Fernando Sánchez Dragó nunca dijo explícitamente que hubiera mantenido relaciones sexuales en Tokio hace 43 años con dos niñas de 13, cuando él tenía 31, como le acusan estos días los medios cercanos al Gobierno.
El excéntrico escritor narra en el libro “Dios los cría..” (Planeta), elaborado con Albert Boadella, una aventura de tintes eróticos con dos Lolitas, a las que llama así recordando la adolescente de la novela de Nabokov que enloquecía al profesor Humbert, su lascivo padrastro otoñal.
Dragó deja dudas sobre su posible acto de pederastia, que niega ahora. Pero como fue un gran icono antifranquista e izquierdista que en democracia se volvió anarco-derechista, la caverna radical progresista, que es el fascismo al revés, quiere vengarse de su traición.
Azuzados los diputados por la misma caverna extremista se redactó el articulado del Código Penal de 1995 que consideró delito solamente las relaciones sexuales de un adulto con menores de doce años, sí, de doce años.
La mayoría supuestamente progresista –el PSOE ya estaba muy corrompido—se negó a considerar pederastia una relación de adultos con adolescentes de trece años, y derogó esa calificación que recogía el Código de 1973 porque era franquista, cuando hay normas éticas o morales fundamentales, que son comunes en dictaduras y democracias.
Mucha gente juzgó a los redactores del artículo como pederastas que se autoprotegían, aunque se justificaban alegando que debía alcanzarse la libertad sexual sesentayochista. Ahora, la misma caverna progresí aprobó el aborto quirúrgico a los 16 años sin conocimiento familiar.
Atravesamos la gran campaña contra Dragó, paralela a la que persigue al alcalde de Valladolid, al que encarcelarían porque dijo una grosería casposa sobre Leire Pajín, mientras aplauden al presidente del PSC-PSOE a Jesús Eguiguren, condenado judicialmente por maltratar a su mujer.
Todo esto es agitprop. Desvía la atención del desastre político y económico de este Gobierno.
Y pronto habrá maniobras de distracción mucho más potentes.
Cuando era obligatorio el servicio militar que preparaba a los jóvenes para la guerra, surgió un movimiento de insumisión que recibió las bendiciones progresistas, y que repite ahora el cronista al declararse insumiso ante la llamada ministra de Sanidad, Leire Pajín.
Todos los gobiernos del mundo buscan para estos puestos a profesionales del más alto nivel, no a coronelas de Pancho Villa que leen la mano y transmites fuerzas magnéticas, en el caso Pajín, desde su pulsera “Power Balance”, que se anuncia como milagrosa. Igual la integra en la Seguridad Social.
Es una falta de respeto a los 46 millones de ciudadanos del país que, en lugar de a los mejores expertos, que hay miles de ambos sexos, se le entregue nuestra salud a personajes insolventes y charlatanes de feria más amantes al horóscopo, las piedras mágicas y los ensalmos hechiceros que a la ciencia.
Sanidad es el ministerio social más importante. La antecesora de Pajín, Trini Jiménez, otra apparatchik, fue afortunada porque tomó posesión cuando aún quedaba dinero, y presume como si fuera un éxito haber gastado colosales cantidades de euros en vacunas inútiles contra la gripe A, en contra del criterio de los científicos más solventes.
El nombramiento de Pajín muestra el desprecio que siente Z. por los españoles, habitantes de un país de políticos insensatos.
Por ejemplo, un alcalde machista, médico militante del PP, no denuncia la ineptitud de la llamada ministra, sino que habla de su propia libido.
Mientras, el ministro José Blanco, en su obsesión anti-PP, sugiere en un mitin que Mariano Rajoy no es heterosexual, algo que también insinuó bromeando Alfonso Guerra, entre risotadas groseras y cómplices de sus conmilitones.
¡Qué nivel! Así que el cronista se declara insumiso a Pajín y apátrida ante quienes nos tratan como a cobayas: los experimentos, con gaseosa.
El gobierno Zapatero espera venderle a Arabia Saudita unos 200 carros de combate Leopard por valor de unos 3.000 millones de euros, la mayor operación comercial de armas españolas de la historia.
Se fabricarán en General Dynamics-Santa Bárbara de Sevilla, aunque toda su tecnología es alemana y estadounidense.
Arabia Saudita, con cuatro veces la superficie de España y solamente 28 millones de habitantes, es la base religiosa de la versión más estricta y misionera del islam sunita, el wahabismo.
Dedica a la predicación buena parte de sus ingresos petroleros. Construye mezquitas --la mayor de Madrid en 1992--, y sostiene a los imanes de su tendencia salafista o purista e integrista. Bin Laden y Al-Qaeda son el resultado extremo de ese wahabismo.
El país arábigo se rearma, con inversiones de hasta 60.000 millones de euros, para defenderse de Irán, país dominado por el chiísmo, secta islamista rival. Ambas están en constantes guerras santas desde hace catorce siglos.
El Irán de los ayatolás une el chiísmo fanático al imperialismo de la antigua Persia. No sólo Israel, sino también los países sunitas, mayoritariamente árabes, temen ser víctimas de su expansionismo.
Los saudíes, que también hicieron recientemente importantes compras en Noruega, anunciaron grandes donaciones para construir allí mezquitas.
Pero la coalición izquierdista gobernante en Oslo rechazó esas aportaciones recordando que ese país árabe no respetara la libertad religiosa.
El ministro de Asuntos Exteriores, Jonas Gahr Stor, señaló que "sería una paradoja antinatural aceptar financiación para actividades religiosas de un país donde no hay libertad religiosa".
Añorada Sevilla, queridas Córdoba, Granada, Al-Ándalus. Pagamos vuestros tanques, pero también queremos erigir mezquitas.
Miles de sevillanos se manifestaron en la ciudad contra la construcción de una mezquita cuya financiación, presuntamente, procedía de Arabia Saudita.
Veremos si el Gobierno vende España por 200 Leopard.
La derecha ha puesto en circulación un informe para desacreditar al ministro de Fomento, José Blanco, cuyo texto, al contrario, debería provocar admiración porque demuestra su deseo de que sus hijos hereden la formación de alto nivel que él no pudo recibir.
El informe recuerda la teoría anarquista de que todo dirigente de la izquierda se desplaza en gustos y hábitos tanto más a la derecha cuanto más poder acumula.
Para combatir esa tendencia nacieron las depuraciones y las revoluciones permanentes de Trotsky, Stalin, Mao, Castro, Pol Pot o Kim Il Sumg, que fusilaban sin más a esos nuevos burgueses.
En España no estamos bajo aquellos puristas de la izquierda que hicieron morir a cien millones de personas, por lo que Blanco no corre peligro de ser depurado, reeducado, enviado al gulag y, finalmente, fusilado.
La derecha trata de humillarlo el recordar que nació en una familia humilde, que no alcanzó ningún título superior, y le afea que envíe a sus hijos al elitista British Council School, en Madrid, donde por cada alumno, y según el curso, se paga trimestralmente entre 3.800 y 6.500 euros.
Pues muy bien. José Montilla envía a los suyos al Colegio Alemán de Barcelona, con precios parecidos.
Blanco y Montilla sólo son bachilleres, y por eso quieren los mejores centros, que los públicos no son exquisitos, aunque en Madrid ya hay unos 300 bilingües español-inglés.
Todo gobernante de izquierdas se codea con ricos y poderosos. Y desea que sus hijos puedan hacerlo también. Debe darles nuevo entorno, un ambiente de alto nivel.
Además, debe demostrarle a los electores de izquierda que su voto fue útil. Que vean que cualquier socialista puede vivir tan bien como los potentados. Ese es el éxito de la ideología.
Hace unos días, entre abucheos de un centenar de estudiantes de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense contra la diputada fundadora de “Unión, Progreso y Democracia” (UPyD) se oyeron algunos “¡Rosa Díez, al paredón!” que la prensa no recogió.
Cualquiera puede imaginarse qué clase de país podrían crear estos verdugos vocacionales, porque Políticas es un carrera y cantera de numerosos dirigentes públicos.
Querían impedir su charla sobre “Regeneración democrática” organizada por Rafael Calduch, simpatizante de UPyD y profesor muy respetado de derecho y política internacional.
Por su forma burguesa de vestir no eran antisistema, que se caracterizan por su desastrado desaliño, por lo que, preguntémonos: ¿los aspirantes a verdugos, eran del PP, porque según la prensa gubernamental UPyD va a robarle muchos electores, o de izquierdas, del PSOE y de IU?
Contéstese usted, sabiendo además, que la prensa gubernamental ha querido comparar esos gritos –silenciando lo del paredón-- con los abucheos que sufrió Zapatero en 12 de octubre. Aunque los protestantes del desfile sólo pedían la dimisión del primer ministro.
No eran estudiantes en un una universidad creada para el conocimiento en libertad. Y la oradora, además, no tiene poder ejecutivo alguno: desde 2007 es una disidente del PSOE, al que perteneció durante 37 de sus 58 años.
Pues resulta que los aspirantes a verdugos no eran de derechas, sino de izquierdas. Y recordemos que antes de Zapatero, cuando alguien dejaba el PSOE, nadie quería que lo fusilaran.
Pero ahora, a los Rosa Díez, Joaquín Leguina, expresidente socialista de Madrid, Cristina Alberdi exministra con Felipe, o Pablo Castellano, se les desea la muerte, incluso en la calle, como en tiempos de la Inquisición a los herejes.
Y es que en la secta gochista zapateril los fieles son bastante agresivos.
Francisco Javier León de la Riva, médico y alcalde de Valladolid, fue un grosero al hacer comentarios procaces sobre el físico de Leire Pajín, cuando debería haber opinado sobre su preparación para ser ministra de Sanidad, porque, a sus 34 años, no tiene ni idea de sanidad e higiene, tras ser solamente funcionaria del PSOE, hija de funcionarios del PSOE y nieta de un jerarca falangista.
La amamantaron dentro del partido y nunca entró en el mercado laboral, por lo que pertenece a esa casta hereditaria que conoce únicamente los trucos para triturar a sus rivales del apparatchik.
Esta casta de políticos profesionales y vagos laborales es un gran problema español, como indican las encuestas. Se da especialmente en el PSOE y en los nacionalismos, aunque también es detectable en el PP.
El aparato coloca así en puestos de poder a sus propios trepadores, esa kakistocracia sin oficio ni beneficio, mientras desprecia a buenos profesionales porque son críticos y no adoradores perrunos del Dios Líder.
El PSOE tiene decenas de simpatizantes de ambos sexos relacionados con la sanidad infinitamente más competentes que esta señora trepadora de partido. Aunque al no rebelarse tampoco deben ser muy valientes.
Finalmente, Pajín, ministra de Sanidad. Una mitinera de verborrea astróloga, con pulseras de “flujo energético corporal” --un fraude sanitario--, que además no sabe comportarse en actos formales.
Se presentó ante el cardenal Ortega, en el Arzobispado de La Habana, con medio torso desnudo, como para escandalizarlo, y en su promesa como ministra ante los Reyes fue de embutido, con húmedos sobacos al aire, cuando el resto de los asistentes vestía formalmente, como correspondía en tan solemne ocasión.
Un político respetable ha trabajado, es experto en su materia, no sigue supersticiones y magias, y aplica las normas de educación y cortesía. Pero esta señora…
Zapatero acaba de elegir como posible heredero y porteador de su Paso Doloroso de Fin de Mandato, a Alfredo Pérez Rubalcaba, cántabro, 59 años, capaz de venderle muebles desvencijados como si fueran nuevos a los Ramonet, la familia alicantina campeona nacional de charlatanes.
Este doctor en Químicas tiene tal capacidad de convencer que logrará que millones de personas crean que convierte el plomo zapateril en oro capitalista, como los alquimistas.
Que tiemble el PP, porque va a meter a todos sus corruptos en prisión y hará que nadie se acuerde de los socialistas o nacionalistas infectados, que no son menos.
Rubalcaba, además, ha navegado como submarino entre los asuntos socialistas más hediondos, entre ellos los crímenes del GAL, y ha sabido salir indemne, mientras otros cercanos terminaban en prisión.
Con su voz melosa y tranquila había conseguido hacer creer a muchos españoles que el GAL era una falsedad de la derecha y de algunos periodistas.
Al llegar al poder, Zapatero aniquiló a los equipos del felipismo y a los manchados por Filesa o el GAL. Pero se quedó con Rubalcaba, mientras introducía en altas responsabilidades a Leire Pajín, Biniana Aído y similares “miembras”.
Como jefe de la policía Rubalcaba es tan elocuente que convenció a la gente que tampoco sabía nada de Caso Faisán, el de las filtraciones policiales para proteger a los terroristas que negociaban con Zapatero.
Ahora, aparte de seguir prestándole su capacidad de convicción al Gobierno, Rubalcaba adquiere más poder aún para controlar el país desde su torre policial.
Usará lo que sepa en favor de su jefe, mucho menos preparado y talentoso que él, y que tiemble el PP ante el agitprop de esta voz cálida y aspecto de osito inocente: es amoroso, suave y despiadado con sus oponentes como el Gran Hermano.
Muchos españoles comienzan a detectar ahora que desde 2004 están gobernados por un becario en prácticas que los conquistó porque es alto, delgado y tiene ojos azules, algo que engatusa en este país que quisiera ser nórdico.
Salió elegido propulsado por los aún poco claros atentados del 11M de 2004. Encontró las arcas abastecidas, pero enseguida arruinó el país desparramando riquezas como el Cuerno de la Abundancia.
Convirtió el PSC-PSOE de Cataluña en socialnacionalista, y traicionando al Gobierno socialista vasco le entrega al PNV, por unos votos, veinte competencias y miles de millones de euros que le sustrae a comunidades sin privilegios.
“En dos tardes aprendes economía”, le dijo Jordi Sevilla al empezar a gobernar: antes, su única actividad conocida como diputado durante casi dos décadas era la de jugar al mus en la cafetería del Parlamento.
Para desconcierto de los militares, callados porque son disciplinados, nombra ministros de Defensa a pacifistas. La actual pretende imponer un protocolo para que la gente no abuchee a su jefe, disfrazándolo de protección de la bandera española, cuando ella defendió al actor Rubianes, que se ciscaba en ella.
En el exterior: Mohamed VI, que se porta como si fuera copartícipe de su triunfo electoral de 2004, lo humilla. Lo chantajean Hugo Chávez, e incluso Gibraltar. Paga rescates a piratas y a Al-Qaeda.
Sólo ve de lejos al Prometido, Obama.
