La alegre, infantil y bobalicona inconsciencia

La jubilación produce, en muy poco tiempo, cambios sustanciales en la actividad del ciudadano, entre ellos el ir perdiendo perspectiva e interés por tu antigua profesión, hasta el punto de considerarla algo bastante ajeno a tu propia identidad actual que, si es bien entendida, habrá de convertirse en un estado de júbilo permanente. Aunque a veces, solo a veces, algo te vuelve a antiguas predicciones que, por tu conocimiento sobre el particular, anticipaste en tiempos pretéritos, cuando nadie daba un duro por ellas.
Hoy, en un día no laborable, de esos en los que el periódico local de provincias descansa en su afán diario de dorarle la píldora al dictador más próximo, cuando los artículos habitualmente políticos de vergonzante entreguismo dejan paso a asuntos de mayor neutralidad, me encuentro con una página en la que se hace un pequeño estudio, a base de estadísticas, sobre el sector de la construcción en Galicia.
Afortunadamente uno puede presumir (a estas alturas pretender modestia es una jilipollez) de no haberse equivocado nunca en cuanto a previsiones de futuro en el sector de su actividad, lo que tampoco es demasiado mérito, pues se trata únicamente de un pequeño sector y muy concreto de la economía, como es el mundo de la construcción.
En España, la crisis del sector se manifiesta a mediados de 2007, aunque se venía lavando desde un par de años antes. En lineas generales, se produce por toda una serie de circunstancias que afectan a la economía en general, a características propias del país y particularmente a las muy especificas de la localidad de que se trate, asunto de sobras tratado con anterioridad.
Siempre he mantenido que en nuestro sector la crisis tenía un plazo, que la construcción volvería a cotizarse como una de las más seguras inversiones, que quien resiste gana, y que su duración en el tiempo tenía mucho que ver con las medidas que se adoptasen para paliarla, aunque dudaba muchísimo de su solución a corto plazo, ya que ni en el ámbito del Estado, ni en el de la Comunidad, y menos en lo local, se iban a acometer las reformas necesarias para ello, y todo por una mezcla de voluntad en no hacerlo y principalmente por falta de conocimientos sobre el particular, en el mundo de la política. Ha pasado una década y efectivamente ninguna de las tres administraciones citadas ha hecho absolutamente nada por solucionar el problema, aunque hoy, de nuevo, el mundo de la política vuelve a apuntarse triunfos ficticios por los que nada han hecho.
El precio de la vivienda es el resultado de una multitud de factores, pero a efectos de su análisis general podríamos reducirlos a cuatro: precio del suelo, precio de la construcción, beneficio de la empresa promotora, e impuestos. De estos cuatro factores, tres de ellos no fluctúan demasiado, como son el precio de la construcción, el beneficio de la empresa promotora, y los impuestos, pero uno de ellos es fundamental, cual es el precio del suelo, su repercusión en el precio de la vivienda, y ahí, que es donde reside el problema, nada se ha hecho en lineas generales en esta década perdida de aprendizaje.
El suelo se rige casi exclusivamente por una regulación puramente especulativa. Cuando la demanda de suelo se dispara y la oferta del suelo no le sigue, la especulación es el norte de todo el proceso.
Hoy, pasada una década del inicio de la crisis, una década en la que parecía que aquellos tiempos de precios altos en el sector no volverían, hemos vuelto ya a igualar precios con los de 2007, y vamos camino de superarlos en poco tiempo en líneas generales, pues en lugares en los que no existe prácticamente oferta de suelo urbanizado, el proceso especulativo volverá a subirse a la creta de la ola.
Pero, ¿porque estamos en un mercado tan imperfecto en el que existen tamaños desequilibrios?. Porque la normativa que rige el sector es profundamente errónea y caduca, en manos de gente totalmente inexperta y que hace uso del urbanismo para finalidades absolutamente ajenas a las propias de la actividad.
Las Comunidades Autónomas nunca se han planteado la regulación del uso del suelo para aquello que sus propias normativas en teoría preconizan, el uso equitativo y equilibrado del suelo para fines sociales.
También simplificando la terminología, se considera que existen tres tipos de suelo: el urbanizado, en el que no se precisa de actividad urbanística alguna para poder ser edificado y que pertenece en general al centro de las ciudades. El urbanizable, o suelo de reserva urbana como se le llamaba hace años, es decir aquel suelo en el que se preveían actuaciones de crecimiento de la ciudad, y que para ello necesitaban de ciertos procesos urbanísticos de ordenación y dotación de infraestructuras, siendo estos suelos una reserva en los que la sociedad volcaba sus previsiones de crecimiento, otorgándoles una riqueza de nuevo cuño en función del interés social pretendido, pero que para nada debería repercutir, como si de una lotería se tratase, en el bolsillo del propietario del suelo, de un suelo que de la noche a la mañana pasaba de ser no urbanizable a urbanizable, con lo que de riqueza en revalorización suponía, una riqueza que solo en la sociedad que adjudicaba tal edificabilidad debería repercurtir, el suelo convertido en auténtica materia de especulación. Finalmente el suelo no urbanizable, aquel que no debía urbanizarse, bien porque era de protección de determinada actividad de localización exterior a las ciudades, porque no interesaba su incorporación a la malla urbana, o porque la edificación en él dañaría una imagen que se quería conservar de las zonas no urbanizadas.
Ante esta realidad que tanto ha contribuido al encarecimiento de la vivienda, en beneficio de unos pocos que nada han aportado al proceso urbanístico, nada ha hecho la administración en esta década por solucionar el problema, nada.
Existen distintas alternativas en la lucha contra la especulación del suelo que impide el derecho a la vivienda digna que asegura la Constitución a todos los españoles, pero todas ellas pasan por una cierta intervención de la Administración en el proceso (las he enunciado todas ellas en artículos precedentes en años sucesivos), ya que el intervencionismo ni ha de ser generalizado ni totalmente ausente de nuestra regulación, pues estamos tratando de un bien social de primera necesidad que nunca debería depender del enriquecimiento ilícito de parte de la sociedad, en abuso de necesidades no cubiertas, sobre todo cuando ese enriquecimiento depende, no de causas naturales, sino de dispendios discrecionales, a veces arbitrarios, de la propia sociedad a la hora de calificar el suelo, una práctica que durante décadas ha utilizado la administración para enriquecer a sus propios partidos, a intermediarios y todo el clientelismo consiguiente. Pues bien, eso sigue sin afrontarse y preparado para cuando vuelvan las vacas gordas, la judicatura amaine presiones y controles, o nuevos métodos de ingeniería corruptiva se adueñen del mercado.
Ya en el ámbito local, el asunto es tanto o más grave, si cabe. En materia de urbanismo, en las ciudades, rigen los Planes Generales de Ordenación Municipal, un documento en el que la ciudad ha de plasmar su vocación de desarrollo, de cuyo estudio se ha de deducir la ciudad del futuro, lo que sus gobernantes pretenden de tal ciudad para su porvenir, para el desarrollo de sus fortalezas y oportunidades, de su competitividad y de su crecimiento, y ahí todo suele ser un caos.
Es esencial el que quienes gobiernan una ciudad tengan muy claro lo que pretenden para su futuro (practicamente nunca lo saben ni se lo proponen), si el poner las bases para el desarrollo de una ciudad comercial, si industrial, si de servicios, si puramente residencial, de comunicaciones, para la investigación, universitaria, etc. una ciudad claramente vocacional a la hora de afrontar todo aquello en lo que pretende ser competitiva y con ello crecer ordenadamente en el fomento de tal especialidad. Una vez teniendo claro la vocación y las posibilidades de competencia en la actividad a desarrollar, es preciso determinar las estrategias necesarias para ello (Plan Estratégico), para que una vez sepamos lo que queremos y como lo queremos, plasmarlo en un documento que lo articule, un Plan General de Ordenación Municipal.
Esta es la teoría, una teoría que concretamente en Galicia nadie, absolutamente nadie practica, pues los Planes solo han sido instrumentos para adjudicar edificabilidades, prebendas y clientelismo, amén de un pozo sin fondo de corrupción y fomento de la especulación en las transacciones del suelo, el origen de todas las corruptelas de partidos, sustituidas de momento por las adjudicaciones a empresas de servicios, la publicidad obligada a altos precios en los medios, en los que resulta curioso ver al dictador local en paginas pagadas siempre por los mismos, lo que invariablemente da cobertura en otras páginas a todo tipo de noticias siempre a su favor y conveniencia, corrupciones todas ellas de mayor dificultad de prueba, etc. El “progreso” entendido desde la visión de nuestros políticos.
Así las cosas, y volviendo a la publicación del periódico en cuestión, veamos que es lo más reseñable (en el ámbito de Galicia) de los datos que contiene: Por un lado y como titular enuncia, algo que parece contradictorio como que “La construcción encadena ya 30 meses al alza, pero destruye empleo por segundo año”. Como entradilla, “Las empresas constructoras pierden 7.400 puestos de trabajo en el último año y medio”. “La cifra de nuevos contratos en la comunidad es la más baja de todo el país”. Como destacado: “Desde 2014 el sector vuelve a estar en cifras positivas pero aun con niveles de 2001”.
Ya como deducción de los cuadros que acompaña, vemos que la afiliación a la Seguridad Social es claramente ascendente desde mediados del 2012, al igual que el PIB, pero curiosamente decreciente respecto al PIB de la comunidad, con lo que el sector ha perdido peso muy claramente como sector productivo. Por otra parte el paro ha ido decreciendo suavemente, pero, y esto es fundamental, el precio de la vivienda no ha dejado de ascender, desde mediados de 2012, situándose ya en los niveles del inicio de la crisis, reflejando estas estadísticas la realidad global gallega, de un sector que ha dejado de hacer obra nueva y que en su lugar se ha dedicado durante estos últimos años a la reforma y actualización del parque de viviendas existentes, lo cual no es nada malo, sino todo lo contrario, pero tal actividad es incapaz de levantar seriamente un sector que volverá a ser floreciente, pero todavía a un ritmo muy lento, constreñido además por un desequilibrio entre demanda de vivienda nueva y oferta, que ha hecho que de nuevo la especulación se haya disparado peligrosamente y con visos de volver a romper el mercado ante la ausencia escandalosa de oferta de nuevo cuño, sin que nadie haya puesto límite al proceso especulativo.
Si a todo esto añadimos ahora la realidad de Vigo, la ciudad más poblada de Galicia, el asunto es francamente preocupante, una realidad en la que llueve sobre mojado por repetidos errores en sus intentos.
Vigo no dispone de Plan General de Ordenación Urbana (anulado judicialmente), debido a las barbaridades introducidas en su proyecto por el actual alcalde, quien carece de todo tipo de conocimientos urbanísticos, y que en su proverbial demagogia pretendía acabar con la especulación del suelo a base de medidas que nada tenían que ver con ello, que llevó a la ruina al sector de la construcción, y que finalmente terminó con lo poco que de bueno se había hecho hasta entonces en su confección, con el consenso generalizado, y con las expectativas de todo tipo de inversiones en la ciudad, desde la implantación de Ikea y el nuevo centro del Corte Inglés, pasando por la frustrada ampliación de PSA Citroën (en el filo de la navaja de su desubicación), entre otros, hasta el punto en que desde entonces nada se ha hecho desde el ayuntamiento por afrontar un nuevo Plan, ya que ni se sabe cuales son los objetivos a perseguir en la ciudad para su progreso y competitividad, su vocación de futuro, ni se preve ningún plan estratégico, ni nada que haga prever cualquier esperanza para el desarrollo de una ciudad que se contenta simplemente con fuegos artificiales, adornos navideños, cambios de aceras y legiones de promesas incumplidas y por incumplir, aplaudiendo con las orejas.
En estas condiciones, la oferta de vivienda nueva es totalmente inexistente y la de reforma se va acabando y con ello creciendo una especulación, que de no haber oferta de vivienda nueva podría crecer exponencialmente, lo que haría que la del suelo pudiese ser ya inalcanzable, pues tampoco se hace gestión de suelo alguna al respecto, y si alguien se atreve, desde la iniciativa privada (léase Karpin, entre otros), lo masacran.
De la lectura del artículo de referencia podemos incluso extraer lo siguiente: La construcción fue durante años la locomotora de la economía española y también de la gallega. Un año antes de que estallase la burbuja inmobiliaria en 2008 el peso del sector en ambas superaba el 10% (en Vigo el 12%). En la actualidad no llega al 6% (en Vigo no llega al 4%). El sector del ladrillo en Galicia llegó a dar trabajo directo a 152.000 personas, actualmente no pasa de 66.000. Del trabajo indirecto, de toda la industria subsidiaria de la construcción, ya ni hablamos
El dato más relevante no obstante es el siguiente: Durante el primer semestre de 2017 se construyeron 565 viviendas (en Galicia), una cifra que rompe con tres ejercicios consecutivos a la baja, aunque todavía supone un 97,7% menos que en el mismo periodo de 2007 cuando fueron 25.486. Es decir, el volumen de construcción de Galicia hace una década era !!!45!!! veces superior al de la actualidad.
El dato es aterrador con vistas a una nueva oleada de especulación, que me reafirman en que invertir en la construcción siempre será un buen negocio, ya sea al corto, al medio, o al largo plazo, dependiendo de todo tipo de situaciones, y en una ciudad como Vigo todavía más, pues no se vislumbra para nada un tirón en la oferta que vaya a equilibrar el proceso ascendente del precio de la vivienda nueva, ya que para que aparezcan en el mercado, por el marchamo actual de las cosas, aun quedan por delante al menos algo más de una década, si finalmente a alguien le entra un ataque de sentido común y pone el juguete en marcha, lo que me temo no sucederá por falta de conocimientos, y sobre todo de ganas en quien darle al pueblo chucherías le da tal rédito que no ve otra cosa que su permanencia en la poltrona de una ciudad con política de pueblo, pero con presupuesto de la ciudad más poblada, confiada y con menos conciencia en lo fundamental, y de sus posibilidades, de toda Galicia. La Arcadia feliz de deseo, el nirvana del espíritu pueblerino, donde nadie sabe ni quiere saber.
Esto en el sector de la construcción, en el comercial, industrial, de servicios, deportivo (ciudad deportiva a Mos), e infraestructuras, tres cuartos de lo mismo pero, aquí no pasa nada, todo es alegría, jolgorio, el rebaño en el corral y loas en el circo a nuestro amado líder… y beben y beben los peces en el rio, y vuelven a beber, los peces en el rio por ver a Abel crecer.

