Tal como era, la mentira por bandera

 

Dicen que aquellos que olvidan o ignoran la historia están condenados a repetirla, una máxima comprobada hasta la saciedad, recurrente y sumamente ilustrativa de la estupidez humana, que no deja de estar presente, generación tras generación.
Hoy confieso estar viviendo los mejores años de mi vida, los de la jubilación, un estado de jubilo permanente si se administra adecuadamente, dando rienda suelta a todas aquellas actividades que te compensan anímicamente, aunque no solo no te lleven a ingresar ni un euro, sino que incluso te cuesten una parte de tu nunca bien valorada pensión a la que ajustarse (bendita pensión), ocupando la práctica totalidad de tu tiempo entre la familia, la lectura, la escritura, los amigos, la navegación, el golf con sus torneos, conferencias, tertulias, la junta del Monterreal, algunas series de televisión, la peña gastronómica, algunos viajes, etc.
Es cierto, por otra parte, que el acierto consiste en vivir intensamente el presente, olvidándote en lo posible de asignar demasiado protagonismo al futuro y menos al pasado, del que conviene extraer experiencias pero nunca magnificar ni apoyarte exclusivamente en su pérdida o en los recuerdos (el enemigo), algo que, sin embargo, hoy no he podido evitar al leer el último ejemplar de la revista digital que aun mantiene la Asociación de Promotores Inmobiliarios de la provincia de Pontevedra (Aproin), entidad de la que fui fundador (1993), gerente y director de su revista hasta el fin de mi actividad laboral, desde el nº1, allá por junio de 1999, hasta el número 72, en marzo de 2012, cuando aun se editaba en papel (bimensual), con una media de 60 páginas por ejemplar, donde el 25% era publicidad (hoy impensable) y el resto artículos de actualidad de lo más variado, sobre materias todas ellas relacionadas con la promoción, la construcción, la arquitectura, y en general todo aquello que pudiera ser de interés para el sector, con las mejores firmas, etc.
La lectura de un par de artículos de esta nueva entrega, que comentaré, me llevó a desempolvar un ejemplar del nº 1 de dicha revista, la única publicación, por otra parte, que es obligatorio leer si alguien quiere documentarse fielmente sobre la historia reciente de nuestros últimos cuatro lustros en materia de urbanismo en la ciudad de Vigo, a la que prácticamente dedicaba la revista sus mensajes.
El repaso de esa primera toma de contacto de nuestra revista con la sociedad, no puede ser más ilustrativa del atraso del urbanismo vigués, de su sempiterno inmovilismo y de sus permanentes fracasos, auspiciados por una política urbanística ajena totalmente a las necesidades reales de la ciudad, castrante, provinciana y propiciatoria de las más absolutas frustraciones que, como enunciaba al principio, han conducido, y lo seguirán haciendo, a repetir la permanente historia de fracasos, iniciados principalmente para la ciudad hacia finales de los años 70, y que no han hecho otra cosa que ir incrementándose, si cabe, desde entonces.
Ya en su primera editorial se mencionaba algo absolutamente vigente tras 18 años de pérdida de todos los trenes en la materia:
“El trato con las entidades, organismos, empresas, etc., con las que APROIN debe relacionarse a diario para el cumplimiento de sus objetivos, supone una labor de relación y entendimiento que, hasta la fecha, ha sido altamente satisfactoria, con muy contadas excepciones.
Desgraciadamente, entre esas contadas excepciones cobra especial protagonismo un sector del Ayuntamiento de Vigo, que nos afecta directamente: Urbanismo. En los últimos años, los intentos de APROIN por hacer llegar a sus máximos responsables su preocupación por el sector inmobiliario de la ciudad, por el entendimiento mutuo, por la colaboración, etc., se ha estrellado siempre contra un muro de incomprensión, de ignorancia, de falta de gestión, de desidia, y lo que ha sido peor en los últimos tiempos, de agravios comparativos inasumibles para esta Asociación.
Manifiestas arbitrariedades, injusticias constantes, evidentes diferencias de trato, negativa a modificar una normativa inadecuada y reiteradas vulneraciones de la legalidad, han llevado a nuestros promotores a tener que emigrar en un momento en el que la economía del país aconseja todo lo contrario.
APROIN, que desearía que su actividad transcurriera en el mayor estado de armonía, y que hará siempre y en todo lugar lo posible por conseguirlo, no puede permanecer inactiva ante toda esta serie de agravios hacia sus asociados y hacia todo el sector en general.
Desde aquí, y ante unas inminentes elecciones al municipio, pedimos encarecidamente a los candidatos y partidos políticos que los sustentan, que hagan del dialogo fluido, al que estamos abiertos siempre, el estado normal de las relaciones con un sector de tanta importancia para Vigo, que mueve, ni más ni menos, que alrededor de un 10% de su economía”.
Se incluía al inicio de la revista una entrevista con su presidente, Félix Piñón Ríos, cuyo titular, al que seguían destacados de ese porte, era el siguiente: “En este mandato municipal no se ha desarrollado ni un solo metro cuadrado nuevo de suelo”
Más adelante se incluían las propuestas que los distintos candidatos a las elecciones municipales habían elaborado en materia de urbanismo y vivienda, todas ellas “maravillosas” (a su parecer) y de las que, pasados 18 años, ninguna se ha llevado a cabo, siendo los candidatos los siguientes: Juan Corral (PP), Carlos González Príncipe (PSOE), Lois Pérez Castrillo (BNG), Manuel Soto Ferreiro (Progresistas Vigueses) y Agustín Arca (Unión Galega).
Páginas más adelante contestaban a un cuestionario elaborado por APROIN sobre sus respuestas a las principales necesidades de la ciudad, con una última pregunta que rezaba así: “Diga tres necesidades prioritarias para Vigo en materia de Urbanismo”, con curiosas y pintorescas respuestas de igual resultado para el futuro de la ciudad, que no me resigno a no trasladar a este artículo, por pobres algunas, obviedades otras, faltas de conocimiento en la materia las más, y fantasiosas las de quien pudo y no actuó, olvidándose de que en política no importa, o no es creíble, tanto el “que” como el “como”, algo que casi nunca concreta nadie. Veamos:
*Juan Corral: “Suelo industrial. Espacios verdes y equipamientos de ocio. Viviendas de protección pública.”
*Carlos González Príncipe: “Llevar transparencia a la gestión del urbanismo vigués. Crear una empresa pública de creación de suelo residencial. Establecer un Plan General consensuado con toda la ciudad.”
*Lois Pérez Castrillo: “Agilidad en la gestión, transparencia y perspectiva estratégica. Sabemos hacia donde hay que desarrollar la ciudad. Que las iniciativas de hoy no sean dificultades de mañana”
*Manuel Soto Ferreiro: “Existen dos proyectos de talla universal ahora mismo en Vigo: El multiusos de Ricardo Bofill, diseñado y pagado en mi Corporación, y las obras del museo del Mar del Sr. Rossi, que están como las dejé cuando abandoné la alcaldía. Además de eso hay que hacer otros seis proyectos de relevancia: La Casa del Mar, el de la Plaza España, 4.000 viviendas con diseño de calidad, el de la Estación de transferencia de Mercancías y el del aparcamiento disuasorio de la Av. de Madrid. Además toda la plaza de la estación tiene que sufrir una modificación radical, donde irían, entre otras cosas, la estación de autobuses, la estación de mercancías, un aparcamiento disuasorio y un nuevo enlace con la autopista. Estos 8 proyectos serían diseñados por arquitectos y creadores de la importancia de Norman Foster, Philip Johnson, Rafael Moneo, Santiago Calatrava, Frank Gehry, Isozaki, Alvaro Siza o Ming Pei, lo que conformaría, sin duda, un hito arquitectónico. Cumple construir dos lineas de monoviga, una desde la universidad pasando por la estación de transferencia de mercancías, en la zona de Cabral; el aparcamiento disuasorio en la frontera entre Cabral y Bembrive, seguiría por la Av. de Madrid y entraría de manera subterránea por Vázquez Varela hasta llegar a la plaza de la estación de Renfe. La otra linea de monoviga iría desde las playas, por todo el bulevar de Coia y el bulevar central de la Gran Vía, hasta la plaza de la estación de Renfe. La tercera necesidad prioritaria es programar y realizar suelo industrial, de forma que cuando llegue una industria disponga inmediatamente de terreno.
*Agustín Arca: Efectuar una metódica revisión del Plan General, utilizando un amplio equipo técnico tomado por profesionales que conozcan muy bien Vigo, sus necesidades y singularidades. Organizar muy bien la gerencia de urbanismo, convirtiéndola en una propulsora del desarrollo urbanístico. Efectuar el estudio de un completo Plan Municipal Viario de todo el Concello.
Curiosamente la propuesta de Soto, quien también ganó elecciones y repitió en la alcaldía, se parece enormemente a las fantasías del alcalde actual, ambas sin concretar nunca el “como”, lo que lleva implícita la financiación, con un final en Soto de no conseguir ni un solo concejal en esas elecciones, algo que para la ciudad supondría aprender de los errores de ocurrir con Caballero en las próximas elecciones municipales, lo que no es demasiado previsible, dada la constante en los vigueses de no tomar demasiada nota de sus errores y rectificar en consecuencia.
Pasados 18 años, no solo prácticamente nada de todo esto se ha llevado a cabo, ni siquiera ni una sola de las promesas visionarias, al estilo Soto, del actual alcalde, sino que la única novedad consiste en las “humanizaciones” iniciadas por la anterior alcaldesa y continuadas por la actual corporación, trasladando para ello toda una serie de aparcamientos suprimidos en las calles, al parque del Castro, hoy depositario de una enorme maraña de vehículos procedentes de la diaria fuerza laboral de toda el Area metropolitana, que no han encontrado más solución que masacrar el único parque importante en el centro de la ciudad (el vigués suele no pisar el Castro y por tanto ni enterarse), aunque eso si, la ciudad se ha llenado de horteradas en todas las rotondas y como culminación de la obra, Vigo dispone hoy de una familia de dinosetos que para si la quisieran las mayores capitales del mundo…
Otros artículos de la revista trataban sobre eternos proyectos como “Plaza de España: prisas, discriminación e ilegalidad”, “Avenida de Madrid: Un tapón permanente para el tráfico”, “Finca do Conde: Un trato desigual”, “Ley del Suelo de Galicia: ¿Una traba para el desarrollo de la ciudad”, etc.
Hoy Vigo sigue sin Plan General, tumbado por la Justicia, sin esperanzas de resolver ni siquiera a medio plazo, gracias a la absoluta incompetencia de su alcalde, de su concejala de urbanismo de entonces, hoy presidenta de la Diputación y de la Conselleira de Ordenación del Territorio, hoy su concejala de urbanismo, todos empeñados en una absurda aprobación exclusivamente motivada por intereses electorales. Ninguno de los proyectos esperados en la ciudad y apuntados entonces, se ha resuelto ni parece que vaya a resolverse, como tampoco ninguno de los nuevos frentes abiertos tienen visos serios de llegar a resolverse, y ahí es donde conviene entrar en los dos artículos citados al principio, en los que se puede comprobar, de nuevo, que ignorar la historia solo sirve para volver a caer en los mismos errores, en este caso de creer a nuestros políticos cuando solo la fantasía, el oportunismo, la mentira y la más absoluta ignorancia, presiden todas y cada una de sus promesas, de nuevo creídas en gran parte, por un pueblo que cada vez deja más que desear.
Empezaré por un artículo de Verónica González titulado “el efecto púlsar” en el que la articulista no se explica como a tres proyectos a desarrollar en la ciudad, no se le saque un mayor rendimiento, ni se le busquen mejores causas.
Uno de ellos es la nueva sede del Real Club Celta, una obra privada sobre la que ningún mérito hay que buscarle al propio ayuntamiento, más allá de consentir una fachada que sobrepasa sobradamente tanto la altura como los voladizos permitidos en la calle del Príncipe.
Trata además en su artículo, sobre el Auditorio y Palacio de Congresos, olvidándose de que si no se le saca el rendimiento esperado, es porque en nada se parece el resultado final, propiciado por el actual alcalde, ávido de concluir la obra de la forma que fuera, a costa de lo que fuera, en busca de un resultado electoral, habiendo masacrado para ello la idea de la consecución del rendimiento al que alude la articulista. No nos olvidemos que el Auditorio y Palacio de Congresos, formaba parte de un proyecto de acercamiento del centro de la ciudad a uno de sus sectores más pujantes, Bouzas-Traviesas, cubriendo una especie de tierra de nadie que habría de ser tratada urbanísticamente como una continuación del centro, no solo con la construcción del Palacio, con mayores servicios, usos y utilidades que el actual, donde incluso se incluía un importante centro comercial de llamada, con importante aparcamiento, aparte del hotel al que, las frustradas expectativas han conducido al fracaso, completado por una conducción subterránea del tráfico entre el Berbés y la calle Coruña, con una peatonalización superior, el traslado de las naves existentes a la proyectada ciudad del frío, para convertir la zona en una importante área residencial de cornisa marítima, etc. lo que sin duda hubiera modificado de forma importante una parte fundamental de la ciudad, perdida en su oportunidad exclusivamente debido a la ambición de quien más debería haber velado por la consecución adecuada del proyecto, algo impensable en el personaje.
Otro de los proyectos que señala es el conocido como de la Panificadora, tema fundamental del otro artículo que comentar, “La Panificadora: un nuevo aprovechamiento ciudadano” de José Salgado y César López, arquitectos ganadores de un concurso de ideas, creado al efecto de buscar salida a la conservación de la antigua fabrica de pan.
Como sobre el particular, en cuanto a la conservación de la fabrica, ya he manifestado mi postura sucesivas veces, no voy a incidir de nuevo en cuanto a la folclórica sobrevaloración del asunto, sino en la mentira, de nuevo (y van…), que todo el proceso comporta.
La Panificadora, no es una propiedad pública, sino una propiedad privada, calificada para vivienda colectiva, con un convenio ya muy antiguo y reformado sucesivas veces entre el propio ayuntamiento y sus propietarios, por lo que cualquier actuación que allí haya de hacerse por parte del ayuntamiento, por mucha rentabilidad que demagógicamente pretenda el actual alcalde, ha de pasar por una larga negociación entre el propio ayuntamiento y la propiedad, o bien por un proceso de expropiación que habrá de resolver el jurado de expropiación, posibilidades ambas que pueden durar años en su consecución, así como su futura recalificación en el planeamiento, para los usos que se decidan.
En el supuesto de llegar a un acuerdo, o bien llevarse a cabo la expropiación, el ayuntamiento no dispone, al menos en su presupuesto aprobado, de consignación alguna para la compra en cuestión. De nuevo vuelve a fallar el “como”.
Finalmente y en el caso de que milagrosamente apareciera consignación para la compra de los terrenos y sus edificaciones, al no haber rendimiento alguno privado, todo el presupuesto a considerar para llevar a cabo las obras de que se trate, deberían salir de la propia administración, lo que no parece plato a servir ni por parte de la administración central, ni autonómica, ni provincial, y menos municipal, en un ayuntamiento que, no solo no paga absolutamente nada en cuanto a nuevas dotaciones para la ciudad, sino que incumple sistemáticamente todos los compromisos adquiridos con otras administraciones en cuanto a pagos a efectuar.
Ya en el capitulo de usos, ninguno de los propuestos parece ni perentoriamente necesario para la inversión a considerar, ni factible para su financiación por entidad privada alguna, pues lo de la biblioteca nacional, pagada por el Estado, hoy que ya casi todo es digital y que la juventud lee menos que Rajoy, parece hoy en día más una coña marinera, que cualquier propuesta medianamente seria.
La Panificadora, como tantas otras cosas en una ciudad en la que se les cierra la puerta a la iniciativa privada y a que estas inversiones se rentabilicen, es otra de las innumerables posibilidades perdidas y condenadas al más absoluto fracaso, un solar en el centro de la ciudad en el que la demagogia, lo políticamente correcto, el folclore y la más absoluta estupidez, acabaran condenando a la más lamentable ruina, al igual que al Barrio del Cura, Orillamar, y tantas otras zonas de la ciudad condenadas al ostracismo por obra y gracia de un alcalde que, al igual que el perro del hortelano, ni come ni deja comer, pero eso si, alimenta como nadie el localismo provinciano de un pueblo crédulo aunque lo engañen permanentemente, que pone más en valor bobadas como lo del dinoseto, la jarana, las horteradas o el celebrar la “reconquista”, donde se le cerró el paso a la Ilustración en beneficio del rey más canalla de toda la monarquía histórica española y su modelo de pais de ausencia de libertades, sotana y tente tieso, que lo verdaderamente determinante para el progreso de la ciudad.

