Cuestión de prioridades

 

“Moriría por muchas cosas, pero no mataría por ninguna”. Gandhi lo tenía muy claro, vivió en consecuencia y finalmente fué asesinado por Nathuram Godse, a instancias de fundamentalistas brahamánicos, quien mató y murió por una sola cosa, por su propia intransigencia, por su fanatismo y por hacer de su religión el constante bastión de la intolerancia que todas las religiones, en mayor o menor medida, han practicado siempre. Murió ahorcado, a pesar de la insistencia de los hijos de Gandhi para que fuera perdonado, en memoria de su padre y de su obra.
La cuestión sigue siendo eterna y universal. ¿Está justificada la violencia?. Para Gandhi nunca, aún cuando lo estuviera para muchos de sus correligionarios, fieles al hinduismo. Los budistas, aunque pacifistas en líneas generales, tampoco han escapado históricamente a la violencia. Para Jesús, aun a costa de predicar la necesidad de poner la otra mejilla, si lo estuvo para echar a los mercaderes del Templo, siendo ejemplo para alguna de las monstruosidades posteriores en sus seguidores, léase los cruzados, la “santa” Inquisición, etc. Para los judíos, a tenor del contenido del Antiguo Testamento, lo estaba casi siempre, mientras que para los musulmanes, suele ser moneda de cambio cotidiana entre los más radicales.
A fundamentalistas religiosos, como causantes e inspiradores de las mayores barbaridades, le acompañan dictadores, ya sean civiles o militares, que también anteponen sus fanatismos, su interés desmedido, o su intolerancia extrema, a cualquier otra consideración. Personajes responsables de macabras matanzas como Mao (78 millones), Stalin (23 millones), Hitler (17 millones), Leopoldo II de Bélgica (15 millones), Pol Pot, Ismail Enver, o Kim Il Sung, entre otros, han justificado sus acciones en pro de sus propias ideologías, ante quienes consideran sus enemigos.
La pregunta sigue en pie. ¿Está justificada la violencia, al menos contra estos monstruos?. ¿Hubiera conseguido algo Gandhi, si en lugar de oponerse pacíficamente a los ingleses, lo hubiera intentado ante los mayores asesinos en serie de la historia?.
¿Como sería hoy Corea del Norte si asesinos a sueldo nos hubiesen librado de personajes como Kim Il Sung, o el imbécil de su hijo?. ¿Hubiera habido una segunda guerra mundial sin Hitler y Stalin?. ¿China sería igual, de haber espabilado mucho antes, de no existir Mao?. Yo creo que matar a esos monstruos, sí está justificado, aunque el problema es siempre el de buscar a quien le ponga el cascabel al gato.
Pero, sigamos descendiendo en la escala de hijoputez. ¿Que pasa con Castro, con Maduro, con Bashar al-Asad, con Obiang, con la mayor parte de los países africanos, los de la antigua Union Soviética, los del golfo pérsico y tantos donde se practican, en pleno siglo XXI, las más atroces dictaduras?. ¿Hay asesinos suficientes como para cargarse a toda esa tropa?. En el supuesto de que los hubiera y alguien acometiera la “gesta”, ¿acaso alguien puede pensar que muerto el perro se acabó la rabia?. A un Castro le ha sucedido otro y a un Chavez un Maduro, a un bárbaro coreano, su no menos bárbaro hijo, etc. Pero entonces, ¿como acabamos con esa lacra?. ¿Que ha de hacer el primer mundo para intentar pacificarlo y que cada pueblo viva en paz y prosperidad, sin que tenga que ser gobernado por cafres?
Hoy Venezuela es Siria, pero sin guerra. Ambos tienen al frente a personajes indeseables, de ambición y vanidad sin limites, dispuestos a lo que sea contra su pueblo, a los únicos efectos de mantenerse en el poder. ¿Es lícita la guerra, el levantarse violentamente contra ellos?.
