La última Navidad de David Millán
21.12.07 @ 16:57:42. Archivado en Relatos
Prólogo del libro Papá Noel y los caballeros de la Tabla Redonda. Está escrito por Antonio Jiménez, webmaster de http://yorkboyscout.wordpress.com.
David Millán dejó sus gafas de sol graduadas Caprabo sobre la mesita de noche y observó la ciudad condal de Barcelona en su oscuridad nocturna por última vez antes de enterrarse bajo las sabanas. La lluvia caía sobre el asfalto y por un momento deseó que fuese nieve, como había visto apenas hacia un rato en la película Pollar Express, en la que la lluvia y la nieve que caía marcaba la diferencia entre una “l” y dos. La noche del 24 de diciembre siempre había sido especial para él, desde que recibió su primer regalo, Capitalismo y Libertad de Milton Friedman. Ahora era el momento de dormir y despertar en un salón lleno de regalos.
Ningún ruido era capaz de despertar a David Millán en la noche, pero cuando la puerta de su apartamento de 46 m² en la Barceloneta barcelonesa decidió cerrarse con un estruendo muy poco respetuoso, David empezó a preguntarse cómo la puerta estaba abierta en primer lugar. Se deshizo de su gorro de dormir, abrió la puerta de su habitación y encaró con valentía el pasillo que llevaba a su comedor previo tránsito por su cocina del Ikea. Con la luz apagada y sus gafas de sol, David Millán debía utilizar toda su sabiduría Jedi. Eso no impidió que su espinilla chocara en varias ocasiones con muebles que no recordaba poseer.
Alguien parecía haber hurgado en su comedor, ese comedor que había decorado con su sudor y generoso salario por su trabajo en el Archivo de la Corona de Aragón. Miró de reojo desde el pasillo, fundido con la pared como había aprendido jugando a Splinter Cell pirata. Los 328 peluches de duendes y Seres de la Navidad varios seguían allí así como los 12 árboles con su correspondiente decoración (paga 11 y llevate 12 en Condis), y 23 calcetines gigantes dejados con la humilde intención de ser repostados con regalos cual deposito de gasolina. Lo que David no había dejado la noche anterior eran los regalos al lado de la chimenea.
Olvidando por completo sus sospechas y con la única iluminación de una farola que el Ayuntamiento había decidió plantar al lado de su ventana, le faltaron segundos para lanzarse cual gacela a la captura de sus regalos. ¿Podría ser verdad? Después de 29 años creyendo en Papá Noel, ¿podría ser que al final el mismísimo San Nicolás hubiera estado allí? Lo único que importaba ahora eran los regalos, rasgó los envoltorios con fortaleza masculina y observó el resultado de su destrucción.
David Millán tardó varios minutos en reaccionar. Iraq, diario de la resistencia, Che: Sueño Rebelde, una chupa de cuero firmada por Trinidad Jiménez, una camiseta con la mirada hercúlea de Hugo Chávez, El Pensamiento Filosofico de Keynes… ¿Qué significaba todo eso? Perplejo, David no había percibido la presencia de otra persona en la habitación.
–También te he traído un cartón de Marlboro, pero me lo estoy fumando yo. Te jodes.
El hombre orondo y barbudo encendió la luz de la habitación, apenas podía respirar entre el humo del pitillo y el viejo disfraz rojo y blanco de Papá Noel que tenía aspecto de haber vestido en más de cien Navidades, incluyendo aquellas en las su peso corporal era sustancialmente menor. David Millán dio un salto que despidió Una Verdad Incomoda (2 DVD, Premio Nobel edition) de su mano en dirección a la farola exterior.
–¿Qué… qué… eres… Pa… Papá Noel? –Las palabras se tomaron más de un minuto para salir de la boca de David, no necesariamente en ese orden.
El hombre orondo y barbudo se recostó en el sofá de cuero con una media sonrisa ajustándose las diminutas gafas circulares como si le hubieran hecho esa pregunta cientos de veces y tuviera ensayada la respuesta ante el espejo.
–¿Tú qué coño crees? –Asertó con seguridad y sonrió muy satisfecho por su mensaje.
David dejó con cuidado una copia de Contra Bush en la moqueta, esta vez las palabras parecían tomarse aun mas tiempo para decidir lo que responder.
