Ha llegado este mal hasta lo más alto de la pirámide. Es una pirámide de ancha base. Desde sus cimientos se inicia la putrefacción, subo por sus estratos y en todos encuentro componendas, afinidades pagadas, compensadas. Origen de patrimonios opacos, políticamente correctos o intocables. Expertos en la simulación de actuaciones impecables o bien expertos en hacer del esperpento una cortina, que como una buena capa, todo lo tapa.
Sigo subiendo y en la medida que asciendo, las ingenierías fraudulentas, de todo lo imaginable, estan a pleno rendimiento. Son muy finos en encontrar vacíos legales, los que antes se evitaban pues la moral o la ética impedían su aprovechamiento, pero hoy son renovables. Si no existen se crean a espaldas del parlamento.
No importa el nivel en el que te muevas o el estrato que visites. En todos, en la medida de su influencia y posibilidades hay oportunidades para el desaprensivo, hoy hombre bien visto e incluso con prestigio social. Se dan cursos y se dramatizan situaciones ante la prensa o ante la fiscalia, para dar la imagen de inocente asediado por los adversarios. Es decir se aprende a equivocar a la opinión pública.
Cuanto mas alta es la instancia, mas avezados son los asesores, de cuello blanco y con doble vida. Estos, con gran influencia en el devenir de un país, actúan dentro de la mayor inmoralidad, debido a su impunidad. No corren ningún riesgo. Expertos en crear hechos diferenciales Aquellos mafiosos poderosos se jugaban el pellejo, sus actuaciones eran más morales, que las de nuestros profesionales cuando pierden su dignidad y sin despeinarse y manteniendo sus afieltrados asientos, cambian la historia de un país, su presente y comprometen su futuro. Crean el desconcierto, les dicen a sus allegados aguantar el tiron y para esto les compensan ascendiéndoles en su escalafón.
Sin pudor dan consejos desde la barrera de cómo torear, cuando son diestros en la espantada. Con el abecedario no tendríamos bastantes letras para denominarlos a partir de la X, en donde se inicio un listado… que nadie se atrevió a completar.
Gran escalón el que bajo ayer mi país imaginario, un país en el que no se conociera el nombre del Presidente de su gobierno, por trabajar sin protagonismo, que funcionara como un reloj, que fuera refugio de capitales por su seguridad jurídica, por su solvencia económica y su seriedad política. Un país sin terrorismo político, pues hay decisiones que hacen más daño que las pistolas o las bombas en un morral.
Emilio Castellote 29 de junio de 2010
Lunes, 28 de mayo
José Pómez
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Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
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