Acabamos de retirar de las listas de terroristas elaborada por la ONU a cinco grandes jefes talibanes, a los que Europa les pagará para que no nos molesten: nuestros enemigos ya son amigos.
Buena manera de apaciguarlos para que no apoyen a Al-Qaeda. Es que son hombres espirituales, estudiosos del Corán y de los hadizes del Profeta. Por tanto, ya no debemos verlos como feminicidas ni como verdugos de mujeres y niñas.
Si vuelven a torturarlas, violarlas o matarlas porque llevan el burka algo descocado, o porque caminan solas, a más de tres metros de los hombres de la familia, defenderemos esas acciones del amigo talibán: obedecen a su tradición y costumbres.
También lo justificaremos cuando asesine a las niñas que saben leer o quieren aprender a hacerlo.
Si desde la invasión en 2001 dirigida por el nefasto George W. Bush se habían abierto centenares de escuelas, que el talibán bombardeaba masacrando a las niñas, ahora se incendiarán legalmente o se destruirán planificadamente como los Budas de Bamiyan.
Será interesante observar como matan en público a las mujeres que, creyendo que se había expulsado definitivamente a estos santos barbudos, se dedicaban a trabajos asquerosos, pecaminosos, como la peluquería femenina.
Como nuestro imperialismo judeocristiano y racionalista crea oenegés de todo tipo, desde occidente habían ido “Peluqueras sin Fronteras” y “Modistas sin Fronteras” para corromper a las afganas transmitiéndoles sus conocimientos.
Buenas piras funerarias van a hacer nuestros nuevos amigos talibanes con esas mujeres corrompidas por esa obscena modernidad antiislámica que tanto deseaban.
Pero no sienta usted remordimientos. No estamos traicionando a las afganas por querer ser también coquetuelas: entre nosotros hay grandes feministas y multiculturalistas que defienden el burka y demás ocultacabezas porque rechazan el exhibicionismo consumista y reaccionario occidental.
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LECTURA RECOMENDADA
James Skinner ha vuelto a escribir uno de sus análisis sobre España en la revista Hack Writers. Se titula Coffee for Everyone. Describe la estructura española desde el poder central y la actuación de las CC.AA. las provincias y los municipios. Y estos en relación con los servicios a los inmigrantes con permiso o sin permiso de residencia. El cruce de intereses y discrepacias que conduce a un Estado que podría romperse.
Puede leeerse aquí:
http://www.hackwriters.com/CoffeeJS.htm
Thomas L. Friedman es el periodista-pensador más leído y traducido del mundo porque describe, analiza y sintetiza cada semana la actualidad estadounidense e internacional en 860 palabras magistrales, como hizo en pasado domingo para desvelar las razones del actual desfallecimiento de Barack Obama.
El título de su columna en el New York Times decía mucho de su capacidad de síntesis: “More (Steve) Jobs, Jobs, Jobs, Jobs”, que significa que EE.UU. necesita tener más Steve Jobs, el revolucionario creador de Apple; además, Steve crea Jobs, porque job significa trabajo.
Obama llegó al poder tras obtener fondos y movilizar al electorado usando internet, recuerda Friedman. Pero, ya en Washington, se apoyó solamente en las cámaras legislativas, dejando huérfanos a sus seguidores del ciberespacio.
Friedman sitúa en la prodigiosa figura de Steve Jobs la imagen de lo que debe reflejar el país, para que niños y jóvenes imiten su capacidad de innovar, de inventar.
EE.UU. fue, durante los siglos XIX y XX, el magma que absorbía invenciones, propias o de cualquier parte del mundo. Era el lugar al que iban y van creadores de toda nacionalidad, investigadores, científicos o ingenieros como Gaspar Payá, español que diseña una posible fuente energética revolucionaria sosteniéndose en Nueva York con trabajos eventuales: una aventura que sería imposible en España.
Porque EE.UU. representa el sueño universalista y, aún decayendo, es la meta de la creatividad mundial.
Con una ventaja inmensa sobre España, país con poca tradición inventora o innovadora: en EE.UU. toda investigación es en un solo idioma de importancia mundial, el inglés.
Mientras, los españoles se pelean por imponer en sus universidades las lenguas locales, las autonómicas: así nunca atraerán a nadie importante, y consiguen que huyan sus jóvenes más talentosos hacia el español y el inglés.
En España la Universidad, de universalidad, debería llamarse Localidad, de local: da magníficos guardias municipales.
Dentro de cinco meses, el 27 de junio, se cumplirá el cincuenta aniversario del primer asesinato de ETA, el de Belén Urroz Ibarrola, bebé de 22 meses, muerta por la explosión de una bomba colocada en la estación de ferrocarril de Amara, en San Sebastián.
Durante este medio siglo en el que el nacionalismo extremo ha llegado casi al millar asesinatos, se ha repetido centenares de veces que ETA estaba a punto de ser derrotada, pero a esta Hidra, serpiente con siete cabezas venenosas, sólo puede vencerla Heracles si conoce bien sus madrigueras.
En los primeros años de este siglo estuvo a punto de cumplirse esa voluntad con ataques policiales al asomar sus cabezas, pero el proceso se interrumpió cuando Zapatero negoció políticamente con la banda, lo que le permitió regenerarse.
