La Iglesia Progre (1 de 3)
20.05.07 @ 11:44:48. Archivado en Relatos
-Mis queridísimos hermanos, ha llegado el momento de comulgar. Que os aproveche -musitó al micrófono el padre Tronqui, mientras los "monaguillos okupas" repartían los barquillos y el chocolate deshecho entre la feligresía. Qué deliciosos estaban. Mmmm. Había quien prefería comulgar con un burrito o con un roscón, pero por lo general los barquillos del padre Tronqui eran recibidos como si de una bendición divina se tratara. Era como si los hubiera hecho el propio Jesús durante las bodas de Canaá. Al Che Guevara le hubieran encantado. Estaba claro que valía la pena asistir a aquella misa, aunque sólo fuera para dar buena cuenta de tan deliciosos manjares. Ni siquiera Ferran Adrià hubiera cosechado tantos éxitos. Bien es verdad que el padre Tronqui a veces olvidaba lavarse las manos mientras los preparaba, aunque el asunto tampoco revestía mayor importancia. Al fin y al cabo, la verdadera pureza está en el corazón.
[En mi libro Del agujero negro al bar y otros relatos podréis encontrar el texto de esta narración al completo.]
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David Millán
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