La extraña fe del apóstata
03.10.08 @ 02:36:40. Archivado en Actualidad
Cuentan los cuatro canónicos —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— y algún que otro evangelio apócrifo que allá por la tercera década del primer siglo de nuestra era un hombre vestido de pelo de camello llamado Juan el Bautista comenzó a hacer lo que su propio nombre indica: bautizar. Se trataba del precursor de Nuestro Señor Jesucristo, del hombre predestinado a prepararle el camino, y bautizaba a cuantos aceptaban su mensaje profético y se arrepentían de sus muchos pecados. Nadie estaba obligado a tomarle en serio, con lo que bautizarse era simplemente una opción más en esta vida. Uno podía aceptar el rito y hacer propósito de enmienda, o bien pasar de largo y dedicar su tiempo a otros menesteres. Por desgracia, dos mil años del ala más tarde, lo que antaño estuvo en manos del libre albedrío ahora la Iglesia católica acostumbra a ejecutarlo de manera implacable sobre los recién nacidos, sin que estos, al no tratarse de la asignatura de educación para la ciudadanía, puedan presentar objeción de conciencia alguna.
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David Millán
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