Aunque en la primavera de 2009 vino a plasmarse la esperanza que compartieron diez años antes Nicolás Redondo Urbieta, por el PSOE, y Jaime Mayor Oreja, por el PP: cooperar frente a los secesionistas.
Esta vez, el socialista Patxi López, apoyado por los populares, fue elegido presidente vasco, el primero no nacionalista desde 1979.
Y creó una unidad antiterrorista en la Ertzanza, la policía autonómica, cuyo fruto inicial acaba de ser la detención de cinco miembros de la banda.
La Ertzanza, fundada en 1979, nunca había participado en la lucha antiterrorista al impedírselo los gobiernos nacionalistas, en el poder desde entonces.
Sólo podían controlar la “kale borroka”, el vandalismo filoterrorista. Aún así, era víctima frecuente de atentados etarras.
En este momento hay unos 760 terroristas detenidos, prácticamente ninguno como consecuencia de la acción de los ertzainas.
Que, por fin, han comenzado a ayudar a Heracles al hostigar a la Hidra, cuyas guaridas conocen porque son personas comunes de pueblos vascos.
Finalmente, se cumplirá la predicción astrológica de Leire Pajín: el 4 de febrero se producirá en Washington la conjunción planetaria de Barack Obama y José Luís Rodríguez Zapatero.
Las cartas astrales de Pajín previeron este suceso trascendental, aunque se quedaron cortas porque ambos titanes se unirán más allá de los planetas: en los espacios interestelares donde mora Dios.
Que deberá producir el Milagro: la conversión de Zapatero al tener que hablar de Él en relación con su vida, familia y país durante el National Prayer Breakfast (Desayuno de Oración Nacional) de todos los primeros jueves de febrero de cada año.
Deberá pedirle su bendición y ayuda. Porque o lo evoca en una oración, o destruye como cualquier anticristo un sagrado protocolo político-espiritual estadounidense.
Ese desayuno está convocado por una asociación religiosa sumamente conservadora, The Fellowship Foundation-The Familly, para pedir la bendición divina.
Y si, laico o ateo, Zapatero no está dispuesto a “hacer lo que viere”, debería haber rechazado cortés, pero tajantemente, la invitación.
Hasta ahora todos los invitados pronunciaron una oración. Eran cristianos estilo Bono (U2) o la Madre Teresa, con excepción del rey Abdalá de Jordania, que oró dirigiéndose a Alá.
La cuestión es que o desbarata el desayuno, creado en 1953 por congresistas y sus pastores para poner cada año a EE.UU. y al mundo bajo la bendición divina, o Zapatero repite muy piadoso sus rezos adolescentes siguiendo su misal nacarado, regalo de su muy católica familia materna, y como hacía en el colegio de monjas en el que estudió.
Estará ante 3.500 personas, una de ellas Bush, así que como no recite fervorosamente sus rezos, el expresidente podría demandarle a Obama que durante este Año Santo invite a los émulos del apóstol Santiago a recristianizar España.
Inmediatamente después del terremoto que arrasó Puerto Príncipe dejando decenas de millares de muertos, numerosos comunicadores españoles –y del resto del mundo-- se relamieron como Drácula ante una gruesa yugular: estos desastres mejoran mucho la audiencia en estos tiempos de crisis y traen más publicidad que es buen dinero.
Miguel Higueras, maestro de muchas generaciones de periodistas, lo detectó enseguida: “Están morbosamente exultantes y van a explotar al máximo el dolor de los haitianos para enganchar audiencias”.
Radios, televisiones y tertulianos comenzaron a competir tras el desastre del día 12 para presentar las situaciones más dramáticas: cuantos más agonizantes y muertos pudieran vender, más dinero entraba en sus cajas de registradoras.
En el caso español los enviados especiales, mayoritariamente becarios o novatos, aunque también alguna rara estrella, gozaban de la acreditada compra de voluntades que el Gobierno ha sabido montar para hacerse propaganda.
Esta prensa iba en los aviones de ayuda enviados desde España, tutelada como rebaño por diplomáticos que le facilitaba comida y alojamiento.
En esa situación, ¿qué medio informativo va a criticar a Zapatero, a sus ministras o al titular de Exteriores, si no tenían que gastar un céntimo porque pagaba el Estado, mientras aumentaban los ingresos publicitarios?
Así, hasta que entró el ejército estadounidense, que desalojó a los periodistas porque interferían su trabajo, con gran enojo para ellos, que se movían cómodamente desde las bases de ayuda a la población.
Exteriores medió para evitar la expulsión, pero un jefe militar estadounidense bromeó con un diplomático español: “Si escapan de vivir en peligro entre haitianos, al contrario que otros periodistas, pueden ir a Guantánamo, como algunos refugiados; tendrán seguridad plena”.
No es mala solución cuando el periodista va de turismo y “de gratis total”.
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Ante las incoherencias del Gobierno y de los principales partidos, y las rivalidades entre algunos ayuntamientos que desean atraerse el cementerio nuclear español, el cronista mantiene su oferta de albergar esa instalación, como proponía en su crónica del pasado noviembre, "Quiero mis nucleares"
Inmediatamente después del terremoto que arrasó Puerto Príncipe dejando decenas de millares de muertos, numerosos comunicadores españoles –y del resto del mundo-- se relamieron como Drácula ante una gruesa yugular: estos desastres mejoran mucho la audiencia en estos tiempos de crisis y traen más publicidad que es buen dinero.
