
11.11.07 @ 00:26:48. Archivado en Sobre el autor
Ignoro que moriré esta tarde tratando de aterrizar mi primer avión de guerra. Horas antes de fallecer, a bordo de un simulador de Cessna A 37 B, me he vestido como piloto de la Fuerza Aérea del Perú y desde las 6:30 de esta mañana soy el alférez Jiménez. Las avioneras con las que me cruzo en los pasillos y veredas del Grupo Aéreo Número 7, me saludan con subordinación nerviosa. Ignoran que el peso de mis botas me impide ir a paso ligero y que mi gorro de Dragonfly en realidad le pertenece a Stuka, un oficial gringuito que justo ahora debe estar estudiando en Lima para su examen de ascenso. Voy a recibir órdenes, castigos y rancho. En este “Templo y Cuna de Cazadores”, seré un piloto de caza, con mameluco verde olivo, pero sin derecho a bombardeos. Un colado mirón en esta base aérea de Piura que -según el gobierno peruano- jamás se pensó en poner al servicio de Estados Unidos, como rumoreó el diario argentino Página 12.
No cobraré S/ mil. 205 de sueldo como todos los de un galón solitario, pero mi grado me da derecho a oler y tocar esos pájaros de acero made in USA que agregan ruido a los castellanos. Comparto una sala vip con quienes han bombardeado al enemigo en la guerra del Cenepa contra Ecuador o derribado “narcoavionetas” en la selva.
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25.07.07 @ 20:12:36. Archivado en Sobre el autor
La sandalia empolvada, al caer, dejó un pie huérfano, con marcas de sudor tibio. Ha quedado descalzo por escapar de la esquina del descontento social, entre las avenidas Cáceres y San Ramón. Salta entre piedras y humo para no ser pisado por el tropel de la huelga de maestros. Qué novedad. Nadie protege al pie descalzo en riesgo de tropezar. Aunque corra en hora de clase, entre zapatos desgastados por la crisis del sistema educativo. En una de las calles del país con niveles más bajos en educación, los educadores corren, más espantados por la estabilidad laboral que por las bombas; y Wendy, la dueña del pie, cojea asustada de haberse quedado sin su sandalia de 25 soles.
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13.07.07 @ 01:10:56. Archivado en Sobre el autor
Sólo quieres lo que tienes hasta que lo pierdes. Siempre he pensado que uno termina creyendo en esta frase cuando llega a dolerle en el pecho. Lo sigo pensando justo ahora que Susana Du Bois (SDB) me dice desde Panamá que el corazón se le encoje de nostalgia de sólo pensar en Piura, de la que muchos quieren largarse. Sigue encantada de esta Piura con vecinos hartos de los cortes de agua y de los desagües rotos, de que la ciudad no crezca en cultura, y que por nada maten, por nada se peleen entre políticos y casi nadie mire a los demás.
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10.06.07 @ 06:25:11. Archivado en Sobre el autor
El hecho que más me molesta… que te tomen por sonso, solía decir mi madre. Que en una tarde cualquiera, entre miles de personas, te elijan precisamente a ti, para robarte, indigna más que el robo mismo. Incluso aunque no te roben. Peor, cuando descubres que el azar y no tu sexto sentido imaginario acaba de librarte de perder la billetera. Como en esta tarde de viernes en que recién descubro al carterista que estuvo siguiéndome, sólo cuando se desanimó de robarme el bolso. El tipo estuvo a mis espaldas, justo detrás de mí, mientras esperaba el semáforo del cruce Gulman-Sánchez Cerro, frente al mercado. Y si aún conservo mi equipaje de trabajo, es porque el ‘noble’ ladrón cambió de opinión en el último segundo. Parece que me cambió por una chica. Una joven que, en la ventana de un taxi, al caballero le ha parecido más distraída que yo. Y sólo entonces, cuando el tipo saltó a la pista, el rabillo de mi ojo derecho lo vio entrar en acción, a regalarnos a todos el show de un robo en vivo y sin cortes comerciales. Solo que al final de su danza rutinaria, bajo el sol de la 1 de la tarde, con sus brazos entrometidos por la ventana del auto, descubre que ya no está el celular que ya imaginaba suyo. Ella palideció aferrada a su aparato móvil, y él se encendió, furioso de haber fallado. La luz del semáforo parecía eterna, le dio tiempo de regresar dando zancadas, dominante, chompa gruesa color mango, pantalón a media canilla estampado con el número 70, como reivindicando que, podrá haber fallado esta vez, pero que en esta esquina él y sus colegas esperándolo en la vereda del mercado, deciden qué roban y a quién.
