Frecuentemente deseamos que se mate el conductor que casi nos asesina en una carretera estrecha con cerradísimas curvas en la que se nos cruza a velocidad de Fórmula 1 invadiendo la izquierda para tirarnos por un terraplén.
Estos imitadores de Carlos Sáinz o Fernando Alonso gozan aterrorizándonos. Cualquiera piensa que con un carácter así de agresivo son tipos que le pegan a sus mujeres o novias. Pero luego resulta que lejos del volante pueden ser personas apacibles, quizás víctimas de sus parejas, de las que sólo saben vengarse espantando a otros. El cronista conoce, al menos, un caso así.
Este verano las portadas de los periódicos se cubrieron de fotografías de los desastres provocados por esos conductores que, en contra de toda justicia, suelen salvar su vida y beneficiarse de las leyes tras aniquilar a familias enteras.
Cuando deseamos que sean ellos quienes se maten en una curva dudamos de nuestra decencia. Nos sentimos malas personas, mientras nuestra ira se extiende durante mucho tiempo más allá del momento terrorífico.
En la moral judeocristana es casi tan condenable el deseo de pecar como el propio pecado, como indica la ley mosaica de “no desear”.
Y al habernos librado del accidente no podemos aplicar la mosaica ley del Talión: cobrarnos el mal recibido provocando otro igual; pero inevitablemente se anhela esa muerte, se comete un crimen mental o crimental orwelliano.
Reflexionando así, quien comparta los sentimientos que este cronista carece de la grandeza moral de José Bono, que cuando era ministro de Defensa prefería “morir antes que matar”, nobleza que sin duda posee multiplicada por cien quien encarna todos los buenismos, Rodríguez Zapatero: un verdadero santo laico y socialdemócrata.
Nosotros somos peligrosos fascistas. No sabemos domeñar los deseos homicidas, grandiosidad que sólo alcanzan los seres modélicos, los titanes.
Cuando el arzobispo castrense Juan del Río anunciaba el enfado de Dios en el funeral por los dos guardias civiles católicos españoles asesinados en Afganistán no pensaba en que habría imanes sunitas proclamando lo contrario: que Dios era feliz premiando al terrorista que los mató y que, abatido por otros españoles, merecía las 72 huríes prometidas a los mártires.
Entre tanto, el mismo Dios estaba triste según las creencias bahai del también asesinado Ataollah Taefy, el intérprete de origen iraní nacionalizado español.
Taefi se había exiliado en España para evitar las persecuciones del Dios islámico, siendo el suyo sincrético, unión del de Zoroastro, el Dios judeocristiano y Alá, según se le reveló en 1844 al profeta persa Siyyid Alí-Muhammad.
El fundador bahai fue fusilado en nombre de Alá en 1850 por los chiitas, el islam mayoritario en Irán. Que es el mismo cuya justicia mata sunitas, como estos a los chiitas, a la vez que asesina a católicos, bahais y demás infieles.
Dios católico enfadado, Dios islámico regalando vírgenes a terroristas, Dios bahai triste… De tanto tener a Dios entre pucheros, como decía Santa Teresa, casi nadie se fija en que parece glorificar según qué guerras irritado, alegre o apenado.
Es cierto que hoy el Dios judeocristiano ya ha dejado de honrar los cañones que despanzurrarán a cristianos, musulmanes o bahais, aunque no hace muchas décadas los arzobispos castrenses bendecían la producción de armas defensoras de la fe antes de que empezaran a disparar.
El que siempre consagra y seguirá ensalzando cañones, terroristas y todo lo que asesine a los no creyentes, es el Dios del radicalismo islamista.
Al contrario que el judeocristiano, no puede ser reinterpretado para hacerlo pacifista: ese Alá exigió, exige y exigirá perennemente la guerra santa, la interior y la de conquista.
Ni siquiera Quentin Tarantino, que creó para el cine las más despiadadas bandas de “coyotes”, traficantes de emigrantes por los 3.141 kilómetros de frontera mexicana con EE.UU., podría imaginar una ejecución masiva como la de 72 centroamericanos poco antes del Río Grande perpetrada esta semana por Los Zetas, mafia de narcotraficantes, atracadores, secuestradores y extorsionadores.
Un tipo de asesinatos masivos que crece monstruosamente en ese país cuatro veces más grande que España, con 111,2 millones de habitantes y una renta per cápita de unos 11.000 euros según el fiable “The World Factbook”, de la CIA (España, 26.400, y bajando).
México es rico en materias primas, tiene importantes empresarios, universidades, reconocidos científicos e intelectuales, pero desigual renta, y una sombra omnipresente: la corrupción política, policial y social, terreno propicio para el descontrol de esa mezcla de narcotraficantes, “coyotes”, atracadores, secuestradores y asesinos sádicos.
Según datos de inteligencia, en 2007 tenía 6.900 hectáreas dedicadas al cultivo de amapolas opiáceas, 8.900 a marihuana, y por su territorio pasaba el noventa por ciento de la cocaína que se consume en EE.UU.
Pero todavía es el número 16 de los países con mayor criminalidad, con 10,6 homicidios anuales por cada 100.000 habitantes, frente al número uno, El Salvador, con 61, según el respetado Centro de Investigación para el Desarrollo AC (CIDAC).
En el número dos está Suráfrica, con 49,6 y en tercer lugar, y subiendo camino de Estado fallido, Venezuela, con 48 (España está en el número 97, con 0,77 y el último estudiado, el 115, Malta, con cero homicidios) .
En México se compadecen de si mismos por estar “tan lejos de Dios y tan cerca de los norteamericanos”. Sería al revés: EE.UU. está en el puesto 33 de criminalidad, con 5,2 víctimas cada 100.000 habitantes, que son muchos, pero la mitad que en el país hispano.
Francisco de Vitoria, salmantino del siglo XVI, describió la guerra justa como la hecha en defensa del bien público o para mantener la paz y la seguridad propias, ideas que inspiraron buena parte del “Ius ad bellum” del derecho internacional contemporáneo.
Podemos preguntarnos si puede aplicarse el concepto vitoriano a la guerra de Afganistán, donde hay 1.577 españoles, y por la que ya han muerto 92 militares.
Rodríguez Zapatero dice que allí sólo están en misión de paz, y teóricamente eso hacían los dos guardias civiles asesinados al formar policías afganos. Pero, aunque el Gobierno trate de negarlo, los choques armados de los españoles con los talibanes son crecientes.
Igual que los de los 90.000 soldados de la coalición de unos cuarenta países que se enfrentan a unos talibanes crecidos, sobre todo desde la semana pasada, cuando Barack Obama ratificó, en contra de las peticiones de sus generales, que EE.UU. abandonará el país en 2011: muchos de los 30 millones de afganos quedarán sometidos, seguramente, a unos fanáticos locos.
Recordemos ahora que la invasión de Afganistán y la derrota inicial de los talibanes se produjo tras el 11S de Nueva York, porque desde ese país Bin Laden dirigía Al-Qaeda, cuyos atentados inundaron el mundo de sangre y amenazan con saturarlo más aún.
Afganistán quedará, pues, bajo quienes conquistarán el país basándose en el terror, y que son capaces de mutilar, esclavizar, violar y asesinar a las mujeres y niñas del país, unos 15 millones, si no obedecen las leyes de su brutal machismo islamista.
Sabiendo que los talibanes y Al-Qaeda actuarán libremente en Afganistán cuando Obama ordene la salida, también de los españoles, debemos preguntarnos si la guerra allí es justa o no.
