Desde lo rural y con lo rural

Graciñas, Señor Santiago

26.07.17 | 22:41. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Voy observando que es una tendencia muy común en los humanos la de que casi todos los que por una o por otra razón tuvieron que dejar su tierra, aspiran a poder reposar en ella per saecula saeculorum. Bien es cierto que no siempre es posible tal aspiración.


Tienen que ser muchas las causas que están detrás de esta tendencia tan enraizada en los pueblos que fueron dejando de ser nómadas. No faltarán analistas que las destripen con el máximo rigor; pero se me ocurre, dejando volar un poquitín la imaginación, que toda la tierra está animada desde que el Creador le insufló a un trocito de ella, tomando la parte por el todo, uno soplo de vida, y por eso siempre la propia tierra tira mucho. Especial fuerza de atracción tiene que ejercer aquella más inmediata que nos configura pra reclamar las porciones que cedió sólo en préstamo temporal.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (y IV)

21.07.17 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Por fin termino la evocación después de 32 años de un hecho angustioso vivido entonces y revivido, amasado con todas las experiencias acumuladas desde entonces. Quienes hayan tenido la paciencia de acompañarme a lo largo de las tres últimas semanas saben que me refiero a la angustia espera durante siete horas por papel higiénico en una situación en que yo no podía salir de cama debido a una convalecencia de más de tres meses por una fractura conminuta de ala ilíaca izquierda y acetábulo pélvico con posterior paresia de ciático, causado todo por un accidente de circulación.


Por mi edad, 41 años, no procedían pañales y después de pedir sin éxito el dichoso papel a ateses, responsables de inyecciones contra embolias, chicas de la limpieza y tomadoras de tensión, a eso de las trece horas, vino el RAP, (Responsable de Asistencia Pastoral), también conocido más vulgarmente como el CURA y también como Don EDELMIRO.
Su saludo cariñoso de compañero, con la diferencia de que él estaba en activo y yo en pasivo, fue:

-Buenos días, Xosé Manuel.

Mi respuesta, o no respuesta, apresurada salió como un proyectil:

-¿Está muy lejos de aquí el papel higiénico?

Acorde con las mismas prisas de la pregunta fue su respuesta inmediata:

-Tres puertas más adelante. ¿Lo necesitas?

- ¡Desde las seis de la mañana!

Salió de mi habitación, la 330, y en un abrir y cerrar de ojos volvió con tres rollos, uno en cada mano y otro debajo del brazo.


Nadie me lo confirmó nunca con claridad. La historia se encargará de hacerlo en su momento; pero no hay quien me desmonte de mi convicción de que todo estaba estudiado y planeado desde arriba; porque, en el tanteo de competencias en las más bien frías relaciones diplomáticas que se llevaban en aquel momento entre la Iglesia y el primer gobierno socialista, después de largos años de dictadura, aparentemente protectora de la Iglesia, pero en realidad sólo protectora de su iglesia, hay sobrados motivos para sospechar que socialistas de viejo cuño, recalcitrantes y anticlericales, consideraban que el servicio del papel higiénico podía ser una de las competencias cedidas por el Estado al ámbito eclesiástico, en virtud del Concordato, dando así un paso más en el intento de que la cuestión religiosa se recluyese al terreno de lo privado.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (III)

15.07.17 | 16:12. Archivado en Acerca del autor

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Quedaba hace ocho día rememorando aquel día de comienzos del 1985 que probablemente no me puedan borrar de la memoria ni el temible señor Alzheimer ni el temido señor Parkinson por quedar impreso no sólo en todo mi ser corporal, sino incluso en el aura extracorpórea, en la agradable compañía de una TDTA (Tomadora De Tensión Arterial) del Complejo hospitalario Xeneral-Calde de Lugo. Lástima que no pudiese disfrutar de esa momentánea compañía por estar yo viviendo aquella mañana con la inevitable obsesión de hacerme con papel higiénico antes de que aconteciera lo que me temía que irremisiblemente acabaría aconteciendo.

Dicha TDTA, vivía lustrosamente esa imprecisa edad previa a doblar el Cabo de Buena Esperanza. Aparentaba ser mujer abierta, tanto por la forma directa y limpia de mirar, como por el trato siempre próximo, como por los últimos botones superiores de la blusa, pero todo dentro de unos parámetros normales, en lo que a mí me es dado a entender, que mucho no pode ser. Tuve otro compañero de habitación mucho más sabio que yo en ropas interiores que me dijo un día:
-Usted, aunque sea cura no se extrañará de lo que le voy a decir, que todos somos hombres. El sostén de la de la tensión debe ser de tiempos del franquismo, porque bien se nota que oprime al interior, engaña al exterior y levanta monumentos a los caídos.

Me quedé pensando un poco y, como él sólo estaba de paso, porque habían tenido que volver a partirle el cúbito, o quizás el radio, no recuerdo con exactitud, que soldara sobrepuesto, y no teníamos confianza para tocar ciertos temas y además yo tenía bastante a que atender, le respondí secamente:

-No sé, que yo libré de la mili por estar en el seminario. Ni siquiera juré bandera, debido a un despiste.

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¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (II)

08.07.17 | 16:18. Archivado en Acerca del autor

(En castellano y a continuación en galego)

Lamento profundamente dejar sufriendo a algunos desde hace ocho días. Nunca uno las tiene todas presentes y no me di cuenta de que hay personas con los humores de los hipocondrios tan descompensados que sufren una terrible enfermedad que consiste en sentir los síntomas de todas las que van encontrando en los compañeros de camino. Dos lectores veladamente me acusaron de ser yo la causa de que no les anduviese el vientre en estos últimos ocho días. Era lo que me faltaba ahora, ¡a mi edad!

Permítanme detenerme un ratito en la temible Hipocondria. No le deseo este mal ni al peor enemigo, sobre todo desde que supe de uno médico que se volvió hipocondríaco desde que tenía la plaza en propiedad. Era un médico de los de antes, de los especialistas en todas las disciplinas y, atendiendo en su casa a una parturienta, también él rompió aguas. Una vecina, partera ella de oído, quiero decir sin partitura, y conocida como “La Gaceta”, se dedicó a pregonar que Don Epifanio incluso dilatara; cosa muy poco probable, porque con los primeros empujes se desvaneció, como nos pasaría a la mayoría de los hombres. Tuvo que dejar la profesión y no falta quien lo compara con Argán, el Enfermo Imaginario de Molière; pero no. No cabe compararación; porque Don Epifanio no anda maquinando casorios como Argán. Está recluido en su habitación y mata el tiempo no viviéndolo, de paso que se embota un poco más cada día con los ojos fijos en el televisor mirando dibujos animados en japonés, pero sin traducir, ni subtitulados, ni diccionario.

Este trabajito es divulgativo; pero si pretendiese darle rigo científico cabría decir algo del síndrome de “Couvade”, por el que algunos padres al comienzo y al final del embarazo de la mujer sufren síntomas semejantes a los de la preñada, aunque cotejado el ADN no sean el verdadero progenitor. Y de ahí se podría dar el salto al ñandú, esa especie del Viejo Mundo semejante a los avestruces, pero más pequeña, en la que no es infrecuente que sea el macho quien se mete en cama pra incubar los huevos, mientras la hembra va a buscar la subsistencia. No acierto a entender como no está ya en marcha “La Semana del Ñandú Común”, debido al dimorfismo sexual de algunos individuos de la misma especie.

A ver si no perdemos el hilo. Quedábamos en que a las siete de la mañana de un infausto día del año 1985 en el Hospital General-Calde de Lugo, había pedido este servidor papel higiénico pra hacer frente a una necesidad perentoria y compulsiva al incluso tiempo.

Serían alrededor de las nueve y media, cuando entró en la habitación dejando abierta de par en par la puerta, la CHDL., (Chica De la Limpieza), que más bien debería ser SDL (Señora De la Limpieza) aunque ella debía pensar que seguía siendo CH; porque llevaba una minifalda que le quedaba como un rifle de caza mayor a uno San Francisco de Asís. Al vela llegar, también creí ver el cielo abierto y pensé que por fin podría abrir placenteramente mis esfínteres más pudibundos antes de que pudieran relajarse, debido a la prolongada sobrecarga a que estaban sometidos, dando lugar a momentos de bochorno cuando les tocase el turno a las HDCH, (Hacedoras De Camas Hospitalarias).
De manera que, muy amablemente, volví la implorarle, disimulando mi angustia, el nunca tan deseado papel.

Ella, también con muchísima amabilidad, interrumpió el "Onditas vienen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, y me contestó:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta ya se lo traigo de contadito; pero aún me queda todo el otro lado y lo que te rondaré, morena.

Recé un Padrenuestro implorando el milagro de que no se produjera una descarga intempestiva antes de que la CHDL rematara de pasarle la fregona al te rondaré, morena.

Según me contó luego el vecino de habitación, de sobrenombre el TTB, (Trescientas Treinta B) que había salido fumar un cigarrillo medio clandestino al descanso de las escaleras generales, exponiendo, orgulloso y arrogante, a la contemplación de cantos subieran o bajaran sus casi esqueléticas canillas, que navegaban con soltura en unas flojas chancletas de color rosa y el pijama que un día había tenido color y que con el tiempo había perdido color y diez centímetros por lo menos en cada pernera.

