La Sábana Santa, ¿fraude o camelo?
24.04.11 @ 18:04:15. Archivado en Actualidad
"Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Así -con parquedad, hermosura y sencillez- el evangelista Marcos dio el pistoletazo de salida a una de las más grandes historias que se han escrito nunca: la de un hombre llamado Jesús de Nazaret. Ya sea uno incrédulo o creyente, príncipe o mendigo, del campo o de la ciudad, resulta difícil (por no decir imposible) sentir indiferencia hacia la odisea de este singular personaje.
En su biografía se entremezcla de forma inextricable la leyenda con la realidad. Cuentan los evangelios canónicos que era el hijo primogénito de José y de María, y que tuvo hermanos y hermanas. Nació en un pesebre de la ciudad Belén, en la periferia del más poderoso imperio de la antigüedad, sin que prácticamente nadie se percatara de su existencia. Creció, vivió y fue crucificado en un mundo cruel, en el que la vida no tenía valor. Aun así, Jesús nos enseñó a amar tanto a amigos como a enemigos, tanto a propios como a extraños. Sus doce discípulos nunca destacaron en lo que a llevar a la práctica sus enseñanzas se refiere, y protagonizaron deplorables episodios sobre los que más valdría correr un tupido velo. Con todo, gracias al mejor maestro tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano el camino hacia la buena dirección.
Jesús era un hombre fuera de lo común. Aunque era el heredero legítimo del trono de David, se rodeó de los desheredados de la sociedad (ciegos, leprosos, prostitutas...), sin importarle que los meapilas de su época se rasgaran las vestiduras. También tuvo amigos ricos e influyentes, como Nicodemo y José de Arimatea, con los que mantuvo largas, secretas y provechosas conversaciones. El autor del cuarto evangelio no dudó asegurar que Jesús era el mismísimo Dios, y hemos sido muchos los que hemos creído en ello en algún momento de nuestra vida.
El carpintero de Nazaret sanó a los enfermos, resucitó a los muertos y consoló a viudas y huérfanos. Se enfrentó abiertamente a escribas y fariseos (las autoridades religiosas de su tiempo) y fue piedra de escándalo por su heterodoxia. Tras ser crucificado por las autoridades romanas resucitó de entre los muertos, y se apareció a sus discípulos a lo largo y ancho de cuarenta días hábiles. De haber vivido en nuestro tiempo, de buen seguro la Congregación para la Doctrina de la Fe le hubiera excomulgado por hereje.
Para Jesús la llegada del reino de Dios era inminente, aunque nadie conocía el día ni la hora (excepto el Padre). Si se quería entrar en él era necesario cambiar de vida, volverse como un niño y cumplir los mandamientos. Los que dieran la espalda al sediento, desampararan al desnudo o se abstuvieran de socorrer al forastero serían expulsados a las tinieblas exteriores, donde el lloro y el crujir de dientes serían moneda de cambio común por el resto de la eternidad.
Por supuesto, es muy probable que muchos de estos episodios no ocurrieran realmente. Los autores de los textos bíblicos y apócrifos desbordaban imaginación. Aun así, Jesús ha cambiado la faz del mundo. Sin lugar a dudas, es uno de los grandes héroes mitológicos del hoy, el ayer y el mañana. Si no es el mesías y el hijo de Dios merecería serlo.
Como es bien sabido, transcurrió el siglo primero, segundo y tercero y la Tierra siguió girando sobre su eje como de costumbre. Por fortuna, no cayeron las estrellas del cielo ni se produjo juicio final alguno. La esperada consumación de los tiempos se aplazó sine díe. El reino de los cielos no llegó... pero vino la iglesia.
Ante esta inesperada -y desafortunada- contingencia el desbarajuste estaba asegurado.
De la lectura de los cuatro evangelios canónicos se desprende que Jesús no fundó religión alguna. Fue un judío de los pies a la cabeza desde el día de su circuncisión hasta el de su crucifixión. Nada tuvo que ver con la Iglesia de Roma ni con el Vaticano. El catolicismo se apropió de su mensaje y lo manipuló para favorecer sus propios intereses. Otrora perseguidos por las autoridades del imperio, los cristianos pasaron a convertirse en perseguidores de paganos, judíos y herejes. Tras falsificar la llamada Donatio Constantini, los papas actuaron como soberanos temporales y se enfrascaron en guerras y cruzadas, todo ello en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Con un par.
En lugar de velar por el bien de la gente del común, durante interminables siglos los sumos pontífices no movieron un dedo para erradicar el analfabetismo y la ignorancia. Occidente estaba sumido en la oscuridad del Medioevo, y sobre aquellas tinieblas la iglesia fructificó y consolidó su poder. El acceso al contenido de los evangelios estaba proscrito, y el clero fomentaba una religiosidad mercantilista, basada en supersticiones y engaños flagrantes. Progresivamete fue impuesta la desafortunada costumbre de rendir culto a falsas reliquias, fabricadas ad hoc para exprimir (económica y espiritualmente) a los sufridos feligreses. De ahí que fuera moneda común venerar presuntos santos griales, plumas del arcángel San Gabriel y santos prepucios del Niño Dios.
Por suerte las grandes revoluciones científicas, el racionalismo y el pensamiento ilustrado han barrido buena parte de estas supercherías, que han quedado relegadas en el sumidero de la historia. Pero la intención de la Iglesia Católica de darnos gato por liebre todavía persiste. Un ejemplo paradigmático al respecto es el de la Sábana Santa de Turín, uno de tantos sudarios que supuestamente cubrieron el cuerpo de Cristo durante su muerte y resurrección.
Del mismo modo que los fundamentalistas protestantes se han sacado de la manga el llamado "diseño inteligente" para dar una pátina de credibilidad al creacionismo de toda la vida, la iglesia católica ha dado a luz una disciplina bautizada con el rimbombante nombre de "sindonología". Con ella, pretenden dar la impresión ante la feligresía de que la tesis de la autenticidad de la sábana cuenta con el respaldo de la comunidad científica. Como siempre, solo se trata de jugar con la fe, los sentimientos y el dinero del prójimo usando la mentira como herramienta de trabajo.
Todas estas reflexiones me han venido a la miente echando un vistazo a las noticias que los medios de comunicación han publicado esta Semana Santa respecto a este controvertido asunto que ahora nos ocupa. Como viene siendo tradición, todos los años por estas fechas aparecen revelaciones sobre la celebérrima síndone, muy útiles ellas para cubrir huecos en los periódicos durante las vacaciones. Aunque no suelen aportar nada nuevo y solo tienen un interés folclórico, un artículo de la revista Alba me llamó poderosamente la atención y me impulsó a comenzar a escribir. El titular rezaba (nunca mejor dicho) lo siguiente: "La probabilidad de que la Síndone no envolviera a Jesús es de uno entre 225.000 millones".
Al parecer semejante cifra está basada en unos tremendos cálculos matemáticos y cabalísticos llevados a cabo por unos matemáticos de la Universidad de Turín, allá por fechas tan recientes como ¡1978! Podían haber obtenido un billón y quince mil trillones de probabilidades, que para el caso hubiera sido lo mismo, pero en su momento prefirieron ofrecer cifras más conservadoras y prudentes...
La animalada de marras (los sentimientos piadosos me impiden emplear en público epítetos más severos) es de magnitud diez en la escala Richter. Por suerte, a estas alturas del siglo XXI solo unos pocos van a tomar en serio tanto disparate. Y es que a mucho estirar, apenas queda margen para decidir si la Sábana Santa es un fraude o un camelo (o quizá las dos cosas al mismo tiempo). Sea como fuere, que cada cual estudie el tema por su cuenta y saque sus propias conclusiones...
David Millán
http://twitter.com/davidmillan
Comentarios:
En cuanto a la Sabana Santa me parece un tema no aclarado hasta el momento, por lo que despierta mi interés y si he leido el artículo era para ver si tu aclarabas algo o tenias alguna información interesante, pero veo que nada de nada, solo mala leche y unas ideas más trilladas y repetitivas que resultan cansinas.
Un cordial saludo y a ver ...
Este artículo destila por igual odio e ignorancia.
Para comentar nada más que Jesús fue judío y por lo tanto cumplió la ley pero estableció una nueva alianza, nuevos mandamientos y sobre todo cambió la forma de la ley pasando de la forma al fondo. Recordemos cuando fue a buscar una oveja el sábado.
También que la Sábana Santa no es un dogma de fe, ni un negociazo. Pero claro uno se proyecta en lo que hacen los demás. De igual manera que creían que Jesús venía a ser Rey temporal
Saludos no demasiado cordiales.
En fín, Sr.Millán, ha preparado Vd. una ensalada de mentirijillas donde ha dejado caer muy pocas aceitunas reales y verdaderas.
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David Millán
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