Ni el PSOE cree en la paridad...
14.05.07 @ 00:34:47. Archivado en Actualidad
Si no lo digo -o mejor dicho, si no lo pongo en negro sobre blanco- a lo mejor reviento. A mi humilde juicio, la paridad obligatoria hombre-mujer en listas electorales, gobiernos, consejos de administración, misiones tripuladas a Marte o tiendas de ultramarinos es -junto con los vergonzantes concursos de blogs- uno de los más graves atentados espirituales en contra de la dignidad humana de nuestro tiempo. Dar carta de naturaleza a ese gran avance del "feminismo" zapateril equivale a convertir a nuestras queridísimas madres, hermanas, hijas, cuñadas, amigas, amantes, esposas, concubinas, compañeras y vecinas en un simple relleno incapaz de alcanzar sus objetivos personales y profesionales por méritos propios, en una molesta cuota que hay que cubrir por imperativo legal. Al fin y a la postre, la llamada Ley de Igualdad lejos de tener alguna relación con el feminismo (entendido como "movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres"), es una de las leyes más machistas de nuestro ordenamiento jurídico, pues convierte a la mujer en una eterna menor de edad, indefensa ante la vida de no ser por la oportuna intervención de un paternalista "defensor de las mujeres" llamado José Luis Rodríguez Zapatero. Sin él y el Instituto de la Mujer, el género femenino se encontraría completamente desamparado, a la intemperio ante las acometidas del lenguaje sexista y de los anuncios de Dolce & Gabbana...
Como no podía ser de otra forma, los demócratas deben acatar las leyes en cuanto éstas son aprobadas por los respectivos parlamentos, aunque sean completamente lelas y contraproducentes o aunque no se esté de acuerdo con ellas, tal es el caso que ahora nos ocupa. Es por ello que me llama poderosísimamente la atención que, tal como ha desvelado Periodista Digital este mismo fin de semana, sea el propio PSOE -y no el PP, contrario al engendro- el principal incumplidor de la Ley de Igualdad de cara a las próximas elecciones municipales. Y la verdad es que es de risa: ni siquiera los propios socialistas creen en los dogmas pseudorreligiosos impuestos por sus sectarios dirigentes. Y también es de pena y le entran a uno ganas de llorar: prácticamente ninguno de ellos tiene valor para expresar su discrepacia en público, como si les acogotara el temor de ser quemados vivos por el Santo Oficio Feminista...
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David Millán
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