Decía, o más bien quería decir, que, segundo él, mi transitorio compañero de habitación, cuando la CHDL acabó su trabajo, se encontró allí mismamente delante de él, en el descanso de la escalera con una compañera de otra planta a la que le preguntó qué número del cupón de la ONCE había salido premiado la víspera por la noche y, ante la respuesta de la otra no se le ocurrió nada mejor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dos números! ¡Nunca tanto me aproximé como esta noche!

¡Buena la hizo!, porque le respondió la otra con malos modos que si se aproximara como debía, en virtud del débito matrimonial, no andaría su marido olfateando casi todas las noches a ver se encontraba a quien aproximarse.

Mientras tanto, yo seguía impotente y por fortuna inoperante, sintiendo en lo más íntimo de mi mismo aproximarse lenta pero irremisiblemente a su salida, lo que por ley natural tenía que salir con papel higiénico o sin él.

Aquel día no tomé ni un simple sorbo de café al desayuno pra evitar que la ingesta actuara de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo esto, ahí por las diez cuarenta y cinco, le cuadró de pasar a la TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que disponía de un horario bastante flexible y que guardaba con encomiable circunspección datos no transferibles, como pude deducir al experimentar que nunca logré que me revelara la tensión que indicaba la maquinita que yo tenía. Me parecía injusto el hecho de no revelármela a diario. Lo vivía silenciosamente como un espolio de algo muy mío aprovechando mi estado de indefensión, ya que, si la tensión era mi tensión y sólo mía, ni siquiera inducida por fármacos, dieta o estrés hospitalario, debía ampararme el derecho a conocer algo de mi exclusiva propiedad.

Andando el tiempo y consultado el Aranzadi llegué a la conclusión de que cuando hay legislación por medio las realidades dejan de ser simples para transformarse en poliédricas. Estaba yo en un craso error que me llevaba a emitir juicios temerarios.

No me amparaba derecho ninguno particular, porque por encima del bien individual está el bien común, del que dimanan casi todas las órdenes de expropiación. Intento explicarme:

La tensión, por ser tan mutante, tanto a la alza como a la baja, no puede considerarse, salvo raras excepciones, como un ente congénito, ni endógeno, ni hereditario. Y, aunque en circunstancias normales se diese por bueno que la tensión arterial o su equivalente, la presión sanguínea, fuera del paciente hospitalizado, el conocimiento de la misma es en principio de la TDTA debidamente capacitada y autorizada, e incluso en la parte alícuota correspondiente puede ser considerada a dicha tensión como propiedad de la colectividad, o cuando menos, segundo otros autores, la colectividad puede considerarse dueña de ciertos emolumentos usufructuarios, por ser obtenido el conocimiento de la misma mediante instrumental privado pero de uso público, o a la viceversa, adquirido con dinero de los presupuestos de las administraciones competentes en la materia. Tal es también el caso de los fonendos, sillas de ruedas y pañales, propios e intransferibles de cada hospital de la red pública, independientemente de la marca o modelo, que ahí es donde pueden entrar los tanto a cientos de financiación en B a los partidos políticos.

Siendo esto así, lo de la tensión, no lo de los partidos, me asalta una nueva duda: ¿Cómo puede justificarse que yo no pueda conoce mi tensión al ponerme siempre de espaldas la pantallita del tensiómetro, pero en cambio pueda conocer la mía el vecino de habitación o yo la suya a través de la misma pantalla indefectiblemente orientada de espaldas al interfecto? Habrá que modificar la ley y me extraña que no esté ya trabajando en eso alguna comisión parlamentaria de partidos que tanto abogan por el ansiado cambio.

Si todo sigue su cauce también seguiremos dentro de ocho días, pero, por favor, no me hagan volver a sentir mal. Están cayendo las once de aquel fatídico día y por las trece estaba resuelto el problema.

En galego
¿De quen foi e é competencia o papel hixiénico na sanidade pública? (II)

Lamento profundamente deixar sufrindo a algúns desde fai oito días. Nunca un as ten todas presentes e non me din conta de que hai persoas cos humores dos hipocondrios tan descompensados que sofren unha terrible enfermidade que consiste en sentir os síntoma de todas as que van atopando nos compañeiros de camiño. Dous lectores disimuladamente acusáronme de ser eu a causa de que non lles andase o ventre nestes últimos oito días. Era o que me faltaba agora á miña idade!

Permítanme determe un chisquiño nisto da Hipocondria. Non lle desexo este mal nin ó peor inimigo, sobre todo desde que souben dun médico que se volveu hipocondríaco desde que tiña a praza en propiedade. Era un médico dos de antes, dos que eran especialistas en todas as disciplinas e atendendo nunha casa a unha parturenta, tamén el rompeu augas. Unha veciña, parteira ela de oído, quero dicir sen partitura, e coñecida como “A Gaceta” dedicouse a pregoar que Don Epifanio ata dilatara; cousa moi pouco probable, porque cos primeiros empuxes desmaiouse, como nos pasaría á maioría dos homes. Tivo que deixar a profesión e mesmo hai quen o compara con Argán, o Enfermo imaxinario de Molière; pero non. Non hai comparanza; porque Don Epifanio non anda maquinando casoiros coma Argán. Está recluído na súa habitación e mata o tempo non vivíndoo de paso que apampa cara a tele mirando debuxos animados en xaponés, pero sen traducir, nin subtitulados, nin dicionario.

Este traballiño é divulgativo; pero se fose de rigor científico cabería dicir algo do síndrome de “Couvade” polo que algúns pais ó comezo e ó remate do embarazo da muller senten síntomas semellantes ós da preñada aínda que polo ADN non sexan o verdadeiro proxenitor. E de aí saltaríamos ó ñandú, esa especie do Vello Mundo semellante ós avestruces, pero máis pequerrecha na que non é infrecuente que sexa o macho quen se mete na cama pra chocar os ovos, mentres a femia vai buscar con que manterse. Non atino a entender como non está xa en marcha a Semana do Ñandú Común, debido ó dimorfismo sexual dalgúns individuos da mesma especie.

A ver se non perdemos o fío. Quedabamos en que às sete da mañá dun infausto día do 1985 no Hospital Xeral-Calde de Lugo pedira este servidor papel hixiénico pra facer fronte a unha necesidade perentoria e compulsiva ó mesmo tempo.

Serían ó redor das nove e media, cando entrou na habitación deixando aberta de par en par a porta, a CHDL., (Chica Da Limpeza), que máis ben debería ser SDL (Señora Da Limpeza) aínda que ela debía pensar que seguía sendo CH; porque levaba unha minisaia que lle quedaba como un rifle de caza maior a un San Francisco de Asís. Ó vela chegar, tamén crin ver o ceo aberto e pensei que por fin podería abrir pracenteiramente os meus esfínteres máis pudibundos antes de que puidesen relaxarse debido á prolongada sobrecarga a que estaban sometidos dando lugar a uns momentos de bochorno cando lles tocase a quenda ás FDCH, (Facedoras De Camas Hospitalarias).

De maneira que, moi amablemente, volvín a implorarlle, disimulando a miña angustia, o nunca tan desexado papel.

Ela, tamén con moitísima amabilidade, interrompeu o "Onditas veñen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, e contestoume:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta xa llo traio de contadito; pero aínda me queda todo o outro lado y lo que te rondaré, morena.

Recei un Padrenuestro implorando o milagre de que non se producise unha descarga intempestiva antes de que a CHDL rematase de pasarlle a fregona ó te rondaré, morena.

Segundo me contou logo o veciño de habitación, de sobrenome o TTB, (Trescentas Trinta B) que saíra fumar un cigarro medio clandestino ó descanso das escaleiras xerais, expoñendo, fachendoso e arrogante, á contemplación de cantos subisen ou baixasen os súas case esqueléticas canelas, que navegaban con soltura nunhas frouxas chancletas de cor rosa e o pixama que un día tivera cor e que co tempo perdera cor e dez centímetros polo menos en cada perneira.

Dicía, ou máis ben quería dicir, que, segundo el, meu transitorio compañeiro de habitación, cando a CHDL acabou o seu traballo, atopouse alí mesmo diante del, no descanso da escaleira cunha compañeira doutra planta á que lle preguntou que número do cupón da ONCE saíra premiado a véspera pola noite e, ante a resposta da outra non se lle ocorreu nada mellor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dous números! ¡Nunca tanto me aproximei como esta noite!

¡Boa a fíxo!, porque lle respondeu a outra con malos modos que se se aproximase como debía, en virtude do débito matrimonial, non andaría o seu marido pescudando case todas as noites a ver se atopaba a quen aproximarse.