Especialmente si pensamos que podemos sufrir más 11M como el de Madrid.
Nicolás Sarkozy está forzando a numerosos gitanos esteeuropeos a volver a sus países de origen dándoles 300 euros por persona y desmantelando las chabolas que habían plantado en Francia.
La medida, según numerosas asociaciones de derechos humanos, recuerda las persecuciones, crímenes y genocidios sufridos por este pueblo que huyó de las invasiones musulmanas de los actuales India, Pakistán y Afganistán hace unos mil años.
Desde entonces han padecido acoso allá donde viven, sobre todo porque buen número de ellos obedecen al modelo que los prejuzga: hábitos socioculturales primitivos, automarginación, y en ocasiones cercanía al delito.
Sin embargo, hay un gran número ajeno al estereotipo: gente integrada, con lazos con todas las clases sociales, muchas veces ni siquiera sabemos que pertenecen a esa cultura.
En 1749 Fernando VI ordenó una “Gran Redada” en toda España que envió a prisión a los capturados: tuvieron que liberarlos porque la mayoría eran comerciantes, buhoneros o practicaban oficios necesarios para toda la sociedad.
El problema con los gitanos de los países excomunistas es que en buena medida viven de la delincuencia. Muchos explotan a sus mujeres e hijos como ladrones o narcotraficantes.
Durante siglos eran recibidos generalmente con alegría en muchos pueblos a los que llegaban para ejercer como hojalateros o reparadores de material de labranza, oficios que han desaparecido sin que hubieran sabido readaptarse a las nuevas sociedades.
Por tanto, se necesita una contundente voluntad política que estimule a la endogámica sociedad gitana, a veces explotada por sus propios líderes que cultivan y ahondan las diferencias cuulturales, a modernizarse y reajustarse.
A Rodríguez Z., aspirante al Nobel de la Paz dando nuestro dinero por el mundo con su Alianza de Civilizaciones, nunca se le ocurrió la verdadera alianza de civilizaciones; la de los gitanos y los demás españoles.
Quizás porque lo suyo es separar, precisamente, a todos los españoles.
Cuando usted lee o escucha en España una noticia directa, concisa y veraz, en la que no aparece la opinión del periodista sino sólo la narración fría de un hecho, sepa que seguramente fue redactada por algún exalumno de Carlos Mendo, o por algún alumno o alumna de algún alumno suyo.
Porque la información pura, al menos la internacional, sin opinión y en plena dictadura, se inició en España en 1965 cuando Mendo, que acaba de fallecer en Madrid a los 77 años de edad, le advirtió a Manuel Fraga que, para que la Agencia EFE dejara de ser un instrumento de propaganda del régimen y fuera respetada internacionalmente, necesitaba libertad.
“Hasta entonces, los textos informativos en la prensa española se aliñaban y entremezclaban con las opiniones del periodista por lo que, inevitablemente, la noticia se editorializaba y hacía caer al lector en la trampa de confundir hechos con deseos”, recuerda uno de sus primeros alumnos, Miguel Higueras, en su blog “Entre Andorra y Gibraltar”.
El ministro lo nombró director de la Agencia, y él inició la tarea que, seguida por otros, la ha llevado a ser la cuarta más publicada del mundo. Mientras, se formaban en ella profesionales que, como misioneros, se extendieron por toda España.
El secreto de Mendo fue imponer las técnicas de la primera agencia mundial entonces, la United Press International (UPI), de la que fue el primer director español para España y Portugal: delimitar información y opinión, y redactar respetando las cinco W, qué, quién, cómo, cuándo, dónde.
Luego, Mendo fue fundador de El País y, finalmente, como Higueras y tantos otros alumnos de alumnos suyos, como este cronista, se dedicó al periodismo de opinión.
Una evolución esta del periodismo puro al de opinión similar a la del banderillero de Juan Belmonte al que le preguntaron que cómo había llegado a gobernador civil: “Degenerando, amigo, degenerando”.
Redimida antes una compañera de su oengé “Barcelona Acció Solidària” y liberados ya los dos cooperantes secuestrados durante nueve meses por Al-Qaeda en Mauritania, es momento de gritarle a todo turista solidario que se adentra en zonas peligrosas aquello de “Nunca Máis”, como con el Prestige.
Que “Nunca Máis” se jueguen la vida porque quieran sentir excitantes emociones ocultas tras el buenismo aventurero que nos obligan a pagar con nuestros impuestos.
Porque “Nunca Máis” debemos pagarles los contribuyentes los rescates que servirán para comprar más armas y medios para incrementar el terrorismo yihadista y secuestrar a más exploradores. Para mayor escarnio esa oenegé dice ahora que volverá con sus caravanas.
Que aparte de que están sostenidas sobre todo con nuestros impuestos gastan mucho más en sí mismas y en su bienestar que lo que finalmente donan: sus vistosos todoterrenos, autobuses y decenas de solidarios vacacionando de Coronel Tapioca atraviesan miles de kilómetros consumiendo sólo en su propia aventura viajera muchas veces más que lo que entregan.
Son solidarios que no tienen nada que ver con tantas personas, generalmente de creencias cristianas, que dedican su vida a los pobres o desheredados en los lugares más míseros del mundo.
Tampoco tienen que ver con los bomberos u otros profesionales que corren a ayudar a los pueblos cuando sufren cualquier desastre.
O con quienes sí usan sus vacaciones para enseñar a leer o a curar enfermos o construir viviendas, pero que no van a zonas de guerra o guerrillas, y que sólo llevan como equipaje su voluntad, conocimientos y algunos útiles de trabajo.
El buenismo y la solidaridad internacionales tienen tanta farsa que hasta está bajo sospecha el banco de microcréditos para pobres por el que Mohamed Yunnus recibió el Nobel de la Paz en 2006: la televisión France 24 acaba de mostrar cómo acosa y deja más pobres aún a los deudores que no pueden devolver los créditos.
Televisión Española lanzó este verano una gran campaña publicitaria para exhibir a las presentadoras de sus seis grandes revistas informativas, algo similar a aquella película del franquismo sobre cuatro chicas de la Cruz Roja: Conchita Velasco, Luz Márquez, Katia Loritz y Mabel Karr.
Quienes revisan aquel cine observan que siendo la España de 1958 tan machista, y la actual tan feminista, ha pasado medio siglo y se sigue utilizando a la mujer como cebo para atraer público.
Por eso eligen chicas jóvenes, guapas y esbeltas, y rechazan a otros profesionales de ambos sexos menos sexys. Además, si antes las presentadoras eran gente común, las de ahora aparecen como princesas.
Es que las periodistas comenzaron a convertirse en altezas después de la boda de Letizia Ortiz con el príncipe Felipe.
Ella era la mejor y más creíble comunicadora de noticias que hubo nunca en las televisiones españolas, y las nuevas tratan desesperadamente de parecérsele.
Así que en esta España posmoderna zapateril, en la que las feministas de guardia bajo sueldo gubernamental quieren eliminar los espectáculos de las cheerleaders y demás exhibicionismos de la mujer hermosa robándole la libertad de presumir como todo mamífero, llega el escaparate del poder, que es TVE, y luce a estas señoras tan guapas.
Estamos ante un hembrismo chic, de revistas de moda para leer en las peluquerías: nada hay de la “igualdad” de la ministra Aído, que exigiría equilibro entre mujeres y hombres, habiendo varones tan buenos profesionales como puedan ser ellas.
Seguimos, pues, como antes con el machismo no menos chic de los presentadores más guapos del franquismo, aunque no fueran los mejores.
En realidad, las princesas Anne Igartiburu, Mariló Montero, María Avizanda, Carolina Casado, Pilar García Muñiz y Mercedes Torre, nos comunican que ahora domina un feminismo que es machismo al revés.
Creemos un neologismo que sirva para definirlo: femichismo
A pesar de la sentencia del Tribunal Constitucional en contra, Zapatero insiste en darle al nacionalismo catalán disfrazado de socialismo un nuevo poder judicial que se distinga del estatal en la creación e interpretación de la legalidad haciendo ajenos a ese sistema al resto de los españoles.
Más desbarajustes legales en la ya colapsada justicia, con nuevas superestructuras amontonándose sobre una base frágil y hendida. Más aún: la creación de un poder judicial semiindependiente en Cataluña hará imposible negárselo a otras CC.AA.
Pues no salga usted de su región de nacimiento, porque van a martirizarlo las leyes de cada región o comunidad ajenas. Hasta le llegarán oficios o denuncias en catalán, gallego o vasco.
Pues lo justo es que quien hable otras lenguas españolas exija trato equivalente en sus ámbitos culturales, como que las denuncias vayan en bable o en romaní.
Hubo un tiempo en el que los grandes jurisconsultos recomendaban que los jueces trabajaran en destinos lejos de su origen para evitar que se vieran forzados a favorecer a alguien cercano, cumplir un compromiso o devolver un favor.
Un ejemplo de la justicia que nos espera es el de Pascual Estevill, un superjuez que chantajeaba a media Cataluña mientras Jordi Pujol lo presentaba como ejemplo de payés honesto hecho a sí mismo porque había empezado como humilde cabrero.
Fue hallado culpable de cohecho, extorsión, prevaricación y detenciones ilegales, y condenado a nueve años de prisión, sentencia dictada por un Tribunal Superior de Justicia catalán con magistrados de diferentes zonas de España.
Con el proyecto Zapatero tendremos muchos admirables y endogámicos Pascual Estevill juzgándose entre ellos y protegiendo a sus jefes políticos: la justicia cercana no tiene nada que ver con el juez cercano del posible delincuente.
Caeremos bajo los caciques locales, bajo señores feudales de la justicia al servicio de poderes supuestamente cercanos al pueblo, pero que realmente es la corrupta aristocracia política localista que los nombra.
Próximamente, cuando caiga el comunismo en Cuba, veremos morir a mucha gente de enfermedades leves por todo su país.
Sólo los ricos recibirán la atención adecuada, como ocurre ahora con los jerifaltes y militantes del régimen.
Porque por mucho que engañen la propaganda fidelista y las estadísticas manipuladas de la ONU, muchos cubanos mueren anónimamente de males triviales.
Lo saben bien quienes han estado en cualquier centro médico de la isla donde no hay los medicamentos más elementales, ni siquiera algodón o gasas.
Igual que ocurría en la China maoísta, cuando desaparecían por hambre y enfermedades decenas de millones de campesinos, mientras la ONU negaba la sangría tanto como las autoridades comunistas.
Las comisiones de la ONU destacaban la magnífica sanidad socialista gracias a aquella creación maoísta de los “Médicos de pies descalzos”, curanderos analfabetos que presentaban como grandes profesionales.
En Cuba se ocultan las muertes masivas por mala atención médica, por falta de medios y por incompetencia: los Castro producen casi tantos médicos como Mao pies descalzos.
En la China actual la medicina socialista se ha convertido en el método de explotación de los enfermos más inhumano.
Los profesionales realmente titulados, que nunca conocieron el juramento hipocrático, sino la deshumanización ideológica del marxismo-leninismo y del materialismo dialéctico, han descubierto el materialismo capitalista sin pasar por el humanismo o por la tan occidental piedad judeocristiana.
Ahora, o entregas muchos yuanes, o mueres en una esquina. La corrupción de los laboratorios y de los médicos es absoluta. Se opera a la gente innecesariamente porque se va a cobrar en dinero negro por cada intervención.
Es el hundimiento moral y espiritual, al que ha llevado el comunismo, y en Cuba, donde el fidelismo agoniza, ocurrirá –ya está ocurriendo—exactamente igual.
Siete años después de abandonar el Gobierno sin presentarse a la reelección, José María Aznar sigue siendo el personaje de derechas más odiado por las izquierdas, a juzgar por los denuestos que le lanzan a su paso.
Si Melilla es una ciudad ta española como Burgos, Aznar estaba en su derecho de visitarla, como hizo para darse un baño de masas que enceló al Gobierno. Y ya había estado allí dos veces durante su mandato, pese a negarlo José Blanco.
Ocurre que Aznar es tan duro como blando Zapatero. Uno se lanzó fieramente contra ETA, dialogó sin ceder, y otro le hizo concesiones que no fructificaron porque los terroristas exigían más, y para mostrar su talante propició el chivatazo del Faisán.
En diciembre de 2001, mientras se calentaba el contencioso marroquí-hispano que llevaría al conflicto de Perejil de julio de 2002, Zapatero visitaba a Mohamed VI como jefe de la oposición en un viaje condenado por el gobiarno Aznar “para mediar entre los dos países”. Nunca se supo de qué hablaron, realmente.
Lo paradójico es que lo último que había azuzado el conflicto había sido la celebración en octubre de 2001 de un referéndum en 200 municipios andaluces a favor de la independencia del Sahara, con apoyo del PSOE de Cháves-Zapatero.
Ya en el poder, Z. le entregó los saharauis a Marruecos a cambio de no hostigar a Ceuta y Melilla y contener la inmigración del África negra, entre otros favores mutuos desconocidos.
La inacción española en Melilla y la retirada de las mujeres policías fronterizas por exigencia machista marroquí, hacen pensar que para Z. la españolidad del territorio y el feminismo son conceptos discutidos y discutibles: como la nación que quiso hacer confederal inconstitucionalmente en Cataluña.
Para Z. “el planeta es del viento”, como dijo en Copenhague, mientras su antecesor, nacionalista español, rechaza la idea, lo que le suscita muchos odios y libra de ellos al astuto Rajoy
La revista Time acaba de publicar una serie de fotografías sobre algo de lo que hablamos poco, y menos en la supuestamente feminista España: de cómo mutilan los talibanes a millares de mujeres y niñas extirpándoles cualquier signo de feminidad, pero no sólo sexual, sino también la nariz o las orejas si sospechan que se despojaron del burka alguna vez, o las manos si saben escribir.
El avance talibán por este país de superficie algo mayor que España y de 29 millones de habitantes será imparable dentro de un año, cuando comiencen a retirarse las tropas estadounidenses por orden de Barack Obama.
Se hará en contra de las demandas del general más admirado de su país, David Petraeus, el comandante en jefe de los 90.000 soldados de 42 países, entre ellos 1.570 españoles, que ayudan al pueblo y combaten contra los fanáticos islamistas,.
Petraeus, que triunfó sobre Al-Qaeda en un Irak que va normalizándose, aunque haya algunos atentados, dijo en una entrevista que no debe entregársele esa gente a los talibanes, pero la Casa Blanca le contestó inmediatamente advirtiéndole de que la retirada era irrevocable.