Miguel Higueras, maestro de muchas generaciones de periodistas, lo detectó enseguida: “Están morbosamente exultantes y van a explotar al máximo el dolor de los haitianos para enganchar audiencias”.
Radios, televisiones y tertulianos comenzaron a competir tras el desastre del día 12 para presentar las situaciones más dramáticas: cuantos más agonizantes y muertos pudieran vender, más dinero entraba en sus cajas de registradoras.
En el caso español los enviados especiales, mayoritariamente becarios o novatos, aunque también alguna rara estrella, gozaban de la acreditada compra de voluntades que el Gobierno ha sabido montar para hacerse propaganda.
Esta prensa iba en los aviones de ayuda enviados desde España, tutelada como rebaño por diplomáticos que le facilitaba comida y alojamiento.
En esa situación, ¿qué medio informativo va a criticar a Zapatero, a sus ministras o al titular de Exteriores, si no tenían que gastar un céntimo porque pagaba el Estado, mientras aumentaban los ingresos publicitarios?
Así, hasta que entró el ejército estadounidense, que desalojó a los periodistas porque interferían su trabajo, con gran enojo para ellos, que se movían cómodamente desde las bases de ayuda a la población.
Exteriores medió para evitar la expulsión, pero un jefe militar estadounidense bromeó con un diplomático español: “Si escapan de vivir en peligro entre haitianos, al contrario que otros periodistas, pueden ir a Guantánamo, como algunos refugiados; tendrán seguridad plena”.
No es mala solución cuando el periodista va de turismo y “de gratis total”.
Si usted hizo alguna donación para las víctimas del terremoto de Haití, habrá observado que la organización que la recibió le dio las gracias en nombre de la solidaridad, no en el de la caridad.
Y fue porque la palabra caridad está proscrita, es políticamente incorrecta. Incluso muchas instituciones religiosas que distribuyen las ayudas y que la tienen como una virtud teologal han cambiado el concepto por el de solidaridad.
Pero tienen significados distintos: la caridad, aunque en las sociedades con fuerte pasado religioso se usó frecuentemente para callar la mala conciencia, es una virtud antigua como el ser humano, y sobre la que ya escribía Confucio 500 años a.C. en sus Analectas.
La solidaridad, sin embargo, es una práctica entre personas que se reconocen unidas al compartir las mismas obligaciones, intereses o ideales, como dice Otfried Höffe en su Diccionario de la Ética.
Es una forma de egoísmo que propone hacer una donación que servirá para una futura devolución del favor, no un acto de los sentimientos, del corazón.
Ningún donante para Haití puede esperar una restitución de sus habitantes, ni tampoco debe sentir que les debe algo material; ni siquiera moral, si se piensa bien.
Pero el donante se conmueve, siente algo interior que lo impulsa a ayudar sin desear ni esperar nada a cambio.
Sólo lo retribuye algo íntimo, intransferible: sentir que se ha hecho algo moralmente bueno y no éticamente obligatorio.
Llegados aquí, debemos concluir que al sustituir caridad por solidaridad se transforma nuestra bondad, nuestros mejores sentimientos, en algo materialista, en un “quid pro quo”, en un comercio.
O, desde la visión dominante políticamente correcta, la solidaridad quieren convertirla en justicia para pagar una explotación de los haitianos que nosotros no hemos cometido, por mucho que lo diga Marx.
Incompetentes e incoherentes: así ven los catalanes a los políticos, el peor mal social que creen sufrir tras el paro, según la Encuesta de Valoración del Govern hecha pública por el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO).
Quizás por eso los países más eficaces son los que viven largas crisis sin gobierno. Sin presión de los políticos, en esos lugares funcionan mejor las instituciones permanentes y la administración pública.
Dejemos Cataluña, dominada por abundantes corruptos, gobernantes y exgobernantes, cobradores de comisiones por cualquier trabajo, y observemos el conjunto de España.
Los bancos le han perdonado el PSOE 33 millones de euros de créditos impagados. Así tienen comprado al partido gobernante, como se deduce del informe de Tribunal de Cuentas. Y eso, al margen de sus múltiples corrupciones comprobadas, numéricamente más (264 frente a 200) que las del PP.
Pero vayamos también al PP, que olvida su ideología si a cambio consigue algunos votos o si puede atenuar los ataques de socialistas o nacionalistas: acobardados, los populares se vuelven tan maleables como los hilillos de plastilina.
Un ejemplo: está claro que defienden la energía nuclear. Pero cuando comprueban que puede ser impopular que un pueblo castellano-manchego gobernado por sus militantes instale un cementerio atómico porque trae riqueza, María Dolores de Cospedal, número 2 de partido y candidata presidir esa Comunidad, amenaza con expulsar al alcalde. Es el terror del PP a Greenpeace.
En Galicia, el presidente Núñez Feijóo, asustado por las protestas socialistas y nacionalistas, ha roto su promesa electoral de que los niños estudien en el idioma que decidan sus padres. Brindó algo que es incapaz de cumplir, y ahora gran número de sus votantes no le creen.
En ambos casos, incoherencia y espantada: el dictamen de los electores catalanes sirve para toda España.
