Montilla recurre a los Sabios Ascendidos
17.06.07 @ 19:41:03. Archivado en Actualidad
Hace justo un año, el 18 de junio de 2006, se celebró el celebérrimo referéndum del estatuto de autonomía catalán. Desde ese tiempo hasta esta parte -tres citas electorales desde entonces nos contemplan- la abstención (que en ocasiones superó el cincuenta por ciento del electorado) se convirtió en una lacra de primer orden de la democracia catalana, hasta el punto de situarnos como la nación más abstencionista de todo el estado español. ¿Acaso se puede calificar de otro modo a un fenómeno en el que el votante del común, pudiendo -pongamos por caso- dar su bendición al tripartido felizmente gobernante o al ladrillo estatutario prefiere quedarse en casa o visitar a la suegra? ¿No es una aberración de primer orden el renunciar a votar a alguno de nuestros más épicos prohombres, llámense Mas, Saura, Piqué, Montilla o Carod? Es por ello que nuestros gobernantes desde el primer día comprendieron la gravedad de la situación y decidieron acudir a la raíz de la cosa: esto es, a la causa primera de tan incívico comportamiento ciudadano para, una vez diagnosticado el origen del mal, dar con el mejunje sociológico que permita que las aguas retornen a su cauce natural.
Tras las últimas elecciones municipales (aquello fue ya la gota que colmó el vaso de la ignominia), nuestros probos dirigentes -travestidos a guisa de analistas improvisados- no tardaron en identificar el origen de la vesanía. Desde el gobierno central, Fernando Moraleda -secretario de Estado de la Comunicación- hizo gala de sus conocimientos en el ramo mediático para señalar a "algunos programas deportivos" -se refería al Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco- como los responsables últimos de la baja participación, con lo que Fernando Alonso se convertía en cómplice activo de la decadencia de nuestras instituciones milenarias. Joan Puigcercòs -conseller de Governació de la Generalitat y máximo candidato a descabezar a Carod-Rovira como líder de Esquerra- complementó la valoración de Moraleda con otra apreciación: votar tantas veces en tan poco tiempo produce cansancio en el electorado. O sea, da palo. Aunque a ello había que sumar un último factor apuntado por el presidente de la Generalitat, José Montilla: "cuando hay un alto grado de satisfacción la gente deja de ir a votar. Esto es una obviedad". Es decir, que si no fuimos a votar fue porque estábamos encantados de la vida con el tripartido.
Una vez identificadas las causas de la abstención había que recurrir a los remedios. Y, ¿qué mejor forma de encontrar un remedio que convocar a un Comité de Sabios Ascendidos, que tras pulirse una buena dosis de fondos públicos nos ilumine con su erudición ancestral? Los espertos que la Generalitat ha escogido para dar a luz una ley electoral catalana han dado con la fórmula que reducirá la abstención a la marginalidad. Se trata de que la votación dure una semana -en lugar de un día como hasta ahora-, aunque bien la podrían alargar por lo menos durante un mes. ¿Cómo no se nos ocurrió antes una solución tan sencilla y efectiva?, nos preguntamos con resignación los simples mortales. Sin duda, haber materializado tal propuesta sólo puede ser fruto de una mente superior que ha alcanzado el Nirvana, nos decimos boquiabiertos mientras nos encogemos de hombros. Sea como fuere una cosa está clara: la abstención será solo un triste recuerdo a partir de los próximos comicios locales. Y si no al tiempo.
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David Millán
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