Petraeus es el segundo general que tiene un contencioso con Obama. El primero fue Stanley McChrystal, ayudante de Petraeus en Irak, donde ambos lograron atraerse numerosos grupos antes hostiles a EE.UU. con acciones tan duras en lo militar como suaves en el diálogo y la cooperación.
McChrystal dijo más o menos lo mismo que Petraeus, aunque de manera menos diplomática. Por lo que fue destituido y sustituido por su antiguo jefe.
Un militar español admirador de Petraeus, ahora de permiso aquí, justificó su trabajo ante sus dos hijas diciéndoles que “Vale más la nariz de una niña afgana que la vida de cien talibanes”.
¿Qué piensa usted?
Esteban González Pons, portavoz del Partido Popular, ha cometido una seria torpeza: obligar al PSOE a emplear su colosal poder político y mediático en la destrucción de Tomás Gómez, lo que convertirá a Trinidad Jiménez en una rival de Esperanza Aguirre seguramente más peligrosa que él.
Satisfecho por la pelea que se vislumbra entre Gómez, preferido inicialmente por las bases madrileñas del PSOE para enfrentarse a Aguirre en las autonómicas de 2011, y Jiménez, impuesta por Rodríguez Z., el portavoz del PP advirtió que el jefe del Gobierno perdería su autoridad cuando el exalcalde de Parla derrote a su protegida.
En efecto, el fracaso de Trinidad Jiménez en las primarias socialistas madrileñas supondría el suicidio de Zapatero, pero también de todo el PSOE.
Porque si bien es cierto que Tomás Gómez goza del apoyo de las bases, buena parte de los mil cuadros madrileños que elegirán a quien se enfrente a Aguirre son profesionales de la política.
Cobran a fin de mes gracias a los cargos oficiales que genera Zapatero mientras tiene poder. Pero si Z. fracasa especialmente dentro de su propio partido, ninguno de ellos sabe de qué va a vivir, ni en Madrid, ni en el resto de España.
Veríamos así a muchos millares de políticos socialistas hundidos en las colas de cesantes, y saliendo de ellas a unos felices políticos del PP.
Por tanto, el aparato socialista tiene que lanzarse sobre el pobre Gómez. Debe triturarlo, y lo antes posible para que en poco tiempo nadie recuerde su nombre.
Van a por él para que acabe como el personaje del finado humorista argentino Pepe Iglesias, el Zorro, que concluía sus actuaciones diciendo que “Y del finado Fernández, nunca más se supo”.
Y añada usted “Y del finado Gómez, tampoco".
Hay que preguntarse si la actual ofensiva marroquí sobre Ceuta y Melilla obedece o no a que Mohamed VI vea a Don Juan Carlos algo mustio tras su operación de pulmón y si quiere emular a su padre, Hassan II, cuando ordenó la Marcha Verde sobre el Sahara al comprobar que Franco estaba gravísimamente enfermo.
Muchos analistas políticos creen que aprovecha la debilidad personal y política de Zapatero, pero sea cual sea la idea del monarca marroquí, lo cierto es que ante cualquier dificultad nacional o internacional los políticos españoles se vuelven realistas, es decir, prácticos: acuden al Rey buscando auxilio.
Ahora le piden ayuda para que Mohamed VI modere sus demandas sobre Ceuta y Melilla, que siempre existirán, preferibles viniendo de él que si proceden del creciente islamismo que jura reconquistar Al-Ándalus.
Y también quieren que proteja los toros, sometidos a una campaña escalonada de los antitaurinos de la lidia clásica, aunque apoyen algo grosero, no depurado por el arte, como los correbous.
Le piden que defienda a España en el mundo –salvó en numerosas ocasiones las buenas relaciones con bastantes países, incluyendo EE.UU.--, y hasta los empresarios españoles tienen en él su mejor representante.
El cronista cae en una depresión ideológica republicana cuando analiza a quienes podrían sustituir al Rey como presidentes de una III República.
Ninguno de los políticos españoles le merece confianza para un puesto que requiere mantener durante décadas y constantes el respeto y el aprecio internacionales.
Es necesario que el Rey tenga buena salud y, en el peor de los casos, confiar en su heredero: una de las enseñanzas sobre estrategia proselitista del Corán es la de cómo y cuándo destruir al infiel para repartirse el botín, algo bien conocido por la dinastía Alauí, de Mohamed VI, descendiente de Mahoma.
En 1931, al iniciarse las Cortes Constituyentes de la II República, Josep Plá describía a los diputados españoles como muy parecidos a los que conoció Antoine Rivaron en 1779 cuando Luís XVI reunió los Estados Generales en Versalles: “Todas las asambleas están formadas por una mayoría de envidiosos y una minoría de ambiciosos”.
Ni los Estados Generales que temían la Revolución, ni la II República, que condujo sin desearlo al franquismo, terminaron bien.
En la política española podemos ver, también ahora, una mayoría de envidiosos y una minoría de ambiciosos. Siempre estuvieron ahí, pero la crisis los hace más visibles.
La envidia genera la ira que mueve buena parte del mundo. Por envidia se hacen guerras y sangrientas revoluciones que dirigen una minoría de codiciosos de esa mayoría de envidiosos.
Sus líderes usan el rencor para medrar anunciando que le usurparán riqueza a los ambiciosos expropiándoles sus bienes o subiéndoles los impuestos, pero después se quedan ellos con todo.
Al otro lado, los codiciosos se lanzan a hacer conquistas e invasiones dirigidas por líderes que luchan con todas sus armas para triunfar y expresar su superioridad sobre los envidiosos.
Si analizáramos como Nietzsche a ambos arquetipos diríamos que los envidiosos son dionisíacos, dados al gasto, la fiesta y el desenfreno. Los ambiciosos serían moderados amantes del orden, aunque exhibicionistas: apolíneos.
Volviendo a Plá y Rivaron: si observamos el actual Parlamento veremos en sus envidiosos y ambiciosos ejemplos canónicos de dionisíacos y de apolíneos.
Zapatero parece más apolíneo que Rajoy, pero, ¿no será él el dionisíaco y Rajoy el apolíneo?
Decida usted quién es uno u otro. Y si no encuentra parecidos con la idea de Nietzsche es que el filósofo alemán ignoraba que los políticos españoles desobecen la lógica, como Zapatero con Tomás Gómez.
Nos llega otra epidemia que amenaza con matarnos en masa, justamente cuando estaban destruyendo en España 42 millones de euros invertidos en vacunas contra la Gripe A.
Aparece el gen NDM-1, mutación que vuelve resistentes a un gran número de antibióticos a las bacterias que lo portan.
Como siempre, la amenaza está avalada por la autoridad de una revista científica seria, “The Lancet Infectious Diseases”, en un artículo que indica que algunos viajeros que llegan de La India y Paquistán traen esas bacterias que se extienden rápidamente.
Como consecuencia, Giuseppe Cornaglia, presidente de la Sociedad Europea de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ESCMID), advierte que estamos ante un problema tan grave que puede destruir incluso los sistemas sanitarios más aanzados.
Posiblemente esta vez esté viniendo el lobo. Pero lo hace en el momento de menor credibilidad sobre las amenazas de epidemias globales de bacterias, virus y mutaciones asesinas.
Aunque le dará ocasión para mostrarle su buen corazón a los madrileños a la ministra Trinidad Jiménez comprando más material y propaganda que Esperanza Aguirre, como hizo con esa gripe que resultó una invención de unos científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que cobraban comisiones de los laboratorios.
