Saliendo de Madrid por la N-6 hay un punto en el que los coches instintivamente reducen la velocidad sin necesidad de la nueva ley que la limita. Lo hacen para mirar hacia un edificio con un único despacho del que sale la inmortal Lucecita de la Moncloa.
Bajo esa luz, el Titán cavila. Recibe así las ideas y proyectos que cambian la economía española, como el de las zapatillas Kelifinder para buscar piso, o la de la bombilla de bajo consumo que iban a regalarnos a todos, pero que como sólo era una, se la quedó el Líder.
Es la lámpara maravillosa de Zaladino, bajo la cual --tras las reducciones de sueldos, la congelación de pensiones o imponer como velocidad máxima a los automóviles 110 kilómetros por hora--, nuestro héroe estudia nuevas medidas que lograrán hacernos frugales, santos laicos.
Seguro que su cráneo privilegiado ya ha creado un nuevo sistema de ahorro, un decreto-ley que multe la propiedad de plantas ornamentales, puesto que las macetas deben servir para cultivar patatas y tomates.
Otra idea: los fondos del Plan E de Economía Sostenible servirán para cubrir las piscinas y demás oquedades para crear letrinas comunales. Los ciudadanos depositarán allí su abono natural, que no se perderá por alcantarillas. Es lo que hacen los campesinos de la pujante China. Si los chinos prosperan de esta manera, debemos imitarlos.
Por nuestro bien nos subió el precio del pan, o de la electricidad el 50 por ciento en poco tiempo, y por nuestro bien deberá multiplicar por tres el precio de la carne, porque produce colesterol y con él vienen numerosas enfermedades cardíacas y gastos hospitalarios.
¡Su política nos sanará! Ah, las Lucecitas perennes de nuestro próceres, ¡cuántas veces salvaron España!
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SALAS, http://armandosalas.weebly.com, tiene dos magníficos reportajes-dibujo en la otra versión de Crónicas Bárbaras.
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Yo también soy de los que levantan el pie del acelerador al pasar por delante del chaletito de la A-6, pero ello es debido a una sacudida que sufre mi cuerpo, algo así como un impulso irresistible que hace que mi dedo corazón se enhieste, se crezca, como si fuese paralizado súbitamente por un síndrome vertical, como un calambrazo de dignidad patria. Tan pronto como he sobrepasado el lujoso palacete "zen", mi "corazón" regresa a su normalidad, abandonando el verticalismo.
Consultados varios doctores, todos ellos han coincidido en el diagnóstico: "antizapaterismo agudo, con síntomas de cabreo monumental". Han coincidido también en su final: mayo de 2012. ¿ Será verdad ?.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez