El día que el cielo cayó sobre nuestras cabezas
17.01.09 @ 02:27:51. Archivado en Actualidad
Cuando yo era un lolito de Nabokov —allá por los doce años del ala—, cayó en mis manos un pequeño transistor que cambiaría mi vida para siempre. Entre otras cosas, gracias a aquella radio conocí el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la erudición del inefable Juan Andriansens. No recuerdo de dónde salió el aparato de marras (en mis recuerdos de juventud hay más agujeros negros que en las hinbestigaciones de Luis del Pino), con lo que no tengo claro si me lo regalaron o lo encontré por casa. Tanto monta. Lo que jamás olvidaré es que durante aquel verano descubrí un mundo —el de la radio, y por extensión el del periodismo— que me cautivó desde el primer momento. Por supuesto, en aquella época también veía la tele, leía con una sola mano Las cartas privadas de Pen y apretaba botones en el ordenador, pero todo ello merece un monográfico aparte.
David Millán
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