La manipulación por sistema

 

En mi anterior artículo hablaba sobre la demagogia como una lacra actual absolutamente dañina, aunque consentida en gran medida, debido a que ensalza por regla general todo aquello que el individuo anhela, con independencia de su conveniencia, la realidad, o el bien común. Como todo en la vida, para alumbrar sus engendros se necesitan dos partes, la que emana y la receptora, la causante y la víctima, aunque en este caso se trate casi siempre de una víctima consentidora de la violación de su raciocinio, de su inteligencia o de su sentido común, en aras de lo que el consentidor considera más válido para él y para su desinteres como ciudadano, la comodidad y el sentirse arropado por la mayoría borreguil.
Hoy en la prensa local, en una entrevista llevada a cabo a Fernando Savater, este exponía una teoría supuestamente paradójica, que siempre he defendido. A preguntas del periodista relacionadas con el independentismo catalán y el apoyo que tenía entre sus intelectuales, científicos, y algunos personajes de cierto prestigio en sus respectivos campos, nuestro filósofo vasco respondía lo siguiente: “Uno puede ser muy sabio en un área e imbécil en las demás. La Alemania de Hitler estaba llena de científicos de primera categoría que colaboraban con el nazismo. Sabían mucho de lo suyo, pero carecían de escrúpulos político-morales. Si cada vez que hay un problema político preguntáramos al Premio Nobel de Física de turno, seguro que respondería una tontería. Muchas personas celebres son auténticos cretinos”.
El ser humano piensa y actúa de forma compartimentada, siendo capaz de razonar ecuánimemente cuando se trata de algo no contaminado por los sentimientos, de algo frío, profesional, técnico, ajeno, de algo para lo que se requiere únicamente de conocimientos para su resolución, sin embargo se va ofuscando hasta su total colapso, en la medida en que en la cuestión a resolver intervienen los sentimientos propios, los de tribu, los locales, los más asentados en su aleccionada mente, utilizando entonces su inteligencia y su “razón”, no para moverse en la objetividad, sino para justificar de forma creciente, su subjetividad, hasta los límites que le permite su inteligencia.
A estos efectos el caso catalán es paradigmático. Ante la crisis objetiva que el independentismo está trayendo a Cataluña, con todo tipo de pérdidas, ya no solo personales, sino empresariales, e institucionales, con el último aldabonazo al frente, en cuanto a la negativa europea a la instalación en Barcelona de la Agencia Europea del Medicamento (era la candidata mejor preparada y con una sede ya construida y lista para funcionar de inmediato) con todo lo que ello significa, los independentistas “pensantes”, no lo achacan a la causa objetiva del riesgo que para Europa supone el trasladar a Barcelona un gigante institucional que ha tenido que abandonar Londres debido al Brexit, cuando Cataluña amenaza con la independencia y por tanto con irse de Europa. Aun habiendo quedado su propuesta en último lugar en la votación, no lo achacan a su absurda aventura, sino a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña, un artículo que precisamente lo que hace es restablecer la estabilidad de cara a Europa y al mundo en general. Un argumento de lo más chungo, que ilustrados cretinos llegan a creerse en su ofuscación, en su fanatismo.
Algo similar ocurre con la renovación del contrato de Messi, sin duda alguna y objetivamente, el mejor futbolista de la historia, pero que al no estar contaminado sentimentalmente por el independentismo catalán y jugarse mucho en el asunto, se niega a renovar contrato mientras no se aclare lo del independentismo (argumento que esconden los independentistas), un contrato que solo se firmará, si a partir de las elecciones del 21-D sale un resultado favorable a los constitucionalistas, precisamente los contrarios a la mayoría de los hinchas que cada día le idolatran en un estadio en el que gente de todo tipo, mejor o peor preparados, pero todos ellos obnubilados por su sentimiento culé, coincidente con el nacionalista, piden la independencia y con ello la desaparición y ruina inmediata del Barça, un equipo que solo podría jugar en una estrenada liga catalana, el equipo del que se fugarían todas y cada una de sus estrellas (gran parte de ellas al Real Madrid) si triunfasen los planteamientos de toda esa caterva de fanáticos. Messi puede ser un chico no demasiado preparado en aspectos culturales, etc., pero es una persona que en esa materia puede juzgar objetivamente y con mayor sentido al no estar contaminado, y por ello demorar la firma, lo que paradójicamente, no produce reacción en el aficionado, pues su fanatismo le impide ver más allá de sus deseos, y se limita a no querer creer en el riesgo de sus acciones.