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Tabarnia, o al obispo plenipotenciario le sale un cardenal en el culo

 

Tabarnia, y eso, ¿que coño es?.
Etimologicamente Ta-Barn-ia, viene de (Ta) Tarragona- (Barn) Barcelona- (ia) pais de los… (latín), es decir: país de los Tarraconenses y Barceloneses, aunque por similares razones también hubiera podido ser Bartaia o Catabaria o Cabataria o …
En 2012, en Barcelona, y en oposición al slogan independentista “Catalonia is not Spain” nace “Barcelona is not Catalonia”, como plataforma para reivindicar la autonomía de Barcelona, quien luego se constituye como “Sociedad Civil Catalana” y ahora finalmente, tras la últimas elecciones, se transforma en el término Tabarnia, como grupo harto del independentismo y sus consecuencias, que observa que existen grandes diferencias geográficas entre los resultados del voto independentista y los considerados constitucionalistas, ubicados estos últimos, en su mayoría, en las zonas de influencia más prósperas, la costera alrededor de las provincias más ricas, modernas, cosmopolitas, tolerantes, etc., de Barcelona y Tarragona, y hartos también de que el sistema electoral adultere los resultados en favor de los independentistas, aunque en número de votos ganen los constitucionalistas, tal y como acaba de suceder en Cataluña, donde el voto de los constitucionalistas fué del 50,87%, mientras que el de los independentistas no llegó al 48%, y sin embargo el número de escaños da una mayoría absoluta holgada a los independentistas de la Cataluña interior, localizada principalmente en las provincias de Lérida, Gerona y en las zonas interiores de Tarragona y Barcelona.
La idea es la de crear Tabarnia como una nueva comunidad autónoma integrada en el Estado español, como comunidad número 18 del Estado, algo que sí permite la Constitución a través de su artículo 143 (Madrid se separó de Castilla la Nueva y creo una nueva Comunidad Autónoma).
Y, ¿que dice el artículo 143 de la Constitución?. Veamos:
1. En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos.
2. La iniciativa del proceso autonómico corresponde a todas las Diputaciones interesadas o al órgano interinsular correspondiente y a las dos terceras partes de los municipios cuya población represente, al menos, la mayoría del censo electoral de cada provincia o isla. Estos requisitos deberán ser cumplidos en el plazo de seis meses desde el primer acuerdo adoptado al respecto por alguna de las Corporaciones locales interesadas.
3. La iniciativa, en caso de no prosperar, solamente podrá reiterarse pasados cinco años.
Analizando el apartado 1, se trata de dos provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, diferenciadas en bastantes aspectos de la Cataluña interior, al ser marítimas, con una economía marcadamente distinta, una cultura e historia distinta, con una influencia romana indudable, que fueron un condado cuando el resto eran tierras feudales, etc. En cuanto al apartado 2, la iniciativa correspondería a las Diputaciones interesadas (no a las de toda Cataluña) lo que constituye un “hecho diferencial” importante y constitucional muy distinto al de poder independizarse de España, así como a los 2/3 de los municipios cuya población represente, al menos, la mayoría del censo electoral de cada provincia, lo que también se daría debido al peso evidente en el voto de la población de Barcelona y de Tarragona, con lo cual el “invento” es absolutamente factible, constitucional y hoy por hoy realizable extrapolando el resultado de las ultimas elecciones, aunque en principio pudiera parecer una broma, y aquí si que cabe un referéndum al respecto (un Tabarnexit).
Estamos pues ante algo que puede llegar a ser serio y mucho mas real que el propio independentismo, para quien la idea es un auténtico torpedo en su linea de flotación, un espejo ante sus propias pretensiones pero del lado real, aunque traten de ridiculizarlo y de minimizar el daño.
Y, ¿que dicen unos y otros sobre el particular?.
*Por parte de los independentistas, de momento aturdidos ante el puñetazo inesperado en plena jeta, los argumentos no dejan de tener gracia.
Cataluña es una unidad política indivisible.
Barcelona y Tarragona son catalanas, por lo tanto cualquier decisión al respecto la han de tomar todos los catalanes.
Cataluña es indivisible por ser una nación, no como España que es divisible por ser un Estado plurinacional.
Tabarnia es un invento españolista del “divide y vencerás”, una parodia.
Tabarnia es un invento para romper Cataluña.
Quien eso pretenda no es un catalán
*Veamos ahora que opinan los defensores de Tabarnia:
Cataluña nos roba
Recaudamos cerca del 90% de Cataluña y solo recibimos alrededor del 65%.
Queremos seguir siendo parte de España y lo hemos demostrado democráticamente en las urnas.
No entendemos como el gobierno opresor unitario catalán no quiere negociar con nosotros… si estamos pidiendo lo mismo que ellos, el derecho a decidir por nosotros mismos.
Tabarnia es una elección democrática.
Solo recibimos de los catalanes insultos y represión cuando nosotros solo buscamos diálogo.
Si defiendes el derecho a dividir España, eres un demócrata que lucha por su libertad, mientras que si defiendes el derecho a dividir Cataluña, para seguir en España y Europa, te inspiras en el “supremacismo servio genocida”.
Somos los que más aportamos a Cataluña, los que menos recibimos, a los que más nos supone la inmersión obligatoria, los que más han pagado por la huida de las empresas, los menos nacionalistas y en la que menos valen sus votos.
Referéndum para Tabarnia !Ya!. Previsto para octubre de 2019, para en 2020 constituirnos, como catalanes, en Tabarnia, en la Comunidad número 18 del Estado español.
En Tabarnia se podrá rotular los comercios en el idioma que se quiera, hablar el idioma que se quiera y estudiar en el idioma que se quiera, fomentando desde la libertad, los tres idiomas más hablados, el español, el catalán y el inglés, sin imposición alguna, ni cuotas obligatorias.
Con Tabarnia el Barça seguirá jugando en la liga española y en Europa.
Si no soy considerado como catalán por no defender el independentismo, al menos seré catalán de Tabarnia o tabarnés (!algo tendré que ser!).
Tabarnia es la Cataluña moderna, abierta al progreso, tolerante, la Cataluña que todos admiramos, la europea.
Con una Tabarnia como Comunidad Autónoma, la Cataluña independiente restante perdería el 90% de su PIB y el 95% de su turismo.
Con Tabarnia recuperaríamos todas, o la inmensa mayoría de las empresas huidas.
Tabarnia sería una tierra de libertades donde nadie sería señalado ni denunciado por no someterse a las imposiciones independentistas.
Cambiaríamos nuestro himno a otro de tolerancia y libertad, que no destile odio y rencor, ni pretenda cortar cabezas con hoz alguna.
Seriamos la Comunidad Autónoma número 18 de España, a quien se incorporaría como número 19 el Valle de Arán, curiosamente algo previsto en el Estatut y posiblemente Alava, para formar definitivamente un Estado con 20 Comunidades Autónomas.
Historicamente, algo después del año 1.000, ya los lindes de Tabarnia se correspondían, con pequeñas diferencias, con el llamado Condado de Barcelona, la ahora llamada Baja Tabarnia, mientras que la Alta Tabarnia (comarca de Tarragona) era una taifa que pertenecía todavía a los musulmanes, luego integrada, cuando el resto de Cataluña eran pequeñas entidades feudales.
A lo largo de los años nadie ha querido pertenecer a una Cataluña independiente, de la que se han ido separando Aragón, Valencia, Mallorca, Nápoles, Cerdeña, Sicilia, Atenas y ahora… Tabarnia.
Los de Galilea y de Judea eran ambos judíos, al igual que los de Cataluña y Tabarnia somos catalanes.
Tabarnia dentro de España es autónoma y legal, sin necesidad de salir de la Comunidad Europea, ni cambiar de nacionalidad.
Cataluña será independiente de Tabarnia, y al igual que ésta seguirá perteneciendo a España, con la diferencia de que cada vez que quieran independizarse entrará en vigor el 155 de la Constitución, mientras se van convirtiendo en la Comunidad más pobre del Estado, por cerrados, insolidarios e inmovilistas.
Exigimos de la Generalitat de Catalunya, culpable de intolerancias y persecución, la vuelta de los exiliados de Tabarnia.
Tabarnia tendrá una vocación profundamente europea desde su orgullosa pertenencia a España y su sentimiento profundamente catalán.
En el futuro Estatut de Tabarnia se dejará claramente de manifiesto su identidad catalana, su pertenencia y solidaridad con el estado español y su vocacional integración con la idea de Europa.
Finalmente un decálogo de diferencias entre Tabarnia y la Cataluña independentista. Urbanos-rurales, mayoría agnóstica-mayoría creyente, sector terciario-sector primario, Español, catalán e inglés-solo catalán, C´s, PSC y PP- JxC, ERC, Cup, recibe menos-recibe más, aporta más-aporta menos, sin autopistas gratuitas-con exceso de autopistas, actitud cosmopolita-actitud cerrada, condado histórico-zonas feudales, abierta a Europa-cerrada en sus costumbres.
Evidentemente se podrían aportar muchas más razones, pero de momento la castaña está abierta y yo… sinceramente, me identifico infinitamente más con mi nueva identidad de catalán tabarnés, aunque no me guste demasiado el término, pero es que a estas alturas de mi vida, entre las formas y el fondo, prefiero que aunque los intolerantes no me llamen catalán, al menos poder identificarme con la libertad, el progreso, la tolerancia, el agnosticismo, la pluralidad cultural, la Barcelona donde nací y todo lo que representa, antes que responder a identificaciones románticas, caducas, de un rural inmovilista y sin futuro.
No se si pasará de la broma o se convertirá en algo serio pero, de momento, al obispo plenipotenciario del independentismo, caciques de masía, mosens de abadía, iluminados de rancio catalanismo, guardianes inquisitoriales de la raza, o fanáticos fascistas de la “seva”, les ha salido un cardenal en el culo.

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Las posverdades y el universo culé

 