Hoy, en un periódico local, se publicaba una entrevista con Robert Swartz, director del Centro Nacional para la Enseñanza del Pensamiento en EEUU. Bajo el titular, “El 90% de la población no sabe pensar”, sostenía que al tomar decisiones es necesario pensar en las consecuencias que tendrán, ya sean buenas o malas, no en lo que nos gusta, nos apetece o nos subyuga, es el gran problema de la democracia practicada por un pueblo que no procesa adecuadamente sus decisiones, dejándose llevar más por lo que le apetece que por lo que le conviene, cifrando el origen del problema en la educación, en una educación que no está pensada en educar a través del pensamiento, de poner en duda lo establecido, de pensar en las consecuencias de los actos, en una educación activa, sino en todo lo contrario.
¿Que imagen puede ser más absurda que la del soldado que va feliz y contento a la guerra, y más real que la del que vuelve demacrado y tocado de por vida entre los féretros de sus compañeros?
¿Es la solución en Siria o en Venezuela iniciar una guerra, ante dictadores incapaces de gobernar en pro de su pueblo, o debería haber otros métodos en un mundo tan evolucionado como el nuestro?. El pueblo sirio optó por unas protestas que llevaron al dictador a una represión brutal y al pueblo a revelarse con la consecuencia que todos conocemos, cuestiones de fundamentalismo religioso aparte. El pueblo venezolano, de momento, se mantiene sometido. Ambos viven una tragedia pero, ¿viven mejor los sirios que los venezolanos?. ¿Es la guerra, la revolución, la violencia, la mejor salida?. Particularmente celebraría que alguien se cargara a Maduro (a estas alturas las hipocresías me revientan), en bien de Venezuela, pero deploraría que se iniciara una guerra. Es posible que a Maduro le siguiera otro dictador por el estilo, como sucedió con Chavez, pero la oportunidad del cambio sin víctimas entre la población y sin arruinar el pais, tendría más posibilidades.
Como exponía Robert Swartz, lo que pide el cuerpo, lo que apetece, lo más “noble”, es la revolución (el “Che” aun sigue teniendo adoradores), pero es lo menos inteligente, pues sus consecuencias son demoledoras e irrecuperables para todo el pueblo durante décadas.
En España, pasadas ya 8 décadas desde el inicio de la guerra civil, y tras vivir en paz desde su finalización, en el periodo más largo de pacificación de nuestra historia, aún afloran los enfrentamientos, y no por parte de los enemigos de entonces (están ya todos muertos), sino de descendientes que no solo de aquello nada vivieron, sino que ni incluso lo hicieron en la posguerra, la mayoría sin haber conocido al dictador, pero que aleccionados por eternos odiadores, resucitan de nuevo los fantasmas del pasado, la mayor parte de las veces con versiones absolutamente desconocedoras y distorsionadoras de la historia, una historia que a la larga siempre acaban reinterpretando los perdedores, en oposición a la interpretación que anteriormente hicieron de ella los vencedores.
No se trata entonces de tragar con carros y carretas, pero la guerra no es nunca la solución a nada. Parafraseando a Gandhi: moriría por la paz, pero nunca alentaría una guerra.
Vivimos en un mundo que empieza a verle solución a casi todo, pero todavía no sabemos como vivir en paz unos con otros, como ayudarnos, como hacer del bienestar general, de la salud y la enseñanza, el objetivo para la justicia universal. De nada nos valen, ni nos han valido para ello, las grandes ideas religiosas, políticas, sociales, etc., sino más bien todo lo contrario. Judios, cristianos, musulmanes, fascistas, comunistas, capitalistas y militantes en cualquier idea absurdamente exclusivista, nos han alejado hasta límites insospechados de la obtención de las metas apuntadas. Urge una reflexión universal y un entendimiento entre las principales potencias, ya que si se quiere, se puede. Se puede erradicar el hambre en el mundo porque hay dinero suficiente para ello. Se puede atender sanitariamente a todo el mundo porque hay tecnología suficiente para ello, y se puede dar educación a todo el mundo porque hay personas dispuestas y entregadas para ello. El ciudadano ha de apadrinar un clamor universal en el intento, ha de exigirlo masivamente, solo así podremos conseguirlo.
Cuestión de prioridades.

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