La cortina de Ummo
05.05.07 @ 20:05:50. Archivado en Actualidad
El conciliábulo se celebró en el sanctasanctórum monclovita. "La Bodeguilla" había sido, desde la noche de los tiempos felipista, el lugar de encuentro ideal para los más dilectos popes del progresismo hispano. A lo largo de los lustros -desde las postrimerías de 1982 hasta la actualidad mediata-, infinidad de importantísimos personajes -casi siempre fieles al régimen despótico- dieron lustre a las larguísimas sobremesas del discreto enclave. Al fin y a la postre, el telúrico lugar estaba energéticamente preparado para hacer las veces de logia informal. Bien es verdad que Aznar ordenó exorcizarlo tras su pírrica -y ya olvidada- victoria electoral, pero tras tres intensos años de gobierno ZP "La Bodeguilla" había recuperado su época gloria. Ahora los espíritus malignos -o sea, socialistas- correteaban a sus anchas en el propicio ecosistema, mientras el presidente Zapatero (masón) y su fiel lacayo Pepiño Blanco (de la orden de los illuminati) discutían (café, copa y puro en ristre) cómo repartirse ateamente los trozos del país, una vez España se balcanizara ya del todo. En definitiva, se estaban solazando en los parabienes de aquella maravillosa tarde de primavera mientras esperaban la llegada de un invitado muy especial. La llegada de uno de Ummo.
A la hora convenida, los goznes de la transilvánica puerta principal comenzaron a rechinar aterradoramente. Sin embargo, nuestros protagonistas -lejos de acongojarse- no sintieron el menor temor ante la impactante arribada del humanoide. Cabezón como pocos (llevaba una copia de todo Internet en el encéfalo), el insólito ser debía de medir dos metros de altura. Sobre otra clase de medidas no podemos ni debemos pronunciarnos. A tenor de su magnitud, podía haberse ganado la vida como jugador de la NBA. Sin embargo, sus gafas de montura de concha y el poemario de Gamoneda que portaba en ristre le delataban. Se trataba de un intelectual de tomo y lomo; extraterrestre, sí, pero intelectual al fin y al cabo.
-Jau terrícolas -saludó el habitante de otros mundos, tratando de forzar su pequeña boca para esbozar algo remotamente parecido a una sonrisa neozapateril.
-José Luis, este es el ummita... -explicó el bueno de Pepiño en tono profesoral, acercándose de forma discreta al pabellón auditivo del presidente.
-Anda que si no me lo llegas a decir no me entero... Ja, ja, ja. Bienvenido señor...
-...me puede llamar Patroclo, presidente...
-Bien señor Petronio, puede tomar asiento cuando guste. Estamos deseando hablar con usted.
Y vaya si hablaron. Durante un par de interminables horas -que cundieron como días con sus correspondientes noches-, departieron sobre todo lo divino, humano y alienígena. Patroclo se deshizo en elogios al presidente, pues su fama había alcanzado los últimos confines del universo conocido. No sin razón, en Ummo se le equiparaba con Darth Vader, El Mulo y el diabólico Ming de Mongo. El presidente -profundamente ruborizado- aseveró que no sabía que su buena fama había llegado hasta tan lejos y que aquello le regocijaba en gran manera.
-Sin embargo, no se os ve feliz presidente -declaró el ummita con verdadera pena-. Lo percibo en vuestra mirada perdida...
-Dices verdad, Petronio. Buena parte de la opinión pública está en mi contra y las noticias que me perjudican crecen en progresión geométrica. Es algo que me entristece profundamente. ¿Qué suele hacer el mandamás de vuestro planeta en estos casos para recuperar el favor del pueblo?
-Muy sencillo, presidente: lo que los ummitas hacemos en estos casos es extender una cortina de Ummo...
-Petronilo, no entiendo qué queréis decirme con ello...
-Es muy sencillo, en verdad. ¿No os dais cuenta, señor presidente, de que si -haciendo uso de vuestro poder omnímodo- hacéis detener injustamente a una tonadillera como Isabel Pantoja -pongamos por caso y sea solo dicho a guisa de ejemplo; podría haber dicho cualquier otro nombre- lograréis distraer por completo la atención de la opinión pública? De ese modo, todo el mundo estará mentalmente anestesiado y nadie prestará atención a aquellos escándalos que en verdad os perjudican...
Los comensales no pudieron menos que alabar la perspicacia del ummita. No había duda: se encontraban ante una inteligencia superior...
Esta fidedigna reconstrucción de los hechos está directamente basada en los testimonios de Antonio Basagoiti, Esperanza Aguirre, Miguel Arias Cañete, Eduardo Zaplana y otros grandes conspiranoicos del Partido Popular. Sin las técnicas historiográficas de Luis del Pino y Juan José Benítez me hubiera sido imposible llevar a cabo esta tarea...
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/92174
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Que el jefe de la lógia de los Iluminnatti soy yo.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
David Millán
autor
Contacto








