¿Qué pensaría Cervantes del Instituto Cervantes?
31.10.11 @ 22:43:01. Archivado en Actualidad
Hace unos días acudí a una librería de Barcelona, sita en la céntrica plaza de Cataluña. Después de una temporada alejado de la civilización occidental, me apetecía ponerme al día de las últimas novedades bibliográficas. Durante mi estancia en ella varios libros llamaron poderosamente mi atención. Forzoso es mencionar Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, de José María Izquierdo, uno de los más destacados libros de análisis político del momento. La obra (que cuenta con el proemio y nihil obstat eclesiástico de Iñaki Gabilondo) parte de la base ciertísima de que todos los periodistas que no le hacen la ola al gobierno de progreso de Rodríguez Zapatero pertenecen a la derecha más extrema del espectro cromático.
Fiel a esta sólida premisa (compartida por profesionales de la talla de Enric Sopena y María Antonia Iglesias) el autor se ha dedicado a copypastear frases ajenas, pronunciadas en carpetovetónicas grutas del paleolítico inferior por los adláteres de Pedro Picapiedra y Hug el troglodita. Se trata -no lo duden- de una antología imprescindible, que deja un buen sabor de boca en el lector, pues gracias a ella queda meridianamente claro que con el hábil manejo de las combinaciones de teclas CTRL+C y CTRL+V cualquiera puede publicar una obra de culto.
Pese a todo, fue otro el libro que dejó en mí una huella indelebre. Me estoy refiriendo, claro está, a la Guía de la comunicación no sexista, publicada bajo el patrocinio del Instituto Cervantes, del Instituto de la Mujer y del Grupo Prisa (valga la redundancia). Por dieciséis euros del ala, el libro viene a explicarnos la matraca de costumbre. La lengua castellana (surgida de la noche de los tiempos altomedieval de las Glosas Emilianenses) ha sido durante generaciones un instrumento del patriarcado para oprimir a las mujeres. Consciente o insconscientemente, los hispanoparlantes nos expresamos como machistas irredentos, toscos como un arado. Urge que cambiemos nuestra forma de escribir, de hablar y de pensar (como en la novela 1984 de Orwell), para adaptarnos a los estándares ISO del feminismo oficial y progubernamental del siglo XXI. En esta pequeña guía, se nos enumera con profusión de detalles qué pasos debemos seguir para enmendarnos y alcanzar el perdón, a fin de alejar para siempre el sexismo de nuestras vidas.
Mientras echaba un vistazo a sus páginas, me vino a la mente una pregunta de hondo calado. A saber: ¿qué pensaría el gran Cervantes del instituto que lleva su nombre si conociera la existencia de este opúsculo? Al fin y al cabo, si Miguel de Cervantes Saavedra -o cualquier otro literato de nuestro Siglo de Oro- hubiera pasado sus obras bajo el tamiz de la Guía de la comunicación no sexista del Instituto Cervantes de doña Carmen Caffarel, estas no hubieran sido publicadas jamás, al estar a años luz de los patrones actuales de la corrección política. Nuestro hombre -que a duras penas sobrevivió a las mesnadas otomanas en Lepanto, a los piratas de Berbería y a la censura de la Santa Inquisición- no hubiera logrado superar la prueba más dura: la de llamar "miembra" a Dulcinea del Toboso, y a cuantas doncellas encontró don Quijote durante sus travesías por la Mancha y aledaños.
Nunca sabremos lo que pensaría Cervantes sobre esta particular, pero mientras escribo estas líneas durante la noche del Día de Difuntos pienso que quizá sea mejor así. Hay que dejar a los pobres muertos descansar en paz...
David Millán
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