Recientemente, la Real Academia de la Lengua Española ha incorporado a su diccionario la palabra “posverdad”, que define como: Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.
Como concepto, se trata de algo tan antiguo como la vida misma, ya que es consustancial al ser humano, a su ambición de dominio, pues la manipulación de creencias y emociones es algo de todos conocido y por todos sufrido, ya sea en política con la demagogia, o en materia religiosa con lo que llamamos fe, o “creer lo que no vimos”, según la definía el famoso padre Astete en su posverdadero catecismo, que en paralelo con el del padre Ripalda, ambos jesuitas, sirvieron para aleccionar a generaciones, aprovechándose de la ignorancia y la ingenuidad de la niñez y de su capacidad de asimilar sin mayores cuestionamientos, desde ese poder absoluto del que disponía en España la iglesia católica durante siglos, para marcarnos a todos con el estigma del miedo a una condena eterna y el sometimiento cotidiano.
La posverdad nos recuerda aquella frase pronunciada por Giordano Bruno, dominico contemporáneo de los citados, a la vez filosofo, astrónomo y matemático, declarado culpable por la Inquisición y quemado vivo en la hoguera, por exponer teorías, hoy aceptadas por todos, desviadas del contenido doctrinal de la iglesia oficial de entonces: “ se non è vero, è ben trovato”.
La distorsión deliberada de una realidad, manipulando creencias y emociones, convirtiendo algo que “non è vero”, pero sin embargo, y en aras de lograr tales manipulaciones puede ser “ben trovato”, sobre todo cuando el individuo se siente bien, esperanzado, reconfortado y protegido con la posverdad, es lo que ha llevado al éxito, durante siglos, a determinadas religiones, pues es sabido que a un dios, por definición, se le asignan todos los poderes, ¿qué dios sería si no fuese omnipotente? y, siendo todopoderoso ¿como no vamos a creer en lo que de él se nos cuente, aunque se trate de las fantasías más alucinantes, y aunque nada encaje?. Lo grave es que ese cariz de protección, esperanza y lo que queramos, no solo les impide a muchos analizar el asunto sin miedos, con un mínimo de independencia, distancia, seriedad y racionalidad, sino que quienes así se sienten, huyen de hacerlo, rehuyen cualquier tipo de conversación al respecto, se sienten incómodos y te rechazan por ello (antiguamente te quemaban).
Viene esto a cuento, ya que analizando recientemente con unos amigos, católicos todos ellos, el tema único, el “procés”, se echaban las manos a la cabeza pensando en la locura de que personas formadas, titulados ejercientes, de éxito y consideración social, pudieran creer a descerebrados como Puigdemont, Junqueras, Forcadell, etc. cuando les aseguraban que en una Cataluña independiente, todo sería jauja, que el progreso catalán se dispararía, que los bancos, las empresas y las universidades se pelearían por un sitio en esa Cataluña feliz, liberada del yugo españolista, etc. Una posverdad desde la política que les parecía alucinante, a quienes creían en una posverdad infinitamente más fantasiosa, desde la religión. La paja en ojo ajeno y la viga en el propio.
Es evidente que cuando mezclamos creencias y emociones o sentimientos, el asunto aun parece más increíble y ahí voy a entrar en el universo fútbol, en el universo culé, en ese Barça que, en consecuencia, dice ser más que un club.
Es evidente que esa pretendida independencia de Cataluña no pasa de ser una utopía, un sinsentido, un anhelo puramente fascista (otros que también se sienten “mejores”) y absolutamente fuera de tiempo y lugar en el mundo actual en el que la tendencia es la contraria, la de formar cada vez con mayor efectividad una única comunidad donde poder aplicar la solidaridad y la justicia con mayor efectividad.
Hoy el Barça está, sin duda, entre los 3 mejores equipos del mundo, cuenta con el mejor jugador de la historia del fútbol, le saca en la liga una diferencia de !14! puntos a su eterno rival, el Real Madrid, a quien acaba de machacar en el Bernabéu con un 0-3, en la misma jornada en que el Espanyol acababa con la imbatibilidad del At. de Madrid, unos días después de que el máximo demagogo catalán del momento disfrutase, desde su huida a Bruselas, de la victoria del Girona sobre el Getafe. Tres partidos, tres victorias de catalanes sobre madrileños, el súmmum de la felicidad patria, el nirvana, el orgasmo cósmico futbolero, …mi reino por una camiseta.
Pero, ¿porque ha sido ello posible?. La respuesta es evidente y harto sencilla, porque son españoles, porque juegan en la liga española y porque siendo la liga española la mejor del mundo, les permite alimentarse copiosamente y tener en las filas de sus equipos a lo mejor del mercado.
Veamos ahora, desde la realidad, no desde la fantasía de la posverdad, lo que ocurriría de obtener la independencia, esa que piden con sus esteladas, los que quieren creer que entonces se pelearían las ligas francesas e italiana por contar con ellos, cuando la UEFA ya ha dicho que nada más lejos de la realidad, pero que al igual que lo expuesto en materia religiosa, hacen oídos sordos a aquello que no les reconforta, amparándose en la tribu, aunque se trate de la auténtica realidad de los hechos sobre sus supuestas fantasías.
Supongamos que la independencia se hace efectiva mañana mismo. La federación catalana de fútbol sería excluida de la española y con tal exclusión dejarían de jugar todos los equipos que militasen en las ligas españolas. Centrándonos en nuestra primera división, los tres equipos catalanes (Barça, Espanyol y Girona) serían excluidos. La liga en marcha, en lugar de 20 equipos pasaría a tener 17, los partidos que restan por jugar a cada equipo, contra esos equipos excluidos, se les daría por vencedores con resultado de 1-0 y el nuevo líder pasaría a ser el At. de Madrid. Con ello, los equipos catalanes dejarían de jugar la liga, la copa y el Barça la copa de Europa, ya que la federación catalana no sería reconocida por la UEFA, al menos a corto plazo, con lo cual el paro para esos equipos sería absoluto, las indemnizaciones que el Barça tendrá que pagar a sus jugadores, publicidad y todo tipo de compromisos adquiridos, les llevarían a la ruina inmediata, el Camp Nou se cerraría por imposibilidad de mantenimiento, al igual que las distintas secciones del Club (baloncesto, balonmano, waterpolo, etc.) y lo que es peor, todas sus figuras, una a una irían engrosando las filas de los que hoy son sus rivales, teniendo que ver, esos auténticos imbéciles de la estelada, como el equipo de sus sentimientos desaparecía en un suspiro, mientras que Messi posiblemente fichase por el R. Madrid, o por cualquier europeo, al igual que los catalanes Piqué, Busquets, Alba, etc., quienes evidentemente se negarían a pasar a jugar una liga catalana de solteros contra casados, habiendo quedado excluidos por otra parte de la selección española. En definitiva, los mismos bobos de baba que hoy berrean la independencia desde sus esteladas, acabarían colgando de los perendengues a Puigdemont y todos sus secuaces, enarbolando banderas españolas y pidiendo de rodillas a las puertas de la federación española que les dejasen seguir siendo “algo más que un club”.
El ser humano no puede ni debe vivir de posverdades, so pena de estar en manos de los más canallas, de los que se aprovechan de la candidez y la ignorancia, de los que manipulan creencias y sentimientos en beneficio propio, a base de que perdamos por inacción, los auténticos dones que como personas todos atesoramos, la racionalidad, la libertad, el conocimiento, la inteligencia, el pensamiento científico, la duda, virtudes todas ellas contrarias absolutamente a instrumentos de manipulación como la fe o la demagogia, disfrazadas de valores. ¿que valor tiene creer desde la irracionalidad, en lugar de cuestionar desde nuestros valores internos?
Hoy el mundo, afortunadamente cada vez va creyendo menos en dioses que se titulan todopoderosos e inmensamente buenos y son incapaces de parar todo tipo de miserias, desde procesos naturales que arrojan millones de muertos o seres irrecuperables de por vida, hasta la indignidad de ver morir a miles de niños desnutridos en una muerte horrible sin el menor amparo ni justificación, para ver como legiones de crédulos, desde una candidez de la que deberían avergonzarse por inacción de sus propios valores, acaban haciendo el juego a los vividores de todo el invento, pidiéndole aquello de “perdona a tu pueblo señor, no estés eternamente enojado, perdónale señor”. ¿Enojado? ¿contra un niño que acaba de llegar a la vida y al que quien todo lo puede y es absolutamente bueno le condena, o nada hace por evitarlo, a una muerte lenta y dolorosa por falta de agua y alimentos, cuando cualquier humano, si pudiera lo salvaría?.
Sinceramente, el mal está en nosotros, en no utilizar nuestros auténticos dones como seres humanos, en no ser capaces de desenmascarar y acabar entregándonos a quienes nos manipulan distorsionando deliberadamente la realidad, ya sea en creencias o emociones, en la religión o en la política, las dos materias que a lo largo de la historia han propiciado, y siguen haciéndolo, más guerras, más miseria, más intolerancia, más indignidad y menos libertad, entre los seres humanos.
Bienvenida pues la palabra posverdad, que no su concepto.

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El sistema electoral y la madre que lo parió

 

De nuevo vuelven a cumplirse las previsiones tras las últimas elecciones en Cataluña: Las encuestas reiteran sus sempiternas equivocaciones de siempre, pues quienes las encargan tienen una visión muy parcial de la realidad y esperan resultados acordes con sus afanes, quienes reciben el encargo procuran quedar bien con sus clientes y sobre los encuestados poco sabemos sobre sus perfiles. El resultado, una tontería útil solo para partidos, tertulianos, e influenciables sin criterio.
Veamos los datos reales.
Sobre un censo aproximado de 5.554.000 votantes, ha votado el 82%, para elegir 135 diputados al Parlamento de Cataluña, que se han repartido de la siguiente forma: 37 a Ciudadanos, 34 a Junts per Catalunya, 32 a ERC, 17 a PSC, 8 a Cat en Comú (Podemos), 4 CUP y 3 PP.
En Barcelona gana holgadamente Ciudadanos con 24 diputados, lo que también sucede en Tarragona aunque con menor ventaja, mientras en Lérida y Gerona gana Junts per Cataluña, siendo ERC segunda en todas las provincias, con el descalabro de CUP y PP en todas ellas.
Por grupos, ganan en número de votos, los NO independentistas con un 50,89%, mientras que los independentistas obtienen un 47,12%, debido al sistema D´Hondt que prima a las demarcaciones pequeñas en contra del número de votantes en general. Tan es así que conseguir un escaño en Barcelona cuesta 49.000 votos, 31.000 en Tarragona, 30.000 en Gerona y 21.000 en Lérida, de manera que cerca de 130.000 votos en Lérida le han significado a Junt per Cat, ganar en la provincia con 6 diputados, mientras que esos mismos votos en Barcelona, únicamente le asignan 2 diputados a Ciudadanos, una inmensa estupidez absolutamente antidemocrática.
De cara a las alianzas, los perdedores en votos, los independentistas, no obstante consiguen mayoría, pues entre Junt per Cat, con un líder fugado de la Justicia, ERC, con un líder en la cárcel y CUP con un líder antisistema, consiguen 70 diputados en un Parlamento en el que la mayoría absoluta son 68. Por contra, los vencedores en las urnas, los más votados, los no independentistas, Ciudadanos con una líder sólida, vence en las elecciones, PSC con un líder un tanto titiritero y voluble, no da la talla esperada, PP aborrecido cada vez más en toda Cataluña, sigue en caída libre y En Comú Podem con líderes que ni fu ni fa, y una alcaldesa impensable, solo alcanzan a sumar 66 diputados.
Ya por posicionamiento social, el grupo de independentistas lo componen la derecha (JxCat), la izquierda (ERC) y los cercanos al anarquismo (CUP), que habrán de ponerse de acuerdo primando el sentimiento independentista por encima del ideológico. Por el lado constitucionalista, ocurre tres cuartos de los mismo, pues está la derecha (PP) el centro-derecha (C´s), el centro-izquierda (PSC) y la izquierda (Podem), todo ello aderezado de un grupo mixto que han de formar los más extremos del espectro ideológico, PP y CUP. Una “república” en el sentido coloquial de la palabra.
Así las cosas, el panorama político resulta desolador. Cabe pensar que los independentistas harán lo indecible para apoyarse dentro de su evidente desunión para no perder esa capacidad de gobernar, pero para llegar ahí hace falta que se produzcan toda una serie de piruetas. En primer lugar, lo lógico, en función del resultado de las elecciones, parece que intenten reeditar el anterior gobierno, con Puigdemont de presidente, Junqueras de vicepresidente y un gobierno similar al derrocado por el 155 y siempre con la CUP tocándoles sus bien amarrados atributos permanentemente. Para ello, primero deberán tomar posesión de sus cargos como parlamentarios, lo cual pasa porque los fugados vuelvan (aquí no vale la toma de posesión por plasma), ingresen en la cárcel nada más pisar suelo catalán (español), y obtengan permiso del juez para ello, misma situación esta última para los que tienen la cárcel como lugar de residencia.
En el caso de que ello se produzca y puedan tomar posesión de sus cargos de diputados, deberán obtener de nuevo permiso del juez para asistir a la sesión de investidura y poder votar y ser votado, y ello siempre y cuando el juez no haya decidido cambiarles su situación de investigados a procesados, pues entonces (tarde o temprano llegará) se acabó su carrera política, pues no podrán ocupar cargo alguno, debiendo correr la lista. Considerando además que la propia lista de investigados y posiblemente procesados se ha ido incrementando, es posible que si entonces aun prevalecen los acuerdos entre los independentistas, los líderes a considerar ni siquiera los conozcamos, algo que puede cambiar y convertirse en harto conocidos, si persisten en delinquir, hacen necesario la aplicación de nuevo del 155, y pasan a engrosar la lista de procesados, con lo que la fiesta puede durar hasta conseguir su ansiado independentismo, por acuerdo unánime de todos los españoles por absoluto aburrimiento, hastío de tanto hecho diferencial y tanta gaita, y ganas de mandarlos a hacer puñetas a todos y cada uno de ellos.
Hasta aquí la realidad actual, pero, ¿Como hemos llegado hasta este sinsentido?. Podemos encontrar muchas respuestas, hacer sesudos análisis y sostener todo tipo de teorías y consideraciones, pero hay un culpable indiscutible, el sistema electoral, con la ley o sistema de representación D´Hondt, inventada por el jurista belga Victor D´Hondt (otra vez los belgas de los congojos), una ley que en el momento de ser implantada en España quizá pareciera adecuada, ya que al primar a los partidos mayoritarios evitaba la confluencia en el Parlamento de una abundante retahíla de pequeños partidos que podrían complicar la labor parlamentaria, lo que unido a que se aplica por circunscripciones muy poco uniformes, provocando un precio por escaño muy distinto por provincia, y que además se aplica en España la barrera electoral, que evita la representación parlamentaria, cuando el resultado obtenido no alcanza el 3% de los votos, la existencia de listas cerradas y blindadas (no se puede cambiar el orden), la inadecuación a la España actual a la luz de los resultados obtenidos que falsean en gran manera la voluntad popular de la mayoría, el caso está servido.
Veamos, no obstante lo que ocurre en los Parlamentos de los principales países de nuestro entorno, considerando que no existe el sistema perfecto y que en ello influye también la tradición, las circunstancias del país, su tamaño, etc.
Reino Unido. Sistema uninominal mayoritario simple. Cámara de los Comunes. Dispone de 659 parlamentarios con igual número de circunscripciones, con una media de unos 70.000 electores por escaño o circunscripción. Obtiene el escaño el que gana en esa circunscripción, sin importar el que en el país entero el mayor número de votos obtenga menos escaños. Se consigue con ello que cada escaño es ganado por el elegido libremente entre sus vecinos, lo que supone un contacto y responsabilidad más directa, aunque en general beneficia a los grandes partidos.
Alemania. Sistema proporcional personalista. Bundestag. Dispone de al menos 598 diputados, para un total de 299 circunscripciones. No es un número fijo de diputados, pues se le suman alrededor de 20 para hacerlo más proporcional según resultados. Cada ciudadano dispone de 2 votos. Uno de los votos es como en el Reino Unido, por cada circunscripción para el ganador. El otro voto es para los otros 299 representantes por listas electorales cerradas en cada Land, votando al partido por el sistema proporcional Hare-Niemeyer. Este sistema suele perjudicar a los grandes partidos y facilita la presencia de distintas sensibilidades.
Francia. Uninominal mayoritario a dos vueltas. Asamblea Nacional. Dispone de 577 asientos y circunscripciones, con la elección de un solo diputado en cada una, de manera que si obtiene mayoría absoluta no se necesita segunda vuelta, pero si no es así se hace una segunda al cabo de una semana entre los que hayan conseguido al menos el 12,5% de la representación. Existe con ello un gran control por parte de los electores y una cultura de pactos en la semana anterior a la segunda vuelta.
Italia. Falsa proporcionalidad. Cámara de diputados, con 630 escaños y 100 circunscripciones plurinominales. El número de escaños se obtiene de forma directa por el porcentaje de los votos obtenidos, con barreras de entrada del 4%, de manera que se atribuye finalmente al partido mayoritario el 55% de los escaños, lo que garantiza la gobernabilidad por mayoría absoluta.
Paises Bajos. Sistema proporcional puro. Consta de 150 diputados, sin barreras electorales, siendo una única circunscripción para todo el país, pudiendo elegir los electores a los candidatos. Existen las figuras de arbitraje del “informador” que tantea las posibilidades de establecer pactos y el “formador” que hace las funciones de conseguidor de los pactos. Es uno de los sistemas más proporcionales del mundo. Utiliza el método del cociente electoral, quedando para los restos la utilización del sistema D´Hondt. Las listas son cerradas pero desbloqueadas, pudiendo elegir el votante el orden de preferencia.
España. Sistema mixto proporcional D´Hondt que data de 1976. Con un Parlamento compuesto por 350 representantes y 52 circunscripciones plurinominales, coincidentes con las provincias, con muy diferente peso poblacional, donde las zonas poco pobladas están sobrerepresentadas. Listas cerradas y blindadas y barrera de entrada en el 3%.
Lo que resulta evidente de lo expuesto y de los resultados analizados en estas ultimas elecciones, es que el sistema español, en su conjunto, es enormemente injusto, con resultados muy poco democráticos, como podemos constatar, y ya no solo en cuanto a resultados, sino también en cuanto a la confección de las listas y la nula posibilidad en el elector de tomar decisiones propias en cuanto a sus candidatos preferidos, o el cierre a partidos que no obtengan un mínimo de un 3% aun cuando en aplicación de la ley pudieran obtener algún escaño.
Quizá el sistema ideal a día de hoy, en una hipotética reforma de nuestra ley electoral, sería el escoger lo más representativo de cada uno de los sistemas apuntados, como el de confeccionar listas abiertas y desbloqueadas (no le interesa a ningún partido al evitar con ello el mangoneo), llevar a cabo muchas más circunscripciones electorales, con dos votos como en Alemania, con un diputado por distrito, mucho más cercano al ciudadano y de mayor responsabilidad, o a doble vuelta como en Francia, o bien con una única circunscripción como en Países Bajos donde la representatividad es mas proporcional a los votos obtenidos, con arbitraje para los pactos, etc.
Casos como los de Vigo en el ámbito municipal, donde prácticamente no ha gobernado nunca ningún ganador, haciéndolo siempre los segundones por pactos entre perdedores, o ahora en Cataluña, en donde Ciudadanos como partido ganador, no parece tener posibilidad alguna de gobernar, no responden a una esperanza democrática en el votante, pues si el partido que prefieren en mayor medida los catalanes es Ciudadanos y sumados los votos de los partidos no independentistas ganan la batalla, pero luego en aplicación de una ley electoral injusta, los perdedores cosechan mayor número de escaños y por tanto pueden gobernar, el resultado final nada tiene que ver con la esencia de la democracia.
Son ya demasiadas las cosas que hay que cambiar en España en el ámbito de la política, no solo la actualización de nuestra Constitución, sino muchas otras leyes y entre ellas, y como protagonista, un sistema electoral absolutamente injusto y frustrante.
Cataluña no se irá, pero lo que parece evidente es que quienes la van a gobernar no solo no han ganado las elecciones, sino que incluso desprecian la Constitución, la incumplen, se burlan sistemáticamente de las resoluciones adoptadas en su aplicación, son unos delincuentes y están en la cárcel, un estado al que hemos llegado tras décadas de favorecer esas actitudes, como consecuencia de un sistema electoral que ha hecho de los independentistas, tanto catalanes como vacos, moneda de gobernabilidad de los grandes partidos, quienes han consentido este deterioro en función de sus propios intereses electorales y que, aun siendo los culpables de la situación, ni con esas hacen nada por afrontar esa necesaria reforma en bien del devenir de la democracia en lo que queda de España.
El triunfo de Ciudadanos es de una lógica aplastante y de una bocanada de aire fresco francamente esperanzador, hartos ya de tanta caspa, a derecha e izquierda del panorama nacional.