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Real Club “Cerca” de Vigo

 

Veamos. Datos objetivos: El Real Club Celta de Vigo, a través de su presidente Carlos Mouriño, lleva más de ocho años solicitando del alcalde de Vigo, Abel Caballero, que le deje acometer en la ciudad su proyecto de ciudad deportiva, en las condiciones que su Junta Directiva considera para poder contar con uno de los clubes mas potentes de España y competitivo a nivel internacional, para lo que necesita construir nuevas instalaciones y adquirir el estadio en propiedad, sin que ello le cueste nada a la ciudad, sino todo lo contrario. En este largo periodo de tiempo, ha presentado varios proyectos, siendo rechazados algunos y sin obtener respuesta otros. En su lugar, el alcalde le ofrece renovar la concesión y lavar la cara del actual estadio, no en función de las necesidades del Celta, sino a su propio gusto, sin entrar para nada en el proyecto de ciudad deportiva, pues a su juicio el estadio, donde solo juega el Celta, es patrimonio de la ciudad, no se vende, y el coste de las reformas lo asumirán los vigueses. Ante esa negativa final, y en el ánimo de no cejar en su proyecto para el Celta, el presidente responde que en esas condiciones buscará emplazamiento para su proyecto en un ayuntamiento limítrofe, donde no encuentre impedimentos.
Este es un claro ejemplo de la conocida fábula del perro del hortelano, que ni come ni deja comer, de mala administración y de una ignorancia absoluta en materia deportiva, aunque aquí se den matices mucho más canallas que en cualquier fábula que podamos considerar.
Quizá para mejor entender el asunto, debamos definir alguna característica propia de la ciudad y a los cuatro elementos que concurren en esta trama, a saber: El Celta de Vigo, Mouriño (presidente del Celta), Caballero (alcalde de Vigo) y el pueblo vigués.
Antes de nada, y para centrarnos, hay que considerar que Vigo es la ciudad más poblada de Galicia (cerca de 300.000 habitantes), que cuatriplica la población de Pontevedra, la capital de la provincia, lo que constituye la única excepción en España con estas diferencias.
Siendo así, Vigo dispone de un peso industrial mayor que su capital, con mayor protagonismo administrativo, donde este reside fundamentalmente en las dos principales instituciones, su Ayuntamiento y la Diputación.
Ya centrándonos en la ciudad, exponer que tradicionalmente en Vigo siempre han existido cuatro entidades que han sido los pilares en los que el vigués siempre se ha apoyado a la hora de definir su identidad: Celta, Caja de Ahorros, Faro de Vigo y Cristo de la Victoria. La caja, otrora todopoderosa y hoy con todos sus ex dirigentes en la cárcel, ya no existe, pues ha sido saqueada y entregada a un venezolano que la explota como banco (Abanca), sin que nada de su inmenso patrimonio haya revertido en la ciudad, ni su alcalde haya movido un dedo para reclamar nada, ni siquiera de su patrimonio pictórico, del que poco se sabe, o edilicio (el cine Fraga, abandonado, etc.), todo ello con los vigueses en la inopia.
El Faro de Vigo hace ya muchos años que perdió su imparcialidad, estando actualmente sometido escandalosamente a la voluntad del alcalde, un periódico propiedad de un grupo que nada tiene que ver con Vigo, vinculado al partido socialista, con su rotativa ubicada en una pequeña parcela en el municipio limítrofe de Redondela, con su acceso principal en medio de una curva en la carretera, deslocalización para la que no se tuvo reparo alguno cuando había suelo suficiente y abundante en la ciudad, aunque más caro, eso si, sin que nadie osara a llevar a cabo crítica alguna. ¿Quien iba a hacerlo? ¿el propio periodico?. No obstante, ahora parecen rasgarse las vestiduras ante el anuncio del Celta de querer hacer lo que ellos hicieron en su día, pero con mucho más sentido.
Mientras, el Cristo de la Victoria, como los reyes magos y todo lo que de manifestaciones populares festivas se trate, sigue desfilando de la mano de Caballero (antiguo miembro del partido comunista), quien encabeza cualquier procesión.
La única entidad no sometida, libre (de momento) y querida de todos, en esta desenfrenada carrera por el poder absoluto, por la implantación de una férrea dictadura en la que nada escape al control del dictador, es nuestro equipo de fútbol, el Celta de Vigo.
Por el contrario en Pontevedra, el alcalde de Vigo controla perfectamente los resortes del poder al sostener con el voto de su partido (que controla) al alcalde del BNG, mientras que la Diputación está absolutamente en sus manos a través de su sucursal-lapa, la omnipresente Carmela Silva.
Pero, en resumidas cuentas, ¿quien es el Celta de Vigo?.
El Celta fue fundado en 1923 como resultado de la fusión de dos club vigueses, concretamente el Vigo Sporting y el Real Fortuna, clubes resultantes de anteriores fusiones de equipos con orígenes ingleses, debido a la presencia en Vigo del famoso Cable inglés, todo ello en las mismas fechas en las que se fundaba el primer club de fútbol de España, el recreativo de Huelva, al tiempo que el Barcelona fundado por un suizo, o el Madrid fundado por un catalán, por lo que los inicios futbolísticos de la ciudad se remontan a los orígenes de este deporte en España.
Debutó el Celta en la primera división del fútbol español en 1939, habiendo militado desde entonces 51 temporadas en la división de honor, ocupando actualmente el 12º puesto en la clasificación histórica de la liga, siendo 3 veces subcampeón de la Copa. Curiosamente el equipo a batir para subir un puesto, resulta ser el deportivo de La Coruña, que aun con menos temporadas (45) suma 34 puntos más al cierre de la temporada anterior.
En el ámbito internacional, el Celta siempre ha hecho un digno papel, pues de las competiciones oficiales en las que ha disputado, ha ganado la Copa Intertoto de 2000, jugado 8 veces la Copa de la UEFA y 1 vez la Liga de Campeones, con un total de 77 participaciones, con 37 partidos ganados, 18 empatados y 22 perdidos, con un total de 124 goles a favor y 76 en contra, lo que supone un balance altamente positivo.
Actualmente no dispone de estadio propio, pero si de 22.500 abonados y un número de accionistas cercano a los 15.000, siendo su máximo accionista el vigués Carlos Mouriño, su presidente desde 2006, fecha en la que se hizo cargo del Club, con una deuda descomunal, al borde de la desaparición como club (llegó a poner 7 millones de euros de su bolsillo), con un descenso a 2ª división donde habría de militar durante 5 años hasta volver a la división de honor, para pasar a ser el 17º clasificado en el primer año del regreso, al 9º el siguiente año, el 8º después, y el 6º en la última liga, clasificándose de nuevo para la UEFA League, donde ya disputa los cuartos de final, y habiendo conseguido ser semifinalista en la Copa del Rey tras eliminar al Real Madrid, y todo ello habiéndose recuperado económicamente hasta convertirse en uno de los clubes más solventes del panorama nacional, con una labor de potenciación de la cantera, del fútbol base y del deporte en general, absolutamente espectacular. Tal es así que sus equipos inferiores ocupan la primera posición de las ligas que disputan con los siguientes equipos: Celta B (2ª divisónB), División de Honor juvenil, Juvenil B, Cadete A, Cadete B, Infantil A, Infantil B, Alevín A, Alevin B, Benjamín A y Benjamín B, siendo el equipo Infantil A el ganador del conocido Torneo de Móstoles, con 17 goles a favor y ninguno en contra, tras jugar en dos ocasiones, entre otros, con el Real Madrid, al que venció en ambas por 2-0.
Evidentemente, esta progresión ha hecho que la Junta Directiva se haya planteado dar el salto a otra dimensión como club de fútbol, al de las grandes escuelas de fútbol, al de los grandes clubes que “fabrican” futbolistas y crean escuela, al estilo del Barcelona, el Madrid, el Milán, el Ajax, etc., lo que implica un crecimiento que precisa de grandes instalaciones propias y de grandes inversiones, algo que su máximo accionista está dispuesto a emprender en el bien del Club, para lo que es preciso contar con activos suficientes como para poder disponer de importantes capacidades crediticias y poder llevar a cabo un ambicioso proyecto deportivo con garantías, un empeño que lleva ya años persiguiendo, un empeño entorpecido hasta la saciedad por quien de esto ni ha comprendido nada, ni nada sabe de fútbol, ni nada quiere saber, confundiendo el lavado de cara de un estadio, a mayor gloria propia, con un proyecto de amplio espectro del que sistemáticamente se convierte en su enemigo.
¿Quien es Carlos Mouriño Atanés, presidente del Real Club Celta de Vigo?.
Vigués de 1943, tras trabajar en distintas expresas en Vigo y Madrid, se traslada a Mexico en 1978. Siete años después, tras grandes éxitos empresariales, se hace dueño del Grupo Energético del Suroeste (GES), llegando a contar con un total de 35 gasolineras, actividad que complementaría con otras muchas empresas. En la actualidad participa con éxito como accionista en gran número de empresas, tanto españolas como mejicanas.
Siempre ha sido un hombre de una prudencia, educación y paciencia exquisita, pero todo tiene un límite y el pasado domingo de resurrección, desde las páginas de Faro de Vigo, en una larga y agresiva entrevista por parte del entrevistador, dispuesto a no seguir aguantando “más tomaduras de pelo”, narró toda la serie de negativas por parte del alcalde a cada una de las distintas propuestas que se le fueron haciendo en la consecución de la ansiada ciudad deportiva, todos los engaños, demoras, mentiras y negativas a cualquier iniciativa celtista, explicando que se les ha dejado fuera de la comisión de seguimiento de la reforma del estadio, que se les niega el conocer el proyecto, que lo ya ejecutado no responde para nada a los planteamientos deportivos del equipo, llegando a decir que “lo que quiere Caballero es ser el presidente del Celta, pues nadie puede moverse sin que él lo controle y el Celta siempre se le ha escapado a su control”. A todo ello, el alcalde da por respuesta, según su habitual alarde de demagogia, que no contestará a Mouriño, por celtismo y responsabilidad
Y, ¿que podemos decir de Abel Caballero Alvarez, alcalde de Vigo?.
Ponteareano de 1946, marino mercante y economista, es catedrático, en excedencia, de teoría económica, en la Universidad de Vigo, sin que se le conozca haber ejercido actividad laboral alguna, salvo la de iniciar en la teoría económica a los jóvenes recién salidos del bachillerato sin conocimiento alguno en la materia.
Salvo el breve intervalo de tiempo dedicado a la enseñanza, ha dedicado casi la totalidad de su tiempo a la política, iniciando su actividad en el Partido Comunista, para pasarse en 1980 al PSOE, aprovechando la mengua del PC y el ascenso fulgurante de los socialistas, siendo ministro de Transportes y Turismo con el gobierno de Felipe González desde 1985 a 1988 en que fue cesado y considerado por el periódico el Pais como el peor ministro de González. Diputado por La Coruña y posteriormente por Pontevedra, fue candidato a presidente de la Xunta por La Coruña, obteniendo el peor resultado de la historia del PSOE en tal pretensión. Designado Presidente de la Autoridad portuaria viguesa, no solo fue un desastre para el puerto, propiciando costosas ocurrencias sin resultado alguno y sembrando las bases de su actual decadencia, sino que posteriormente se dedicó a abortar toda iniciativa de crecimiento de sus sucesores. Actualmente y tras apoyar hace unos meses, junto a su sucursal-lapa, Carmela Silva, al Secretario de su partido (no es NO) finalmente se sumó al bando de los golpistas y ahora apoya abiertamente, en una trayectoria política ya conocida, a Susana Diaz
Llegó a la alcaldía de Vigo en 2007 gracias a una coalición de partidos perdedores, al igual que en 2011, puesto que actualmente ocupa desde 2015 al haber ganado las primeras elecciones de su vida, tras la práctica renuncia del PP a nombrar candidato a la alcaldía hasta el último momento, en la figura de una candidata procedente de Santiago y absolutamente desconocida en Vigo.
En su mandato, ha laminado al sector de la construcción (15% de la economía viguesa de entonces, hoy no llega ni al 5%) anulando un Plan General consensuado por todos los sectores de la ciudad, para en su lugar crear un engendro, basado en la promoción de la vivienda de protección, que habría de paralizar la ciudad, sin que ni siquiera llevase a cabo ni una sola de las 6.000 viviendas que prometió y sin que desde entonces en Vigo se construyese ni un solo edificio de vivienda colectiva, con un Plan ahora anulado por la Justicia y sin que en bastantes años se pueda contar con otro en condiciones que lo supla, ni recuperar por tanto al sector, ni disponer los vigueses de vivienda nueva, con el consiguiente incremento de la especulación, ni de suelo para la ubicación de cualquier nuevo proyecto para la ciudad.
En materia comercial impidió la implantación de todos los proyectos de las grandes marcas de establecerse en Vigo, al igual que con las industrias de nuevo cuño, que han de establecerse en municipios cercanos por falta de suelo industrial gestionado, una ciudad en la que no existe ya ni un solo sector productivo que pueda crecer o establecerse, con lo que ello implica en cuanto a pérdida de competitividad, de puestos de trabajo y de riqueza, actitud que incluso ha mantenido con las empresas ya instaladas, impidiendo la ampliación del Corte Inglés en Navia, la de la factoría PSA-Citroen, la creación de la proyectada ciudad del frio, etc.
En el capitulo de instituciones no ha parado hasta cargarse todas aquellas que tenían o pudieran tener cierto protagonismo, como la Federación de Asociaciones de Vecinos, la Fundación Provigo, ahora el Area metropolitana, en la que paralizó su formación hasta que consiguió que lo hicieran presidente, para desde ahí intentar boicotear cualquier acción, hasta el punto que otra vez la Justicia la ha anulado, etc. consiguiendo con ello echar por tierra las necesarias comunicaciones entre Vigo y su comarca, y todo ello desde un localismo provinciano absolutamente vergonzoso a estas alturas. Ha ninguneado y sigue haciéndolo, no solo a sindicatos, sino a todas las asociaciones empresariales u organismos consultivos.
Su lucha contra el nuevo hospital vigués, uno de los mayores y más modernos de Europa, resulta patética, y todo ello por ser obra de la Xunta, boicoteando sus accesos, acusándole de disponer de un parking excesivamente caro, cuando los hasta ahora hospitales principales de la ciudad (Meixoeiro y Plaza España) no disponen de aparcamiento alguno, ocupando el primero, con unos accesos tercermundistas, todo tipo de campos, caminos, huertas y lo que haga falta, cuando ahí todo depende de su actuación, ofreciendo un espectáculo bochornoso, sin haber ofrecido nunca solución en todos sus años al frente de la ciudad, lo que ocurre también como consecuencia de unas “humanizaciones” que para nada han contemplado el problema de estacionamiento que han creado en la ciudad, donde el principal parque de Vigo, El Castro, se ha convertido en una invasión de coches por todas partes ofreciendo un espectáculo lamentable, algo que parece ser que el ciudadano no percibe, ya que los usuarios del parque suelen ser una exigua parte de la ciudad. La lista, también en esa faceta, es interminable y siempre con una constante, la nula gestión, lo mal que nos quieren en todas partes, la culpa perpetua de los demás, y el autobombo como el salvador de las esencias viguesas, rodeado de los resentidos palmeros que le escoltan.
Personalmente, ni ha creado ni dirigido empresa alguna, ni ha propiciado nunca un solo puesto de trabajo, ni, que se sepa, ha expuesto su capital en empresa alguna, ni ejercido como economista en el mundo real.
Su labor como alcalde de Vigo se ha limitado a seguir la política de su antecesora en cuanto a las llamadas “humanizaciones” o cambio de pavimento de las aceras, a llevar a cabo las mayores horteradas en plazas, rotondas y jardines, y a la creación de “dinosetos”, unos setos en forma de dinosaurio, con lo que pretende que se identifique a la ciudad (evidentemente Vigo siempre ha sido conocido por sus dinosaurios, “preciooooosos”, algo que no tiene La Coruña, ni Santiago), mientras la ciudad pierde sistemáticamente todos los trenes del progreso, de la competitividad y del liderazgo económico, aunque eso si, habiéndose convertido en el máximo exponente de la mentira permanente, de todo tipo de inversiones fallidas, de las promesas sistemáticamente incumplidas y del enfrentamiento permanente de la ciudad con todo y con todos, habiendo enfrentado a los vigueses con la Xunta, con su presidente, con Santiago, con La Coruña, con Oporto, con…, en definitiva, con todo lo que no sean sus ocurrencias.
¿Que pasa finalmente con los vigueses?
Una cosa no se le puede negar a Abel Caballero: Se trata de un personaje inteligente, conocedor de lo más casposo, voluble y superficial de la sociedad viguesa, con una capacidad de manipulación infinita y una ambición de poder desmedida. En estos años se ha hecho fácilmente con los acomodaticios medios de comunicación vigueses, tanto de radio como de prensa escrita o de televisión. Ha ido anulando, una a una, las distintas instituciones y organizaciones ciudadanas, abortando cualquier atisbo de oposición en su propio partido, al tiempo que colocaba a los personajes más mediocres de su confianza en todos aquellos lugares desde donde controlar cualquier disidencia, ello unido a que el otrora fuerte Partido Popular de la ciudad, no es más que una triste caricatura de si mismo.
Ha sido capaz de mentir, manipular e incumplir promesas de forma sistemática (la mera relación, de exponerla, ocuparía más espacio que este artículo) sin que ello tenga repercusión ni seguimiento alguno en los medios, así como su condición de imputado por corrupción, algo que en Vigo no parece recordar ya nadie. Aparece diariamente en prensa comandando “logros” sin fin para la ciudad, consistentes en otorgar diplomas a todo tipo de escolares, deportistas, ciudadanos, ayudas de chicha y nabo a todo tipo de entidades deportivas y colectivos sin el menor peso para la ciudad, obras de mantenimiento de calles, promoción de todo tipo de festejos, saraos y cuchufletas, etc. todo ello en un proceso de protagonismo absoluto y permanente, de inaudito y triste atontamiento ciudadano.
En las condiciones expuestas, la posibilidad de adquirir información fidedigna por parte del vigués, sobre los verdaderos problemas de la ciudad, resulta poco menos que imposible, pues no solo se trata de un problema de falta de información, sino de la magnificación de cualquier protagonismo, al tiempo que de silenciar cualquier información que pueda perjudicarle. Así las cosas, aun hay un amplio colectivo de indocumentados que le sigue y que acaba haciendo oídos sordos a sus patrañas, aunque poco a poco, el ciudadano consciente de su deber político de informarse, o simplemente el que comprueba en sus propias carnes el desplome económico, comercial y empresarial de la ciudad, vaya comprendiendo que Vigo es, o debe ser, algo más que el cortijo de un vanidoso, capaz de hipotecar la ciudad en aras de su propio endiosamiento.
Hoy la ciudad de Vigo ha perdido el liderazgo en casi todos aquellos sectores en los que destacó y la hicieron grande. Sus empresarios, otrora fuertes incluso en el ámbito político, hoy languidecen entregados a sus propios intereses, conscientes de que a la política local se llega exclusivamente a partir de partidos “tomados” por mafias internas, donde resulta imposible crecer desde la valía, siendo la mediocridad al servicio del capo de turno la característica fundamental para formar parte de una candidatura. En esas condiciones, cualquiera que pueda destacar al frente de algún organismo querido por los ciudadanos, resulta un peligro para el dictador de turno, algo que le sucede a Carlos Mouriño, alguien hasta ahora enormemente respetado por el celtismo, por sus logros, su generosidad, su entrega y su celtismo.
Hace unos meses, el presidente del Celta “amenazó”, si se le seguía boicoteando su proyecto de hacer crecer al Celta, con vender sus acciones a un grupo chino, algo que alarmó al celtismo pero que no consiguió desviar la culpabilidad hacia el verdadero causante de los impedimentos, hábil demagogo que ya insinuó que lo único que pretendía el presidente celtista era hacer negocio con el club. Hoy, esa es la disculpa que más hace silencio entre los corderos que siempre viven de la desconfianza, de una desconfianza avivada por quien es capaz de abortar cualquier iniciativa para la ciudad, si de ello estima que puede menguar su estima en la manada.
Hoy el cachondeo con la deslocalización del Celta, ha hecho que prospere ya el supuesto cambio de nombre de la entidad, a la de Real Club “Cerca” de Vigo.
A mi entender, Carlos Mouriño seguirá haciendo lo posible para conseguir llevar a cabo su proyecto de llevar al Celta a lo más alto, sin salir de la ciudad. ¿Cuales son las posibilidades?. Esperar a que dentro de dos años Vigo tenga otro alcalde que anteponga los intereses de la ciudad a los suyos propios, algo que va a depender en gran manera de que el PP espabile y vaya preparando como candidato a alguien con verdadero tirón, esperando que Ciudadanos crezca y entre ambos puedan ocupar la alcaldía, algo que parece actualmente inalcanzable, pues ni el PP espabila, ni se le espera, ni Ciudadanos-Vigo, que sigue en lo más bajo, tras un nacimiento impresentable en el que se cargaron a lo mejor y con mejor preparación de que disponían, en beneficio de un impresentable grupo de oportunistas huidos de la UPyD, parecen estar por la labor.
Otra posibilidad, también de dudoso fin, es el que Caballero pudiera dar rienda suelta a superiores ambiciones, y de la mano de su nueva valedora, Susana Diaz, fuese designado candidato a la presidencia de la Xunta de Galicia una vez ascendido Feijoo a otros cometidos, todo en aras de aprobar la asignatura pendiente que otrora suspendió estrepitosamente contra Manuel Fraga, o ya en el supuesto de que el PSOE llegase al poder en España, volver a ejercer de ministro, esperando no ser cesado de nuevo. En definitiva, si Caballero asciende o desciende, pero nunca si permanece.
Si Vigo decide seguir en la senda del crecimiento folclórico y de no inmutarse ante su caída económica como hasta ahora, volviendo a colocar a este personaje en la alcaldía, solo quedará entonces la senda apuntada del traslado del Celta a cualquiera de los ayuntamientos limítrofes, algo que no se lleva a cabo en el corto plazo (Mouriño lo estima entre 6 y 7 años), ni lleva aparejadas demasiadas adhesiones por parte del celtismo, por lo que mi apuesta va en el sentido de que, una de dos, o Carlos Mouriño, agotadas todas las gestiones, acaba vendiendo sus acciones a un grupo chino, pero no porque esa sea su intención, sino por puro aburrimiento y por imposibilidad de darle a la ciudad el puesto para el Celta que este pudiera tener de haber conseguido materializar sus proyecto de crecimiento, momento en el que el personaje en cuestión, aprovechará, encantado, para ejercer de acertado profeta, librarse de un enemigo que podría haberle hecho sombra, y acabar controlando el único pilar que le queda en la ciudad, el Real Club Celta de Vigo, en el medio de la tabla y sin demasiadas aspiraciones, pero… misión cumplida.
Otra alternativa es que Mouriño aguanta el envite y decida seguir adelante con una inversión que anuncia de al menos 70 millones para hacer del Celta el equipo que cualquier celtista ni siquiera hubiera soñado, con una ciudad deportiva, un nuevo estadio, mejores comunicaciones, aparcamientos suficientes y mejores condiciones que las actuales, al fin y al cabo, cualquier ubicación del estadio en cualquiera de los ayuntamientos limítrofes no dejaría de estar en el Area Metropolitana de Vigo, algo similar a lo que ya han hecho el Español de Barcelona (en Cornellá), está a punto de hacer el Getafe y han hecho ya muchos otros en Europa.
De momento parece ser que quien tiene las mejores papeletas es el ayuntamiento de Mos, un curioso municipio, de grandes dimensiones, muy rural, sin casco urbano pero al que Vigo ha dotado de aeropuerto, universidad, polígonos industriales, una autopista, una autovía y en general todo aquello que Vigo impide sistemáticamente, mientras se entusiasma con sus dinosetos. Ahí, obviando absurdos y decimononos localismos, a 5 minutos de la plaza de España viguesa, sin duda el celtismo podrá disponer de su mejor proyecto de futuro, con un estadio, campos de entrenamiento, ciudad deportiva, aeropuerto a sus pies, la universidad al lado para poder desarrollar cualquier carrera relacionada con el deporte, los hoteles necesarios para acoger a los equipos que se desplacen semanalmente a Vigo para cualquier competición deportiva, un recinto extraordinario para albergar las pretemporadas de varios equipos internacionales, además de al propio Celta, y todo ello con aparcamientos suficientes, espacios de ocio y comerciales, en definitiva la ciudad del deporte que Caballero, en su prepotencia y con los más chungos argumentos, le niega permanentemente al Celta.
Los colectivos humanos han ido pasando a lo largo de la historia de súbditos a ciudadanos, en un lento proceso de desarrollo cultural, social, etc. aunque hoy, más que nunca y, debido al mal funcionamiento de dejadez en el ejercicio de la ciudadanía, el proceso se revierta en algunos lugares, que aun con estructura teórica de democracia son regidos por auténticos dictadores, como en los casos de Venezuela, Rusia o Turquía, dándose el caso de que en otros lugares, aun en ejercicio real de la democracia, el perfil de sus gobernantes no difiere demasiado de esa forma de entender el poder, algo muy propio de ciudades como Vigo, entre otras, en las que muchos prefieren el estatus de súbdito, antes que el comprometido de ciudadanos.
Si triunfan pues las tesis de Caballero, el Celta seguirá siendo un equipo mediocre, la reforma de Balaidos, ajena a las necesidades del Celta, pero muy mona, quizá con algún que otro dinoseto en sus alrededores, acabaremos pagándola todos los vigueses, al igual que todas sus reparaciones, en detrimento de otras inversiones que la ciudad necesita, ningún otro equipo de la ciudad se beneficiará de ello, el “celtista” chino de turno (rendido al divino líder) acabará pagando el “alquiler”, y el encantado “líder”, con todos los resortes de la ciudad ya a sus pies, seguirá convenciendo a su manada sobre la necesidad de hacer nuevos enemigos y de incrementar, si cabe, los sempiternos lamentos sobre las desgracias de la ciudad, que seguirán propiciando la Xunta, su presidente y todo aquel que se oponga a las ocurrencias del divino líder, mientras esta seguirá languideciendo.
Por esa senda, quizá algún día Balaidos llegue a convertirse en el monumento que los vigueses le deban a Caballero, el monumento a la solemne estupidez, al igual que esos aeropuertos sin aviones, esas autopistas sin coches, palacios de congresos sin actividad alguna y finalmente estadios de fútbol sin equipo.
¿Cada pueblo tiene lo que se merece? ¿O no?. Veremos…

