te rondaré, morena.

Recei un Padrenuestro implorando o milagre de que non se producise unha descarga intempestiva antes de que a CHDL rematase de pasarlle a fregona ó te rondaré, morena.

Segundo me contou logo o veciño de habitación, de sobrenome o TTB, (Trescentas Trinta B) que saíra fumar un cigarro medio clandestino ó descanso das escaleiras xerais, expoñendo, fachendoso e arrogante, á contemplación de cantos subisen ou baixasen os súas case esqueléticas canelas, que navegaban con soltura nunhas frouxas chancletas de cor rosa e o pixama que un día tivera cor e que co tempo perdera cor e dez centímetros polo menos en cada perneira.

Dicía, ou máis ben quería dicir, que, segundo el, meu transitorio compañeiro de habitación, cando a CHDL acabou o seu traballo, atopouse alí mesmo diante del, no descanso da escaleira cunha compañeira doutra planta á que lle preguntou que número do cupón da ONCE saíra premiado a véspera pola noite e, ante a resposta da outra non se lle ocorreu nada mellor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dous números! ¡Nunca tanto me aproximei como esta noite!

¡Boa a fíxo!, porque lle respondeu a outra con malos modos que se se aproximase como debía, en virtude do débito matrimonial, non andaría o seu marido pescudando case todas as noites a ver se atopaba a quen aproximarse.

Mentres tanto, eu seguía impotente e por fortuna inoperante, sentindo no máis íntimo de min mesmo aproximarse lenta pero irremisiblemente á súa saída, o que por lei natural tiña que saír con papel hixiénico ou sen el.
Aquel día non tomei nin un simple sorbo de café ó almorzo pra evitar que a inxesta actuase de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo isto, aí polas dez corenta e cinco, cadroulle de pasar á TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que dispoñía dun horario bastante flexible e que gardaba con encomiable circunspección datos non transferibles, como puiden deducir ó experimentar que nunca logrei que me revelase a tensión que indicaba a maquinita que eu tiña. Parecíame inxusto o feito de non revelarma a diario. Vivíao silenciosamente como un espolio de algo moi meu aproveitando o meu estado de indefensión, xa que, se a tensión era a miña tensión e só miña, nin sequera inducida por fármacos, dieta ou estrés hospitalario, debía ampararme o dereito a coñecer algo da miña exclusiva propiedade.

Andando o tempo e consultado o Aranzadi cheguei á conclusión de que cando hai lexislación por medio as realidades deixan de ser simples pra transformarse en poliédricas. Estaba eu nun craso error que me levaba a emitir xuízos temerarios.

Non me amparaba dereito ningún particular, porque por encima do ben individual está o ben común, do que dimanan case todas as ordes de expropiación. Intento explicarme:

A tensión, por ser tan mutante, tanto a alza como á baixa, non pode considerarse, salvo raras excepcións, como un ente conxénito, nin endóxeno, nin hereditario. E, aínda que en circunstancias normais se dese por bo que a tensión arterial ou a súa equivalente, a presión sanguínea, fose do paciente hospitalizado, o coñecemento da mesma é en principio da TDTA debidamente capacitada e autorizada, e ata na parte alícuota correspondente pode ser considerada a devandita tensión como propiedade da colectividade, ou cando menos, segundo outros autores, a colectividade pode considerarse dona de certos emolumentos usufructuarios, por ser obtido o coñecemento da mesma mediante instrumental privado pero de uso público, ou á viceversa, adquirido con diñeiro dos orzamentos das administracións competentes na materia. Tal é tamén o caso dos fonendos, cadeiras de rodas e cueiros, propios e intransferibles de cada hospital da rede pública, independentemente da marca ou modelo, que aí é onde poden entrar os tanto por centos de financiamento en B ós partidos políticos.

Sendo isto así, o da tensión, non o dos partidos, asáltame unha nova dúbida: Como pode xustificarse que eu non poida coñece a miña tensión ó poñerme sempre de costas a pantallita do tensiómetro, pero en cambio poida coñecer a miña o veciño de habitación ou eu a súa a través da mesma pantalla indefectiblemente orientada de costas ó interfecto? Haberá que modificar a lei e estráñame que non estea xa traballando niso algunha comisión parlamentaria de partidos que tanto avogan polo ansiado cambio.

Se todo segue a súa canle tamén seguiremos dentro de oito días, pero, por favor, non me fagan volver a sentir mal. Están caendo as once daquel fatídico día e polas trece estaba resolto o problema.


¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (I)

30.06.17 | 22:49. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Llevo una temporadita tratando temas muy serios, o por lo menos así me lo parce; pero en todo caso, los fui tratando, desde mi punto de vista, con mucha seriedad, y una pizquita de humor no nos viene mal de vez en cuando. Irán, por tanto, y de momento, tres entregas sucesivas con algo de este producto tan necesario en una sociedad tan tensionada.

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