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Casi nada por la proa…

 

En 1863, en el escenario de la batalla de Gettysburg, Abraham Lincoln pronunció un breve discurso, enmarcado en la Declaración de Independencia del pueblo americano, cuyo párrafo final es considerado como la definición más completa de lo que constituye la democracia: “que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, jamás perezca sobre la Tierra”.
Pero, ¿que es gobernar?. Es evidente que sobre cualquier término se pueden crear gran cantidad de definiciones que más o menos nos acerquen al concepto a definir, y que no siempre son más descriptivas las más oficiales en cuanto a la comprensión que pretendamos, de ahí que, entre las que he consultado, me refiera a una de ellas que habrá de llevarnos a algo absolutamente relacionado con el fondo del asunto: “ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado, ciudad o colectividad”. Se trata de una definición que contiene términos paralelos a la teoría de los tres poderes que, en paralelo con la definición, enumeramos como: ejecutivo, legislativo y judicial.
Por otra parte, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, nos puede llevar por varios caminos contradictorios, pues no otra cosa ha pretendido el anarquismo, como reacción a los abusos del poder establecido (ni del, ni por, ni para el pueblo) o la democracia directa, en la que es el pueblo, a través de consultas populares, quien toma las decisiones importantes que ha de ejecutar el Gobierno, reglamentar el Parlamento y controlar el Poder Judicial, un tipo de democracia ajena a los intereses de los partidos políticos, la más pura, y hasta ahora no practicada debido, entre otras consideraciones, a la dificultad de conocer la opinión del pueblo en todos aquellos campos en los que tomar decisiones significativas, una dificultad técnica hoy ya superada, si realmente el poder lo considerase oportuno.
De momento hemos de contentarnos con la llamada democracia de partidos, representativa, o indirecta, donde el pueblo no decide prácticamente nada, ni siquiera quien va a gobernar, decisión que corresponde a los partidos, ni las decisiones que se toman son siempre en interés del pueblo, por lo que estamos todavía bastante lejos (crédulos y creyentes aparte) de lo que hemos llamado “vivir en democracia”.
No voy a incidir aquí en algo tratado ya tantas veces en relación a los partidos políticos, como entidades poco menos que mafiosas, ajenas casi por completo al concepto de democracia, corruptas la práctica totalidad, agencias de colocación de personajes de lo más mediocre, enemigas de dar información fidedigna al ciudadano, castradoras de ideas, contrarias a cualquier tipo de formación para sus bases, auténticas dictaduras, campos de batalla interna permanente entre sus más ambiciosos caudillos, y tantas y tantas otras indignidades que difícilmente puedan considerarse transmisoras de la voluntad popular.
¿Que es entonces lo que sostiene mínimamente tamaña “desfeita”, lo que nos da a los ciudadanos cierto sentido de seguridad y aceptación de la realidad?. La Ley.
La ley es fruto del ejercicio de la democracia, permite incluso su modificación por procedimientos democráticos, pero está por encima de la propia democracia, ya que la regula y establece sus límites de acuerdo con la finalidad de buscar para el pueblo aquello a lo que el ciudadano tiene derecho, respetando al tiempo los derechos inalienables de los demás.
Cuando los independentistas catalanes proclaman que los encarcelan por votar, esa posverdad no responde para nada a una realidad acuñada en un Estado de Derecho, donde el imperio de la Ley es quien rige los destinos de la sociedad. Les encarcelan por vulnerar la ley, pues no todo ejercicio “democrático” es válido en un Estado de Derecho, las urnas no son armas contra todo, si con ello se vulneran otros derechos no tenidos en cuenta y que esa ley protege.
Si sometemos a consulta popular el no pagar impuestos, el repartirnos entre todos la fortuna de Amancio Ortega, o el de linchar sin pasar por juicio al mayor asesino de la historia, posiblemente la respuesta popular sería absolutamente contraria a lo esperado en un Estado de Derecho, pero todas ellas son cuestiones que la ley impide poner en entredicho, porque afectan a otros derechos a respetar, que están por encima de nuestra voluntad, de nuestros sentimientos o de nuestras creencias.
En el caso catalán, no afecta exclusivamente a los catalanes, a su propio interés y a sus consecuencias, no se trata del hijo que se quiere emancipar y que su decisión no implica consecuencias ni lesiona derechos de otros, sino de un brazo, una pierna o un ojo en el cuerpo humano, de quien se quiere ir del equipo, de un equipo que le ha colocado donde está y de quien, sin su concurso, va a perjudicar a los derechos, intereses y aspiraciones del resto, de ahí que la ley lo impida, aunque esa misma ley fija las condiciones necesarias para ser modificada y, si ello favorece al bien común, al propio cuerpo o al propio equipo, poder hacer reformas que lleven a los independentistas a conseguir sus pretendidos fines, previo pago de la factura correspondiente, por supuesto (véase el Brexit). La pela es la pela…
La democracia está muy cerca de la utopía, pues para ejercerla correctamente, es preciso hacerlo desde la frialdad del análisis conceptual, desde el conocimiento de todas y cada una de las opciones, de su posibilidad real de ser llevadas a la práctica, de sus consecuencias, con la generosidad de buscar lo mejor para el colectivo, lo más justo, lo más necesario y hacerlo todo ello con responsabilidad y con la mente abierta. No hay nada más ajeno a la democracia que someter una consulta popular a un asunto regido exclusivamente por un sentimiento de sentirse superiores o de despreciar al resto, una creencia, o un interés personal, y en eso estamos en España desde que votamos, con un altísimo porcentaje de votantes que pasan de sus deberes de recabar información fidedigna como ciudadanos, con una masa ignorante muy extendida, con legiones de votantes en negativo, con tantos y tantos que solo votan por sentimientos, decidiendo con ello la desgracia y la pérdida de horizontes para sus hijos, etc.
Es evidente que en España no se dan actualmente las condiciones necesarias y suficientes para ejercer una democracia medianamente eficiente, con una división de poderes de risa, unos partidos impresentables en general, donde ya se admite sin que nadie altere su voto por ello, que nuestros políticos mienten sistemáticamente, que los partidos se alimentan de la corrupción, que sus componentes son de una mediocridad insultante, y tantas otras consideraciones que nos alejan del ideal de la democracia.
Hoy vivimos una muestra de todo ello con las elecciones catalanas. Los políticos en general disponen de tres tiempos de la mentira: en elecciones, en las formaciones de gobierno, y en el ejercicio del gobierno. En elecciones, todo son promesas que nunca cuadran, pero que se reparten generosamente, sin pudor y sin el menor criterio de responsabilidad, pues los votantes “militantes”, en un calco de lo que son las religiones, están deseosos de creerse cualquier patraña (posverdad), y todo ello peleándose con todos los demás y sin pactar con nadie y contándonos lo que nunca harían. Pasadas las elecciones y si no hay mayorías absolutas, las negociaciones por tocar poder, cambian a veces radicalmente todas las afirmaciones hechas en el anterior escalón de la mentira, haciendo lo que nunca harían, para ya finalmente y desde el gobierno, pasarse por el arco de triunfo todas y cada una de las promesas comprometidas, sin que ese pueblo “soberano” pueda hacer otra cosa que entregar de nuevo el poder, !pasados 4 años! y sin poder exigir responsabilidades, a otro perro con distinto collar, o al mismo más envalentonado e impune. Lo grave del asunto es que siendo así, los españoles seguimos votando por “fidelidad” al canalla de turno, del que nos negamos a ver sus miserias, a disculparlas y a no admitir la menor critica hacia “los nuestros”.
Finalmente, ¿que nos queda?. La Ley, una ley que supone el establecimiento de las reglas de juego, la garantía de que quien pretenda vulnerarla, aun utilizando la democracia para lo que la ley no permite, arrastrando a un pueblo con ello, a sus sentimientos y querencias al estilo flautista de Hamelin, con su aplicación habremos de obtener la rectificación necesaria, bien vía 155, la calculada rectificación de los independentistas, el intento de estos de llevar sus pretensiones por el camino de esa ley, o la consecución de un nuevo gobierno constitucionalista, aunque lo que ha de quedar meridianamente claro es que, quienes han pretendido vulnerarla y han propiciado el desastre por el que está pasando Cataluña, ya sea en lo social, en lo económico, o en lo familiar, han de acabar en el lugar que los jueces consideren adecuado a sus delitos.
El panorama que se presenta no solo es enormemente incierto, sino incluso desagradable y posiblemente muy dilatado en el tiempo, con la posible convocatoria de nuevas elecciones por falta de acuerdos de poder, y la aplicación del 155 por bastante más tiempo que el esperado, beneficiando afortunadamente en gran medida con ello a Cataluña, ya que de ser administrada por el gobierno central, pendiente de las necesidades sociales, de satisfacer la deuda y de reparar afrentas, en lugar de someterlo todo a la creación de una infraestructura nacional independiente, es indudable que la situación mejoraría en todos los aspectos.
Puigdemont, cada vez en un nuevo partido hasta la liquidación absoluta de la otrora poderosa Convergencia, nada más pisar España será encarcelado, juzgado y, con toda probabilidad, trasladado a residir en una prisión española por varios años. Junqueras, el masón meapilas, entregado al rezo diario del Magnificat, ya está en la cárcel, será juzgado y, casi con toda seguridad, siguiendo el camino del anterior. La misma suerte habrán de correr quienes tomen su testigo y persistan en sus objetivos.
En el Pais Vasco se intentó violentamente y aunque fue durísimo para todos, al final la aplicación de la ley acabó con esa vía. Sus máximos dirigentes lo intentaron en el Parlamento sin resultado, y hoy las últimas encuestas allí celebradas, dan como resultado un País Vasco en el que el ciudadano está mayoritariamente contento con seguir siendo español, disfruta del mayor bienestar que nunca tuvo, y aunque sigue existiendo un sentimiento larvado de fondo, la situación objetiva ha dejado de ser conflictiva, y el ciudadano vasco puede dedicarse a vivir su vida sin mayores alteraciones de convivencia. En Cataluña deberá ocurrir lo mismo, más tarde o más temprano, y volver con ello las aguas a su cauce.
De momento, hagamos camino, apliquemos la ley, modifiquemos lo que proceda en interés de todos y adentrémonos un poco más en el largo y difícil camino de la democracia, haciéndonos más responsables, ejerciendo con mayor dedicación nuestros deberes cívicos, exigiendo, pensando por nosotros mismos, sin dejarnos arrastrar, justificando nuestras respuestas y siendo mucho más objetivos, dominando sentimientos negativos, sin entregarnos a la mentira, sin incidir en antiguos errores y dejando huella de nuestra responsabilidad como ciudadanos.
Ya lo dijo Machado, sin demasiado éxito, un siglo atrás: Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Casi nada por la proa…

