La extradición polariza
24.09.07 @ 02:55:33. Archivado en General, Archivo
Una nueva agresión se ha cometido contra el memorial "El Ojo que Llora", monumento que la escultora Lika Mutal dedicó a las víctimas del conflicto armado interno en el Campo de Marte, del distrito de Jesús María en Lima. Esta tarde, al promediar las 3 un grupo de 12 personas agredió al vigilante y causó destrozos en el monumento, embarrándolo con pintura naranja. Escribe Iris Jave.
Este ataque se produce cuando se ha logrado la extradición del ex presidente Fujimori y ha sido recluído en un centro de detención. Si bien la extradición es un gran logro para el sistema judicial pues es la primera vez que se extradita a un ex mandatario a causa de delitos de derechos humanos lo que viene ahora es un complejo proceso judicial que irá acompañado de acciones políticas y mediáticas de actores que defienden al ex mandatario y de otro lado, el sector de la población que se ha mantenido firme en su lucha por la justicia y contra la impunidad.
Hechos como el ataque al memorial "El Ojo que Llora" sólo buscan provocar, desacreditar a quienes se considera adversarios de Fujimori por buscar la justicia y evitar la impunidad: los organismos de derechos humanos. No sería extraño escuchar a los fujimoristas decir que se trata de un "autoatentado". Aunque nadie ha reclamando la autoría del hecho, el color naranja es el símbolo que reivindican los seguidores de Fujimori. Hay que estar preparados, es probable que este tipo de "terrorismo blanco" aparezca ahora con cierta vehemencia buscando polarizar aún más a la opinión pública.
Ciertamente ese es un resultado de la extradición: la polarización de los sectores políticos en el país, de un lado, se encuentran quienes intentan convertir en una víctima al ex mandatario y recuperar así capital político que les permita colocarse nuevamente en el escenario político. Y no sólo ellos, sino también aquel ciudadano cuyo sentido común le orienta a "aceptar el robo o el asesinato si es que hace obra". De otro lado, sectores quizá no tan políticos y sí más sociales, como el movimiento de derechos humanos o líderes de opinión que reivindican la defensa de la democracia y los derechos humanos como uno de los bationes del liberalismo. Aquellos que intentan colocar en el país una agenda que ponga en debate la memoria del conflicto armado interno, que la justicia procese y sancione a quienes delinquieron y que saquemos lecciones para el futuro. Su tarea no es fácil, pasa por situaciones que ellos no manejan: el comportamiento de los jueces y fiscales y la voluntad política de las autoridades para administrarla.
Estas situaciones complejas constituyen una oportunidad para poner a prueba nuestro sentido de la justicia, vigilar con energía que los procesos sean limpios en todas sus dimensiones y garantizar una actuación neutral y sin ánimo de venganza. La polarización de los sectores políticos puede ser una ocasión para poner en debate los temas sobre los cuales no se quiere hablar pero también de actuar con tolerancia, el proceso de extradición del ex mandatario peruano se puede convertir en un referente de justicia para el mundo.
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Iris Jave
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