El prescindible consejo LGBT
26.06.07 @ 22:59:27. Archivado en Actualidad
Es de libro: a la hora de colocar a familiares, amiguetes, conmilitones, socios y secuaces en la administración pública, la socialdemocracia -independientemente de si gobierna la izquierda o la derecha- es con diferencia (parafraseando a Pangloss) el mejor de los sistemas posibles. Nos permite hacer engordar ilimitadamente al estado a base de ministerios, departamentos, comisiones, consejos y prebendas absolutamente prescindibles a la hora de resolver los problemas reales de la gente del común, pero absolutamente necesarios a la hora de conceder favores a espuertas con el dinero del contribuyente. No es de extrañar que el liberalismo no goce de una especial fama entre nuestros políticos, que -salvo gratas excepciones- disfrutan horrores derrochando un dinero que no es suyo en beneficio propio. La creación en Cataluña de un Consejo de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales -que sólo va a servir para repartir dietas a espuertas- es un ejemplo paradigmático de esto que acabo de apuntar.
La idea en principio es buena: apela a los más nobles sentimientos del votante de buena fe. Poca gente va a criticar una comisión de estas características, porque el riesgo de que te endosen el baldón de "homófobo" -terrible palabro- es muy alto. Lo mismo ocurre si el dispendio de marras está relacionado con la lengua propia de una comunidad autónoma (en tal caso te acusarían de ser "catalanófobo" o de algo similar), o con las feministas radicales -mismamente, nuestro presidente del gobierno es una de ellas- o con cualquiera de las castas minoritarias que se amparan bajo el paraguas de la corrección política para obtener inmunidad ante la crítica y patente de corso para la subvención permanente. Sí, amigos: la corrección política -ese totalitarismo sutil- es una suerte de kryptonita, que deja fuera de juego a todos los que en mala hora tuvieron la idea de alzar su voz ante tanto despelote presupuestario y tan poca vergüenza. El que la inventó debió de ser un genio (del mal) de tomo y lomo.
Por ello, mientras los desafíos de nuestra sociedad aumentan, los nubarrones de crisis económica asoman en el horizonte, la inseguridad ciudadana crece, la educación pública no deja de degenerar y la casa sigue sin barrer, los consejos, comisiones, informes, estudios y meditaciones varias brotan como setas de los presupuestos generales con la vocación de no resolver nada, excepto quizá la vida de los que se ocupan desinteresadamente de tales menesteres. Así nos luce el pelo..
(Por cierto, el nombre del invento -fiel a la semántica progre- no tiene desperdicio: Consell Nacional de Lesbianes, Gais, homes i dones Transsexuals i Bisexuals. Pero el nombre se queda a medio gas: puestos a tirar la casa por la ventana hagámoslo bien. ¿Por qué no llamarlo Consell Nacional de dones Lesbianes, homes Gais, homes i dones Transsexuals i homes i dones Bisexuals, que sería lo propio y dejaría las cosas más claras? Ya sé que sería mucho nombre para algo que a efectos prácticos sirve para tan poco, pero quedaría fetén.)
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En fin, un caos.
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David Millán
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