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Piedra de fe

 

Hoy es uno de esos días en los que incluso un agnóstico como Dios manda, como yo, podría decir aquello de !Aleluya, Dios existe!.
Mi primera profesión de marino mercante, aunque no ejercida demasiado tiempo, me advirtió, al menos suficientemente, sobre la escasa fiabilidad de las cartas náuticas en las proximidades de las costas, y sobre todo en aquellas zonas no navegables para grandes buques, esas zonas que practicamos con mayor asiduidad los de la náutica deportiva, los aficionados, esos que se balancean entre no hacer puñetero caso a las cartas, o creerse que lo indicado en ellas es palabra de Dios (no me reconozco, he citado a Dios tres veces y con esta cuatro). Pues ni una cosa ni otra, sino todo lo contrario.
Hoy existen en el mercado unas cuantas cartas náuticas, ya sea en papel o bien en soporte informático, en las que consultar los puntos sobre los que se preve nuestra derrota, pero conviene no engañarse, pues todas ellas son la misma, la levantada en su día (hace un porrón de años) por el Instituto Hidrográfico de la Marina. Es cierto que las distintas señales en superficie, donde existan, han ido cambiando con el tiempo y las circunstancias de la navegación, por lo que conviene navegar con cartas actualizadas, pero en cuanto al fondo marino, poco se actualiza, de manera que los posibles errores se arrastran generación tras generación, salvo actualizaciones para casos muy concretos. También es cierto que las posibilidades técnicas que existen hoy en cuanto a levantamientos batimétricos, son muy superiores a las habidas en el momento en que se levantaron las cartas vigentes.
Tengo la dicha de navegar asiduamente por las Rias Bajas, más concretamente por la ria de Vigo, en particular por la de Bayona, tener como destino habitual las Islas Cies, y atracar en el Monte Real Club de Yates de Bayona, es decir, el despiporre de la náutica deportiva, las mejores aguas navegables de la península y me quedo muy corto, pero también es cierto que a base de mucha observación, encallar alguna vez (dejar el barco balanceándose en una restinga inexistente en la carta), y recoger experiencias ajenas puntualmente comprobadas, me he ido dando cuenta que la zona precisa, cuanto antes, de una revisión a fondo.
La entrada en la ria de Bayona desde la de Vigo, no es especialmente complicada, pero requiere de ciertos conocimientos, pues o bien se entra por una canal existente entre la península de Monte Ferro y la isla Estela de Tierra, o ya hay que hacer alguna milla más y dar la vuelta por las señales de la Negra y los Carallones para evitar las Serralleiras, la entrada más recomendable para embarcaciones de un cierto calado.
La inmensa mayoría de las embarcaciones deportivas utilizan ese estrecho, lo hacen en ambos sentidos, casi todas por un mismo lugar aunque se trate de rumbos encontrados, y a velocidades absolutamente inadecuadas, lo que da origen a bastantes conflictos a lo largo del año, tratándose de un paso no recomendado en días de temporal, fuerte oleaje y bajamar escorada.
Las cartas indican todas ellas la existencia de dos piedras en el canal. Una de ellas situada en el medio, a una profundidad de unos 90 cm. con marea baja, mientras que la otra figura en cartas como una piedra que asoma en marea baja, pero que en realidad no existe, pues donde la carta la indica, en marea baja existe una profundidad cercana a los 4 metros, de manera que el único obstáculo importante es la piedra situada en el centro del canal.
Desgraciadamente existe una leyenda urbana en la zona (marina en este caso), que aconseja pasar el estrecho, lo más cercano a la isla de la Estela, algo que al igual que la fe, suele ser un sinsentido que todos siguen al pie de la letra (ya me salió la vena agnóstica).
Pues bien, al igual que con la fe, conviene poner estas afirmaciones en entredicho a la luz de la ciencia, y directamente a través de nuestras propias observaciones. En el caso que nos ocupa, la ciencia (las cartas náuticas), aunque no sean demasiado de fiar como se expuso, ya indican que las profundidades en las cercanías de la Estela no son demasiado recomendables para la navegación, debiendo discurrir esta entre la piedra situada en el centro del canal y la propia Estela, el lugar más seguro y de mayores profundidades.
Ante lo expuesto, y tras haber visionado los fondos en toda la canal, llegué en su momento a la conclusión de que lo ideal sería balizar la piedra situada en el centro, y aconsejar a las embarcaciones que navegasen en rumbos encontrados que dejaran la baliza en el centro, estableciendo con ello un canal de salida y otro de entrada, ofreciendo con ello una seguridad hoy inexistente, alejándose con ello tanto de la proximidad de Monte Ferro, como de la Estela.
Convencido de ello y en la esperanza de que tras ponerlo en conocimiento de la Administración esta se pondría manos a la obra, al menos en cuanto a comprobaciones previas se refiere, me dirigí a la Autoridad Portuaria de Vigo, donde me dijeron que cualquier reclamación al respecto debería presentarse por escrito, lo que les aseguré que haría, no sin antes comunicarles mi asombro, al comprobar su poco interés sobre el particular y el que ello no se corrigiera “de oficio”.
Hecha la “reclamación” consideré oportuno trasladar mi inquietud al Club de Yates para que estos, a su vez, hiciesen lo propio, a lo que enseguida se aprestaron, de manera que hace ahora alrededor de unos 5 años, tanto yo a titulo particular, como el Club de forma institucional, solicitamos lo indicado.
A partir de ahí las visitas a la Autoridad Portuaria para conocer la trayectoria del expediente fueron abundantes. Los primeros resultados adjuntaban por su parte copias de las cartas, indicando los dos bajos a señalar, aun a pesar de hacer notar por mi parte que uno de ellos no existía, indicación que nunca prosperó, ya que al parecer era más importante mantener el error de la carta, que rectificar o que acercarse al estrecho y comprobarlo.
En mi interés por evitar errores y porque me creyeran, contacté con una empresa dedicada a levantamientos batimétricos, para que hiciesen una valoración del coste de hacer un levantamiento en todo el ámbito del canal, pudiendo disponer así de datos reales de profundidades, lo que comuniqué al Monte Real por si fuera necesario hacer una inversión al respecto, algo que tampoco funcionó, ya que la Autoridad Portuaria me comunicó que eso aun complicaría más el tramite, ya que el levantamiento debería ser autorizado para ser tenido en cuenta a esos efectos, etc.
No contento con ello, decidí esperar a la coincidencia de un día de temporal, con la máxima marea baja equinocial, lo cual se produjo por definición en un día de perros, donde desde lo alto de Monte Ferro, pude fotografiar el canal y observar el amplio círculo de espuma que el rompiente de las olas causaba en la piedra real y la nula prueba de ello en la piedra ficticia, fotografías que mostré al funcionario de turno y, … ni con esas.
Finalmente y hace ahora algo más de tres años, se me comunicó que el siguiente paso era la consulta de impacto ambiental, consulta que había que hacer a un sin fin de entidades, lo que seguramente llevaría un tiempo.
A partir de ahí he de confesar que no volví, ya que aquello me parecía kafkiano, el interés de la Autoridad Portuaria tampoco era evidente, ya que seguían sin ir al lugar a comprobar lo que yo les aseguraba, y la espera podía ser eterna.
Hoy por fin se ha producido el milagro, que me comunica mi buen amigo Antonino García, director de Vigoe.com, aunque como todos los milagros, si profundizas un poco, enseguida descubres la chapuza.
El BOE, con la referencia A-2017-14676, publica la autorización para llevar a cabo la balización tras haber superado positivamente el informe de impacto ambiental.
Según el BOE se trata de una resolución de 28 de noviembre de 2017, de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural, por la que se formula informe de impacto ambiental del proyecto de Balizamiento de los bajos de la Porta y de Laxe o Meixoeiro (Pontevedra). Se trata por tanto de una evaluación de impacto ambiental simplificada. El Promotor de la actuación es la Autoridad Portuaria de Vigo y el órgano sustantivo es Puertos del Estado, ambos pertenecientes al Ministerio de Fomento. Ni mencionar para nada que ello se ha llevado a cabo, no por iniciativa ni preocupación de la Administración, sino por el empeño de un particular y por el Monte Real Club de Yates de Bayona.
La documentación ambiental del proyecto se recibió en la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (e “dos carruajes camas e dos grandes expresos europeos”), con fecha 27 de enero de 2015 (!hace casi 3 años!). El proyecto fue remitido para su informe a !25! entidades distintas, de las que únicamente contestaron 8 (en tres años). De los 17 que no contestaron, están todos los grupos ecologistas y entidades que inexplicablemente han pasado de hacerlo, como el Centro Oceanográfico de Vigo, la Subdelegación del Gobierno de Pontevedra, el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, el Parque Nacional Islas Atlánticas, la Diputación de Pontevedra, la Secretaría General del Mar de la Consellería de Medio Rural y del Mar de la Xunta, la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Pontevedra, etc., amén de otros organismos oficiales que al parecer “pasan” de su cometido.
De su lectura se deduce la ausencia absoluta de oposición por parte de nadie pero, ante mi sorpresa, siguen pensando en balizar la piedra existe y la piedra virtual, inexistente, supuesta, o resultado de su fe en la carta (creer lo que no vimos, según el padre Astete), aunque estaba en sus manos cerciorarse.
Por otra parte, y esto también llama la atención, el sistema de balizamiento a emplear será el llamado de marcas especiales, en color amarillo y con un aspa amarilla en su coronación, previsto para indicar zonas o configuraciones especiales no relacionadas en general como ayudas a la navegación, sino para indicar hechos especiales (?) que la norma enumera y en los cuales únicamente tiene cabida, para el caso que nos ocupa, un apartado en el que especifica su adecuación como “separación de tráfico, donde el balizamiento convencional del canal puede prestarse a confusión”. Si es así, no se entiende como no se cita el hecho de que además de señalar un peligro aislado, este balizamiento tiene como misión la separación de tráfico, algo que concretamente pedíamos ya en nuestra solicitud, ya que si solo se tratase de indicar el peligro aislado, la baliza sería negra con franjas rojas, correspondiente a “peligro aislado de pequeñas dimensiones, rodeado por todas partes de aguas navegables”. Hasta aquí tendría un pase, e incluso favorable a nuestras pretensiones, pero donde ya carece de sentido esta baliza es en el supuesto lugar de ubicación de la otra piedra, la piedra fantasma, ya que esta se encuentra situada en el imaginario cartográfico, muy cerca de la Estela, lugar que nada tiene que ver con separación de tráfico alguna, pues quien llegue a esa baliza y pretenda dejarla por babor o por estribor según sea su entrada o salida, si le toca pasar entre la baliza y la Estela, naufragio habemus.
En resumen y de querer balizar ambas piedras, la real y la ficticia, en el caso de la real la baliza escogida es correcta, pero siempre dejando muy claro que se trata no solo de localizar un peligro, sino de indicar una separación del tráfico por el canal. En cuanto a la ficticia, no podemos señalarla con una baliza negra con franjas rojas de peligro aislado, ya que ello indicaría que tiene aguas navegables a todo su alrededor, sino simplemente con una boya verde de acceso desde la ria de Vigo (aguas abiertas) a la de Bayona, lo cual haría alejarse a los barcos de la boya, con imposibilidad de pasar por entre la boya y la Estela. A mi entender, lo previsto es una auténtica chapuza, con evidente peligro en el caso de que se balice la piedra ficticia como marca especial en amarillo, y con la consideración de separación de tráfico, pues al existir además otra cercana y con la misma misión, la derrota resultante por el canal sería absolutamente caótica.
Veremos que sucede, aunque me temo que en esa tesitura de genuina burocratización en cualquier tipo de actuación, acaben no rectificando y finalmente balizando la piedra existente (ya veremos cuando) y clavando otra baliza a 4 metros de profundidad donde maldita la gracia que hace, lo que va a complicar el asunto y la imagen de ineficacia que dará ante los conocedores de la situación, algo que por otra parte a nadie interesará, ya que todos seguirán pensando en que allí hay una piedra que finalmente se ha balizado.
La fe mueve montañas… o las crea o las supone. País…

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Piedra de fe

 