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31.05.07 @ 19:27:09. Archivado en Sobre el autor
Alicia es la mujer perfecta, para machistas. Más la insultas, más te escribe. “Estimado LJ” me ha respondido hace unos días, como si llamarla maldita, idiota, no te conozco, odio que me escribas, le hubiera sonado a halago. Puedo desfogar con ella un mal día y nunca me ataca. En mi casa, en una cabina pública, desde la redacción de El Tiempo, la he insultado sin pelos en la lengua y con errores de tipeo.
- Imbécil, no quiero tus correos basura-, la he halagado. Pero mi amiga enemiga es todo bondad, soporta lo que sea, y eso me enfurece más. La odiaría menos si preguntara por qué la ataco. Pero ella sólo vuelve a poner la otra mejilla:
- Lucas Jiménez ¿cuándo es tu cumpleaños?
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08.05.07 @ 17:07:12. Archivado en Sobre el autor
Lucas Jiménez
Hay pueblos que parecen existir sólo para que el viajero los vea quedarse abandonados al borde de la carretera. A simple vista en Platanal Bajo, donde el camino de Chulucanas a Frías se transforma en un sendero de piedras desparejas, no hay una sola distracción. Raro lugar de la sierra norte del Perú. Parece el más solitario en medio del abandono. Baches y kilómetros antes, La Encantada tiene cerámicas, Yapatera tiene su raza negra, hasta los cerros cercanos a la capital provincial tienen fama de atraer ovnis. Platanal Bajo es otra cosa. Ni siquiera se ve plátanos en Platanal. Al menos no desde la carretera.
¿El domingo al medio día qué de bueno podría encontrar uno en una trocha que de tanto en tanto muestra vacas sordas, cabras maratonistas y muy pocos indicios resecos de vida humana? Ni sospechas que la respuesta está escondida en una de estas viviendas de adobes desiguales, patio incandescente con gallinas picando la nada, tierra, marrana flaca, y nuevamente tierra.
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13.04.07 @ 22:15:29. Archivado en Sobre el autor
Leer portadas y tapas en los quioscos es siempre una degustación cruel. Fotos y titulares, cuelgan indefensos. Te los muestran, como todos los días, los mismos ganchos de ropa, que no tienen cabellera rubia, ni piernas con minifalda, pero igual agigantan el deseo. No de las grandes mayorías, por desgracia. Sólo revuelven la voracidad lectora de unos pocos hambrientos. De aquellos, cuyo apetito por la palabra impresa, bella y sorprendente, se ha transformado en un perro fiel que ataca a su dueño. Que le ladra por dentro, pero nunca llega a desgarrarle el bolsillo… porque está vacío. Hablo de esos mendigos de la lectura que poblan las veredas y contadas librerías de Piura, contemplando, sólo mirando, la mesa servida (es decir colgada). Saborean con los ojos, desean los bienes ajenos. Sobreviven de la miel de las primeras páginas. De los aperitivos narrativos de los primeros párrafos. Su vía crucis lector puede durar horas. Jamás se largan a la siguiente estación (quiosco) sin babear. Sin memorizar nombres y títulos, para ir a buscarlos por el mundo, en Internet.