Ahora, y para evitar el desastre definitivo tras seis años de frivolidades, tiene que entregarle todo el verdadero poder a dos veteranos de Felipe González, Rubalcaba y Jáuregui, porque su propia gente era más becaria aún que él mismo.
Y aunque sigan deteniendo terroristas, vuelve a enviar guiños que indican deseos de negociar, más que de vencer definitivamente a ETA.
¿Lo positivo? Podría mejorar la economía: ahora la tutelan las grandes potencias y los neocón internacionales. España es una colonia.
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James Skinner:
Ingeniero, novelista, cronista, James Skinner es un británico residente en España que escribe unas fantásticas crónicas sobre nuestro país en Hack Writers, una revista que merece leerse con tranquilidad para saber hacia dónde va el mundo.
En su último artículo, Back to reality, Vuelta a la realidad, hace un repaso de la vida española y europea a partir de un viaje que inicia en la Francia convulsa de estos días. Habla sobre política, nacionalismos, huelgas, Vargas Llosa y varios acontecimientos más que seguramente le enseñan a los españoles aspectos de si mismos que desconocen.
Este es el enlace: http://www.hackwriters.com/RealityJS.htm
Pastoreada por las televisiones, parte del llamado pueblo llano de este país ama y odia apasionadamente a personas con mínimos valores humanos que se han hecho famosas divulgando sus miserias, corrupciones o perversiones.
Podrían ser hasta cinco millones de ciudadanos que al votar ponen y quitan gobiernos, y cuya vida se centra en seguir Gran Hermano, Sálvame, La Noria y similares, donde incluso aparecen maltratadas defendiendo a sus torturadores.
Esta gente elegiría presidente del Gobierno a Belén Esteban, lo que indica que una parte notable del país es feliz dentro de esta oclocracia, la sociedad peligrosamente movida por impulsos primarios y groseros.
Millones de hombres, mujeres, adolescentes o viejos, morbosamente fascinados, con odio o envidia, por los asesinos de Marta del Castillo o de Sandra Palo, con los robos de los alcaldes-alcaldesas de Marbella, con las masoquistas que juran que quienes les pegan son buenas personas.
Esta gente quisiera vivir dentro de Tele5, cuyos presentadores más populares gozan chapoteando en las lacras de su chusma cultivada. Una actitud denigrante que se manifiesta en la calidad de las instituciones políticas del país, que saben cómo alimentar a la masa, a la oclocracia, a través de sus personajes-modelo.
Así se explica el nombramiento como ministra de Sanidad de Leire Pajín, que habla de conjunciones planetarias como sólo lo hacen las astrólogas, y que se exhibe con una “pulsera energética”, superstición mágica que provoca el desprecio de los médicos.
Este es un ejemplo de kakistocracia, el gobierno de los peores, antagonista del aristócrata, que no es un título heredado, sino ganado con esfuerzo por alguien que salió de la oclocracia.
Pero en España hay pocos aristócratas con el título ganado con el propio esfuerzo. A España la dirigen los kakistócratas, el zumo más macarra de la oclocracia.
“No queremos vivir peor que nuestros padres”, gritan los adolescentes franceses rebelándose contra Sarkozy porque elevará la edad de jubilación de los 60 a los 62 años.
Pero, tiernos infantes: hagáis lo que hagáis seguramente seréis más pobres, incluso que vuestros bisabuelos.
El sentido común, sin necesidad de mayores investigaciones, nos dice que 2050, por ejemplo, la gente del actual mundo rico sin algún talento especial quizás vuelva a vivir tan mal como sus antepasados de hace uno o dos siglos.
Seguramente ya no habrá pensiones ni seguridad social, aunque sí distancias siderales entre pobres y ricos.
Los ancianos de entonces, nuestros hijos o nietos, morirán trabajando a los 105 ó 110 años, castigados con la longevidad.
El mundo tiene unos 7.000 millones de habitantes y esa Francia con tantos huelguistas solamente 66 millones, menos del uno por ciento. Hace poco más de una década el planeta tenía 6.000 millones de habitantes.
En los países pobres se pasaba hambre y en los ricos se comía y se vivía bien. Pero ahora, sólo China e India, que suman 2.500 millones de habitantes, producen casi todo con costes veinte y o cincuenta veces menores que los ricos.
Ya compiten con alimentos, electrónica, textiles o automóviles con los 66 millones de franceses, 46 millones de españoles, 500 millones de europeos ó 315 millones de estadounidenses.
Los países ricos van hacia una pobreza relativa y los pobres hacia una riqueza relativa, aunque siempre habrá gobiernos más o menos eficaces.
El de España es uno de los más incompetentes. Como siga así, castigando la creación de riqueza, condenará a los ciudadanos a la mendicidad.
La globalización nos pondrá bajo el patronazgo del Partido Comunista Chino, que ha descubierto que el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong progresa mejor ejerciendo el capitalismo.
Los defensores de la Alianza de las Civilizaciones y del multiculturalismo, para los que toda sociedad humana debe perdurar sin reformarse, acusan Angela Merkel de colonialista por proclamar este fin de semana el fracaso del multiculturalismo en Alemania, y advertir que debe cultivarse el racionalismo como valor preponderante.
La canciller alemana reconoció que durante cuatro décadas su país había cometido graves errores al atraer millones de inmigrantes de toda procedencia cultural y religiosa con la idea de que se integrarían o que volverían a sus países.
Luego, y aunque muchos se integraron, varios millones crearon sus propios guetos para aislarse con sus costumbres en minorías endogámicas, ajenas a la humanista legalidad nacional.
Sus jefes religiosos quieren ahora que el Estado alemán acepte que se apliquen en sus guetos leyes medievales como la sharia, que muchas veces ya se ejecutan secreta y salvajemente sin que se denuncien, sobre todo, por miedo.
Está ocurriendo en toda Europa, donde cada día un número mayor de fundamentalistas emerge del gueto creado por ellos mismos para intimidar o atacar violentamente a la sociedad mayoritaria.
Esta sociedad inarmónica venía anunciándola desde 1970 el politólogo italiano-estadounidense Giovanni Sartori, que en 2000 publicó una síntesis de sus trabajos anteriores en “La sociedad multiétnica” (Taurus).
Estableció la diferencia entre el multiculturalismo impuesto por el falso progresismo del relativismo cultural, y el deseable pluralismo cultural, en el que mayorías y minorías intercambien lo mejor de ellas mismas, siempre bajo tutela de las leyes democráticas inspiradas en la Ilustración y el racionalismo, y no supersticiones o sentimientos. Debe aceptarse la evolución cultural: por eso ya no somos antropófagos.
Merkel advierte que Alemania es una sociedad de raíces judeocristianas y racionalistas, por lo que nadie puede tratar de imponer en nombre del relativismo cultural valores ajenos al espíritu libre mayoritario.
Quien desee analizar cómo se manipula una entrevista puede revisar en la página de TVE el agresivo interrogatorio al que sometió la periodista Ana Pastor a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
Por la acometividad de Pastor puede asegurarse que nunca la votó. Tampoco lo hizo este cronista que, como observador neutral, descubrió una presentadora decidida a destrozar a su invitada por razones personales, o porque obedecía órdenes.
Si el cronista quisiera cazar a Aguirre, usaría cartuchos con postas y cepos para osos parecidos a los de Pastor: trataría de que dijera qué es lo que le gusta del “Tea Party”, movimiento radical-conservador estadounidense, e impediría que explicara lo que le disgusta.
La “Lideresa” dijo que le atraían tres propuestas de ese pensamiento popular inspirado en el momento fundacional de EE.UU.: menos impuestos, menos Gobierno y más patriotismo.
Aguirre es tolerante en costumbres y liberal en economía. Pero como se trataba de vincularla al “Tea Party”, la presentadora desvió rápidamente el tiro para evitar que dijera lo que le disgusta, y planteó otro tema: ¿Cómo se llamaría algo así en España? Aguirre contestó, bromeando, que “Café Party”.
En otras entrevistas la presidenta había advertido que le disgustan muchos aspectos de los “Tea Party”, especialmente su homofobia, pero cazada por los disparos de postas, y presa del cepo, no explicó todo lo que pensaba, que era lo que buscaba Pastor.
“Aguirre quiere crear un peligroso Tea Party español, el Café Party”, titularon los medios izquierdistas que recibieron los favores de Zapatero con concesiones televisivas y publicitarias, mientras que Aguirre le daba a sus competidores derechistas sus concesiones en Madrid.
La guerra contra la “Lideresa” es solamente por licencias de radios, televisiones, y publicidad institucional: por eso Aguirre da pánico.
Si fuera amistosa con la izquierda, como Gallardón, no la molestarían, aunque sí lo harían los duros de su partido.
El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona Luís Bouza-Brey acaba de advertir que notables socialistas catalanes están declarándose independentistas, entre ellos Oriol Bohígas, el arquitecto favorito de Pasqual Maragall durante sus mandatos como alcalde de Barcelona y presidente de la Generalidad.
Bouza-Brey, un socialista que todavía sigue creyendo en el internacionalismo, está escandalizado con el nacionalismo creciente del PSC-PSOE.
Escribe que Bohígas se ha adherido a una plataforma que propugna un referéndum independentista en 2012, y en el que están también Mathew Tree, periodista inglés, el escultor Jaume Rodri (en realidad Jaime Rodríguez, pero se ha catalanizado), el filósofo Josep Maria Terricabras; el editor Vicent Partal, el actor Carles Canut y el periodista Víctor Alexandre.
Bohígas, de 85 años, era un arquitecto antifranquista al que el franquismo le daba importantes contratos, como a tantos opositores al régimen que se reunían en la discoteca Bocaccio.
No lo cuenta Bouza-Brey, pero aparece en su currículo, el franquismo le encargó construir casas baratas y universidades laborales, invento del falangista Girón para prestigiar lo que hoy es la FP.
Aunque tras el franquismo triunfó con obras para los JJ.OO de Barcelona-92., ya se habla poco de él; está camino del olvido, pues, y los demás de la lista son desconocidos fuera de Cataluña.
Hay que comprenderlos: quieren figurar, que se hable de ellos en el resto de España. Al declararse independentistas salen en medios fuera de su frontera. Se hacen importantes.
En realidad, todos los seres anónimos debemos declararnos independentistas para que hablen de nosotros de una maldita vez sin perder demasiado la dignidad.
Porque de otra manera sólo podemos hacernos famosos matando a alguien para aparecer después en Sálvame y La Noria de Tele5, donde Sopena y María Antonia Iglesias acusarán a Rajoy del asesinato.
España podría haber perdido su último vestigio de honor al tratar de venderle unos barcos de guerra a Hugo Chávez, el autócrata que llama ultraderechistas a los jueces que persiguen a ETA, protege a etarras y expropia a su capricho a los emigrantes españoles.
El sentido español de la honra lo describía una frase del almirante Casto Méndez Núñez, que el 1866 combatió en Callao, Perú, donde se sintió vencedor tras perder varios buques: “Vale más honra sin barcos que barcos sin honra”.
Dos siglos antes, Calderón hacía que Pedro Crespo, Alcalde de Zalamea, defendiera el honor de su hija acosada por un militar, advirtiéndole formalmente al temible Felipe II que: “Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”.
El honor movía a los españoles, pero ahora es deshonor si obstaculiza los negocios, por lo que Rodríguez Z. no actúa contra Chávez ni contra su embajador, que sugirió que en España se tortura a los terroristas.
Arturo Cubillas, jefe de los etarras en Venezuela, su último refugio y lugar de entrenamiento, es un alto funcionario del Gobierno de Chávez; pero, consolémonos: la deshonra de los españoles se compra vendiéndole unos barcos de guerra al Caudillo.
Se construirán en los astilleros de Puerto Real, Cádiz, quizás el lugar de España con mayor desempleo y desmoralización.
Chávez sigue expropiando fincas y empresas de españoles que enriquecieron Venezuela, pero en esta España vale más construir barcos sin honra, que generan riqueza, que mantener la honra no construyéndole barcos al déspota.
¡Es trabajo y dinero, estúpidos, trabajo y dinero!, se justifica el Gobierno. Este país tiene tanta necesidad que se humilla también ante los crecidos Marruecos y Gibraltar.
Mientras el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan visitaba hace unos días Alemania y le pedía apoyo a Angela Merkel para su adhesión a la UE, aparecía una encuesta en el diario Die Welt según la cual el 69 por ciento de los alemanes se opone radicalmente a ese ingreso.
Es un ejemplo de lo que ocurre en una Europa crecientemente hostil a acoger a un país musulmán y a más inmigrantes de esa ideología, a los que hace sólo una década se aceptaba sin reticencias.
Desde el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, se ha vuelto negativa la percepción del islam, visión agudizada con los atentados de Madrid y Londres, y las crecientes amenazas de mayor terrorismo.
Aunque muchos de los seis millones de turcos residentes en Alemania han absorbido los valores europeos, crece el número de extremistas que predican las mismas ideas que las de las grandes fuerzas islámicas que apoyaran entre 1933 y 1945 a Hitler y al nazismo.
Crece la islamofobia, pero de momento es difícil calificarla de extrema derecha: históricamente esa ideología ha sido antijudía y favorable al islam, como lo eran Hitler o Franco con sus tropas moras y la amistad con todo lo musulmán.
Acaba de entrar en el Parlamento sueco una fuerza antiislámica, Demócratas Suecos, que será determinante en la política del país, como ocurre en Holanda con el occidentalista projudío e islamófobo Geert Wilders, igual que en Dinamarca, Noruega y otros países democráticos.
Mientras, los partidos tradicionales parecen desconcertados. Aunque Sarkozy en Francia, y aparentemente el PP en España, tratan oponerse al islamismo antes de que les roben su electorado antiislamistas más notorios, que comienzan a aparecer cada vez menos tímidamente en ambos países.
El Gobierno y sus medios informativos afines acusan a la extrema derecha de haber organizado los multitudinarios abucheos a José Luís Rodríguez Z. del 12 de octubre, la misma efemérides en la que él se sentó ostentosamente ante la bandera de EE.UU.
Los silbidos y abucheos inacabables fueron la noticia de la última Fiesta Nacional, término que Zapatero evita usar al hablar solamente del Día de las Fuerzas Armadas, que es en mayo, y de la Hispanidad.
Una omisión y un error que quizás origine protestas, además porque sigue creyendo discutible y discutido el concepto de Nación española, mientras apoya explícitamente que lo sea Cataluña.
Era imposible que los muchos millares de personas que asistieron al desfile fueran todas de extrema derecha, cuyos militantes caben actualmente en un par de autobuses.
Parecía más bien que las protestas eran, parcialmente, una venganza de militantes del PP por lo que le hizo Zapatero a Aznar y sus gobiernos convocando por SMS en fechas electorales enormes manifestaciones ante sus sedes, que terminaban con insultos y, a veces, con sus dirigentes huyendo.
Pero también protestaban, quizás la mayoría, electores de Zapatero, defraudados y engañados porque les prometía el Paraíso y les da los infiernos de Dante.
Derrochaba como manirroto la Hacienda pública, y ahora cosecha paro y gente hurgando entre las basuras.
Los medios de izquierda, que manejaron la opinión pública durante décadas, perdieron influencia y acusan de extrema derecha a los nuevos competidores que recogen el disgusto general.
Quizás haya derechistas, pero ninguno parece golpista ni antisemita, y tienen tanto derecho a expresarse como la izquierda, algunas veces extrema, que dirigía a los españoles como a un rebaño.
Ahora, el Gobierno quiere cambiar el protocolo del 12 de octubre. Sería mejor que su Caudillo no montara desfiles esperando aplausos, como al principio de sus mandatos.
A casi nadie se le ocurriría hacer campaña política acortándose el nombre para usar como anuncio “Trini Puede”, el eslogan popular hace unos años de una costurera madrileña.
Pero lo hizo Trinidad Jiménez en lucha con Tomás Gómez para enfrentarse a Esperanza Aguirre.
Gómez no apareció como Tomasín, como tampoco Esperanza Aguirre se anuncia como Esperancita, aunque todos le digan “Doña Espe” con cierta prevención ante su poderío.
Pero todo el Gobierno y el Comité Federal del PSOE promocionaron a Trini, lo que indica que perdieron el sentido del ridículo, tan cuidado antes en ese partido.
Poca gente toma en serio a alguien que pretende ser importante en política presentándose como castiza zurcidora, y menos siendo una ministra de 48 años.
Quizás trataba de hacer laica su Trinidad, nombre elegido por sus padres, fervorosos católicos, porque la Trinidad es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Véase que quien podría haber sido su rival, Doña Espe, tiene nombre menos sagrado: es sólo una humilde virtud teologal, no Dios Tres en Uno.
Estas ministras y dirigentes socialistas mantienen aún el machismo feminoide: entre ellas usan diminutivos, Tere, Lenita, pero a Zapatero no le dicen Pepito Luisillo, a Manuel Chaves Manolito o Lolito; Miguelito a Moratinos; Paquito a Caamaño…
Hacer campaña como Trini se presta al navajazo cachicuerno de Alfonso Guerra cuando, ya derrotada, le llamó Señorita Trini --sonaba a Señorita Pepis--, sabiendo que iba a irritar al feminismo de guardia.
Ministras feministas que también portan nombres divinos, de vírgenes y santas monjas, y es que sus familias, de laicas republicanas, nada: franquitas y católico-romanas.
La conclusión es que Trini, sin presentarse como Trinidad, anuncia solamente corte y confección, razón por la que posiblemente en distintas elecciones le negaron Madrid tres veces: Trinitariamente.
Alguien ha recordado estos días que el presidente socialista de Andalucía, José Antonio Griñán es hijo de un jefe de la Guardia de Franco, lo que demuestra que hay linajes que mandan en España, con dictadores o en democracia.
Como su antecesor, Manuel Chaves, Teresa Fernández de la Vega, que va al Valle de los Caídos a buscar muertos, Bono, Rubalcaba, el abuelo paterno de Leire Pajín; Trini Jiménez, de familia de jueces y fiscales con Franco; Zapatero, nieto de un fusilado por el franquismo, pero también de un franquista.
Castas dominantes, beneficiarias del poder bajo cualquier régimen. Que gozaron de sus becas de estudios, residencias especiales y salidas profesionales amañadas.
Observemos al magistrado del Supremo José Antonio Martín-Pallín, empeñado en revocar la amnistía de 1977, aprobada para crear una democracia sin odios.
Investiguemos los “paseos” que dio el franquismo en La/A Coruña, su ciudad natal, donde su padre, oficial de carabineros, se rebeló con Franco y quedó como jefe de la Guardia Civil, aliada con la Falange para fusilar en las tapias del cementerio de San Amaro a incontables personas.
El padre de este cronista, que ya había sufrido dos conatos de fusilamiento, casi fue otra víctima de aquellos cazadores de disidentes apostados tras los árboles en una carretera en el cercano Pontedeume.
Mientras Martín-Pallín y los hijos del régimen gozaban de enormes canonjías, muchos hijos de perseguidos, como este cronista, no podía acceder a estudios y profesiones que deseaban alcanzar.
Y ahora vuelven estos beneficiarios del franquismo disfrazados de progresistas a enseñarle democracia a las víctimas de su aparheid.
Muchas víctimas quieren ser piadosas y les recomiendan que no revuelvan la sangre que derramaron sus antepasados.
Cállense. No más buenismo hipócrita, que finalmente resucita el fascismo familiar para seguir mandando.
Con la misma música que salvó Hamelín de las ratas haciendo que se ahogaran en las elecciones del 14 de marzo de 2004, el flautista José Luís Rodríguez Zapatero está llevándose ahora a los niños, el PSOE, a la caverna en la que desaparecerán, como narra el cuento de los hermanos Grimm.
Ese es el mensaje de José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, al advertir que la política de Zapatero, ahora mucho más derechista que la que proponía el PP en las elecciones de 2008, lleva a los socialistas al desastre.
Zapatero ha girado 180 grados. De superprogresista ha pasado a más “neoliberal” que Aznar y Bush, mientras sigue definiendo España como un concepto discutible, impone leyes para acelerar el delirante Estatuto catalán; y la gente comienza a recordar ahora que alcanzó al poder azuzando la ira popular tras los atentados del 11M.
Luego, hizo creer con su flauta que este mismo mes, octubre de 2010, España superaría en riqueza a Francia y Alemania. Pero, al contrario, hay derrumbe general de la economía y España es humillada hasta por tiranuelos fantoches modelo Chávez.
Con una crisis financiera igual para todos, aparecen una deuda difícilmente pagable, y casi cinco millones de desempleados: el 20 por ciento de la población activa, más del doble que Alemania o Francia. El mundo crece, y la economía española está intervenida por líderes como Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, a quienes Z. despreciaba públicamente.
Hasta la comunista China le exige a Z. que endurezca el sistema capitalista porque de otra manera no le compra deuda.
Los suyos deben seguir a este progresí a la herejía capitalista porque la socialdemocracia se hunde, él es el mayor ejemplo, mientras los españoles parecen preferir ahora al capitalismo genuino del PP.
Manuel Fraga Iribarne podría decirnos ahora que la dictadura franquista no fue mala para la libertad de Prensa cuando su Ley de 1966 se aplicó hasta el pasado mes de junio en una causa contra el periodista José Luís Gutiérrez.
Ha tenido que acudir en auxilio de Gutiérrez el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, que el 1 de junio condenó al Reino de España por violar desde hace 14 años la libertad de expresión del periodista.
La persecución comenzó cuando siendo director de Diario 16 (D16) Gutiérrez informó en diciembre de 1995 de la detención en Algeciras de un camión con naranjas marroquíes que, además, ocultaba 4,7 toneladas de hachís.
Lo malo es que ese vehículo pertenecía a “Dominios Reales”, una empresa familiar del Sultán Hassan II.
En 1996, y basándose en la protección del honor según la Ley Fraga, en vigor desde nueve años antes de la muerte de Franco y casi veinte años después de su entierro, el Sultán demandó al periodista ante los tribunales españoles.
Desde entonces, el hoy director de la revista de información literaria “Leer”, y Erasmo en su sutil columna de “El Mundo”, fue condenado en Primera Instancia, en la Audiencia Provincial, el Tribunal Supremo y el Constitucional.
Fraga quizás sonreía al observar cómo la democracia aplicaba su Ley de la dictadura, con los abogados del Estado y los fiscales, con gobiernos socialistas y populares, basándose en ella para perseguir al periodista.
Al extremo de que el Gobierno del superprogresista Rodríguez Zapatero se opuso a la demanda presentada en Estrasburgo por Gutiérrez, quien finalmente triunfó y derrotó al Estado español.
Un premio por el que los periodistas deben darle las gracias a su compañero, solitario quijote para la Libertad de Prensa y de Opinión.
Hay políticos que cuando creen que no hay una cámara de televisión grabándolos se portan tal cual son, a veces como individuos peligrosos y rencorosos de los que nadie puede fiarse.
Como cuando una pequeña cámara recogió el rodillazo en la entrepierna que Evo Morales, el presidente boliviano, le dio alevosamente en La Paz a un opositor distraído y alejado de la pelota durante un partido de fútbol Gobierno-Oposición.
Morales se vengaba de una falta leve recibida antes, y que ahora denuncia como grave tras ver en las televisiones su agresión: trata de justificar su conducta malévola.
Observemos ahora que prácticamente todas las cadenas del mundo presentan la agresión como una anécdota entre nativos bolivianos.
¡Este Evo!, ¡Cosas de Evo!, dicen los comentaristas con una sonrisa para disculparlo, sin recordar que hablan del presidente de un país dos veces más grande que España, con 10,6 millones de habitantes e inmensas riquezas naturales.
En Evo confluyen dos aspectos que para el buenismo del primer mundo atenúan su acción: es un indígena latinoamericano de antepasados explotados hace siglos por los españoles, y pertenece a la izquierda fildel-chavista que se proclama antiimperialista.
Pero imaginemos haciendo lo mismo con un opositor a otros iberoamericanos, los presidentes chileno y colombiano, blancos y de derechas: los gritos llamándoles fascistas, asesinos, traidores y pidiendo su inmediata destitución recorrerían el mundo, y los editoriales de los periódicos de toda ideología advertirían contra cualquier concesión a tales desalmados.
A Evo se le perdona por izquierdista y, sobre todo, por indígena: el racismo paternalista crea distintas medidas que deciden que la dignidad y decencia de las personas son diferentes según su origen étnico.
Es el perenne supremacismo del blanco que oculta con buenismo vergonzante su convicción de que hay razas inferiores.
En cuanto hay ocasión en España se vuelve a la censura y se prohíben expresiones e imágenes que contradigan el pensamiento dominante, complaciente con lo grosero y que califica toda sutileza de machismo.
No hace mucho, aquí se tapaban con mantones las fotos de descotadas, con largos refajos a las minifalderas, y se calificaba de gravemente peligrosas las películas con beso apasionado.
Luego, llegó la libertad absoluta. Tanto, que la gente practica el sexo públicamente con el ímpetu exhibicionista de los culturistas, filma porno casero para venderlo por internet y va a las televisiones para cobrar por pregonar sus perversiones, incluyendo el bestialismo.
Luego llegaron las feministas de Rodríguez Z., ministras y similares, más o menos jóvenas que quieren ser llamadas miembras.
Rigurosas ursulinas, se enfadaron muchísimo estos días con Alfonso Guerra por hablar de Trinidad Jiménez, pupila de Z. fracasada tantas veces en Madrid, como la Señorita Trini: consideran insulto el término señorita.
Quizás porque en otros tiempos las señoritas inspiraban desasosiego libidinoso en los hombres, y las feministas gubernamentales quieren apagar todo deseo entre ambos sexos, que llaman géneros. Parecen preferir que la atracción sea solamente entre hombres, y entre mujeres.
Ahora, un organismo cursi y telecontrolado por el pensamiento políticamente correcto Aido ha prohibido un impactante anuncio de ropa Polo en el que se ve una señorita desnuda, calzada con unas botas de equitación, y con un trofeo, una gran copa deportiva, que oculta sus nada anoréxicas señas sexuales.
Censura progresí que simultáneamente declara no apta para menores de 18 años una película realizada por una hija de Martin Luther King contra el aborto, acto quirúrgico que pueden practicar legalmente sin permiso familiar niñas de 16 años.
Caverna progresí igual a caverna reaccionaria: censura, inquisición, el mismo género de buitres.
Hasta en los papiros aparecen cotilleos de los esclavos sobre sus amos, una forma de expresión, a veces de venganza, que ha llegado hasta hoy a lugares como la Moncloa, donde viven los presidentes del Gobierno español.
En los petroglifos chinos, en la historia de Felipe II traicionado, o en la aristocracia inglesa, creadora por sí sola de un exitoso género literario: secretarios y mayordomos infieles descubren intimidades por dinero o como represalia.
Una secretaria, María Ángeles López de Celis, ha lanzado un libro, “Los presidentes en zapatillas” (Espasa Forum) en el que narra sus vivencias durante 32 años trabajando para los cinco primeros ministros de la democracia: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luís Rodríguez Z.
Ya jubilada, ha escrito estos cotilleos que pretenden ser amables y más comedios que los que han logrado que el ocho por ciento de los españoles desee nombrar presidenta del Gobierno a Belén Esteban, la Princesa del Pueblo.
Aunque ahora atraen más los personajes creados por los medios televisivos, como esa examante de torero, que vive de televisar su vida rodeada de rémoras que cobran por revelar las intimidades que la estrella televisada no quiere airear.
Maridos, mujeres o amantes, suegros, abuelas, nietos y vecinos: finalmente, la oclocracia nacional, el espíritu de las muchedumbres dominadas por la vulgaridad, se centra en el cotilleo sobre figuras fabricadas por los medios.
Los pequeños cotilleos que cuenta la señora López de Celis nos revelan que esos señores tan poderosos son tan oclócratas, y a veces tan inteligentes como Belén Esteban, por lo que si la eligiéramos a ella en su lugar igual salíamos ganando.
Decía Rodríguez Z.: “Sonsoles, hay 200.000 ciudadanos que podrían presidir el Gobierno como yo”. Gran verdad. Uno de ellos es Belén Esteban.
Si alguien pregona que la Biblia es un libro tan violento como el Mein Kampf de Hitler no le pasará nada, y los autoproclamados progresistas lo aplaudirán. Pero si afirma lo mismo del Corán querrán meterlo en la cárcel.
En Holanda están juzgando a Geert Wilders --líder de un partido que entrará en el Gobierno--, por incitar supuestamente al “odio racial y religioso” al afirmar que el Corán predica una dictadura de odio peor que la del Mein Kampf.
Cree que ese libro, unido a los dichos de Mahona, los hadizes, está propugnado hoy mismo la esclavitud, el Talión, la lapidación de adúlteras, y la condena a muerte de sodomitas y réprobos.