Hoy es uno de esos días en los que incluso un agnóstico como Dios manda, como yo, podría decir aquello de !Aleluya, Dios existe!.
Mi primera profesión de marino mercante, aunque no ejercida demasiado tiempo, me advirtió, al menos suficientemente, sobre la escasa fiabilidad de las cartas náuticas en las proximidades de las costas, y sobre todo en aquellas zonas no navegables para grandes buques, esas zonas que practicamos con mayor asiduidad los de la náutica deportiva, los aficionados, esos que se balancean entre no hacer puñetero caso a las cartas, o creerse que lo indicado en ellas es palabra de Dios (no me reconozco, he citado a Dios tres veces y con esta cuatro). Pues ni una cosa ni otra, sino todo lo contrario.
Hoy existen en el mercado unas cuantas cartas náuticas, ya sea en papel o bien en soporte informático, en las que consultar los puntos sobre los que se preve nuestra derrota, pero conviene no engañarse, pues todas ellas son la misma, la levantada en su día (hace un porrón de años) por el Instituto Hidrográfico de la Marina. Es cierto que las distintas señales en superficie, donde existan, han ido cambiando con el tiempo y las circunstancias de la navegación, por lo que conviene navegar con cartas actualizadas, pero en cuanto al fondo marino, poco se actualiza, de manera que los posibles errores se arrastran generación tras generación, salvo actualizaciones para casos muy concretos. También es cierto que las posibilidades técnicas que existen hoy en cuanto a levantamientos batimétricos, son muy superiores a las habidas en el momento en que se levantaron las cartas vigentes.
Tengo la dicha de navegar asiduamente por las Rias Bajas, más concretamente por la ria de Vigo, en particular por la de Bayona, tener como destino habitual las Islas Cies, y atracar en el Monte Real Club de Yates de Bayona, es decir, el despiporre de la náutica deportiva, las mejores aguas navegables de la península y me quedo muy corto, pero también es cierto que a base de mucha observación, encallar alguna vez (dejar el barco balanceándose en una restinga inexistente en la carta), y recoger experiencias ajenas puntualmente comprobadas, me he ido dando cuenta que la zona precisa, cuanto antes, de una revisión a fondo.
La entrada en la ria de Bayona desde la de Vigo, no es especialmente complicada, pero requiere de ciertos conocimientos, pues o bien se entra por una canal existente entre la península de Monte Ferro y la isla Estela de Tierra, o ya hay que hacer alguna milla más y dar la vuelta por las señales de la Negra y los Carallones para evitar las Serralleiras, la entrada más recomendable para embarcaciones de un cierto calado.
La inmensa mayoría de las embarcaciones deportivas utilizan ese estrecho, lo hacen en ambos sentidos, casi todas por un mismo lugar aunque se trate de rumbos encontrados, y a velocidades absolutamente inadecuadas, lo que da origen a bastantes conflictos a lo largo del año, tratándose de un paso no recomendado en días de temporal, fuerte oleaje y bajamar escorada.
Las cartas indican todas ellas la existencia de dos piedras en el canal. Una de ellas situada en el medio, a una profundidad de unos 90 cm. con marea baja, mientras que la otra figura en cartas como una piedra que asoma en marea baja, pero que en realidad no existe, pues donde la carta la indica, en marea baja existe una profundidad cercana a los 4 metros, de manera que el único obstáculo importante es la piedra situada en el centro del canal.
Desgraciadamente existe una leyenda urbana en la zona (marina en este caso), que aconseja pasar el estrecho, lo más cercano a la isla de la Estela, algo que al igual que la fe, suele ser un sinsentido que todos siguen al pie de la letra (ya me salió la vena agnóstica).
Pues bien, al igual que con la fe, conviene poner estas afirmaciones en entredicho a la luz de la ciencia, y directamente a través de nuestras propias observaciones. En el caso que nos ocupa, la ciencia (las cartas náuticas), aunque no sean demasiado de fiar como se expuso, ya indican que las profundidades en las cercanías de la Estela no son demasiado recomendables para la navegación, debiendo discurrir esta entre la piedra situada en el centro del canal y la propia Estela, el lugar más seguro y de mayores profundidades.
Ante lo expuesto, y tras haber visionado los fondos en toda la canal, llegué en su momento a la conclusión de que lo ideal sería balizar la piedra situada en el centro, y aconsejar a las embarcaciones que navegasen en rumbos encontrados que dejaran la baliza en el centro, estableciendo con ello un canal de salida y otro de entrada, ofreciendo con ello una seguridad hoy inexistente, alejándose con ello tanto de la proximidad de Monte Ferro, como de la Estela.
Convencido de ello y en la esperanza de que tras ponerlo en conocimiento de la Administración esta se pondría manos a la obra, al menos en cuanto a comprobaciones previas se refiere, me dirigí a la Autoridad Portuaria de Vigo, donde me dijeron que cualquier reclamación al respecto debería presentarse por escrito, lo que les aseguré que haría, no sin antes comunicarles mi asombro, al comprobar su poco interés sobre el particular y el que ello no se corrigiera “de oficio”.
Hecha la “reclamación” consideré oportuno trasladar mi inquietud al Club de Yates para que estos, a su vez, hiciesen lo propio, a lo que enseguida se aprestaron, de manera que hace ahora alrededor de unos 5 años, tanto yo a titulo particular, como el Club de forma institucional, solicitamos lo indicado.
A partir de ahí las visitas a la Autoridad Portuaria para conocer la trayectoria del expediente fueron abundantes. Los primeros resultados adjuntaban por su parte copias de las cartas, indicando los dos bajos a señalar, aun a pesar de hacer notar por mi parte que uno de ellos no existía, indicación que nunca prosperó, ya que al parecer era más importante mantener el error de la carta, que rectificar o que acercarse al estrecho y comprobarlo.
En mi interés por evitar errores y porque me creyeran, contacté con una empresa dedicada a levantamientos batimétricos, para que hiciesen una valoración del coste de hacer un levantamiento en todo el ámbito del canal, pudiendo disponer así de datos reales de profundidades, lo que comuniqué al Monte Real por si fuera necesario hacer una inversión al respecto, algo que tampoco funcionó, ya que la Autoridad Portuaria me comunicó que eso aun complicaría más el tramite, ya que el levantamiento debería ser autorizado para ser tenido en cuenta a esos efectos, etc.
Finalmente y hace ahora algo más de tres años, se me comunicó que el siguiente paso era la consulta de impacto ambiental, consulta que había que hacer a un sin fin de entidades, lo que seguramente llevaría un tiempo.
A partir de ahí he de confesar que no volví, ya que aquello me parecía kafkiano, el interés de la Autoridad Portuaria tampoco era evidente, ya que seguían sin ir al lugar a comprobar lo que yo les aseguraba, y la espera podía ser eterna.
Hoy por fin se ha producido el milagro, que me comunica mi buen amigo Antonino García, director de Vigoe.com, aunque como todos los milagros, si profundizas un poco, enseguida descubres la chapuza.
El BOE, con la referencia A-2017-14676, publica la autorización para llevar a cabo la balización tras haber superado positivamente el informe de impacto ambiental.
Según el BOE se trata de una resolución de 28 de noviembre de 2017, de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural, por la que se formula informe de impacto ambiental del proyecto de Balizamiento de los bajos de la Porta y de Laxe o Meixoeiro (Pontevedra). Se trata por tanto de una evaluación de impacto ambiental simplificada. El Promotor de la actuación es la Autoridad Portuaria de Vigo y el órgano sustantivo es Puertos del Estado, ambos pertenecientes al Ministerio de Fomento. Ni mencionar para nada que ello se ha llevado a cabo, no por iniciativa ni preocupación de la Administración, sino por el empeño de un particular y por el Monte Real Club de Yates de Bayona.
La documentación ambiental del proyecto se recibió en la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (e “dos carruajes camas e dos grandes expresos europeos”), con fecha 27 de enero de 2015 (!hace casi 3 años!). El proyecto fue remitido para su informe a !25! entidades distintas, de las que únicamente contestaron 8 (en tres años). De los 17 que no contestaron, están todos los grupos ecologistas y entidades que inexplicablemente han pasado de hacerlo, como el Centro Oceanográfico de Vigo, la Subdelegación del Gobierno de Pontevedra, el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, el Parque Nacional Islas Atlánticas, la Diputación de Pontevedra, la Secretaría General del Mar de la Consellería de Medio Rural y del Mar de la Xunta, la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Pontevedra, etc., amén de otros organismos oficiales que al parecer “pasan” de su cometido.
De su lectura se deduce la ausencia absoluta de oposición por parte de nadie pero, ante mi sorpresa, siguen pensando en balizar la piedra existe y la piedra virtual, inexistente, supuesta, o resultado de su fe en la carta (creer lo que no vimos, según el padre Astete), aunque estaba en sus manos cerciorarse. Veremos que sucede, aunque me temo que en esa tesitura de genuina burocratización en cualquier tipo de actuación, acaben no rectificando y finalmente balizando la piedra existente (ya veremos cuando) y clavando otra baliza a 4 metros de profundidad donde maldita la gracia que hace, lo que va a complicar el asunto y la imagen de ineficacia que dará ante los conocedores de la situación, algo que por otra parte a nadie interesará, ya que todos seguirán pensando en que allí hay una piedra que finalmente se ha balizado.
La fe mueve montañas… o las supone. País…

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España, ¿Un Estado aconfesional? Venga ya…

 

Los calendarios son en esencia un instrumento para controlar, regular, e informar, sobre el paso del tiempo, algo que en puridad no debería pasar de ahí, pues el tiempo carece de ideologías, de creencias, o de festividades. De hecho así ocurría en principio, cuando su utilización tenía como principal cometido el control de las labores agrarias, de aquello de lo que dependía el sustento, tanto en el sembrado de los cultivos, como de la recolección, del clima más adecuado para distintos trabajos, o simplemente para contar el paso del tiempo.
Es la política, la religión, o el comercio, aquellas actividades que pretende utilizar al ciudadano en pro de sus propios intereses, quienes acaban embruteciendo su natural neutralidad.
Leyendo estos días la enciclopedia Eslava, el último “hijo” de mi admirado Juan Eslava Galán, en el apartado dedicado a “los trabajos y los días”, hace una referencia histórica a los primeros pasos del calendario romano, comentando que al principio se basaba en el año agrícola y como el romano era pragmático, no contaba el invierno, en el que la tierra está muerta, así que se conformaba con diez meses. Comenzaba en marzo, consagrado a Marte, padre de Rómulo y Remo, dios de la guerra y protector de la agricultura, abril (aprilis o abrir), así llamado por la floración vegetal, mayo por la pléyade Maia que traía la fertilidad agrícola, junio por la diosa Juno, protectora del hogar, y ahí paraban las referencias, de manera que al quinto mes se le llamó quintilis, al sexto sextilis, al séptimo september, al octavo, october, al noveno november y al décimo december. En un principio ahí acababa el año. Enero y el resto de los meses los añadió Julio César cuando reformó el calendario (Juliano) para integrar el invierno. Enero fue januarius por Jano, el dios de los dos rostros, uno que mira al año anterior y otro al que empieza. Al mes siguiente le llamó februarius por los ritos de purificación (februalia) que se practicaban en esas fechas dedicados a Plutón para un buen inicio de las actividades agrícolas. Después de la muerte de Julio César, Augusto decidió honrar su memoria dando su nombre a un mes, de manera que quintilis, el quinto, se llamó desde entonces julius, y por la misma razón sextilis se llamaría augustus, en memoria de Augusto. Al sucesor de Augusto, Tiberio, le propusieron denominar september con su nombre, pero rechazó la idea, con muy buen criterio, pues no habría salida para cuando se acabasen los meses y siguiese habiendo emperadores, por eso, de septiembre en adelante no hubo modificaciones.”
Como vemos, ya en el nombre de los meses se alteraba lo natural, ordinal y simplemente de referencias propias a la agricultura, con elementos religiosos, políticos y no tanto comerciales (dioses y emperadores).
Pasado el tiempo, el protagonismo de las actividades agrícolas, de los dioses que las protegían y de los emperadores, dio pie a que el enorme poder de la Iglesia, absolutamente todopoderosa a lo largo de los siguientes siglos, modificara incluso el calendario Juliano en favor del Gregoriano (otra chapuza), para coincidencias de su propia cosecha, y se apropiara no ya de los meses, ni semanas, sino de lo más inmediato y presente, los propios días, a los que adjudicó la figura de un santo o santa, virgen, mártir, apóstol, Papa, o lo que fuera, dejando las fechas más señaladas para los personajes más prominentes de su fantástico ideario, algo que ha perdurado hasta nuestros días, y no solo en cuando a la adjudicación que la propia Iglesia hace del día en cuestión, sino del mantenimiento de la festividad que su ideario le adjudica, y que ha conseguido mantener para la sociedad en general, con independencia de su carácter laico, aconfesional o vinculado a cualquier otra religión, lo que pudiera tener su justificación en un Estado que se considerase confesional, pero nunca en uno en cuya Constitución se deja meridianamente claro que España es un Estado aconfesional (art. 16).
Concretamente hoy, 9 de diciembre, se dedica el día a las santas y vírgenes (como si la virginidad fuera un mérito) Leocadia, Cesaria, Valeria, Gorgonia, a los obispos Daniel, Julián, Procuro, Severo, Siro, Restituto y Victor, los mártires Anmonio, Basilio, Eusebio, Basiano, Primitivo, Mirón y Lucio, a Cipriano, Balda, Ulrico y Pedro Fourier (no confundir con el de la baraja). Pero es que ayer, y a bombo y platillo, siendo incluso fiesta nacional, los españoles, en un Estado aconfesional, festejamos oficialmente “la Inmaculada Concepción”.
Veamos cuales han sido las fiestas no laborables en Galicia en este último año:
6 de enero. Epifanía del Señor. 13 de abril. Jueves Santo. 14 de abril. Viernes Santo. 17 de mayo. Día das letras galegas. 25 de junio. Santiago Apóstol. 15 de agosto. Asunción de la Virgen. 12 de octubre. Fiesta nacional. 1 de noviembre. Todos los santos. 6 de diciembre. Día de la Constitución. 8 de diciembre Inmaculada Concepción. 25 de diciembre. Navidad. Es decir: de 11 días no laborables entre semana, 8 de ellos (72,5%) son absolutamente ajenos al carácter aconfesional que se adjudica en la Constitución al Estado español, pero es que además responden a supuestos hechos de los que ninguno de ellos, no solo no tiene confirmación histórica alguna, sino que responden todos ellos a una fantasía desbordante absolutamente impropia de cualquier atisbo de razón, ni lógica, ni histórica, ni científica.
Ya para no entrar en demasiadas consideraciones y centrarnos en lo más inmediato, analicemos someramente lo de la “Inmaculada Concepción” o la “Purisima”, como también se le conoce, comenzando por decir que nada tiene que ver con aquello de la virginidad, la aparición del angel, el embarazo sin contacto humano, la ignorancia de José, su sueño clarificador, y toda esa serie de fantásticas historias alrededor del nacimiento de Jesús, elaboradas a base de la mezcla de varios evangelios, concretamente Mateo (años 70 al 90) y Lucas (años 80 al 100), pues ni el primero, el de Marcos (años 65 al 75), ni Juan (alrededor del año 100), tratan del tema y los primeros, evangelios de autores desconocidos aunque atribuidos a Mateo y Lucas, de forma inconexa e incluso contradictoria, en pro del burdo cumplimiento de una de las tantas profecías judías de enrevesado cumplimiento, que tanto cuidaron los pablistas, llegando Mateo a sostener que María y José vivían en Belén, que ella queda embarazada, decidiendo José repudiarla (significaba la lapidación), lo que corrige por la aparición en sueños de un ángel que le comunica que el embarazo se debe a la intervención del Espiritu Santo (¿le comunicó José a Mateo, a quien no conocía, lo del sueño muchos años después?), mientras que según Lucas vivían en Nazaret y a María se le aparece un ángel que le anuncia que va a quedar embarazada, lo que esconde a José (al parecer se lo comunica a Lucas muchos años más tarde), de quien tanto uno como otro exponen su genealogía, que para nada coincide, Mateo desde Abraham y Lucas desde !Adan! (un personaje mitológico), genealogía que si José no era el padre, para nada servía en aras del cumplimiento de la profecía, que hacía a Jesús descendiente de David, a quien habría que poner por nombre Enmanuel (!).
Esto de la Purísima, no obstante, es algo bastante más flipante. Decidido por el Papa Pío IX en 1854, a través de la Bula Ineffabilis Deus, parida como reacción al naturalismo, como despreciador de toda “verdad” sobrenatural, es decir, contra los defensores de la verdad científica, en un momento de la historia en el que afortunadamente el ser humano empezaba a anteponer la ciencia, la lógica, el entendimiento, los conocimientos, la razón y la tolerancia, a todo el oscurantismo de ese mundo de creencias, basado en la más absoluta y mantenida ignorancia, y en la amenaza sempiterna del castigo eterno para infieles.
La Bula (que tiene tela) decía lo siguiente: “Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho”.
Que hoy, en pleno siglo XXI, cuando el naturalismo ha sido contrastado en su totalidad en detrimento de un absurdo creacionismo, cuando cualquier mente medianamente pensante reconoce el carácter novelado de los llamados textos sagrados, su primitivismo y la falta absoluta de soporte histórico, un Estado aconfesional, europeo y moderno, celebre oficialmente el acontecimiento como día no laborable, en honor a tamaño despropósito, no tiene el menor sentido, y más si analizamos bajo un prisma racional el contenido de la mencionada Bula, tanto en su planteamiento como en el amenazante final, en el que a los que “osamos manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquier manera externa lo que sentimos en nuestro corazón, a parte de condenarnos, quedamos sujetos a las penas establecidas por el derecho”. De ahí a la hoguera…
A estas alturas, lo religioso en las iglesias, en las mezquitas, o en las sinagogas, y respetando el derecho de sus seguidores, pero ni en las calles ni tergiversando los calendarios. Si España es un Estado aconfesional, como dice la Constitución, ¿a que espera el gobierno de turno para que el 100% de nuestras celebraciones públicas responda al común interés de los ciudadanos?. Tampoco es tan complicado sustituir esas 8 fechas por otras de interés común. Un ejemplo de los muchos posibles: 4 de ellas con la llegada de cada estación (primavera, verano, otoño e invierno), otra como día de Europa, otra la fiesta de la libertad, en homenaje al más noble atributo del ser humano; el de la ciencia, como homenaje al progreso del estudio, el conocimiento y la razón, y finalmente el de la paz, como reconocimiento a la capacidad de entendimiento entre los seres humanos, sean del pais, ideología, raza, condición social o religión de que ser trate. Podríamos seguir con el arte, en Galicia ya se hace con la literatura (dia das letras galegas), etc.
¿Estado Aconfesional? ¿Respeto al artículo 16 de la Constitución? Venga ya…

