La generala no tiene quien la escriba
16.02.09 @ 19:32:34. Archivado en Actualidad
Desde tiempos inmemoriales y remotísimos (mucho antes de que Carrillo, Fraga y otros grandes saurios dominaran la Tierra), los imperios han emergido de la nada, la han liado parda durante años, décadas o centurias y se han disuelto como un terrón de azúcar en la leche, así una y otra y otra vez. De aquellos accidentados naufragios (valga la redundancia) nos ha sido legado parte de su bagaje, ya sea el derecho romano, las pirámides de Egipto, el teatro griego o el jubiloso descubrimiento de la proporción áurea. Por su parte el Imperio Romano de Oriente nos ha entregado en heredad las discusiones bizantinas, que son las que (a día de la fecha) nos permiten batirnos el cobre dialécticamente para ver quien grita más, codo con codo con María Antonia Iglesias. Por supuesto, en aquellas cuitas teologales no había nada parecido a un auténtico debate de ideas que ayude a resolver problemas y avanzar por la senda del progreso, pero aquello poco importaba. Lo fundamental era hacer el cafre y dejar constancia de ello para pasar a la posteridad.
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David Millán
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