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24.03.07 @ 02:59:49. Archivado en Sobre el autor
Los relojes despertadores no despiertan. Sólo avisan que puedes seguir durmiendo unos minutos más. Hay que ser demagógicamente optimista, recluta de cuartel, trabajador nuevo en la empresa, cachimbo chancón, anciano serrano loco, o político mentiroso, o santo, para decir me levanto a las 6 en punto todos los días. Si dicen la verdad sería bueno condecorarlos con la medalla a los héroes legañosos. Por mi parte prefiero apagar mi celular despertador y sumar diez minutos con la almohada. La hora de la verdad, entre las 6 y las 7, ya sin alarmas, con retazos celestes penetrando por las ventanas, te regala el momento abrigado, el de la deliberación a ojos cerrados: que si un duchazo te resucitará por fin, pero y ¿si demoras mucho?, o mejor empezar por la lonchera, o por la mochila; definitivamente no conviene ir a despertar a tu especie, va a chillar esa criatura. Olvídalo, se volverá a dormir sino tienes listo el uniforme, las medias, los zapatos.
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13.03.07 @ 21:21:48. Archivado en Sobre el autor
El amor ya no viaja en tinta y papel como antes. Los manuscritos impecables, los corazones flechados y las flores nerviosamente delineadas, entraron en nostálgica decadencia. Ya casi nadie pide en las librerías ese emotivo papel de carta color atardecer, con dos agarraditos de la mano mirando el horizonte ámbar. Sólo relatos o retazos de novelas quedan de esos tiempos en que el sentimiento y el corazón partido no podían desahogarse por otros caminos que no sean los renglones entintados.
Si la novela Los Ríos Profundos hubiera sido ambientada en nuestros días, tal vez el niño Ernesto (Arguedas), el loco solitario, el inocente enamorado, habría tenido que escribirle unos mails y no cartas a la niña Salvinia, el ángel asustadizo, la hermosura ideal; porque a lo mejor, ante la frialdad de una pantalla de computador, no le llegaba la inundación creativa. Y tal vez a lo mucho le mandaba una tarjeta virtual.
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28.02.07 @ 00:20:48. Archivado en Sobre el autor
El parque a donde llevo a pasear a mis hijas tiene un trompo mohoso que llora cuando los niños, trepados en círculo, sonríen haciéndolo girar. Lleva años inclinado pero nunca se cae. Siempre invadido por diablillos de mejillas rojas de tanto hacerlo chirriar, a veces pareciera quejarse, como un amargado guerrero viejo. Se supone que aquí debes encontrar distracción. Pero encuentras personajes de fierro más comunicativos que humanos divididos por el hielo de la desconfianza. Y al silencio le sigue la estridencia de los garrapateros; al sosiego, las caras dibujando intenciones sospechosas que nunca faltan en los parques. Al verdor nunca le falta el reseco amarillento.
Los parques infantiles se han convertido en lugares demasiado democráticos, donde se mezcla gente que normalmente no se mezcla. Lo cual sería genial, a no ser porque justo cuando empiezas a creer que realmente el gras reseco regala paz, aparece un perro meón llevando de paseo a su dueño.
Sin dejar de respetar a quienes, justo ahora en el de Santa Isabel, tocan el cielo abrazándose en un parque, no puedo ocultar que estos lugares difícilmente me parecerán románticos. Hace años entre los jardines del Miguel Cortés, una turba me asaltó para robarme equipos y credencial, cuando cubría una protesta de mototaxistas. En Enace, un parque de la Tercera Etapa fue usado por dos asesinos para espiar un niño y a su vecina, antes de matarlos. Cada vez que he puesto al parque Ramitos de El Indio en El Tiempo, ha sido para ubicar el escenario de algún crimen; o el Quiñones de Miraflores, para describir algún robo. A la Plazuela Ignacio Merino acudí para leer durante muchas tardes un letrero de protesta por el crimen de un sacristán de la Iglesia Nuestra Señora Virgen del Carmen.