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El lecho diferencial

Hemos vuelto a la constante histórica de transformar el hecho diferencial en el “lecho“ diferencial, que viene a ser algo parecido a aquello de “ser puta y pagar la cama” o “cornudo y apaleado”, que en materia tributaria se aplica a que los más pobres acaben compensando a los más ricos, porque al poder les interesa tenerlos de su lado, y para eso el que calla y otorga es carne de cañón, algo que los gallegos resumimos con “ainda por riba” o “mexan por nos e hai que dicir que chove”, “e o que hai”… !manda carallo!, pues finalmente, como viene siendo habitual, acaba siendo el Capo quien decide el cupo. Caciquismo en estado puro.
Las Constituciones son como nosotros, nacen inexpertas, se van desarrollando, se asientan, pero llega un momento en el que, cuando aparecen circunstancias cambiantes, cuando la sociedad evoluciona y es preciso responder con planteamientos actuales, solo caben dos posturas, la progresista o la conservadora, la que piensa que es preciso reformarla, para que siga viva y se adapte a una resolución más justa a aplicar a los nuevos planteamientos de una sociedad que evoluciona, o la que cree que hay que acastillarse en su texto y resolverlo todo según su literal contenido, pues es la sociedad la que no debe desviarse de sus planteamientos. La ciencia y las religiones, “cuspidiño”.
Nuestra Constitución pronto cumplirá 40 años. Aunque siempre se ha dicho que no se debe legislar en caliente, nuestra ley de leyes fue redactada en plena ebullición de la sociedad postfranquista, en un momento en el que todo eran urgencias, deudas históricas, reivindicaciones territoriales, idiomáticas, crisis de sistemas de gobierno, ambiciones sin límite, derechos universales y todo tipo de demandas invernadas otros 40 años. El resultado fue hasta cierto punto ejemplar, debido a la calidad personal de sus llamados padres de la Constitución (hoy si por ello fuera podría ser un desastre), considerando la enorme multitud de exigencias a contentar, pero a día de hoy con un desfase francamente preocupante y generador de ridículos y caducos planteamientos.
Desde entonces a esta parte, a España no hay quien la reconozca, pues los cambios de todo tipo han sido brutales para ocurrir en menos de media centuria, mientras nuestra Constitución ha optado por hacerse conservadora, por envejecer cascarrabias, empeñándose en tener razón, en sostenerla y no enmendarla, en recrearse en viejas batallas, en “peperizarse”, con los mínimos cambios necesarios para contentar al poder y optando por hacer la vista gorda con todo aquello que de su contenido se incumple sistemáticamente por parte de ese poder (como la absoluta falta de democracia interna en los partidos), poder que la trata como el moro de la morería, con la pata quebrada y en casa, con un Tribunal Constitucional que no actúa de oficio, que no vigila, que no corrige, que no fiscaliza para nada al ejecutivo si no existe denuncia de por medio, y siempre para casos concretos, no para incumplimientos institucionalizados y ya enraizados en la sociedad.
Cuando se navega por un estrecho de aguas peligrosas, con bajos, corrientes, niebla, mareas y todo tipo de vicisitudes a considerar, es preciso aferrarse concentradamente al timón y no dar bandazos, rectificando el rumbo con antelación. Si nos aferramos a un rumbo fijo cuando por la proa van apareciendo todo tipo de obstáculos, o bien encallaremos, o nos veremos abocados a dar fuertes golpes de timón que nos llevarán a rectificar de nuevo en otro sentido, o nos llevarán a las piedras, y esto es lo que empieza a ocurrir con nuestra Constitución, por no haber corregido el rumbo a tiempo, por pensar, en una especie de reedición del Titanic, que el barco puede con todo.
Hoy, las dos comunidades tocapelotas de siempre, la catalana y la vasca, precisan de un cambio de la Constitución, pero tanto en el avance de sus intereses (referendums para conocer el parecer de sus pueblos) como en la salvaguardia de los generales (institucionalización de las decisiones de los gobiernos centrales cuando de intereses comunes se trate). A lo largo de estos años pasados, lo más canalla de la vasca ha estado matando, mientras que lo más vanidoso de la catalana ha estado mintiendo descaradamente, y ambas a unas sociedades aleccionadas, ávidas de comulgar con sus planteamientos. Tanto PP como PSOE, a lo largo de un cuarto de siglo, han ido dando cuerda a la cometa del independentismo, en beneficio de sus propios intereses. Les han consentido todo, han ido nutriendo su fascismo separatista y les han alimentado su hecho diferencial hasta putearnos a todos, e incluso hacernos pagar la cama.
Ayer, en un programa televisivo en el que se enfrentaban ante la cámara dos ex presidentes de infausto recuerdo, como son Mas y Zapatero, este último confesaba que en sus conversaciones, el “independentista” catalán vinculaba la llegada de más dinero con la oferta de menos nacionalismo, algo que ya había practicado su antecesor, el mafioso Pujol, tanto más catalanista pero formalmente español, a cambio de silenciar su constante y progresiva corrupción familiar, aunque eso si, envuelto en las cuatro barras, sin estelada (esa bandera cubanizada), que eso es de paletos y no tocaba entonces.
Los vascos, no obstante, y a eso vamos, han abandonado la muerte, vencidos por nuestras fuerzas de seguridad, sustituyéndola por la tela, más limpia y productiva.
Sabido es que en la guerra de sucesión del XVIII, mientras que catalanes apostaban por los Austrias, los vascos lo hacían por los Borbones, así cuando llega Felipe V, acaba con los Fueros catalanes y mantiene los vascos, quienes han sabido defenderlos hasta el punto de incorporarlos a nuestra Constitución, aprovechando que tanto entonces, como en el parto de la Constitución, como ahora, el Pisuerga pasa por Valladolid y nadie se atrevía, ni se atreve, a dejar en evidencia la caducidad de tales planteamientos.
Tal es así que la organización fiscal española es bien distinta para el País Vasco, como para Navarra o las islas Canarias, debido, “of course”, al hecho diferencial, evidente en Canarias y heredado en el resto, algo que para hacerlo comulgar con el mandato igualitario de la Constitución, se precisan encajes de bolillos, nunca fiscalizados.
¿Que se ha hecho entonces?. En resumidas cuentas y simplificando, en el resto de España, el gobierno central recauda y luego reparte por comunidades, para que estas ofrezcan aquellos servicios que se derivan de las competencias otorgadas en ese desmembramiento del Estado que se ha ido produciendo a lo largo de los años, en el afán descentralizador que se ha vendido como progresista. Así las cosas, en el Pais Vasco este recauda y se queda con lo recaudado para atender a los servicios que ha de proporcionar a su pueblo, mientras el Estado le pasa la cuenta de los que le da directamente, al que sumar un fondo de solidaridad para atender a los más necesitados de entre el resto de la España menor, lo que se conoce como “el cupo”.
¿Que argumentan los vascos en favor de sus planteamientos?. Nosotros no somos culpables de gestionar mejor nuestros impuestos, ya que aquí existe un sentido de lo común, de la ayuda a la comunidad y de la solidaridad, que no existe en otras regiones del país. Aquí ni existe corrupción ni defraudación de la Hacienda Pública, por ello recaudamos más para nuestros propios servicios y podemos ofrecerlos mejores y a mejor precio, primando la enseñanza, la sanidad y ciertos servicios sociales por encima de otros menos necesarios, y todo ello con un menor gasto en personal político y asimilado, al contrario de lo que ocurre, por citar un ejemplo, en Andalucía, donde existe mayor corrupción, un sentido de la solidaridad y cooperación tributaria muy discutible, una economía sumergida galopante y una defraudación que casi se tiene como virtud entre la población, de ahí las diferencias. Lo cual es cierto, pero también lo es el que se trata de dos regiones muy distintas en cuanto a su riqueza natural y que requiere de una transferencia por cooperación y solidaridad importante.
Hasta aquí no habría demasiado que objetar en el aspecto práctico, si el resultado fuese equitativo para con el resto, lo cual exigiría un estudio muy pormenorizado, profesional, técnico y serio sobre la cantidad resultante, sobre ese cupo como resultado de la aplicación de una sesuda formula que nada tuviese que ver con intereses políticos, económicos o simplemente circunstanciales. Pero la realidad es muy otra, puesto que el cupo, no sale de la aplicación de datos y planteamientos objetivos, sino de intereses políticos entre las partes, entre el gobierno vasco y el gobierno central, en función de conveniencias particulares, y en esas andamos.
Hoy el PP necesita de los votos del PNV para aprobar los presupuestos Generales del Estado para el año 2018, como tantas veces, y para ello solo ha de negociar la cantidad a pagar por los vascos en concepto de “cupo”, cantidad que se ha cifrado en unos 1.300 millones sin que exista justificación objetiva por ningún lado, y que al parece, y a juicio de expertos economistas en la materia, aplicando planteamientos objetivos, podría triplicar esa cifra, una reclamación que ha llevado a cabo Ciudadanos, pero que no ha tenido demasiado éxito, ni con vascos por razones obvias, ni con catalanes por esperanzas obvias, ni con Canarios por lo mismo, ni por parte del PSOE por prácticas habituales pretéritas, etc., y todo ello en una escalada de sinvergüencería generalizada, en la que el ciudadano, finalmente pagano de tales desatinos, nada puede hacer salvo de nuevo aflojar la tela, pagar la cama, soportar el ser apaleados y aplaudir la lluvia dorada, como situación ya conocida de su destino, pues en el Congreso, no ha quedado otra que matar al mensajero.
Curiosamente, en su afán independentista, en materia fiscal, catalanes y vascos han actuado con distintas estrategias, pues mientras los vascos han reclamado sus fueros, Pujol, en su momento, rechazó recaudar sus impuestos y como contrapartida pagar un cupo, pues si era él quien recaudaba, se quedaba sin el argumento estrella de sus reivindicaciones, “España nos roba”.

