El marisquiño y la canalla política (II)

 

Hace unos días, publicaba un artículo sobre el famoso asunto del “marisquiño”, su esperado largo futuro en los tribunales, el escaqueo político habitual, la tradicional cara dura del actual alcalde de Vigo que, como nos tiene acostumbrados, pasa ya de verdugo a víctima sin el menor sonrojo, al saberse creído por una legión de cretinos, y en definitiva los distintos avatares de un asunto al que ya todos intentan echar tierra de por medio. Como creo que ese no debe ser el destino de este cúmulo de canalladas, de único origen político, de quienes huyen de la conservación y el mantenimiento del patrimonio, al considerar que no les beneficia personalmente, y si el acometer las mayores horteradas para fomento de la mediocridad de un pueblo del que interesa valerse, voy a seguir aportando más datos y más argumentos a quien pudiera interesarle.

Remataba el artículo anterior con los siguientes párrafos:    

“De momento, y a mi entender, con los datos actuales, alcalde de Vigo sobre todo, presidente de la Autoridad Portuaria y posibles hipotéticos técnicos implicados, los primeros responsables. Habrá que ver, por otra parte, la responsabilidad de autores del proyecto, directores de obra y empresa constructora, así como de los presidentes de la Zona Franca y del Puerto cuando fue construida la plataforma, sin descartar aquellos ciudadanos que ahora manifiestan su conocimiento sobre el estado ruinoso de dicha plataforma, sabiendo que se iba a llevar a cabo el evento en cuestión, y sin que hubieran denunciado nada al respecto. 

De momento, ni un solo culpable,… aunque casi todos lo parezcan.”

Pasados unos días, de esto último apuntado, cabe corregir, al parecer, el que si existe constancia por escrito de la denuncia de varios ciudadanos poniendo en conocimiento de la autoridad el estado de la plataforma, y sin que “responsable” alguno hiciese nada al respeto. Me temo que tales denuncias habrán desaparecido convenientemente

También ha quedado constancia, como era de esperar, que el alcalde ha vuelto a mentir, aunque ello no sea ya noticia desde hace lustros, cuando aseguraba disponer de todos los informes necesarios para dar su autorización, informes que han sido reclamados por todos los partidos de la oposición sin resultado alguno en cuanto a su conocimiento y que lógicamente nadie (supongo) querrá redactar a toro pasado, lo que nos lleva a pensar que la autorización, sin los informes necesarios, ha sido otra de sus ocurrencias cuando se trata de rentabilizar un evento como es el “marisquiño”, de tanto éxito en la ciudad.

Al parecer, la estructura de ambas plataformas, tanto la colapsada como la perpendicular a ella y paralela a la calle, todavía en pie, fueron construidas entre 1987 y 1988, financiadas por la Caja de Ahorros Municipal de Vigo y utilizadas en principio por el Náutico como aparcamiento para sus socios. El presidente de la Autoridad Portuaria de entonces (1983 a 1988) era José Martínez Torea (PSOE) a quien sucedió (1988 a 1993) Elena Espinosa, también del PSOE, quienes recepcionaron las obras, y a cuyo proyecto tuvo que dar su visto bueno el Ministerio de Fomento, a la sazón a cargo de !!!Abel Caballero!!! (PSOE), quien aunque para el periódico El Pais resultó ser el peor ministro de Felipe Gonzalez, era de quien dependía la Autoridad Portuaria de Vigo, por lo que no procede, por su parte, alegar ningún tipo de desconocimiento sobre el particular, ni sobre su inadecuación para usos de afluencia masiva (saltos incluidos) y en ausencia de mantenimiento desde entonces, algo similar, como ya apuntamos, a sus actuaciones con la autovía de la muerte (de su autoría), o con la cubierta de Balaidos (de su abandono).

Posteriormente a su construcción, y ya en 1992, el Náutico renuncia a la concesión en tierra y el ayuntamiento, por medio de un convenio ya comentado, se hace cargo del uso y mantenimiento de TODA la instalación, lo que incluye pavimento e infraestructura, salvo que la palabra “toda” ahora tenga otro significado.

Desde 2005 a 2007, Abel Caballero ocupa la presidencia de la Autoridad Portuaria, entidad que según ahora manifiesta (se trata del mayor especialista del mundo mundial en echar balones fuera) es a quien le corresponde tal mantenimiento, aunque siendo presidente nada hubiera hecho al respecto, lo que no le exime de su deber de conocer el estado de los muelles.

Con el proyecto “abrir Vigo al mar”, no obstante y aunque ahora su arquitecto haya hecho unas declaraciones alegando estar harto de avisar, sin éxito, sobre el mal estado de las infraestructuras, la sobrecarga de la infraestructura se aumentó, ya que, al parecer, se recreció el pavimento inicial y sobre él se colocaron los travesaños de madera que constituyen su actual pavimento, cambiando además el uso, de aparcamiento a paseo de uso público.

Otra entidad a la que los políticos, en su afán de librarse de responsabilidades, han echado la culpa, la organización del marisquiño, debe garantizar la seguridad de “sus” estructuras, pero evidentemente no de aquellas ajenas en la que sus propietarios autorizan a celebrar el evento, y menos cuando quien, por convenio, ha de garantizar su idoneidad, e incluso tiene además la obligación de emitir informes técnicos que garanticen la estabilidad del lugar en el que han de autorizar la fiesta.

Para rematar la inexcusable culpa del actual alcalde en todo este asunto, ahora resulta que dos días antes de la tragedia, este, al parecer, en un programa de la cadena SER, alertó del mal estado de la plataforma. Es de suponer que dos días antes, la instalación de toda la infraestructura necesaria para la celebración estaba prácticamente concluida y que contaba con la autorización que él mismo había firmado, “a sabiendas” de su mal estado, afirmación que no se debe a especulación alguna, sino a sus propias manifestaciones, lo que a mi entender y creo que al de cualquiera supone una prevaricación de libro. Recordemos que la prevaricación es un delito claramente tipificado, que consiste en cometer una ilegalidad a sabiendas, que lo difícil de probar en tal delito es el “a sabiendas”, pero cuando es el propio implicado quien declara que conoce el mal estado de la infraestructura, el delito parece más que evidente, sobre todo cuando se trata de una ilegalidad como es el autorizar algo sin los preceptivos informes. ¿Caben mayores pruebas de maldad, de culpabilidad y de irresponsabilidad en un mandatario público?

Cualquier persona con un mínimo de dignidad, con conciencia y responsable, habría ya dimitido de sus cargos, pedido perdón públicamente y ofrecerse al sometimiento de las decisiones de la justicia. Este, aun va a pretender que le hagan una estatua en el lugar de los hechos, alegando ser el salvador  de todo, el causante de que nadie falleciera, el socorredor de infortunados y el defensor último de la ciudad, para lo que ya ha empezado a acusar a todos y como no, y aunque nada tenga que ver, al presidente de la Xunta, el culpable de todo lo que ocurre en todo el orbe terrestre y posiblemente incluso del universo universal.

Lo de la cretinez de una mayoría de vigueses apoyando a este espécimen no tiene límites.  

  

 

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