Es lo mismo que ocurre con las religiones, donde personas preparadas en múltiples facetas, coinciden en creer en fantasías sin el menor sentido objetivo, ni razonable, ni intelectualmente sostenible, ni mínimamente amparadas en realidades contrastadas, ni en hechos probados, ni en documentación histórica alguna que no proceda de parte, dando por buenas las mayores elucubraciones mentales más absurdas, simplemente porque han sido aleccionados y mecidos en una cuna en la que se sienten protegidos, o temen, o simplemente quieren que así sea.
Ponía como ejemplo de demagogo al máximo nivel, en mi anterior artículo, al actual alcalde de Vigo, un personaje que responde a todas y cada una de las características propias de este tipo de personajes, que dispone además de todos los instrumentos que se requieren para ejercer con éxito tamaño proceder, tanto en su actuar, como en los receptores a los que se dirige, hasta tal punto que se pueden seguir sus actuaciones a diario, solo con leer el instrumento mediático a su servicio. Tal es así que al día siguiente, el medio a sus ordenes publica una noticia que puede causar efectos positivos en sus aleccionados votantes, pero que no es otra cosa que otra mentira, o promesa que no habrá de llevarse a cabo, al menos ni en el corto ni en el medio plazo, aunque si alguien pidiera explicaciones, siempre hay ya preparada la disculpa de que los enemigos de Vigo y del pueblo lo han impedido y bla, bla, bla.
En el centro de Vigo existe un gran solar que hace ya muchos años era la sede de una fabrica de pan, un pan horroroso de postguerra y cuyas instalaciones, ya en ruinas, han sido calificadas por esa izquierda de papanatas, la mayoría jóvenes que tocan de oido y que nunca conocieron el engendro, que por impedir cualquier inversión que pueda rentabilidad cualquier empresario, son capaces de lo que sea, poco menos que de considerar el momio como Bien de Interés Cultural. Como detrás de la demanda están toda una serie de colectivos de ese folclórico proceder, la “culturita” de turno, que en primer lugar pedían la salvación de los silos de harina y ya animados por el éxito, el resto de la fabrica, el demagogo de turno, como no podía ser menos prometió y prometió.
La parcela es de una empresa particular, que por convenio en vigor con el Ayuntamiento, tiene adjudicada una edificabilidad de algo más de 21.000 m2, que en su día, hace ya bastantes años, rehusaron vender a otra empresa por 3.000 millones de pesetas (unos 18 millones de euros), por considerar que la oferta estaba por debajo de los precios de mercado en la zona, es decir unos 850 euros/m2 de repercusión, cifra baja para la zona, en el centro de Vigo y colindante con el Ayuntamiento. Pues bien, el demagogo de turno, abre un concurso de ideas para la reforma de las ruinosas instalaciones, concurso que ganan unos arquitectos que destinan toda la edificabilidad, en un ejercicio de “mundo feliz”, a usos lúdicos, de esparcimiento, etc., haciendo tangencialmente, mención a la necesidad de expropiar el terreno por una cifra que ellos valoran en algo más de tres millones de euros, no en función de lo que a los propietarios les pertenece, sino al uso y superficie edificada que a su juicio habrá de quedar en la parcela. En su momento y a bombo y platillo, el medio al servicio del amado líder, publicó a toda plana la buena nueva, sobre lo que finalmente se iba a construir en la parcela para todos los vigueses, que como viene siendo habitual aplaudieron con las orejas. Pasaron los meses sin que nada se hiciera y ahora, de repente y otra vez a toda plana, se anuncia que se va a llevar a cabo la maravilla del siglo, entre el ayuntamiento y la Zona Franca, eso si, sin tener demasiada idea de los usos a que destinar tamaña construcción, aunque volviendo a la carga con lo de la biblioteca a instalar !en el interior de los silos!, unos tubos verticales cerrados, sin luz alguna al exterior y sin espacio lógico para tal cometido, con usos restantes para restauración, gimnasio, etc., o sea, usos de lo más original y necesario en la ciudad en terrenos públicos. Otro sinsentido.