Uno de los motivos del desencanto de muchos de los votantes de Obama es que han descubierto que carece del rebelde espíritu cowboy de sus antecesores, plasmado en la orden casi genética, del Go West!, Vete al Oeste, conquístalo y hazlo productivo.
Todos los presidentes hasta él asaltaron su oeste, incluyendo a Bush, que aunque no fue un héroe, creó una empresa con la que arriesgó su capital: se expuso a arruinarse para alcanzar al poder.
Barack Obama nunca conquistó su oeste. Parece carecer de espíritu pionero, pese a que vivió sus primeros años al oeste del oeste, en Hawai e Indonesia.
Vuelto al continente no tuvo iniciativas para hacerse a si mismo fuera de la universidad. No fue emprendedor: siempre cobró nóminas como funcionario.
Actividad loable pero carente del halo romántico estadounidense, con excepción de los militares y los diplomáticos, de quien se juega el futuro sin sueldos públicos.
El carácter de país de aventureros que creen su propia leyenda obliga al líder a emprender lances ejemplares para quienes no deseen ser funcionarios ni depender económicamente de los impuestos.
El programa más ambicioso de Obama es el sanitario. Aparentemente, no hay nada mejor que una seguridad social pública como la que proponía, aunque hoy está descafeinada.
Muchos estadounidenses, que sostienen grandes redes caritativas para pobres, ancianos y niños en cooperación con los gubernamentales Medicare y Medicaid, rechazan que el gobierno les imponga pagarle la sanidad a quienes, teniendo ingresos, los gastan como cowboys sin asegurarse su salud. Dicen que quienes quieran ganar su oeste, que se lo paguen.
Tras fracasar en su revolución radical de la sanidad y en las elecciones para el senado por Massachusetts, quizás el ataque de Obama contra los grandes bancos sea ahora su Go West!, su aventura de cowboy. De momento, anuncia que ha sacado el Colt.
Del caso Alakrana quedan aún muchas incógnitas, a pesar de haber sido liberado hace dos meses y una semana, y estar ahora pescando en el Índico con otra tripulación mientras los españoles secuestrados por piratas somalíes descansan aún en el País Vasco y Galicia.
Acaba de testificar en la Audiencia Nacional el armador, Kepa Etxebarría, y pronto lo harán dos marineros, según anunciaron esta semana, contra los dos piratas detenidos por la Armada española durante el secuestro.
Etxebarría le aseguró al juez que los piratas provocaron daños en el barco por valor de 500.000 euros, y que no sabía de dónde habían salido los 2,7 millones de euros que se pagaron de rescate.
Con los tripulantes anteriores y los actuales a seguro, porque se supone que estos últimos se mantendrán dentro de los límites de la Operación Atalanta (OA) que los protege por aquellas aguas, debemos preguntar por las circunstancias y los costes del secuestro.
Porque no debe olvidarse que armador y patrones dieron orden de introducirse en zona peligrosa, controlada por numerosos piratas, fuera del área vigilada por la OA.
Quizás confiaban en las capacidades del barco, que ya había huido gracias a sus 6.165 HP de potencia de un intento de secuestro exactamente un mes antes de que los piratas consiguieran asaltarlo.
Se trata, además, de determinar si llevaba la bandera que debería ampararlo, la española, o la ikurriña, porque con esa enseña el barco era también pirata como alegará la defensa de los dos detenidos.
Sí, hay muchas preguntas. Mucho dinero, incluyendo los 4,3 millones de euros de subvenciones para la construcción del pesquero.
Y uno tiende a creer que todos los costes, incluyendo los de enviar más barcos de guerra e infantes españoles a zona de piratas, salieron de su bolsillo.
Será un imperio declinante y a largo plazo pesará menos que China, que tiene cuatro veces más habitantes, pero la aparición de los estadounidenses en cualquier lugar donde hay un desastre genera confianza entre los damnificados, como estamos comprobando en Haití.
Poco después del terremoto del 12 de enero comenzaron a llegar espontáneamente a Puerto Príncipe equipos de bomberos y sanitarios de todo el mundo.
Y se observó que cuando los brasileños, mexicanos, rusos o europeos, incluyendo a los españoles, rescataban a algún superviviente de entre las ruinas, la celebración era comedida.
Pero cuando lo hacían los estadounidenses la gente gritaba “Yuesei, Yuesei!”, fonética en inglés de USA, USA!
Y nadie vitoreaba “France, France!”, la antigua potencia colonial, aunque sólo hasta 1804, y cuyo idioma es oficial en Haiti.
Es lo que le molesta a Nicolas Sarkozy, que siendo francés solamente de primera generación padece ya el bicentenario mal nacional: complejo antiamericano de inferioridad. Una patología que permitió que los nazis tomaran París fácilmente y echó enseguida a los cowboys que liberaron Francia.
Tampoco nadie vitoreó “Spain, Spain!”. Es que la España política, como la UE, no estaba allí, aunque tuviera numerosos equipos de rescate.
El copresidente europeo permanente, Van Rompuy, y el semestral y ya secundario, Rodríguez Zapatero, no existieron como tales. La señora De la Vega fue de turismo a decir palabras de circunstancias atribuyéndose representación europea. Pero no hizo nada real o contundente.