Estas superbacerias quizás sean asesinas, o quizás no. Pero serán domeñadas. Como ocurre con tantos males desde que la ciencia sustituyó a la magia.
Recordemos las últimas grandes amenazas que iban a dejar este planeta vacío de humanos –los ecologistas hablaban de su merecida desaparición--, que van desde el SIDA o la enfermedad de las vacas locas, hasta decenas de otras amenazas Ébola que llegan a la Gripe A, que tanto temíamos hace tan sólo un año, la NDM-1 ahora, y todo lo que nos rondó y rondará.
Es que hubo quien se suicidó después de matar a toda su familia por miedo a esa gripe y seguramente al calentamiento global: como para ponerse dramáticos en lugar de tragicómico.
La metamorfosis de izquierdistas hacia la extrema derecha se descubre analizando el paso de muchos trabajadores franceses comunistas y socialistas al Front National, de Le Pen, al sentirse víctimas del buenismo multuculturalista que inspira la alianza de civilizaciones zapateril.
Todo empezó con la “estafafobia”, o fobia a la estafa organizada por algunas minorías culturales o religiosas que abusan de las conquistas sociales obtenidas durante décadas por los franceses.
Muchos nacionales se creen más desprotegidos por el Estado que estos grupos que reciben más viviendas, subvenciones y ayudas para sus grandes familias, que ellos.
Además, para no ser acusado de xenófobo o racista, el Estado tolera, por ejemplo, la poligamia o el salvajismo de muchos jóvenes de algunas minorías.
Desde sus apacibles barrios burgueses los estamentos jurídicos, gubernamentales y periodísticos acusaron de xenófobos a los indignados nacionales que, por el contrario, recibían apoyo de Le Pen. Y sin ambargo ahora casi no ofrecen oposición estos días a las drásticas expulsiones de gitanos rumanos que se producen en el país.
Pues atentos a España: los machos islamistas exigen que sus mujeres vayan cubiertas, incluso cuando debe atenderlas una sanidad para la que quizás ni siquiera han cotizado. Amenazas al médico. Denuncias judiciales. Abuso de un sistema social que muchas veces atiende mal al contribuyente español.
Lo que comienza como “estafafobia”, o fobia a ser estafado, evitable si el Estado corrigiera estos abusos crecientes, va pasando a hostilidad, especialmente hacia el islam al creer que es el que más explota el sistema social español.
Así es como ha nacido en Vic la “Plataforma per Catalunya”, que crece por toda la comunidad aceleradamente. Su fundador es un antiguo fascista de Fuerza Nueva.
Peligro: está atrayendo a numerosas personas de izquierda y derecha que, en principio, sólo eran “estafafóbicos".
Se diría que Rodríguez Zapatero sufre estos días su propio Perejil. Mohamed VI no toma el islote como hizo en julio de 2002 para probar la fortaleza del gobierno de Aznar, pero parece tantear la debilidad del primer ministro español provocando conflictos innecesarios.
Los desafíos de marroquíes a la guardia civil y a la policía en Melilla --con graves agravios macho-islamistas a las agentes, por ser mujeres--, las reivindicaciones crecientes sobre esa ciudad y sobre Ceuta, y ciertas sugerencias sobre Canarias, ocurren sin que haya conflicto real alguno entre los dos países.
Cuando surgió el de Perejil, Zapatero viajó a Rabat a espaldas del Gobierno a pedir perdón por la dureza aznarista con Mohamed VI, y para conseguir que el Rey fuera su “moro amigo”.
Los españoles llaman “moro amigo” a aquel del que puede fiarse –mientras no se demuestre lo contrario--, lo que da indica qué piensan de los otros.
Prejuicio racista o xenófobo, pero instintivo en la mayoría de los españoles; que son vistos a su vez por los marroquíes como altaneros y ofensivos con ellos.
Desde hace casi nueve meses en España no hay embajador de Marruecos, y Madrid es reticente con el representante propuesto, antiguo dirigente del Frente Polisario y traidor a su causa: la felonía, arma diplomática y de presión tan norteafricana.
Además, hay una aparente neutralidad española en la lucha del fundamentalismo wahabita para controlar las asociaciones musulmanas aquí, y el esfuerzo marroquí por manejar esos grupos y al primer partido político islámico español, teniendo en cuenta que hay al menos 800.000 marroquíes, muy infiltrados por la policía secreta de Rabat.
Queda el recuerdo de que los autores materiales del 11M fueron marroquíes, quizás infiltrados también. Y Ceuta y Melilla: la demografía las hace decrecientemente españolas.
Se entiende el desconcierto zapateril con quien ya no parece su “moro amigo”.
En los últimos días fueron noticia tres acciones del fanatismo islamista: la ejecución a tiros disparados por un imán talibán, tras darle 200 latigazos por adulterio, de una musulmana embarazada y viuda, el asesinato de diez sanitarios de una oenegé cristiana que desde hace medio siglo ayudaban en unas aldeas afganas, y la huida de Irán del abogado que defendía a una mujer a la que la ley islámica ha condenado a ser lapidada.
Tres formas de las infinitas que hay de martirio, entendiéndolo como la pérdida de la vida y de la dignidad por no obedecer a la religión dominante.
Es lo que recibían los primeros cristianos en Roma hasta que Constantino permitió esa creencia en 313, a la que le dio una preeminencia que permitió que muchos cristianos se persiguieran entre ellos.
Desde hace muchos años eso ya no ocurre, pero el asesinato religioso se agudiza cada día más en el islam radical y jihadista, en el que se autoproclaman mártires los suicidas que mueren matando a quienes no comparten su fervor.
Son asesinos que en su supuesto martirio provocan el mayor número de víctimas entre los mismos musulmanes, como se comprueba en la web que sigue sus atentados desde el 11 de septiembre de 2001, The Religion of Peace, llamada así con sarcasmo.
Desde esa fecha el fanatismo islamista ha perpetrado 15.812 atentados con decenas de millares de víctimas, de las que cristianos –y los hinduistas, aunque ellos también matan por la religión, aunque no tanto—son minoría.
Sólo en el último mes de julio la jihad lanzó 32 ataques que produjeron 112 muertos y 212 heridos graves.
Hay, pues, mártires musulmanes igual que cristianos o judíos. Y los fanáticos que se llaman a si mismos mártires seguramente sólo son sádicos sexualmente enfermos: quieren encontrarse lo antes posible con huríes celestiales quizás porque las terrenales no se les dan muy bien
Debemos comprender la ira de los controladores aéreos, cerca de 2.500, que cobran de media 330.000 euros anuales, 27.500 euros mensuales según el ministro de Fomento, cifra que quiere reducirles a 16.600 mensuales.
Muchos trabajadores no reciben en todo un año lo que ellos en treinta días, ni con el nuevo sueldo, ni mucho menos con el que tienen todavía.
Pero el problema hay que analizarlo desde el punto de vista de cualquiera de estos profesionales agrupados en la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), que rechaza la reducción de un tercio de sus sueldos.
Un controlador podía contar como algo lógico de su estatus tener un gran chalé con piscina olímpica climatizada, su propia avioneta, yate y algún Ferrari, todo, claro, con sus hipotecas.
Lo peor es no poder pagarle ahora al banco y quedarse sin esos símbolos de bienestar: así no vale la pena hacer una carrera de grado medio, saber inglés y tener la mente bien ordenada.
Huelga (decir) que tras conocer la reducción, muchos caen en un estrés paralizante, lo que colapsa la aviación comercial y el turismo, y que con la crisis actual arruina más aún la España desmantelada previamente por Z., jefe del Gobierno del ministro de Fomento.