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De reconquista, folclore, demagogos y miseria intelectual

 

Estos días se !celebra! en la llamada ciudad olívica, “la reconquista”, y ello a bombo, platillo, y larga comparsa de súbditos del mayor demagogo que ha conocido Vigo desde sus humildes orígenes, el divino líder, ese personaje que ha transformado a la ciudad más pujante de Galicia en una caricatura, creándose y creándole a la ciudad enemigos por todas partes, a una ciudad donde ya solo se ofrecen festejos, horteradas, chucherías, setos en forma de dinosaurios, barcos en las rotondas, cambios de aceras y todo tipo de promesas inclumplidas, mientras la industria, el comercio y el protagonismo productivo de la ciudad languidece día a día, al tiempo que gran parte de su población, ajena a la valoración de lo verdaderamente trascendental, se entrega gozosa a todo tipo de exaltación local, pueblerino folclore y sempiterno victimismo, todo ello a mayor gloria de adoración al becerro de oro.
Pero, con la historia en la mente, visto lo visto y vivido lo vivido, ¿cuales son los motivos de celebración?.
Recapacitemos un poco. La llamada reconquista de Vigo, se produce el 28 de marzo de 1809, poco después de que las tropas napoleónicas, camino de Portugal, desguarnecieran la plaza, dejando algo menos de 2.000 soldados, sin provisiones y ya sitiados por la marina inglesa, la misma que un siglo antes había vuelto a usar nuestra ria para llevarse entonces el llamado tesoro de Rande. Ello se produce en el marco de la ocupación de España por las tropas de Napoleón Bonaparte (nuestro aliado), interesado sobre todo en la conquista de Portugal a los efectos de debilitar a las tropas inglesas, fieles aliados de los portugueses y dominadoras del Atlántico y de la salida del Mediterráneo, una empresa a la que finalmente habrá de renunciar, sobre todo, y sin menospreciar la oposición de los españoles, al tener la necesidad imperiosa de fortalecer el frente ruso, que cada vez precisaba de mayores efectivos.
Pero, ¿de que nos independizamos los españoles?.
Desde la dinastía de los Trastamara, con la última reina Juana, España no ha vuelto a tener nunca en el poder dinastías españolas, habiéndonos surtido de Austrias y Borbones con las breves interrupciones a cargo de Saboya y Bonaparte. Agotada fisicamente la saga de los Austrias en la figura de Carlos II, sus sucesores los Borbones, en lineas generales, han sido, sin ninguna duda, una auténtica catástrofe para España. Aburrido por un lado el Saboya (eran otras épocas), y echado con cajas destempladas el Bonaparte, recupera el reino el peor canalla de la saga borbónica, Fernando VII, un miserable para el que los españoles, a sangre y fuego, recuperamos la corona, en detrimento de un José I Bonaparte, infinitamente mejor rey que el hijo bastardo de Carlos IV, un vil cobarde y traidor, quien engendraría posteriormente a Isabel II, un pendón desorejado, madre de Alfonso XII, como resultado del fornicio con uno más de sus numerosísimos amantes, el valenciano Puigmoltó, abuelo de Alfonso XIII y tatarabuelo de otro que tal baila, nuestro emérito Juan Carlos, todos ellos reales e indisimulados puteros, entre otras vilezas.
La verdadera cruz de José I, fue sin duda su hermano Napoleón, sus delirios de grandeza, su desmedida ambición, y su inexistente respeto por los pueblos que invadía, ya fuera como enemigo o como aliado, como ocurrió en España.
No corrían buenos tiempos para la lírica. Debido a lo expuesto, el pueblo español estaba soliviantado, pues el aliado invasor se comportaba más como un depredador que como el aliado que se le suponía, de ahí el recelo del pueblo llano hacia lo francés, cuando Francia representaba entonces la avanzadilla de la Ilustración en el mundo, la cultura, la libertad, la igualdad, la fraternidad y el pretendido fin del malvado absolutismo, tan propio de los Borbones.
En las condiciones apuntadas y con un pueblo que utilizaba más la cabeza para embestir que para pensar, atenazado por las sotanas, la ignorancia, el hambre y la mala leche patria, su valoración se inclinaba más por un sentimiento de pertenencia a la molicie que por un despertar a la cultura, a la libertad y a un futuro esperanzador.
José Bonaparte no era para nada la caricatura que de él ha hecho nuestra mísera e interesada visón de la historia, y menos un borracho (Pepe Botella) o un tonto sin demasiado sentido, sino todo lo contrario. Se trataba de un político destacado, abogado, diplomático, empedernido lector, liberal, dialogante y entregado a la causa de modernizar España, algo que siempre le fue negado, aun a pesar de contar con colaboradores españoles de peso, tanto en las artes como en la literatura, la economía y en los distintos resortes de la cultura en la que destacaban la mayor parte de los llamados “afrancesados” de entonces, quienes conocían los progresos de la sociedad francesa, el aislamiento y la cochambre cultural a la que, tanto la monarquía como la Iglesia, sometían sistemáticamente al pueblo español.
Es de destacar que los avatares de la historia siempre acaban por torcer el adecuado significado de todo aquello que incomoda al vencedor, al que en primera instancia escriba la historia, en este caso al canalla de Fernando VII y toda la podredumbre intelectual que le rodeaba y le rendía pleitesía, con la Iglesia por delante, como suele ser costumbre cuando de proteger a lo más sórdido, inmovilista e intransigente de la sociedad se trata, algo que continuó posteriormente la España franquista a la hora de transmitirnos esa España para la que los afrancesados siempre fueron los “traidores”, una interpretación absolutamente torticera de la historia.
Afortunadamente, si seguimos a los historiadores que sobre el particular han escrito de forma objetiva, el mensaje es radicalmente contrario. En el libro de Méndez Bejarano “historia política de los afrancesados”, al lado de anécdotas como la transmitida desde los púlpitos con la difusión del “Catecismo civil y breve compendio de las obligaciones del español” donde se contiene lo siguiente: “¿Es pecado matar a un francés?. No padre, por el contrario, se gana el cielo matando a uno de esos perros herejes”. Si pensamos que algo más de siglo y medio no es demasiado tiempo históricamente, no parece el asunto tan alejado en el tiempo de execivas proclamas yihadistas de ciertos líderes musulmanes actuales. Para Méndez Bejarano, “los afrancesados no fueron traidores a la madre patria, sino patriotas liberales obligados a aceptar la no elegida posición en la que los colocaron las circunstancias, por la fatal evolución del proceso histórico”.
Miguel Artola Gallego, en su libro “Los afrancesados”, asegura que “la política de esos hombres era la propia de los ilustrados de la época”.
Luis Barbaste Gil, otro experto sobre el particular, niega la tesis de la traición a la patria, defendiendo todo lo contrario.
Para Juan López Tabar, es el afrancesado el único capaz de remover el inmovilismo paralizante del recalcitrante absolutismo restituido en España.
Desgraciadamente nuestra “reconquista” no solo no nos sirvió para salir del pozo en que como sociedad nos encontrábamos, sino que vino a cimentar todavía más, si cabe, nuestro secular atraso, el atraso de una sociedad que ni había pasado por la Reforma, ni por la Ilustración, ni habría de pasar por la revolución industrial y que incluso finalmente acabaría en una castrante dictadura, de la que aun no nos hemos recuperado en prácticas, actitudes y posturas ancestrales más proclives al seguidismo que a la libertad de volar personalmente en aras del conocimiento, la razón, la solidaridad y tantas otras virtudes que nuestro empecinamiento, y ese absurdo y pueblerino localismo, nos impiden actuar como pueblo unido, con criterios objetivos y en la búsqueda de un progreso compartido al que parecemos condenados a no catar.
¿Que habría sido de España de prosperar el reinado de José I Bonaparte, en lugar del de Fernando VII Borbón?, ¿Que habrá sido de abrazar el liberalismo, la Ilustración, el culto a la razón y la modernidad de entonces, en lugar de volver al absolutismo, la incultura, el castrante, autoritario e intolerante catolicismo y los viejos usos, maneras y costumbres, con toda su miseria intelectual adjunta?
¿Que coño celebramos? Seguimos anclados en el folclore, la superficialidad y la miseria intelectual. Pan y toros… y canallas explotando el negocio de la incultura.