Hay confusas promesas de Bruselas o de la ONU, pero casi nada para evitar pillajes y asesinatos. Mientras, los americanos montaban en poco tiempo --aprendieron mucho desde el huracán Katrina, de 2005— un verdadero ejército de soldados humanitarios.
Cree el cronista que Washington desea devolverle cierta normalidad al país para que no le emigren en masa los nueve millones de haitianos.
En realidad sus soldados no están invadiendo Haití, sino evitando la invasión haitiana de EE.UU.
Joaquín Leguina, socialista que fue el primer presidente de la Comunidad de Madrid, acaba de publicar una autobiografía novelada con confesiones que ha provocado que los dirigentes actuales del PSOE le llamen traidor y derechista al servicio del PP.
Comenzó la campaña desde distintos medios informativos la periodista María Antonia Iglesias, su principal francotiradora. Ella crea doctrina y después la imitan tanto el Partido como otros comunicadores que machacan hasta demoler al disidente.
Pero él es un cántabro duro y tranquilo que a sus 69 años tiene una larga carrera profesional y política: economista, sociólogo, demógrafo, doctor y profesor universitario, llegó a la política tras años de práctica profesional.
Algo que, como recuerda en su libro “La luz crepuscular” (Alfaguara), no poseen los actuales dirigentes del PSOE “formados (o deformados) en las Juventudes socialistas, que no se preocuparon de iniciar carrera profesional alguna y que, la mayoría, sólo cotizaron a la Seguridad Social a través del Partido”.
Es decir: gentes sin oficio ni beneficio. Que gobiernan España con talante leninista, algo que, denunciado por el expresidente madrileño, está costándole maniobras brutales para desacreditarlo.
Pero sigue siendo una persona respetada por muchos antiguos electores, por los viejos de su partido y por numerosos líderes del Partido Popular, con los que a pesar de su visión socialista, coincide a veces al analizar la “desastrosa” política autonómica, económica, nacional e internacional zapateril.
Por eso Iglesias y similares usan técnicas agitprop para acusarle agriamente: “¡Concuerdas con el PP!”
Para esta gente cualquier coincidencia de sentido común es derechista. Incluso llevar calzoncillos serviría para acusar, porque los populares los usan.
Y será de derechas quien almuerce al mediodía porque Rajoy también lo hace, y franquista quien cene naranjas y leche calentita, como Franco: similitudes sumamente sospechosas.
Ya no queda sentido común. En España, por no ver positivamente el parecido de un Bin Laden canoso y sin barba con el exlíder de Izquierda Unida Gaspar Llamazares, y en EE.UU. por pedirle perdón al diputado comunista porque el FBI usó sus rasgos árabes para divulgar cómo sería el terrible jefe terrorista rapado y sin turbante.
Don Gaspar: es que usted se parece mucho a Bin Laden, es la genética, la herencia semita dejada por árabes y judíos en España. A Anguita, su antecesor, le llamaban El Califa porque parecía el omeya Abderramán III.
Busque usted a las tópicas bellezas españolas de Romero de Torres, incluso allá donde los secesionistas dicen ser de una raza superior, y le parecerá estar en Jerusalén o en Bagdad.
Mujeres con los “Spanish Eyes” de la canción, los ojos de las españolas a los que cantaron Al Martino, Engelbert Humperdinck, Elvis, Madonna, y últimamente los Backstreet Boys.
Podría escribirse una canción titulada “Llamazares’ Face”, y sería un homenaje a los rasgos yemeníes del político con pocos votantes, al que el FBI ha venido a popularizar para ayudarle a remontar las encuestas.
Don Gaspar: la imagen de Bin Laden lo hace famoso en todo el mundo. La prensa estadounidense, disgustada al comprobar la ineficacia de la CIA para detectar terroristas, se encuentra con que el FBI vuelve terrorista por error a un político desconocido, declinante, que no delincuente, de un minipartido español.
Dice usted que se siente en peligro al verse como Bin Laden. Pero si tendría que dar las gracias: ya quisieran otros postulantes políticos esa confusión.
Además, para qué negarlo: buena parte de los españoles se parecen a Bin Laden, qué le vamos a hacer como no sea acudir al cirujano valenciano que trasplanta caras.
Pisoteando los 200.000 cadáveres que posiblemente hay en Puerto Príncipe, millares de haitianos se han lanzado al pillaje, acto que para unos es depredación delictiva, y para otros fruto de la ira provocada por la tardanza de las ayudas internacionales.
Los segundos disculpan a quienes atracan a otros damnificados y más que para robar alimentos, para conseguir productos de consumo: televisores, equipos de música o juegos electrónicos.
El sistema de vida de las sociedades ricas se ha impuesto como modelo para muchas pobres, con gente desesperada porque su existencia no es como la que ve en el cine.
Pero sólo se accede al nivel deseado abandonando las creencias enemigas del progreso, las supersticiones, y después, con trabajo, mucho trabajo.
Haití tiene nueve millones de habitantes. Aunque teóricamente el 80 por ciento son católicos, la mitad practica el vudú, cree en los zombies, y cerca del 85 por ciento ayuda con santería a sus credos.
Es un pueblo mayoritariamente fatalista, amedrentado, supersticioso, sometido a la hechicería, al pavor al más allá y al más acá de maldiciones, brujerías y ritos mágicos. Y así, no se sale de la miseria y del subdesarrollo.
