El lecho diferencial

Hemos vuelto a la constante histórica de transformar el hecho diferencial en el “lecho“ diferencial, que viene a ser algo parecido a aquello de “ser puta y pagar la cama” o “cornudo y apaleado”, que en materia tributaria se aplica a que los más pobres acaben compensando a los más ricos, porque al poder les interesa tenerlos de su lado, y para eso el que calla y otorga es carne de cañón, algo que los gallegos resumimos con “ainda por riba” o “mexan por nos e hai que dicir que chove”, “e o que hai”… !manda carallo!, pues finalmente, como viene siendo habitual, acaba siendo el Capo quien decide el cupo. Caciquismo en estado puro.
Las Constituciones son como nosotros, nacen inexpertas, se van desarrollando, se asientan, pero llega un momento en el que, cuando aparecen circunstancias cambiantes, cuando la sociedad evoluciona y es preciso responder con planteamientos actuales, solo caben dos posturas, la progresista o la conservadora, la que piensa que es preciso reformarla, para que siga viva y se adapte a una resolución más justa a aplicar a los nuevos planteamientos de una sociedad que evoluciona, o la que cree que hay que acastillarse en su texto y resolverlo todo según su literal contenido, pues es la sociedad la que no debe desviarse de sus planteamientos. La ciencia y las religiones, “cuspidiño”.
Nuestra Constitución pronto cumplirá 40 años. Aunque siempre se ha dicho que no se debe legislar en caliente, nuestra ley de leyes fue redactada en plena ebullición de la sociedad postfranquista, en un momento en el que todo eran urgencias, deudas históricas, reivindicaciones territoriales, idiomáticas, crisis de sistemas de gobierno, ambiciones sin límite, derechos universales y todo tipo de demandas invernadas otros 40 años. El resultado fue hasta cierto punto ejemplar, debido a la calidad personal de sus llamados padres de la Constitución (hoy si por ello fuera podría ser un desastre), considerando la enorme multitud de exigencias a contentar, pero a día de hoy con un desfase francamente preocupante y generador de ridículos y caducos planteamientos.
Desde entonces a esta parte, a España no hay quien la reconozca, pues los cambios de todo tipo han sido brutales para ocurrir en menos de media centuria, mientras nuestra Constitución ha optado por hacerse conservadora, por envejecer cascarrabias, empeñándose en tener razón, en sostenerla y no enmendarla, en recrearse en viejas batallas, en “peperizarse”, con los mínimos cambios necesarios para contentar al poder y optando por hacer la vista gorda con todo aquello que de su contenido se incumple sistemáticamente por parte de ese poder (como la absoluta falta de democracia interna en los partidos), poder que la trata como el moro de la morería, con la pata quebrada y en casa, con un Tribunal Constitucional que no actúa de oficio, que no vigila, que no corrige, que no fiscaliza para nada al ejecutivo si no existe denuncia de por medio, y siempre para casos concretos, no para incumplimientos institucionalizados y ya enraizados en la sociedad.
Cuando se navega por un estrecho de aguas peligrosas, con bajos, corrientes, niebla, mareas y todo tipo de vicisitudes a considerar, es preciso aferrarse concentradamente al timón y no dar bandazos, rectificando el rumbo con antelación. Si nos aferramos a un rumbo fijo cuando por la proa van apareciendo todo tipo de obstáculos, o bien encallaremos, o nos veremos abocados a dar fuertes golpes de timón que nos llevarán a rectificar de nuevo en otro sentido, o nos llevarán a las piedras, y esto es lo que empieza a ocurrir con nuestra Constitución, por no haber corregido el rumbo a tiempo, por pensar, en una especie de reedición del Titanic, que el barco puede con todo.
Hoy, las dos comunidades tocapelotas de siempre, la catalana y la vasca, precisan de un cambio de la Constitución, pero tanto en el avance de sus intereses (referendums para conocer el parecer de sus pueblos) como en la salvaguardia de los generales (institucionalización de las decisiones de los gobiernos centrales cuando de intereses comunes se trate). A lo largo de estos años pasados, lo más canalla de la vasca ha estado matando, mientras que lo más vanidoso de la catalana ha estado mintiendo descaradamente, y ambas a unas sociedades aleccionadas, ávidas de comulgar con sus planteamientos. Tanto PP como PSOE, a lo largo de un cuarto de siglo, han ido dando cuerda a la cometa del independentismo, en beneficio de sus propios intereses. Les han consentido todo, han ido nutriendo su fascismo separatista y les han alimentado su hecho diferencial hasta putearnos a todos, e incluso hacernos pagar la cama.
Ayer, en un programa televisivo en el que se enfrentaban ante la cámara dos ex presidentes de infausto recuerdo, como son Mas y Zapatero, este último confesaba que en sus conversaciones, el “independentista” catalán vinculaba la llegada de más dinero con la oferta de menos nacionalismo, algo que ya había practicado su antecesor, el mafioso Pujol, tanto más catalanista pero formalmente español, a cambio de silenciar su constante y progresiva corrupción familiar, aunque eso si, envuelto en las cuatro barras, sin estelada (esa bandera cubanizada), que eso es de paletos y no tocaba entonces.