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Sofisticadas corruptelas

 

Lo que voy a contar, no se si lo he vivido o lo he soñado, pues ya sabéis la delgada linea que existe entre lo real y lo ficticio, alimento de tantas religiones, de promesas políticas y de ilusiones de tanto crédulo, y lo digo por aquello de los falsos testimonios, el actual furor busca pleitos, y la presunción de inocencia que tanto le gusta sacar a pasear a los canallas.
La corrupción política, dependiente del urbanismo, la construcción y las concesiones, no se elimina, simplemente porque la mafia de los partidos políticos al uso, no lo desea. Se que es una afirmación rotunda y atrevida, pero he sido testigo, en estos últimos 40 años, de gran parte de sus prácticas con demasiada frecuencia. También se que es casi imposible probarlo, ya que no es fácil encontrar, ni pruebas, ni evidencias, pues algo así organizado responde a una sistemática bien estudiada para no dejar pruebas, aunque algunos vayan de sobrados. A pesar de ello, tengo la absoluta certeza de que lo que sostengo es real… o no, que diría Rajoy.
A lo largo de mi vida profesional dedicada al urbanismo, la mitad desde la propia administración y el resto desde el otro lado del mostrador, he llegado al convencimiento de que, al menos, dos de los partidos de todos conocidos, son profundamente corruptos, habiéndose alimentado de este sector durante décadas.
Hace años, alguien entrevistaba a Margarita Landi, conocida por la policía como subinspector Pedrito, una periodista muy peculiar, fumaba en pipa y llevaba “otra” en el bolso, ya de avanzada edad entonces, había dedicado toda su vida al periodismo de sucesos (25 años en El Caso), sector del que lo sabía todo, habiendo conocido a todo tipo de criminales, víctimas, procesos, sentencias, y un sin fín de vicisitudes al respecto. En un momento de la entrevista, el entrevistador le pregunta sobre cual es la enseñanza más sorprendente como resultado de toda una vida dedicada al estudio del crimen en general. La respuesta no solo fue inmediata, sino extremadamente impactante: en la mayor parte de los casos la verdaderamente mala, la culpable, la indeseable, es la víctima.
Algo parecido ocurre con la corrupción en materia de urbanismo, donde el verdadero corrupto no es tanto el que paga, sino el que cobra, no lo es tanto el promotor de cualquier iniciativa al que habrá de beneficiar la obra de que se trate, como el político que exige la mordida para que ello se produzca, quien además propone el negocio sin el menor rubor, casi siempre a través de personajes interpuestos, amenazando de que en caso de no entrar en el “negocio”, otro lo hará. Evidentemente todo en negro, en “B”, sin declarar, o de forma opaca, algo que exige, ya de entrada, que el beneficiado disponga de ese tipo de moneda, o bien de forma más sofisticada como expondré más adelante.
Como todo en la vida, también en el mundo de la corrupción ha entrado en danza el I+D+i, pues del primitivo cobro en dinero, hemos pasado al cobro en especies, servicios, u otro tipo de prestaciones infinitamente menos investigables, y menos en provincias, donde prácticamente no existe el periodismo de investigación.
En materia de urbanismo, la calificación o recalificación del suelo es el instrumento tradicional por excelencia. Pasar de un suelo rústico o no edificable, a otro urbanizable, o en el mejor de los casos urbano, supone, de la noche a la mañana, un incremento brutal en la cotización del terreno de que se trate. Este tipo de transformaciones de suelo, tiene su origen en la necesidad de crecimiento de las ciudades, bien por la escasez de suelo apto para la edificación, o por la decisión política de crecer hacia determinados lugares, o en determinadas condiciones aprovechando ciertas características, propias de los lugares a recalificar, etc.
Así como en física, por los principios de la termodinámica, la energía no se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma, en materia de urbanismo, la energía (edificabilidad) no sigue para nada esos principios, pudiéndose crear o destruir a nuestro antojo, siempre que dispongamos del poder para llevarlo a cabo.
Para el partido político, o el político en particular, que tienen en sus manos tal decisión, la borrachera de poder y consecuentemente el sentimiento de buscar una compensación a sus decisiones, suelen ser inmediatos.
El conseguir, de la noche a la mañana, que determinados vecinos, empresas, industrias o profesionales se enriquezcan con la revalorización inmediata de su suelo, acostumbra a tener un precio que tarde o temprano se suele cobrar, de una u otra forma, en bien de la causa, como ayuda al partido (donaciones), o simplemente como prestación por los servicios prestados, cantidad que no siempre llega “entera” a su destinatario final, pues entre el mensajero, el intermediario y el cobrador, acaban por menguar notablemente los “honorarios” del partido en cuestión.
No quiero decir con ello que eso sea la norma en general, afortunadamente, pero si una práctica muy extendida en la que los principales partidos han sido aventajados expertos, sin entorpecerse en sus prácticas unos a otros, pues ya se sabe que entre bomberos, no se pisan la manguera.
Si ello ocurre con el urbanismo, con la obra oficial ocurre tres cuartos de lo mismo. Aquí se trata de que la obra rematada, !oh sorpresa!, supere ampliamente el presupuesto aprobado de principio, aumento sobre el que habrán de beneficiarse todos los que puedan.
El asunto suele comenzar por la creación de un concurso público en el que valorar una serie de proyectos de arquitectos estrella. Se constituye un jurado, generalmente de políticos, notables, críticos de arte, otros arquitectos (hoy por ti, mañana por mí), etc. En general gente que habrá de limitarse a opinar sobre los aspectos estéticos de los proyectos a valorar, sin entrar en si tales proyectos se ajustan o no al presupuesto de obra de que se dispone, pues ni saben hacerlo, ni se paran a comprobarlo, ni les importa demasiado.
Adjudicado el proyecto, este se tramita y un grupo de técnicos de la propia administración, generalmente poco motivados para ello y con poca experiencia en obra, acaba informando sobre la puja más ajustada al presupuesto, para que finalmente el político de turno, en bien o no de lo indicado, acabe adjudicando la obra en cuestión. La obra se inicia y al cabo de un tiempo, !oh sorpresa!, la empresa adjudicataria (conocedora de la desfeita desde un principio) acaba descubriendo que el proyecto aprobado supera en bastantes enteros el presupuesto disponible, pues existen toda una serie de partidas que no fueron contempladas a la hora de su valoración, partidas absolutamente necesarias para la feliz finalización de la obra, lo que lleva a la necesidad de aprobar un anexo al presupuesto, que a veces acaba multiplicando por algunos enteros el presupuesto inicial, añadido del que suelen emanar toda una serie de cantidades de dudoso destino.
Evitarlo, si se quiere, es muy sencillo, pues se trata de establecer los oportunos controles por parte de expertos en la materia, pliegos de condiciones perfectamente determinados en cuanto a materiales, sistemas y confección de precios, a los efectos de que los optantes al concurso conozcan de entrada sus limitaciones, el presupuesto al que ajustarse, así como la condición de que de superar ese presupuesto su candidatura será anulada. Con anterioridad a que el jurado tome una decisión, es preciso contratar a una empresa de project management, para que fiscalice todos los proyectos presentados a los efectos de conocer el ajuste a los pliegos de condiciones citados así como al presupuesto disponible. Adjudicado el proyecto ajustado al presupuesto disponible, la misma empresa controlará la adjudicación de obra así como los precios ofertados para posteriormente llevar un exhaustivo control de obra a lo largo de la misma, a efectos de conseguir el cierre sin sobrepasar ni tiempos, ni presupuesto, y todo ello sin menosprecio de la obra conseguida. Todo esto, evidentemente, no le ha interesado para nada, en general, a partido político alguno, ni a sus líderes, ni a los sobrecogedores (los que cogen el sobre), aunque su coste represente una cantidad muy inferior a la que tal proceder ahorra.
El resultado suelen ser edificios muy sobrepasados en sus presupuestos, obras innecesarias, mala construcción, edificios a medio terminar, etc. y todo ello pagado con los impuestos de todos, a mayor gloria de partidos, políticos, “artistas” y técnicos, a los que nadie hace responsables.
En cuanto a otro tipo de obra, la privada concretamente, ya no se suele estilar el otorgar licencias a algo ilegal, pues ello supone un importante riesgo, resulta muy burdo y puede traer consecuencias de todo tipo. Desde hace ya tiempo, se suele dar otro tipo de práctica, que consiste en demorar largamente en el tiempo el otorgamiento de una licencia perfectamente otorgable, en aras de mejor información técnica, momento que se aprovecha para hacerle llegar al interesado que los problemas a solucionar son fáciles de arreglar, si se hiciese una donación al partido o algo similar, corruptela que suele no dejar marca, ya que se trata de otorgar una licencia perfectamente legal.
En materia de concesiones, o de favorecimiento de grandes empresas, suele darse un tipo de corrupción bastante singular y que requiere de la colaboración de cierta prensa, lo cual suele ser bastante evidente en provincias, ya que controlar la prensa para el político y para los partidos es algo fundamental, un anhelo fácil de lograr cuando se trata de ciudades en los que no existe más que un solo rotativo o poco más, y estos se encuentran en situación económica poco menos que lamentable.
El asunto consiste en lo siguiente: Al consignatario se le pide que programe una campaña publicitaria sobre el servicio que da a la ciudad, o sobre el producto que vende, aunque no lo necesite ya que tiene las ventas aseguradas, o como en el caso de los concesionarios, a nadie le venden nada, salvo al propio ayuntamiento, por lo que para nada necesitan acometer una importante campaña publicitaria. Esa campaña se contrata, a través de un intermediario, con el periódico local, quien aplica una tarifa bastante superior a lo habitual, de manera que con parte de la tarifa aplicada se podría acometer la campaña sobradamente, yendo el resto del importe a la magnificación del partido de gobierno, de su alcalde, o de todos aquellos “matices” que habrán de acompañar a las noticias de que se trate para asentar el poder local. Con ello el periódico no pierde honorarios, se le facilitan, se les aportan clientes y, a cambio, el político es bien tratado en cuanto a cualquier matiz de la noticia, se obvian ciertas noticias, o simplemente se le cierran puertas al enemigo. ¿A alguien le suena?. Yo confieso estar ahora más pendiente de ciertos anuncios, relacionarlos con ciertas noticias, y haberme llevado más de alguna sorpresa.
Evidentemente, estas muestras no son más que la punta del iceberg sobre las muchas formas que todavía hoy hacen mella en nuestra administración, muestras de las que al no disponer de pruebas evidentes y tangibles, aunque sobradamente conocidas, salvo que tal conocimiento tuviera su origen en un mal sueño, lo cual tampoco cabría descartar, nos llevan a no poder asegurar estas técnicas por toda certeza, pues ello siempre trae consigo la sempiterna disculpa del implicado que sabe que no ha dejado pruebas: “si sabes que es así, lo que has de hacer es denunciarlo, ya que si no lo haces, te puedo denunciar por calumnias”. Vamos, que si lo he soñado, me ha parecido tan real que he acabado por creérmelo.
Hoy ya son muchos los políticos (todavía no sus partidos) implicados judicialmente en estas y otras prácticas similares, algunos, no demasiado lejanos, en ejercicio y perfectamente considerados, aunque todavía tengamos que reprimir nuestra ira cuando vemos a los más claros ejemplos, como el mafioso clan Pujol, tan campantes, sin pisar correccional alguno, y lo que es peor, amenazando y con la certeza de que nunca lo pisarán, se irán de rositas y… aquí no ha pasado nada.
De momento, tienen razón, y no me refiero solo al “muy honorable”, al defensor a ultranza del “hecho diferencial”, sino sobre todo a las mafias en que se han convertido los partidos, sus capos y los que se benefician de la mamandurria correspondiente, quienes además dejan de vez en cuando caer a alguno, pareciendo así que algo cambia, para que todo siga igual.

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Susanismo, o casta y caspa socialista

 