Mentres tanto, eu seguía impotente e por fortuna inoperante, sentindo no máis íntimo de min mesmo aproximarse lenta pero irremisiblemente á súa saída, o que por lei natural tiña que saír con papel hixiénico ou sen el.
Aquel día non tomei nin un simple sorbo de café ó almorzo pra evitar que a inxesta actuase de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo isto, aí polas dez corenta e cinco, cadroulle de pasar á TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que dispoñía dun horario bastante flexible e que gardaba con encomiable circunspección datos non transferibles, como puiden deducir ó experimentar que nunca logrei que me revelase a tensión que indicaba a maquinita que eu tiña. Parecíame inxusto o feito de non revelarma a diario. Vivíao silenciosamente como un espolio de algo moi meu aproveitando o meu estado de indefensión, xa que, se a tensión era a miña tensión e só miña, nin sequera inducida por fármacos, dieta ou estrés hospitalario, debía ampararme o dereito a coñecer algo da miña exclusiva propiedade.

Andando o tempo e consultado o Aranzadi cheguei á conclusión de que cando hai lexislación por medio as realidades deixan de ser simples pra transformarse en poliédricas. Estaba eu nun craso error que me levaba a emitir xuízos temerarios.

Non me amparaba dereito ningún particular, porque por encima do ben individual está o ben común, do que dimanan case todas as ordes de expropiación. Intento explicarme:

A tensión, por ser tan mutante, tanto a alza como á baixa, non pode considerarse, salvo raras excepcións, como un ente conxénito, nin endóxeno, nin hereditario. E, aínda que en circunstancias normais se dese por bo que a tensión arterial ou a súa equivalente, a presión sanguínea, fose do paciente hospitalizado, o coñecemento da mesma é en principio da TDTA debidamente capacitada e autorizada, e ata na parte alícuota correspondente pode ser considerada a devandita tensión como propiedade da colectividade, ou cando menos, segundo outros autores, a colectividade pode considerarse dona de certos emolumentos usufructuarios, por ser obtido o coñecemento da mesma mediante instrumental privado pero de uso público, ou á viceversa, adquirido con diñeiro dos orzamentos das administracións competentes na materia. Tal é tamén o caso dos fonendos, cadeiras de rodas e cueiros, propios e intransferibles de cada hospital da rede pública, independentemente da marca ou modelo, que aí é onde poden entrar os tanto por centos de financiamento en B ós partidos políticos.

Sendo isto así, o da tensión, non o dos partidos, asáltame unha nova dúbida: Como pode xustificarse que eu non poida coñece a miña tensión ó poñerme sempre de costas a pantallita do tensiómetro, pero en cambio poida coñecer a miña o veciño de habitación ou eu a súa a través da mesma pantalla indefectiblemente orientada de costas ó interfecto? Haberá que modificar a lei e estráñame que non estea xa traballando niso algunha comisión parlamentaria de partidos que tanto avogan polo ansiado cambio.

Se todo segue a súa canle tamén seguiremos dentro de oito días, pero, por favor, non me fagan volver a sentir mal. Están caendo as once daquel fatídico día e polas trece estaba resolto o problema.


¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (II)

07.07.17 | 20:55. Archivado en Acerca del autor

(En castellano y a continuación en galego)

Lamento profundamente dejar sufriendo a algunos desde hace ocho días. Nunca uno las tiene todas presentes y no me di cuenta de que hay personas con los humores de los hipocondrios tan descompensados que sufren una terrible enfermedad que consiste en sentir los síntomas de todas las que van encontrando en los compañeros de camino. Dos lectores veladamente me acusaron de ser yo la causa de que no les anduviese el vientre en estos últimos ocho días. Era lo que me faltaba ahora, ¡a mi edad!

Permítanme detenerme un ratito en la temible Hipocondria. No le deseo este mal ni al peor enemigo, sobre todo desde que supe de uno médico que se volvió hipocondríaco desde que tenía la plaza en propiedad. Era un médico de los de antes, de los especialistas en todas las disciplinas y, atendiendo en su casa a una parturienta, también él rompió aguas. Una vecina, partera ella de oído, quiero decir sin partitura, y conocida como “La Gaceta”, se dedicó a pregonar que Don Epifanio incluso dilatara; cosa muy poco probable, porque con los primeros empujes se desvaneció, como nos pasaría a la mayoría de los hombres. Tuvo que dejar la profesión y no falta quien lo compara con Argán, el Enfermo Imaginario de Molière; pero no. No cabe compararación; porque Don Epifanio no anda maquinando casorios como Argán. Está recluido en su habitación y mata el tiempo no viviéndolo, de paso que se embota un poco más cada día con los ojos fijos en el televisor mirando dibujos animados en japonés, pero sin traducir, ni subtitulados, ni diccionario.

Este trabajito es divulgativo; pero si pretendiese darle rigo científico cabría decir algo del síndrome de “Couvade”, por el que algunos padres al comienzo y al final del embarazo de la mujer sufren síntomas semejantes a los de la preñada, aunque cotejado el ADN no sean el verdadero progenitor. Y de ahí se podría dar el salto al ñandú, esa especie del Viejo Mundo semejante a los avestruces, pero más pequeña, en la que no es infrecuente que sea el macho quien se mete en cama pra incubar los huevos, mientras la hembra va a buscar la subsistencia. No acierto a entender como no está ya en marcha “La Semana del Ñandú Común”, debido al dimorfismo sexual de algunos individuos de la misma especie.

A ver si no perdemos el hilo. Quedábamos en que a las siete de la mañana de un infausto día del año 1985 en el Hospital General-Calde de Lugo, había pedido este servidor papel higiénico pra hacer frente a una necesidad perentoria y compulsiva al incluso tiempo.

Serían alrededor de las nueve y media, cuando entró en la habitación dejando abierta de par en par la puerta, la CHDL., (Chica De la Limpieza), que más bien debería ser SDL (Señora De la Limpieza) aunque ella debía pensar que seguía siendo CH; porque llevaba una minifalda que le quedaba como un rifle de caza mayor a uno San Francisco de Asís. Al vela llegar, también creí ver el cielo abierto y pensé que por fin podría abrir placenteramente mis esfínteres más pudibundos antes de que pudieran relajarse, debido a la prolongada sobrecarga a que estaban sometidos, dando lugar a momentos de bochorno cuando les tocase el turno a las HDCH, (Hacedoras De Camas Hospitalarias).
De manera que, muy amablemente, volví la implorarle, disimulando mi angustia, el nunca tan deseado papel.

Ella, también con muchísima amabilidad, interrumpió el "Onditas vienen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, y me contestó:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta ya se lo traigo de contadito; pero aún me queda todo el otro lado y lo que te rondaré, morena.

Recé un Padrenuestro implorando el milagro de que no se produjera una descarga intempestiva antes de que la CHDL rematara de pasarle la fregona al te rondaré, morena.

Según me contó luego el vecino de habitación, de sobrenombre el TTB, (Trescientas Treinta B) que había salido fumar un cigarrillo medio clandestino al descanso de las escaleras generales, exponiendo, orgulloso y arrogante, a la contemplación de cantos subieran o bajaran sus casi esqueléticas canillas, que navegaban con soltura en unas flojas chancletas de color rosa y el pijama que un día había tenido color y que con el tiempo había perdido color y diez centímetros por lo menos en cada pernera.

Decía, o más bien quería decir, que, segundo él, mi transitorio compañero de habitación, cuando la CHDL acabó su trabajo, se encontró allí mismamente delante de él, en el descanso de la escalera con una compañera de otra planta a la que le preguntó qué número del cupón de la ONCE había salido premiado la víspera por la noche y, ante la respuesta de la otra no se le ocurrió nada mejor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dos números! ¡Nunca tanto me aproximé como esta noche!

¡Buena la hizo!, porque le respondió la otra con malos modos que si se aproximara como debía, en virtud del débito matrimonial, no andaría su marido olfateando casi todas las noches a ver se encontraba a quien aproximarse.

Mientras tanto, yo seguía impotente y por fortuna inoperante, sintiendo en lo más íntimo de mi mismo aproximarse lenta pero irremisiblemente a su salida, lo que por ley natural tenía que salir con papel higiénico o sin él.

Aquel día no tomé ni un simple sorbo de café al desayuno pra evitar que la ingesta actuara de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo esto, ahí por las diez cuarenta y cinco, le cuadró de pasar a la TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que disponía de un horario bastante flexible y que guardaba con encomiable circunspección datos no transferibles, como pude deducir al experimentar que nunca logré que me revelara la tensión que indicaba la maquinita que yo tenía. Me parecía injusto el hecho de no revelármela a diario. Lo vivía silenciosamente como un espolio de algo muy mío aprovechando mi estado de indefensión, ya que, si la tensión era mi tensión y sólo mía, ni siquiera inducida por fármacos, dieta o estrés hospitalario, debía ampararme el derecho a conocer algo de mi exclusiva propiedad.

Andando el tiempo y consultado el Aranzadi llegué a la conclusión de que cuando hay legislación por medio las realidades dejan de ser simples para transformarse en poliédricas. Estaba yo en un craso error que me llevaba a emitir juicios temerarios.

