Hay políticos que cuando creen que no hay una cámara de televisión grabándolos se portan tal cual son, a veces como individuos peligrosos y rencorosos de los que nadie puede fiarse.
Como cuando una pequeña cámara recogió el rodillazo en la entrepierna que Evo Morales, el presidente boliviano, le dio alevosamente en La Paz a un opositor distraído y alejado de la pelota durante un partido de fútbol Gobierno-Oposición.
Morales se vengaba de una falta leve recibida antes, y que ahora denuncia como grave tras ver en las televisiones su agresión: trata de justificar su conducta malévola.
Observemos ahora que prácticamente todas las cadenas del mundo presentan la agresión como una anécdota entre nativos bolivianos.
¡Este Evo!, ¡Cosas de Evo!, dicen los comentaristas con una sonrisa para disculparlo, sin recordar que hablan del presidente de un país dos veces más grande que España, con 10,6 millones de habitantes e inmensas riquezas naturales.
En Evo confluyen dos aspectos que para el buenismo del primer mundo atenúan su acción: es un indígena latinoamericano de antepasados explotados hace siglos por los españoles, y pertenece a la izquierda fildel-chavista que se proclama antiimperialista.
Pero imaginemos haciendo lo mismo con un opositor a otros iberoamericanos, los presidentes chileno y colombiano, blancos y de derechas: los gritos llamándoles fascistas, asesinos, traidores y pidiendo su inmediata destitución recorrerían el mundo, y los editoriales de los periódicos de toda ideología advertirían contra cualquier concesión a tales desalmados.
A Evo se le perdona por izquierdista y, sobre todo, por indígena: el racismo paternalista crea distintas medidas que deciden que la dignidad y decencia de las personas son diferentes según su origen étnico.
Es el perenne supremacismo del blanco que oculta con buenismo vergonzante su convicción de que hay razas inferiores.
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VIGIA: No me sorprendes porque ya lo has hecho más veces. Sinceramente te felicito y te diré que con esta copla, me has hecho recordar al maestro, ya fallecido, Jaime Campmany y a dos articulistas de ahora,:Antonio Burgos y Alfonso Ussía. De verdad, te lo digo. Un abrazo
Rodilla de oro le dicen/por golpe tan singular/que atizó escorzo arriba/con mirada sin temblar/ a un contrario que tenía en un escaño plural.
ay! dijo tal contrario/¡ay! en qué parte das/Es golpe bien razonado?/o es golpe qué a fuerza das?
A lo que contestó el tal Evo/con bronca voz: sin piedad/que su rodilla de oro/acaba de declarar/que conozca bien el pueblo/con cuántas partes se da.
¡Este zapatero!, ¡Cosas de zapatero!, decía la gente cuando las leyes de los gays y del aborto y de la memoria histórica, y de la huída de Irak, y de..........y como este tío pertenece a la izquierda fidel-chavista-zapaterista y se proclama antiimperialista, y no se levanta cuanda pasa la bendera yanqui, pues le cae bien a la gente.
¡¡¡Y mira adonde nos ha llevado, el tío!!!
Cuando uno juega, debe aceptar las normas establecidas. En ningún lado y en ningún momento, debe uno tomarse la justicia por su mano. Si al indio Evo Morales, en un lance del juego, le dieron una patadita, es el árbitro de la contienda, el que debe aplicar el reglamento, si vio esa acción,y sancionarla. Claro que si nos aclaran que este partido de fútbol lo disputaban los equipos, del Gobierno y otro de la oposición. No hay que ser muy listo para saber quien llevaba las de perder. Y tanto porque Evo, presidente del país, dio un rodillazo, en donde más duele, al oponente. El "referee", como no podía ser menos no expulsó al agresor y si al dolorido contrario. Todo esto ya lo sabían. Pero me gustaba repetirlo.Decir que Evo, un presidente bolivariano, que está dentro de la órbita del dictador Chávez, puede hacer eso impunemente cae de cajón. Lo que más gracia me hace, es que hace poco vino a Madrid a una reunión iberoamericana. Pero vino a la ¡República española! .No al Reino..Inculto
Lunes, 28 de mayo
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