Esta mañana fue la última vez. Me preguntan a menudo qué es lo que entiendo por evangelizar en estos tiempos nuestros de pluralismo y secularización, de sociedades complejas y pensamiento débil. No soy ningún gurú. Ni mucho menos un sapiente padre del desierto. Pero alguna respuesta me atrevo a dar, consciente de que cualquier intento de clarificación de la cuestión necesita no pocas matizaciones. Evangelizar en estos tiempos complejos (todos los tiempos los son), no nos está resultando nada fácil. Acaso porque en la dinámica evangelizadora entran en juego demasiados factores, esto es, el quién, el qué y el cómo.
La situación de pluralismo cultural y de cambio de paradigma en el pensamiento y en la sociedad contemporánea plantea un escenario diferente para la evangelización. En esta nueva situación, la comunidad cristiana deberá afrontar las dificultades que provoca la fractura entre la realidad social y la Iglesia y superar los obstáculos para una comunicación más acertada que pueda hacer llegar de forma nítida la buena noticia de Jesucristo a los destinatarios del mensaje.
La evangelización podría considerarse como “una mediación compleja” del Misterio de Dios, revelado en Jesucristo, por el Espíritu. No se trata de una mediación como, por ejemplo, la educación aunque tenga algunos elementos comunes. En la evangelización se propone un Misterio trascendente, que se hace presente históricamente en la vida, muerte y resurrección de Jesús, y que se desvela por gracia en la acción del Espíritu.
Por tanto evangelizar no es un simple anuncio de un contenido doctrinal. La evangelización implica el Misterio del Dios Trinitario y el misterio del hombre, Iglesia y contenido de fe, Palabra de Dios y lenguaje humano, adoración y compromiso, celebración y sacramento, oración y coherencia, sentido humano y salvación de Dios, personalización y comunidad, novedad e historia, realismo y esperanza, experiencia y trascendencia, capacidad pedagógica y sentido de la oportunidad, escucha y comunicación, compasión y misericordia.
Esto supone, naturalmente, no perder de vista al destinatario del anuncio y las condiciones en las que éste pueda acoger la propuesta del encuentro liberador con el Resucitado de forma que provoque la respuesta de adhesión al Dios de la vida que en Cristo se nos ha revelado. Habremos de tener en cuenta que en el proceso evangelizador está en juego, pues, el quién – esto es -, la Iglesia y las personas; el qué, el Misterio del Amor de Dios revelado en Jesucristo por la fuerza del Espíritu, y el cómo, es decir, la metodología adecuada para que – en la era de la comunicación – el modo de comunicar no ofusque la experiencia de la fe. No es cuestión, pues, sólo de método. El proceso requiere mucha más atención. Perder de vista alguno de los tres elementos sería, a mi juicio, perder la oportunidad de encontrar caminos nuevos para el anuncio en nuestra sociedad compleja. Ni más ni menos.
Los comentarios para este post están cerrados.
Jordi: tiene razón. La revelación de Dios en Jesucristo es una buena noticia para los pequeños y los pobres. El misterio de su vida y de su muerte /y de su resurrección) nos hablan precisamente de que Dios está de parte de los últimos, de los que han sido excluídos del banquete, de todos aquellos que buscan con esperanza una realidad mejor. Por eso evangelizar hoy es hacer experiencia del amor liberador. Es importante pues, el testimonio creíble de la Iglesia, el anuncio del Dios Trinidad y la cercanía al hombre de hoy que busca y anhela.
Evangelizar hoy: Presentar a Jesú como a un ciudadano judío transparente, consecuente con su fe, con un amor integral e incluyente, desprendido del ansia de dominar y de tener. Un hombre con autoridad no delegado por hombres, sino por su conciencia afín al Espíritu de un Dios misericordioso.
¿No es esto que a nuestro mundo le hace falta para disfrutar de la paz, del bienestar? La confianza mutua interpersonal, en las instituciones y entre naciones. El compromiso por la justicia, la tolerancia en las ideas, el servicio desinteresado, la fraternidad auténtica sin discriminaciónes.
Evangelizar hacer plausible al hombre de hoy, que Jesús de Nazaret es el camino, la verdad y la vida, vida en abundancia. Hacerlo plausible por medio de la palabra y, más aún, por el ejemplo.
tengo 74 años y soy cristiano de a pié. No entiendo demasiado del articulo. Y los pobres, y los solitarios, y los sufrientes donde quedan? Los caminos están ahi en el mundo de la exclusión social. Las parroquias saben mucho de esto. Las canonizaciones? Jesucristo nos enseño otros caminos.
Lunes, 28 de mayo
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Javier Madrazo Lavín