"Preferimos desaparecer” es más que una expresión autodestructiva de Raúl Castro al clausurar este fin de semana en La Habana el IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas.
Con sus 79 años, el actual presidente cubano por delegación y bajo vigilancia de su hermano Fidel, de 84, advirtía que prefería ver “desaparecer” Cuba antes de doblegarla a los manejos de EE.UU. y la EU.
Manejos que se limitan a solicitar la libertad de una treintana de presos políticos, todos pacíficos, cuyo único delito es ser disidentes ideológicos de la dictadura, con tres de ellos, al menos, en huelga de hambre con igual demanda.
El anciano Raúl, al igual que su hermano que ya estuvo moribundo, ven cercana su propia desaparición. Y proponer la desaparición ante jóvenes cubanos es un lanzar un gesto desesperado, apocalíptico, de kamikaze, de perturbado jihadista.
La extinción para los Castro, públicamente ateos, supone que ni siquiera tendrán que darle cuentas a un dios por el daño que le ocasionen, al menos, a los 11,5 millones de cubanos que viven en la isla, y a los que se les ordena: ¡Morid con nosotros!
El término “desaparecer” ya lo había usado Fidel durante la “Crisis de los Misiles” de 1962 entre la URSS y EE.UU. por la instalación en Cuba de armas atómicas soviéticas.
Fidel le pidió a Kruschev que no las retirara, como exigía Kennedy, advirtiéndole que estaba dispuesto a “desaparecer” bajo un ataque nuclear estadounidense, porque sería respondido por otro de Moscú, según esperaba, que destruiría EE.UU.
Lo que indica la desesperación castrista al saber cercano el hundimiento de su sistema: los Castro están dispuestos a morir matando, y si tuvieran una bomba soviética la lanzarían contra Cuba para mantener su revolución extinta, como ellos.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena