Crónicas Bárbaras

La guerra de Obama

07.02.10 | 17:48. Archivado en Actualidad

Barack Obama contempla el Golfo Pérsico y sus países cercanos, más o menos así: Al-Qaeda está derrotada en Irak aunque siga atentando, los talibanes están maduros para dejar de apoyar al terrorismo yihadista si se les paga y las armas nucleares de Pakistán parecen ser inalcanzables ya para los peores fanáticos.

El Yemen es controlable, pero queda Irán, temido por todos sus vecinos, con su cercana bomba atómica y sus misiles cada día más potentes.

Porque no es un país árabe, sino heredero del gran imperio persa, y porque su islam mayoritario, el chiíta, ha estado y está en constantes e inacabables guerras con su rival sunnita desde la batalla de la ruptura, en Kerbala, en el año 680: hasta hoy, 1.330 años en los que la religión de la paz ha estado en guerras constantes allá donde ambas ramas tienen presencia.

Irán con bombas atómicas es tan temible para sus vecinos como, posiblemente, para Israel, la nación amenazada directamente por el régimen de los fanáticos ayatolás.

Aunque lo niegue, Zapatero ha oído en los círculos estadounidenses con los que se reunió tras el Desayuno Nacional de la Oración que debe apoyar cualquier ataque preventivo que se decida contra las instalaciones nucleares y de misiles iraníes, localizadas por las inteligencias estadounidense e israelí.

Es una opción militar y económica a la que solamente se opone con energía China, que teme quedarse sin petróleo iraní, aunque Arabia Saudita ha prometido que se lo surtirá al mismo precio, caso de que Irán no lo haga.

Pero también es, posiblemente, la mejor opción para Obama, como parece indicarlo su rearme en el Golfo: con su popularidad cayendo aceleradamente.

Un ataque medido y preciso a los centros militares iraníes, sin invasión alguna, le permitiría recuperarse.

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Viernes, 17 de febrero

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