Aparte de imponer todo lo anterior, regula el pillaje, incluido el de las mujeres para tomarlas como esclavas o esposas en poligamia.
El Corán imita la Torah judía, pero ni siquiera los judíos más ortodoxos consideran los castigos algo más que símbolos, mientras para los cristianos son sólo curiosidades de las que un judío, Jesús, prescindió para crear una doctrina basada en el amor. Aunque sus fieles le sean poco fieles.
Como ocurre con el Mein Kampf en Holanda, el Corán debe prohibirse, dice Wilders: con los hadizes crea la criminal sharia que se aplica secretamente en el país; además, predica guerras, como la de la reconquista de gran parte de España, Al-Ándalus.
Wilders, antinazi y defensor de los judíos, advierte que él no ataca a las personas creyentes del Corán, sino sólo a las ideas: a religión misma y a su libro básico.
Afirma que su libertad de expresión como holandés y europeo debe permitirle denigrar el islam o cualquier otra idea o creencia, espiritismo, teosofía, ideología, club de pensamiento o de fútbol.
Como librepensador advierte que, si es condenado, habrán acabado las libertades y el Alá del Corán habrá ganado su guerra santa en nuestro continente.
Muchos judíos, israelíes y de otros países, pero también “gentiles” que defienden Israel, y palestinos moderados, ven alarmados como vuelven a construirse asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania, territorio que deberá ser parte del futuro Estado palestino.
Tras diez meses de moratoria prometida a Barack Obana, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu ha permitido reiniciar la construcción de dos mil viviendas más en Cisjordania, que corresponde al territorio bíblico de Judea y Samaria.
Esa franja de tierra entre el Mar Muerto y el río Jordán, de 5.640 kilómetros cuadrados, y en el que ya existen numerosos asentamientos, fue conquistado por Israel a Jordania en la Guerra de los Seis Días de 1967, y ahora está parcialmente bajo administración israelí y de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Quien haya visto en televisión la emoción y muestra de agradecimiento a Jahvé de numerosas familias judías cuando se reiniciaron las obras sabe que será casi imposible la devolución de ese territorio a la futura Palestina, como esperan la ANP, pero también EE.UU. y Europa, defensores de Israel.
Parece que no hay salida: los fieles más fervientes de las religiones, como es el caso de los colonos, mayoritariamente judíos ortodoxos, esperar allí al Mesías.
No muy lejos, en Gaza, otros religiosos mucho más radicales están en guerra contra su propio pueblo palestino y contra los israelíes, porque han jurado destruir Israel: son de Hamas, una organización islamista fanática, y además terrorista.
Y en otra área, al norte, en Líbano, está Hizbollá, organización también fanática y terrorista con igual objetico antiisraelí. Hasta hoy, más de dos mil años de muertes, de destrucción, de odios.
Hasta las Cruzadas se iniciaron para recuperar aquel territorio tras la demolición por los islamistas del Santo Sepulcro cristiano. Y así, hasta hoy.
Hace dos meses, este cronista escribió que “del finado Tomás Gómez, nunca más se supo”, previendo un final desastroso para el secretario general de los socialistas madrileños por desobedecer a Rodríguez Z. negándose a cederle a Trinidad Jiménez su candidatura a la Comunidad madrileña.
Con noticias y encuestas que lo despreciaban, los medios de la caverna progre se reían de él, un economista hijo de emigrantes en Holanda, mientras ensalzaban a Jiménez, descendiente de una importante casta de fiscales y jueces de tiempos de Franco.
Aparte de militar en el mismo partido y tener orígenes sociales y políticos diferentes – a pesar de su padre fusilado, el padre de Z. también juró los Principios del Movimiento—, nuestros tres héroes están unidos por las Zetas: Rodríguez Z., Gómez, Jiménez.
Como el del humorista ya fallecido Pepe Iglesias, el Zorro, que tenía como frase final de sus historias a otro Zeta, Fernández. Decía que “del finado Fernández, nunca más se supo”, como si creyera que un muerto tendría mucho que contar.
Visto lo ocurrido en Madrid, donde Gómez venció a pesar del imponente aparato de Z., seguramente pasaremos del exfinado Gómez al “finado Rodríguez Z., del que nunca más se supo”.
Había muchos síntomas ya de que el optimista patológico estaba perdiendo el carisma, la baraka o suerte y el respeto de muchos de los suyos.
Fuera de las regiones o de los grupos sociales más subvencionados, como los Cejas, los Zerolos y las Aídos, del entusiasmo que provocaba hace unos años se ha pasado a un gesto taciturno, con secreta decepción, hastío y ganas de despedirlo.
Sus escalofriantes fracasos económicos e internacionales, con datos el doble de malos que los del resto del mundo desarrollado, cuando hace seis años eran iguales, demuestran que ha destruido este país, y vuelto el PSOE en exPSOE.
Quizás pronto veamos que del finado Z. nunca más se supo, y como no se corrija a tiempo, del exPSOE, tampoco.
Cuando alguien usa el sentido común exigiendo que se cumplan las leyes que deben protegerlo de la barbarie y pide que se castigue a quienes lo agreden siempre aparece el falso progresismo, la caverna progre, acusándolo de ultraderechista.
La misma caverna progre que defendía los gulags soviéticos, la Revolución Cultural de Mao, los genocidios de Pol-Pot, y que aún defiende a Fidel y su isla-gulag, y a los caudillos modelo Chávez.
Hay lugares en España, como en casi toda Europa, en los que los ciudadanos viajan como presidiarios, con las ventanas del coche cerradas, achicharrándose en verano quizás sin aire acondicionado, para evitar asaltos cada pocos metros de ladrones y mendigos, generalmente personas indocumentadas.
Quien denuncia estos acosos a sus derechos cívicos y humanos por vivir encarcelado y pide justicia es denigrado como xenófobo y racista por los medios informativos de la caverna progre, cuyos responsables no sufren acometida alguna porque viven en urbanizaciones con guardas privados y viajan en automóviles blindados.
Como ni siquiera los partidos de derechas se atreven a defender a las víctimas, porque también temen a la caverna progre, comienzan a nacer en Europa nuevos partidos que se presentan como defensores de los agredidos.
Inicialmente sólo exigen respeto a las normas de convivencia mientras denuncian los perjuicios físicos, morales y económicos que generan, especialmente, dos grupos humanos que deben señalarse, aunque sea políticamente incorrecto:
Uno, los musulmanes radicales, que imponen burkas, ablaciones de clítoris, practican la poligamia y hostigan con creciente agresividad a homosexuales y a mujeres solas.
Otro, algunas tribus de gitanos este-europeos dedicadas al robo y a la mendicidad ofensiva, para las que explotan también a sus niños.
Los nuevos partidos, al principio alimentados con demócratas descontentos, terminarán, seguramente, transformándose en formaciones ultraderechistas, pardas.
Aunque la caverna progre los acuse de xenófobos y racistas, ni Nicolas Sarkozy ni el holandés Geert Wilders lo son, como se comprueba en sus programas políticos.
Consecuencia: si por miedo a esa caverna progre las democracias no defienden a los ciudadanos contundentemente, estarán alimentando la caverna parda.
Hace casi siete años, cuando el debate sobre el calentamiento global no apasionaba como ahora, el hispanista británico-estadounidense Sir Geoffrey Parker dictaba unas conferencias en la Fundación March de Madrid en las afirmaba que un enfriamiento climático, entre 1620 y 1720, facilitó grandes revueltas como la que independizó Portugal de España.
