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Pep Guardiola, de "noi" a sargento de hierro

27.11.08 | 17:38. Archivado en Fútbol
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(PD).-Cuando Laporta apostó por Guardiola, asesorado por Cruyff, el mundo culé se puso as manos en la cabeza ante lo que consideraban una frivolidad más del controvertido presidente, que pasaba por sus peores momentos después del desastre de la pasada temporada. Sin embargo, la jugada parece que le ha salido redonda.

Van tres meses de competición y Pep Guardiola ya no es un novato sin experiencia ni un capricho de Cruyff. Es el míster de moda, el que supo deshacerse de las ovejas negras del vestuario, el que ha ilusionado a la gente blaugrana con el protagonismo que está dando a chicos como Pedrito o Busquets y el que tiene a una plantilla consentida, que murió de éxito después de ganar la Champions de 2006, firme como una vela.

Según cuenta un reportaje de la revista Época Josep Guardiola (Santpedor, Barcelona, 1971), referente del barcelonismo moderno, fue un crack en el terreno de juego desde 1984 hasta 2001, año en el que abandonó su Barça para emigrar al fútbol italiano. Allí jugó en el Brescia con éxito, lo que propició que le fichase la Roma de Capello, con el que chocó por la manera tan dispar de entender el fútbol. Vuelve al Brescia, donde coincide con el genial Baggio. Allí, se vio envuelto en un
escándalo de dopaje, aunque la justicia le declaró inocente.

De Italia pasó a ganar dinero al fútbol iraquí un año para terminar su carrera en México, en el modesto los Dorados de Sinaloa, que entrenaba su amigo Juanma Lillo.

En noviembre de 2006, se retira, fija su residencia en Barcelona y se dedica a jugar al golf, su otra pasión, sacarse el título de entrenador y estudiar fútbol.

Laporta le ficha para las categorías inferiores del Barça y se hace cargo del equipo de segunda B. En un año, da el salto de jugar en el Mini Estadi ante mil personas a llevar las riendas de un Barça con unvestuario roto y un club en crisis, tras las dos ligas ganadas por el Real Madrid.

Inteligencia

Es la mejor manera para definir a Pep tanto dentro como fuera del campo. Dentro era un líder. Se plantaba en el centro y tocaba todos los balones. No corría mucho, pero no le hacía falta. Tocaba el balón, a lo sumo, dos veces. Recibía y distribuía.

El balón era el que circulaba a toda velocidad. Siempre jugaba con la cabeza alta, mirando a sus compañeros. No paraba de dar órdenes, de situarlos. Pep no tenía velocidad, ni regate, ni marcaba goles, ni la pegaba a puerta, pero era el dueño de los partidos y metía la velocidad necesaria.

Era el jefe del Dream Team de Cruyff que ganó cuatro ligas consecutivas y asombró por su fútbol vertical y de ataque. Pep lo tenía fácil al tener al lado a jugadores como Laudrup, Stoichkov, Romario, Beguiristáin, le escudaba Bakero, atrás estaba Koeman… Pep jugaba andando.

La Masía

El catalán siempre recuerda sus primeros pasos en el fútbol con ocho años, en el Gimnástica de Manresa, donde le inculcaron los valores básicos del deporte. Allí, los niños que suspendían no jugaban; los que faltaban al respeto a compañeros, tampoco. A Pep se le quedó marcado.


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