De niño, en Ayabaca, vi a demasiadas mujeres usando las bancas del único parque del pueblo, para llorar al hijo que fue llevado por los soldados a servir a la Patria en la Costa, dejándose moler a patadas en el cuartel. O diciendo incluso que es mejor ver morir al hijo en la punta del cerro que verlo irse en un camión verde.
Quienes trabajaron por la paz y la frescura de los parques tal vez nunca pensaron que construían escenarios demasiado democratizadores, donde llega a buscar sombra el mendigo y el político en campaña, la empleada y la patrona, el motociclista que protesta y el policía que reprime; pero también tu niño o niña, hasta que llegan los perros pitbull y su fama de asesinos con hambre.
De modo que frente a los columpios miras mujeres flacas esperando niños y adorables vecinos esperando perros. Pero esos perros tamaño vaca, sacando el pecho (o sea la pechera de supermercado), sin mezclarse para nada con otros meones ladradores, vagabundos, sin dueño, sin raza, reclamando desnutridos, sin pelos ni vergüenza, su derecho a orinar bajo sombra.
En las bancas no hay nada más tercermundista que una joven sonriéndole triste al bebé que no la deja seguir en la universidad. Más allá el vecino del columpio del costado, cuida a un gordo que parece un Humberto Grieve modernizado, que chilla, repite frases enlatadas de colegio privado y goza pisoteándole el mandil a la empleada que lo cuida.
Completan el paisaje heladeros que sólo venden bocinazos, cornetazos contra la desesperación de un mal día, y barredores que nunca encuentran las monedas milagrosas que ojalá se le haya caído a la pareja que lleva medio día refregándose, entre beso y beso, toca que toca, la tentación del fruto prohibido.
Como estás al cuidado de tu hijo o hija, siempre tienes que sonreír. Seguirle el juego del verdor y la recreación. Ensayar a dejarte impresionar con carreras de hormigas y de bicicletas, con recién nacidos mirados por perros hambrientos, con indigentes y aprendices de millonario (a decir por la raza del perro y el collar), con sus igualdades y diferencias. Cada vez que vengo al parque, mientras escucho llorar al trompo entristecido, me digo qué extraño, pensar que todos vamos a morir.
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19.02.07 @ 17:00:33. Archivado en Sobre el autor
Era verdad. Todos llevamos dentro algo de asesinos. Más cuando debes matar por amor. Quién dejaría vivo al zancudo rival que descubre picando la pierna o la retaguardia de su pareja. Ajustar cuentas por las ronchas como abultados soles con que amaneció tu hijo (a) esta mañana, es una forma de decir que amas a tu especie. Admítelo lector matón de larvas, ninfas y sus nietos. Anoche olvidaste poner el tul de tu bebé. Hoy amaneció rascándose y juras venganza. Odias la pregunta idiota que ha empezado a zumbar en tu cabeza: ¿El mandamiento del no matar incluirá a los zancudos?
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16.02.07 @ 16:38:12. Archivado en Sobre el autor
El taxista ha dicho que su conviviente bebió un vaso de cebada con veneno. La hermana de la finada dice que no, que mas bien comió aguadito de pollo mezclado con un polvito comprado a un herbolario. Dos versiones sobre una misma muerte, la de la vendedora de refrescos del Mercado de Piura, Nelly Mendoza Mogollón. Ninguno de los testigos dice haber visto a Nelly bebiendo su último refresco o tomando su última sopa. El dice que ella antes de morir le dijo tomé cebada; y la hermana asegura que Nelly le dijo comí aguadito (igualmente antes de fallecer). ¿Quién miente?