–Mira, David, tú y yo tenemos que hablar –dio otra calada al Marlboro Red–. Me habían comentado en el Komitern del Polo Norte que eras un buen escritor, de lo más fino de Hispalibertas y Periodista Digital, que durante este pasado año habías publicado varios libros y que Sherlock Holmes: El Último Boy Scout había sido el número 1 de ventas en New York Pogre Times.
Papá Noel recostó su voluminoso cuerpo sobre el sofá de cuero, que emitió un gemido de insatisfacción.
–Cuando me dijeron que me tocaba visitarte estas Navidades, creí que te merecías lo mejor. ¡Un periodista y escritor de éxito! Entonces me dio por leer lo que habías escrito y ahí es cuando tú y yo tenemos que hablar, pequeño culé. En el Polo Norte de llamaban Neo…
–¡¡Neo!! –David Millán interrumpió, fascinado por el sobrenombre que el Petit Bureau del Polo Norte le había otorgado. Durante un instante olvidó el hecho de que un gordo vestido de rojo había entrado en su casa sin pedir hora–. ¿Es por mis gafas de sol? ¿Por mi increíble velocidad esquivando a los carteristas de la Línea Amarilla?
–No, hideputa, te llaman Neo por lo de Neo Liberal.
–Joder, vaya mielda entonces –la desilusión era patente en la cara de David Millán, quien había comprado las gafas en el famoso Mercado del Borne por que le recordaba a El Ultimátum de Borne.
–Vamos a dejar las cosas claras, chavalito. No me gusta tu charla sobre Capitalismo, libertad de empresa, privatizaciones… ¡privatizaciones! Algunos en el Polo Norte han leído tu propuesta a Artur Mas para privatizar Papá Noel “y mejorar de esta forma la eficacia, introduciendo dos días de regalos gracias a una mayor productividad por la reducción de costes derivada del libre mercado”. ¿De qué va todo eso?
David bajó la mirada con humildad. Artur Mas y él eran amigos desde hacia tiempo y habían ido de “vins y copes” en mas de una ocasión por lúgubres lugares del Barri Gotic. Tan solo esperaba que Papá Noel no hubiera leído su propuesta para privatizar los Lavabos Publicos.
–¿Y que es ese montón de mierda llamado “Privaticemos los Lavabos Públicos por el Bien de la Corona et Provensa”?
–Ops.
–He venido aquí para enseñarte la verdad. Lee esos libros y esos Deuvedes con extras y serás un hombre nuevo. ¿Qué pasaría con todos esos humildes trabajadores del Polo Norte que han repartido los regalos durante siglos? ¿Y sus planes de pensiones pagados por todos los niños? Piensa en sus familias, ¡no me seas cabrón!
–¡Ya está bien, maldito hideputa! –David Millán se alzó en todo su esplendor, enfurecido por el discurso socialdemócrata de Papa Noel–. ¡Tú lo que eres es un feixista! Yo creo en la Navidad, en que los buenos reciben regalos y los hijoputas como tú comen carbón como cencerros, no eres mas que un burócrata que quiere salvar su culo y boicotear mi alianza con Artur Mas para privatizar la Navidad! Millones de niños tendrían dos días de regalos al año y no los repartiría un gordo humeante como tú que solo quiere mantener su maldito trabajo a expensas de los demás!
Hubo un estruendo en la noche, la ventana del salón estalló en pedazos dejando entrar el frío de la noche barcelonesa, una figura diminuta y amarillenta, carente de pelo y con una larga barba blanca muy falsa irrumpió en la sala en medio de la acalorada discusión.
–EHES U IDEPUTA, IO SOI PAPA NOEL, KE TE FOLE U PEZ.
Los gritos del orondo Papá Noel podían escucharse desde la imponente montaña de Montjuic y los rumores dicen que no paró de correr hasta que alcanzo el monumento a Colón y fue atracado por varios transeúntes, quienes le invitaron a pasar la noche bajo las aguas del Port Olímpic.
Gracias a la ayuda del Genuino Papá Noel, la Alianza entre David Millán y Artur Mas consiguió llevar al Congrés su propuesta para liberalizar la Navidad y los Lavabos Públicos. Un Comité Especial fue el encargado de seleccionar al nuevo Papá Noel entre un elenco de 358,972 candidatos que enviaron su Currículo con carta de presentación y referencias. El diminuto Ser que había salvado a David Millán fue el elegido.
Dedicado a mi gran amigo y maestro David Millán para que siga creyendo en la Navidad como creen los verdaderos hombres y mujeres de buen corazón.
York (Inglaterra), Navidad de 2007
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