Recaude el Estado, o recauden las Comunidades Autónomas, la justicia equitativa siempre dependerá del establecimiento de un cupo objetivo, como resultante de formulas de compensación pormenorizadamente estudiadas, a efectos de no perjudicar a nadie. Un ejemplo que pudiera por algunos considerarse como demagógico, pero muy ilustrativo, podría ser el siguiente: Si los expertos sostienen que la negociación actual del cupo vasco esta infravalorada con los 1.300 millones que se le piden, cuando debería ser una cantidad cercana a los 5.000, es evidente que a los Presupuestos Generales del Estado hay que restarle unos 3.700 millones sobre lo que correspondería recaudar en beneficio de todos y poder repartir en otras atenciones. De este dinero, una parte proporcional es la que corresponde prescindir en cuanto a infraestructuras ferroviarias. A Porriño, se le ha comunicado que su sempiterna reclamación en cuanto a suprimir el paso a nivel del tren en el centro de la ciudad, deberá seguir esperando por falta de presupuesto, de manera que nuestro Porriño habrá de seguir unos cuantos años más mostrando su aspecto tercermundista en esta materia, con el riesgo que, además ello comporta para su población, y todo en aras de que el gobierno pueda ser apoyado por el PNV en cuanto a la aprobación de los presupuestos, factura que, entre otros, le corresponde en este caso pagar a Porriño.
Si, es mucho lo que hay que cambiar en esta Constitución, una Constitución que nos sirvió en su momento para dar los primeros pasos, pero que en su aplicación interesada por parte de las mafias de los partidos, nos ha ido alejando de la democracia, de la honestidad en nuestros representantes, y de la dignidad de un pueblo que ha pasado de exigir cambios en una sociedad que venía de una larga dictadura, para ir acomodándose en la molicie de una corrupción consentida, a golpe de un inmovilismo vergonzante.
Esto no se trata de un hecho diferencial, lo cual no pasa de ser una solemne majadería, ya que todos somos diferentes, de lo que aquí se trata en realidad es de considerarse mejores, no solo diferentes, y por ello debiendo prescindir de “los otros”, lo que se traduce en el “lecho” diferencial, en esa cama donde yacer cómodamente a costa de los demás, y todo ello con la ayuda y la defensa de tamaño latrocinio, por parte del Ministro de Hacienda, quien precisamente debería velar porque la igualdad en el trato que pregona nuestra Constitución se cumpliese, algo que cuando no interesa es papel mojado, pues el Tribunal Constitucional, ni está ni se le espera en esta fiesta, aunque con ello se vulneren multitud de artículos de nuestra sacrosanta ley de leyes.
“Mexan por nos, e hai que dicir que chove”… !Manda carallo!

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El lecho diferencial

Hemos vuelto a la constante histórica de transformar el hecho diferencial en el “lecho“ diferencial, que viene a ser algo parecido a aquello de “ser puta y pagar la cama” o “cornudo y apaleado”, que en materia tributaria se aplica a que los más pobres acaben compensando a los más ricos, porque al poder les interesa tenerlos de su lado, y para eso el que calla y otorga es carne de cañón, algo que los gallegos resumimos con “ainda por riba” o “mexan por nos e hai que dicir que chove”, “e o que hai”… !manda carallo!, pues finalmente, como viene siendo habitual, acaba siendo el Capo quien decide el cupo. Caciquismo en estado puro.
Las Constituciones son como nosotros, nacen inexpertas, se van desarrollando, se asientan, pero llega un momento en el que, cuando aparecen circunstancias cambiantes, cuando la sociedad evoluciona y es preciso responder con planteamientos actuales, solo caben dos posturas, la progresista o la conservadora, la que piensa que es preciso reformarla, para que siga viva y se adapte a una resolución más justa a aplicar a los nuevos planteamientos de una sociedad que evoluciona, o la que cree que hay que acastillarse en su texto y resolverlo todo según su literal contenido, pues es la sociedad la que no debe desviarse de sus planteamientos. La ciencia y las religiones, “cuspidiño”.
Nuestra Constitución pronto cumplirá 40 años. Aunque siempre se ha dicho que no se debe legislar en caliente, nuestra ley de leyes fue redactada en plena ebullición de la sociedad postfranquista, en un momento en el que todo eran urgencias, deudas históricas, reivindicaciones territoriales, idiomáticas, crisis de sistemas de gobierno, ambiciones sin límite, derechos universales y todo tipo de demandas invernadas otros 40 años. El resultado fue hasta cierto punto ejemplar, debido a la calidad personal de sus llamados padres de la Constitución (hoy si por ello fuera podría ser un desastre), considerando la enorme multitud de exigencias a contentar, pero a día de hoy con un desfase francamente preocupante y generador de ridículos y caducos planteamientos.
Desde entonces a esta parte, a España no hay quien la reconozca, pues los cambios de todo tipo han sido brutales para ocurrir en menos de media centuria, mientras nuestra Constitución ha optado por hacerse conservadora, por envejecer cascarrabias, empeñándose en tener razón, en sostenerla y no enmendarla, en recrearse en viejas batallas, en “peperizarse”, con los mínimos cambios necesarios para contentar al poder y optando por hacer la vista gorda con todo aquello que de su contenido se incumple sistemáticamente por parte de ese poder (como la absoluta falta de democracia interna en los partidos), poder que la trata como el moro de la morería, con la pata quebrada y en casa, con un Tribunal Constitucional que no actúa de oficio, que no vigila, que no corrige, que no fiscaliza para nada al ejecutivo si no existe denuncia de por medio, y siempre para casos concretos, no para incumplimientos institucionalizados y ya enraizados en la sociedad.
Cuando se navega por un estrecho de aguas peligrosas, con bajos, corrientes, niebla, mareas y todo tipo de vicisitudes a considerar, es preciso aferrarse concentradamente al timón y no dar bandazos, rectificando el rumbo con antelación. Si nos aferramos a un rumbo fijo cuando por la proa van apareciendo todo tipo de obstáculos, o bien encallaremos, o nos veremos abocados a dar fuertes golpes de timón que nos llevarán a rectificar de nuevo en otro sentido, o nos llevarán a las piedras, y esto es lo que empieza a ocurrir con nuestra Constitución, por no haber corregido el rumbo a tiempo, por pensar, en una especie de reedición del Titanic, que el barco puede con todo.
Hoy, las dos comunidades tocapelotas de siempre, la catalana y la vasca, precisan de un cambio de la Constitución, pero tanto en el avance de sus intereses (referendums para conocer el parecer de sus pueblos) como en la salvaguardia de los generales (institucionalización de las decisiones de los gobiernos centrales cuando de intereses comunes se trate). A lo largo de estos años pasados, lo más canalla de la vasca ha estado matando, mientras que lo más vanidoso de la catalana ha estado mintiendo descaradamente, y ambas a unas sociedades aleccionadas, ávidas de comulgar con sus planteamientos. Tanto PP como PSOE, a lo largo de un cuarto de siglo, han ido dando cuerda a la cometa del independentismo, en beneficio de sus propios intereses. Les han consentido todo, han ido nutriendo su fascismo separatista y les han alimentado su hecho diferencial hasta putearnos a todos, e incluso hacernos pagar la cama.
Ayer, en un programa televisivo en el que se enfrentaban ante la cámara dos ex presidentes de infausto recuerdo, como son Mas y Zapatero, este último confesaba que en sus conversaciones, el “independentista” catalán vinculaba la llegada de más dinero con la oferta de menos nacionalismo, algo que ya había practicado su antecesor, el mafioso Pujol, tanto más catalanista pero formalmente español, a cambio de silenciar su constante y progresiva corrupción familiar, aunque eso si, envuelto en las cuatro barras, sin estelada (esa bandera cubanizada), que eso es de paletos y no tocaba entonces.
Los vascos, no obstante, y a eso vamos, han abandonado la muerte, vencidos por nuestras fuerzas de seguridad, sustituyéndola por la tela, más limpia y productiva.
Sabido es que en la guerra de sucesión del XVIII, mientras que catalanes apostaban por los Austrias, los vascos lo hacían por los Borbones, así cuando llega Felipe V, acaba con los Fueros catalanes y mantiene los vascos, quienes han sabido defenderlos hasta el punto de incorporarlos a nuestra Constitución, aprovechando que tanto entonces, como en el parto de la Constitución, como ahora, el Pisuerga pasa por Valladolid y nadie se atrevía, ni se atreve, a dejar en evidencia la caducidad de tales planteamientos.
Tal es así que la organización fiscal española es bien distinta para el País Vasco, como para Navarra o las islas Canarias, debido, “of course”, al hecho diferencial, evidente en Canarias y heredado en el resto, algo que para hacerlo comulgar con el mandato igualitario de la Constitución, se precisan encajes de bolillos, nunca fiscalizados.
¿Que se ha hecho entonces?. En resumidas cuentas y simplificando, en el resto de España, el gobierno central recauda y luego reparte por comunidades, para que estas ofrezcan aquellos servicios que se derivan de las competencias otorgadas en ese desmembramiento del Estado que se ha ido produciendo a lo largo de los años, en el afán descentralizador que se ha vendido como progresista. Así las cosas, en el Pais Vasco este recauda y se queda con lo recaudado para atender a los servicios que ha de proporcionar a su pueblo, mientras el Estado le pasa la cuenta de los que le da directamente, al que sumar un fondo de solidaridad para atender a los más necesitados de entre el resto de la España menor, lo que se conoce como “el cupo”.
¿Que argumentan los vascos en favor de sus planteamientos?. Nosotros no somos culpables de gestionar mejor nuestros impuestos, ya que aquí existe un sentido de lo común, de la ayuda a la comunidad y de la solidaridad, que no existe en otras regiones del país. Aquí ni existe corrupción ni defraudación de la Hacienda Pública, por ello recaudamos más para nuestros propios servicios y podemos ofrecerlos mejores y a mejor precio, primando la enseñanza, la sanidad y ciertos servicios sociales por encima de otros menos necesarios, y todo ello con un menor gasto en personal político y asimilado, al contrario de lo que ocurre, por citar un ejemplo, en Andalucía, donde existe mayor corrupción, un sentido de la solidaridad y cooperación tributaria muy discutible, una economía sumergida galopante y una defraudación que casi se tiene como virtud entre la población, de ahí las diferencias. Lo cual es cierto, pero también lo es el que se trata de dos regiones muy distintas en cuanto a su riqueza natural y que requiere de una transferencia por cooperación y solidaridad importante.
Hasta aquí no habría demasiado que objetar en el aspecto práctico, si el resultado fuese equitativo para con el resto, lo cual exigiría un estudio muy pormenorizado, profesional, técnico y serio sobre la cantidad resultante, sobre ese cupo como resultado de la aplicación de una sesuda formula que nada tuviese que ver con intereses políticos, económicos o simplemente circunstanciales. Pero la realidad es muy otra, puesto que el cupo, no sale de la aplicación de datos y planteamientos objetivos, sino de intereses políticos entre las partes, entre el gobierno vasco y el gobierno central, en función de conveniencias particulares, y en esas andamos.
Hoy el PP necesita de los votos del PNV para aprobar los presupuestos Generales del Estado para el año 2018, como tantas veces, y para ello solo ha de negociar la cantidad a pagar por los vascos en concepto de “cupo”, cantidad que se ha cifrado en unos 1.300 millones sin que exista justificación objetiva por ningún lado, y que al parece, y a juicio de expertos economistas en la materia, aplicando planteamientos objetivos, podría triplicar esa cifra, una reclamación que ha llevado a cabo Ciudadanos, pero que no ha tenido demasiado éxito, ni con vascos por razones obvias, ni con catalanes por esperanzas obvias, ni con Canarios por lo mismo, ni por parte del PSOE por prácticas habituales pretéritas, etc., y todo ello en una escalada de sinvergüencería generalizada, en la que el ciudadano, finalmente pagano de tales desatinos, nada puede hacer salvo de nuevo aflojar la tela, pagar la cama, soportar el ser apaleados y aplaudir la lluvia dorada, como situación ya conocida de su destino, pues en el Congreso, no ha quedado otra que matar al mensajero.
Curiosamente, en su afán independentista, en materia fiscal, catalanes y vascos han actuado con distintas estrategias, pues mientras los vascos han reclamado sus fueros, Pujol, en su momento, rechazó recaudar sus impuestos y como contrapartida pagar un cupo, pues si era él quien recaudaba, se quedaba sin el argumento estrella de sus reivindicaciones, “España nos roba”.

Recaude el Estado, o recauden las Comunidades Autónomas, la justicia equitativa siempre dependerá del establecimiento de un cupo objetivo, como resultante de formulas de compensación pormenorizadamente estudiadas, a efectos de no perjudicar a nadie. Un ejemplo que pudiera por algunos considerarse como demagógico, pero muy ilustrativo, podría ser el siguiente: Si los expertos sostienen que la negociación actual del cupo vasco esta infravalorada con los 1.300 millones que se le piden, cuando debería ser una cantidad cercana a los 5.000, es evidente que a los Presupuestos Generales del Estado hay que restarle unos 3.700 millones sobre lo que correspondería recaudar en beneficio de todos y poder repartir en otras atenciones. De este dinero, una parte proporcional es la que corresponde prescindir en cuanto a infraestructuras ferroviarias. A Porriño, se le ha comunicado que su sempiterna reclamación en cuanto a suprimir el paso a nivel del tren en el centro de la ciudad, deberá seguir esperando por falta de presupuesto, de manera que nuestro Porriño habrá de seguir unos cuantos años más mostrando su aspecto tercermundista en esta materia, con el riesgo que, además ello comporta para su población, y todo en aras de que el gobierno pueda ser apoyado por el PNV en cuanto a la aprobación de los presupuestos, factura que, entre otros, le corresponde en este caso pagar a Porriño.
Si, es mucho lo que hay que cambiar en esta Constitución, una Constitución que nos sirvió en su momento para dar los primeros pasos, pero que en su aplicación interesada por parte de las mafias de los partidos, nos ha ido alejando de la democracia, de la honestidad en nuestros representantes, y de la dignidad de un pueblo que ha pasado de exigir cambios en una sociedad que venía de una larga dictadura, para ir acomodándose en la molicie de una corrupción consentida, a golpe de un inmovilismo vergonzante.
Esto no se trata de un hecho diferencial, lo cual no pasa de ser una solemne majadería, ya que todos somos diferentes, de lo que aquí se trata en realidad es de considerarse mejores, no solo diferentes, y por ello debiendo prescindir de “los otros”, lo que se traduce en el “lecho” diferencial, en esa cama donde yacer cómodamente a costa de los demás, y todo ello con la ayuda y la defensa de tamaño latrocinio, por parte del Ministro de Hacienda, quien precisamente debería velar porque la igualdad en el trato que pregona nuestra Constitución se cumpliese, algo que cuando no interesa es papel mojado, pues el Tribunal Constitucional, ni está ni se le espera en esta fiesta, aunque con ello se vulneren multitud de artículos de nuestra sacrosanta ley de leyes.
“Mexan por nos, e hai que dicir que chove”… !Manda carallo!

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