Del lado más fanáticamente cristiano hay quien aprovecha las desgracias haitianas para proclamar que son consecuencia de los cultos satánicos, otra superstición que muchos creen en países avanzados al comprobar que una sociedad dominada por el vudú siempre será desdichada, olvidando que vive en una zona de frecuentes terremotos.
Y los multiculturalistas, para los que todas las culturas son igualmente defendibles, en este caso están callados porque temen que los califiquen de políticamente incorrectos y racistas si reconocen la verdad.
La verdad es que sin la Ilustración, las pasiones son incontrolables y lógicamente surge el pillaje de lo que irracionalmente se envidia.
Hay políticos que desean que se produzca un gran desastre en cualquier país pobre y lejano para vestirse con ropa de campaña, subirse con casco de obra a los escombros y mostrar ante las televisiones su abnegada entrega a las víctimas.
Haití es el motivo ideal para la exhibición de los políticos del primer mundo que necesitan recuperar popularidad, como empezamos a comprobar estos días.
Este método de vampirismo, de ir a recibir la gloria molestando a quienes trabajan ayudando a los damnificados, muestra inevitablemente al político besando tiernamente a niños con mocos y haciendo notorios gestos que transmitirán fervorosas las televisiones nacionales o regionales asegurando que son de dolor, cuando realmente muestran asco.
El político viaja en un avión, casi siempre especial, rodeado de periodistas con gastos pagados por el Gobierno para que lo alaben, y de extrañas oenegés progubernamentales que sólo son un negocio paran alimentar a su propia burocracia.
Este séquito es un gran plató televisivo con decenas de componentes que cada uno de ellos consume más bienes y servicios que diez damnificados.
Mientras, trabajan incansablemente, y a veces en total anonimato, millares de civiles y militares que llegaron desde cualquier parte del mundo, incluyendo el pequeño Israel, que instaló un hospital de campaña.
Si algún compatriota del político falleció en el terremoto, se le verá recoger el cuerpo con solemnidad mientras promete seguir “coordinando” los trabajos.
Los políticos siempre “coordinan” labores sobre las que no tienen la menor idea.
Pero ahí están, subidos a las ruinas, como héroes solidarios que entregan su vida a un pueblo desgraciado.
Lo anterior se refiere obviamente a los políticos no españoles, porque la vicepresidenta Fernández de la Vega, ella si ha ido de coordinadora a Haití como experta en desastres.
Varios miembros de la Familia Real española acaban de recibir un regalo que si lo aceptan logrará que quienes esperan toda ocasión para atacar la Monarquía la presenten ante la ciudadanía como codiciosa e insolidaria.
Atentos a los republicanos independentistas estilo ERC o a Iñaki Anasagasti, cuya única actividad política es convertir los aciertos de los Reyes en errores y los errores en crímenes.
Era un gesto habitual hace unos siglos que un leal monárquico le donara su herencia al Rey, pero ahora aparece como rareza que un millonario menorquín, Juan Ignacio Balada Llabrés, decidiera dejarle la mitad de su fortuna a los Príncipes de Asturias y a los ocho nietos de los Reyes.
Balada poseía viviendas, edificios, fincas, una farmacia modernista declarada Bien de Interés Cultural, acciones en empresas, incluyendo petroleras, y cuentas no especificadas por el diario menorquín “Última Hora”, que dio la noticia.
Aparentemente su fortuna era de muchos millones de euros. Su otra mitad no queda para sus únicos familiares, unos primos, sino para una fundación de ayuda social y cultural isleña.
Y el problema: si la Casa o la Familia Real aceptan la donación, algo que haríamos tanto usted como yo entusiasmados, los Carod-es, Anasagasti-s et all denunciarán a la Familia Real por quedarse con esa riqueza, habiendo muchas necesidades en el país, y más en Haití.
Alegarán que tienen una asignación del Estado y que ocupan un puesto de tan alto honor que no requiere la posesión de grandes bienes que, por otra parte, son ideales para la especulación.
Pero los Príncipes tienen que pensar en sus hijas y en sus primos. ¿Y si los Carode-s y los Anasagasti-s y, sobre todo, los republicanos más serios que esos advenedizos se salieran con la suya, y algún día no hubiera Monarquía?
Este sí es un Real Problema.
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NOTA
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Gracias y saludos, Manuel Molares do Val
Como nos demuestra el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en el mundo están creándose nuevas creencias religiosas basadas en una alimentación que obliga a mantener el cuerpo virtuoso, joven y sano, es decir, santo.
Nada nuevo: las religiones siempre impusieron ayunos y dietas como la que ahora quiere establecer Bloomberg en su ciudad reduciendo el 25 por ciento el consumo de sal en los locales públicos; antes ya prohibió fumar en centros cerrados y las grasas hidrogenadas más insanas, las trans.
Recordemos que la gripe A empezó llamándose porcina, y los puritanos más notables, incluyendo los misioneros calentólogos modelo Al Gore parecían judíos observantes ultraortodoxos de la dieta kosher o sus imitadores musulmanes con la dieta halal: el cerdo es malo para la salud.
Bloomberg es judío, aunque ese no es el motivo por el que impone leyes dietéticas parecidas a las de la Torah, muchas de las cuales sólo aplican el sentido común.