Pues bien, ni han llegado a acuerdo alguno sobre el precio de la parcela con sus propietarios, que objetivamente no debería bajar de los 20 millones, y que de no haber acuerdo puede demorarse el asunto otros tantos años, ni existe presupuesto municipal alguno que cubra tal inversión, ni Zona Franca tiene entre sus objetivos tal tipo de inversiones, cuando esa entidad ha de velar por la utilización del puerto de Vigo como puerto franco de impuestos, para sus mercancías en transito, facilitando en todo caso cualquier inversión de carácter industrial, de infraestructuras para la industria, etc. pero no para estas “caralladas”. Pero sus seguidores siguen aplaudiendo con las orejas, el medio en cuestión alabando sus proezas, y aquí no ha pasado nada, cuando cualquier “pensante” que conserve su propio criterio, sabe que todo es pura demagogia, que finalmente acabará, como siempre, en disculpa ante la inacción habitual.
Como exponíamos en un principio, quien en estos asuntos anteponga sus sentimientos a la razón objetiva, será incapaz de asumir la realidad y, en una violación consentida de su inteligencia, volverá a ser engañado permanentemente, al tiempo que irá disculpando al demagogo, siempre protegido por la supuesta agresión externa de enemigos públicos, privados, personales, de partido, de la ciudad, de la Comunidad, de todo aquello que suponga duda alguna sobre su persona, etc., etc., ya que el demagogo siempre tiene razón, apacienta a sus corderos, excomulga a sus opositores y promete a los suyos el oro y el moro, aunque al final lo único que consigue es que el oro no venga y nos quedemos con… el moro.
Si, la demagogia es quizá la peor de las manipulaciones, la que sigue criterios “de libro” y la que mayor aceptación cosecha entre sus víctimas (violaciones consentidas).
Como prueba de lo expuesto, no me resisto a transcribir aquí la “Estrategia de la manipulación mediática”, la conocida teoría de Noam Chomsky, el decálogo compuesto por los siguientes planteamientos:
1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejor mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores, sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto… que el mediocre tiene “derecho” a ocupar todo tipo de espacios en la sociedad y que sus anhelos tienen un valor social a considerar.
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
Víctimas de la manipulación, consentidores o no, ¿acaso todo lo expuesto, no es el pan nuestro de cada día?.
Si la verdadera misión de los medios es la de proporcionar al ciudadano una información veraz y contrastada, denunciar a los que se entregan a los manipuladores, a los demagogos y sus objetivos, es fundamental para una sociedad que se plantee dejar a sus hijos un mundo mejor, denunciar lo que está ocurriendo. Aquí no deberían valer los corporativismos mal entendidos, pues nadie es peor para tu profesión que el que la denigra, el que la ejerce torticeramente, el que se vende miserablemente, aun cuando argumente que solo así es posible su supervivencia, una actitud en la actualidad a la orden del día, sobre todo en provincias, donde la supervivencia de los medios está siempre comprometida y donde los caciques locales, con el dinero de todos, sin competencia e imponiendo censuras, amparados en que al parecer vivimos “en democracia”, campean a sus anchas manipulándolo todo a su antojo.

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