A esto hay que añadir los escritos de Francisco Capella, físico, ingeniero en inteligencia artificial y del conocimiento, y economista. Es el controlador con más títulos universitarios y, además, miembro fundador del Instituto Juan de Mariana.
Escribe artículos en la Red Liberal acusando de irresponsable a la USCA por sus altas exigencias, aparte de denunciar como ruinosa toda la gestión de Zapatero.
Es sorpredente, y quizás admirable, que aunque perjudique sus propios intereses mantenga esta rara postura consecuente: quizás porque ser liberal es ser justo, y no un sindicalista especializado en chantajes.
Los medios informativos echaban en falta una buena serpiente de verano. Tuvieron sólo la de que Winston Churchil ocultó el avistamiento de ovnis durante la II Guerra Mundial: cosa antigua.
Pero repentinamente apareció haciendo piruetas sobre el cielo de Madrid no un ovni, sino Wonderwoman, la Mujer Maravilla, Trinidad Jiménez, la socialista que quiere ser presidenta de la Comunidad.
Sin su chupa negra, con la que compitió y perdió la batalla por el ayuntamiento de Madrid en 2003, pero con diadema áurea con una estrella en el centro, señal del beso de Rodríguez Z., llegó la ministra de Sanidad que gastó 400 millones de euros en vacunas inútiles para la gripe A..
Ella es la mejor según el PSOE, y viene a enfrentarse a Superwoman, la supervillana del PP, que viste como Superman, pero que tiene mal corazón dentro de sus espectaculares atributos de mujer: Esperanza Aguirre.
Antes de que se produzca la lucha entre las dos heroínas, Wonderwoman tiene que aplicarle Kriptonita al Superman socialista aspirante al mismo puesto, Tomás Gómez.
Y lo que parece un juego de héroes y malvados de editoras de tebeos como DC y Marvel Comics, es una realidad absoluta: Zapatero le ordenó a Superman Gómez que abandonara su candidatura para que Wonderwoman Jiménez combatiera contra Superwoman Aguirre.
¿Y qué le contestó Gómez?: "A mí no me retiran ni con Kriptonita”.
No afirmó que a él no lo echan a palos, haciéndole la vida imposible o dándole un ministerio, que es lo que iba a hacer Zapatero si renunciaba a la candidatura a la Comunidad de Madrid. Superman Gómez dijo, precisamente, Kriptonita.
Estamos en una situación de tebeo, con Wonderwoman preparándose para combatir contra Superman, lucha fraticida en el que ambos pueden salir descalabrados.
Y a la espera, Superwoman Aguirre, con sus poderes íntegros.
Buena serpiende de verano. Mejor que un ovni de Churchil o que el monstruo del lago Ness, que este año, incumpliendo su obligación, no apareció todavía.
Pero, realmente, esto es de Mortadelo y Filemón, los ridículos personajes del tebeo español, imitando dibujos de superhéroes yanquis.
Nada hay más paralizante que ver cómo un familiar abusa sexualmente de un niño, como el caso reciente que presenció este cronista en el que un abuelo tocaba bajo la mesa de un restaurante la entrepierna de su nieto, de unos siete años.
Fue una escena vista desde una mesa cercana. El niño, tras unos larguísimos segundos, se levantó y huyó desconcertado hacia un salón cercano.
Un encuentro familiar, al parecer después de bastante tiempo sin que aquellas seis personas se hubieran visto juntas.
Unos padres, un niño y una niña, y dos personas mayores, los abuelos varones de ambas partes, de unos 65 años ambos. Un abuelo vio lo que hizo el otro, el pederasta, pero no mostró reacción alguna.
Durante su vida cualquiera de nosotros sufre experiencias traumáticas, físicas y morales. Suele saber responder, pero ante esta escena de malevolencia el cronista quedó paralizado, sin capacidad de reacción.
Quizás fue una cobardía no denunciar públicamente al pederasta ante las decenas de comensales del restaurante, uno de los más atractivos para comer cordero en las afueras de Madrid.
Pero, ¿cuál sería la reacción de aquella gente ante una acusación sobre un acto de unos pocos segundos que seguramente ni el niño apoyaría porque su confusión e inocencia podrían restarle importancia a la maldad?
Hay estadísticas (All Family Resources) que afirman que alrededor del veinte por ciento de las niñas y un porcentaje cercano de los niños sufren abusos sexuales en el seno de sus propias familias. Pederastia e incesto, la conducta más ignominiosa.
Después, mientras el cronista se preguntaba apesadumbrado cuál debería haber sido su conducta, su mujer fotografiaba al pederasta, pero, ¿qué hacer con la imagen de un anciano rodeado de su familia aparentemente feliz tomándose el postre?
El cronista preguntó luego a expertos, como sicólogos y psiquiatras qué debería haber hecho y las respuestas fueron tan contradictorias que se quedó tan desorientado como al principio.
¿Qué habría hecho usted en similar situación?
Zapatero nunca se habría atrevido a imponerle a los socialistas catalanes sus candidatos a la presidencia de la Generalidad ni a la alcaldía de Barcelona, pero exige hacerlo con los madrileños, lo que definen numerosos militantes de esa Comunidad como un abuso caciquil.
Entre buenas palabras y sonrisas melífluas, Z. quiere defenestrar al líder electo del socialismo madrileño, Tomás Gómez, para poner a la que supone glamourosa Trinidad Jiménez, la actual ministra de sanidad.
Jiménez es “miembra” de una familia de juristas y políticos con Franco y postfranco, y prima de Ruiz-Gallardón, quien la venció ruidosamente en las elecciones municipales madrileñas de 2003.
En este momento, La Trini, como la tratan algunos medios con machismo ofensivo, tiene pocas posibilidades frente a la presidenta Esperanza Aguirre.
Necesitaría el apoyo de la emergente UpyD, que espera obtener once diputados en la Asamblea de Madrid en las próximas elecciones. Tendrán que salir de los actuales 64 del PP, 42 del PSOE y los once de Izquierda Unida.
Teniendo en cuenta que para muchos izquierdistas madrileños Rodríguez Z. actúa más como socialnacionalista catalán que como españolista, posiblemente UPyD, aún siendo centroizquierdista, prefiriera formar mayoría con Aguirre porque al margen de las campañas para desprestigiarla, la cree dialogante y poco dogmática.
Ejemplo fundamental: la votan masivamente, por delante de la estrella gay socialista Pedro Zerolo en el barrio de los gays madrileños, Chueca. Y presume públicamente de su tío predilecto, el poeta homosexual catalán Gil de Biedma, fallecido de sida.
En numerosas agrupaciones socialistas madrileñas algunos militantes denuncian que la cacicada de Zapatero imponiendo a Jiménez es fascismo: algunas izquierdas ven fascistas en toda conducta que les disgusta.
Para ellos el enemigo ahora es menos su detestada Aguirre que Zapatero, manejado como a un niño por el nacionalismo catalán.
Rodríguez Z. quiere enmendar la sentencia del Constitucional que niega que Cataluña sea una nacíón con justicia y finanzas propias que suplantan a las españolas, para lo que se propone evadir la misma Constitución con trampas leguleyas.
Aceptémoslo: el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, ha dejado de existir al someterse al Partit dels Socialistes de Catalunya, el PSC de los burgueses catalanes.