No me amparaba derecho ninguno particular, porque por encima del bien individual está el bien común, del que dimanan casi todas las órdenes de expropiación. Intento explicarme:

La tensión, por ser tan mutante, tanto a la alza como a la baja, no puede considerarse, salvo raras excepciones, como un ente congénito, ni endógeno, ni hereditario. Y, aunque en circunstancias normales se diese por bueno que la tensión arterial o su equivalente, la presión sanguínea, fuera del paciente hospitalizado, el conocimiento de la misma es en principio de la TDTA debidamente capacitada y autorizada, e incluso en la parte alícuota correspondiente puede ser considerada a dicha tensión como propiedad de la colectividad, o cuando menos, segundo otros autores, la colectividad puede considerarse dueña de ciertos emolumentos usufructuarios, por ser obtenido el conocimiento de la misma mediante instrumental privado pero de uso público, o a la viceversa, adquirido con dinero de los presupuestos de las administraciones competentes en la materia. Tal es también el caso de los fonendos, sillas de ruedas y pañales, propios e intransferibles de cada hospital de la red pública, independientemente de la marca o modelo, que ahí es donde pueden entrar los tanto a cientos de financiación en B a los partidos políticos.

Siendo esto así, lo de la tensión, no lo de los partidos, me asalta una nueva duda: ¿Cómo puede justificarse que yo no pueda conoce mi tensión al ponerme siempre de espaldas la pantallita del tensiómetro, pero en cambio pueda conocer la mía el vecino de habitación o yo la suya a través de la misma pantalla indefectiblemente orientada de espaldas al interfecto? Habrá que modificar la ley y me extraña que no esté ya trabajando en eso alguna comisión parlamentaria de partidos que tanto abogan por el ansiado cambio.

Si todo sigue su cauce también seguiremos dentro de ocho días, pero, por favor, no me hagan volver a sentir mal. Están cayendo las once de aquel fatídico día y por las trece estaba resuelto el problema.

En galego
¿De quen foi e é competencia o papel hixiénico na sanidade pública? (II)

Lamento profundamente deixar sufrindo a algúns desde fai oito días. Nunca un as ten todas presentes e non me din conta de que hai persoas cos humores dos hipocondrios tan descompensados que sofren unha terrible enfermidade que consiste en sentir os síntoma de todas as que van atopando nos compañeiros de camiño. Dous lectores disimuladamente acusáronme de ser eu a causa de que non lles andase o ventre nestes últimos oito días. Era o que me faltaba agora á miña idade!

Permítanme determe un chisquiño nisto da Hipocondria. Non lle desexo este mal nin ó peor inimigo, sobre todo desde que souben dun médico que se volveu hipocondríaco desde que tiña a praza en propiedade. Era un médico dos de antes, dos que eran especialistas en todas as disciplinas e atendendo nunha casa a unha parturenta, tamén el rompeu augas. Unha veciña, parteira ela de oído, quero dicir sen partitura, e coñecida como “A Gaceta” dedicouse a pregoar que Don Epifanio ata dilatara; cousa moi pouco probable, porque cos primeiros empuxes desmaiouse, como nos pasaría á maioría dos homes. Tivo que deixar a profesión e mesmo hai quen o compara con Argán, o Enfermo imaxinario de Molière; pero non. Non hai comparanza; porque Don Epifanio non anda maquinando casoiros coma Argán. Está recluído na súa habitación e mata o tempo non vivíndoo de paso que apampa cara a tele mirando debuxos animados en xaponés, pero sen traducir, nin subtitulados, nin dicionario.

Este traballiño é divulgativo; pero se fose de rigor científico cabería dicir algo do síndrome de “Couvade” polo que algúns pais ó comezo e ó remate do embarazo da muller senten síntomas semellantes ós da preñada aínda que polo ADN non sexan o verdadeiro proxenitor. E de aí saltaríamos ó ñandú, esa especie do Vello Mundo semellante ós avestruces, pero máis pequerrecha na que non é infrecuente que sexa o macho quen se mete na cama pra chocar os ovos, mentres a femia vai buscar con que manterse. Non atino a entender como non está xa en marcha a Semana do Ñandú Común, debido ó dimorfismo sexual dalgúns individuos da mesma especie.

A ver se non perdemos o fío. Quedabamos en que às sete da mañá dun infausto día do 1985 no Hospital Xeral-Calde de Lugo pedira este servidor papel hixiénico pra facer fronte a unha necesidade perentoria e compulsiva ó mesmo tempo.

Serían ó redor das nove e media, cando entrou na habitación deixando aberta de par en par a porta, a CHDL., (Chica Da Limpeza), que máis ben debería ser SDL (Señora Da Limpeza) aínda que ela debía pensar que seguía sendo CH; porque levaba unha minisaia que lle quedaba como un rifle de caza maior a un San Francisco de Asís. Ó vela chegar, tamén crin ver o ceo aberto e pensei que por fin podería abrir pracenteiramente os meus esfínteres máis pudibundos antes de que puidesen relaxarse debido á prolongada sobrecarga a que estaban sometidos dando lugar a uns momentos de bochorno cando lles tocase a quenda ás FDCH, (Facedoras De Camas Hospitalarias).

De maneira que, moi amablemente, volvín a implorarlle, disimulando a miña angustia, o nunca tan desexado papel.

Ela, tamén con moitísima amabilidade, interrompeu o "Onditas veñen" que, como oración matutina, canturreaba en son de salmodia, e contestoume:
-Tan presto acabe de pasarle la fregona a la planta xa llo traio de contadito; pero aínda me queda todo o outro lado y lo que te rondaré, morena.

Recei un Padrenuestro implorando o milagre de que non se producise unha descarga intempestiva antes de que a CHDL rematase de pasarlle a fregona ó te rondaré, morena.

Segundo me contou logo o veciño de habitación, de sobrenome o TTB, (Trescentas Trinta B) que saíra fumar un cigarro medio clandestino ó descanso das escaleiras xerais, expoñendo, fachendoso e arrogante, á contemplación de cantos subisen ou baixasen os súas case esqueléticas canelas, que navegaban con soltura nunhas frouxas chancletas de cor rosa e o pixama que un día tivera cor e que co tempo perdera cor e dez centímetros polo menos en cada perneira.

Dicía, ou máis ben quería dicir, que, segundo el, meu transitorio compañeiro de habitación, cando a CHDL acabou o seu traballo, atopouse alí mesmo diante del, no descanso da escaleira cunha compañeira doutra planta á que lle preguntou que número do cupón da ONCE saíra premiado a véspera pola noite e, ante a resposta da outra non se lle ocorreu nada mellor que exclamar:
-¡Santo Dios! ¡Por dous números! ¡Nunca tanto me aproximei como esta noite!

¡Boa a fíxo!, porque lle respondeu a outra con malos modos que se se aproximase como debía, en virtude do débito matrimonial, non andaría o seu marido pescudando case todas as noites a ver se atopaba a quen aproximarse.

Mentres tanto, eu seguía impotente e por fortuna inoperante, sentindo no máis íntimo de min mesmo aproximarse lenta pero irremisiblemente á súa saída, o que por lei natural tiña que saír con papel hixiénico ou sen el.
Aquel día non tomei nin un simple sorbo de café ó almorzo pra evitar que a inxesta actuase de baqueta armamentística seguida de maza de percusión.

A todo isto, aí polas dez corenta e cinco, cadroulle de pasar á TDTA, (Tomadora De Tensión Arterial), que dispoñía dun horario bastante flexible e que gardaba con encomiable circunspección datos non transferibles, como puiden deducir ó experimentar que nunca logrei que me revelase a tensión que indicaba a maquinita que eu tiña. Parecíame inxusto o feito de non revelarma a diario. Vivíao silenciosamente como un espolio de algo moi meu aproveitando o meu estado de indefensión, xa que, se a tensión era a miña tensión e só miña, nin sequera inducida por fármacos, dieta ou estrés hospitalario, debía ampararme o dereito a coñecer algo da miña exclusiva propiedade.

Andando o tempo e consultado o Aranzadi cheguei á conclusión de que cando hai lexislación por medio as realidades deixan de ser simples pra transformarse en poliédricas. Estaba eu nun craso error que me levaba a emitir xuízos temerarios.

Non me amparaba dereito ningún particular, porque por encima do ben individual está o ben común, do que dimanan case todas as ordes de expropiación. Intento explicarme:

A tensión, por ser tan mutante, tanto a alza como á baixa, non pode considerarse, salvo raras excepcións, como un ente conxénito, nin endóxeno, nin hereditario. E, aínda que en circunstancias normais se dese por bo que a tensión arterial ou a súa equivalente, a presión sanguínea, fose do paciente hospitalizado, o coñecemento da mesma é en principio da TDTA debidamente capacitada e autorizada, e ata na parte alícuota correspondente pode ser considerada a devandita tensión como propiedade da colectividade, ou cando menos, segundo outros autores, a colectividade pode considerarse dona de certos emolumentos usufructuarios, por ser obtido o coñecemento da mesma mediante instrumental privado pero de uso público, ou á viceversa, adquirido con diñeiro dos orzamentos das administracións competentes na materia. Tal é tamén o caso dos fonendos, cadeiras de rodas e cueiros, propios e intransferibles de cada hospital da rede pública, independentemente da marca ou modelo, que aí é onde poden entrar os tanto por centos de financiamento en B ós partidos políticos.

