El Club Deportivo KAJ de Salamanca, entidad asociada a la Federación Española de Kenpo (FEK) y que dirige el profesor Carlos García Almaraz, lleva doce años celebrando todos los meses de diciembre su ya tradicional entrenamiento de invierno conocido como SHUGYO. Se trata de un entrenamiento marcial que se desarrolla en plena naturaleza y en horario nocturno, un sistema que me ha llamado mucho la atención.
Por ello, a continuación os reproduzco la información que me han cedido mis amigos del Club KAJ sobre el SHUGYO.
Un concepto muy relacionado con el espíritu marcial de la cultura oriental es el que vamos a abordar en este artículo. Intentar explicar una noción oriental resulta arduamente complicado debido a que el proceso de percepción y comprensión occidental es diametralmente opuesto al oriental. Es decir, mientras que nuestra cultura occidental para comprender cualquier objeto o idea necesita descomponer el “todo” en sus diversas “partes” que la componen y examinarlas por separado, la cultura oriental lo observa desde el “todo” y así llega a tener conocimiento de sus distintas “partes”. Así, para entender correctamente dicho concepto, deberíamos poseer unas concepciones netamente orientales, por lo que deberemos hacer un esfuerzo por cambiar nuestra visión para llegar a percibir la propia idea como un todo. Y es en ese instante, cuando la concepción de shugyo adquiere su verdadero significado.
En primer lugar, me parece lícito señalar que el pueblo japones se formó a partir de una miscelánea de corrientes migratorias, y por analogía surge el Shinto como “religión autóctona” del Japón, que se caracteriza por la multiplicidad y el eclecticismo (se encuentra influida por el budismo indio, el taoísmo o confucianismo chino, entre otros). Estas características no son insólitas, puesto que, por ejemplo, el imperio romano, que tan importante fue en la Historia, tiene en el eclecticismo su característica más vital.
Uno de los principales rituales del Shinto (el término kannagara no michi, o camino de los kami es más correcto, ya que Shinto es una terminología empleada en la época contemporánea) es el misogi. Aquí aparece una nueva expresión que se puede considerar inherente a la de shugyo. Mientras que misogi se puede definir como ceremonia de purificación, shugyo tendría una acepción más física, siendo un entrenamiento, una persecución del conocimiento. Serían, pues, la parte espiritual y material, respectivamente, de una misma idea, que refleja una vez más la dualidad que podemos encontrar en el Shinto (lo divino y lo terrenal). En consecuencia, por tanto, procederemos a hablar de ambas partes.
En relación con la Naturaleza encontramos distintas vertientes de esta ceremonia-entrenamiento, que deben considerar la aceptación y adaptación al medio natural.
Mizu Misogi o purificación mediante el ritual del agua. Mente y cuerpo se limpian de cualquier pensamiento negativo subconsciente, de ideas preconcebidas y de respuestas impetuosas y vehementes, tanto en el ámbito Budo como en la vida diaria. Igualmente la podemos encontrar como una práctica meditativa y meramente contemplativa.
Misogi No Jo o purificación por medio de la apertura del Cielo, con el propósito de crear la capacidad de reintegrarse con lo Divino. El movimiento en espiral y vertical del Jo permite limpiar o purificar el Dojo de negatividad y armoniza el Ki del lugar. Simboliza Kami o unión Divina de fuego y agua.
Hiwatari Misogi o purificación a través del fuego. En él se hayan comprendidas las ocho direcciones y los opuestos de fuego y agua.
Misogi es sobre todo, perfeccionamiento y cambio de conducta; misogi implica una limpieza interna del subconsciente.
Misogi se realiza a través de Shugyo, fusionando con la Naturaleza (Daishizen) para recuperar Kannagara no-michi. En la práctica, nos movemos hacia el interior, superando los límites considerados en el pasado. El practicante debe dar lo mejor de sí mismo.
Como hemos dicho anteriormente shugyo es la parte más física y material de una ceremonia. En un sentido más estricto la consabida expresión se fijaría como entrenamiento austero. Tendría como objeto purificar la técnica y el espíritu mediante la práctica diaria. Si bien, del mismo modo supondría un trabajo de depurar y purificar la calidad de vida. El espíritu de Shugyo representa la incansable y constante búsqueda de la armonía con la naturaleza. Es un utópico viaje en busca de la verdad. Y es en este camino o michi a través del entrenamiento físico, en el que encontramos su significado último que va más allá de la mera técnica física o del resultado del enfrentamiento con un oponente. Shugyo no quiere sólo decir "ejercicio" o "entrenamiento" sino progreso de la personalidad, la adquisición de la destreza de vivir noblemente.
El shugyo puede ser un entrenamiento diario como hemos reflejado, o, de igual forma algo, excepcional. Es una ceremonia o ejercicio en el que se rebasan límites. Estos límites normalmente son físicos, pero el objetivo trasciende de lo físico buscando una purga psicológica o espiritual. El shugyo comienza cuando nos levantamos, sigue cuando desayunamos o nos lavamos. Son, pues, habituales acciones de la vida diaria, pero con el enfoque de auto-perfeccionamiento que conlleva su práctica.
sta es una costumbre que se ha extrapolado, con el paso del tiempo, de la cultura japonesa a la china, o al resto de culturas asiáticas, siendo una práctica extendida en las distintas artes marciales. Asimismo, cabe indicar que no solo se ha divulgado la sección meramente física, sino su significado, adaptado a cada arte marcial y su consiguiente tradición.
El valor teleológico del shugyo y misogi es en cierto modo la esencia de cualquier arte marcial. Por ello, como me dice mi Sensei ser Budoka no es alcanzar una correcta instrucción y un completo conocimiento marcial teórico y técnico en las artes castrenses de tradición asiática, como así lo llegan a garantizar muchos “entendidos”. Incluso, como si de un auténtico axioma se tratara. Eso puede hacerlo cualquier persona en poco tiempo y de forma relativamente sencilla. Ser Budoka, es una aptitud, una forma de conocer, de sentir, de pensar, de juzgar, de reaccionar, de afrontar con constancia y firmeza las acometidas de la vida y de imponerse a las contrariedades. Es hacernos cada vez más eficientes mediante las armas del conocimiento y la práctica sincera, la cual nos proporcionará un auténtico maestro. En definitiva, mushin.
Más información en: http://www.kempoaikijutsu.com
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A mi me parece un entrenamiento demasiado duro para la práctica amateur.
Gracias por el comentario y las fotos. Es muy interesante: nos devuelve a la esencia original de las artes marciales que tiene que ver más con el interior que con el exterior.
En Occidente sólo nos fijamos en el desarrollo físico y las bofetadas que podemos dar al rival, pero en Oriente es más común la idea de aprovechar nuestras artes para el desarrollo interno y para dar bofetadas a nuestro propio yo mundano que es el verdadero rival.
Jo, parece un entrenamiento en plan Rambo. Como mola. Aunque tiene que ser bastante jod...
Lunes, 28 de mayo