Los votantes socialistas deben saber, pues, que no sirven a los españoles, sino sólo a la clase política catalana, incluida la derecha nacionalista y los secesionistas.
La base del cambio nace de la idea nacionalista de que España es una nación de naciones, el ideal del caciquismo: todo cacique suele ser un tipo acomplejado e incompetente pero que domina a un grupo limitado de personas, mientras teme a otro más amplio con rivales mejores.
Ley incumplida en el caso del actual PSOE, porque la debilidad general del partido en 2000 hizo que se eligiera a Rodríguez Z. no porque fuera el mejor, sino porque parecía ser el menos malo tras los fracasos de Borrell y Almunia, entre otros.
Triunfante gracias al PSC, Z. hizo que el viejo PSOE pactara con fuerzas antagónicas, pero necesarias para el llamado socialismo catalán, como la independentista Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, regida por personajes modelo Carod-Rovira.
Una política de alianzas en la que ERC acosa a un PSC burgués y confederal para competir con CiU, y un Rodríguez Z. que promete apoyar “lo que salga de Catalunya”.
Así el PSOE, que es nada sin el PSC, elaboró un Estatuto catalán inconstitucional.
Lo corrigió, no mucho, el único intérprete legal de la Constitución, pero la debilidad de Z. le obliga ahora a hacernos trampas para satisfacer al socialnacionalismo catalán.
Los socialistas españoles deberían reflexionar sobre la España que desean olvidando la, para ellos, encantadora sonrisa de Rodríguez Z.
Tenemos claro que buena parte de los políticos españoles de izquierdas, derechas y nacionalistas provienen de relevantes familias franquistas, pero rara vez observamos que de todas aquellas castas los pocos alejados del poder son, seguramente, los descendientes del propio Franco.
Que actualmente se dedican, sobre todo, a asuntos que suelen llevarlos esposados al juzgado, y al cotilleo televisivo
Quizás les iría mejor dedicarse a la política, como hacen en el PP, PSOE, CiU, PNV, BNG o ERC muchos hijos y nietos de quienes sirvieron al dictador.
Ay si levantaran cabeza el Generalísimo y su señora, Doña Carmen Polo, a la que el régimen presentaba como ejemplo de las virtudes tradicionales de la mujer española: la modestia, la dulzura, la delicadeza y, sobre todo, la religiosidad.
Franco y esposa creían que la prole de su única hija, casada con un aristócrata cirujano cardíaco, iba a fundar una familia que con sus buenas costumbres y exquisita educación iluminaría a las nuevas generaciones de españoles.
Esperaban transmitirle un carácter recio y morigerado, lo que unido a la nobleza y valía científica del marqués, daría ejemplo de talento y productividad.
Pero el yerno, aceptable cirujano según sus colegas, era un vividor, simpático caradura que casó a su hija mayor, Carmen, con Alfonso de Borbón. Querían usurparle la corona a su primo, el actual Rey de España.
Carmen, fracasada aspirante a reina, es hoy un personaje fundamental dentro de esos programas de televisión de cotilleos conducidos por reinonas que sumergen las cámaras, previo pago, en las camas de personas descocadas como ella.
Sic transit gloria mundi: Franco tiene que observar la caída de su familia, precisamente, desde el Valle de los Caídos; lugar que, visto así, no se entiende por qué quiere cerrarlo el gobierno de Zapatero.
Hace un mes que Raúl Castro cumplió 79 años, y este hermano menor al que Fidel le cedió el cargo de presidente y dictador cubano en 2008 chochea cada día más, dicen numerosas personas que lo han oído hablar sin notas que le dicten cómo expresarse.
Durante aquella cesión Fidel alabó a Raúl como “joven revolucionario” de una “nueva generación”, lo que mostraba la senilidad del tirano, que cumplirá 84 años este viernes, y 13.
Hace unos dos meses Fidel le profetizó a los cubanos que Barack Obama iba a lanzar una guerra atómica contra Corea del Norte e Irán durante el Mundial de Fútbol.
El anuncio y la fecha, sugiriendo que eran antesala de a la invasión de Cuba, aparecieron con su firma en Juventud Rebelde, periódico de nonagenarios, como indica su nombre.
La demencia senil se da en ancianos, pero también en jóvenes autócratas que obligan al pueblo a obedecer a sus neuronas averiadas.
Los medios del izquierdismo iluminado reprodujeron emocionados la adivinación, que aireó con entusiasmo Hugo Chávez.
Pero como falló el vaticinio, el jovencísimo caudillo venezolano, que cumplió 56 años hace una semana, sufrió una recaída de su demencia infantil y olvidó enseguida haber difundido la profecía.
Simultáneamente, y en un ataque de demencia juveno-senil tras las pruebas presentadas en Colombia de su apoyo al narcoterrirismo de las FARC –y a ETA--, dijo que quizás tenga que mantener una guerra con ese país.
Más Alzheimer, ahora trata de ocultar que difundió que los recientes terremotos de Haití y de Chile fueron producidos por una diabólica arma secreta estadounidense.
Estas locuras quijotescas, molinos convertidos en terremotos y guerras atómicas serían genialidades literarias si no fuera que quien sufre el realismo político-mágico de estos dementes es el pueblo víctima de sus desatinos.
Nadie le impide a usted irse de vacaciones al Kabul Golf Club, de nueve hoyos y muchos agujeros más producidos por las bombas de la guerra de Afganistán.
También puede hacer esquí en Gulmarg, en Cachemira, donde quizás le peguen un tiro. O puede ir a un “Narcotour” en El Cid, Mazatlán, en México, donde podrían encontrarlo sin miembros y acribillado a tiros.
La revista internacional Foreing Policy acaba de publicar una lista con siete lugares turísticos así para personas que desean vivir emociones fuertes que, naturalmente, pueden resultar letales.
Como lo fue la de los cuatro jóvenes españoles que se ahogaron en un desbordado y excepcionalmente peligroso el río Gallinas, en México, después de que las autoridades les advirtieron que estaba prohibido pasarlo.
Los supervivientes alegan ahora que un barquero les aseguró que no había problema alguno. Pero en televisión se vio la violencia del rio, que era suicida retarlo cuando ellos trataron de hacerlo.
Cuatro jóvenes muertos por esa loca aventura y el barquero en la cárcel, seguramente por poco tiempo: cualquier juez sabe lo fácil que es convencer a un pobre mexicano para cobrar unos dólares extra de unos turistas algo atolondrados.
Por supuesta solidaridad, con oenegés que prometen aventuras atractivas mezcladas con actividades aparentemente humanitarias, muchos exploradores van a lugares peligrosos sabiendo que pueden sufrir secuestros y muertes.
Su conducta es como la de esas decenas de jóvenes algo bebidos que cruzaron recientemente las vías del tren en Castelldefels para llegar antes a la fiesta de San Juan. Trece muertos y bastantes mutilados.
Los supervivientes querían culpar a la Renfe, seguramente los heridos en el Kabul Golf Club a Bush-Aznar, pero quien paga los gastos derivados de estas vacaciones suicidas somos nosotros con nuestros impuestos.
Deberíamos pasarles la factura, como en algunos lugares están haciendo con los montañeros.a los que deben dedicárseles ingentes medios para salvarlos de alguna locura, mientras caracen de ayuda las gentes realmente necesitadas y prudentes.
En España hay muchas mujeres que sin necesidad de cuotas ni del proteccionismo de un Rodríguez Zapatero haciendo pases en pasarela para elegir damas-ministras de diseño, son capaces de enfrentarse a políticos comunes e incluso al mismo Z.
