Me parece mentira que en democracias avanzadas, como lo son muchas de las sociedades europeas, quieran hacernos comulgar a los ciudadanos con las piedras de molino de una laicidad decimonónica y dictatorial.
Y vuelta con la burra al trigo. Hay quien sigue empeñado en achacar al Concilio Vaticano II todos los males que afligen a la Iglesia en este tiempo. No dudan en hablar de errores de un Concilio Ecuménico en el que la Iglesia ha escuchado el viento del Espíritu intentando ser dócil a sus inspiraciones para continuar, en nombre de Jesús, con su misión en el mundo. Poner en causa el Concilio es poner en causa la Iglesia.
Para la vida y la esperanza. Así está llamada a ser nuestra propuesta pastoral con jóvenes en situación de riesgo y exclusión social. Así quiere ser nuestra respuesta al dolor y las heridas de los que se encuentran apaleados en la vera del camino porque han sido despojados de todo por bandidos y salteadores.
Acaba de ser presentada en Madrid la investigación “Valores sociales y drogas 2010” realizada por la FAD (Federación de Ayuda a la Drogadicción), la Obra Social Caja Madrid y la Delegación del Gobierno del Plan Nacional contra la Droga.
Un estudio interesante que presenta una visión de la escala de valores de la sociedad española y su evolución en los últimos diez años. No voy a caer en el error de “matar al mensajero”. Pero si el estudio es certero, y no tengo motivos para dudarlo, en algunos de los resultados de la encuesta estamos ante el mundo al revés.
Siempre he pensado que uno de los mayores errores del teólogo es romper la unidad eclesial. Los enunciados eclesiales auténticos, aunque no representen una “definición dogmática” no son confiados al arbitrio del teólogo individualmente.
Hay quien piensa que nuestra presencia en el mundo es cada vez más irrelevante. No falta quien, incluso desde dentro de la misma Iglesia, desprecia la vida consagrada juzgando superficialmente que su tiempo pasó. Religiosos y religiosas seguimos, sin embargo, en el corazón de la Iglesia fieles a cuantos carismas el Espíritu ha suscitado en la comunidad cristiana al servicio de la humanidad. La mayor parte de las veces en el descampado de la historia, en el margen, allí donde nadie quiere estar y donde el mensaje liberador del Evangelio se hace más urgente.
La expresión italiana tiene fuerza. Es la exclamación ante la ocasión perdida, ante la posible situación que se aleja, ante la oportunidad desperdiciada ¡qué pena! (che peccato!). Todo podría haber sido de otra manera.
Una vez más el Papa ha puesto el dedo en la llaga. Benedicto XVI nos ha recordado a todos que los binomios sacerdocio-prestigio o sacerdocio-poder, son incompatibles y merecen nuestra reprobación. Cuando el Papa reclama a los sacerdotes el desmontaje del carrerismo y de la búsqueda de promoción por algo será. Será que el rio suena porque viene con caudal. Y es que los sacerdotes trepas no deberían tener sitio en nuestra Iglesia.
Hay quien se empeña en obviarlo. O más bien en ponerle sordina a la voz que resonó esperanzada desde el interior de una Iglesia necesitada de renovación. El Concilio Vaticano II es, para la Iglesia en el mundo contemporáneo, el viento fresco del Espíritu que – sin estridencias – hace nuevas todas las cosas.
Me estremece la noticia una vez más. Cinco mujeres asesinadas esta semana a manos de sus parejas. Sus nombres se añaden a la ya larga y triste lista de violencia de género en nuestro país. Pero no son carne de estadística. Son personas con rostro y el dolor marcado en ellos desde hace años hasta que sucede lo aparentemente inevitable. Desgraciadamente, sus historias quedarán ocultas en los fríos porcentajes de sociólogos y observadores.
Es una de las frases más hermosas del Evangelio. Y lo es porque nos habla del corazón de Dios. Del amor entrañable (en el sentido literal del término) de quien nos ha hecho a su imagen: libres, con capacidad de amar y de admirar la belleza, con anhelos de plenitud.
Esta mañana fue la última vez. Me preguntan a menudo qué es lo que entiendo por evangelizar en estos tiempos nuestros de pluralismo y secularización, de sociedades complejas y pensamiento débil. No soy ningún gurú. Ni mucho menos un sapiente padre del desierto. Pero alguna respuesta me atrevo a dar, consciente de que cualquier intento de clarificación de la cuestión necesita no pocas matizaciones.
Jueves, 16 de febrero
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Margallo
Jesús Mauleón
Javier Madrazo Lavín
Pedro Tarquis| Febrero 2012 | ||||||
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| << < | > >> | |||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | ||||