Sendo isto así, o da tensión, non o dos partidos, asáltame unha nova dúbida: Como pode xustificarse que eu non poida coñece a miña tensión ó poñerme sempre de costas a pantallita do tensiómetro, pero en cambio poida coñecer a miña o veciño de habitación ou eu a súa a través da mesma pantalla indefectiblemente orientada de costas ó interfecto? Haberá que modificar a lei e estráñame que non estea xa traballando niso algunha comisión parlamentaria de partidos que tanto avogan polo ansiado cambio.

Se todo segue a súa canle tamén seguiremos dentro de oito días, pero, por favor, non me fagan volver a sentir mal. Están caendo as once daquel fatídico día e polas trece estaba resolto o problema.


¿De quién fue y es competencia el papel higiénico en la sanidad pública? (I)

30.06.17 | 22:49. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego

Llevo una temporadita tratando temas muy serios, o por lo menos así me lo parce; pero en todo caso, los fui tratando, desde mi punto de vista, con mucha seriedad, y una pizquita de humor no nos viene mal de vez en cuando. Irán, por tanto, y de momento, tres entregas sucesivas con algo de este producto tan necesario en una sociedad tan tensionada.

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¿Qué es ser cura? (y II)

22.06.17 | 20:54. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego
Terminaba la primera entrega de este trabajito sobre mi visión de lo que puede significar ser cura, diciendo que este significado puede verse condicionado por la idea que tengamos de lo que en la vida de las personas debe entenderse que hace referencia a Dios, y decía que conforme al Evangelio, si encontramos a Dios en el Sacramento del Altar también podemos y debemos encontrarlo en el sacramento de los hermanos, especialmente en los más necesitados.

Pero no todos ni siempre lo entendieron así. Un venerable sacerdote me dijo al poco tiempo de ser yo ordenado hace 50 años, que la razón de ser de un cura estaba justificada por la misa de cada día y por el rezo del breviario. Ya entonces le respondí que entendía que celebrar en la misa la fracción del pan que alimenta a la comunidad y animar a la comunidad a compartir los diversos “panes” puede justificar una vida; pero que decir bien la misa y rezar bien el breviario no puede servir de disculpa para no llenar de dedicación a Dios y a los demás por lo menos el mismo tiempo de trabajo que se le pide a un trabajador normal. Ahora cambiaron tanto las cosas, que los curas jubilados tienen que permanecer tan activos o más que antes de la jubilación

De nuevo puede haber discrepancias en el modo de entender lo que es la dedicación a Dios y a los demás, ya que, mientras que algunos pueden entender que dedicar tiempo a rezar el breviario o lo que sea es una manera de perderlo, otros pensamos que orar por los que tienen menos tiempo a hacerlo y por el mundo en general no es uno derroche del tiempo, y también creemos que de la oración personal y de la comunitaria sale la fuerza, tanto pra poder apretar cariñosamente la mano de un moribundo a cualquier hora del día o de la noche, como para denunciar injusticias y luchar por la justicia, como para crear fraternidad entre unos jóvenes utilizando los medios más variados, como ensayar y representr obras de teatro, o como comerle terreno a la droga poniendo en marcha y acompañando un grupo folclórico. Y que me disculpen los curas de ciudad por citar experiencias más bien del rural, pero es lo que mejor conozco.

Echando mano de la carta a los Filipenses entiendo con Sano Paulo que: ”Todo lo que sea verdadero, digno, justo, puro, amable y honorable” también hace referencia a Dios y al mismo tiempo es bueno para los hombres y mujeres de aquí y de ahora.

En cuanto a la oración quiero recordar que también Jesús, modelo pra cualquier cristiano y no menos pra cualquier sacerdote, buscó fuerza en ella para acariciar a niños, ancianos y leprosos, pra ser comprensivo y perdonar, y hasta pra mezclarse y comer con gente de mal vivir sin importarle gran cosa lo que dijesen los que se consideraban a sí mismos muy buenos, puros y limpios y siempre fueron muy cuidadosos de no contaminarse. Estos pastores difícilmente podrán oler a oveja, como dijo el Papa Francisco. Claro que hoy con tantos adelantos ya hay pastores eléctricos que permiten pastorear desde un despacho sin bajar a los caminos polvorientos o a los lodazales y tener que arremangar las ropas talares; que no exclusiva de curas, frailes y monjas, no se vaya a pensar.

Una vez que en la parroquia rural de San Martiño de Gobierno, donde nací y tengo el privilegio de vivir, se hizo un magosto por la noche en el campo de la fiesta el propio día de San Martiño, 11 de noviembre, alguien me pidió que subiera al palco a hacer reír un poco a los vecinos contando algún cuento a mi manera. Subí (ya contaba con hacerlo, pero preferí que me lo pidiesen) y conseguí que riéramos juntos los que juntos lloramos a menudo por todos los vecinos que se van o por nueve vacas que mató un mal rayo en la cuadra atadas a la cuellera.

Cuando bajé del palco, la también vecina y amiga desde la infancia, Florentina, me cogió por el brazo y me dijo e voz bajita: “Vaya que te sentiste cura también ahora lo mismo que por la mañana en la misa”. Habrá quien se escandalice, pero mi respuesta fue: “Te agradezco que lo notaras y me lo digas”. Mientras tanto, otro venerable párroco me llamaba con desprecio “saltimbanqui y titiritero”. También se lo llamaron a Don Bosco; pero peor se la armaron a Jesús cuando quisieron darlo por loco. Pues, también El cumplía con su misión tanto multiplicando el pan en el descampado, como bendiciéndolo y partiéndolo en el Cenáculo, como convirtiendo el agua en vino.

Una de las definiciones de cura que se ha usado mucho es la de “Ministro del Señor”. Venía aceptándola cómo una más sin pararme mucho a pensar hasta que una vez allá en Madrid, concretamente en Boadilla del Monte, hace unos 15 años, en un homenaje al Padre Ángel de Mensajeros de la Paz, un señor con el que me tocó compartir mesa entre otras ocho personas, muy elegante y fino él, doctor en no sé cuantas disciplinas, haciéndose pasar por pobre ignorante al mismo tiempo que se mostraba muy superior humana y espiritualmente a un curita de aldea, porque él, además de los títulos académicos muy altisonantes, militaba en una asociación eclesiástica (no sé si eclesial) elitista, me dijo con retintín pra rebatir algo que yo acababa de decir y que ahora no viene al caso: “Bueno, creo que esas ideas no son pra exponer públicamente un ministro del Señor”. Entoces, procure pensar a prisa, porque quería quedar bien ante los otros ocho comensalos y comensalas, y respondí: “Yo no son ministro de nadie ni quiero serlo. En primero lugar, porque entre ministros también los hay que sólo buscan el poder y acaban siendo corruptos y en segundo, porque pobre de nuestro Señor sí tiene que depender de mi pra administrarle su infinita misericordia”. Después, para congratularse conmigo y que no olvidase con quién estuviera hablando, aquel señor doctor en no sé cuantas disciplinas me daba su tarjeta, pero no se la quise, porque yo no tiña ninguna mía pra intercambiar y si la tuviera, a lo mejor, tampoco se la daba por si el tenía influencias más arriba y podía emplearlas para traerme al buen camino o llevarme a su Camino.

Esto es casi todo lo que sé decir de ser cura después de cincuenta años siéndolo, pero, unidos a los hermanos en la vocación básica del sacerdocio bautismal y a los compañeros en la vocación al sacerdocio ministerial y en la obediencia al obispo diocesano, sin servilismos, ya que, si hay la promesa de obedecer, también hay el deber de saber mandar, y en la unión con él y con la comunidad diocesana, cada uno irá realizando la misión encomendada cómo Dios le dé a entender y sus “talentos” de adulto en la fe se lo permitan desde la fidelidad al Evangelio y a no Sacramento do Altar tamén podemos e debemos atopalo no sacramento dos irmáns, especialmente nos máis necesitados.
las mujeres y hombres de aquí y de ahora, sin ataduras indisolubles, agarrotantes y uniformantes la leyes transitorias y cambiantes.

En galego

Remataba a primeira entrega deste traballiño sobre a miña visión do que pode significar ser cura, dicindo que esta visión pode verse condicionada pola idea que teñamos do que na vida das persoas debe entenderse que fai referencia a Deus, e dicía que conforme ó Evanxeo, se atopamos a Deus no Sacramento do Altar tamén podemos e debemos atopalo no sacramento dos irmáns, especialmente nos máis necesitados.

Pero non todos nin sempre o entenderon así. Un venerable sacerdote díxome ó pouco de ser eu ordenado, que a razón de ser dun cura estaba xustificada pola misa de cada día e polo rezo do breviario. Xa daquela respondinlle que entendía que celebrar na misa a fracción do pan que alimenta á comunidade e animar á comunidade a compartir os diversos “pans” pode xustificar unha vida; pero que dicir ben a misa e rezar ben o breviario non pode servir de desculpa pra non encher de dedicación a Deus e ós demais polo menos o mesmo tempo de traballo que se lle pide a un traballador normal. Agora cambiaron tanto as cousas que curas xubilados teñen que permanecer tan activos ou máis ca antes de xubilarse.