Y que pueden vencerlos dialéctica y políticamente en debates y elecciones al demostrar mayor eficacia, personalidad y capacidad política.
Hablemos sólo de dos, aunque hay muchas más, casi ninguna en el zapaterismo para el que, como la mujer es inferior, se la coloca en puestos de privilegio tirándoles caballerosamente la capa de tuno a sus pies y cantándoles el “Pisa morena”.
Las dos lideresas son Esperanza Aguirre y Rosa Díez. Una, la presidenta de Madrid, la comunidad más próspera, alegre, libre y cosmopolita de España; otra, una exsocialista que dirige el nuevo partido, Unión, Progreso y Democracia (UPyD), que seguramente sorprenderá en las elecciones de 2011.
Ambas han ganado sus puestos peleando contra hombres y mujeres en igualdad absoluta.
Gladiadoras contra gladiadores en el circo político, no señoritas glamourosas contra eunucos desarmados a los que además les han cortado una pierna y un brazo.
En los debates no se defienden, como las maniquís de ZP, alegando llorosas que son víctimas del machismo, sino que defienden y atacan con argumentos con los que se puede estar en desacuerdo, pero centrados en el tema de discusión: razonan con el seso, no con apelando al sexo (débil).
Ahora Rodríguez Z. quiere enfrentar en Madrid con Aguirre a una Trinidad Jiménez deslabazada y angustiosamente sin aire, derrotada ya escandalosamente por Ruiz-Gallardón.
El mismo ZP alabado como parlamentario demuestra tal inferioridad dialéctica ante Rosa Díez que para responderle tiene como único argumento político que el naciente UPyD sólo tiene un escaño.
Atentos, Díez es rotunda, tiene sentido común y, como Aguirre, la fortaleza de los dos sexos
Los toros no son la fiesta nacional. Incluso son menos fiesta nacional que el fútbol, que es inglés, o que el botellón, cuyos participantes llenarían muchas veces todas las plazas españolas los fines de semana.
Los toros no son la fiesta nacional como tampoco lo son las procesiones de Semana Santa, ni las tertulias que el historiador Gabriel Jackson recuerda ahora en EE.UU. como lo más característico de España tras dos décadas viviendo aquí.
Los toros son solamente una parte más de la cultura popular española, como las procesiones, las tertulias, la mezcla de amabilidad y mala educación, el flamenco, la tortilla, la paella, las tapas, la guitarra, las gaitas o las tamborradas.
La barretina, una variedad de montera como las que hay por toda España, es tan española como el sombrero cordobés, aunque no le guste ni a los secesionistas catalanes ni a quienes creen que un español debe identificarse con ese fieltro señoritil.
Uno de aquellos intelectuales, académicos y poetas que fundaron la Falange, Eugenio Montes, creó el término “españolear”, que es exhibir como montera mundo adelante los tópicos españoles: patriotería de poetas que, metidos en política, se vuelven cursis y totalitarios.
Aunque Montes era orensano y llegó a escribir en gallego, fue el gran propagandista del “alma española” de mantilla, misal y espada, tan detestada por quienes no comparten la obligación de amar el toreo ni, obviamente, al Caudillo.
Aunque ese sustrato cultural que multiplicaron Montes y demás intelectuales del régimen venía de antiguo, del casticismo, tantas veces reaccionario.
Pero prohibir por ley todo españoleo, como se ha hecho con los toros en Cataluña, que estaban muriéndose lentamente, es el signo más característico y peligroso del casticismo más españolero: la proscripción y persecución del pecado y de las malas costumbres
La Justicia española ha ordenado detener a los tanquistas estadounidenses que en 2003 mataron al cámara con contrato-basura de Telecinco José Couso durante la toma de Bagdad, al disparar a un hotel con periodistas, pero también con francotiradores o al menos con lo que podían ser observadores de Saddam Hussein para dirigir disparos contra los americanos.
Con igual motivo algún juez de Kabul podría ordenar la detención de los soldados españoles que ya han matado a inocentes afganos, aunque el camara fue voluntariamente a Irak y los afganos se encuentran en guerra sin quererlo.
Y este cronista quizás debería pedirle a la Justicia que persiga a los que lanzaban bombas en distintas guerras de las que informó, cuyas explosiones le han robado casi el sesenta por ciento de su audición.
O a la vietnamita que disparó a un coche bien identificado como “Prensa”, y que al matar al chófer provocó un accidente que le destrozó la columna vertebral, dolorosa lesión de la que se resiente frecuentemente, pese a la cirugía.
Miles de periodistas acabaron sin problemas, o como el cronista, o como Couso, al que mataron creyendo que su cámara podía ser un arma como las que les disparaban desde todas partes: las grabaciones de los diálogos entre los tanquistas antes del disparo mortal demuestran su temor, y son públicas.
Quien va a una guerra sabe que puede terminar herido o muerto. Una justicia inteligente ordenaría la captura de los directivos de Telecinco por enviar al cámara a la invasión de Irak con un contrato-miseria eventual y sin seguro alguno.
Al contrario que Julio Anguita, hijo del exdirigente comunista, muerto por un misil iraquí cuando informaba como periodista acompañando a soldados americanos: su familia fue debidamente indemnizada porque tenía un contrato de trabajo adecuado.
Debería procesarse también a los periodistas que por erróneo compañerismo o para no enemistarse con una empresa que puede darles trabajo, mienten al negar que en la zona del hotel hubiera francotiradores.
Créalo: detrás del caso Couso están una justicia ingenua, desconocedora del periodismo de guerra, la busqueda de indemnizaciones yanquis, y el ¡No a la guerra! contra Bush, Blair y, sobre todo, Aznar y el PP, que apoyaron la invasión de Irak.
Casi 35 minutos de aplausos culminaron el Simón Boccanegra de Verdi que interpretó Plácido Domingo en el Teatro Real de Madrid, esta vez como barítono, y poco tiempo después de ser intervenido de cáncer de colon.
Domingo tomó el manto rojo de Boccanegra y, como si fuera una capa, dio unos pases toreros entre el entusiasmo del público del Real.
Pocas horas antes, y apelando a la lucha contra la crueldad con los animales, el Parlamento catalán prohibía en todo su territorio las corridas de toros, aunque la región seguirá con sus enloquecedores y crueles “Correbous”, y su reclamo turístico de “toros, flamenco, paella y sangría”.
Para muchos que como el cronista son incapaces de apreciar el espectáculo de los toros y verlos ensangrentados, fue pasmosa la reacción de los sensibles, románticos y llorosos seguidores del melodrama de Boccanegra, versión de Verdi de una obra del taurófilo García Gutiérrez.
Allí estallaban las dos almas opuestas del alma humana. Como ocurre en las pinturas de Goya, o de Picasso, también en su “Guernica”. O en los Bécquer, Borges, Hemingway, Cocteau, Aseiev, Lorca en “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.
Y en todos los Nobel españoles de Literarura: Aleixandre, Benavente, Echegaray, Cela, incluso Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”, si, el de aquel burrito “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”.
Adolf Hitler, que adoraba a los animales mientras ordenaba el Holocausto de seis millones de judíos, decía que los españoles eran valientes pero inhumanos porque tenían corridas de toros.
Añadía que cuando ganara la guerra, que perdió tras provocar sesenta millones de muertos, obligaría a Franco a prohibir ese espectáculo para sádicos: voluntad cumplida en Cataluña.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla