La paridad obligatoria, una aberración que ZP nos deja en herencia
24.01.08 @ 19:01:41. Archivado en Actualidad
Si la memoria no me falla, corría el año 1996 cuando el doctor Fernando Jiménez del Oso puso en circulación una publicación esotérica de altos vuelos, que felizmente y tras doce largos años de andadura todavía podemos encontrar todos los meses en nuestro quiosco de cabecera. Se trataba de la revista Enigmas, y a la sazón aquel primer número podía adquirirse a un precio muy especial, a doscientas cincuenta pesetas de las antiguas (valga la redundancia). Sobrado está decir que compré aquel primer ejemplar con ilusión, y que me zambullí como un niño con zapatos nuevos ante aquellas paranormales páginas.
Nunca olvidaré una de las noticias que encontré en el número uno de esa gran revista. Se trataba de una noticia curiosa, aunque en aquel momento no le concedí la debida importancia. Por lo visto, una editorial (no recuerdo bien si inglesa o estadounidense) iba a publicar una traducción "políticamente correcta" del Nuevo Testamento, cambiando unos vocablos supuestamente ofensivos por otros de carácter progre para que ningún colectivo pueda sentirse ofendido.
Era la primera vez que yo escuchaba lo de la "corrección política", y aquello me pareció una soberana gilipollez que no tenía el menor futuro, lo cual da buena cuenta de mis dotes como profeta. A día de la fecha, aquello me sigue pareciendo igual de absurdo y de delirante. Sin embargo, en contra de lo que yo creía a la sazón se trata de unos delirios altamente peligrosos, dado que el gobierno de la nación los hace suyos y es capaz de elevar tales evacuaciones mentales a la altura de leyes orgánicas. Para más inri, la corrección política se ha convertido en la Santa Inquisición de nuestro tiempo. O en otras palabras: en la dictadura del progretariado.
Ya no se puede llamar al pan pan, ni al vino vino, ni mucamas a las mucamas, ya que ahora son empleadas del hogar. Tampoco podemos cantar "¡maricón el que no vote!" en las fiestas patronales de los pueblos, so pena de que nos califiquen de "homófobos", palabro feo donde los haya. Hay que medir cada letra que salga de nuestras bocas o de nuestras plumas estilográficas, pues hasta la expresión más inocente puede ser calificada de sexista, machista, clasista, fascista o mediopensionista. Por desgracia, lo políticamente correcto no solo se limita a mutilar y empobrecer la lengua castellana, sino que la cosa va mucho más allá. Por ejemplo la enfermiza idea de la paridad obligatoria -según la cual debe haber el mismo número de hombres y mujeres en todas partes y a cualquier hora del día- ha pasado de ser una simple ocurrencia tontorrona a convertirse en una ley (la Ley de Igualdad) de obligatorio cumplimiento en todo el territorio nacional.
Las nefastas consecuencias de la cosa las estamos viendo estos días de precampaña electoral y de elaboración de las listas de los partidos políticos. Bajo un paternalismo de alta intensidad que produce empalago (por no decir otra cosa), la mujer pasa a convertirse en una simple "cuota" que hay que rellenar como sea por imperativo legal. Gracias a la Ley de Igualdad y a la madre que la matriculó, ahora se hace prácticamente imposible discernir si una mujer ha llegado hasta donde ha llegado por méritos propios o por tener vulva en vez de pene. Si esto es progresismo -o progreso a secas- que baje Dios y lo vea...
Sin duda, lo de la paridad es una opción lícita y legítima y está muy bien que haya quien se la aplique (ha de haber gente para todo), pero tratar de imponerla a toda la sociedad es una aberración. Si Rajoy gana las elecciones espero que tome cartas en el asunto, lleve a cabo las medidas legislativas correspondientes y convierta la paridad obligatoria en un mal recuerdo. Sin duda, eso a las feministas afines al gobierno actual les sacaría de sus casillas, pues no podrían imponer su estupefaciente cosmovisión a todo quisque. Sin embargo sería un día feliz para el resto de la población mundial. Ojalá algún día yo lo pueda ver. Amén.
Comentarios:
Pero es un hecho, que asistimos a la olimpiada de las chorradas a caño abierto, y, no sólo no movemos una ceja, sino que las incorporamos a nuestro lenguaje habitual, y lo que es peor, se asientan con carácter definitivo en nuestra amigdala. Lo de los "vascos y vascas", por ejemplo, tampoco tiene deperdicio, pero no se le cae de la boca a Ibarretxe.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
David Millán
autor
Contacto