Así, la prohibición de la carne de cerdo, como descubrió el padre del Materialismo Cultural, Marvin Harris, se debió a que ese animal necesita humedales para enfriar el cuerpo, pues no transpira, lo que es difícil de encontrar en zonas desérticas.
Además, compite con el ser humano por la misma alimentación y obliga a lo nómadas a hacerse sedentarios cerca donde hay agua: analicemos las guerras que ha habido y hay alrededor del río Jordán.
Paul McCartney cree que los gases del ganado vacuno provocan el calentamiento global. Propone dejar de consumir carne un día a la semana, el lunes, rival de los viernes marcados por la Iglesia católica con sus ayunos y abstinencias.
Créaselo usted: llegará el día en el que para demostrar irreligiosidad habrá que comer lo que a uno le gusta en las cantidades que desee. Será la Dieta para Ateos.
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NOTA
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Por fin comienza en España el debate sobre si los ayuntamientos deben empadronar, y comenzar así a legalizar a los inmigrantes indocumentados, o si debe ser el Gobierno, que se niega a documentarlos, al contrario de lo que prometía el PSOE antes de acceder al poder, cuando pedía "Papeles para todos".
En España siempre se rehuyó el debate sobre cómo llegaron los alrededor de cuatro millones de inmigrantes que hay actualmente, el 8,6 por ciento de la población, aunque la prensa, incluso la de derechas, admite que su trabajo ha enriquecido el país.
El hecho es que la inmensa mayoría de los inmigrantes, al margen de cómo entrara, se quedó ilegalmente. Muchos lograron regularizar su situación negándose a revelar su nacionalidad, por lo que no podían ser expulsados a ninguna parte.
El primer paso para iniciar el proceso que facilita el permiso de residencia es el padrón municipal, que hasta ahora entregaban los ayuntamientos sin pedir más que la dirección de residencia.
Cuando la economía marchaba bien el trabajo de los inmigrantes facilitaba al cabo de un tiempo su legalización, pero la crisis ha venido a trastocar el escenario.
Ahora, gran número de ellos, aparte de estar desempleados, tienen familias para las que demandan servicios sociales y sanitarios como todos los españoles.
Y aparecen ayuntamientos, como el de Vich, en Barcelona, con el 25 por ciento de inmigrantes, que han comenzado a negarse a empadronar a los indocumentados.
Decisión adoptada con apoyo “progresista” de los socialistas locales, del secesionista ERC, del nacionalista CiU, y del PP, aunque este carece de responsabilidades municipales, y de un partido neofascista que crece aceleradamente, Plataforma por Cataluña.
El Gobierno, proclamándose humanitario y progresista, afirma que esta medida es ilegal, pero a la vez mantiene todas las trabas que impiden las legalizaciones: hipocresía progre.
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Una cadena de averías informáticas en dos ordenadores borró las direcciones electrónicas que tenía el cronista de quienes mantenían relación escrita con él. Ruego que esas personas me hagan llegar de nuevo sus señas escribiendo a
Gracias y saludos. Manuel Molares do Val
Con la devaluación "bolivariana" del bolívar a la mitad de su cotización, lo que duplicará los precios de todos los bienes, incluyendo los de primera necesidad que no se producen ya por la corrupción y las incautaciones chapistas, Venezuela va irremisiblemente a la ruina y a la miseria cubanas.
Aparte de agravar la pérdida de capacidad productiva de, por ejemplo, alimentos o petróleo, el Comandante revolucionario, como se autoproclama Chávez imitando a Fidel, ha ido disimulando la creciente pobreza facilitando servicios demagógicos no a los trabajadores, sino a las gentes menos esforzadas, los que esquilman la olla de quienes producen.
Un camino hacia el desastre con el aplauso de izquierdistas, supuestos progresistas, y de los antisistema de todo el mundo, convertidos en ardorosos suicidas revolucionarios.
Sus portavoces en el gochismo, modelo Ramonet, Raúl Bracho u Oliver Satone --que ahora ve a Hitler como una víctima de su época--, aplauden como triunfo revolucionario este fracaso, que para Chávez y sus camaradas es un “golpe duro a la sociedad de consumo, que venía sobreviviendo en nuestra marcha al socialismo y torpedeando la creación de la conciencia de la mujer y el hombre nuevo necesarios”.
“Por supuesto que tendrá efectos en nuestro poder adquisitivo: el lujo, el acceso a toda la basura imperial será restringido (…) Las importaciones, esa forma de coloniaje y de dependencia a los mercados extranjeros han recibido un batazo en la barriga”, escribe Bracho. Debe referirse a la ausencia intestinal de arroz y frijoles.
Cuando un país entra en la espiral del suicidio, con locas grandezas, corrupción, egolatría del líder y producción decreciente de todos los bienes, se llega aceleradamente a la miseria.
Y Venezuela repite la Cuba de los años 1960: verborrea revolucionaria, desidia, pobreza buscada y persecución “popular” de los disidentes.
Corruptos y delincuentes se adueñan del país, los trabajadores se exilian, eclosionan las jineteras y pronto habrá hambre generalizada donde hasta las piedras producían riqueza.
Habiba es marroquí. Trabaja en la casa de una familia española a la que llega cubierta con el hiyab y el rostro tapado con el litam. Se los retira al entrar y suspira aliviada.
