Maragall quiere hundir TV3
28.06.07 @ 23:50:20. Archivado en Actualidad
Los partidarios de ver las películas en versión original subtitulada son buenas personas en su inmensa mayoría, y ayudan a cruzar la calle a las ancianas indefensas en cuanto surge la ocasión. Por desgracia, una inmensa minoría de ellos son unos verdaderos talibanes de su afición personal, auténticos discípulos de San Vicente Ferrer en su versión de arte y ensayo. Mirando al resto de los mortales -a aquellos que, contra viento y marea, preferimos el cine doblado en nuestra lengua materna- por encima del hombro, tratan de imponer su opción sexual a todo quisque, como si se tratara de una cruzada personal, empleando para ello una batería de argumentos que acá en Spain no convencen prácticamente a nadie.
Porque la máxima mayoría de nosotros cuando queremos ver una película queremos, en efecto, ver una película. Solamente ver una película y nada más que ver una película. No queremos leer en la pantalla -cuando de verdad queremos leer alguna cosa recurrimos a Dostoievski- y si acaso el protagonista se encuentra navegando en el Misisipi a las 21:51 horas agradecemos que nos lo indique una voz en off. Tampoco nos interesa aprender idiomas ni conocer la verdadera voz de Bruce Willis, y si por un casual el doblaje constituye un imperdonable atentado en contra de la integridad de una obra de arte cinematográfica ello no nos conturba ni nos impide dormir por las noches. Por otro lado, la manía persecutoria de recordarnos los orígenes franquistas de nuestra tradición de ver películas dobladas empieza a aburrir mazo: porque por esa absurda regla de tres, buena parte de los pantanos españoles deberían ser inmediatamente demolidos.
Bien es verdad que muchos de nosotros nos hemos pasado a la versión original a la hora de ver capítulos de series como Prison Break, Lost o The 4400, pero en tales caso se trataba de elegir el mal menor: o ver los capítulos en inglés con subtitulos o esperar durante meses la versión doblada al español. En todo caso, se trata de una simple excepción que confirma la regla. La inmensa mayoría de españoles buscamos no pensar -o pensar lo mínimo- cuando estamos ante una pantalla, y eso guste o no es lo que hay por mucho que los fundamentalistas antidoblaje se rasguen sus elitistas vestiduras.
Ante ello no se entiende -o se entiende poco- que el consejero de educación de la Generalitat, el señor Ernest Maragall, tenga tanto interés en imponer la versión original subtitulada en las películas de TV3, canal que pese a ser "la televisión de Cataluña" a día de hoy está lejos de liderar las audiencias. Si por diversos motivos las películas dobladas al catalán no gozan de un excesivo predicamento por estos pagos, su versión subtitulada sería una clara invitación a poner pies en polvorosa y saltar del barco al agua patos, mando a distancia en ristre. ¿Por qué no se centra en lo suyo, que es o debería ser elevar la calidad de nuestro maltrecho sistema educativo? Al fin y al cabo el nivel de audencia de TV3 ya baja solo, sin necesidad de ayuda alguna...
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David Millán
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