
(PD).- Un Madrid grande, enorme, desconocido casi, se merendó anoche al Sevilla y dejó la Liga, con permiso del Villarreal, vista para sentencia. Recibieron los de Schuster a un rival de cuerpo entero y le mandó al infierno a lomos de un fútbol de alta escuela, frenético en su ejecución y adornado de fantasía.
Con Sneijder y Guti al mando, el Madrid ejecutó una primera parte inolvidable, sólo manchada por el gol del Sevilla, que llegó en una de esas jugadas en las que la defensa blanca acostumbra a colapsarse.
Pero nada empaña el triunfo de un equipo que supo gobernar un partido espectacular, de ida y vuelta, en el que se impuso con una autoridad sencillamente asombrosa.
Ha sido un triunfo clave. Tan vital como el golpe en la mesa que dio en el Camp Nou en la primera vuelta. En una Liga que parecía no querer nadie, salvo un Villarreal repleto de ilusión, el equipo de Bernd Schuster dio un paso en firme hacia el título.
Necesitaba Schuster un triunfo con urgencia. Las seis derrotas de los ocho últimos partidos preocupaban a la directiva pero no levantaban dudas sobre el futuro del alemán. Sin embargo, en el vestuario se había comenzado a mirar con lupa sus decisiones y planteamientos, especialmente tras su plan de La Coruña.
Las preocupaciones de Schuster, que han ido creciendo con el desgaste físico de su plantilla, se agravaban en la delantera. La sorpresiva operación de Van Nistelrooy ha dejado un hueco que sirve de 'casting' en el momento menos propicio. Baptista y Soldado desaprovecharon su oportunidad. Ante el Sevilla llegó el turno de Higuaín, tan voluntarioso como falto de puntería, y Saviola ansía su momento.
Viernes, 25 de julio
Deportes
Ignacio Pablo Cerdán
Daniel Sánchez Jiménez
Carlos San José Alonso
José Mª Timón Iglesias
Pablo Allo
Forobet
Roberto Cacheiro