Viaje misterioso
19.08.08 @ 19:15:01. Archivado en Sobre el autor
- Disculpe ¡ese soy yo!
- ¿Perdón? No le entiendo.
Me contesta incrédulo, al final del pasillo de vuelos nacionales, el taxista del cartelito manuscrito con mi nombre. Luego ojea mi maletín provinciano, se convence que soy el piurano al que vino a recoger, y se transforma en el chofer de casaca negra más amable de esta medianoche del aeropuerto de Lima. “Permítame señor”, “suba por favor”, sigue recitando cortesía enlatada que contesto con monosílabos, porque empieza a molestarme un cosquilleo parecido al miedo. Acabo de llegar a Lima invitado por el Instituto Prensa y Sociedad (Ipys) a exponer sobre narcos, robo de armas y policías asesinados en la frontera Perú-Ecuador, tema de un reportaje que les envié hace dos meses para un concurso. Pero, camino al hotel, me entra la duda. ¿Realmente será de Ipys la señorita que me envió los pasajes aéreos por Internet? Jamás le pedí su número. ¿El amabilísimo chofer me está llevando realmente al cinco estrellas de Miraflores, donde esa señorita prometió alojarme? El viaje parece interminable. ¿Si 86 periodistas murieron en lo que va del 2008 en todo el mundo, algunos en el Perú, ¿voy a ser el número 87?, bromeo en silencio cuando el auto negro después de mostrarme la Lima desierta y noctámbula de la madrugada, enfila por la Costa Verde, junto a un mar negro que da frío. Y miedo. Y reviso mis 13 años de reportero policial en Piura, he sido herido a piedras en una operación antidrogas, asaltado en una protesta, ni los asesinos, asaltantes, violadores o terroristas que entrevisté en todos estos años me asustaron como ahora. Pienso en la casa de Ayabaca donde nací y en la Universidad de Piura donde estudié y enseñé, en mi escritorio de redactor y editor de El Tiempo de Piura, en mis libretas inscritas con nombres de muertos y heridos, en mi blog en Periodista Latino, en mis crónicas publicadas por Letralia Tierra de Letras, en mis dos premios nacionales de periodismo de la Red de Prensa Turística del Perú, y en el internacional ganado en Buenos Aires Argentina. A todo esto, no sé como se llama el tipo por el que me dejo llevar ¿secuestrado? No me ha pedido DNI. Me siento como un burrier al que le está prohibido preguntarle el nombre al capo mientras le entrega cocaína.
Felizmente llego completo. En la suite del Sol de Oro donde me instala el botones no duermo. Me pregunto si acabará el suspenso cuando amanezca. Alisto mi ponencia y los números de emergencia. Bajo al auditorio y en lugar de un pistolero me recibe un jurado y delante de las cámaras me entrega una placa grabada con mi nombre. Alivio. Allí dice que gané el premio nacional al mejor reportaje sobre narcotráfico. Pero al rato alguien de los asistentes al Seminario internacional y premiación, me devuelve otra dosis de misterio.
- Asegura bien los dólares
Acelero el paso, busco en el estuche, debajo de la placa. Lo pongo boca abajo. Y no encuentro los 3 mil dólares que gané. Alguien me los cogió. Ya estoy imaginado la noticia “roban premio a periodista en plena ceremonia”, cuando veo llegar a Miguel Ramírez, otro de los ganadores.
- Miguel, disculpa una consulta, no te vayas a reír. Me han robado mi premio.
El paisano castellano, investigador del emblemático caso Cevallos, me abraza y se echa a reír. Y su frente brilla graciosa. Y por fin acaban mis temores en el Sol de Oro.
- El premio lo depositará después en nuestras cuentas.
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