El Juicio Final ¿a qué hora es?
15.04.11 @ 00:49:39. Archivado en Actualidad
Desde la noche de los tiempos (más o menos) el hombre ha tratado de dar cumplida respuesta a las más acuciantes cuestiones existenciales, las que competen al devenir del alma humana. A saber: ¿quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos? Incapaces de alcanzar explicaciones satisfactorias y ajustadas a derecho, a nuestros antepasados no les quedó más vía que echarse al monte de las especulaciones metafísicas y de las fabulaciones cosmogónicas.
En aquellas centurias remotas no existía la historiografía moderna ni la prueba del algodón del método hipotético-deductivo, así que no quedó más remedio que inventar la religión. De esa guisa, comenzamos a rendir culto a un batiburrillo de dioses y fuerzas de la naturaleza hechos a nuestra imagen y semejanza. Y así seguimos, a estas alturas del siglo XXI. Pero no adelantemos acontecimientos...
Con arte, imaginación y creatividad, se hilvanaron leyendas, epopeyas, poemas épicos y libros sagrados del más variado pelaje. Y las tradiciones religiosas fueron enriqueciendo el folclore popular, así como las arcas de las castas sacerdotales.
En las sesiones de adoctrinamiento catequético quedaba patente que el mundo (así como los luceros de la bóveda celestial) habían sido creados por las divinidades de turno. A nadie se le había pasado por la imaginación mentar al big bang o a nuestros antepasados los micos, pero tanto daba. Lo importante era que para buena parte de la población estaba más o menos claro que todo había tenido un principio. Y de carácter sobrenatural, para más inri.
Con mayor o menor acierto, Quetzalcóatl, Jehová de los Ejércitos o Unkulunkulu nos habían creado, y había que sacrificar de vez en cuando una bestezuela en el altar para agradecerles el gesto. Las protectoras de animales no se habían inventado, así que el matarife tenía luz verde para desollar al bicho. O al vecino del quinto, si es que se quería tirar por lo alto y prácticar un sacrificio humano.
Por lo que sabemos, no había ningún Richard Dawkins o Christopher Hitchens que nos diera la brasa con su escepticismo, pues ante una eventual disidencia en materia teológica el pitote estaba servido. No obstante, de vez en cuando la incredulidad campaba por sus fueros, en chascarrillos y conciliábulos burlones. Según el primer versículo del Salmo 14 "dice el necio en su corazón: no hay Dios", siendo esto una viva prueba de que el pecado del descreimiento viene de lejos y tiene un largo bagaje a sus espaldas.
Por si fuera poco (y tal como señala el eminente exégeta César Vidal Manzanares en su erudito tratado Conspiración contra las Sagradas Escrituras) en los tiempos de la apostasía "cada vez resultará más común la practica de relaciones sexuales ilícitas justificándolas con traducciones torcidas de las Escrituras o con argumentos tan poco sólidos como el de señalar que puesto que conservan el gozo después de cometer esos actos los mismos no pueden ser pecado".
Ante los desmanes y latrocinios que ateos, tibios (ver Apocalipsis 3:15-16), heresiarcas, libertinos, masones y demás ralea han provocado a lo largo de la Historia de la Humanidad, era de justicia preguntarse si la divinidad tomaría cartas en el asunto y lo pondría todo patas para arriba, enviando al culpable al Averno a cumplir condena. Ante esa tesitura, era inevitable que la idea de un "juicio final" o del "fin de los tiempos" fuera cuajando en el imaginario colectivo. A partir de ahí, una plétora de profetas han sacado el tema a colación, para advertirnos de que la batalla de Ragnarök está a la vuelta de la siguiente esquina.
Aunque Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió que "del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos" (Mateo 24:36), una larga lista de iluminados han puesto fecha al cataclismo. Forzoso es recordar a Arnaldus Villanovanus (1238-1311), que barruntó próximo el Día de la Bestia en su Tractatus de tempore adventu Antichristi. O al eminente futurólogo Santiago Niño Becerra, que en su El crash de 2010 vaticinó para el año de autos un cataclismo de proporciones ciclópeas.
No obstante, no es necesario retrotraerse al Medioevo para dar con agoreros de esta laya. A día de la fecha, son miles los exégetas hodiernos que, con una Biblia en la mano y una calculadora en la otra, perpetran sus cálculos numerológicos para indicarnos el camino a seguir.
Por lo visto, sacando el logaritmo neperiano de la edad de Matusalén, la raíz cuadrada de la fecha de la deportación de Babilonia y el número del móvil de Ciro el Grande es posible conocer la fecha exacta del Juicio Final. Si luego se equivocan en el pronóstico, es porque olvidaron llevarse una durante el curso de una suma o a que (al dividir) corrieron una coma a causa de un renuncio desafortunado. Tal como puede colegirse en esta exposición, los caminos de la escatología y de la apocalíptica son impepinables.
Por lo que yo sé, los últimos en subirse al carro del vaticinio fácil han sido las buenas gentes de Family Radio. Según cuentan en su página web, el 21 de mayo del año en curso "habrá toque de trompeta (Ezequiel 33:3)" y comenzará el Juicio Final.
Para sustentar sus acerados pronósticos, han publicado una serie de volúmenes (gratuitos y en formato pdf) que cualquiera que no tenga nada mejor que hacer puede consultar. Forzoso es citar títulos como El orgullo gay: señal del fin y otros de similar jaez, que amenizarán las horas de asueto de pequeños y grandes. Yo les estoy echando un vistazo, y a pesar de que solo encuentro argumentos de peso, todavía sigo sin saber a qué hora es el macrojuicio de autos. Y es que no me gustaría tener que llegar tarde a la vista penal más grande que han visto los siglos...
David Millán
http://twitter.com/davidmillan
Bibliografía selecta:
-ASIMOV, Isaac. Las amenazas de nuestro mundo. Barcelona: RBA Editores, 1994.
-CARRERA, Antonio. El fraude del fin del mundo. Bilbao: Publicidad Pregón, 1981.
-NIÑO BECERRA, Santiago. El crash del 2010. Barcelona: Los libros del lince, 2009.
-SANTOS, Domingo. El enigma del fin cósmico de la tierra. Barcelona: Libroexpress, 1989.
-VIDAL MANZANARES, César. Conspiración contra las sagradas escrituras. Tegucigalpa: Producciones Peniel, 1997.
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