Parker, catedrático en la Universidad de Ohio, había establecido la relación entre las revoluciones y el clima, y cómo influyen las manchas solares en los enfriamientos o calentamientos globales.
Desde entonces mejoró este análisis mientras escribía “Felipe II: La biografía definitiva” (Planeta), que presenta estos días en España, donde acaba de recibir un nuevo doctorado Honoris Causa por la Universidad de Burgos.
Todos los historiadores coinciden en que es el estudio más grande hecho nunca sobre este Emperador que rigió un imperio en el que nunca se ponía el sol, y con el que comenzó también la decadencia española porque, entre otros motivos, sus guerras eran insostenibles por tener muchos menos hombres que los nativos de los territorios ocupados, como el Flandes.
Lo que se repite ahora con la OTAN en Irak y Afganistán, advierte.
Lo actual de Parker sobre cambio climático --vuelve a haber irregularidades en las manchas solares-- es que, como durante el enfriamiento anterior, el mundo no ha previsto combatir las anomalías bruscas, frío o calor. Felipe IV, rey entre 1621 y 1650, no tuvo ni un día de tranquilidad por la agresividad climática que provocaba hambrunas: se perdían las cosechas y las lluvias volvían los caminos intransitables para transportar lo poco que se salvaba.
Nadie había previsto aquel largo cambio climático y, lo peor, es que ahora tampoco hay reservas de alimentos para mucho más que unas semanas, incluso en la rica Europa o EE.UU.
Por si acaso, ¡a comprar enlatados para cien años!
El ataque de Israel con el virus informático Stuxnet contra los ordenadores del programa nuclear iraní es un suceso militar equivalente a la aparición de la flecha, el cañón, el radar, o cualquier arma terriblemente destructiva, aunque por primera vez no cruenta.
La noticia señala nuestra fragilidad en este mundo regido por computadoras. Y que ha obtenido muy poca atención quizás porque es difícil creer que un misil digital pueda resultar más dañino que miles de misiles de guerra real.
Israel ha saboteado el presuntamente agresivo programa atómico de Mahmud Ahmadinejad implantando el virus en un USB que contagió a los 30.000 computadores del sistema científico-nuclear de los ayatolás.
Cuando a finales de agosto se creía que Israel iba a lanzar sus cazabombarderos contra el reactor nuclear iraní de Bushehr, se produjo este ataque devastador contra los sistemas que dirigen la elaboración de la bomba atómica.
El Stuxnet rebasó todos los antivirus preparados por iraníes, rusos e incluso por grandes empresas occidentales que colaboran secretamente con los ayatolás: recuérdese que los científicos israelíes participan en la creación de los sistemas militares estadounidenses más avanzados, y cooperan con Apple, Microsoft, Sun y otros en la elaboración de sus programas comerciales.
Quien primero aplaudió este ataque fue Arabia Saudita, temerosa del sueño imperialismo persa de recrear conquistas como las de Ciro o Darío, hace unos 2600 años.
Hagamos balance: Stuxnet ha evitado de momento los muertos inevitables en un ataque armado contra las instalaciones atómicas iraníes, pero imaginemos también el virus actuando en nuestras fábricas, máquinas, transporte, programas alimentarios de ganado o cultivos agrícolas.
El Hambre. El Caos. La anarquía mundial que nos devolvería a la preindustrialización. Recordemos que hoy todo depende de los ordenadores, imprescindibles incluso para dialogar fuera del alcance de nuestros propios gritos
Si el poeta Blas de Otero resucitara el día de la huelga general y apareciera en el barrio de Madrid en el que vivió sus últimos años, Rojonia, querría volver a morir al comprobar que sus antiguos vecinos habían abandonado aquellos ideales políticos y sindicales que ayudaron a configurar la España democrática.
En vida de Franco había dos suburbios en Madrid que preveían el éxito de las protestas populares: el Pozo del Tío Raimundo, de los pobres, y Rojonia o Ciudad de los Poetas, cercana a la Universidad Complutenses, habitada por numerosos intelectuales y escritores como Blas de Otero. Rojonia derivaba del nombre de la constructora, Saconia.
El Viejo Blas, sobre el que se hacían canciones y cuyos poemas eran inevitables para los cantautores --Escribo/ en defensa del reino/ del hombre y su justicia. /Pido la paz/ y la palabra—iba en cabeza de en las manifestaciones que sorprendían a la mismísima dictadura.
El poeta bilbaíno (1916-1979) era un paradigma de la España que creía en la reconciliación y en la fuerza de las ideas.
Aún viven en Rojonia muchos de aquellos luchadores, la mayoría antiguos marxistas-leninistas. Por eso, el día de la huelga general, podía estudiarse qué quedaba del espíritu que hace unos años llenaba de entusiastas las convocatorias, sobre todo, de Marcelino Camacho. Por entonces la UGT de Nicolás Redondo era muy poca cosa.
Qué decepción habría sufrido Blas de Otero el miércoles pasado. Su barrio trajinaba lleno de vida, con todo abierto.
Los antiguos luchadores, sentados en el bar Los Olmos, se mostraban decepcionados al ver que los piquetes que aparecían en televisión trataban infructuosamente de paralizar la ciudad.
Ellos, que habían formado cientos de comandos similares durante muchos años, concluían entre cariacontecidos y aliviados que su viejo mundo político-sindical había muerto, lo que exigía otra ronda de cervezas y un brindis por la nueva era.
Hay crecientes posibilidades de que José Luís Rodríguez Zapatero caiga en diciembre como presidente del Gobierno tras la moción de censura que prepara ya Mariano Rajoy con la esperanza de lograr el voto favorable de CiU y de otras minorías.
Todo dependerá de las elecciones catalanas de noviembre, que presumiblemente ganará Artur Mas.
Si CiU no consigue una rotunda mayoría absoluta recabará el apoyo del PP, que se lo concederá si apoya la censura, según prevén los populares. Esta moción impediría aprobar en su última ronda parlamentaria los presupuestos de 2011.
“Aquí está la moción que me reclamaba usted”, le dirá Rajoy a Zapatero convencido de que aunque inesperadamente la perdiera la ganaría políticamente.
Economistas, diplomáticos y consejeros del PP negocian sigilosamente ya en cancillerías y mercados financieros la llegada al Gobierno, única vía, afirman estos ideólogos, que permitirá reflotar la hundida confianza internacional en España.
El reciente encuentro de Z. en Nueva York con trece grandes operadores, ante los que apareció humildemente pidiendo perdón y buscando comprensión, se produjo bajo patrocinio del The Wall Street Journal, de cuya empresa propietaria, News Corporation, es consejero José María Aznar.
La sensación general de esos mercados, pero también de los principales banqueros españoles, es que el político socialista está desbordado, se contradice cada pocas horas en asuntos clave, su presupuesto para 2011 es irrealizable, y está acosado por un crecimiento acelerado del paro y de la deuda que aplastan cada día más al país.
Aparte, él mismo ha iniciado guerras intestinas en el PSOE provocando un ambiente de “sálvese quien pueda”.
Influyentes operadores de los mercados dicen que España tiene crédito, expectante en este momento, no porque Zapatero haya recuperado credibilidad, sino porque será expulsado muy pronto con la moción de censura.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla