Me estremece la noticia una vez más. Cinco mujeres asesinadas esta semana a manos de sus parejas. Sus nombres se añaden a la ya larga y triste lista de violencia de género en nuestro país. Pero no son carne de estadística. Son personas con rostro y el dolor marcado en ellos desde hace años hasta que sucede lo aparentemente inevitable. Desgraciadamente, sus historias quedarán ocultas en los fríos porcentajes de sociólogos y observadores.
No quiero parecer demagogo, pero ¿Hasta cuándo esta barbarie? ¿Hasta cuándo habremos de soportar la violencia extrema de quien decide cambiar el amor por la muerte? Oscuro juego de espejos invertidos que refleja realidades ocultas en la vida de tantas personas. Todas anónimas hasta que se dispara la locura.
Habremos de reflexionar todos. Porque no son solo cinco mujeres y todas las que completan esta macabra estadística. Son muchas y muchos más. Es una realidad social que sangra porque ha equivocado caminos y se precipita por sendas de violencia desmedida disfrazada de mil formas: violencia verbal, agresión al diferente, desprecio del perdedor, exclusión del más débil, indiferencia ante el que sufre, olvido de las víctimas. Distintas sendas que conducen al mismo lugar: la autodestrucción y la muerte de una sociedad que vive instalada en sus seguridades sin mucho tiempo para más. La conciencia se nos agudiza unos instantes cuando los medios airean nuestras vergüenzas. Pero todo dura lo que un leve dolor de estómago. Es sólo el síntoma de un malestar. Y sólo hasta el siguiente concierto de Shakira en tu ciudad o la victoria de Nadal en el Roland Garros. La vida sigue, nos dicen. Y lo creemos. Faltaría más.
Una reprobación en regla y el rechazo enérgico de toda violencia sea del género que sea. Pero hace falta mucho más que una ley y un ministerio paritario con ministra incluida para parar esta sangría. Hace falta una regeneración del tejido social desde la búsqueda constante del diálogo y el entendimiento en la familia y en los demás agentes socializadores; desde una educación en valores que devuelva a nuestros niños y jóvenes razones por las que sentirse orgullosos de ser personas; desde una concertación social para eliminar de la realidad todo signo de violencia en razón de ideologías, nacionalismo, credos o condición sexual.
Cinco mujeres. Puede que hoy sean más. Paremos de una vez.
Lunes, 28 de mayo
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Javier Madrazo Lavín