De novo pode haber discrepancias no xeito de entender o que é a dedicación a Deus e ós demais, xa que, mentres que algúns poden entender que dedicar tempo a rezar o breviario ou o que sexa é un xeito de perdelo, outros pensamos que orar polos que teñen menos tempo a facelo e polo mundo en xeral non é un malgasto do tempo, e tamén cremos que da oración privada e da comunitaria sae a forza, tanto pra poder apertar agarimosamente a man dun moribundo a calquera hora do día ou da noite, como pra denunciar inxustizas e loitar pola xustiza, como pra crear fraternidade entre uns mozos utilizando os medios máis variados, coma ensaiar e facer obras de teatro, ou como comerlle terreo á droga poñendo en marcha e acompañando un grupo folclórico. E que me desculpen os curas de cidade por citar experiencias máis ben do rural, pero é o que mellor coñezo.

Botando man da carta ós Filipenses entendo con San Paulo que: “Todo o que sexa verdadeiro, digno, xusto, puro, amable e honorable” tamén fai referencia a Deus e ó mesmo tempo é bo prós homes e mulleres de aquí e de agora.

En canto á oración quero recordar que tamén Xesús, modelo pra calquera cristián e non menos pra calquera sacerdote, buscou forza nela pra acariñar a nenos, vellos e leprosos, pra ser comprensivo e perdoar, e ata pra mesturarse e comer con xente de mal vivir sen importarlle gran cousa o que dixesen os que se tiñan a si mesmos por moi bos, limpos e puros e sempre foron moi coidadosos de non contaminarse. Estes pastores dificilmente poderán ulir a avella, como dixo o Papa Francisco. Claro que hoxe con tantos adiantos xa hai pastores eléctricos que permiten pastorear desde un despacho sen baixar ós camiños e corredoiras e ter que arremangar as roupas talares; que non exclusiva de curas, frades e monxas, non se vaia pensar.

Unha vez que na parroquia rural de San Martiño de Goberno, onde nacín e teño o privilexio de vivir, se fixo un magosto pola noite no campo da festa o mesmo día de San Martiño, 11 de novembro, alguén me pediu que subise ó palco facer rir un chisquiño ós veciños contando algún conto á miña maneira. Subín (xa contaba con facelo, pero preferín que mo pedisen) e conseguín que rísemos xuntos os que xuntos choramos a miúdo por todos os veciños que se van ou por nove vacas que matou un mal raio nas “cuadras modernas” amarradas á “cuellera”.

Cando baixei do palco, a tamén veciña e amiga da infancia, Florentina, colleume polo brazo e díxome polo baixo: “Vaia que te sentiches cura tamén agora coma pola mañá na misa?”. Haberá quen se escandalice, pero a miña resposta foi: “Agradézoche que o notases e mo digas”. Mentres tanto outro venerable párroco chamábame con despezo “saltimbanqui e titiritero”. Tamén llo chamaron a Don Bosco; pero peor lla armaron a Xesús cando quixeron dalo por toliño da cabeza. Pois, tamén El cumpría coa súa misión tanto multiplicando o pan no descampado coma bendicíndoo e partíndoo no Cenáculo, coma convertendo a auga en viño.

Unha das definicións de cura que se ten usado moito é a de “Ministro del Señor”. Viña aceptándoa como una máis sen pararme moito a pensar ata que una vez aló en Madrid, concretamente en Boadilla del Monte, hai uns 15 anos, nunha homenaxe ó Padre Ángel de Mensajeros de la Paz, un señor co que me tocou compartir mesa entre outras oito persoas, moi elegante e fino el, doutor en non sei cantas disciplinas, facéndose pasar por pobre ignorante ó mesmo tempo que se mostraba moi superior humana e espiritualmente a un curiña de aldea, porque el, ademais dos títulos académicos moi altisonantes, militaba nunha asociación eclesiástica (non sei se eclesial) elitista, me dixo con retintín pra rebater algo que eu acababa de dicir e que agora non vén ó caso: Bueno, creo que esas ideas no son pra exponer publicamente un ministro del Señor”. Daquela pensei á presa, porque quería quedar ben ante os outros oito comensalos e comensalas, e respondín: “Yo no soy ministro de nadie ni quiero serlo. En primer lugar, porque entre ministros también los hai que sólo buscan el poder y acaban siendo corruptos y en segundo, porque pobre de nuestro Señor si tiene que depender de mi pra administrarle su infinita misericordia”. Despois, pra congratularse comigo e que non esquecese con quen estivera falando, aquel señor doutor en non sei cantas disciplinas dábame a súa tarxeta, pero non lla quixen, porque eu non tiña ningunha miña pra intercambiar e se a tivese, se cadra, tampouco lla daba por se tiña influenzas máis arriba e podía empregalas pra terme ó bo camiño, ou levarme ó seu Camino.

Isto é case todo o que sei dicir de ser cura despois de cincuenta anos séndoo, pero, unidos ós irmáns na vocación básica do sacerdocio bautismal e ós compañeiros na vocación ó sacerdocio ministerial e na obediencia ó bispo diocesano, sen servilismos, xa que, se hai a promesa de obedecer, tamén hai o deber de saber mandar; e na unión con el e coa comunidade diocesana, cada un irá realizando a misión encomendada como Deus lle dea a entender e os seus “talentos” de adulto na fe llo permitan desde a fidelidade ó Evanxeo e ás mulleres e homes de aquí e de agora, sen ataduras indisolubles, agarrotantes e uniformantes a leis transitorias e cambiantes.


¿Qué será ser cura?

16.06.17 | 20:55. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego
En mi anterior artículo me refería a mis bodas de oro sacerdotales y lo hacía, no porque esa efemérides sea noticia transcendente. No lo es, y si lo fuera se vería diluida entre las celebraciones de cientos de sacerdotes que hasta ahora vinimos celebrando año a año los cincuenta de nuestra ordenación en España. Esos cientos van bajando conforme pasan los años hasta que pueda darse una recuperación, que no tendrá que ser tan numerosa como en tiempos pasados; ya que en la medida en que los seglares asuman la vocación y misión que les corresponden por el sacerdocio bautismal, serán menos necesarios los ministerios ordenados, con todo lo beneficioso que eso puede ser para una Iglesia más auténtica y menos clericalizada.

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¿Qué será ser cura?

16.06.17 | 20:45. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego
En mi anterior artículo me refería a mis bodas de oro sacerdotales y lo hacía, no porque esa efemérides sea noticia transcendente. No lo es, y si lo fuera se vería diluida entre las celebraciones de cientos de sacerdotes que hasta ahora vinimos celebrando año a año los cincuenta de nuestra ordenación en España. Esos cientos van bajando conforme pasan los años hasta que pueda darse una recuperación, que no tendrá que ser tan numerosa como en tiempos pasados; ya que en la medida en que los seglares asuman la vocación y misión que les corresponden por el sacerdocio bautismal, serán menos necesarios los ministerios ordenados, con todo lo beneficioso que eso puede ser para una Iglesia más auténtica y menos clericalizada.

Hacía referencia, por si podía despertar algún interés, a lo que dije en el acto conmemorativo. Algún interés despertó a juzgar por las visitas a medios o blogs en que apareció publicado. Eso me anima a retomar algo relacionado con este tema que ya dije alguna vez, y que en su día también interesó a más de uno.

Se trata de mi respuesta a la hipotética pregunta: ¿Qué es un cura? Advierto que no es una respuesta elaborada desde grandes tratados teológicos sobre el sacerdocio o desde profundos estudios sobre el Sacramento del Orden. Ni siquiera estoy seguro de si esa respuesta mía resistiría el análisis de la Congregación de inspección de la Doctrina de la Fe. La recogeré en dos capítulos, porque para uno solo se hacía uno poco larga.

Ni hay una respuesta única ni sería fácil encontrarla, porque, por ejemplo: del Santo Cura de Ars a Sano Juan Bosco hay notables diferencias, como las hay también entre el Papa Francisco y su mismo predecesor, Benedicto XXVI.

Si la memoria no me falla mucho, creo que desde siempre vengo escuchando consideraciones contradictorias de este tipo: “El sitio de los curas es la sacristía”. “Los curas tienen que implicarse más en la sociedad y salir de las sacristías”. “Los curas no deben meterse en política”. “Un cura también puede ser alcalde o diputado, ¿por qué no?”. “El cura que atienda a decir misas y le deje al alcalde hacer caminos”. “Si el alcalde fuese algo más a misa, los caminos no beneficiarían siempre a los mismos”. “Me gustó él cura hoy. Aterrizó y tocó problemas reales”. “Él cura que atienda a predicar el evangelio, que ya somos mayorcitos para saber sí hemos de pedir para Cáritas con un traje de 1.400 euros o de 100”.

Como no creo que haya una única respuesta a las preguntas: ¿Qué es el matrimonio o qué es ser padres?, tampoco la hay a la pregunta sobre ser cura y el desarrollo de su función en los distintos tiempos y lugares. Como en todo, cada uno responderá desde sus experiencias, afectividad, conocimientos, ignorancia, objetividad, indiferencia o incluso desde el rechazo y resentimiento.