Los vascos, no obstante, y a eso vamos, han abandonado la muerte, vencidos por nuestras fuerzas de seguridad, sustituyéndola por la tela, más limpia y productiva.
Sabido es que en la guerra de sucesión del XVIII, mientras que catalanes apostaban por los Austrias, los vascos lo hacían por los Borbones, así cuando llega Felipe V, acaba con los Fueros catalanes y mantiene los vascos, quienes han sabido defenderlos hasta el punto de incorporarlos a nuestra Constitución, aprovechando que tanto entonces, como en el parto de la Constitución, como ahora, el Pisuerga pasa por Valladolid y nadie se atrevía, ni se atreve, a dejar en evidencia la caducidad de tales planteamientos.
Tal es así que la organización fiscal española es bien distinta para el País Vasco, como para Navarra o las islas Canarias, debido, “of course”, al hecho diferencial, evidente en Canarias y heredado en el resto, algo que para hacerlo comulgar con el mandato igualitario de la Constitución, se precisan encajes de bolillos, nunca fiscalizados.
¿Que se ha hecho entonces?. En resumidas cuentas y simplificando, en el resto de España, el gobierno central recauda y luego reparte por comunidades, para que estas ofrezcan aquellos servicios que se derivan de las competencias otorgadas en ese desmembramiento del Estado que se ha ido produciendo a lo largo de los años, en el afán descentralizador que se ha vendido como progresista. Así las cosas, en el Pais Vasco este recauda y se queda con lo recaudado para atender a los servicios que ha de proporcionar a su pueblo, mientras el Estado le pasa la cuenta de los que le da directamente, al que sumar un fondo de solidaridad para atender a los más necesitados de entre el resto de la España menor, lo que se conoce como “el cupo”.
¿Que argumentan los vascos en favor de sus planteamientos?. Nosotros no somos culpables de gestionar mejor nuestros impuestos, ya que aquí existe un sentido de lo común, de la ayuda a la comunidad y de la solidaridad, que no existe en otras regiones del país. Aquí ni existe corrupción ni defraudación de la Hacienda Pública, por ello recaudamos más para nuestros propios servicios y podemos ofrecerlos mejores y a mejor precio, primando la enseñanza, la sanidad y ciertos servicios sociales por encima de otros menos necesarios, y todo ello con un menor gasto en personal político y asimilado, al contrario de lo que ocurre, por citar un ejemplo, en Andalucía, donde existe mayor corrupción, un sentido de la solidaridad y cooperación tributaria muy discutible, una economía sumergida galopante y una defraudación que casi se tiene como virtud entre la población, de ahí las diferencias. Lo cual es cierto, pero también lo es el que se trata de dos regiones muy distintas en cuanto a su riqueza natural y que requiere de una transferencia por cooperación y solidaridad importante.
Hasta aquí no habría demasiado que objetar en el aspecto práctico, si el resultado fuese equitativo para con el resto, lo cual exigiría un estudio muy pormenorizado, profesional, técnico y serio sobre la cantidad resultante, sobre ese cupo como resultado de la aplicación de una sesuda formula que nada tuviese que ver con intereses políticos, económicos o simplemente circunstanciales. Pero la realidad es muy otra, puesto que el cupo, no sale de la aplicación de datos y planteamientos objetivos, sino de intereses políticos entre las partes, entre el gobierno vasco y el gobierno central, en función de conveniencias particulares, y en esas andamos.
Hoy el PP necesita de los votos del PNV para aprobar los presupuestos Generales del Estado para el año 2018, como tantas veces, y para ello solo ha de negociar la cantidad a pagar por los vascos en concepto de “cupo”, cantidad que se ha cifrado en unos 1.300 millones sin que exista justificación objetiva por ningún lado, y que al parece, y a juicio de expertos economistas en la materia, aplicando planteamientos objetivos, podría triplicar esa cifra, una reclamación que ha llevado a cabo Ciudadanos, pero que no ha tenido demasiado éxito, ni con vascos por razones obvias, ni con catalanes por esperanzas obvias, ni con Canarios por lo mismo, ni por parte del PSOE por prácticas habituales pretéritas, etc., y todo ello en una escalada de sinvergüencería generalizada, en la que el ciudadano, finalmente pagano de tales desatinos, nada puede hacer salvo de nuevo aflojar la tela, pagar la cama, soportar el ser apaleados y aplaudir la lluvia dorada, como situación ya conocida de su destino, pues en el Congreso, no ha quedado otra que matar al mensajero.
Curiosamente, en su afán independentista, en materia fiscal, catalanes y vascos han actuado con distintas estrategias, pues mientras los vascos han reclamado sus fueros, Pujol, en su momento, rechazó recaudar sus impuestos y como contrapartida pagar un cupo, pues si era él quien recaudaba, se quedaba sin el argumento estrella de sus reivindicaciones, “España nos roba”.

