Relatooooo de la pradera

A

Miguel Font Rosell

No se trata de un personaje de la cuadra de Chiquito de la Calzada, sino de una nueva ocurrencia de lo más chungo de nuestra política y a la vez los más demagogos y mentirosos: por un lado el guaperas que okupa la Moncloa, y por otro los fascistas catalanes que okupan la Generalitat.

Se trata de una ocurrencia si, pero para nada inocente, ya que las palabras, aunque a veces se utilizan inconscientemente, siempre quieren significar algo, a veces muy claro y a veces muy ambiguo, para que cada uno haga de ellas su lectura interesada.

Por un lado, si acudimos a la RAE, se trata de alguien que relata o refiere alguna cosa o hace relación de asuntos tratados, pero si acudimos a la ONU, se trata de una figura nombrada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, para examinar e informar sobre la situación del país, o sobre un determinado asunto de Derechos Humanos.

Por otra parte, si la democracia es el poder del pueblo y nuestros políticos son nuestros representantes, ellos se deben a quienes ostentan el poder, y nada pueden acordar a nuestras espaldas, pues para ello existen unas instituciones publicas en las que debatir, con luz y taquígrafos, para que nosotros (el poder) podamos estar informados en cada momento de peticiones, argumentos y posibles acuerdos, y exijamos una vez informados directamente, de nuestros representantes, una actitud o otra, so pena de retirarles nuestra confianza.

En los casos en los que un partido tiene mayoría absoluta, esto suele no producir problemas, pero cuando eso no es así y el poder se ostenta con el apoyo, no ya de otro partido, sino de un puñado de ellos a cada cual mas heterogéneo y pintoresco, las negociaciones previas para llegar a las instituciones con una única postura, pierden para el pueblo (el poder) todo tipo de garantías de transparencia.

El caso del gobierno actual de España es un ejemplo claro de lo que como acepción negativa definimos como una “república”, o también calificable, con otro talante, como una “casa de putas”, o un arca de Noé, donde para cada cuestión hay que pasar por la “caja” del gobierno para, en forma de decreto-ley, es decir, sin pasar previamente por el Parlamento, ir cobrando los apoyos, unos en forma de más dinero, otros de parcelas de poder, otros de mayores atribuciones, y todos con la esperanza cierta de salir con el billete premiado, ya que el okupa de la Moncloa, por no perder su residencia presidencial, es capaz de vender lo que sea.

Entre toda esta pandilla de perdedores que cada uno chantajea a su antojo, los fascistas catalanes son quienes mayor tajada pretenden, pero no en forma de un favoritismo que pudiera ser asumible dentro de la legalidad, aun a costa de todos los demás, sino que pretenden un imposible, una ilegalidad manifiesta como es el cumplimiento último de sus objetivos, la independencia de Cataluña por un lado, y la renuncia de la fiscalía a las acusaciones a sus fascistas encarcelados, así como la amnistía para todos ellos en caso contrario, y la impune vuelta de los fugados de la justicia, que disfrazan como exiliados.

Como tales objetivos son innegociables con luz y taquígrafos, ya que al Parlamento no se puede ir a negociar ilegalidades, se han inventado una ocurrencia insultante, a la que sin embargo el guaperas está dispuesto a acceder, pues hay que seguir dando la imagen de preferir la negociación antes que la aplicación de la ley, no vaya a ser que se le tache de represor (hoy aplicar la ley es ser un represor, franquista o de extrema derecha), aunque en el fondo no haya nada que negociar, pues al menos cuando era Pujol el negociador ya se sabía que lo que quería era dinero, dinero y más dinero para Cataluña, y para él, pero a los de ahora, a los fascistas del lacito, les trae sin cuidado que las infraestructuras sociales en Cataluña estén dejando de funcionar por inanición, porque todo se lo pulen en aras del independentismo y abandonan lo esencial para el bienestar de su pueblo, un pueblo al que han enfrentado entre si, partido las familias, y desterrado a sus inversores con sus imposiciones. 