Decía con toda sinceridad en el discursito de la celebración de las bodas de oro, que aún estoy aprendiendo cada día a ser cura y eso que ya no estoy plenamente en activo, quizás por disponer de más tiempo, voy descubriendo la cantidad de gente necesitada de que alguien la escuche. Debería habar el oficio de escuchador. Por eso no pienso exactamente lo mimo hoy sobre lo que es ser cura que hace treinta años, o en algún aspecto, que el año pasado.

Entre lo mucho que se tiene escrito sobre la vocación, misión y función del sacerdote y sobre la naturaleza del ministerio sacerdotal, que no llego a abarcar en su totalidad, me contento con poco. Me es suficiente con lo que se dice en la Carta a los Hebreos, referido al sacerdote, que no es exactamente lo mismo que cura, porque cura es un sacerdote que está al cuidado de unas comunidades y sacerdote también lo es el que atiende un despacho sin “cura de almas”, que se solía decir . Incluso podría ser cura, y ya hay experiencias, alguien que no es sacerdote, quedando el sacerdote itinerante para la evangelización más directa y sacramentos.

En la citada Carta a los Hebreos , capítulo 5, se dice esto con pequeñas variantes según las traducciones: “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino es llamado por Dios”. Cuando se escribió este texto sería impensable en el contexto en que se escribió, que se dijera que se escoge de entre los hombres y mujeres y para muchos, no para todos, sigue siendo impensable aún hoy.

La cuestión estará en cómo se entiende lo de la relación de los hombres y mujeres con Dios, o que es lo que hace referencia a Dios; pero en cualquier lectura completa del Evangelio, a Dios lo encontramos no sólo en el Sacramento de Altar, sino también y directamente en el sacramento de los hermanos, especialmente en los más necesitados.

Seguiré en el próximo capítulo, si no hay mala novedad.

En galego
Qué será ser cura?
No meu anterior artigo referíame ás miñas vodas de ouro sacerdotais e facíao, non porque esa efeméride sexa noticia transcendente. Non o é, e se o fose veríase diluída entre as celebracións de centos de sacerdotes que ata agora viñemos celebrando ano a ano os cincuenta da nosa ordenación en España. Eses centos van baixando conforme pasan os anos ata que poida darse unha recuperación, que non terá que ser tan numerosa coma en tempos pasados; xa que na medida en que os segrares asuman a vocación e a misión que lles corresponden polo sacerdocio bautismal, serán menos necesarios os ministerios ordenados, con todo o beneficioso que iso pode ser pra unha Igrexa máis auténtica e menos clericalizada.

Facía referencia, por se podía espertar algún interese, o que dixen no acto conmemorativo. Algún interese espertou a xulgar polas visitas a medios ou blogs en que apareceu publicado. Iso anímame a retomar algo relacionado con isto que xa dixen algunha vez, e que no seu día tamén interesou a máis de un.

Trátase da miña resposta á hipotética pregunta: Que é un cura? Advirto que non é una resposta elaborada desde grandes tratados teolóxicos sobre o sacerdocio ou desde profundos estudos sobre o Sacramento do Orde. Nin sequera estou seguro de se esa resposta miña resistiría a análise da Congregación de inspección da Doutrina da Fe. Recollereina en dos capítulos porque pra un só facíse un pouco loga.

Nin hai unha resposta única nin sería doado atopala, porque do Santo Cura de Ars a, poñamos por caso, San Xoán Bosco hai notables diferenzas, como as hai tamén entre o Papa Francisco e mesmamente o seu predecesor, Benedicto XXVI.

Se a memoria non me falla moito, creo que desde sempre veño escoitando consideracións contraditorias deste tipo: “O sitio dos curas é a sancristía”. “Os curas teñen que implicarse máis na sociedade e saír das sancristías”. “Os curas non deben meterse en política”. “Un cura tamén pode ser alcalde ou deputado, por que non?” “ O cura que atenda a dicir misas e lle deixe ó alcalde facer camiños,”. “Se o alcalde fora algo máis á misa, os camiños non beneficiarían sempre ós mesmos”. “Me gustó el cura hoy. Aterrizó y tocó problemas reales”. “El cura que atienda a predicar el evangelio, que ya somos mayorcitos para saber si hemos de pedir para Cáritas con un traje de 1.400 euros o de 100”.

Como non creo que haxa unha única resposta ás preguntas: Que é o matrimonio ou que é ser pais?, tampouco a hai á pregunta sobre ser cura e o desenvolvemento da súa función nos distintos tempos e lugares. Coma en todo, cada un responderá desde as súas experiencias, afectividade, coñecementos, ignorancia, obxectividade, indiferenza ou mesmo desde a xenreira e o resentimento

Dicía con toda verdade no discursiño da celebración das vodas de ouro, que aínda estou aprendendo cada día a ser cura e iso que xa non estou plenamente en activo, quizás por iso, por dispoñer e máis tempo, vou descubrindo a cantidade de xente necesitada de que alguén a escoite. Debera haber o oficio de escoitador. Polo mesmo, seguramente non pense o mesmo hoxe sobre o que é ser cura ca a hai trinta anos, ou nalgún aspecto, ca o ano pasado.

Entre o moito que se ten escrito sobre a vocación, misión e función do sacerdote e sobre a natureza do ministerio sacerdotal, que non chego a abarcar na súa totalidade, conténtome con pouco. Chégame co que se di na Carta ós Hebreos, referido ó sacerdote, que non é exactamente o mesmo ca cura, porque cura é un sacerdote que está ó coidado dunhas comunidades e sacerdote tamén o é o que atende un despacho sen “cura de almas”. Ata podería ser cura, e xa hai experiencias, alguén que non é sacerdote, quedando o sacerdote itinerante prá evanxelización e sacramentos.

Na citada Carta ós Hebreos, capítulo 5, dise isto con pequenas variantes segundo as traducións: “Todo sacerdote escóllese de entre os homes e constitúese sacerdote pra o ben dos homes nas súas relacións con Deus, a fin de que ofreza oblacións e sacrificios polos pecados. É capaz de tratar con indulxencia ós ignorantes e ós descarriados, porque tamén el está rodeado de fraquezas. Por mor destas fraquezas ten que ofrecer sacrificios polos pecados, tanto polos pecados do pobo coma polos seus propios. Ora, ninguén pode coller en por si este honor, senón que hai que ser chamado por Deus”. Cando se escribiu este texto sería impensable no contexto en que se escribiu, que se dixese que se escolle de entre os homes e mulleres e pra moitos, non pra todos, segue sendo impensable aínda hoxe.

A cuestión estará en como se entende o da relación dos homes e mulleres con Deus, ou que é o que fai referencia a Deus; pero en calquera lectura completa do Evanxeo, a Deus atopámolo non só no Sacramento de Altar, senón tamén e directamente no sacramento dos irmáns, especialmente nos máis necesitados.

Seguirei nos próximo capítulo, se non hai mala novidade


¿Qué será ser cura?

16.06.17 | 20:45. Archivado en Acerca del autor

En castellano y a continuación en galego
En mi anterior artículo me refería a mis bodas de oro sacerdotales y lo hacía, no porque esa efemérides sea noticia transcendente. No lo es, y si lo fuera se vería diluida entre las celebraciones de cientos de sacerdotes que hasta ahora vinimos celebrando año a año los cincuenta de nuestra ordenación en España. Esos cientos van bajando conforme pasan los años hasta que pueda darse una recuperación, que no tendrá que ser tan numerosa como en tiempos pasados; ya que en la medida en que los seglares asuman la vocación y misión que les corresponden por el sacerdocio bautismal, serán menos necesarios los ministerios ordenados, con todo lo beneficioso que eso puede ser para una Iglesia más auténtica y menos clericalizada.

Hacía referencia, por si podía despertar algún interés, a lo que dije en el acto conmemorativo. Algún interés despertó a juzgar por las visitas a medios o blogs en que apareció publicado. Eso me anima a retomar algo relacionado con este tema que ya dije alguna vez, y que en su día también interesó a más de uno.

Se trata de mi respuesta a la hipotética pregunta: ¿Qué es un cura? Advierto que no es una respuesta elaborada desde grandes tratados teológicos sobre el sacerdocio o desde profundos estudios sobre el Sacramento del Orden. Ni siquiera estoy seguro de si esa respuesta mía resistiría el análisis de la Congregación de inspección de la Doctrina de la Fe. La recogeré en dos capítulos, porque para uno solo se hacía uno poco larga.

Ni hay una respuesta única ni sería fácil encontrarla, porque, por ejemplo: del Santo Cura de Ars a Sano Juan Bosco hay notables diferencias, como las hay también entre el Papa Francisco y su mismo predecesor, Benedicto XXVI.