Recaude el Estado, o recauden las Comunidades Autónomas, la justicia equitativa siempre dependerá del establecimiento de un cupo objetivo, como resultante de formulas de compensación pormenorizadamente estudiadas, a efectos de no perjudicar a nadie. Un ejemplo que pudiera por algunos considerarse como demagógico, pero muy ilustrativo, podría ser el siguiente: Si los expertos sostienen que la negociación actual del cupo vasco esta infravalorada con los 1.300 millones que se le piden, cuando debería ser una cantidad cercana a los 5.000, es evidente que a los Presupuestos Generales del Estado hay que restarle unos 3.700 millones sobre lo que correspondería recaudar en beneficio de todos y poder repartir en otras atenciones. De este dinero, una parte proporcional es la que corresponde prescindir en cuanto a infraestructuras ferroviarias. A Porriño, se le ha comunicado que su sempiterna reclamación en cuanto a suprimir el paso a nivel del tren en el centro de la ciudad, deberá seguir esperando por falta de presupuesto, de manera que nuestro Porriño habrá de seguir unos cuantos años más mostrando su aspecto tercermundista en esta materia, con el riesgo que, además ello comporta para su población, y todo en aras de que el gobierno pueda ser apoyado por el PNV en cuanto a la aprobación de los presupuestos, factura que, entre otros, le corresponde en este caso pagar a Porriño.
Si, es mucho lo que hay que cambiar en esta Constitución, una Constitución que nos sirvió en su momento para dar los primeros pasos, pero que en su aplicación interesada por parte de las mafias de los partidos, nos ha ido alejando de la democracia, de la honestidad en nuestros representantes, y de la dignidad de un pueblo que ha pasado de exigir cambios en una sociedad que venía de una larga dictadura, para ir acomodándose en la molicie de una corrupción consentida, a golpe de un inmovilismo vergonzante.
Esto no se trata de un hecho diferencial, lo cual no pasa de ser una solemne majadería, ya que todos somos diferentes, de lo que aquí se trata en realidad es de considerarse mejores, no solo diferentes, y por ello debiendo prescindir de “los otros”, lo que se traduce en el “lecho” diferencial, en esa cama donde yacer cómodamente a costa de los demás, y todo ello con la ayuda y la defensa de tamaño latrocinio, por parte del Ministro de Hacienda, quien precisamente debería velar porque la igualdad en el trato que pregona nuestra Constitución se cumpliese, algo que cuando no interesa es papel mojado, pues el Tribunal Constitucional, ni está ni se le espera en esta fiesta, aunque con ello se vulneren multitud de artículos de nuestra sacrosanta ley de leyes.
“Mexan por nos, e hai que dicir que chove”… !Manda carallo!

Sin categoría

1 comentario


  1. Anro Libertché

    Genial aríiculo. Mi felicitación.

    Un cordial saludo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*