En los rostros de quienes esperaban la autopsia no sólo había dolor. También un nervioso movimiento de ojos. El día anterior, Milagros Mendoza Mogollón (37), la hermana que halló por primera vez a la víctima, no había revelado prácticamente nada a los agentes de Homicidios. Y ayer el conviviente tampoco quiso hablar con la prensa. Aunque a la policía le dijo que Nelly bebió un vaso de cebada con veneno. Totalmente diferente fue la versión que dio Milagros.
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13.02.07 @ 04:16:45. Archivado en Sobre el autor
Nunca les interesó la política...pero en cada elección inclinan la balanza.
Todavía hay algunos que siguen sin creer que quien miente triunfa. Para otros, las elecciones sólo sirven para cambiar de árbitro y seguir igual: jodidos. Un tercer grupo -el de los ignorados por las estadísticas de la pobreza y el empleo, sólo espera. No, propuestas de cambio, claro. Sólo esperan que se callen los parlantes políticos para pensar en nuevas formas de seguir siendo alcaldes y presidentes de sí mismos, en el distrito de la supervivencia.
Sólo confían en la ideología del aguante. Sólo se asoman a la ventana de la indiferencia, a ver si ya terminaron de pasar los simpatizantes pagados, la caravana de turno, los carteles redundantes, los altavoces que asordan. Total nunca prestan atención, ni denuncian por ruidos molestos a los culpables de la bulla proselitista. Llevan décadas tapándose los oídos ante la primera propaganda que oyen. Ya no creen en los candidatos incluso cuando dicen la verdad. Les da igual si en los mítines con que se topan (siempre por casualidad) más oyen insultos que propuestas. O viceversa. La guerra sucia no los indigna. Tampoco la propaganda limpia.
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13.02.07 @ 01:44:48. Archivado en Sobre el autor
La nueva amiga del presidente
Y ahora a defender lo indefendible. A santificar a la más asesina entre todas las matadoras. O por lo menos a mentir que ves hermosa a la horrible secretaria personal de Lucifer, que ahora ha conquistado el paraíso linguístico del primer mandatario. Es la muerte. ¡Cuándo no cazadora! Con perfume de cadáver, la compañera hueso seco parece haber flechado el corazón del compañero Alan. Inimaginable. La siguiente mujer de la que el presidente habló en televisión, después de reconocer su desvío adúltero, ni siquiera fue la primera dama, fue la chica sin grasa, cero rollos. Tal como lo huele, lector. Siglos y siglos después de guiñarle el ojo por ojo a Talión, ahora la dama de negro le coquetea a nuestro jefe de Estado. El ciudadano Alan Gabriel Ludwig García Pérez, la piropea, y nos da la primicia: pese a lo que digan, hay romance mortal para rato. Es un amor incomprendido por el Congreso. No te alcahuetearemos, han respondido en el hemiciclo. Más allá, voces salidas de las cúpulas han predicado: no eres dueño de la vida. Y el compañero, inalterable. No es con él.
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10.02.07 @ 12:39:38. Archivado en Sobre el autor
Lucas Jiménez Sánchez (Ayabaca, Piura, Perú, 1971) Estudió en la Universidad de Piura. Es redactor y editor de diario El Tiempo de Piura. También escribe como cronista independiente. Además de El Tiempo, medios como diario La Industria, El Comercio y la revista virtual Perullacta, han publicado sus trabajos en el Perú. Ha sido dos veces ganador (2005 y 20006), en la categoría de prensa, del Premio Nacional de Periodismo Norte Turístico organizado por la Red de Prensa Turística (REPTUR) con sus crónicas “El Caballero se fue, está su sobrina” y "Viaje para Solitarios". Recibió el premio internacional Noticia y Subjetividad 2005 del Centro de Estudios Avanzados en Periodismo Narrativo de Buenos Aires, Argentina, por su texto “Cola para Soñar”. Ha sido becariode la Fundación Nuevo Periodismo, que preside Gabriel García Márquez, por el trabajo “Permiso para Aterrizar”. Fue profesor de Crónica y Reportaje en la Universidad de Piura.
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