Vivimos en una sociedad en la que las ideas innovadoras han pasado a ser el patrimonio de contadas personalidades en el mundo de la política, sin cabida en los partidos, y absolutamente desconocidas en nuestro Parlamento a la hora de llevarlas a la práctica, entre otras consideraciones porque nada importa el peso efectivo que pudiera tener la idea en cuestión y su aplicación al progreso del pais y al bienestar de los ciudadanos, sino la consecución de sus apoyos a la hora de ser votada, y ello depende únicamente de la negociación, resultante de otros intereses, ajenos a la bondad o no de la idea de que se trate, más encaminados a la pervivencia de intereses de partido.
Hoy nuestro arco parlamentario se limita a la existencia de cuatro partidos políticos en el ámbito nacional, alguno más, principalmente en Cataluña y Euskadi, gracias a una ley electoral que facilita su existencia y que con el paso de los años, a base de alimentar pretensiones ajenas al interés nacional a cambio de apoyos partidistas, nos ha llevado a una situación cada vez más desesperada en cuanto a posiciones separatistas, a los que sumar toda una gama de pequeños partidos puramente testimoniales, que nada deciden a la hora de inclinar balanzas determinantes para el devenir de la política española.
De los cuatro partidos principales pudiéramos hacer distintas clasificaciones en función de múltiples características, pero por destacar diferencias que en la política actual se valoran más particularmente, podemos decir que el PP abarca toda la variopinta gama de sensibilidades de derechas, desde la extrema derecha, hasta una derecha moderada cercana a posturas de centro. Ciudadanos abarca gran parte del arco que va entre el PP y el PSOE, con posturas desde el centro derecha hasta el centro izquierda. El partido socialista, por su parte, discurre entre un centro izquierda y una izquierda más o menos radical, para encontrarnos finalmente con Podemos que, hoy más que nunca, y más desde la defenestración de Inigo Errejón y la fagotización de Izquierda Unida, representa exclusivamente a la extrema izquierda.
De estos cuatro partidos, dos son de nuevo cuño, Ciudadanos y Podemos, fruto de la reacción ciudadana a políticas caducas y corruptas, y los otros dos representan el bipartidismo tradicional, PP y PSOE. Una, sin embargo, es la característica común de cualquiera de los líderes de tales partidos, sean los que sean, una desmedida ambición por ocupar el poder, por encima de cualquier consideración, sobre todo cuanto más nos alejamos del centro político.
La representación de la política tradicional es lo suyo en la derecha, de ahí que el seguir manteniendo los mismos planteamientos no solo no ha hecho mella alguna en sus votantes, sino que incluso les ha reafirmado, y ello aun a pesar de tratarse de un partido sumido en corrupciones de todo tipo, tanto personales como institucionales, algo que desafortunadamente ha venido a demostrar que a sus votantes no les influye demasiado, pues incluso conviven el aumento de votos con el de la corrupción, manteniendo a un líder que ha hecho del inmovilismo su bandera.
Si nos centramos en el otro extremo del arco político, concretamente en Podemos, sumido todavía en las convulsiones de su reciente parto, de un análisis bastante correcto de la situación en la que la política española se encontraba a la hora de su nacimiento, lo que le aupó hasta posiciones impensadas, fue perdiendo peso al tiempo que proponía soluciones, a cual más pintoresca, para encarrilar los destinos del pais, para finalmente, a la hora de asentarse, entregarse a una pelea fratricida de la que habría de caer el ala menos extremista, de forma que actualmente gobierne para tales opciones de izquierda revolucionaria, su facción más extrema.
Ciudadanos representa el centro, el sentido común, el cambio tranquilo, el pacto, la negociación, la postura contraria a los extremismos, el liberalismo, cuestiones poco apoyadas por el grueso del españolito con papeleta en la mano como arma, quien suele votar en negativo, contra alguien, y quien a su vez siempre ha sido, en general, de posturas extremas irreconciliables y al que cualquier acuerdo le parece siempre una traición, un chalaneo, o una evidencia de falta de poder, autoridad, o consecuencia en el férreo mantenimiento a muerte de sus posiciones contra el que considera su enemigo por encima de todo, el partido opuesto. No olvidemos que estamos en España y aquí las posturas razonables y generosas, sacrificando parte de nuestros planteamientos, nunca han obtenido buenos resultados. Otra cosa para Ciudadanos, hubiera sido que, consecuentemente y para dar su apoyo de gobierno al PP, ganador en las elecciones, hubiera exigido su cambio de líder, con el sólido argumento de que en las elecciones se contabilizan los votos del partido y no los que su líder obtenga en su propia demarcación, habiendo ganado por tanto el partido Popular y no Rajoy, quien solo figuraba y era votado en las listas de Madrid, y quien además era entonces el líder peor valorado de España.
Nos queda el PSOE, la tradicional izquierda española, tan izquierda como tradicional, ensombrecida por su derecha con la presencia de Ciudadanos y por su izquierda por la de Podemos, sin acabar de asentarse cómodamente en el escaso asiento que le van dejando, más conservado gracias a su militancia tradicional, fiel a su pertenencia ideológica, que a sus erráticos planteamientos pretéritos, a sus fracasados resultados de su última etapa en el poder, o a sus culeos a derecha e izquierda, en la pretensión de ir haciéndose un sitio.
En esta situación y con este panorama, es evidente que el futuro del PSOE, no solo va a condicionar el resto de la política española, sino que puede dar al traste con su propia identidad, pues hoy no deja de ser un desplumado pollo sin cabeza, corriendo alocadamente en todas direcciones, soliviantando al corral, algo observado por la derecha, por un lado, con sosegado placer, y por otro con indisimulada preocupación, ya que si finalmente Rajoy convocara elecciones, algo que le pide el cuerpo desde hace meses para obtener mayoría absoluta, mandar a Ciudadanos a hacer gárgaras y volver a las andadas, por otro lado, con un PSOE sin líder ni programa definido, el subidón de Podemos estaría cantado, aunando una izquierda, que de plantearse abandonar sus planteamientos extremos, podría acercarse a Ciudadanos, y con ello discutir el poder seriamente, y con opciones de gobierno.
Así las cosas, al PSOE no le queda otro remedio que emplumar, encabezar y calmar al pollo de nuevo, pero ha de decidir con que cabeza, con que plumas y con que calma.
He de decir que mi análisis no tiene ni connotaciones internas ni externas en apoyo de interés personal o partidista alguno, aunque si en cuanto a una calidad que seguramente a todos beneficiaría. En tal propósito, mis querencias irían mucho más del lado de considerar a personajes que por si mismos pudieran dar sentido a ese resurgir, con ideas, con sentido y con seriedad, como pudiera ser la candidatura de Josep Borrell, para mi la mente más preclara del socialismo español, no solo actual, sino de muchos lustros atrás, pero eso, hoy por hoy es una utopía absolutamente alejada de la realidad. Hoy el PSOE se divide entre tres personajes que no le llegan a la suela del zapato al citado, aunque con matices importantes, que finalmente habrán de configurar, tanto la cabeza del pollo como su plumaje y sus andares.
Por orden de su postulación al cargo, aparece la figura del ex lehendakari, y ex breve presidente del Congreso, Patxi López, de salida, el tercero en discordia, algo por otro lado a no despreciar en el PSOE, ya que de sus desavenencias internas pretéritas (ni pa ti, ni pa mi) ha salido más de un tercero, como en el caso de Zapatero, quien finalmente acabó llevándose el gato al agua. Se trata de un personaje que a priori no parece tener opción alguna, más que la de situarse a última hora del brazo del ganador, en una pirueta archiconocida en política, a los únicos efectos de buscar situarse personalmente, gane quien gane y ello apelando al sentido común, a la moderación y a los resultados prácticos, y bla, bla, bla.
El siguiente es Pedro Sánchez, su anterior secretario general, defenestrado por un golpe de estado interno, propiciado por las tropas de quien finalmente, !Oh sorpresa!, acaba de postularse como última en discordia y adalid de golpistas.
¿Cual es el bagaje de Pedro Sánchez?.
Para sus opositores, ha sido quien ha llevado al partido a su situación actual, quien ha perdido estrepitosamente unas elecciones, quien dificultaba que en España hubiera un gobierno, quien anteponía su propias ambiciones al progreso del propio partido, quien prescindía de la “casta” interna, quien se entregaba a Podemos, etc.
Para sus seguidores, no obstante, ha sido todo lo contrario, pues de entrada tenía la valentía de recoger el testigo de Zapatero, quien si había llevado al partido desde el gobierno hasta el mayor desastre electoral, habiendo sido elegido para ello por la militancia, democráticamente, quien si tenía un programa de izquierdas, quien a través del, “no es NO”, no hacía más que seguir los acuerdos y determinaciones de los órganos de gobierno del partido, de sus colaboradores más cercanos, de quienes posteriormente le traicionaron y no solo hoy le niegan, sino que ocupan los mismos puestos de la mano de los golpistas y con el único objetivo de aupar a su emboscada, hipócrita y traidora rival, al puesto que ella nunca tuvo la decencia de negarle en público, mientras le iba poniendo todo tipo de zancadillas, propias de su constante vocación de genuino marujeo.
Por otro lado, y en su haber, hay que reconocer que para seguir optando a recuperar su puesto, su consideración y su dignidad personal, ha sido el único que ha tenido la honradez de dimitir y de empezar de nuevo desde abajo, cuando nadie daba un duro por él, todos le traicionaban, cerraban las puertas, e incluso le negaban sus derechos dentro del partido, sin reconocer que finalmente no llegó a presidente del gobierno únicamente por la negativa de Podemos, algo que de haberse dado, todos los que hoy le niegan estarían sacando provecho de cargos, carguitos y carguetes.
Finalmente, el único que se apoya en la militancia de base, que expone ideas, más o menos singulares unas, caducas otras, o tradicionales las más.
Finalmente llegamos a Susana Diaz, la protegida del partido, del “aparato”, de la “casta”, de la “caspa”, del andalucismo, en el peor sentido político de la palabra, nacida, criada y cultivada en el seno de la mayor corrupción política del socialismo español, de personajes como Abel Caballero, el rey de la demagogia, de la mentira y de la fagotización de todo tipo de instituciones y entidades en su propio beneficio político, quien no duda en poner a su disposición su cargo de presidente de la federación de municipios y provincias, para organizar saraos en beneficio de quien espera obtener mayores prebendas, entre otros muchos interesados en no perder comba del chalaneo de la política, entendida como un reparto de dignidades. Todos contra Sánchez, como sea, aquí vale todo…
Susana Diaz, es el prototipo de populista demagogo, permanentemente anclada en el tópico, en la descalificación como único programa, sin que se le conozca la exposición de una sola idea, de un solo planteamiento ideológico articulado, razonado y documentado. La clásica política sin profesión, toda su vida viviendo del partido, abriéndose paso a codazos, traicionando a todos los que la han aupado, poniéndose de perfil ante todo tipo de corrupciones con las que lleva lustros conviviendo, pero eso sí, condenando a todos los corruptos contra los que no tendrá piedad, sin la menor preparación para el ejercicio de una política de Estado, dispuesta a abandonar a los andaluces en el cargo para el que fue elegida, pero sin renunciar a él hasta no estar segura de ocupar el siguiente peldaño en su escalada, dedicando la mayor parte de su tiempo, no a las labores que exige su cargo de presidente de los andaluces, por los que evidentemente “daría la vida”, sino a mangonear a todos los cargos del aparato, entregada en cuerpo y alma a su desenfrenada ambición. Una joyita…
Esa puede ser la cabeza del pollo, si no lo evitan las bases. Pero ¿y las plumas?. ¿La renovación del partido va a consistir en la vuelta al plumaje casposo de la casta gobernante durante toda la “democracia”, de vestirse pluma a pluma con el pensamiento caduco de todos y cada uno de los bien surtidos personajes de la mamandurria política tradicional que la apoyan?. ¿Ellos inspirarán el hueco que ha de hacerse por la derecha a costa de Ciudadanos y por la izquierda a costa de Podemos?, ¿Con ellos conquistarán el voto mayoritariamente joven de sus nietos?, ¿En ellos está el futuro del PSOE, con el inútil de Zapatero por un lado, y el enriquecido Gonzalez por otro?. Solo faltaba en la foto, para colmo, y de entre los muchos que ha ido dejando en la cuneta, el dejarse flanquear por el duo dinámico de la política andaluza, Chaves y Griñan.
Y, finalmente, ¿cuales serán los andares?, ¿como piensa calmar al gallinero tras toda la persecución a Sanchez y el ninguno a las bases?. ¿Como se calma a un partido, orgulloso de su lucha histórica contra el golpismo, al que para llegar al poder se ha valido de todo tipo de técnicas golpistas, enfrentando al aparato con las bases?.
Si el PSOE ha de hacer un ERE cuanto antes y en profundidad, pero no a la andaluza (los carga el diablo), no con más de lo mismo, salvo que se pretenda que la distancia entre Ciudadanos y Podemos se acorte de tal manera que ya no quede hueco para un socialismo responsable, que requiere urgentemente de nuevas ideas, nuevos planteamiento y nuevas caras que aporten esperanza y alejen los malos augurios.
Resulta indicativo al respecto, la última encuesta publicada en la que, de haber elecciones ahora y encabezar el partido Pedro Sánchez, el resultado en estimación de voto para el PSOE, sería del 23%, mientras que de ser cabeza de lista Susana Diaz, no llegarían al 18%.
Susanita, ¿tiene un ratón…, o es la casposa rata en la que se ampara la casta socialista para su supervivencia?

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El Poder y la inteligencia

 

Generalmente, las palabras suelen tener más de una sola acepción y significado, de tal manera que una definición no es más que el acercamiento, con sus matices, al verdadero significado de tales palabras, de ahí que el acuñar definiciones, suele ser un claro ejercicio de actividad intelectiva.
En ese camino, la Real Academia Española de la Lengua, aun cuando la voz más autorizada en la materia, no siempre da en el clavo más atinadamente a la hora de llegar con mayor capacidad de comprensión a la definición de cualquier palabra, concepto o idea.
Uno de los conceptos sobre los que más intensamente se ha tratado a la hora de dar una explicación comprensible sobre su significado, tantas veces confundido con otros conceptos más menos pretendidamente similares, es el de “inteligencia”. Veamos algunas de las definiciones que se han ido dando sobre el particular por distintos organismos, autores, o simplemente estudiosos en la materia, comenzando por su significado etimológico: Intus (entre) – legare (leer), o elección de las mejores opciones para resolver una cuestión. Quien sabe elegir sabiamente.
“Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad”.
“Capacidad de pensar, entender, razonar, asimilar, elaborar información y emplear el uso de la lógica”.
“Capacidad para entender, comprender y resolver problemas”.
“Capacidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas, lenguajes y aprender”.
“Habilidad de comprender ideas complejas, adaptarse eficazmente al entorno, aprender de la experiencia, encontrar varias formas de razonar y superar obstáculos a través de la reflexión.”
“Capacidad de elegir entre varias posibilidades, aquella opción más acertada para la resolución de un problema, mientras que la sabiduría reside en una acumulación de conocimientos, pasando la inteligencia al ejercicio del mejor uso de tales conocimientos.”
“Capacidad de mejor resolución de nuestras necesidades, aprovechando nuestros conocimientos”.
De estas siete definiciones, podemos extraer toda una serie de elementos comunes que no habrán de variar en gran manera, aunque de muchas otras definiciones dispusiéramos.
Se trata pues de un proceso mental complejo, de utilización de la lógica, la reflexión, la razón y el pensamiento abstracto, que requiere un cierto conocimiento de aquello a lo que hayamos de aplicarla, un entendimiento de las distintas opciones, su valoración aplicada a lo concreto, y la consiguiente toma de decisión al objeto de encontrar la solución idónea en cada momento y circunstancia. Simplificando mucho el concepto, podríamos asegurar que el inteligente es el que sabe sobrevivir en las peores circunstancias, con independencia de valoración ética o moral alguna, ya que la inteligencia nada tiene que ver, ni con la ética ni con la moral. Ello también implica un cierto grado de madurez, experiencia, conocimientos y objetividad, lo que no suele manifestarse a edades demasiado tempranas, en las que, por otra parte, pueden intuirse tendencias claras hacia dicha virtud en un futuro más o menos inmediato.
Según determinados conocimientos científicos, al parecer, en nuestro cerebro se hallan ubicados en distintos lugares, las diferentes misiones, actitudes y aptitudes que rigen nuestras decisiones, características, virtudes, defectos y en general aquello que condiciona nuestra personalidad. Tal es así que en el hemisferio izquierdo se ubica el lenguaje, la escritura, la solución a problemas lógicos, el pensamiento analítico y racional, la certeza, la memoria, el control, el considerar únicamente válido lo contrastable y demostrable a través de hechos irrefutables y datos medibles, la organización, el orden, lo estructurado y planificado, las leyes, las reglas, los protocolos, etc., mientras que en el derecho reside la composición espacial, manual, deportiva, de dibujo, la fantasía, el sentimiento, lo inmaterial y espiritual. La inteligencia, no obstante, precisa para su proceso, de un equilibrio de actividades y aptitudes entre ambos hemisferios, de manera que si tal equilibrio no se produce, la capacidad objetiva de pensamiento abstracto, de objetividad y de la aplicación de la lógica, la reflexión y la razón, se verán mediatizados en favor de la pura subjetividad condicionada por las inclinaciones propias del hemisferio que lo desequilibre.
En función de ello, existen al parecer dos corrientes de pensamiento en cuanto al uso de la inteligencia. Por un lado, la que pudiéramos considerar como inteligencia general o unitaria, aplicada a la práctica totalidad de las cuestiones a considerar, que requiere de seres bien equilibrados y objetivos, y por otro, la inteligencia aplicada simplemente a determinados campos exclusivamente, lo que nos lleva a contemplar a seres que utilizan procesos intelectivos para determinadas materias y prescinden de ellos en el resto de las causas que les rodean, en general individuos no muy equilibrados (la mayoría), o condicionados por la falta de alguna o de la mayoría de las condiciones apuntadas para desarrollar el proceso intelectivo, bien por falta de conocimientos, por cerrazón fanática, encasillados en una idea para la que no admiten contraste, por falta de objetividad, de reflexión, o del uso de la razón, de manera que un personaje sumamente inteligente en determinadas materias, pueda ser un absoluto cenutrio en otras, algo que sorprende enormemente, pero que depende bien de sus propias aptitudes, o en general por actitudes derivadas de su propia voluntad.
Al parecer y según los estudiosos sobre el particular, se han clasificado 12 tipos de inteligencia especifica, que dependen en gran manera, bien de una tendencia natural o aprendida, a través de la estimulación del estudio, la formación, la educación, la enseñanza o el conocimiento, siendo estas las siguientes: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal, emocional, naturalista, existencial, creativa y colaborativa.
En el sentido apuntado, todos conocemos personajes enormemente inteligentes en la práctica de determinadas características propias de un hemisferio concreto, y ausentes de la mayoría de las propias del otro hemisferio, ya sea en el terreno deportivo, político, religioso o artístico (derecho), sin el menor sentido en cuanto a la lógica, a lo racional, a las certezas, a lo legal (izquierdo). Valgan como ejemplos el de Maradona en lo deportivo, Trump en lo político, cualquiera de los miles de santos en lo religioso, o de los innumerables grandes artistas enloquecidos. Al mismo tiempo, y cambiando lo cambiable, también podríamos citar claros ejemplos de personajes de suma inteligencia en lo económico, lo literario, lo científico, incapaces de empatizar, de tener la mínima sensibilidad artística, o de practicar algún deporte con un mínimo de coordinación, equilibrio y destreza.
Lo que no cabe la menor duda es que la verdadera inteligencia reside en quienes atesoran las virtudes apuntadas para ambos hemisferios en proporciones equilibradas, lo cual suele no residir en mayor medida en personajes famosos o conocidos por su inteligencia aplicada, ya que ello es más propio de aquellos en los que predomina con mayor claridad, alguna de las características propias de un hemisferio concreto, y sobre todo cuando esa inteligencia se limita a ser aplicada con gran intensidad en una virtud concreta por encima de todas las demás, personajes que curiosamente son alabados sobremanera por buena parte de una sociedad que, apoyada en su admiración, pretende ver en tal personaje un dechado de virtudes aplicadas a todos sus actos, algo que suele ser clara manifestación de aquellos en los que la inteligencia general no ha hecho acto de presencia todavía y quizá no lo haga nunca, lo que puede ser comprensible en niños y jóvenes hasta ciertas edades, pero muy preocupante en adultos, supuestamente ya formados. En este caso, el ejemplo de Maradona y sus seguidores es claramente ilustrativo, al igual que el de ciertos lideres políticos o religiosos.
Así las cosas, la inteligencia tiene una parte importante de origen genético y otra de cultivo, de educación, de práctica de análisis desde la objetividad, la razón, el conocimiento, pero también de la empatía, la generosidad, el sentimiento, un camino absolutamente opuesto al de las creencias, los adoctrinamientos, los prejuicios, las intolerancias, subjetividades, el cultivo insistente de la competitividad, el egoísmo, la desconfianza y el resentimiento.
La pregunta puede ser entonces: ¿Pretende nuestra sociedad la formación de ciudadanos inteligentes multifuncionales, o bien simplemente cultiva determinadas inteligencias aplicadas, controladas a partir del cultivo de ciertas barreras que neutralicen mayores desarrollos?. La respuesta, si analizamos todos los planes de estudios de nuestras pretéritas generaciones, el apoyo a la pervivencia de las creencias, el fomento del deporte encauzado exclusivamente hacia la competición, el respaldo social hacia las manifestaciones de inteligencias netamente superfluas, la caricatura de la política a la que todos sus “responsables” se ha aplicado, el modelo social de “educación” que se propone, y la banalización del esfuerzo, la razón, el conocimiento científico y todo aquello que ayuda al cultivo de la verdadera inteligencia, la respuesta, repito, es evidente.
Al Poder, a los inteligentes en materia política, social, económica o religiosa, no solo no les interesa la inteligencia en el más amplio sentido de la palabra, sino todo lo contrario, la consideran su auténtica bestia negra, virtudes de individuos en extinción, generalmente solitarios, a los que conviene evitar, de ahí que resulta ya prácticamente imposible encontrar a ninguno en esas distintas áreas de poder, donde prolifera la más absoluta mediocridad, aderezada con un mínimo de inteligentes sectoriales, en general en materias poco significativas, banales, o en el mejor de los casos, perfectamente controlables, controlados y para nada independientes.

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Soberbia, hipocresía, caspa e intolerancia

Hace unos días, al término de la Mobile World Congress Barcelona 2017, alguien aseguraba que los progresos de la ciencia y la tecnología, aplicados a las comunicaciones, están haciendo que en menos de veinte años podamos llegar a conseguir objetivos que ni siquiera hoy nos planteamos.
De la mano de la libertad, el progreso y la investigación, la ciencia está avanzando lo que no hizo en muchos siglos. La Reforma en su momento, la Revolución francesa, la industrial, el liberalismo y el ocaso de los absolutismos, han hecho del mundo occidental un foco de progreso y desarrollo donde, desde la libertad, el hombre ha avanzado hacia nuevos conocimientos a una velocidad y aceleración inimaginada.
Hoy no se concibe el progreso sin la investigación, sin la libertad de poder cuestionarlo todo, poniendo patas arriba cualquier “verdad” acuñada impositivamente como certeza indudable. Hoy, afortunadamente, nada es definitivo. La vieja escuela ya no sirve a las nuevas generaciones, las creencias están siendo gratamente sustituidas por la apuesta en desarrollar la inteligencia, ya sea personal o colectiva, la investigación, y la puesta en marcha de nuevas “verdades” que seguramente habrán de ser sustituidas en el tiempo por otras, más acordes a cada momento y circunstancia. Hoy la escuela ya no se entiende, en los países mas avanzados en la materia, como un ejercicio de memorización de materias obsoletas, donde el alumno ha de aprender, sin el más mínimo interés en la materia, cuestiones que ni le aportan nada, ni le motivan en absoluto, creencias u opiniones firmemente asentadas, y todo ello a base de confeccionar, además, unos deberes absurdos en sus ratos libres.
Hoy la formación del individuo pasa por despertar en él el interés por las cosas, por aprehender, por hacerle atractiva la investigación, por hacer que descubran por si mismos aquello que más les habrá de ayudar en su desarrollo posterior, deshaciendo mitos, creencias, tabúes, axiomas y certezas que habrán de asentar por si mismos en una actitud puramente cartesiana, para que finalmente sea su trabajo interno y su propia investigación y curiosidad la que les lleve al conocimiento.
Paralelamente al desarrollo del Congreso citado, tenían lugar, también en España, varias polémicas relacionadas precisamente con todo lo contrario al espíritu de la muestra, en la que este tipo de formación a la que aludía anteriormente daba sus principales frutos, en forma de progresos al servicio del ser humano cada vez más admirables. La noche y el día.
En Canarias tenía lugar su famoso carnaval, con la Gala Drag Queen como concurso ya consolidado de clásico espectáculo grotesco, pues no otra cosa son las fiestas carnavalescas previas a la cuaresma (adiós a la carne), donde la permisividad, el descontrol y lo pagano en honor a alegres dioses de la abundancia, con orígenes en la antigua Sumeria, y que datan de hace más de 5.000 años, daban rienda suelta a todo tipo de abandono corporal, ya practicado por los griegos en sus dionisias o por los romanos en sus bacanales, pues se trata de una fiesta popular de carácter lúdico, donde la permisividad siempre ha sido su más preciado valor, aupado no solo por todo tipo de vestimentas burlescas, sino incluso desde el anonimato de cualquier máscara o careta, al objeto de ejercer plásticamente una crítica bufona y desenfadada.
En puridad, el espectáculo del grupo vencedor en el concurso, guste o no, reunía todas las esencias propias del carnaval: hombres disfrazados de exageradas mujeres que apoyaban su espectáculo transformando en una fiesta desenfadada lo que la sociedad más seria y circunspecta acuñaba como más inamovible, con un resultado rompedor de gusto dispar, pero provocador en el más puro estilo carnavalesco.
La Iglesia católica que todo lo que vende se limita a martirios, tristezas, sangre, torturas y en general todo tipo de desagradables situaciones aplicadas, usualmente, a personajes de lo más siniestro, incapaces de sostener mas alegría que la pacata de sus aleluyas infantiles, no ha entendido nunca critica alguna, ni seriamente, ni menos en clave de humor, pues todo lo suyo lo considera sagrado, dando al término un significado de absoluta intolerancia, confundiendo la sátira con la falta de respeto, pues incluso, al parecer, el autor de la sátira no solo es católico, sino que siente respeto hacia los planteamientos de esa religión que por otro lado practica, lo que, a su juicio, no le impide desdramatizar las figuras principales de su credo, haciendo honor a aquello tan cierto como que el verdadero humor es reírse de uno mismo y de lo que más quiere, algo que quienes no tienen el más mínimo sentido del humor, nunca llegarán a entender, y menos tras tantos siglos quemando personas por hechos infinitamente menores a los expuestos, o exponiendo en sus iglesias a santos propios masacrando infieles, pecadores quemándose eternamente, mofándose de judios o condenando a la mujer a labores puramente serviles. Son millones los ciudadanos del mundo que no creen para nada en sus “sagradas” figuras y, en libertad, para nada ha de escandalizarles que las crean tan sagradas como al pobre de la puerta de la iglesia, del que se pasa de largo, al que la inmensa mayoría de creyentes desprecian diariamente, tras asistir fervorosamente a los oficios religiosos.
Casi al mismo tiempo, en Madrid, y como reacción a unos textos en los que se contenía el mensaje de que la consideración sexual de cada uno dependía más de la libertad de sentimiento que de sus propias características físicas, una asociación católica sacaba a la calle un autobús en el que se afirmaba que si un niño tenía pene era masculino y si una niña tenía bulba era femenina, con un “que no te engañen” como corolario, todo ello apoyado en declaraciones en las que se aseguraba que el sexo era algo que venía asignado (por Dios, por supuesto) y que el hombre no era nadie para cambiarlo, lo que se apoyaba en la razón física de que el hombre que nace con pene, aunque se sienta mentalmente mujer, su estructura corporal interna seguirá siendo la de un hombre, por muchas operaciones de trasplantes que pueda llegar a materializar, pues podrá implantarse senos artificiales e incluso una bulba, pero nunca podrá ovular, como misión propia de la mujer, lo cual es cierto.
Aquí, por otra parte, no obstante, nos encontramos con el dilema sobre si la sexualidad está en los genes o en el cerebro y si la sociedad moderna ha de considerarlo así. Por un lado la Organización Mundial de la Salud considera al transexual, no como enfermo, sino como anómalo, es decir, no normal, ya que lo normal es que el hombre con pene se considere masculino y la mujer con bulba se considere femenina. Por otra parte la consideración de anormal no presupone, o no debe presuponer, desconsideración alguna, pérdida de derechos, ni merecimiento de persecución, descrédito o pecado, como siempre ha mantenido la Iglesia a lo largo de los siglos y siguen manteniendo sus practicantes más fundamentalistas.
Si nos ceñimos al significado de la palabra masculino, la mayoría de los diccionarios lo consideran como “aquel que tiene órganos para fecundar”, mientras que femenino es “quien los tiene para ser fecundada”, de manera que semánticamente la condición depende de la capacidad de producir espermatozoides o bien óvulos y, en ese sentido, tienen razón en la forma los fundamentalistas del autobús, pero el verdadero problema no está simplemente en la forma, sino en el fondo de la cuestión, en la intolerancia hacia el sentimiento contrario al sexo físico del individuo y hacia la voluntad de negarle a quien lo sufre por así sentirse, todo tipo de derechos dependientes de su propia voluntad de sentimiento, algo que la sociedad ha aceptado ya en su gran mayoría. Valga como ejemplo una actriz de todos conocida, y que aunque nació como Manolo, todos conocemos y admitimos su trato como Bibiana, quien en todos los sentidos propios de sociedad y convivencia actual, es tenida como tal, como una auténtica mujer que ha tenido que luchar duramente en su vida contra todo tipo de intolerancias, trabas y desprecios por aquellos inmovilistas que aun no han comprendido que es mucho mas fuerte y respetable la libertad de cada uno, que las pretendidas imposiciones venidas de supuestos designios divinos.
Finalmente y quizá a cuento de lo anterior, ha vuelto a salir a la palestra el asunto del matrimonio y la familia, y otra vez con ello los intolerantes de siempre, que para amparar su intolerancia vuelven a escudarse en la semántica, han sacado a pasear su fundamentalismo. Aquí digamos que la sociedad civil ha dado un paso recientemente, que aun no ha dado en el asunto del sexo tratado anteriormente, pues hoy se considera oficialmente como matrimonio la “unión de dos personas mediante determinados ritos o formalidades legales y que es reconocida por la ley como familia”, mientras que para la Iglesia el matrimonio sigue siendo unión entre un hombre y una mujer, consagrada por sus estamentos oficiales, única unión capacitada para ser considerada como familia. ¿A quien perjudica que cada uno viva la familia como la sienta…?
Desafortunadamente, la Iglesia aun no ha comprendido que “gracias a Dios” vivimos en otros tiempos de libertad y de preparación, cultura y respeto hacia los pensamientos propios de cada uno, que ellos ya no son los árbitros de todo por designio divino, ni los encargados de adoctrinar y entontecer a la juventud, de amenazar permanentemente con el pecado, de capitalizar las fantasías más absurdas y de que todo lo suyo tenga que estar por encima de cualquier otra consideración, como ha ocurrido trágicamente con tantas generaciones, entre las que me cuento.
Hoy la sociedad, en general, le pide a la Iglesia, a todas las iglesias, que se retiren a sus cuarteles, que ejerzan su libertad sin salpicar y que dejen tranquila a la sociedad civil, absteniéndose de imposiciones, de aleccionamientos, de contarles batallas a los niños sobre absurdas fantasías, milagros y cuentos ancestrales que no resisten el más mínimo análisis racional, pero que a determinadas edades causan profundas huellas, que pueden marcar de por vida a aquellos que no han alcanzado un mínimo de raciocinio, como para atreverse a vivir por si mismos sus propias experiencias, su formación en libertad y sus propias consideraciones sin someterse al chantaje del miedo, la descalificación, la condena, o la propia exclusión social.
Aparquen su soberbia, preocúpense de sus asuntos, dejen a la gente vivir en libertad, que cada uno decida ejercer en sociedad el papel al que se siente llamado, que conviva con quien quiera con independencia de imposiciones y olvídense de una vez de darnos lecciones, que la sociedad en general les ha perdonado y no les pide responsabilidades sobre tantos siglos de quemar a inocentes, de someterlos a martirio y de torturarlos por no comulgar con sus creencias. Afortunadamente para ustedes, las reivindicaciones de justicia histórica se han quedado en la política.
Si, señor obispo de Las Palmas, son infinitamente más importantes las vidas truncadas y el dolor de las familias de cientos de fallecidos en el accidente aéreo, que un cristo o una virgen disfrazados de lagarterana, y si usted no lo entiende así, es que ni siquiera entiende nada de su propia religión, aunque cuando crea en un dios infinitamente bueno y todopoderoso que consiente y se inhibe ante la tortura que supone la muerte por hambre de miles y miles de niños subsaharianos en brazos de sus padres, angustiados, desesperados, impotentes ante la más absoluta pobreza y la falta de alimentos, sin que desde su pretendida omnipotencia y bondad infinita tenga la decencia de mover un dedo por evitarlo, lo que haría cualquier ciudadano de tener esas supuestas capacidades, mientras en las casas de los sepulcros blanqueados, esos casposos hipócritas que le jalean sus manifestaciones, se dan gracias al señor por los alimentos recibidos… ¿Que ha de agradecer ese niño, y a quien?.
Yo no se si existe un dios, de hecho nadie lo sabe, pero que ese no es… seguro.

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Galicia y la automarginación

 

Se dice que a un paisaniño, nada más terminar una cunca de vino en la taberna, del fondo de la taza se le apareció Aladiño, el de la cunca maravillosa, y le dijo: pídeme lo que quieras y te lo daré, pero con una condición, a tu vecino le daré el doble, a lo que el paisano, sin pensárselo demasiado, contestó: sácame un ojo.
En Galicia, y elevando el listón, pasa algo parecido con sus ciudades, sus puertos, aeropuertos, autopistas, trazados ferroviarios, industrias, polígonos industriales, infraestructuras, etc.
Si yo soy abogado, comparto mi casa con mis cinco hijos, y los cinco quieren ejercer la abogacía, lo normal es que trate de encauzarles a cada uno hacia distintas ramas, para entre todos montar un bufete competitivo, así uno se dedicará al penal, otro al civil, otro al mercantil, otro al laboral y otro al financiero, y yo coordinaré y dotaré al bufete de la mejor infraestructura, aunando todos nuestros esfuerzos, para conseguir entre todos mayores éxitos, tanto profesionales como económicos, pretendiendo lograr con ello, la consecución de un bufete de reconocido prestigio.
En Galicia, la Xunta sabe que cuenta con cinco puertos importantes como son Vigo, Marín (Pontevedra), Vilagarcía (Santiago), La Coruña y Ferrol. Lo lógico es que cada puerto se especializase en distintas cargas (algo por otra parte sencillo en este caso), la Xunta coordinase los intereses dotando a cada uno de las mejores infraestructuras para ello, aunando esfuerzos, para conseguir entre todos la captación de los principales tráficos, complementándose y sin hacerse competencia entre ellos, pretendiendo la consecución de ser la principal referencia marítima del oeste europeo.
Aquí ocurre todo lo contrario. La Xunta no coordina absolutamente nada, ni acomete dotación alguna de infraestructuras entre los distintos puertos. Cada puerto no solo va por libre, sino que trata de competir absurdamente con el vecino, en una lucha fratricida sin cuartel, perdiendo con ello todo tipo de éxitos comerciales que por situación, calados, y posibilidades, nuestros puertos, de trabajar coordinadamente, estarían llamados a conseguir.
Lo mismo nos ocurre con nuestros aeropuertos, con nuestros trazados ferroviarios, con la explotación de nuestros trazados viarios, con la ubicación de nuestros polígonos industriales y con casi todo lo que significa infraestructura comercial y competitiva hacia el exterior.
Aquí a todo eso, en un alarde de autoengaño, de falta de responsabilidad, de hipocresía y de falta de generosidad y de gestión, le llamamos “marginación”. Nos encanta justificarnos en base a ello, a lo poco que nos consideran, a que las inversiones van hacia otras latitudes y a consideraciones similares, siendo Vigo, en esa loca carrera hacia el absurdo, la ciudad que encabeza la clasificación de la auto-marginación, habiendo llegado a las más altas cotas del absurdo con el actual alcalde, máximo defensor de la marginación de la ciudad y del enfrentamiento que a su juicio la ciudad requiere hacia todo y hacia todos, ya sea en materia portuaria, aeroportuaria, ferroviaria o lo que sea, empezando, como no, por la Xunta, a quien los vigueses, según su criterio, hemos de ver como nuestro principal enemigo.
Al sur de este reino de Taifas, se encuentra un país que se llama Portugal (menos mal que nos queda Portugal), con una costa sin puertos de abrigo importantes, sin nuestras rías, pero que a base de importantes inversiones han conseguido disponer de tres puertos cada vez más competitivos, concretamente Leixoes (Oporto), Lisboa y Sines, quizá el mejor dotado.
Es harto conocida la rivalidad entre Oporto y Lisboa, como en España Barcelona y Madrid, con la diferencia de que en el caso de Portugal, sus dos principales ciudades son portuarias, pero a diferencia de lo que nos ocurre en Galicia, a la hora de aunar esfuerzos son capaces de salvar las diferencias y remar todos al mismo tiempo, y en la misma dirección, habiendo conseguido ya adelantarnos en materia aeroportuario con el aeropuerto de Oporto, que factura más que los tres gallegos juntos, y ahora lo pretenden también en cuanto a la vía marítima, con la ampliación del puerto de Leixoes.
Hace unos días, los periódicos vigueses vienen haciéndose eco de tal decisión, anunciando que “el gobierno luso se lanza a convertir Oporto en el gran puerto del noroeste”. La apuesta portuguesa se apoya en una inversión de 430 millones de euros en el puerto de Leixoes, parte como fondos comunitarios, otra con fondos de las propias arcas nacionales y finalmente, y en mayor medida, a partir de una importante inversión privada, algo que nace como una continuación a la anterior ampliación del puerto para la recepción de trasatlánticos, que ya en su día supuso una importante merma hacia la competitividad de los puertos gallegos y en especial hacia el de Vigo.
A la hora de entender el problema, el contenido de las páginas 2 y 3 del Faro de Vigo del pasado 22 de febrero (periódico que combatió, inexplicablemente en su día, la ampliación del puerto vigués), es harto elocuente. “La comunidad portuaria urge una estrategia a Xunta y Gobierno ante la ofensiva de Portugal”. “Armadores, consignatarios o transportistas, preocupados por el plan de Leixoes para reforzar su capacidad”. “Si no buscamos competitividad retirarán tráficos”.
Se recoge la opinión de algunos de los principales protagonistas de actividad en el puerto vigués, así el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique López Veiga, manifiesta: “Perdemos tráficos por causas administrativas; hay que revisarlo y resolverlo”. “Tenemos que estar conectados por ferrocarril, es algo necesario para el futuro, hay que alcanzar la intermodalidad”. “Si no conectamos este puerto con el corredor central, lo condenamos a muerte a medio plazo”. “La administración española es demasiado lenta y así no vamos a ninguna parte”.
El presidente de la Cooperativa de armadores de Vigo, Javier Touza, manifiesta: “Si se pierden tráficos es difícil retomarlos; o eres competitivo o te borran del mapa”. “Es necesario apostar por la ventanilla única y la administración electrónica”. “Deberíamos tener una estrategia a corto, medio y largo plazo… saber que queremos ser”. “Es necesario mejorar el transporte por ferrocarril para mercancías, optimizar los espacios portuarios, o impulsar la Plisan”.
Por parte de Juan Martínez, de la consignataria Kaleido, quizá la mente más preclara en todo el panorama marítimo gallego, desde hace lustros, en los que viene proponiendo soluciones sin el más mínimo éxito ni consideración, por parte ni de la Xunta, ni de los distintos puertos y sus particulares intereses, “Hay que reducir costes, agilizar trámites y tener plataformas logísticas bien vinculadas al puerto”. “Oporto nos va a quitar tráfico si no mejoramos nuestra competitividad”. “Leixoes tiene un tercio de superficie de carga que Vigo y mueve tres veces más contenedores”.
Para José Manuel Vieites, secretario general de Anfaco, “Si Portugal gana competitividad, el tráfico se ira orientando hacia allí”. “Se necesita una actuación global en el puerto en todas aquellas cuestiones en las que se detecte que hay una falta de competitividad”. “Las administraciones han de tener en cuenta las necesidades de los usuarios”. “Si no se ponen las medidas adecuadas para resolver los problemas de competitividad que tiene el puerto de Vigo, eso conllevará que las empresas vayan al sitio más competitivo en costes y con más facilidades”.
El gerente de transportistas de contenedores, Carlos Quintanilla, da en el clavo cuando asegura que “Hay una enorme preocupación. Aquí tenemos problemas auto-generados”. “Mientras en Portugal hablan de inversiones millonarias, nosotros hablamos del chocolate del loro y tonterías; no de preocuparnos por las infraestructuras”. “Urge fijar unos objetivos comunes, superar ya los problemas del PIF, la modernización de la estiba y la ventanilla única”. “Hablamos de problemas absurdos, auto-generados por nosotros mismos”.
Finalmente María Jesús Pérez, secretaria de la federación de usuarios del puerto, manifiesta, “Hay que acelerar el plan de mejora competitiva. No podemos quedarnos atrás”.
Pues bien, ante tamaño diagnóstico de los problemas por los que atraviesa el puerto vigués, dibujado por sus principales usuarios, se hace eco el periódico de dos de los problemas que a corto plazo se están dando también en el puerto, como son que “El puerto denuncia el desvío de otros 100 contenedores por culpa del Puesto de Inspección Fronteriza (PIF) de Guixar” y que “Los estibadores amenazan con una huelga de 9 jornadas, si el gobierno aprueba este viernes el decreto”.
Ya como colofón a esta catástrofe por inacción continuada desde hace lustros, de unos y otros, en relación a las necesidades del puerto, la guinda la pone, como no podía ser menos, el principal aliciente de la complacencia en la desgracia que persigue nuestro vocacional motivo de discriminación: “Cientos de millones enterrados en los puertos exteriores de A Coruña y Ferrol, infrautilizados”, un mantra que en Vigo tiene ya categoría de incuestionable, explicación absoluta a todas nuestras desgracias y motivo suficiente como para abandonarse en la auto-complacencia.
¿Que hace al respecto el máximo regidor de la ciudad, el inefable, dictatorial, imputado por corrupción y acumulador de cargos Abel Caballero, presidente de la autoridad portuaria con anterioridad al cargo que ocupa, donde no hizo absolutamente nada por solucionar los múltiples problemas del puerto ya entonces, salvo su sempiterna dedicación a bagatelas y visiones de alucinada grandiosidad?. Como era de esperar, culpar de nuevo a todo y a todos de la situación y volver a enfrentar a Vigo con La Coruña, Ferrol, Marín, etc., aunque por supuesto, con el máximo culpable de que amanezca, el presidente Nuñez Feijoo, a quien nunca ha planteado alternativas, ni propuestas, ni soluciones al problema, salvo la permanente exigencia de dar soluciones, sin que ello implique planificación alguna que pueda beneficiar a los “enemigos” de Vigo, al tiempo que va cambiando aceras, haciendo horteras rotondas y mintiendo a diestro y siniestro sobre futuras obras para la ciudad, como máximo exponente de su pueblerina idea de progreso, algo que, en su aldeanismo, aplauden con las orejas muchos más súbditos de los que cabría esperar en cualquier ciudad convenientemente ilustrada, con ciudadanos mínimamente informados.
Galicia, de sus cuatro provincias, tiene dos de ellas, concretamente La Coruña y Pontevedra, que por su ubicación costera y la localización en ella de las ciudades de La Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra y Vigo, han de soportar principalmente la economía y la competitividad de la región. Para ello hay tres campos de actuación preferenciales en cuanto a una programación encomendada a su competitividad, como son puertos, aeropuertos y trazados ferroviarios.
En materia de puertos es imprescindible la especialización de cada uno de sus cinco puertos citados, sin solaparse más que lo estrictamente necesario como puede ser en materia de turismo, las lineas de trasatlánticos con escalas en Vigo para aquellos que vienen de Lisboa y en la Coruña para los que proceden de Oporto, y ello debido a las horas de navegación nocturna que por distancias entre puertos exigen ese tipo de escalas. Para el resto de tráficos, concentrando pesca principalmente en Vigo en el sur y Burela (Lugo) en el norte, el resto es perfectamente identificable en cuanto a especializaciones, fusionando autoridades portuarias: Galicia norte, comprendiendo La Coruña, Ferrol y Burela, y Galicia Sur, con Vigo, Marín y Vilagarcía, estableciendo áreas logísticas suficientes entre los distintos puertos, con comunicaciones ágiles, tanto viarias como ferroviarias para el intercambio de mercancias, todo ello como única oferta al tráfico marítimo internacional.
En materia ferroviaria, aun cuando lo del AVE, siendo importante está muy mal resuelto (Vigo nunca lo tendrá directamente con Madrid), lo es mucho más el disponer de una red de mercancías competitiva, tanto por el sur (línea del Miño) por su comunicación con Madrid (hoy su puerto es Valencia), e incluso con Portugal, como por el norte con la cornisa cantábrica y consecuentemente con Europa.
Finalmente en cuanto a infraestructuras aeroportuarias, destinando el aeropuerto de Santiago (Lavacolla) a tráficos nacionales e internacionales y reservando Vigo (Peinador) y La Coruña (Alvedro), para trafico de mercancías, con lineas nacionales preferentemente a Madrid, Barcelona y alguna otra ciudad de contactos comunes, gestionando retornos de mercancías con aquellas procedencias que más nos interesen comercialmente, habilitando para ello lanzaderas ferroviarias entre Vigo y La Coruña con el aeropuerto de Santiago, facturando en el propio tren, de manera que incluso en esas condiciones el tomar un avión en Santiago, para cualquier ciudadano de las dos ciudades citadas, fuera más rápido que lo es en la actualidad desde sus propios aeropuertos, al salir el tren del centro de la ciudad, no demorar en más de media hora la llegada al aeropuerto y prescindir del uso del coche propio para llegar al aeropuerto (a esta propuesta ya se negó el alcalde vigués por considerar que beneficiaba a Santiago…).
Teniendo eso claro, y desde la Xunta coordinándolo todo, con la intervención de los responsables, tanto de las ciudades citadas como de las infraestructuras correspondientes, queriendo llegar a buen fin y anteponiendo los intereses comunes de Galicia, a los propios de cada uno, de su partido, de su ideología, de su ciudad, de su pueblo y de su aldea, Galicia podría tener un protagonismo en el concierto internacional que hoy ni de lejos se vislumbra y que, Portugal, con mucho más sentido, generosidad, civismo, modernidad y acierto que nosotros, opta cada vez con mas posibilidades a conseguirlo.
Aquí… sácame un ojo, y a llorar.

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Los partidos políticos: La madre de todas las corrupciones

 

Éticamente, ¿somos los españoles lo suficientemente sensibles en materia de corrupción?. Sinceramente, y en líneas generales, creo que muy poco en cuanto a nosotros mismos y moderadamente en cuanto a los demás.
En España se ha cultivado secularmente el individualismo muy por encima de los valores en comunidad, de la solidaridad, del respeto por lo común, del trabajo en equipo, etc. Se valora el éxito individual, el liderazgo, el oportunismo, lo privado, las diferencias, la suerte, las jefaturas, la notoriedad, todo ello muy por encima de lo que podamos conseguir generosamente, cediendo parte de nuestros intereses en beneficio de la consecución de mejores metas para la colectividad. Ello nos ha llevado, individualmente, a respetar con un mayor grado de intensidad y consideración todo lo privado sobre lo público. Si nos encontramos en el jardín de una casa particular, no tiramos un papel al suelo, pero sí lo hacemos en la vía pública. Hasta hemos llegado a disponer de una ministra de “cultura”, que se atrevió a decir, muy convencida ella, que lo público no era de nadie, cuando se trata precisamente de aquello que tiene más dueños, de lo que nos pertenece a todos y que por tanto todos debemos cuidar con mayor interés. Nunca lo hemos entendido, pues del “prohibido pisar el césped” franquista, hemos pasado a dejar en él todo tipo de desperdicios. Ni antes entendíamos que el césped es para pisarlo, para disfrutarlo, ni ahora entendemos que el disfrute tiene un límite en el bien de todos. Nos falta cultura de lo común.
Lo curioso del caso es que disculpamos habitualmente nuestras corruptelas con todo tipo de disculpas de lo más chungo, amparándonos en que nuestras actitudes censurables, son generalidad en la sociedad, aunque no tolerándolas demasiado bien cuando las observamos en otros, y criticándolas a degüello cuando quienes las practican son “los de arriba”, generalmente “triunfadores” en materia social, económica o política, actitud que aun sorprende en mayor medida cuando les otorgamos nuestra confianza, generalmente sin limites y sin medida, cuando se trata de hacerlos nuestros referentes, comprarle sus productos, o darles nuestros votos.
Sabiendo la dificultad que implica adentrarse en determinados terrenos ante el acoso sistemático de los apóstoles de lo políticamente correcto, de los fanáticos del más absoluto simplismo, que se agarran a cualquier coma, o a una mínima consideración sobre algo, de lo que han decidido previamente su maldad, sin mayores análisis que los propios de sus primitivos prejuicios, voy a adentrarme en ciertas comparaciones, no de distintos sistemas de ejercicio del poder, sino de actitudes populares y condiciones de vida de tiempos no tan lejanos.
Desde hace alrededor de cuatro décadas vivimos teóricamente “en democracia” (siempre he mantenido que, de verdad, ni siquiera la hemos catado todavía), lo que tras un análisis tan superficial como el que ahora se transmite a las nuevas generaciones, viene a significar que antes todo era malo y ahora es todo bueno, aunque, como todo en la vida, son los grises los que acaban aportando matices y dando objetividad a situaciones bastante más complejas.
Hoy no hay día sin noticias de corrupción política a todo lo ancho y largo del pais. Volviendo a los típicos análisis superficiales y aludiendo a las odiosas comparaciones, la respuesta políticamente correcta es siempre la misma: antes era peor, lo que pasa es que no lo sabíamos por la censura. Volviendo a los grises, la disculpa no es para nada correcta en su simpleza.
Si me refiero a la última década del franquismo, durante la llamada “dictablanda”, hay que convenir que no existía libertad de prensa, aun cuando había ciertos intentos que te permitían leer entre lineas ciertas cuestiones ajenas a los intereses del régimen, tanto en el orden político, como en el social y religioso. Hoy, en este sentido hemos ganado muchos enteros, aunque sigue habiendo censura, tanto en lo político, como en lo económico, social y religioso, sobre todo en provincias, y sé de lo que hablo, ya que el escribir “desde el exilio”, se debe a la censura de periódicos locales, tanto en materia política como religiosa (todavía), algo que aunque a los ingenuos pueda sorprender, está a la orden del día.
En aquel entonces no había ningún partido político (salvo !el movimiento!), Franco nombraba a sus más próximos colaboradores, a los que cesaba sin más cuando, a su entender, no respondían a su idea de las necesidades del pais, estos nombraban a sus lugartenientes, y así sucesivamente, en una organización puramente piramidal donde a lo largo de los años se había pasado de un negro evidente, a unos tonos de gris claramente identificables, y todo ello a través de unas instituciones y de unos cargos oficiales que no llegaban, ni de lejos, al 10% de los que hoy ocupan todo tipo de instituciones.
En cuanto a la composición del poder municipal, la Corporación local estaba formada por tres tercios, los llamados familiar, sindical y corporativo. El tercio familiar era elegido entre los vecinos por los cabezas de familia censados en el municipio, el sindical por las distintas secciones profesionales del sindicato único, aunque en la llamada “dictablanda”, buena parte del ilegal sindicato comunista se iba infiltrando con cierto poder en el sindicato oficial, y finalmente el tercio corporativo era elegido por entidades económicas, profesionales y culturales de la ciudad, a propuesta de una lista confeccionada por el gobernador civil, que finalmente era quien decidía la figura del alcalde de entre los elegidos. Es evidente que el resultado, solo respondía a la voluntad popular en pequeña medida pues, por un lado, ni para el tercio familiar ni el sindical se presentaban personas de conocida oposición al régimen, y por otro, para el tercio corporativo, los elegibles lo eran de una lista confeccionada por el gobernador civil, lo que dio en llamarse “democracia orgánica”, para finalmente nombrar como alcalde, el gobernador, a quien teóricamente podría conseguir mayores logros para su ciudad.
Hoy no existen esos tres tercios, pudiendo votar todos los ciudadanos la totalidad de la Corporación, pero !ojo!, de unas listas confeccionadas por los partidos políticos, auténticas mafias en las que no existe la democracia interna y donde el jefe local, provincial, o regional, acaba imponiendo la lista que más le conviene a sus intereses, y aun en el caso de que hubiera democracia interna, sería para la confección de unas listas cerradas sobre las que habría de pronunciarse toda la ciudadanía, y esa sería confeccionada (no se ha dado el caso todavía) por los militantes de cada partido, que en España son solo alrededor del 1% de los españoles, sin que el resto de los ciudadanos tengamos acceso a nombrar a nadie ajeno a todo ese tinglado, aunque nos pudieran parecer los mejores o los mas adecuados. Finalmente el alcalde es designado por los que han de formar la Corporación, y lo es no en función de ser el mejor o no, sino el que más interesa a los distintos partidos, aunque estos sean partidos perdedores y el alcalde el menos votado. Pues bien, a esto, en el argot políticamente correcto, se le llama democracia, y la mayoría de los analfabetos políticos españoles, los que dan poder, se lo creen.
En el caso de Vigo, que conozco sobradamente por haber vivido en la ciudad cuando era alcalde Tomás Pérez Lorente (el mejor alcalde de Vigo), posteriormente Rafael Portanet, y al haber entrado a trabajar como funcionario, siendo alcalde Antonio Ramilo Fernandez Areal, viviendo posteriormente la transición y pidiendo la excelencia voluntaria hace ahora algo más de veinte años, aburrido de tanta incompetencia y corrupción, he de manifestar que desde la Corporación de Pérez Lorente, compuesta en líneas generales, por lo más granado de la ciudad, en todos los aspectos, hasta hoy, donde abunda la más absoluta mediocridad y donde nadie pinta lo más mínimo ante el total y absoluto control por parte del peor alcalde que Vigo ha tenido en su reciente historia, el deterioro ha sido paulatino y constante en todos los aspectos.
En materia de corrupción, y conociendo algunos casos puntuales que se dieron siendo alcalde Rafael Portanet, he de asegurar también que hasta el advenimiento de la “democracia”, nada puedo destacar, pero que a partir de ahí, y ya con los partidos en danza, el grado de corrupción, más o menos sofisticada, no paró de ir en aumento, al menos en lo que yo pude conocer de forma directa, aunque de difícil denuncia ya que el grado de estupidez no llegaba a tanto como para ir dejando resquicios probatorios por el camino, siendo no obstante continuadas las peticiones de ayuda, tanto para los partidos como para los partidarios, y ahí no he conocido distingos entre partidos, habiéndose dado casos verdaderamente lamentables, lo que conocemos cantidad de funcionarios dentro de todas las administraciones, pues en la práctica totalidad de los casos, siempre es el político (o un mandado) el que pide, y no el ciudadano el que ofrece, aunque finalmente este “compre” a buen precio para sus intereses, pues si no lo hace él lo hará el siguiente en la lista, y siempre debiendo disponer de dinero “B”, ya que si no es así no tendrá nada que hacer.
Si damos unos pasos atrás en el contenido de lo que expongo, la disculpa a nuestras corrupciones, cuando abogamos por nuestro partido, nos hace creer que ello no es para nada censurable, ya que el partido actúa en bien de la sociedad, buscando lo mejor para todos, y qué mejor que hacer que los que van a sacar provecho de sus negocios colaboren, algo que además supone un trabajo para el recaudador, quien ha de estar bien pagado debido a la “dificultad” del trabajo, a la discreción que se le exige y a la fidelidad que se le supone, pues todo antes que comprometer al líder en el bien del partido y del modelo de sociedad que pretendemos, habiendo sido elegidos por el pueblo para tal fin. ¿Que hay de malo?…
Los partidos, al menos los dos principales, no solo se lo han creído, sino que en base a ello han ido creando unas mafias absolutamente incontroladas, que día a día han ido necesitando de mayores ingresos, para que sus mentiras transformadas en verdades de esperanza, para un pueblo que nunca ha hecho sus deberes, les den resultado, para lo que se han visto envueltos en una espiral de endeudamiento, de gasto y de dispendios de toda clase, ya sea con entidades bancarias, medios de comunicación o proveedores, que les han ido perdonando las deudas y que les ha llevado a ir contaminando a todo tipo de instituciones, ya sea oficiales o ciudadanas y todo ello con el estilo propio de cualquier mafia, donde el capo ordena y manda sin mancharse las manos, abandonando a su suerte a quienes le puedan comprometer y a quienes no han hecho de las reglas propias del recaudador su modus vivendi, léase cualquiera de los que día si, y día también, frecuentan nuestros juzgados.
Hoy, en España, los partidos políticos son los auténticos enemigos de la democracia, quienes frenan su implantación real en la sociedad española, quienes nos llevan a una ruina, tanto ética (corrupción), como social (institucional) y económica, con miles de paniaguados viviendo del cuento en cargos, carguitos y carguetes, absolutamente prescindibles, obscenamente bien pagados y férreamente asentados, desde bedeles de escuela, a jueces nombrados por los propios partidos, hoy mangoneando, con ello, todos los resortes de la convivencia.
No obstante, tras un fin de semana que habrá que analizar en detalle, tanto para Ciudadanos como para Podemos, la consolidación de sus líderes ha sido poco menos que un paseo militar, con ciertos problemas para Podemos, pero finalmente como se esperaba. Lo más grave es el que, en el caso de los partidos de siempre, los que tienen ya percebes en los cataplines de su permanente ejercicio mafioso, aun a pesar de todo el lastre de corrupción que pesa a diario sobre sus espaldas, el PP, como era de esperar, ha vuelto a colocar en la cumbre, sin oposición de ningún tipo, al máximo responsable de la cosa, y en el caso del PSOE, hemos asistido, vergonzosamente, al endiosamiento de otro desastre en la figura de Susana Diaz, la líder de donde con mayor profusión aflora la corrupción en España, aupada por lo más casposo y corrupto del partido, buscando ya todos situarse ante posibles futuros éxitos que les reporten nuevos y sustanciosas cargos.
Pues bien, lo más grave de todo, es que nuestro corrupto pueblo (en grado de colaboradores necesarios) siga dando el voto a toda esta camada de sinverguenzas, y todo ello aplaudiendo con las orejas.
Es como para largarse bien lejos y… el último que cierre la puerta.

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El problema siempre es el pueblo

 

Pocas veces o ninguna, un político, con razón o sin ella, ha sido más criticado nada más pisar poder que Donald Trump, pero pocas veces o ninguna, ha habido un político que nada más pisar poder, se apresure a cumplir con todas sus promesas electorales como lo está haciendo Donald Trump.
Habrá que empezar por dejar claro que, a mi concretamente, no me gusta Donald Trump, pero tampoco me gustaba Hilaria Clinton, ni la política americana de sumisión al petróleo y la ametralladora.
Algo también es evidente, y es que EEUU no es Europa y que las cosas se ven de muy distinta forma a un lado u otro del Atlántico norte. También en ello influye el que EEUU es actualmente el “jefe” de toda la movida y que si se tratase de Venezuela, el personaje en cuestión sería otro Maduro de la vida, que podría indignarnos, pero no preocuparnos demasiado.
Curiosamente, en la caduca Europa, y más en España, el país menos pro yankee de todos, hoy se rasgan las vestiduras millares de periodistas, analistas y cuentistas, que aseguraban que las cosas serían muy distintas nada más pisar poder, que sus manifestaciones no eran más que estrategias electorales, y que al final todo se quedaría en pequeñas reformas para que todo siguiese igual.
En Europa, y sobre todo en España, entendemos mejor al político que hace solo lo políticamente correcto, que nos miente, que solo actúa en función de exaltar nuestras más bajas pasiones, de mantenerse en el poder, o en interés de su partido, lo que aberrantemente nos parece bien y acabamos votándole, aunque sea un demagogo, un inmovilista, un corrupto, un mentiroso o todo a la vez, como ocurre con Rajoy, quien es incapaz de llevar a cabo reformas de calado que cada vez necesitamos en mayor medida, que dirige con mano de hierro el partido más corrupto de nuestra historia reciente, y quien ha mentido sistemáticamente incumpliendo todas y cada una de sus promesas electorales, virtudes suficientes, en esta casposa sociedad, para ganar elecciones e incluso por mayoría absoluta, lo mismo que a nivel local ocurre en Vigo con Abel Caballero, incapaz de gestionar algo importante para la ciudad, dedicado a sus múltiples horteradas sin mayor trascendencia, tras haber corrompido y acallado a todas las instituciones viguesas teóricamente independientes, y con la única estrategia permanente de la mentira por bandera, compensándonos con la menor chorrada, o con cualquier exaltación de localismo pueblerino que excite nuestro más profundo resentimiento.
También en ámbito nacional y en el lado opuesto a Rajoy, nos hemos cargado a un político como era, o es, Pedro Sánchez, elegido democráticamente por su propio partido, que no hacía otra cosa que seguir a rajatabla las indicaciones de su órgano de dirección (no es NO), y que tras un golpe interno, auspiciado claramente por golpistas de la talla de la tal Susana Diaz, y los que le siguen, esperando cargos, carguitos y carguetes, traidora de libro, con amplio curriculo en dejar en la estacada a quienes la auparon a su actual poltrona, participe de un socialismo andaluz, desde bien joven, donde se trincaba a manos llenas, al final acaba siendo alabada por una amplia mayoría de su partido y a la espera de convertirse en su líder, sin que nunca de sus labios nadie haya escuchado ni una sola idea, ni socialista ni de ningún tipo, salvo los típicos tópicos de la protección los desamparados, lo de la clase trabajadora, lo malos que son los malos y bla, bla, bla. Los líderes de la caspa.
El problema siempre surge de la falta de preparación del pueblo en general, de pueblos poco preocupados por la solidaridad, por lo común, por la ética como camino hacia el bienestar y la justicia en colectividad.
Estas cosas no ocurren, en general, en países escandinavos, o en los centroeuropeos, donde el laicismo o la influencia luterana han hecho de la tolerancia, del respeto al vecino y a sus derechos, la bandera de la convivencia.
Europa ha tenido tres revoluciones que han marcado su carácter en lo avanzado, como han sido la reforma luterana (Alemania), la revolución industrial (Inglaterra) y la revolución social (Francia), mientras nosotros nos hemos quedado estancados en valores de sumisión al poder, “educando” a nuestros hijos en el besamos a fanáticos de la irracionalidad y la intransigencia ataviados de sotana y cruz en ristre, con la consiga de “que inventen ellos” y lindezas semejantes que nos han castrado invirtiendo los valores propios de nuestras potencialidades internas, por nuestra sumisión a todo tipo de poderes externos a magnificar, ya sean políticos, sociales o religiosos, lo que finalmente nos ha llevado a disponer de una calidad de líderes absolutamente deleznable, sin sentido de la responsabilidad, de la ética, de la decencia o de la valía personal.
Sirvan de ejemplo las residencias oficiales de los primeros ministros del norte de Europa, en comparación al nuestro, que reside en el Palacio de la Moncloa, un palacio aislado a las afueras de Madrid, con un jardín de 20 hectáreas y en una vivienda de 8 dormitorios, 9 cuartos de baño y distintas salas, etc. En Suecia su primer ministro Stefan Löfven reside en la casa Sayer, una casa entre medianeras en una calle de Estocolmo, el de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, no tiene residencia oficial, el de Finlandia Juha Sipillä, tampoco tiene residencia oficial, la presidenta del gobierno noruega Elna Solberg vive en una residencia en una calle céntrica de Oslo, el de Islandia Bjarnl Benediktsson, no tiene residencia oficial, el de Holanda Mark Rutte, en la propia residencia del gobierno de los Países Bajos, la de Gran Bretaña, Theresa May, en la casa de al lado del 10 de Downing Street, mientras que la poderosa primera ministra alemana Angela Merkel, reside en su propio piso de Berlín, va a veces a la compra y cocina cuando puede, cosa que a Mariano Rajoy ni se le pasaría por la imaginación, aunque lo más grave es que a la práctica totalidad de los españolitos les parezca normal y más en un país en el que las residencias de los obispos, en lugar de ser modestas viviendas acordes con el mensaje que se suponen han de transmitir, han sido siempre grandes palacios o extraordinarias residencias.
Curiosamente EEUU, al igual que Australia, son países formados por los desheredados de la tierra, por emigrantes de todas las latitudes, por gentes que todo lo habían perdido en sus lugares de origen y que todo lo encontraron formando un nuevo y gran pais, su inmenso tesoro, del que se sienten absolutamente orgullosos al haber conseguido llegar a lo más alto desde el origen más bajo, admirando pero a la vez despreciando a esa vieja Europa de la que salieron, encorsetada, incapaz de evolucionar en esa frescura, sinceridad y solidaridad que ellos practican para con los suyos. Pero también hay una parte importante, la llamada America profunda, que se ha quedado a medio camino, que ya no ve esperanza, que salió de lo más bajo pero que tampoco ha llegado a ninguna parte y que se aferra a lo más conservador de las “virtudes” del pueblo americano, ávidos de escuchar mensajes de predicadores populares, de vendedores de iglesia, de comerciales que les prometan aquello que desean escuchar y que les lleve algo de esperanza hacia sus anhelos de seguridad y protección, que en definitiva son los principales objetivos de los colectivos que no emprenden, de los que pasan la vida dejándose llevar y de los que no aportan demasiado, pero si son capaces de formar grandes rebaños dispuestos a pastar en los amplias llanuras de la complacencia, conducidos por fuertes pastores que les protejan.
Donald Trump ha sabido pescar en el mar revuelto del mundo del dinero, en los peligrosos rápidos de la política, pero sobre todo en las grandes lagunas de esa clase media descontenta con su suerte, consigo mismos y en definitiva con el mundo, esa que ya cansada de esperar por vanos progresos, solo busca aupar a un líder que revuelva las aguas, para ponerse a pescar en rio revuelto, esperando algún fruto que compense su existencia.
El pueblo americano es un pueblo joven y por tanto guerrero, que nunca ha sido invadido pero que se siente vulnerable y al que la tragedia de las torres, marcó profundamente en ese sentido, lo que junto a su fuerte endogamia, propia de quien ha adquirido sus orígenes en pocas generaciones, y su situación de predominio en el mundo de la energía, las armas y el dinero, le convierte en un gigante tremendamente susceptible y muy dispuesto a defender lo suyo bastante mas allá de lo razonable.
Hace unos días, Gonzalo Caballero, quizá el político mejor preparado, en todos los aspectos, de la izquierda gallega, un lujo masacrado para la política socialista por lo más impresentable de ese mismo partido, su propio tío, que he citado anteriormente (no se trata de una tragedia griega… o si), recomendaba la lectura de un artículo en el que la autora trataba sobre la forma de llegar en política a los más altos cargos, exponiéndolo de forma bastante acertada, no obstante incurría, para mi, en un error amparado en un tópico por excelencia de la democracia, al asegurar que los políticos debían ser fiel reflejo del pueblo al que servían. Ello no solo me parece una barbaridad, sino que opino que ha de ser precisamente lo contrario. El político debe ser fiel conocedor del pueblo, de sus virtudes y de sus defectos, vivir como él, pero si ese pueblo ha de progresar no puede quedarse en el inmovilismo del pueblo que necesita de ese progreso, ha de ir más allá, para no ser la pescadilla que se muerde la cola, ya que nunca innovaría lo más mínimo, al estilo Rajoy, quien además a nivel internacional ya acaba de confesar que su mayor anhelo, de cara al primo de zumosol, es hacer de “correveydile”.
Donald Trump es todo lo contrario de un líder que se parece al pueblo que le ha votado (la mayoría por debajo de la renta media), pero es quien mejor ha demostrado conocer a ese pueblo, a sus miserias y a sus virtudes, y exaltando estas últimas y asegurando combatir las primeras, se ha llevado el gato al agua. Ahora empieza a cumplir y nos llevamos las manos a la cabeza, por eso sigo creyendo que el problema está en nosotros, en el pueblo en general.
Francamente, no cambio España por nada, pero me gustaría seguir viviendo en esta maravilloso pais de sol, playas, paisajes, historia, gastronomía, costumbres, etc. pero ser gobernado por otros que también valoran nuestras excelencias, que no las tienen en sus países, pero que si estiman adecuadamente la solidaridad, el bien común, el respeto hacia los demás, la ética, las normas que nos hemos dado para vivir mas felices y en convivencia (el PP y el PSOE habrían pasado a la historia), vamos que no solo no me importaría ser gobernado por un noruego, un sueco, un danés, un finlandés o un islandés, sino que, al menos en estas latitudes, una nueva invasión de hordas vikingas a la nueva usanza, no nos vendría nada mal.

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