Acudiendo a un símil muy gráfico, es como si ahora un grupo de moteros dijera que ellos no querían respetar los stop en las carreteras aunque ello sea una ilegalidad sancionable legalmente, y que tampoco admitían que se les multase, en una actitud que consideran represora, por lo que exigían una negociación con la Dirección General de Carreteras, sin aceptar siquiera el sustituir algunos stop por ceda el paso, o por un semáforo. O fuera los stop o montamos el pollo, ante lo que la Dirección General de Trafico estuviera dispuesta a negociar, en lo que sería un atentado al Estado de Derecho, que nadie entendería.

Por otra parte, como cuando se está en una casa de locos, cada uno cuenta luego lo que le parece y que mejor puede vender a los suyos, no se les ocurre otra cosa, al ya considerarse a si mismos como unos mentirosos compulsivos, que nombrar un neutral, al que llamarle “relator”, para que sea este quien comunique los acuerdos alcanzados, ya que así siempre se podrá decir que quien se ha equivocado al transmitir la noticia es el relator, quien se callará lo fundamental de la “negociación” para transmitir finalmente, y de forma endulzada, solo los acuerdos que convenga que nosotros (el poder) nos enteremos, obviando los acuerdos inconfesables a los que se ha llegado, para tener que vender los que transmite el relator.

Por si ello ya fuera una burla a la democracia, al Estado de Derecho, y a la decencia, a esa mesa solo se invitará a los partidos que estén dispuestos a llegar a un acuerdo, de manera que aquellos que aboguen por la aplicación de la ley con luz y taquígrafos sean marginados (PP, Ciudadanos y Vox, por supuesto), ya que no se prestan al dialogo, a la libertad de opinión, y al consenso, aunque sobre lo que se está dialogando libremente y llegando a un consenso sea una ilegalidad contra la propia Constitución, nuestro ordenamiento jurídico, y la voluntad del pueblo español (el poder).

Pero volvamos al principio. Si nos atenemos a que tal figura ha de actuar siguiendo el cometido que le asigna la RAE y en la linea que ha marcado la vicepresidenta del gobierno, esa inteligente para quien el dinero público no es de nadie, la figura a encontrar deberá fijar un orden del día, ser catalán y conocedor de la política catalana, un hombre o mujer de consenso, que sepa transmitir los acuerdos, etc. Una figura que políticamente no interesa identificar con un mediador o un negociador, ya que entonces se complicaría la cosa al pasar de los matices a la aceptación de un dialogo de iguales para solucionar un conflicto del que la legislación aplicable no tiene respuesta, o sea, nada más lejano a lo pretendido, pues en nuestra ordenación jurídica lo que se pretende tiene cumplida respuesta en la pura y dura ilegalidad y sus consecuencias, tal y como ya han aplicado nuestros tribunales, estando parte de los fascistas del separatismo huidos de la justicia y otros en prisión preventiva ante el riesgo de huida, presunción nada gratuita, ante el ejemplo dado por sus cobardes compañeros, huidos con el rabo entre las piernas a la hora de defender con hidalguía sus patrióticos planteamientos, haciendo gala con ello de su condición de “caganers” con barretina, lacito y hecho diferencial.

Por otra parte y si nos atenemos al significado que tiene la figura del relator para la ONU, el asunto aun se complica más, ya que el fascismo catalán lo que más valora es la internacionalización del “conflicto”, para venderlo como un ataque que hace España a la libertad de un pueblo, vulnerando los derechos humanos, con lo que una mesa de negociación con un relator tiene una lectura internacional extraordinaria para los intereses del secesionismo, como una claudicación del gobierno de España, que de hecho estaría reconociendo que se trata de una vulneración de los derechos humanos hacia Cataluña.

¿Se puede ser más tonto por parte de Sánchez?. La respuesta es que si se puede, cuando como en el caso, su inmensa ambición, su vanidad y la adoración hacia su propia persona, superan todo atisbo de sentido común y sobre todo de patriotismo y de la defensa de los intereses de todos.

No obstante, y dadas las circunstancias, si hay que proponer un relator, y dado el caso, abogo por nombrarlo entre Pozi, Carlos Jesús, Cañita Brava, risitas, Pocholo, Leonardo Dantés, el padre Apeles, Leticia Sabater, la veneno o…Carmen de Mairena, catalana, conocedora de la noche barcelonesa, mujer de consenso, independiente y capaz de “relatar” como nadie.

Es lo que hay.   

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