La nación como falo
15.05.07 @ 21:14:56. Archivado en Actualidad
"Teniendo el pequeño Arpad dos años y medio, se puso un día a orinar en el gallinero de su residencia veraniega, y hubo una gallina que le picó o intentó picarle en el pene. Cuando al año siguiente volvió al mismo lugar, se imaginó ser él mismo una gallina, mostró un vivísimo interés, casi exclusivo, por el gallinero y todo lo que en él sucedía, y cambió su lenguaje humano por el piar y el cacarear del corral." (Sigmund Freud en Tótem y tabú)
"¿Por qué cuando quieren humillarnos estos personajes llaman a Catalunya región española?" (Marc Vidal)
Dos tercios de siglo después de la muerte de Sigmund Freud (padre del psicoanálisis), todavía son muchos los que mantienen vivo su legado, profundizando en las líneas de investigación que el patriarca de la salud mental dejó abiertas o bien abriendo en canal otras nuevas. Por desgracia, los freudianos -esto es, los partícipes de la doctrina del buen doctor- han desperdiciado demasiado tiempo combatiéndose dialécticamente entre sí, poniendo el acento de la discusión académica en discrepancias absurdas y descuidando los puntos de convergencia, que son sin duda casi todos. Por culpa de ello (y también del ello), todavía sabemos muy poco sobre la relación inconsciente entre nación y miembro viril, entre la envidia del pene y al patrioterismo exacerbado al que estamos asistiendo en estos últimos tiempos, tanto en el centro como en la periferia de la España del siglo XXI.
Examinemos, verbigracia, el caso de la bandera de trescientos kilómetros de altura que hizo erigir san José María Aznar en la madrileña plaza de Colón, a guisa de torre de Babel. ¿No es ella un arquetipo de un gigantesco, descomunal y lozano pene, haciendo las veces de proyección cósmica de una mente acomplejada? Y qué decir del otrora famoso estatuto catalán. Su faraónico articulado -capaz de hacer sombra en cuanto a extensión a Dostoievski- se resume en una única frase: "nosotros la tenemos más gorda". Sin embargo, por si lo anterior no es suficiente para detectar un conflicto con el manubrio semejante a los casos citados, basta con llamar "región" a cualquiera de los imperios galácticos que cubren nuestra península. (Pues "región" equivale a "cilindrín de querube renacentista", o a lo que es lo mismo, a tenerla pequeña.) Los directamente aludidos no tardarán en salir de debajo de las piedras para pedir (metafóricamente) en bandeja de plata la cabeza del blasfemo.
Aunque los freudianos del tiempo presente todavía no tienen sobre sus espaldas el bagaje teórico suficiente como para tratar con éxito a esta clase de pacientes, la portentosa Tania Derveaux -candidata del NEE- podría hacernos un apaño en el terreno de la praxis. Ha prometido practicar cuarenta mil felaciones a los potenciales votantes que así lo soliciten y parece que de momento está cumpliendo con su palabra. Lo malo es que no es española sino belga, pero tampoco perdamos la esperanza: quizá algún día el Instituto de la Mujer baje la guardia -lo cual sería un alivio- y se consume el milagro. Estoy convencido de que una moza semejante nos curaría de golpe a casi todos...
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David Millán
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