El ayuntamiento de Lérida acaba de anunciar que prohibirá en los edificios públicos los burkas y nikab porque tapan el rostro, pero esa orden se queda muy corta: no deberían tolerarse en ningún lugar público, incluyendo calles o parques.
Por la dignidad de la mujer que aparentemente va presa debajo, pero también por la nuestra, y por precaución: tenemos derecho a saber entre qué seres nos movemos.
En Afganistán no intimida un burka que encarcela las personas dejándoles una rejilla para ver, o en Arabia Saudita un nikab que sólo libera los ojos.
En esos países se siente pena por quienes llevan las prendas, presuntamente mujeres que soportan un calor horrible, y cuyas cabezas sudorosas desprenden un horrible olor a sebo que se esparce a su alrededor.
Bajo esas prendas suele ir una mujer. Pero mucha literatura picaresca musulmana narra historias de hombres que entran así en los harenes para cortejar y amar a insatisfechas esposas de polígamos. Algo menos voluptuosa es Al Qaeda, que usa esas prendas para asesinar.
En el Reino Unido se crearon leyes de apoyo a las minorías que incluían la tolerancia y la no segregación religiosa en el trabajo. Ahora hay muchos establecimientos obligados a tener como supuestas empleadas a no se sabe qué, si a atracadores o a dependientes.
Aparte de la discusión sobre la dignidad femenina, o de que el burka sea una moda afgana impuesta por el rey Habibullah en 1902 para ocultar la belleza de sus mujeres, el problema fundamental es que aquí esos embozos amenazan a los ciudadanos.
Su existencia agrede nuestros derechos humanos porque ante gente con esas prendas muchas personas se sienten inseguras, amenazadas, intimidadas.
Ninguna libertad religiosa puede agredirnos con algo tan intolerable en una democracia, en un estado de derecho.
Y los disfraces de penitentes o de carnavales son tradiciones propias limitadas en tiempo y lugar.
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No es justo que tenga derecho a todas las ventajas sociales sin haber aportado un duro y españoles muy necesitados, no, como no paremos esto va a acabar muy mal
El burka vuelve de nuevo a la palestra. Ahora porque en un pleno del Ayuntamiento de Lerida se ha adoptado la decisión de prohibir su uso. A esta acuerdo se habla de que el PSC va a tratar de prohibirlo en toda la Comunidad catalana.
Siempre he dicho que, los moros que han venido a nuestro país, y que son un montón, son la raza que no se ha integrado en nuestra cultura y costumbres. Ni nunca lo harán. Eso de "allí donde fueres, haz lo que vieres" no va con ellos. Sus mezquitas, fiestas, carnicerías, etc. imperan en todo..
Lo que más me molesta es que copan las plazas de guarderías y colegios. Cómo éstas se cubren en razón a los ingresos familiares, no hay duda que tienen una gran ventaja sobre los españoles. También saturan la Seguridad Social, lo que hace que aumenten las listas de espera.No soy xenófobo, solomento unos hechos ciertos. Lo mismo sucede con las viviendas.
Lo del Burka con sus "troneras" para los ojos, es de temer. ¿Qué habrá debajo? Ni se sabe. Cua...
Lunes, 28 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena