Propuestas para un futuro más justo: La regulación del tiempo y el trabajo (I) El Tiempo

Miguel Font Rosell

Hace ahora unos tres años escribía un artículo que titulaba “Propuestas para un futuro más justo: la regulación del tiempo y del trabajo”, evidentemente sin la menor repercusión, pues se trata de algo puramente utópico que exigiría un consenso internacional de muy difícil implantación, pero…por algo hay que empezar.

Como sigue teniendo plena vigencia, lo retomo con algunas correcciones en el ánimo de llevar al lector a recapacitar sobre algo que a todos nos afecta, que a día de hoy tiene una regulación obsoleta, y que su modificación ayudaría en gran manera a simplificar algo tan a la orden del día como el convencionalismo sobre la medida y la regulación del tiempo. 

LO CONVENCIONAL

Lo relativo y convencional son la base de nuestro marco tribal de organización. Nuestras organizaciones en las que nos integramos, se enmarcan en parámetros relativos y puramente convencionales en los que organizar la convivencia, sin que nos preocupe demasiado la certeza de nuestros principios de base.

Una cuerda horizontal limitada, formando una línea, la recorremos de principio a fin en un tiempo determinado, pero si a la misma cuerda, con la misma medida, le unimos sus extremos convirtiéndola en una circunferencia, sin principio ni fin, podemos seguir camino infinitamente. Es la visión occidental de nacimiento y muerte y la oriental de las reencarnaciones sucesivas, lo finito y lo infinito en el mismo objeto, lo diametralmente opuesto, según sea su posición relativa.

Hoy centramos la expansión del universo en una extraordinaria explosión acaecida hace algo más de unos 14.000 millones de años, llegando hasta el ser humano (hace aproximadamente 1,5 millones de años) a través de una evolución constante de aclimatación a circunstancias cambiantes, e incluso se piensa que tal expansión pueda detenerse y volver atrás hasta fundirse de nuevo en un único cuerpo super denso que vuelva a explosionar de nuevo y volver a expandirse, teorías a las que nos lleva un creciente conocimiento, todavía incompleto, pero en constante evolución. No obstante seguimos “instruyendo” a nuestros cachorros en absurdas fantasías absolutamente superadas, a partir de vetustos y primitivos dioses creadores, que no soportan el menor análisis actual medianamente serio. 

Si hoy y aquí, aseguramos que estamos en 2019 y que 5+5 es igual a 10, no solo todos asentimos, ya que nuestro calendario gregoriano referencia el tiempo al nacimiento de Cristo, aunque éste realmente nació alrededor de unos cuatro años antes del año 1. Pero si estuviésemos en Tel Aviv, en un congreso de informáticos, y les dijese que estamos en 5779 y que 1+1 es igual a 10 en su sistema binario, tampoco nadie se extrañaría lo más mínimo, ya que ese es el año judío actual desde la mítica creación del mundo según la Biblia, un domingo 7 de octubre (palabra de Dios). Aunque si estuviésemos en Roma, en un ciclo sobre Julio Cesar, mencionar el año 2065 como actual del calendario Juliano, y que X es la suma de V+V pasaría lo mismo. O en Damasco, en un congreso de matemáticos estudiosos del sistema de base 4, tampoco extrañaría a nadie el decir que estamos en 1497 y que 2+2 es igual a 10. En Shangai mencionar el 4716 como el año actual chino y el signo + como 10 es lo normal. En Cancún, ante antropólogos mayas, mencionar el 5133 y llegar a 10 por medio de dos palos verticales, es algo absolutamente aceptado, etc. 

Ello puede llevarnos a múltiples conclusiones, pero entre ellas hay una que me interesa destacar, y es que el ser humano precisa de amplias referencias en las que integrarse como grupo, referencias relativas y convencionales, tan admitidas por la práctica totalidad del grupo que, aun no siendo reales, se tomen como tales en nuestro imaginario colectivo, ya sea en cuanto al origen del mundo, al tiempo, al espacio, la forma de comunicarnos o de calcular, las virtudes sociales, la religión, la política, las relaciones personales, en general un micro mundo donde sentirnos cómodos y en el que nos protegemos de cualquier agresión externa, aun a costa de matar la verdad, lo absoluto y casi siempre la libertad.

Los europeos vivimos en un microcosmos distinto al de los orientales, o al de los yankis, o al del Africa negra, o al musulmán, o judío, nos regimos por distintos planteamientos ya sea en el habla, en las costumbres, religión o política, hasta el punto de matarnos unos a otros a lo largo de la historia por la prevalencia de alguno de nuestros convencionalismos, principalmente políticos, religiosos, económicos, sociales o culturales, por supuesto ninguno de ellos objetivamente verdaderos ni absolutos, y siempre en detrimento de la libertad de los demás.

La idea de Dios parte de un convencionalismo ancestral, particular en cada grupo concreto, basado en el temor y en las limitaciones conscientes del ser humano. Objetivamente, Dios no es más que un concepto en el que contener toda una serie de incógnitas y a la vez de cuestiones de poder, tanto anteriores a la vida, como posteriores a la muerte y de control terreno en el transcurso entre ambos extremos, mientras subjetivamente ha sido secularmente personalizado por los distintos grupos, hasta el punto de haber existido miles de dioses a lo largo de los siglos, por supuesto, todos ellos verdaderos para cada grupo, aunque no exista prueba alguna de la existencia de uno solo de tales creadores. 

En cuanto a lo del mas acá, a la política, las cosas, aunque no tan extremas, también tienen su grado de convencionalismo, dependiendo principalmente del lugar y del tiempo. Nuestro mundo occidental más cercano, curiosamente, tiene localizados muy próximos sus orígenes, pues nos movemos en torno a unos principios judíos para la fantasía, la especulación y la tradición, griegos para la ciencia la filosofía y la razón, y romanos para la comunicación, y el derecho.

EL TIEMPO

Judíos, Cristianos y Musulmanes, con sus múltiples escisiones, sectas, sensibilidades o interpretaciones, tienen todos ellos el mismo origen. Un origen que al correr de los años ha dado lugar a todo tipo de encuentros y desencuentros, donde generalmente estos últimos han sido y siguen siendo los causantes de las mayores desgracias sufridas a lo largo de la historia por la solemne estupidez del género humano. Tal es así que incluso, con un dios común, no han sido capaces de ponerse de acuerdo a la hora de controlar el tiempo a través de un calendario (calendas, o primer día del mes) y todo por la prevalencia de sus dioses, o de las interpretaciones que de ellos han hecho sus seguidores a la hora de asentar sus convencionalismos.

El mundo de influencia cristiana se encuentra, como hemos expuesto, a mediados de su año de 2019, cuando para los hebreos transcurre el 5779 y para los musulmanes el 1497, chinos y otros aparte. Pero analicemos diferencias.

En cuanto al comienzo, para los hebreos, se debe a la génesis del mundo según la Biblia, concretamente el 7 de octubre de 3760 a.C. referido a nuestro calendario, lo que para ellos fue el 1 de Tishrei del año 1, con lo que el próximo 5 de septiembre comenzará su año 5779, desde el origen del mundo, la creación. Evidentemente ningún dato histórico sostiene tal acontecimiento, pues en esas fechas en Mesopotamia, la zona más próspera del mundo de entonces, se conocía ya incluso la rueda, amén de la primera revolución agrícola y ganadera, etc. 

Para los cristianos, el comienzo de su calendario es el nacimiento de Cristo, teóricamente hace ahora 2019 años, fecha absolutamente errónea, ya que su cálculo se debe a un monje rumano, Dionisio el Exiguo (año 607), que fijó tal fecha como el 25 de diciembre del 753 del calendario Juliano (Julio César), basado a su vez en los orígenes de Roma y sacado del calendario egipcio, incurriendo el Exiguo en graves errores al situarse el nacimiento real aproximadamente a mediados del año 4 a.C., lo que tampoco es comprobable, al no existir datos históricos sobre tal nacimiento, ni del año, ni del día, aunque del mes se estima que pudiera haber tenido lugar en verano, en contra de lo convencional.

Para los musulmanes, su origen tiene lugar al inicio de la Hégira de Mahoma, concretamente el 16 de julio de 622 relacionado con nuestro calendario, de manera que pronto tendrá lugar el año nuevo de 1497. En este caso, sí existen datos históricos sobre el particular.

En cuanto a influencias, mientras el calendario hebreo es de una complicada determinación a base de combinar sol y luna, el cristiano (Gregoriano) es de influencia únicamente solar, mientras el musulmán es puramente lunar.

Para hebreos y cristianos, el año coincide con el ciclo de la Tierra alrededor del sol, mientras para musulmanes se basa en ciclos lunares de 30 años, de manera que hay 19 años (simples) de 354 días y 11 años (intercalares) de 355 días. De esta forma cada 33 años musulmanes, de distinta duración, coinciden con cada 32 de hebreos y cristianos.

En cuanto a los meses, para los hebreos y musulmanes coinciden con el ciclo lunar alrededor de la tierra, aproximadamente de 29 días y medio, de manera que para los hebreos el mes termina con la luna nueva, y el medio mes con la luna llena, situación que desplazan en muy poco los musulmanes, que empiezan el mes con el comienzo del creciente lunar, mientras que en el calendario gregoriano los meses nada tienen que ver con la luna, siendo su duración y determinación puramente convencional, equivalente aproximadamente a una doceava parte de la duración anual.

Si nos referimos a los nombres de los meses, para los judíos son de origen babilónico, para los cristianos de origen pagano, y para musulmanes, salvo el viernes y el sábado, de origen numeral.

Las semanas, son de siete días para todos ellos, no obstante su festivo es el viernes para musulmanes, el sábado para judíos y el domingo para cristianos (ni en eso se han puesto de acuerdo).

También existen diferencia para con el día, pues para los hebreos este comienza con la salida de las tres primeras estrellas en el ocaso, culminando en el ocaso del día siguiente, mientras para musulmanes comienza el día una vez caído el sol. En cuanto al calendario gregoriano el comienzo y final del día es puramente convencional, al empezar el día pasadas las 12 de la noche.

En relación a asumir las diferencias que provoca el ciclo real y el resultante del calendario, los judíos lo llevan a cabo con un sistema complicadísimo en el que intervienen años llamados bisiestos (años de 13 meses), a los únicos efectos de hacer coincidir la pascua judía. Los musulmanes a base de los ciclos lunares de 30 años ya apuntados, y los cristianos con la introducción de meses de 30 y 31 días con uno de ellos de 28, y utilizando meses bisiestos cada cuatro años, con ciertas excepciones.

Evidentemente existen otros calendarios, algunos anteriores, pero el mas antiguo de los conocidos fue descubierto en Escocia y data de hace unos 10.000 años, unos 5 siglos antes de que el dios de los judíos llevase a cabo su pintoresca creación del universo, tierra, luz, agua, plantas, animales, hombre etc. todo en una semanita.

Considerado lo expuesto, hace unos pocos años, la mayor parte de los medios se hacían eco de una noticia tratada en general de forma un tanto superficial, y como un enfrentamiento entre laicos y católicos, al declarar la alcaldesa de Barcelona, que ese año en su ciudad, iban a impulsar la celebración del solsticio de invierno coincidiendo con la Navidad (en realidad coincide más acertadamente con el día de la lotería nacional, hoy en día quizá la única salida que le queda a la maltrecha economía de su autonomía). Si somos capaces de abstraernos de costumbres, tradiciones y querencias, el asunto tiene la suficiente enjundia como para un interesante debate.

El calendario es un instrumento que regula el transcurrir del tiempo, de los años, sus meses, semanas y demás efemérides de orden astronómico, en base a la duración del transcurso de la Tierra alrededor del sol. En occidente, rige nuestro calendario, el llamado Gregoriano, introducido por el papa Gregorio XIII, que sustituyó en 1582 al Juliano instaurado por Julio Cesar en 46 a.C. La reforma nace de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento relacionado con el momento en el que debería celebrarse la Pascua y demás festividades religiosas, una solemne chapuza científica, de un calibre que, a estas alturas, deberíamos modificar a efectos de aproximarlo, con mucha más precisión lógica, a su propio origen de instrumento de regulación astronómica. El cese de un convencionalismo absolutamente ajeno a la lógica y al conocimiento astronómico que debe regir estos planteamientos.

La Tierra, en su eclíptica alrededor del Sol, pasa por cuatro momentos de singular importancia para nosotros, los solsticios y los equinoccios, momentos en los que nos distanciamos más o menos de nuestra estrella, con las consecuencias, de todo tipo, que ello supone para todos. La propia Tierra, en su giro interno nos proporciona el día y la noche en un periodo de 24 horas. La luna, por otra parte, en ese transcurso anual de su planeta, gira 13 veces alrededor de la Tierra, dándonos en cada giro otras cuatro fases de singular importancia para cuestiones astronómicas de menor calado, como pueden ser las mareas y en general todo lo que depende de una mayor o menor atracción, pero en definitiva hechos importantes al fin.

El problema de cambiar el calendario a día de hoy, es el de su universalidad, el consenso que exigiría y la adecuación que requeriría en todo tipo de instrumentos ajustados a nuestro actual calendario, aunque ya a corto, y sobre todo a medio y largo plazo, los beneficios serían mucho mayores, desvinculando además al calendario, como instrumento astronómico, de connotaciones absolutamente ajenas a su cometido, generalmente de orden religioso que nada aportan a una determinación racional al transcurso del tiempo.

EL CALENDARIO

En ese orden de cosas, me permito proponer un calendario, infinitamente más sencillo, lógico, e identificable ante cualquier circunstancia, basado exclusivamente en razones astronómicas. 

Hemos de partir del dato de que la eclíptica tiene una duración aproximada de 365 días y cerca de un cuarto, que en ese periodo de tiempo la luna gira alrededor de la Tierra 13 veces, y que cada periodo de giro sobre si misma dura aproximadamente 28 días, trasladándose alrededor de la Tierra en el mismo periodo de ahí que solo veamos siempre una de sus caras. 

Si dividiéramos el año en 13 meses (con anterioridad al 700 a.C. eran únicamente 10), uno por cada luna, cada mes tendría una duración de 28 días, o cuatro semanas exactas, lo que haría un total de 364 días a los que añadir (convencionalmente) uno más a final de año, para completar los 365 y otro en el medio del año en los años bisiestos, para los 366. A esos días, que serían festivos (fin de año y medio año), a efectos de evitar alteraciones, no les correspondería señalamiento de día de la semana (al ser festivos no lo necesitan). 

Así las cosas, el arranque se produciría, en el momento del cambio, trasladando la fecha actual del solsticio de invierno, 21 ó 22 de diciembre, al 1º de enero del año en el que el cambio tuviera lugar (con el cambio del juliano también se perdieron 10 días), fecha en la que se iniciaría el año con el ciclo solar en el que la Tierra está más próxima al Sol, pero con una incidencia angular bastante abierta a causa de la longitud de la noche y de la menor potencia de los rayos solares sobre la Tierra, momento en el que los días empiezan a crecer. 

El primero de mes sería siempre un lunes y el último un domingo. Todos los meses tendían 28 días salvo las excepciones señaladas. El solsticio de invierno, como se ha expuesto, tendría lugar el lunes 1º de enero. El equinoccio de primavera tendría lugar el lunes 8 de abril, el solsticio de verano, la mitad del año, el lunes 15 del nuevo mes (medio), el equinoccio de otoño el lunes 22 de septiembre y de nuevo el solsticio de invierno el lunes 1º de enero, con lo que el calendario sería igual para todos los años (salvo la excepción de los bisiestos, que no lo alteraría) y cualquier fecha de cualquier año sería perfectamente identificable en cuanto a día de la semana, fase de la luna y posición solar, durando cada estación 3 meses y una semana. 

A efectos laborales, actualmente contamos con 52 fines de semana, lo que suponen 104 días festivos que se mantendrían, coincidiendo invariablemente con los días 6 y 7 en la primera semana, 13 y 14 en la segunda, 20 y 21 en la tercera y, siempre además, con los dos últimos días de mes, días 27 y 28, a los que habría que añadir los 12 que en España componen el calendario laboral de festivos, que serían los siguientes: los 4 lunes señalados (solsticios y equinoccios), fin de año (día añadido sin señalamiento semanal, tras el domingo 28 de diciembre), 3 festivos de señalamiento nacional, coincidiendo con los viernes día 5 de los meses de marzo, agosto y diciembre, 1 europeo, concretamente el viernes 5 de junio, 2 de señalamiento autonómico (uno en cada mitad de año), concretamente los viernes 5 de mayo y julio, y 1 de señalamiento local, el viernes 5 de octubre, al que añadir en los años bisiestos, el del medio año, como día sin señalamiento semanal, inmediato anterior al lunes 15 del solsticio de verano del nuevo mes. El principal periodo vacacional tendría lugar a lo largo del nuevo mes, principalmente para la administración, alrededor del solsticio de verano, cuando los días son mas largos, coincidentes con la actual segunda quincena de junio y primera de julio.

A los efectos de no variar el número de días de vacaciones, al mes que se disfrute se añadirían los días 25 y 26 de diciembre, a los efectos de prolongar los días no laborables a final de año, y dar opción a quienes profesan una religión a celebrar la navidad.

Por otra parte, la coincidencia de los lunes en solsticios y equinoccios y de los viernes en festivos haría que a lo largo del año se dieran 3 festivos seguidos en 10 ocasiones y que al formar parte de las vacaciones los días 25 y 26 de diciembre hiciera que se dispusiera a fin de año de 6 días seguidos, de manera que únicamente en dos meses (febrero y noviembre) no hubiera 3 fechas seguidas no laborables.

Se trataría pues de un auténtico calendario astronómico, sin más connotaciones que las propias que corresponden a un calendario, con la libertad tanto para el gobierno de la nación, como para los autonómicos y locales, de introducir los festivos que les corresponden, ya sean de orden religioso, deportivo, lúdico, comercial, o de cualquier otra índole, en función de la demanda ciudadana al respecto, siendo evidente que si alguna festividad tradicional supone para el ciudadano algo digno de tener en cuenta, como puede ser la semana santa en determinadas autonomías o localidades, la navidad, carnaval, o cualquier otro evento a considerar, tendrían cabida en el calendario dentro de las festividades señaladas en las fechas citadas, lo que en el fondo nada altera, ya que toda celebración responde a cuestiones puramente convencionales perfectamente modificables. 

En cuanto a las fechas inamovibles, como onomásticas públicas o privadas, seguirían manteniéndose en cuanto al ordinal anual, de manera que para una conmemoración personal de alguien nacido, por ejemplo el 30 de mayo, fecha que se corresponde con el ordinal 150 del año, con el nuevo calendario correspondería al miércoles 10 de junio.

El que vivamos en un estado laico, no quiere decir que no se celebran festividades religiosas si ello supone el sentir de una amplia mayoría (laico y democrático), pero lo que tampoco puede ser, a estas alturas, es el seguir contando con un calendario absurdo como instrumento astronómico, al servicio de una concreta religión, por mucho protagonismo e imposición de la que haya dispuesto en tiempos pasados, religión por otra parte, a la que nadie le niega su capacidad interna de llevar a cabo en sus instalaciones, todas las celebraciones que pretendan y que sus seguidores estén dispuestos a sostener.

No creo por tanto que la “ocurrencia” de la alcaldesa de Barcelona haya que tomarla como tal, sino profundizar en ello, pues quizá lo que le faltó a su propuesta fue el venir apoyada en un estudio más serio sobre el particular y el no haber contrastado la voluntad popular tras hacerles partícipes de sus razonamientos al respecto (vicio demasiado extendido, por todos, a la hora de ocupar poder).

Poder contar con un instrumento de regulación del tiempo puramente astronómico, con la lógica y la exactitud que de ello se desprende y de conocimiento inmediato de todos a la hora de localizar cualquier día en cuanto a su día de la semana, posición lunar, duración solar y demás efemérides, es evidente que facilitaría en gran manera cualquier determinación a la hora de concretar cualquier actividad.

Pienso que si el Parlamento Europeo se lo plantease, se lo propusiese a la Organización de las Naciones Unidas, y un grupo de expertos buscase la mejor manera de implantarlo, en pocos años podríamos gozar de sus ventajas y perder de una vez todos sus inconvenientes, sus incongruencias, complicaciones y razones fantasiosas de su implantación.

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Relatooooo de la pradera

A

Miguel Font Rosell

No se trata de un personaje de la cuadra de Chiquito de la Calzada, sino de una nueva ocurrencia de lo más chungo de nuestra política y a la vez los más demagogos y mentirosos: por un lado el guaperas que okupa la Moncloa, y por otro los fascistas catalanes que okupan la Generalitat.

Se trata de una ocurrencia si, pero para nada inocente, ya que las palabras, aunque a veces se utilizan inconscientemente, siempre quieren significar algo, a veces muy claro y a veces muy ambiguo, para que cada uno haga de ellas su lectura interesada.

Por un lado, si acudimos a la RAE, se trata de alguien que relata o refiere alguna cosa o hace relación de asuntos tratados, pero si acudimos a la ONU, se trata de una figura nombrada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, para examinar e informar sobre la situación del país, o sobre un determinado asunto de Derechos Humanos.

Por otra parte, si la democracia es el poder del pueblo y nuestros políticos son nuestros representantes, ellos se deben a quienes ostentan el poder, y nada pueden acordar a nuestras espaldas, pues para ello existen unas instituciones publicas en las que debatir, con luz y taquígrafos, para que nosotros (el poder) podamos estar informados en cada momento de peticiones, argumentos y posibles acuerdos, y exijamos una vez informados directamente, de nuestros representantes, una actitud o otra, so pena de retirarles nuestra confianza.

En los casos en los que un partido tiene mayoría absoluta, esto suele no producir problemas, pero cuando eso no es así y el poder se ostenta con el apoyo, no ya de otro partido, sino de un puñado de ellos a cada cual mas heterogéneo y pintoresco, las negociaciones previas para llegar a las instituciones con una única postura, pierden para el pueblo (el poder) todo tipo de garantías de transparencia.

El caso del gobierno actual de España es un ejemplo claro de lo que como acepción negativa definimos como una “república”, o también calificable, con otro talante, como una “casa de putas”, o un arca de Noé, donde para cada cuestión hay que pasar por la “caja” del gobierno para, en forma de decreto-ley, es decir, sin pasar previamente por el Parlamento, ir cobrando los apoyos, unos en forma de más dinero, otros de parcelas de poder, otros de mayores atribuciones, y todos con la esperanza cierta de salir con el billete premiado, ya que el okupa de la Moncloa, por no perder su residencia presidencial, es capaz de vender lo que sea.

Entre toda esta pandilla de perdedores que cada uno chantajea a su antojo, los fascistas catalanes son quienes mayor tajada pretenden, pero no en forma de un favoritismo que pudiera ser asumible dentro de la legalidad, aun a costa de todos los demás, sino que pretenden un imposible, una ilegalidad manifiesta como es el cumplimiento último de sus objetivos, la independencia de Cataluña por un lado, y la renuncia de la fiscalía a las acusaciones a sus fascistas encarcelados, así como la amnistía para todos ellos en caso contrario, y la impune vuelta de los fugados de la justicia, que disfrazan como exiliados.

Como tales objetivos son innegociables con luz y taquígrafos, ya que al Parlamento no se puede ir a negociar ilegalidades, se han inventado una ocurrencia insultante, a la que sin embargo el guaperas está dispuesto a acceder, pues hay que seguir dando la imagen de preferir la negociación antes que la aplicación de la ley, no vaya a ser que se le tache de represor (hoy aplicar la ley es ser un represor, franquista o de extrema derecha), aunque en el fondo no haya nada que negociar, pues al menos cuando era Pujol el negociador ya se sabía que lo que quería era dinero, dinero y más dinero para Cataluña, y para él, pero a los de ahora, a los fascistas del lacito, les trae sin cuidado que las infraestructuras sociales en Cataluña estén dejando de funcionar por inanición, porque todo se lo pulen en aras del independentismo y abandonan lo esencial para el bienestar de su pueblo, un pueblo al que han enfrentado entre si, partido las familias, y desterrado a sus inversores con sus imposiciones. 

Acudiendo a un símil muy gráfico, es como si ahora un grupo de moteros dijera que ellos no querían respetar los stop en las carreteras aunque ello sea una ilegalidad sancionable legalmente, y que tampoco admitían que se les multase, en una actitud que consideran represora, por lo que exigían una negociación con la Dirección General de Carreteras, sin aceptar siquiera el sustituir algunos stop por ceda el paso, o por un semáforo. O fuera los stop o montamos el pollo, ante lo que la Dirección General de Trafico estuviera dispuesta a negociar, en lo que sería un atentado al Estado de Derecho, que nadie entendería.

Por otra parte, como cuando se está en una casa de locos, cada uno cuenta luego lo que le parece y que mejor puede vender a los suyos, no se les ocurre otra cosa, al ya considerarse a si mismos como unos mentirosos compulsivos, que nombrar un neutral, al que llamarle “relator”, para que sea este quien comunique los acuerdos alcanzados, ya que así siempre se podrá decir que quien se ha equivocado al transmitir la noticia es el relator, quien se callará lo fundamental de la “negociación” para transmitir finalmente, y de forma endulzada, solo los acuerdos que convenga que nosotros (el poder) nos enteremos, obviando los acuerdos inconfesables a los que se ha llegado, para tener que vender los que transmite el relator.

Por si ello ya fuera una burla a la democracia, al Estado de Derecho, y a la decencia, a esa mesa solo se invitará a los partidos que estén dispuestos a llegar a un acuerdo, de manera que aquellos que aboguen por la aplicación de la ley con luz y taquígrafos sean marginados (PP, Ciudadanos y Vox, por supuesto), ya que no se prestan al dialogo, a la libertad de opinión, y al consenso, aunque sobre lo que se está dialogando libremente y llegando a un consenso sea una ilegalidad contra la propia Constitución, nuestro ordenamiento jurídico, y la voluntad del pueblo español (el poder).

Pero volvamos al principio. Si nos atenemos a que tal figura ha de actuar siguiendo el cometido que le asigna la RAE y en la linea que ha marcado la vicepresidenta del gobierno, esa inteligente para quien el dinero público no es de nadie, la figura a encontrar deberá fijar un orden del día, ser catalán y conocedor de la política catalana, un hombre o mujer de consenso, que sepa transmitir los acuerdos, etc. Una figura que políticamente no interesa identificar con un mediador o un negociador, ya que entonces se complicaría la cosa al pasar de los matices a la aceptación de un dialogo de iguales para solucionar un conflicto del que la legislación aplicable no tiene respuesta, o sea, nada más lejano a lo pretendido, pues en nuestra ordenación jurídica lo que se pretende tiene cumplida respuesta en la pura y dura ilegalidad y sus consecuencias, tal y como ya han aplicado nuestros tribunales, estando parte de los fascistas del separatismo huidos de la justicia y otros en prisión preventiva ante el riesgo de huida, presunción nada gratuita, ante el ejemplo dado por sus cobardes compañeros, huidos con el rabo entre las piernas a la hora de defender con hidalguía sus patrióticos planteamientos, haciendo gala con ello de su condición de “caganers” con barretina, lacito y hecho diferencial.

Por otra parte y si nos atenemos al significado que tiene la figura del relator para la ONU, el asunto aun se complica más, ya que el fascismo catalán lo que más valora es la internacionalización del “conflicto”, para venderlo como un ataque que hace España a la libertad de un pueblo, vulnerando los derechos humanos, con lo que una mesa de negociación con un relator tiene una lectura internacional extraordinaria para los intereses del secesionismo, como una claudicación del gobierno de España, que de hecho estaría reconociendo que se trata de una vulneración de los derechos humanos hacia Cataluña.

¿Se puede ser más tonto por parte de Sánchez?. La respuesta es que si se puede, cuando como en el caso, su inmensa ambición, su vanidad y la adoración hacia su propia persona, superan todo atisbo de sentido común y sobre todo de patriotismo y de la defensa de los intereses de todos.

No obstante, y dadas las circunstancias, si hay que proponer un relator, y dado el caso, abogo por nombrarlo entre Pozi, Carlos Jesús, Cañita Brava, risitas, Pocholo, Leonardo Dantés, el padre Apeles, Leticia Sabater, la veneno o…Carmen de Mairena, catalana, conocedora de la noche barcelonesa, mujer de consenso, independiente y capaz de “relatar” como nadie.

Es lo que hay.   

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Venezuela, ¿un pais maduro?

En el mundo, en general, los países suelen regirse bien por regímenes más o menos democráticos o por medio de dictaduras, ya sean militares, paramilitares, civiles, monarquías o teocracias, y alguna que otra excepción por medio de particulares sistemas tribales.

En el caso de las democracias, salvo para los cantones suizos y el Estado de California, donde para buena parte de las cuestiones a considerar se practica la democracia directa a través de referéndums al efecto, en el resto de los países, la democracia en puridad (el gobierno del pueblo), no existe, matizándose de forma más o menos representativa, indirecta, delegada, orgánica o como queramos adjetivarla, y casi siempre a través de partidos políticos, en los que se afilia aproximadamente alrededor de un 1% de la población, que cubren, en buena medida, el número de cargos, carguitos y carguetes a repartir en caso de tocar poder, obteniendo resultados a veces, en el mejor de los casos, cercanos a una democracia y las más de las veces bastante alejados, aunque prevalezca el engaño general de que nos regimos por sistemas democráticos, algo que le interesa, con éxito, a todos los partidos que viven de ello, pues la democracia en puridad, para que funcione, es preciso contar con un pueblo muy bien informado, serio, consciente y responsable, y eso, aparte de que no existe en casi ningún país en el mundo, es una característica que jamás le ha interesado al poder establecido, ya sea político, social o económico.

En el campo de las dictaduras, el asunto tampoco es uniforme, pues según las distintas organizaciones humanitarias existen actualmente en el mundo 48 dictaduras, la mayoría de corte socialista. En un análisis superficial, subjetivo y bastante infantil, podríamos decir que existen dictaduras buenas y malas, dependiendo de juicios particulares de quienes son perjudicados, o viven de ellas o en consonancia con sus planteamientos. Ya si nos atenemos a una calificación algo más seria, las dictaduras suelen ser militares, teocráticas, tribales, civiles, o seudo-democráticas, aunque todas ellas suelen necesitar del apoyo del ejercito para sostenerse. Aquí no obstante prolifera el fenómeno de conversión de una teórica democracia en dictadura, algo que suele suceder dependiendo en buena parte de las características propias del líder en cuestión, aunque su llegada al poder hubiera sido por resortes más o menos democráticos, o bien por disponer de mayorías absolutas, por falta de garantías políticas en el pais de que se trate, o por una oposición mermada por sus persecuciones e imposibilidades de subsistencia. No debemos olvidar que Hitler (nacionalsocialista) llegó al poder tras unas elecciones, al igual que han hecho Putin (comunista, socialista y ex director de la KGB) o Maduro (socialista), sin hacer hincapié en China y Corea del Norte, que también practican una democracia a su maneras. Generalmente, cuanta menos democracia, por miedo, por demagogia o por falta de oposición, mayores porcentajes de éxito en unas elecciones.

Están también las dictaduras teocráticas o según establece la RAE, “sociedades en las que la autoridad política a considerar, emana de Dios”, siendo las principales, el Estado Vaticano, Irán, y en menor medida, Sudán, Pakistán y Marruecos.

Sin entrar en otras consideraciones y ciñéndonos en las llamadas democracias, dictaduras y regímenes intermedios, que tanto se pueden considerar de una u otra forma, a las democracias se llega al poder a través de un sistema de elecciones más o menos justo, equitativo y representativo, aunque posteriormente y por medio de dinámicas derivadas o indirectas, acaben obteniendo el poder ejecutivo quienes no fueron votados para ello en las urnas, como es el caso actual en España y algún que otro país de la considerada órbita democrática, no digamos ya quienes forman el gobierno, máximos responsables de cada sección de poder, a los que nadie ha votado.

A las dictaduras suele llegarse a través de golpes de Estado o de sistemas de partidos únicos, limitados, o bien por apaños electorales de coacción.

Si nos atenemos al caso candente de Venezuela, hemos de convenir que se trata de una dictadura ejercida a través de un sistema simulado de democracia, amañada a base de establecer limitaciones de todo tipo a la oposición y tras unos resultados electorales sobre los que pesan serias sospechas de fraude electoral. 

Aquí no obstante se da el caso, no habitual, en el que la legislación aplicable justifica que el legislativo, en caso de llegada al poder de forma fraudulenta por parte del ejecutivo, pueda inhabilitarlo para convocar de nuevo elecciones al poder ejecutivo, pues en Venezuela se vota cada poder, como es lógico en un sistema democrático, el poder legislativo y el ejecutivo, no como en España que el ejecutivo lo nombra el legislativo, e incluso el judicial, vulnerando escandalosamente la independencia de poderes y el control correspondiente.

El problema no existiría en aplicación de la ley venezolana, si el poder ejecutivo lo ejerciera alguien con talante y actitudes democráticas que aceptase la práctica de la ley, de manera que una vez interviniese el poder legislativo y se hiciese cargo del ejecutivo provisionalmente, en tanto no saliera de las urnas un nuevo presidente de la república, el derrocado aceptara tal aplicación de la ley, aunque luego volviera a presentarse en una convocatoria que garantizase la legalidad democrática.

El carácter dictatorial de Maduro, le impide aceptar esa aplicación de la ley y no someterse a ella, atrincherándose en el ejercicio del poder y amparándose en la protección del estamento militar y de los grupos paramilitares a sus ordenes. Ello impide el cumplimiento de la ley y en consecuencia el ejercicio del poder ejecutivo por parte del presidente de la Asamblea Nacional, quien no dispone de los instrumentos de poder, ni del normal funcionamiento de la Administración para su ejercicio. 

En esas condiciones y por mucho que la mayor parte de países reconozcan a la Asamblea Nacional en la figura de su presidente, como máxima autoridad, de nada sirve si ello no es ejecutivo, siendo así imposible, no solo la convocatoria de nuevas elecciones, sino el nombrar representantes legales en esos países, y menos en los que aun no reconocen la nueva situación. Evidentemente, cuando el nuevo embajador en España llame a la puerta de la embajada, posiblemente ni le abran la puerta al no ser reconocido como tal por el embajador de Maduro, y aun en el caso de establecer la embajada en una nueva sede, carecerá de los resortes de la administración para resolver cualquier asunto.

Como un dictador sostenido por las fuerzas armadas es imposible derrocarlo, por muy legal que ello fuera, solo existen tres modos de lograrlo, bien por una intervención militar exterior, por una revuelta interna, o mediante negociaciones con los militares que sostienen al dictador. El poder legislativo venezolano está intentando esta última vía, la que sin duda también aplica EEUU, aunque este amenace, por otra parte al dictador, con llevárselo a Guantanamo, solución muy al estilo yanki y que desautoriza drásticamente, al menos en teoría, la Unión Europea, pues ver a Maduro en Guantánamo, como hicieron en su momento con el narco-presidente panameño, a la mayoría nos encantaría, y para Venezuela sería un regalo impagable, aunque formalmente tuviéramos que mirar hacia otro lado. 

Evidentemente las negociaciones con la cúpula militar pasan por una amnistía a sus múltiples corruptelas de todo tipo, pero también con apoyar cualquier revuelta interna por parte de los militares de segundo orden con ambición de escalar en el escalafón, a base de disparar al alza, aunque escupir hacia arriba siempre tiene sus riesgos.

Maduro, perfecto conocedor de la situación, procura por todos los medios tener a su lado a los militares de toda graduación y a los grupos paramilitares, a los que ya ha armado, sabiendo que si caen, y por mucha promesa que pueda hacer el presidente provisional, el poder judicial puede ejercer todo su poder y cargar con toda dureza contra la galopante corrupción que pende sobre el estamento militar venezolano y los grupos de narcotraficantes que amparan a Maduro.

La solución no parece sencilla ni a corto plazo, ya que resulta insólita la derogación de un dictador que aun cuenta con gran parte de la ciudadanía y con la mayor parte del estamento militar, aunque algunos admitan ahora pasarse a la nueva legalidad, posiblemente en espera de nuevas prerrogativas con el posible nuevo gobierno.

Hoy en política, no obstante, se ha impuesto el corto, o muy corto plazo para tomar decisiones, así como la ambigüedad de poder estar a un lado u otro según las conveniencias, el soplar del viento, o los intereses huérfanos de ideología.

Alfonso Guerra, pasados los años, pasada su euforia socialista y su intransigencia política (quien se mueva no sale en la foto), ahora admite que partiendo de la base de que cualquier dictadura es no deseable, en el Chile de Pinochet no había hambre ni carencias de todo tipo, mientras que en esas dictaduras de izquierda sudamericana, donde la corrupción es galopante, como Venezuela, Nicaragua o Cuba, las dictaduras no han traído otra cosa que miseria generalizada.

No se que puede ocurrir, pero si afortunadamente Maduro acaba cayendo, el resultado de nuevas elecciones, con una oposición a Maduro bastante fraccionada,  una corrupción generalizada, una sociedad dividida y una demagogia muy asentada, tampoco promete demasiadas garantías de estabilidad, sobre todo si pensamos que Venezuela es uno de los países mas ricos del mundo en cuanto a sus riquezas naturales, no solo de petróleo, de ahí el interés actual por parte de EEUU, Rusia y China, buscando un nuevo reparto en el que situarse adecuadamente, no precisamente por cuestiones humanitarias, pues si por ello fuera, con girar la vista hacia el continente africano, hay multitud de lugares donde intervenir impartiendo “justicia”, en lugar de estar esquilmando sus riquezas con nocturnidad y alevosía y sin levantar la voz, no vaya a ser que nos enteremos de todas las tropelías que allí practican y las barbaridades que consienten o alientan. Curiosamente, las colonizaciones en Africa de hace aproximadamente un siglo lo eran económicas, pero también sociales y de progreso, salvo bochornosas excepciones, pero ahora solo lo son económicas, esquilmando sus riquezas y llevándolas a cabo por compañías multinacionales al amparo de las principales potencias.

A todo ello, ver al guaperas en el poder, gracias a secesionistas, independentistas, terroristas, extrema izquierda, comunistas, encarcelados, huidos de la justicia, pactando dar pasos hacia la desmembración de España en su propio provecho, a la vez que, faltando a su palabra, da lecciones y plazos a otros para convocar elecciones… tiene tela.

No quiero extenderme demasiado pero esta es, entre otras, la diferencia entre Gobierno, encabezado por un dirigente de partido y Estado a cargo de alguien independiente como en este caso es Felipe VI, lo que posiblemente no ocurriera ni se establecerían esas diferencias, en el caso de que quien ostentase la presidencia del Estado perteneciese a un partido político y buscase, como hace Sánchez, la defensa de sus intereses y los de su partido sobre los de España, en la que cabemos todos.

 

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!Buenas noticias!

Siempre se ha dicho que la difusión exclusiva de buenas noticias conduce irremisiblemente al fracaso en los medios y que todos los intentos hasta ahora han fracasado, mientras lo contrario sigue siendo una receta exitosa. La realidad, no obstante, es que la formula que funciona es la de las tres tercios, entre bueno, malo, y…depende, siendo precisamente ese “depende” el que distingue a unos medios de otros en función del enfoque que cada uno le da a la noticia, más que a lo bueno o malo que la noticia en cuestión pueda ser para cada lector.

En el periódico local que me corresponde por ubicación geográfica, en el que el “depende”, depende precisamente, y con exclusividad, del regidor local, lo que no le hace para nada creíble en cuanto a las noticias locales, contenía, no obstante, este fin de semana, en equivalencia con las malas noticias, algunas buenas, al menos tres, que creo favorablemente destacables y que titula así: “La unión del noroeste progresa adecuadamente” (pagina 25), “Bayona se prepara para alojar a 700 universitarios del campus vigués en 5 años” (página 12) y “Galicia necesita un circuito de velocidad” (pagina 2 del suplemento del motor). Como se puede observar, con espacios bastante reducidos para quien las haya leido.

Para el lector habitual del periódico, a quien le siguen diciendo que Vigo todavía es el motor de Galicia, que se lo cree y piensa además que ello se consigue poniendo granito en las aceras, diseñando plazas sumamente horteras, sembrando la ciudad de setos con forma de dinosaurio, pretendiendo ser la ciudad más valorada de España por pagar más vatios que nadie en Navidad y engañando a tirios y a troyanos con aquello de que somos los mejores del mundo en todo, sin contrastar absolutamente nada, le parecerán noticias sin demasiada trascendencia, de hecho el periódico (su biblia civil) las sitúa en lugares no demasiado destacables, pero para quien sepa ver algo más allá, son sin duda muy buenas noticias y quizá las principales de las publicadas en el fin de semana (victoria del Celta, aparte).

Analizar en profundidad, en un artículo, las tres noticias señaladas, nos llevaría un espacio que excede a la paciencia del lector, por muy fiel que pueda ser a este modesto analista, de ahí que trataré de ser escueto en mis explicaciones.

Hace unos años, y ya he escrito pormenorizadamente sobre el particular, vino a Vigo, invitado por Javier Riera, entonces director de la factoría Citroen, entre otros, uno de los gurús más importantes del mundo en el análisis y creación de focos de interés, en la concentración de núcleos de influencia y poder económico en el mundo global que se iba abriendo camino, Kenichi Ohmae. Tuve entonces el privilegio de ser invitado a su charla, que daba tras pasarse unos días en Galicia observando nuestras posibilidades al respecto.

Sus conclusiones fueron demoledoras. Resumiéndolas, comenzó por dejar bien claro que nos encontrábamos a años luz de ser alguien en el mundo, que solo contábamos con dos fabricas que podían considerarse un mínimo inicio, algo que pudiese dar pié a un mínimo despegue: la factoría Citroen en el sur y la fabrica de Inditex en el norte, que para ello tendríamos que modificar y acondicionar todas

nuestras comunicaciones, especializar la zona norte en el textil creciendo exponencialmente, y la sur en el automóvil, consiguiendo al menos dos o tres nuevas factorías, al efecto de concentrar una industria auxiliar considerable, que se constituyese en referencia internacional, que es lo que realmente nos pudiera hacer crecer, pero que no lo conseguiríamos nunca si nuestros planteamientos continuasen en la dirección que entonces seguiamos en Galicia, principalmente por dos motivos esenciales: carecer de planteamientos en conjunto, y falta absoluta de cooperación interna, coordinación y establecimiento de un plan conjunto en el que se eliminase radicalmente la competencia interna, para ser sustituida por sinergias en las que se persiguiese un progreso competencial internacional, en el que Galicia y el norte de Portugal, al igual que la inictiva privada, la administración y las universidades, remasen al unísono para la consecución de objetivos comunes.

Desde entonces, esa utopía de ver a Galicia trabajar en colaboración unas ciudades con otras, en pro de objetivos comunes ha sido el norte de varios artículos de los que he publicado, quizá de forma harto insistente, evidentemente sin el menor éxito, y menos en una ciudad como Vigo en la que impera todo lo contrario, la pelea constante con todo y con todos, el llanto permanente y la búsqueda de enemigos por todas partes, empezando por la máxima autoridad gallega y acabando con las propias instituciones de la ciudad, todo en pro de un localismo absolutamente pueblerino, sin más objetivos que el llevar a cabo una política de pueblo con presupuesto de ciudad.

¿Que tienen por tanto de importantes las tres noticias enunciadas?. Lo fundamental para Ohmae, el invertir la tendencia de pensar solo en nuestro ombligo y comenzar a colaborar entre nosotros para la consecución de objetivos comunes, la primera piedra, lo fundamental.

Primera noticia: “La unión del noroeste progresa adecuadamente”.

Los presidentes de Galicia, Asturias y Castilla-León se unen para conjuntamente demandar el trazado ferroviario del noroeste con Europa para el traslado de sus mercancías, tanto desde sus fabricas como desde sus puertos o aeropuertos, y lo hacen perteneciendo a distintos partidos y desde intereses que, de pensar en pequeño como hasta ahora, pudieran considerarse contradictorios.

Para el puerto de Vigo concretamente, se trataría de que sus mercancías puedan salir hacia Europa en un 60% aproximadamente por ferrocarril para ser competitivos, con convoyes de hasta 750 metros de longitud. Actualmente no llega ni a un 1%, por la linea del Miño hasta Madrid, con continuas paradas y duraciones impredecibles, debiendo actualmente hacerlo, por tanto, por carretera, lo que ni potencia para nada el puerto, ni la competencia de nuestras industrias. Eso es, realmente hacer ciudad, vatios y chorradas aparte.

El levante español ha luchado desde hace ya tiempo para conseguir el corredor mediterráneo de unión con Europa, y lo ha conseguido incluir en las previsiones europeas al respecto, algo de lo que nos privó a nosotros en su momento un ministro, gallego para más señas, alguien a quien como “premio” se le dio un retiro dorado en Europa, Pepiño Blanco, quien como hiciera Fraga en su momento al privar a Vigo del AVE a Madrid, o Abel Caballero, cuando de ministro proyectó para Vigo un acceso que se convertiría en la autovía de la muerte, la de mayor concentración de accidentes de España, o Rajoy prolongando, con nocturnidad y alevosía, la permanencia de la

celulosa en la ría de Pontevedra, con lo que ello sirve de degradación y contaminaciones de todo tipo, o con Franco con anterioridad, al primar a Euskadi o Cataluña como principales contactos con Europa, aun a pesar de que nuestros puertos pudieran haber sido la avanzadilla de nuestro comercio con America, abandonando Galicia a su suerte. Tal y como observó Ohmae entonces, Galicia masacrada por gallegos con un sentido de “patria” totalmente inexistente, motivados exclusivamente por el mantenimiento de sus luchas intestinas.

Segunda noticia: “Bayona se prepara para alojar a 700 universitarios del campus vigués en 5 años”.

Cuando Santiago de Compostela dejó de ser la única ciudad con universidad en Galicia y empezaban a proliferar universidades por todas partes, evidentemente Vigo no podía ser menos. Eran los inicios de lo que llamamos democracia, y la prisa era lo esencial, de manera que en lugar de buscar el lugar idóneo para su emplazamiento en la ciudad, el planteamiento pasó a ser el de encontrar los terrenos en función de su menor coste, de manera que se buscó un lugar en el monte, el más alejado de la ciudad, con enormes pendientes, en el sitio de peor clima, sin residencia alguna por la zona, casi sin comunicaciones, sin fácil transporte, ni aparcamientos adecuados, ni comercios cercanos, en el medio de la nada y lindante con el vecino municipio de Mos. Se construyeron las distintas facultades en función de que primara el “diseño” de las mismas, para que cada gobernante se pusiera las medallas que otorgan los concursos internacionales entre arquitectos que dejaran su impronta, aunque ahora todo sean humedades, grietas y despropósitos en gran parte de sus instalaciones.

El resultado era que Vigo ya tenía universidad, pero no se había convertido en ciudad universitaria, pues acabadas las clases los alumnos huían del monte y cada uno se iba repartiendo por la ciudad donde buenamente podía, por una ciudad en la que no existía para nada ambiente universitario alguno en ninguna de sus esquinas.

Por otra parte, Bayona, la perla del sur de Galicia, tiene desde siempre la desgracia de ser una villa exclusivamente de verano, sin otro camino que continuar a La Guardia, lo que tampoco aporta nada que destacar en cuanto a su progreso. Una villa mal dimensionada tanto en verano como en invierno, con importante demanda y consumo en dos o tres meses en el año y con todo tipo de carencias en el resto, donde la desestacionalización se necesitaba y se necesita imperiosamente.

El hecho de que el rector de la universidad de Vigo, conjuntamente con el ayuntamiento de Bayona y la asociación de comerciantes, hayan impulsado la oferta de hacer de Bayona un lugar de residencia universitaria, poniendo a disposición de alumnos, a muy buen precio, en época no estival, multitud de viviendas y plazas hoteleras, así como lanzaderas a la universidad, en una distancia inferior a la que desde el centro de Vigo han de recorrer los alumnos, no solo facilita a estos una relación de convivencia hoy inexistente, sino que les permite residir a menores precios, al tiempo que mejora su calidad de vida en un lugar más asequible, con mayores alicientes naturales, con una nueva biblioteca extraordinaria, al tiempo que para Bayona supone un importante paso en la consecución de su desestacionalización, y todo ello conseguido en colaboración, coordinación y trabajo en equipo, al objeto de conseguir objetivos comunes.

Tercera noticia: “Galicia necesita un circuito de velocidad” (pagina 2 del suplemento del motor).

Toda factoría automovilística necesita de un circuito, bien en la propia fabrica o en los alrededores, y ello es fundamental al igual que el disponer de una pléyade de industrias auxiliares del motor, para llegar a conseguir el efecto llamada que Vigo necesita para ser competitiva y convertirse en un foco importante de la industria del motor. No se trata de diseñar un circuito propio de la Formula 1, sino de un circuito apropiado para las pruebas de todo tipo de vehículos y que a la vez resulte adecuado para gran tipo de competiciones automovilísticas, pruebas de conducción, ensayos, lanzamiento de nuevos modelos, etc.

Esto se intentó, y a ello contribuí, con el visto bueno de la federación española de automovilismo, hace ahora aproximadamente unos 40 años, cuando un grupo de aficionados al motor, y con similares objetivos que los enunciados, propusimos a la comunidad de montes de Mos, destinar parte de sus terrenos a tal fin. El asunto no prosperó porque, como casi siempre ocurre aquí en Galicia, sobre todo con las comunidades de montes, impera una absoluta ignorancia en cuanto a cualquier tipo de progreso que se proponga, para dar paso a las tribus del NO, al igual que sucedió recientemente en Baredo con la posibilidad de construcción de un campo de golf en Bayona, ha sucedido con el Aero Club en Vigo, con el Ifevi, e incluso con el aeropuerto y distintas implantaciones para centros comerciales, etc., todo ello por el inmenso error de haber adjudicado los montes a comunidades, al objeto de su conservación, algo que ha resultado sobre todo en emplazamientos rurales, pero que en las ciudades no es otra cosa que un foco de especulación galopante y de impedimento del crecimiento y el progreso de tales ciudades.

Hace falta un circuito de velocidad en Galicia, y no en otro lugar que en las proximidades de la factoría viguesa, ya sea en Gondomar, entre la Ramallosa y la villa, o en Nigrán a continuación del polígono industrial, o en Tuy en los alrededores de la depuradora, entre la ciudad y Paramos, o en cualquier otro municipio cercano a la factoría viguesa, gestión que difícilmente llevarán a cabo los políticos locales, ocupados en sus luchas internas, pero que bien puede coger el testigo la propia factoría en coordinación con la propia universidad y sectores industriales interesados.

Es así, como apuntaba Kenichi Ohmae, como Galicia puede empezar a despegar. Con objetivos comunes, con cooperación, estableciendo sinergias, colaborando entre todos, pensando antes en Galicia y sus intereses que en los de cada uno de los pueblos o ciudades y sus enfrentamientos y competencias mutuas, algo que sigue sin llevarnos a ningún lado, y en eso Vigo, la ciudad más poblada, la que fue el motor de la región y que hoy languidece alegremente al canto de sirenas, al amparo de alto voltaje navideño, horteradas varias, cambios de pavimentos y mentiras sin fin sobre soñadas obras faraónicas, que no son otra cosa que chorradas pueblerinas o alimento de ingenuos ignorantes.

Si, a veces hay buenas noticias, pero es preciso que se procesen como tales, que sepamos aprovecharlas y que tengamos la generosidad de trabajarlas en colaboración y sin intereses de un mezquino egoísmo, tan propio de políticos sin escrúpulos, con tal de que su vanidad escale alturas inimaginables.

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Problemas crónicos, partidos amortizados

Siempre se ha dicho que la guerra es el fracaso de la política.

Por otra parte, las guerras suelen ser confrontaciones armadas y cruentas entre distintas potencias, o bien guerras internas, las llamadas guerras civiles, como nos ocurrió a nosotros en 1936, o como es posible que ocurra ahora en Venezuela, aunque también el término guerra se utiliza para confrontaciones no necesariamente armadas.

En cuanto a estas últimas, a las llamadas guerras civiles, quizá el término no sea demasiado afortunado, ya que lo de guerra y civil parecen dos términos que no encajan demasiado. Si nos centramos en el término “civil” y las distintas acepciones que contempla la RAE, ya en su primera se refiere a los ciudadanos, a lo perteneciente a la ciudad o a sus ciudadanos, mientras que en la sexta se refiere a lo que no es militar o eclesiástico, por lo que este tipo de guerras quizá deberíamos llamarles guerras intestinas o internas, ya que en toda guerra civil el componente militar está siempre presente, aunque sean los civiles los que acaben pagando el pato.

Así las cosas y si pensamos en confrontaciones no armadas y entre ciudadanos en defensa de sus particulares intereses, bien podríamos considerar el actual conflicto del taxi como una especie de guerra civil, de difícil solución de por si, pero agravado como consecuencia del fracaso de la política.

No voy a entrar aquí en un estudio en profundidad sobre la razón o no de cada una de las partes implicadas, ya que creo que se trata más de razones que de una única razón. Unos defienden un monopolio consentido durante décadas y otros una libre competencia, amparados ambos en razones de las que se han ido cargado gracias a la negligencia de los partidos al tratar el asunto.

Hoy las calles, tanto de Madrid como de Barcelona, las ciudades en las que el problema se hace más patente, han sido tomadas como campo de batalla de ambas posturas, olvidando que este tipo de conflictos no son nunca entre dos partes solamente, sino al menos entre tres, siendo esta última la fundamental, los usuarios, el llamado pueblo, la ciudadanía, quien al menos en teoría está representada en la pugna por sus representantes políticos (…así nos va).

España sufre desde siempre de un problema crónico que acaba castigando siempre al ciudadano. La ausencia de una ley de huelga que, sistemáticamente los distintos partidos que se han ido alternando en el poder se han negado a elaborar, por miedo a los sindicatos, por ser esta un arma arromadiza entre los mencionados partidos, y porque también, sistemáticamente, los partidos al uso han demostrado desde sus inicios que anteponen siempre sus propios intereses a los de los ciudadanos que les votan, les mantienen, y les delegan su representación, ha impedido la solución consensuada y bien gestionada de infinidad de conflictos.

Como consecuencia de ello, todas las “guerras civiles” las acabamos pagando siempre los mismos, los ciudadanos que vemos como siempre somos utilizados en cualquier confrontación, atropellando nuestros derechos como medida de presión en todos y cada uno de los conflictos habidos y por haber, ya que una huelga, no deja de ser otra guerra como fracaso de la política de negociación entre partes.

Desde el advenimiento de la llamada democracia, hace ya casi 45 años, salvo en los primeros años, en el resto hasta ahora, dos partidos se han ido alternando en el poder: el PP y el PSOE, quienes no solo no han tenido la decencia de regular la huelga, un derecho constitucional pendiente de su regulación, por medio de una ley que amparase la defensa de los distintos intereses en litigio y que preservase, como valor supremo e inexcusable, la defensa del ciudadano ajeno a tales conflictos, sino que han llegado a un pacto, no escrito, de no abrir la caja de Pandora en este asunto.

No solo nos han dejado desamparados en este aspecto, sino que incluso han tenido la desvergüenza de demonizar los llamados escraches, es decir, la posibilidad de que el huelguista, en lugar de perjudicar con sus acciones al ciudadano, lo haga con el político, políticos o partido de turno, que considera culpable de la situación.

Es lo mismo que ocurre con las guerras, cuando dos políticos son incapaces de entenderse, por negligencia, odio, ambición o lo que sea, quienes para solucionar el asunto deciden que sus respectivos ciudadanos, que nada tienen unos contra otros, acaben matándose entre ellos, convirtiéndose en asesinos a su pesar, odiándose, destrozando familias, paises, patrimonios, derechos de todo tipo, y generando un sin fin de duraderas miserias, mientras ellos ven los toros desde la barrera, guerras que antiguamente se evitaban a base de un duelo o algo parecido y que hoy podrían evitarse simplemente con obligar, pasado un mínimo tiempo sin encontrar solución, a cada uno a irse a su casa y dejar su puesto a quienes si puedan solucionar los problemas civilizadamente.

Estoy absolutamente convencido que si mañana los controladores aéreos, por poner un ejemplo, vuelven a reivindicar sus peticiones y consecuencia de ello deciden paralizar Barajas, perjudicando a millones de usuarios con toda la casuística de calamidades que ello comporta, en su lugar impidiesen el vuelo simplemente a los aviones oficiales del gobierno, el asunto se solucionaba en menos de 24 horas. Lo grave es que ese remedio ha sido tachado de políticamente incorrecto, por la dictadura que, tanto partidos como prensa apesebrada sostienen, cuando se trata de defender los intereses de nuestros “representantes” en perjuicio de sus representados, pues perjudicar a miles o millones de ciudadanos es comunmente aceptado, pero hacerlo con uno de ellos resulta ser una canallada imperdonable.

Hoy el llamado conflicto del taxi pone de relieve un buen número de carencias de nuestro sistema. Estamos en Europa pero aun seguimos atados a ciertas prácticas muy asentadas, como son las de la prevalencia de determinados monopolios, que Europa no consiente y que por dar una larga cambiada disfrazamos de lagarterana. 

Hoy en Europa impera la libre competencia, y en aquellos sectores en los que no se produzca, los gobiernos están obligados a reconvertirlos, se trate o no de una patata caliente que nadie quiere en sus manos, pero que cualquier gobierno responsable ha de afrontar, y no con bobaliconas ocurrencias estilo Ada Colau, que conducen a la eliminación de parte del sector y a las indemnizaciones posteriores que dentro de unos años Europa nos impondrá, por haber hecho el pinzo, marginando la solución efectiva del problema, aunque cuando ello llegue, esos políticos tan ocurrentes ya no estarán en sus puestos, ni nadie podrá pedirles responsabilidades en forma de irle a su bolsillo, algo que, como siempre, acabaremos pagando entre todos.

El citado conflicto, no es nuevo, aunque ahora, por no haberlo solucionado en su momento e ir agrandando la brecha, haya surgido con la mayor crudeza.

Ni PP cuando pudo hacerlo, ni PSOE ahora, tienen ni han tenido la valentía ni la responsabilidad de coger el toro por los cuernos, por lo que ni por ello, ni por ser capaces de afrontar nunca una ley de huelga, que al menos pusiera las bases para un entendimiento, ahora de nuevo nos vemos los usuarios, los ciudadanos, pagando las consecuencias.

Por si no faltasen pruebas más que suficientes, tanto PP como PSOE son partidos ya ampliamente amortizados, incapaces de anteponer los intereses ciudadanos a los suyos propios, a sus propias ambiciones y a su incapacidad.

Si lo del PP, en estos últimos años, ha sido la apoteosis del pasotismo, lo del PSOE pasándole la patata a las autonomías, es no solo de una cobardía vergonzosa, sino de una falta de responsabilidad y una caradura indignante.

De un problema crónico no resuelto por conveniencia particular, ahora crean 17 problemas a resolver cada uno a su antojo, hasta el punto que alguno de esos 17 y siguiendo la linea de actuación del propio gobierno, pasa de nuevo la patata caliente a los ayuntamientos, multiplicando con ello los problemas hasta conseguir que lo del taxi se haya convertido en una epidemia de arbitrariedades irresolubles, ya justificadas por algunos en base al derecho de decisión descentralizado que ampara la Constitución y bla, bla, bla.

Siempre he sostenido que uno de los principales problemas de España han sido las autonomías, creadas en su momento por lo mismo que ahora ocurre con lo del taxi, por pasar la patata caliente y no afrontar valientemente una transformación del Estado que nadie estaba dispuesto a resolver desde gobierno alguno, que afrontase los problemas, contando con la peculiaridades que fueran surgiendo en algunos casos concretos y en algunos lugares concretos, desde legislaciones que atañen a todos, con los mismos derechos, de forma más sencilla y lógica, lo que se evitó en aras de dar  poder a los independentistas, algo cuyas consecuencias todos hemos pagado, y estamos pagando, a lo largo de todos estos años, no solo políticamente, sino con 17 leyes para cada sector a regular, leyes que solo se diferencias entre ellas en verdaderas gilipolleces identitarias, perfectamente contemplables como disposiciones adicionales en una ley única para todo el territorio. 

Este conflicto, como tantos otros, solucionado desde un Estado central, como ocurre con nuestros vecinos los franceses o los portugueses, atendiendo a las premisas antimonopolio que nos imponen desde Europa y con una ley de huelga que canalice pacíficamente las negociaciones, se hubiese solucionado hace ya tiempo y hoy no tendríamos porque asistir a este despropósito de fracaso político, causa de esta “guerra civil” que no sabemos hasta donde puede llegar, con la amenaza incluso de 17 ó 700 ocurrencias diferentes, se trate de autonomía, ciudad, pueblo, aldea o portal de vecinos de que se trate, que hasta ahí puede llegar el asunto si seguimos con esta dinámica de balones fuera, de derechos decisorios y de libertad de criterio de todos y todas, ciudadanos y ciudadanas, miembros y miembras, taxistas y taxistos.

País.   

       

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La parte por el todo

 

Pasados los años, cada vez recuerdo con mayor admiración y nostalgia aquella asignatura llamada urbanidad (no confundir con urbanismo, como hace la “culta” vicepresidenta del gobierno, la de que el dinero público no es de nadie y que fue cocinera antes que fraila, etc.), algo muy parecido a una mezcla entre ética y estética, fondo y forma, dialéctica e imagen, un conglomerado que, en general, daba como resultado la configuración de individuos educados, considerados, solidarios, éticos, respetuosos, consecuentes, y toda una serie de virtudes ciudadanas que facilitaban en gran manera la convivencia, asentaban valores y ayudaban, en gran medida, a configurar una sociedad más justa.

Eran los años 50. Hacía unos 15 años que había finalizado la guerra civil y entrábamos en un segundo ciclo conceptual de la enseñanza, una vez dejado atrás un primer ciclo en el que el aleccionamiento político en la educación predominaba sobre cualquier otra consideración. Políticamente nos encontrábamos a medio camino entre la dictadura y la llamada dictablanda, poco antes del comienzo del desarrollismo que acabaría en la tecnocracia, que nos pondría en una cómoda linea de salida, al menos económicamente, hacia la teórica democracia que ya llamaba a las puertas aunque, a día de hoy, todavía no haya acabado de entrar del todo.

Con independencia de otras materias, éramos formados en una única opción,  en la que predominaba lo expuesto al principio, pero también la buena educación, la cortesía, los buenos modales, la higiene, la alimentación natural, el comportamiento en la mesa, en la calle, en los transportes, la lectura, el buen gusto, la limpieza, la tolerancia y el respeto a lo público, así como toda una serie de indicativos de relación, que el ser humano civilizado había conquistado, a lo largo de los siglos, para una interacción convivencial fructífera, en la que la ética y la estética estaban presentes, de manera que la sociedad valoraba en gran medida a aquellos ciudadanos que tuvieran un alto sentido de lo que llamaríamos “saber estar”.

Afortunadamente, he tenido la suerte de pertenecer a aquella generación que, entre sus materias escolares, figuraba la urbanidad. Teníamos muchas carencias en otras materias, como no haber podido aprender inglés, apenas chapurrear el francés, no disponer de libros medianamente didácticos, estudiar una historia muy partidista, haber tenido la desgracia de ser absolutamente aleccionados en una intolerante materia religiosa marcada a fuego, y de la que algunos afortunadamente hemos conseguido liberarnos. Pero por otra parte, unos conocimientos de geografía medianamente aceptables, latín, filosofía, literatura y arte, todo ello con conocidos matices. 

Desgraciadamente no aprendimos nada de música, pero como no había televisión, la radio lo compensaba en parte, pero si aceptables matemáticas, física, química y geometría, lectura, gramática, ortografía y redacción, lo que en general te daba una cultura general y una educación un tanto reconocida de origen, pero en lineas generales bastante superior a la que los niños, y no tan niños de hoy practican, analfabetos funcionales en gran parte de las materias enunciadas, con mayores conocimientos técnicos, pero carentes en general de otros valores que solo pueden atesorar dependiendo del grado educacional de sus padres, en todos los aspectos.

Por supuesto, los deberes los hacíamos nosotros, quienes también íbamos al colegio solos, en compañía de los colegas de vecindad, y si te quedabas castigado o te soltaban un sopapo, al llegar a casa llevabas otro, pues entonces los maestros tenían la plena confianza, admiración y respeto por parte de los padres.

España, no obstante, ha sido siempre un país de situaciones extremas. El paso de la dictablanda a la demagogia, siguiendo la tradición expuesta, exigía romper con todo, no transformar, modificar o actualizar un tipo de enseñanza que funcionaba en lo esencial y que requería de una transformación medida, sino de una abrupta ruptura.

Cualquier concepto que fuera identificado con la derecha, adjudicada desde la izquierda como sucesora del franquismo y sus métodos, aunque resultase y fuera beneficiosa para la enseñanza, debía ser volada del mapa, y así se hizo. El problema fue que no fue sustituida por nada que le superase claramente, sino por el negativo de la foto fija de tantos años atrás, un método archiconocido en nuestros cambios históricos. Como consecuencia, la enseñanza fue tomada por la izquierda, quien además se veía en la necesidad de decantarse hacia extremos que la consolidasen. Por si ello no fuese suficiente, su regulación fue transferida a las distintas Comunidades Autónomas, con lo que cada cual, en aras de las distinciones propias, naturales o no, se veía en la necesidad de ser original, distinto y más “actual” que el vecino, no digamos si disponía de otro idioma además del español que nos unía a todos, pues entonces, para ser más distinto todavía, imponía firmemente el que la “educación” debía ser impartida en su idioma de andar por casa, o de una forma harto ridícula, cual es el de hacerlo en unas materias en un idioma y en otras en otro, según porcentajes seleccionados políticamente, por encima de la libertad o de la cordura. 

La consecuencia de todo ello ha sido un conglomerado de distintos planes a cada cual más pintoresco, absurdo, castrante, diferenciado y provisional, que ha ido marcando a unos individuos ajenos a toda esa serie de valores enunciados, no contenidos en ninguna de las asignaturas impartidas.

El ejemplo ocurrido con la mujer es harto significativo. En la España franquista, los roles hombre-mujer estaban claramente diferenciados. Los hombres en la calle ganando el sustento según su profesión, y las mujeres en casa cuidando la familia, sin interferencias entre ambos. Así la mujer (sus labores) sabía cocinar, ir a la compra conociendo los distintos alimentos, coser, planchar, llevar una casa, educar a los hijos responsablemente, dominaba la economía doméstica, etc. Curiosamente las familias vivían con la entrada de un solo sueldo en casa, mientras el índice de paro era poco menos que testimonial. La ruptura de usos y costumbres, no obstante, exigía modificar radicalmente el panorama y la mujer abandonaba el control de la casa para incorporarse al mundo laboral, lo que ya suponían dos sueldos y un mayor nivel de vida, aunque el mismo grado de ahorro (prácticamente ninguno), pero con índices de paro elevados que incidieron e inciden generalmente en los más jóvenes y en los de mayor edad. 

Así los hechos, lo lógico hubiera sido que la mujer, con independencia de su nuevo rol, conservase el conocimiento de tales valores y que el hombre entrase en esos conocimientos, para ser ambos los que atesorasen tales virtudes. La superficial dictadura de lo políticamente correcto, impuesta por la izquierda, no obstante, siguió el devenir histórico carpetobetónico que nuestros genes imponen, y en lugar de emplear la lógica, se empleó el resentimiento, la confrontación y la intolerancia. La nueva mujer, para ser más libre, más independiente y más realizada, debía desprenderse de todo ese tipo de conocimientos mal vistos, y así negarse a cocinar, a saber comprar y conocer los alimentos, a coser, a planchar, misiones todas ellas de marujeo, devaluadas en aras de la “libertad”, de la emancipación y del empoderamiento femenino, como si ello se consiguiese siendo más ignorante y ello comportase una mayor dignidad. 

El hombre por su parte, por comodidad, tradición y un cierto prurito machista, no dió tampoco un paso al frente ante tales virtudes, y como consecuencia de ello hoy tenemos, ya en plaza, a generaciones que no tienen ni idea de cocinar, de conocer los alimentos frescos en los mercados, de planchar, de coser, de economía doméstica, ni siquiera de saber comer educadamente, o educar correctamente a sus hijos, a los que se les consiente absolutamente todo, en aras de un absurdo temor a su frustración, etc.

La consecuencia, en gran parte, de los jóvenes y jóvenas, miembros y miembras (que diría otra ministra fruto de tal adoctrinamiento) que componen las nuevas familias, han sido adolescentes con una educación muy deficiente en casi todas las materias, y ya no digamos en el campo de la convivencia, desconocedores del lenguaje adecuado, de la correcta escritura, de la lectura habitual, de la dialéctica, de la urbanidad en la calle, en la mesa, en los transportes, del trato a los mayores, de la consideración hacia los demás, de la cortesía, etc. Si a materias académicas nos referimos, sus carencias en asuntos como la historía, la geografía, la literatura, el arte en general, son sangrantes, lo que se traduce al final en una ética, en una valoración del fondo de cualquier asunto o persona, francamente preocupantes.

Viene ello a cuenta del espectáculo dado días atrás en los juzgados de Madrid con la presencia de Cristiano Ronaldo, acusado de defraudar a la Hacienda Pública, o sea, a todos los españoles, haber tenido que pagar, como delincuente “pudiente”, cerca de 20 millones de euros y reconocer su culpabilidad para ser condenado, por tanto, a algo menos de dos años de cárcel para, al no llegar a los 24 meses, no entrar en prisión. !Olé la pasta gansa!. Todos iguales, pero unos más iguales que otros.

Cuando en el colegio estudiábamos urbanidad, y fuimos formados en valores,  en casa y en el cole, un personaje condenado por tales hechos, nos hubiera parecido alguien indigno de cualquier muestra de compadecimiento. Hoy este individuo, que él mismo se declara culpable de estafarnos a todos, en compañía de su mujer, exhalando diseño, dinero y superioridad por todas partes, con toda la chulería del mundo, sonriendo, firmando autógrafos y en loor de multitud, era alabado por una corte de imbéciles desnortados, cuyos inexistentes valores daban fe de una generación que disculpa a sus ídolos, confundiendo el fondo con la forma, la ética con la estética, y la verdad con el deseo. Un personaje que, salvo sus virtudes atléticas, carece de todo tipo de ética, que ni siquiera es capaz de llevar al deporte que practica, vendiéndose al mejor postor tras dejar colgado al club y a una afición que le dio todo, enfadándose cuando un compañero marca un gol al no ser él quien lo haga, sabiéndose seguido por una legión de jovencitos que, al uso actual, veneran cualquier ocurrencia de sus ídolos, anunciando apuestas en el juego, gastando auténticas fortunas en coches, aviones, casas, etc., cargándose de hijos a la carta a través de madres de alquiler, acusado de acoso sexual, analfabeto funcional, vanidoso, engreido, despectivo, etc. Un personaje sobre el que ahora, el gobierno portugués, bastante más serio (menos mal que nos queda Portugal), anuncia su decisión de revisar todos los honores, medallas y reconocimientos otorgados como representante ciudadano de Portugal por el mundo, a la espera de la sentencia de la justicia española tras reconocerse culpable de los cargos que se le imputan, a los únicos efectos de obtener una mejor condena.

Cuando valoramos a estos tipos, como a Maradona, drogadicto, maltratador, hortera, etc., un engendro como persona sin la menor virtud, por el simple hecho de haber jugado bien al fútbol, confundiendo así la parte con el todo, al igual que hacemos con políticos, actores o cualquier personaje público a los que adjudicamos todas las virtudes, y consecuentemente nos entregamos a ellos sin ver más allá que nuestros deseos, en conciencia, y para los que ya peinamos canas desde hace varios lustros, nos entra la necesidad de exigir que al menos nuestros nietos vuelvan a ser educados desde la urbanidad, en valores, recuperando todo aquello que de inteligente, y para una agradable convivencia, ha sabido atesorar el ser humano a lo largo de la historia, y que no valoren a estos tipos más que por aquello que hacen bien, pero sin adjudicar por ello a los mismos toda una serie de virtudes de las que carecen absolutamente, que no se entreguen a ellos, sino todo lo contrario, porque con actitudes así, la involución está asegurada.

Algunos somos ya mayores, o ancianos según la OMS, o “usados” en una peor acepción, carecemos de gran parte de los conocimientos técnicos actuales pero, en general, somos gente “de bien”, educada, nos importa el fondo de las cosas, pretendemos actuar desde la ética, valorar a las personas en su conjunto, con las luces y sombras que todos tenemos, desde la condescendencia incluso, pero sin pretender engañarnos, como única receta para entregar un mundo mejor desde la generosidad de nuestra experiencia.

No confundamos la parte con el todo.            

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Frente Atlántico, reinos de Taifas, carencia de peso político y atraso ancestral.

Cerrado el año, la Voz de Galicia publica en primera plana una noticia harto significativa, relativa a la mala política aeroportuaria de nuestra Comunidad Autónoma: “Oporto gana siete veces más pasajeros que los tres aeropuertos gallegos juntos”. En páginas interiores: “El aeropuerto de Oporto gana 7,4 millones de viajeros en diez años y Galicia solo un millón. Saa Carneiro absorbe ya el 70% de los pasajeros del noroeste peninsular y alcanza un nuevo récord con casi 12 millones. La red aeroportuaria gallega no sobrepasa los 5,2 millones”.

Al día siguiente, el periódico controlado por el alcalde de Vigo, contraataca a su manera con el siguiente titular: “Peinador sella el mejor diciembre desde 2007 y escala hasta 1,12 millones de viajeros anuales, Lavacolla rompe su techo con 2,72 y Alvedro con 1,22, roza su mejor marca”.

Como vemos, son dos formas muy distintas de afrontar los mismos hechos. En La Voz de Galicia poniendo en conocimiento una realidad frustrante para Galicia, que ha de encender todas las alarmas para corregir este despropósito y en Faro de Vigo todo parece una fiesta en la que todos crecemos desde la miseria y sin hacer mención alguna al auténtico crecimiento de nuestros competidores. Una prueba más de la situación de carencia informativa de calidad de la que han de alimentarse, y se alimentan, ajenos a su ignorancia en tantos otros campos los vigueses, debido al enfermizo poder de control que atesora el regidor máximo de la ciudad. 

Las cifras, no obstante, son abrumadoras. En 2007 los aeropuertos gallegos sumaban 4,7 millones de viajeros ante los 3,9 del aeropuerto portugués, para el siguiente año, hace ahora 10, superar Saa Carneiro por primera vez a los tres aeropuertos gallegos juntos.

Analizadas las cifras en su conjunto, vemos que hace ahora 11 años, entre los aeropuertos gallegos y el del norte de Portugal, el número de viajeros estaba en los 8,6 millones, mientras que en la actualidad suman 17,2, lo que supone un crecimiento del 100%, cuando en Vigo se ha pasado de 1,5 millones, a los actuales 1,12, lo que supone un retroceso de algo más del 25%. 

Si ello es espectacular en general, lo de Vigo es castrante, ya que por aquellas fechas y de la mano del gerente de la Fundación Provigo, Rubén López, a quien se había encargado la dinamización del aeropuerto vigués, se había llegado, como ya se ha expuesto, a un techo nunca superado de cerca de 1,5 millones de viajeros (cerca de 400.000 más que en la actualidad), tras toda una serie de gestiones con AENA, un manojo de compañías aéreas y el esfuerzo por involucrar a distintas ciudades en fructíferos intercambios, gestión que se vio cortada de súbito con la llegada de Abel Caballero a la alcaldía de Vigo, y su política de ir cargándose a toda institución o personaje que él crea que pueda hacerle sombra, y que llevase a cabo gestiones en pro de la ciudad que nada tengan que ver con sus ocurrencias (véase también el caso del Celta, entidad a la que perjudica sistemáticamente por temor al éxito y protagonismo de su presidente). 

Rubén López desapareció del mapa público vigués, a la vez que la Fundación ProVigo. Desde entonces, la cifra de pasajeros con salida desde Peinador ha ido decreciendo regularmente, pasando el aeropuerto de Vigo a ser el último de Galicia aun a pesar de ser Vigo la ciudad más poblada y de que primamos espléndidamente a las compañías que quieran operar en su aeropuerto. Todo ello gracias a esa política de enfrentamiento con todos y con todo, a no colaborar con nadie para crear sinérgias y a considerar a Galicia como algo ajeno, e incluso como enemiga de la ciudad. 

En la linea apuntada, se llegó a despreciar gravemente la oferta del alcalde de Santiago para luchar en conjunto por una linea ferroviaria de alta velocidad desde Santiago a su aeropuerto, consiguiendo con ello que el embarque y facturación desde Vigo se hiciese ya en el propio tren Vigo-Labacolla, lo que pondría a los vigueses al pie de un aeropuerto internacional en el mismo tiempo que utiliza para embarque en Peinador para ir a cuatro o cinco lugares, como mucho, algo rechazado de plano, a los únicos efectos de dar alas a un sentir aldeano y victimista en perjuicio no solo de la Comunidad, sino de la propia ciudad. 

Como resultado, Vigo está desperdiciando su infraestructura aeroportuaria, hoy sobre dimensionada, con una terminal semi vacía y un edificio de aparcamientos con dos de sus plantas absolutamente vacías desde su construcción, que ni siquiera son aprovechadas como aparcamiento disuasorio de entrada en Vigo. Ello sin duda podría liberar al Parque del Castro de ser el aparcamiento de todo el que, desde las afueras ha de trabajar en Vigo y que podría pagar unas tarifas de aparcamiento asequibles para toda la jornada laboral, hoy inexistentes en Vigo, solo con poner lanzaderas de autobuses cada 5 ó 10 minutos entre el centro de la ciudad y el aeropuerto, con tarifas reducidas para parking y transporte, aunque eso comportara hacer gestión y un trato adecuado para todos aquellos ciudadanos del área viguesa que vienen diariamente a la ciudad a contribuir a su progreso.

Hoy Oporto tiene rutas a 100 aeropuertos de 90 ciudades en 26 países europeos y por casi todo el mundo, mientras en Galicia un aeropuerto de tamaño medio como Santiago y dos de chicha y nabo como Alvedro y Peinador, se mantienen en una patética competencia, dilucidando quien es más cebollo, en una estúpida carrera hacia la nada, jaleada por lo más paleto de la ciudadanía. 

La realidad de los tres aeropuertos gallegos y del Saa Carneiro en Oporto, a unos 150 km. de Vigo, podría hacer del noroeste de la península, del frente Atlántico, un lugar privilegiado en cuanto a instalaciones aeroportuarias, con dos aeropuertos internacionales y otros dos de carga y de tráfico doméstico de pasajeros (Madrid y Barcelona principalmente) desde Vigo y La Coruña, cuando pronto (esperemos) se prevé completar la línea de alta velocidad entre La Coruña y Oporto, si además impulsamos un puente aéreo entre La Coruña y Lisboa con escalas en Vigo y Oporto, con lo que los vigueses tendrían acceso a casi cualquier aeropuerto de Europa y a mejores precios, bien desde Santiago, Oporto, o Lisboa, en menos de una hora.

Para ello sería preciso trabajar en sintonía con Santiago y La Coruña y un buen entendimiento con la Xunta, quien tendría que coordinar los acuerdos y liderar las negociaciones con Oporto y Lisboa sobre el particular, pues se trata de que ganen los ciudadanos, no de que Vigo, Santiago, La Coruña y Oporto se partan las muelas en una guerra absurda para ver quien la tiene más grande, quien es más víctima, o quien quiere más a su ciudad en un alarde de estupidez pueblerina muy propia de algunos.

En el transporte marítimo nos ocurre lo mismo, con un empeño en mantener tres autoridades portuarias (Vigo, Marín y Villagarcía), que además se hacen una competencia fratricida, en un espacio absolutamente reducido como es el de las rias baixas, y todo por mantener el prurito aldeano de un localismo obsoleto y contrario a cualquier lógica de competencia, en el mundo global en el que se mueve el comercio actualmente, cuando lo lógico sería refundir los puertos con tres terminales especializadas y una sola autoridad portuaria. 

Algo similar ocurre con el transporte turístico de pasajeros, con cuatro puertos en el frente Atlántico: Lisboa, Leixoes (Oporto), Vigo y La Coruña. 

Sabido es que los cruceros viajan de noche y que por tal circunstancia el barco que hace escala en Lisboa ha de hacerla en Vigo y el que la hace en Oporto debe hacerla en La Coruña, por puros efectos de distancia entre puertos. La realidad objetiva es que Vigo pierde tráficos y consecuencia de ello está arrastrando a Lisboa, ya que para los cruceristas tiene mayor interés la oferta Oporto-La Coruña que la Lisboa-Vigo, al crecer enormemente en calidad Oporto con grandes ofertas de visita, al igual que La Coruña con la cercanía de Santiago, cuando a la oferta de Lisboa, Vigo no aporta prácticamente nada, ya que la mayoría de los cruceristas se desplazan a Santiago, a mayor distancia de Vigo que de La Coruña, mientras que el propio Vigo (al no poder incluir la visita a Cies, prácticamente su único elemento turístico con tirón) no tiene demanda alguna. Si a ello añadimos que desde La Coruña, a una distancia de una noche de navegación está Europa, lo que no ocurre desde Vigo, el asunto aun se complica más.

Así las cosas ello requiere también de acuerdos ente las autoridades de Vigo, La Coruña, Oporto y Lisboa, con la Xunta por medio, para evitar esos enfrentamientos y ofrecer sinergías que beneficien a los cruceristas, promocionando más los alrededores cercanos de Vigo, como el norte de Portugal, la oferta gastronómica de verdad, no la ofrecida a los turistas para engañarlos con mariscos de las más variopintas procedencias a precios de la ria, el tirón del golf con buenos campos en la provincia, las bodegas, y en general todo aquello que demandan esos turistas generalmente del norte de Europa, para unas horas en la ciudad y alrededores.

En el capítulo de carreteras, la comunicación de Vigo con la meseta resulta lamentable. Si ha de ser por autopista, es preciso, bien cogerla camino ya de Bayona  por el monte, o bien ir hacia Redondela para volver a invertir la dirección y salir pasados varios kilómetros de Porriño, volver atrás y enlazar con la autovía a Orense.

Si se quiere ir por autovía, es preciso entonces hacerlo por la de mayores accidentes mortales de España, la autovía a Porriño, un engendro lleno de curvas, pendientes y limitaciones de !60 km/h!, con el mayor porcentaje de control por radar, construida siendo entonces Ministro del ramo Abel Caballero, actual alcalde de Vigo y Director General Emilio Pérez Touriño ex presidente de la Xunta de Galicia, dos gallegos causantes del mayor descalabro viario de España. 

La solución estaba contenida en el proyecto de Plan General de la ciudad aprobado inicialmente, que después el actual alcalde modificó y consiguió con ello que los tribunales lo anulasen por ilegal, y que consistía en un trazado en linea recta y sin pendientes hasta el encuentro con el rio Eifonso, para de ahí discurrir hasta Porriño en túnel, enlazando ya con la autovía a Orense, lo que pondría a Porriño en algo más de 5 minutos de Vigo, con absoluta seguridad y a velocidades de autopista. 

Un proyecto imprescindible para la ciudad que, una vez más, ante la absoluta incapacidad negociadora del actual alcalde de Vigo, hoy vuelve a no ser contemplado en los presupuestos del Estado, al igual que otras obras de interés para la ciudad, incluso por su propio partido en el gobierno, de la mano de Sánchez, quien al igual que hiciera Zapatero, vuelven a ignorar a la ciudad. 

Claro que si algo evidencia el proyecto de presupuestos de Sánchez para 2019 es que están confeccionados con el único objetivo de preservar sus intereses personales, ya que bajan para todas las comunidades administradas por la oposición y suben en las propias y en Cataluña, a los efectos de poner de su lado a los secesionistas, al tiempo que bajan para aquellas ciudades que en su día sus dirigentes apoyaron a su rival interno en el partido, como fue de forma harto explicita el caso de Vigo, cuyo dirigente ha tenido que pasar del digo al diego, sin el menor rubor.

En cuanto a la comunicación por el norte, falta por terminar la autopista de Santiago a Lugo, para enlazar ya por autopista con la frontera francesa.

Si nos referimos al ferrocarril, la única linea importante de comunicación con Vigo es la recientemente inaugurada de alta velocidad con La Coruña, una estación con una terminal mínima, a la espera del siempre prometido AVE a Madrid por Cerdedo, que realmente será el AVE Orense-Pontevedra si algún día llega a realizarse, cuando todo indica lo contrario, sobre todo tras este proyecto de presupuesto para 2019 citado, donde de nuevo se dedica una pequeña cantidad a los únicos efectos de mantener la llama de la eterna promesa incumplida, pues ahora para ir en AVE a Madrid es preciso ir en sentido contrario hasta Santiago, mientras la centenaria linea por el Miño, no sirve siquiera para el tráfico de mercancías, al no disponer de estaciones con vías muertas de espera de dimensiones adecuadas, lo que impide cualquier programación que garantice las llegadas de mercancías a destino en horarios establecidos (menos de un 1% por vía férrea, cuando para un funcionamiento adecuado, debería superar el 50%).

En cuanto a la comunicación con Portugal el asunto resulta tercermundista, con trenes de baja velocidad, a horarios pintorescos, con cambio de sentido en Guillarey y una eternidad para llegar a Oporto, trazado que vuelve a no contemplarse en el citado proyecto de presupuestos, donde solo se atiende a ciertas reparaciones en las vías y parte de electrificación, lo que no resuelve absolutamente nada en cuanto a la comunicación con Portugal.

Hoy las comunicaciones son la base de cualquier progreso, pues resulta  imposible ser competitivo si no se cuenta con los transportes adecuados por tierra, mar y aire, algo prioritario para la zona sur de Galicia, una necesidad que requiere gestión efectiva, crear sinergías y disponer de buenas relaciones, tanto con el resto del eje Atlántico como con los gobiernos gallego, portugués e incluso con el central, carencia que una vez más evidencia ese proyecto de presupuestos confeccionado por el mismo partido del alcalde vigués, quien ya se ve que no pinta absolutamente nada para el actual Dr. Okupa quien amparado en secesionistas, pro etarras, delincuentes encarcelados, y huidos de la justicia, que financiamos entre todos los demás, trata de llevar las riendas del pais. 

Vigo, la ciudad más poblada de Galicia se encuentra a años luz de contar con esos atributos enunciados de negociación, gestión e influencia en su máximo representante, quien ha preferido hacer de la mentira y del llanto permanente su bandera, enfrentarse a todo y a todos, enemistarse permanentemente con la Xunta, vaciar Vigo de instituciones ciudadanas que puedan hacerle sombra en su enfermizo protagonismo, y apostar, con presupuesto de ciudad, por una política de pueblo, renovando las aceras, remodelado las plazas en base a las mayores horteradas y apostando por la iluminación navideña como signo de identidad de la ciudad, algo que gran parte de los actuales vigueses, tan bien informados ellos, valoran sobremanera, mientras el esqueleto de la ciudad, su pulmón y su capacidad competitiva se debilitan a marchas forzadas.

Decididamente, no hay nada, absolutamente nada que hacer, con otros partidos incapaces de aportar candidatos de valía, prestigio y conocimientos y con un personal de a pie entregado a lo más intrascendente, superficial y paleto, absolutamente ajeno a aquel que hizo de la ciudad una de las mas pujantes y de mayor crecimiento de Europa, hace ya bastantes décadas.

Menos mal que nos queda Portugal.       

   

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La RAE y la política

En estos precisos instantes, está tomando posesión de su cargo el nuevo director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, cargo obtenido por mayoría absoluta de los votos emitidos por los académicos en las recientes elecciones. Dos días antes era entrevistado por la periodista Susana Griso, en su programa de la mañana de Antena 3. 

De la interesante entrevista con uno de los personajes, a mi entender, más importantes del panorama actual, no solo por su valía personal sino por el cargo que ostenta, cabe destacar dos cuestiones de suma importancia. La primera, para mi un verdadero escándalo, absolutamente injustificable, es el haber conocido un dato desolador: La RAE se encuentra, desde hace ya tiempo, en una situación de penuria presupuestaria verdaderamente preocupante, ya que el Gobierno de España (este y el anterior), solo cubre alrededor del 20% de su presupuesto, debiendo recurrir para su subsistencia a ayudas de entidades privadas, que no llegan a alcanzar lo necesario para el correcto funcionamiento de la Institución, sino la más importante, una de las fundamentales del Estado español. Mi sorpresa devino en aumento cuando la entrevistadora recibió el dato sin apenas inmutarse, acostumbrada a indignarse con frecuencia ante hechos absolutamente intrascendentes que “ofenden” su concepto partidista de lo políticamente correcto, tan manifestado últimamente tras las elecciones andaluzas con determinado partido que no resulta de su agrado, partido que seguramente, si pudiera, no permitiría para nada, tamaña ofensa a uno de los principales tesoros de nuestro país, la lengua española.

Como ni siquiera se preocupó en ahondar en el asunto, he de  advertir que el presupuesto anual necesario para la supervivencia del Ente es de solo 7 millones de euros, de los que la ayuda que recibe del Estado es de solo 1,6, cuando no solo debería cubrir la totalidad del presupuesto, sino incluso mejorarlo, ya que se trata de una Institución ejemplar, regida por lo mejor de nuestra sociedad y encargada de una de las labores más nobles.

Si hoy trajéramos aquí las ayudas a todo tipo de entidades, asociaciones, saraos de todo pelaje y chorradas descomunales que nuestro gobierno y el de las comunidades autónomas ayudan con al menos 1,6 millones, no acabaríamos nunca y posiblemente la indignación entre quienes presumimos de cierto sentido común, amamos España y sentimos un profundo respeto por nuestro idioma, nos hiciera correrlos a gorrazos.

Valga como ejemplo lo que ocurre en Cataluña con su lengua, que solo se habla en Cataluña y en Andorra, una lengua de andar por casa, ya que no le digas a valencianos y mallorquines que hablan catalán, pues la ofensa podría indignarles. El equivalente a la Real Academia Española es el Institut d´Estudis Catalans, cuyo presupuesto para 2018 fue de 7,5 millones de euros, aproximadamente medio millón más que el de la Real Academia Española, quien limpia, fija y da esplendor a una lengua hablada por cerca de 580 millones de personas en el mundo, pero es que de esos 7,5, la Generalitat aporta 5 millones, el Estado español 0,3 y entre la Diputación de Barcelona y otras entidades oficiales catalanas, hacen que la total aportación pública sea de alrededor de los 7 millones de euros (datos recogidos de la propia página corporativa de la Institución en su apartado de transparencia). 

Consultada, por otra parte la página corporativa de la Coordinadora Feminista o Federación Estatal de Organizaciones Feministas, resulta imposible conocer su presupuesto, al igual que el de otras 5 organizaciones de ámbito nacional consultadas, cuyos apoyos a las posturas más extremas son allí patentes (ni una sola cifra), no obstante por estimaciones que llevan a cabo distintas publicaciones digitales, sus presupuestos superan, en algunas, con creces el de la Real Academia, con ayudas fundamentales del gobierno y de los gobiernos autonómicos, ayudas que finalmente solo llegan a las afectadas en aproximadamente un 20%.

En cuanto a colectivos feministas dedicadas a combatir la ablación que sufren tantas mujeres africanas radicadas ya en España, a la lucha contra las mafias de la trata de blancas, al mal trato y recorte de libertades a las mujeres musulmanas, a la elaboración de propuestas para la consecución de la conciliación familiar, etc., los verdaderos problemas en los que la mujer aun está a mucha distancia de conseguir, casi nada aparece, pues al parecer requiere mayor dedicación el reivindicar un lenguaje inclusivo, que toda esta serie de problemas de primer orden, ya que esto último no esta al alcance de cualquiera y requiere mayor conocimiento, valor y compromiso que el simple pancarteo callejero o de fácil tertulia.

Como apoyo a lo expuesto, y partiendo de los datos que ofrece la página corporativa de la Coordinadora Feminista, existen 47 categorías de asociaciones feministas, de ellas solo una hace referencia a las “inmigradas” en la que su actividad se limita a unas serie de conferencias, algunas de lo más pintoresco. Sobre la mujer musulmana, la única referencia es de una conferencia dada en Cataluña sobre la prohibición del burka, en !2013!, ni una sola referencia más.   

Confieso que según voy escribiendo, mi grado de indignación va en progresivo aumento, y no por el apoyo de los catalanes (y resto de españoles y españolas) al Institut d´Estudis Catalans, sino por la miserable “ayuda” de nuestro gobierno a nuestra máxima institución lingüística y el miserable respeto que sienten nuestros miserables políticos hacia la riqueza de todos, claro que para algunos y algunas, como la actual vicepresidente del gobierno y máxima paleta ilustrada oficial, Carmen Calvo (¿o calva?) “el dinero público no es de nadie”, o “de pequeña me hacían estudiar urbanismo” (realmente era urbanidad, pero parece ser que no se enteró demasiado), “yo he sido cocinera antes que fraila”, “deseo que la UNESCO legisle para todos los planetas”, etc., etc.

El segundo dato de importancia en la citada entrevista, es la mención al encargo hecho a la Academia por la ilustre paleta citada anteriormente, de un informe sobre la modificación de la Constitución para ser redactada con un lenguaje “inclusivo”, al parecer el principal problema de nuestra Constitución, momento en el que se ilustra el asunto con una entrevista al académico Arturo Pérez Reverte, a quien las feministas extremas han jurado odio eterno, en el que este asegura que si alguna vez sale adelante algo parecido se va de la Academia dando un portazo o portaza, con lo que no puedo estar más de acuerdo.

Desgraciadamente estamos llegando a determinados extremos de gilipollez integral en nuestro país de bobos con mando en plaza, que si queremos dar la vuelta con cordura a este sinsentido, arbitrando una solución dentro de la llamada democracia, no nos dejan otra salida que encomendarnos a quienes para esa parte de la sociedad políticamente correcta de balido y pastoreo, sin más criterio que el ajeno, no son otra cosa que aquello que en su ignorancia pregonan a bombo y platillo como extremos, pues hasta ahora ninguno de los partidos al uso ha hecho absolutamente nada por la defensa de nuestra máxima institución cultural.

En mi anterior artículo exponía que “En España, obviando partidos independentistas, regionalistas, animalistas y demás familia, existen actualmente cinco principales opciones políticas: la izquierda (Podemos-IU), el centro-izquierda (PSOE), el centro (Ciudadanos), el centro-derecha (PP) y la derecha (VOX), sin presencia de extremas izquierda ni derecha, por mucho que se empeñen la izquierda y la derecha en calificar como tal al adversario.”

De estos partidos podemos conocer cual es su programa en casi todo (al alcance de quien sepa, quiera leer y comprenda lo que lea), e incluso en las cosas mas chungas, pero desgraciadamente poco sabemos sobre su postura en asuntos de la lengua (me refiero al idioma), pues parece que poco les interesa, como ya han demostrado tanto el anterior gobierno del PP como el actual del PSOE, con esa mísera “ayuda” a nuestra Real Academia, pero ¿y los demás?. Absoluto silencio.

Hoy la Academia de la lengua tiene bastantes desafíos ante la proa, en su labor de limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma, pues sobre todo, debido a un sistema educativo desastroso dirigido a nuestros jóvenes en las últimas décadas, el mal uso del idioma se ha generalizado, pues la mayoría de la población no lee casi nada, no escribe casi nada, y lo que hace lo suele hacer muy mal, tampoco redactan y tienen bastantes dificultades de comprensión e incluso a veces de hacerse comprender, sin que además, les preocupe demasiado.

Por otra parte, la aplastante demagogia política de combate al llamado lenguaje sexista a través de querer cambiar el genero de las cosas, ignorando que el sexo es algo consustancial a las personas, ni a las cosas ni al lenguaje, del que se pueden anular (limpiar) ciertas acepciones como “zorro”: hombre astuto y “zorra”: mujer pública, y similares, el resto requiere de estudios más serios y en mayor profundidad, pues, entre otros errores generalizados, no podemos decir “la presidenta” en lugar de “la presidente” ya que la palabra presidente significa el o la que preside el “ente”, no existiendo la palabra “enta” que nada significa, así la presidente es aquella mujer que preside el ente de que se trate, pudiendo hablarse de presidencia cuando se trate de no citar explícitamente a un hombre o una mujer, etc.

Como a los políticos parece que les interesa más utilizar el idioma en función de sus propios intereses, explotando la ignorancia de esa mayoría que compone el censo electoral, que tratar de hacer llegar al ciudadano el buen uso de la lengua, y por tanto nada sabemos en cuanto a lo que proponen al respeto, vamos a hacer un ejercicio de libre suposición en función de las siglas expuestas y las manifestaciones más significativas de sus representantes, citando las ocho propuestas (pueden surgir más en cualquier momento ya que la estupidez suele tender al infinito) que hoy están sobre la mesa en cuanto a lo que ha de emprender nuestra Real Academia con el idioma y su supuesta transformación en referencia al supuesto mal llamado lenguaje sexista.

1º. Dejar todo tal cual está.

2º. Sustituir el genero concreto por la cualidad, cuando se trate de citas no personalizadas. Director, solo cuando se trate de alguien concreto del sexo masculino y directora cuando del femenino, hablando de “la dirección” cuando no se refiera a alguien en concreto.

3º. Eliminar la economía del lenguaje en aras de ese lenguaje inclusivo tan en boga entre la horterada política. Socios y socias. Fontaneros y fontaneras, etc.

4º. Una degeneración del lenguaje inclusivo producto de una mayor ignorancia, como la presidenta en lugar de la presidente, portavoza en lugar de la portavoz, etc. 

5º. Pasar el plural de su terminación en “o” cuando incluye a todos, a “a”. Así cuando nombramos a las ciudadanas incluimos a todos y todas. Tras la derrota los futbolistas se sintieron apesadumbradas.

6º. Utilizar para los plurales la letra “e” equidistante entre la a y la o para citar a todos y todas. Todes les mediques curan. ¿Homenaje al bable?

7º. Utilizar el signo @ para los plurales. Tod@s l@s medic@s curan. ¿Como se lee esto? ¿Con “o”, con “a”, o con “e”?, ¿Será todarrobas larrobas medicarrobas curan?

8º. El invento puro y duro de “palabros” como miembra, periodisto, cuerpa, libras (supuesto femenino de libros), etc.

Entre las dos primeras citadas podemos encontrarnos al grueso de VOX, PP y Ciudadanos, mientras que entre las siguientes nos encontramos con la masa menos ilustrada del PSOE, políticos incluidos, Podemos, y sobre todo las organizaciones de extremo feminismo, llamadas ya por muchos, feminazis.

Por hacer un paralelismo con la política, podríamos considerar de extrema derecha la opción, no apuntada, de volver al castellano antiguo, como origen del español, mientras en la extrema izquierda localizaríamos lo apuntado para las opciones de 5º a 8º.

¿Como diríamos, Juan y María están enfadados? ¿Enfadadas?, ¿Enfadades?, ¿Enfadad@s? ¿Juan está enfadado y Maria está enfadada, cada uno y cada una con el otro y la otra?. ¿Que tal: los españoles y las españolas eligen a sus diputados y diputadas y a sus senadores y senadoras para ser representados y representadas?

En el restaurante, el camarero o la camarera al cocinero o cocinera. Mesa 5: El señor, merluzo, y para la señora una polla y de primeros y primeras, una de mejillonas para él y de almejos para ella. De postre, una helada de turrona y un pastel de galleto. Al final: tráigame el cuento. ¿le pago en euras o con tarjeto? 

¿Se puede ser más gilipollas o gilipollos?

  Si consideramos que en España es la izquierda y la mayor parte de los medios quienes, al unísono, marcan lo considerado políticamente correcto, malos augurios le esperan a la RAE. Si además, quien la mantiene en la miseria pudiendo financiarla íntegramente sin el menor problema, le encarga por medio de la vicepresidente del gobierno un estudio sobre una modificación de la Constitución, para ser redactada con lenguaje inclusivo, lo que suena a chantaje de lo más rastrero, el futuro que le espera se antoja bastante complicado si decide mantener su dignidad y buen oficio, antes que sucumbir al vil metal que conduzca a su subsistencia. 

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Memoria histórica

Los españoles, y en general todos los pueblos de habla hispana, disponemos de una lengua (en el sentido más noble de la palabra) extraordinaria, de la que cuida la Real Academia Española, quien la limpia, fija y da esplendor. Una Institución que hoy en día, ante el ataque, intencionado o no, de esa gran parte de la sociedad que muestra públicamente, incluso de forma excelsa, su preocupante incultura, su ignorante desafío y su meditada demagogia hacia el correcto uso del idioma, adquiere un fuerte protagonismo a la hora de poner cada término en el lugar que le corresponde. 

La RAE pues, define la palabra “memoria” como la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Si al concepto le añadimos el término “histórica”, el recuerdo hará entonces referencia a hechos históricos, es decir a hechos perfectamente documentados, probados, demostrables, ya que la historia no se nutre ni de fantasías ni de subjetividad, sino de hechos objetivos realmente ocurridos, aunque luego cada historiador pueda darle el matiz que crea conveniente, la explicación que considere adecuada, o el sesgo histórico que haga más comprensible el relato, pero siempre ateniéndose a los hechos probados.

Así las cosas, la historia tiene entre otras, y como misión preponderante, la del saber, el hecho cultural de conocer el devenir de acontecimientos pasados que han marcado, de alguna manera, nuestra existencia actual. La Historia pues, no entiende de revisiones subjetivas, sino de aquellas a las que un superior conocimiento sobre los hechos aconsejan revisar, y no para fomentar odios, resentimientos o venganzas, sino para una mayor información de quienes quieran acercarse culturalmente al proceso histórico.

Hoy asistimos a un despropósito institucionalizado convertido en ley, al que hemos bautizado de forma absolutamente absurda como “ley de la memoria histórica”, cuando si algo tiene la historia, por cambiante en cuanto a la apertura de su conocimiento a través de la investigación, como todo proceso cultural, es el de no poder estar sometida por tanto a algo tan cerrado como es una ley, que entre otras cosas exige su cumplimiento, su hecho punible y su correspondiente sanción, pues la historia no se impone, ni desde una dictadura de derechas ni de izquierdas, y menos desde una supuesta democracia como la nuestra, que desgraciadamente todo lo tergiversa en función de los intereses partidistas de quien corta el bacalao en cada momento, algo gravemente censurable, pero el querer hacer de su idea de memoria una ley, ya sobrepasa cualquier indicio de absoluta estupidez.

Hoy he recibido un correo que dice lo siguiente: “Hoy se cumplen 81 años del mayor atraco de la historia de la humanidad. Como suena. Sucedió en Madrid y aun así es desconocido en sus verdaderas dimensiones por la mayor parte de los españoles. Imagínate la de estudios, novelas históricas, películas, obras de teatro, operas, cuadros y esculturas se podrían hacer con semejante suceso. Pero no pasa nada de nada porque lo perpetraron gentes que tienen patente de corso aquí, allí y allá. 

Veamos: En la madrugada del 14 de septiembre de 1936, un grupo de cerrajeros, sindicalistas y pistoleros de la motorizada (la guardia personal del líder del PSOE Indalecio Prieto, quienes menos de dos meses antes habían asesinado a Calvo Sotelo) asaltaron el Banco de España, que estaba donde ahora, en la plaza de Cibeles. Los enviaba el ministro de Hacienda, del PSOE, Juan Negrín. El gobierno lo presidía Francisco Largo Caballero, también del PSOE. Arramplaron con la que era la cuarta reserva de oro del planeta. El cajero mayor se suicidó de un disparo en su despacho, abrumado por semejante expolio. El presidente de la república, Manuel Azaña, no fue informado y tampoco las Cortes, lo que despeja cualquier duda: no fue, en absoluto, una operación digamos económico-política, sino un atraco monstruoso. 

El 25 de octubre, los buques soviéticos, Kine, Kursk, Neva y Volgoles zarparon de Cartagena con el oro, rumbo a Odesa, donde Stalin se quedó con todo. Posteriormente le siguió el asalto a las cajas de seguridad de los bancos de Madrid.

Los mandarines de la memoria histórica callan. Pero es evidente que todo lo malo que hace la izquierda en este país no tiene importancia o carece de la difusión necesaria. Esto también es “memoria histórica”.

Es evidente que la “historia” se transmite siempre desde el poder y que la historia de una guerra civil tiene siempre en el bando vencedor la primera versión de “la historia”, de manera que esa historia es la que se transmite a las primeras generaciones. Cuando el bando perdedor recupera el poder, la versión de la historia es lo primero que cambia, y los buenos de entonces son los malos de ahora, pasando entonces a magnificar unos hechos y a ignorar otros. Esto es algo de lo que no podemos librarnos los verdaderos amantes de la historia con mayusculas, del relato de los hechos objetivos, aunque estemos estudiando hechos ocurridos siglos atrás, ya que siempre hay un componente en cualquier hecho histórico que gusta o no gusta al poder transitorio, y por ello dificulta o favorece su difusión. 

Antes los Reyes Católicos, Colón, Pizarro, etc., eran un ejemplo, y hoy son poco menos que unos miserables, hasta que vuelvan a dar la vuelta a la tortilla y recuperen su aprecio por un nuevo ciudadano a quien así se le trasmitan las cosas, de ahí que la historia requiera de tiempo, contraste de lecturas y mucha objetividad para seguirla adecuadamente.

Por mi edad, he tenido la ocasión de conocer, en cierta profundidad, por mi afición al asunto, los vaivenes de la transmisión histórica en estos tiempos en que me ha tocado vivir. He vivido 27 años la España de Franco y 43 la España contra Franco, y si se sabe y se quiere buscar, tanto en una época como en otra, una aproximación historia a la realidad y veracidad de los hechos, se encuentra. Por poner un ejemplo, si antes querías información contraria a la versión oficial sobre la España de Franco, había quien te facilitaba libros editados en Mejico o en Argentina, no sin cierto riesgo, donde podías obtener una versión muy distinta de la historia, lo cual no garantizaba que fuera la verdadera, pero si el contraste. Por otra parte, si hoy quieres información contraria a la versión oficial del 23-F, en la que se pone de manifiesto que el rey estaba implicado hasta las cejas, así como altos dirigentes de la “democracia”, también los consigues, aunque no es fácil.

Lo que si es cierto, es que si alguien hoy en día, y para conocimiento de lo que fue la guerra civil española, quiere información real, habrá de leer la “historia” de unos y otros, contrastar los hechos probados, y hacerlo desde la objetividad, el espíritu abierto, y nunca desde la fe o la militancia, ya que estos suelen negar los hechos, aunque se trate de los más evidentes, al igual que hoy hacen muchos nazis ante el holocausto. Desgraciadamente los que tendrán que esperar a una nueva generación, al igual que nos ocurrió a nosotros, son aquellos que hoy van al “colegio” donde tradicionalmente se les inculca la versión oficial, algo que suele suceder con la historia, la religión, la literatura, etc. algo de lo que no te libras hasta que tu afición a algo concreto te lleva a profundizar mas objetivamente en los temas de que se trate, como ha sido mi caso con la historia y con la religión.

Lo expuesto en el correo anterior, en lineas generales, es radicalmente cierto. Desde el poder, miembros del PSOE tan señalados como Indalecio Prieto, máximo líder del partido y ministro de Marina y Aire, Largo Caballero, presidente del gobierno de la República y Juan Negrín, ministro de Hacienda y futuro presidente del gobierno de la República, por medio de los asesinos de Calvo Sotelo (jefe de la oposición en el Parlamento), entre otros, asaltaron el Banco de España y dejaron a todos los españoles sin sus reservas de oro, para entregárselas a Stalin, comunista y el mayor asesino en serie de la historia de la humanidad.

Se trataba realmente de 3/4 parte de las reservas de oro, plata, monedas, joyas y metales preciosos de que disponía el Banco de España, mientras el cuarto restante era vendido a Francia para el financiamiento de la guerra, al menos teóricamente. 

En el momento en que Negrín decide el traslado, Stalin ordena a su embajador “Si los españoles le exigen un recibo por el cargamento, niéguese. Repito, niéguese a firmar nada y diga que el Banco del Estado preparará un recibo formal en Moscú”.

Para el traslado a Cartagena, Negrín, ante posibles problemas, extendió credenciales a los transportistas soviéticos como supuestos representantes del Banco de América, mientras que durante los tres días que duró el embarque del cargamento desaparecieron alrededor de 100 cajas de oro, de un oro que puesto en el suelo de la plaza Roja de Moscú hubiera ocupado la totalidad de la plaza.

Una vez el oro en Moscú, Stalin, en la cena de celebración, llegó a decir: “Los españoles no verán su oro nunca más, como tampoco ven sus orejas”. Mas tarde la URSS otorgaba formalmente la titularidad del “depósito” al Estado español republicano, no así verdadero dueño, el Banco de España.

Transcurrido el tiempo, Stalin fue liquidando a todos y cada uno de los testigos del expolio, al tiempo que en España, Largo Caballero culparía a Negrín de negarse siempre a dar explicaciones sobre el destino final del llamado “oro de Moscú”.   

A partir de ahí, desde la derecha incluso hincharán más, si cabe (casi no cabe) el asunto, y desde la izquierda, lo negarán o lo disculparán alegando que lo hacían para que no cayera en manos de los golpistas, como si estos se lo fueran a fundir, por lo que se lo “cedieron en custodia” al bueno de Stalin, quien una vez sometidos los golpistas, se lo devolvería a España, y olé.

Con el advenimiento de esta supuesta democracia que vivimos, tenía un amigo que leía habitualmente dos periódicos al tiempo, el País y Arriba, con lo que, unido a su prudencia objetiva, conseguía siempre ser el más y mejor informado de la peña, querencias particulares aparte. 

Si la guerra es el fracaso cruento de la política, es evidente que una posguerra beligerante sigue siendo un indicativo de fracaso incruento de la política, pero fracaso al fin, y en esas estamos. 

Acabemos con la “ley” de la memoria histórica, vivamos la historia en libertad, sin leyes, plácidamente y con criterios de conocimiento objetivo, olvidemos rencores, revisiones, venganzas, resentimientos, odios ancestrales y toda esa secuela de sentimientos negativos que tanto fracasado de la política, huérfano de ideas, nos quiere hacer vivir para beneficio exclusivo de una rentabilidad propia, incapaz de conseguirla por el camino de la generosidad, de la comprensión, del sacrificio en bien de todos los demás y de propuestas en consecuencia.

Ahora que afortunadamente nos hemos librado ya de ese coñazo de peces bebiendo en el rio, la burra que va a Belén, el Caballero haciendo el chorra (de esto va a ser difícil librarse) y de tanta campanada, trajecito y gilipolleces varias, hagamos el ejercicio de ser más objetivos, de opinar con criterios propios, de no dejarse mangonear y de poner un poco de nuestra parte en el deber, como ciudadanos, de estar bien informados. 

No es fácil… pero.      

      

     

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La manipulación y el fenómeno Vox

 

En España, obviando partidos independentistas, regionalistas, animalistas y demás familia, existen actualmente cinco principales opciones políticas: la izquierda (Podemos-IU), el centro-izquierda (PSOE), el centro (Ciudadanos), el centro-derecha (PP) y la derecha (VOX), sin presencia de extremas izquierda ni derecha, por mucho que se empeñen la izquierda y la derecha en calificar como tal al adversario. Las posturas extremas se caracterizan por pretender romper el sistema y por el uso de la violencia para imponer sus planteamientos (léase actualmente Venezuela, Nicaragua, etc.) y eso afortunadamente no se da en España, al menos todavía de forma institucional en ningún partido, con independencia de puntuales acciones personales que no representan a los partidos. Todos estos partidos, por tanto, son plenamente constitucionalistas, aunque en sus programas figuren modificaciones en profundidad de nuestra Constitución, lo cual no implica en ninguno de ellos la falta de acatamiento a nuestra ley principal. Son partidos consecuencia del embrutecimiento de los dos partidos predominantes hasta ahora, que personificaban la derecha y la izquierda sin otras opciones  de consideración.

En España, no obstante, se ha dado siempre una constante en los enfrentamientos entre las posturas extremas, así la derecha ha despreciado siempre a la izquierda, en tanto la izquierda ha odiado a la derecha, y ambas en grado sumo. Se trata de dos sentimientos de difícil conciliación, pero distintos en sus planteamientos y en sus acciones.

El desprecio ha llevado a la derecha a no dar explicaciones, a no importarle demasiado los medios, a creerse siempre muy superiores, a sentirse invulnerables, a la chulería y en general al menosprecio hacia todo lo que no fueran sus propias ocurrencias, etc. El odio, sin embargo ha llevado a la izquierda a la provocación, a la calumnia, a la persecución, a la manipulación de los hechos, a la demagogia, a cualquier tipo de alianza para la consecución del poder, a copar todo tipo de puestos en la administración, a manipular permanentemente a la prensa, etc.

Ambos, los tradicionales, han tenido en común un desvelo inusitado por la corrupción de sus partidos, de sus sobrecogedores (los que cogen el sobre) y sus repartos, del desprestigio de las instituciones, del mangoneo, y en general del empobrecimiento paulatino y constante del sistema democrático, hasta llevarlo a una situación crítica en beneficio de sus propios intereses. Precisamente de todo ese tipo de desmanes, actitudes y planteamientos han nacido las otras tres opciones que actualmente les disputan su menguante supremacía, y lo han hecho con una reacción de libro, con la aparición de una izquierda y una derecha más puras en sus planteamientos, y de un centro con ansias de apaciguar la política y encauzarla desde un sentido común, ajeno a ambos planteamientos, o en alianza con ellos a efectos de moderar el mensaje y hacerlo factible. 

El votante mayoritario en España, y de ello se han encargado con sumo acierto los dos partidos tradicionales, siempre ha estado pésimamente informado, desinteresado, pasivo, encauzado hacia todo tipo de naderías, sin cultivar lo más mínimo ni el derecho, pero sobre todo ni el deber, de estar plenamente informado para practicar con acierto su misión de otorgar un voto responsable, limitándose a ejercerlo como si de hooligans de cualquier club se tratase (yo soy socialista, o de derechas, de toda la vida y a eso me debo y a eso voto), en el cultivo del desprecio o del odio hacia el “contrario”, sin atender para nada a programa alguno de intenciones, ni siquiera sin valorar el grado de posibilidad o de garantías que tales programas pudieran ofrecer. Eso lo han tenido siempre presente los partidos y a eso han jugado desde una demagogia permanente en la que siempre ha ganado, y a veces por goleada, una izquierda que a base de acuñar términos aplicables a la derecha, políticamente incorrectos, e ir colocando en todos los medios, o al menos en la mayoría, a todos sus peones, ir haciéndose con el poder aunque sea a base de elevar al máximo a tarugos de la talla de Zapatero o actualmente Sánchez, “aciertos” que tampoco le van a la zaga en la derecha con personajes como Aznar, prototipo de chulería o Rajoy, prototipo de indecisión y cobardía.

Hoy el votante está ya bastante cansado de toda esa tropa y espera la llegada de nuevas caras, nuevos planteamientos, nuevas actitudes, y todo ello desde posturas más asumibles para sus propios intereses.

Los partidos que antes constituían la derecha y la izquierda, hoy podemos tildarlos de centro-derecha y centro-izquierda, al haberse desvirtuado sus planteamientos originales, tras tantas cesiones a partidos no constitucionalistas o tras tantas promesas incumplidas, tanta falsedad, tanto mamoneo y tanto desvirtuar la democracia. En el centro les ha salido un nuevo partido que pretende cosas de unos y de otros, pero desde una limpieza ejemplar que ya no encaja con ninguno de ellos, por mucho que renueven las caras y mucho propósito de la enmienda que postulen. Hoy del PSOE, la P de partido es casi lo único que queda, pero como auténticamente partidos, o sea resquebrajados, rotos, ya que lo de la S de socialista, parece una broma, lo de la O de obrero no digamos, y la E de español, cada vez menos. Por su parte, en el PP, a la P le ocurre lo mismo que a los socialistas y lo de la otra P, lo de popular, se le va escapando al ritmo de los continuos procesamientos de sus líderes.

Así las cosas, era de cajón que hiciesen su aparición la izquierda y la derecha más escoradas, más puras en sus identitarios planteamientos. La izquierda con Podemos lo ha hecho antes y la derecha con Vox lo hace ahora. Como corresponde a posturas más extremas, la guerra entre ambas opciones se ha desatado.

Por un lado, Podemos dispone de buena parte de la juventud ansiosa de cambios, poco o muy poco informada, belicosa, bastante fanatizada, sin la prudencia ni la experiencia que aconsejen un contraste de ideas, militante, y sobre todo con un apoyo mediático de primera linea, justo todo ello en franco retroceso tras toda una serie de fracasos personales de sus líderes, a la hora de ofrecer garantías del cambio propuesto, y sobre todo por el asomo cada vez más evidente de corruptelas, ajenas a toda una serie de teóricas posturas de extrema pureza, que han ido retratando una ambición personal tan propia de uno como de otro de los partidos tradicionales, pasando de criticar a la “casta” a ser ya parte de ella, al menos en la figura de su máximo dirigente, hoy cargado de mentiras, de incongruencias, y de posturas absolutamente ajenas a las originales.

Por otro y como última opción, como la gran esperanza para muchos, llega VOX, de momento sin la menor corrupción a sus espaldas y con un programa que arrastra a una gran parte de españoles absolutamente descontentos, hartos de mentiras, de cobardías, de cesiones indecorosas, de desprecios hacia todo lo español, etc. y empieza a triunfar, y con ello a levantar en la izquierda un llamamiento de nuevo al combate, un combate que comienza, no por la crítica razonada a su programa, que parece que nadie se ha leído, sino por la calumnia, por dibujar un supuesto programa al dictado de lo que esa izquierda quisiera que fuese, para cimentar más profundamente su odio, acuñando planteamientos inexistentes que le quieren suponer, y dándolos por hecho hasta el punto de que no solo sus militantes, sino la mayor parte de la prensa los suscribe, hasta el punto de ir de nuevo incluyendo a la nueva formación en el mayor pecado de estos tiempos, el ser políticamente incorrecto hablar con objetividad del nuevo partido, comprender sus planteamientos, justificarlos, votarles, y ya en el colmo de la descalificación el pertenecer al partido en cuestión, personajes a los que ven como fascistas, maltratadores, violentos, anti feministas, racistas y todo tipo de seres impresentables que pretenden lo más infame de la sociedad, y todo ello sin haberse leído su programa, pues solo ese pensamiento ya descalifica a cualquiera. Como resumen final, el llegar a la conclusión, que todo individuo no sospechoso debe considerar de extrema derecha a VOX, so pena de ser descalificado en cualquier tertulia, sarao, progresía, o reparto de mamandurria entre paniaguados del resto de los partidos.

Afortunadamente en España, algunos, cuando nos intentan llevar al redil, nos revelamos y nos cagamos en la madre de lo políticamente correcto y mandamos a tomar por la retaguardia a quienes desde la derecha o desde la izquierda nos pretenden manipular. 

En el sentido apuntado, recibo un correo que dice lo siguiente: “No soy racista, no soy homófobo, creo en la igualdad de hombres y mujeres (igualdad real), me la suda Franco y su puta madre, soy católico, no voy a la iglesia más que a celebraciones familiares (y si puedo quedarme en el bar de enfrente, lo hago). Y con eso presente, ¿porqué voto a VOX?. Estoy harto de que el resto de partidos me llamen maltratador por ser hombre. Estoy harto de que el resto de partidos me llamen facha por querer que se defienda la unidad de España. Estoy harto de que el resto de partidos me llamen racista por decir que la inmigración debe estar controlada. Estoy harto de que el resto de partidos quieran poner leyes en las que los hombres sean culpables solo por ser hombres. Estoy harto de que el resto de partidos aprueben leyes que bajan mi poder adquisitivo. Estoy harto de que el resto de partidos con esas leyes me quiten mi dinero para dárselo a vagos y maleantes (y aquí meto desde asociaciones feminazis, hasta inmigrantes que vienen y no aportan nada). Estoy harto de que el resto de partidos humillen a la religión católica mientras quieren meterme el Islam hasta en la sopa. Estoy harto de no poder poner la bandera de mi país en la ventana de casa o en el coche por si me tiran piedras o joden el coche. Estoy harto de tener que aguantar que la izquierda de este país no sea capaz de aceptar los resultados de unas elecciones y quiera quemar ciudades. Estoy harto de la politización de los medios de comunicación, que no hacen más que hablar de machismo y ultraderecha. Estoy harto de como están destrozando nuestro idioma, pilotos y pilotas, buzos y buzas, fachas y fachos, gilipollas y gilipollos. Joder, ya vale. Y podría seguir un rato, pero creo que son unas cuantas razones. La mayoría de gente que votamos a VOX no somos franquistas, machistas y homófobos, simplemente somos gente hasta los cojones de que nos insulten y nos tomen por tontos día tras día.”

De Vox se ha llegado a decir que odian a las mujeres, por querer derogar la ley de violencia de genero y sustituirla por otra que condene en igual medida, como pide la Constitución, la violencia venga de quien venga, sin discriminaciones llamadas absurdamente “positivas”, o que odian a los que no son españoles por pedir que la inmigración se regule legalmente, que son racistas cuando gran parte de su electorado reciente era de etnia gitana, que odian a los homosexuales cuando lo que piden es que a una pareja no se le llame matrimonio, pero que lo sean en plena libertad, etc.

!Menuda extrema derecha! 

En relación a ese potente lobby creado por la izquierda y secundado por la mayor parte de los medios afines, de hembristas, conocido por algunos como las “feminazis”, véase como ejemplo la felicitación navideña del ayuntamiento de la Coruña, perfectamente organizadas, con amplia financiación y cuyo objetivo, absolutamente discriminatorio, es magnificar los atentados considerados machistas y silenciar los cometidos por ciudadanos no españoles, así como los cometidos por mujeres, me pasan una información recién publicada en ABC en la que se dice que el violador de la estudiante americana en Aluche, tenía nueve antecedentes, un violador descrito como español en un principio, por haberse nacionalizado como tal, sin comprobación alguna de sus antecedentes para tal fin (aquí nos vale cualquiera). En realidad es argelino, musulmán, y se llama Abdel Hakim Soltane. De esto, la prensa de izquierdas, la inmensa mayoría, ni flores, como ni flores sobre los diez jóvenes musulmanes que, al tiempo de lo de la manada, secuestraron y violaron sucesivas veces a tres niñas en Alicante, por aquellos días. ¿Le suena a alguien?. 

No obstante, la publicidad dada a lo de la manada ha sido extraordinaria, los jueces descalificados y tildados con todo tipo de improperios, ya que para este colectivo hembrista, el asunto reunía las características más valoradas para su linchamiento, ya que se trata de un grupo de impresentables “cazadores” con antecedentes, españoles, militares algunos, machistas, sevillanos, amantes de los toros, etc., el cuadro perfecto. El problema con el que no contaban es que les falló la víctima, bien distinta a la típica esperada, ya que de las sentencias habidas (me las he leído todas desde el principio hasta el final) para nada se deduce que se trate de violación alguna, sino más bien de sexo consentido, de los miles que se producen anualmente durante los sanfermines (si miles, unos y unas), llegando incluso la víctima a disculparles durante el proceso, en el que ellos llegaron a manifestar que ante la observación de que si se atrevía a ir con todos, ella respondió que con ellos y unos cuantos más si hiciera falta, proceso en el que se puso de manifiesto además, que los llantos mostrados ante la pareja que la socorrió en primer lugar, eran debidos a que le habían robado el móvil, de manera que si no se hubiera dado ese caso, posiblemente nada hubiera trascendido, circunstancias, todas ellas, que reconocen ya al menos dos de los magistrados (uno de ellos una mujer), lo cual ha llevado a los colectivos que tratan de explotar la situación, a esconder a la víctima e impedir cualquier tipo de entrevista, fotografía, o dato que pudiera poner de manifiesto tal frustración en cuanto a sus objetivos, algo a lo que tanto partidos como medios afines han contribuido a una sola voz, alegando siempre el derecho a la intimidad, cuando para el resto de violaciones, con asesinatos incluidos, la publicidad y el conocimiento de la víctima, padres, familia, etc. es total y absoluta para la ciudadanía.

La manada, sin lugar a dudas es una panda de machistas asquerosos sin justificación alguna, pero el proceso de manipulación y linchamiento mediático levantado a su alrededor resulta de una demagogia aplastante, perfectamente orquestada, sin el menor interés por lo realmente ocurrido.

En relación a la complicidad de los medios, el periódico La Tribuna de España, que se hace conocer como el arma mediática contra el pensamiento único, publica una serie de estadísticas al respecto para el año recién terminado (no se hasta que punto fiables), en las que entre otros datos figura que han muerto asesinadas por sus parejas, 47 mujeres y !31! hombres, que se han suicidado unas 700 mujeres y cerca de 3.000 hombres, de los cuales unos 1.000 lo han hecho por las consecuencias habidas tras  denuncias falsas contra ellos, o por la separación de sus hijos, que de las 25.000 personas sin hogar, el 87,5% son hombres, la mayoría de ellos por haber quedado sin su vivienda tras una separación, que de los muertos por envenenamiento “accidental”, el 80% son hombres, y que a pesar de todo ello, España es el segundo país europeo con menos casos de violencia doméstica, y el primero si nos limitamos a los cometidos por españoles y españolas, considerando que el 60% de los presos en cárceles españolas, en la última década, son extranjeros (esto es información del periódico 20 minutos), lo que proporcionalmente nos da un número bastante bajo de presos españoles y altísimo de extranjeros.  

A estas alturas del artículo, si existe alguien que lo lee, pensará que quien escribe es votante, militante, o simpatizante de VOX y, francamente, tengo que romperle el encuadre, porque no lo soy, simplemente pretendo ser ecuánime y evitar disculpar el que una injusticia, como es el trato a la mujer durante siglos, se lave mediante el resentimiento y la venganza con otras injusticias e intolerancias de signo opuesto, descalificando a priori, sin escuchar sus razones, sin atender a quienes tienen encomendado el impartir justicia, y tomándosela siempre por su mano, desde una patente ignorancia en la materia, cuando el resultado es contrario a sus querencias o reivindicaciones, por el simple hecho de verse reflejado en las víctimas.

Por otra parte, y volviendo a la intolerancia política hacia Vox, si hay una postura con la que nunca podré estar de acuerdo, por muchas experiencias vividas, es con el comunismo, la ideología que más muertos ha causado a lo largo de la historia, pero España ha tenido un comunista que siempre me ha parecido un personaje honesto, cabal y respetable en sus planteamientos, se estuviera o no de acuerdo con él, y me refiero a Julio Anguita, del que siempre recordaré algo en lo que permanentemente insistía al hablar de entendimientos; “Programa, programa, programa”, de ahí que siendo como soy, votante de Ciudadanos, para nada puedo estar de acuerdo en que por postureo, se haya negado Ciudadanos a sentarse con VOX, a negociar simplemente un programa con el que consensuar lo esencial, lo común a ambos partidos, que seguramente es mucho (no hay más que leer el texto del correo expuesto), y que en su lugar hayan estado más preocupados por dar la talla considerada por la izquierda como políticamente correcta, que en llegar a un entendimiento fructífero para todos, comprometiendo con ello el gobierno de Andalucía y con ello la liquidación de la cueva de Alí Babá. 

Recomiendo leer el programa de VOX, no se comen a nadie y bastante poco tiene que ver con lo que les adjudica la izquierda y gran parte de los medios. Ya se que hoy en España pedirle a alguien que lea es exigir un esfuerzo para el que pocos están dispuestos, siendo más fácil tocar con partitura ajena, pero poder opinar con conocimiento de causa compensa cualquier esfuerzo, por propia dignidad personal.          

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