Si la memoria no me falla mucho, creo que desde siempre vengo escuchando consideraciones contradictorias de este tipo: “El sitio de los curas es la sacristía”. “Los curas tienen que implicarse más en la sociedad y salir de las sacristías”. “Los curas no deben meterse en política”. “Un cura también puede ser alcalde o diputado, ¿por qué no?”. “El cura que atienda a decir misas y le deje al alcalde hacer caminos”. “Si el alcalde fuese algo más a misa, los caminos no beneficiarían siempre a los mismos”. “Me gustó él cura hoy. Aterrizó y tocó problemas reales”. “Él cura que atienda a predicar el evangelio, que ya somos mayorcitos para saber sí hemos de pedir para Cáritas con un traje de 1.400 euros o de 100”.

Como no creo que haya una única respuesta a las preguntas: ¿Qué es el matrimonio o qué es ser padres?, tampoco la hay a la pregunta sobre ser cura y el desarrollo de su función en los distintos tiempos y lugares. Como en todo, cada uno responderá desde sus experiencias, afectividad, conocimientos, ignorancia, objetividad, indiferencia o incluso desde el rechazo y resentimiento.

Decía con toda sinceridad en el discursito de la celebración de las bodas de oro, que aún estoy aprendiendo cada día a ser cura y eso que ya no estoy plenamente en activo, quizás por disponer de más tiempo, voy descubriendo la cantidad de gente necesitada de que alguien la escuche. Debería habar el oficio de escuchador. Por eso no pienso exactamente lo mimo hoy sobre lo que es ser cura que hace treinta años, o en algún aspecto, que el año pasado.

Entre lo mucho que se tiene escrito sobre la vocación, misión y función del sacerdote y sobre la naturaleza del ministerio sacerdotal, que no llego a abarcar en su totalidad, me contento con poco. Me es suficiente con lo que se dice en la Carta a los Hebreos, referido al sacerdote, que no es exactamente lo mismo que cura, porque cura es un sacerdote que está al cuidado de unas comunidades y sacerdote también lo es el que atiende un despacho sin “cura de almas”, que se solía decir . Incluso podría ser cura, y ya hay experiencias, alguien que no es sacerdote, quedando el sacerdote itinerante para la evangelización más directa y sacramentos.

En la citada Carta a los Hebreos , capítulo 5, se dice esto con pequeñas variantes según las traducciones: “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino es llamado por Dios”. Cuando se escribió este texto sería impensable en el contexto en que se escribió, que se dijera que se escoge de entre los hombres y mujeres y para muchos, no para todos, sigue siendo impensable aún hoy.

La cuestión estará en cómo se entiende lo de la relación de los hombres y mujeres con Dios, o que es lo que hace referencia a Dios; pero en cualquier lectura completa del Evangelio, a Dios lo encontramos no sólo en el Sacramento de Altar, sino también y directamente en el sacramento de los hermanos, especialmente en los más necesitados.

Seguiré en el próximo capítulo, si no hay mala novedad.

En galego
Qué será ser cura?
No meu anterior artigo referíame ás miñas vodas de ouro sacerdotais e facíao, non porque esa efeméride sexa noticia transcendente. Non o é, e se o fose veríase diluída entre as celebracións de centos de sacerdotes que ata agora viñemos celebrando ano a ano os cincuenta da nosa ordenación en España. Eses centos van baixando conforme pasan os anos ata que poida darse unha recuperación, que non terá que ser tan numerosa coma en tempos pasados; xa que na medida en que os segrares asuman a vocación e a misión que lles corresponden polo sacerdocio bautismal, serán menos necesarios os ministerios ordenados, con todo o beneficioso que iso pode ser pra unha Igrexa máis auténtica e menos clericalizada.

Facía referencia, por se podía espertar algún interese, o que dixen no acto conmemorativo. Algún interese espertou a xulgar polas visitas a medios ou blogs en que apareceu publicado. Iso anímame a retomar algo relacionado con isto que xa dixen algunha vez, e que no seu día tamén interesou a máis de un.

Trátase da miña resposta á hipotética pregunta: Que é un cura? Advirto que non é una resposta elaborada desde grandes tratados teolóxicos sobre o sacerdocio ou desde profundos estudos sobre o Sacramento do Orde. Nin sequera estou seguro de se esa resposta miña resistiría a análise da Congregación de inspección da Doutrina da Fe. Recollereina en dos capítulos porque pra un só facíse un pouco loga.

Nin hai unha resposta única nin sería doado atopala, porque do Santo Cura de Ars a, poñamos por caso, San Xoán Bosco hai notables diferenzas, como as hai tamén entre o Papa Francisco e mesmamente o seu predecesor, Benedicto XXVI.

Se a memoria non me falla moito, creo que desde sempre veño escoitando consideracións contraditorias deste tipo: “O sitio dos curas é a sancristía”. “Os curas teñen que implicarse máis na sociedade e saír das sancristías”. “Os curas non deben meterse en política”. “Un cura tamén pode ser alcalde ou deputado, por que non?” “ O cura que atenda a dicir misas e lle deixe ó alcalde facer camiños,”. “Se o alcalde fora algo máis á misa, os camiños non beneficiarían sempre ós mesmos”. “Me gustó el cura hoy. Aterrizó y tocó problemas reales”. “El cura que atienda a predicar el evangelio, que ya somos mayorcitos para saber si hemos de pedir para Cáritas con un traje de 1.400 euros o de 100”.

Como non creo que haxa unha única resposta ás preguntas: Que é o matrimonio ou que é ser pais?, tampouco a hai á pregunta sobre ser cura e o desenvolvemento da súa función nos distintos tempos e lugares. Coma en todo, cada un responderá desde as súas experiencias, afectividade, coñecementos, ignorancia, obxectividade, indiferenza ou mesmo desde a xenreira e o resentimento

Dicía con toda verdade no discursiño da celebración das vodas de ouro, que aínda estou aprendendo cada día a ser cura e iso que xa non estou plenamente en activo, quizás por iso, por dispoñer e máis tempo, vou descubrindo a cantidade de xente necesitada de que alguén a escoite. Debera haber o oficio de escoitador. Polo mesmo, seguramente non pense o mesmo hoxe sobre o que é ser cura ca a hai trinta anos, ou nalgún aspecto, ca o ano pasado.

Entre o moito que se ten escrito sobre a vocación, misión e función do sacerdote e sobre a natureza do ministerio sacerdotal, que non chego a abarcar na súa totalidade, conténtome con pouco. Chégame co que se di na Carta ós Hebreos, referido ó sacerdote, que non é exactamente o mesmo ca cura, porque cura é un sacerdote que está ó coidado dunhas comunidades e sacerdote tamén o é o que atende un despacho sen “cura de almas”. Ata podería ser cura, e xa hai experiencias, alguén que non é sacerdote, quedando o sacerdote itinerante prá evanxelización e sacramentos.

Na citada Carta ós Hebreos, capítulo 5, dise isto con pequenas variantes segundo as traducións: “Todo sacerdote escóllese de entre os homes e constitúese sacerdote pra o ben dos homes nas súas relacións con Deus, a fin de que ofreza oblacións e sacrificios polos pecados. É capaz de tratar con indulxencia ós ignorantes e ós descarriados, porque tamén el está rodeado de fraquezas. Por mor destas fraquezas ten que ofrecer sacrificios polos pecados, tanto polos pecados do pobo coma polos seus propios. Ora, ninguén pode coller en por si este honor, senón que hai que ser chamado por Deus”. Cando se escribiu este texto sería impensable no contexto en que se escribiu, que se dixese que se escolle de entre os homes e mulleres e pra moitos, non pra todos, segue sendo impensable aínda hoxe.

A cuestión estará en como se entende o da relación dos homes e mulleres con Deus, ou que é o que fai referencia a Deus; pero en calquera lectura completa do Evanxeo, a Deus atopámolo non só no Sacramento de Altar, senón tamén e directamente no sacramento dos irmáns, especialmente nos máis necesitados.

Seguirei nos próximo capítulo, se non hai mala novidade


Cincuenta años de un cura

09.06.17 | 21:31. Archivado en Acerca del autor

(En castellano. A continuacion en galego)

El día diez de mayo celebramos los católicos la festividade de San Juan de Ávila, patrón del clero diocesano, y en muchas diócesis se hace coincidir con ese día la celebración de las bodas de diamante, oro y plata de los sacerdotes a los que les corresponda cada año. Este año en Mondoñedo-Ferrol me tocó celebrar a mí, entre otros, las de oro. Ese día acostumbramos a juntarnos los sacerdotes que podemos y queremos con el obispo y hay algunos actos por la mañana, entre ellos un espacio dedicado a los homenajeados. No falta la misa ni la comida juntos para los que pueden quedarse la ella.

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Cae el telón del sainete en Friol

03.06.17 | 00:10. Archivado en Acerca del autor

En castellano. A continuación en galego

Desde el día 2 de febrero, día del primer comunicado atribuido a Don Ramón y de sus declaraciones en una breve entrevista en Cope Lugo contradiciendo lo dicho en el comunicado, vengo siguiendo por todos los medios posibles el mal llamado conflicto de Friol con el Obispo y Obispado de Lugo, surgido aparentemente por el intento de traslado de ese cura. Como aficionado al teatro creo que llega el final del sainete.

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Jueves, 17 de agosto

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