Trabajar es su descanso: no la molestarán ni su marido, amo que vive de explotar a tres esposas como asistentas, ni otros mahometanos que le exigen a sus mujeres encubrirse cada día más.
Hace unos años Habiba, como tantas musulmanas, llevaba la cabeza descubierta. Poco a poco, la presión religiosa y machista se incrementó. “Acabaremos cargando el burka, que están imponiéndolo donde nunca se usó”, se lamenta.
Hace poco, cerca de Toledo, una inmigrante marroquí recibió una paliza brutal por no llevar velo. Sufrió un aborto y el hospital donde la atendieron supo por qué la habían torturado. “Como mínimo ya es común que muchos hombres piadosos le llamen puta y que le escupan a la musulmana sin velo”, dice Habiba.
El supuesto progresismo izquierdista se opone a la reciente ley francesa que multará con 750 euros a quien lleve burka en espacios públicos: dice que es un acto voluntario.
En la España de 1766 el ilustrado marqués de Esquilache impuso doce días de cárcel y seis ducados de multa a quienes se embozaban tras capas y chambergos, burkas machos usados para delinquir.
En distintos países, incluyendo el Reino Unido, hubo terroristas que huyeron haciéndose pasar por mujeres bajo el burka, pero el falso progresismo multiculturalista y relativista continúa proclamando la voluntariedad de las tapaderas de humillación y de delitos.
Ni siquiera analizan lo que significa la presión social que están sufriendo gradualmente las mujeres musulmanas para que se enclaustren más y más.
Infeliz Habiba. Y pobre Esquilache: se le se amotinaron los españoles y lo desterraron, aunque eso ocurrió hace 244 años.
El presidente efectivo de los 500 millones de habitantes de la UE, de ellos los 45 ó 47 millones en España, no es Zapatero, por mucho que lo repitan sus afines, sino Hernan van Rompuy, que ideológicamente está cerca de Mariano Rajoy aunque posee más ironía que sorna el gallego, es más culto, y además ha escrito notables libros de ensayo político.
Un personaje que, siendo flamenco en una Bélgica con dos comunidades mutuamente hostiles, la suya y la francófona, ha sabido negociar una convivencia que mantiene el Estado, cuando todo auguraba su ruptura.
Quizás porque le ha visto las orejas al lobo: el crecimiento de una comunidad islámica en la que los fanáticos van apoderándose de amplias áreas habitadas, donde imponen su radicalismo, oprimiendo a los musulmanes liberales y a los vecinos no musulmanes.
Quizás por eso Van Rompuy, un católico declarado, y al contrario que Zapatero, rechaza radicalmente la adhesión de Turquía a la UE, porque “nunca fue ni será Europa”.
Es uno de los miembros más reconocidos de los partidos cristianodemócratas, rivales de siempre en Centroeuropa de los socialdemócratas.
Ambos decían defender a los trabajadores, los primeros sobre la base ideológica de la encíclica Rerum Novarum, dictada por León XIII en 1891, y los segundos, inicialmente como marxistas no leninistas.
Es un activista de los Derechos Humanos en el espíritu de la Declaración de San Francisco de 1948, cuya aplicación poco tiene que ver ahora con la de la nueva Comisión de la ONU, dominada por dictaduras.
Es por ello que Zapatero debe cambiar muchos aspectos de su política exterior, tan acomodaticia con los totalitarismos modelo fidelista o islamista.
El “premier” español, pues, será segundón, un mandamenos durante sus seis meses de presidencia simbólica, aunque les disguste a él, por haberse subido al candelabro como decía una Miss España, y a sus corifeos, que esperaban que su carisma, sabiduría y grandeza iluminaran el mundo.
A Zapatero lo han menospreciado estos días varios medios informativos extranjeros, y numerosos políticos y periodistas han protestado aquí porque, dicen, se ha agredido a España y a los españoles.
Pero nadie agrede a España, que solamente es tierra, territorio inerte. Que todo lo más que da son dos tipos de plantas: las de vegetales, como tomates y naranjas, y las de muchas alturas de cemento armado.
España está habitada por españoles y similares especies, cada uno con su personalidad, y cualquiera, español o extranjero, tiene derecho a ridiculizar al primer ministro, si lo desea.
Incluso, a veces hay gentes de buen sentido que critican cruelmente a los políticos que han prometido imposibles o ridiculeces.
Con 45 millones de españoles medio arruinados, cuando Roríguez Zapatero anunció que iba a sacar a los 500 millones de habitantes de Unión Europea de la crisis durante sus seis meses como presidente mandamenos, la prensa extranjera hizo feroces bromas a su costa.
Prensa que no atacó la inerte superficie de España, ni siquiera a los españoles, que sólo pueden sentirse dañados por una mala administración o alguna forma de violencia, no con simples palabras.
Es habitual que los políticos manipulen a los ciudadanos erigiéndose como símbolos de la patria, patrimonializándola y presentándose ellos como el país mismo.
Por ejemplo, si usted dice que el socialnacionalista José Montilla es un pillo, enseguida aparecerá quien le acuse de insultar a Cataluña y a los catalanes. Habrá periódicos que dirán que usted estimula el separatismo.
Ocurría igual cuando la prensa extranjera denostaba a Franco: los medios del régimen afirmaban que el mundo rechazaba a su líder porque envidiaba a los españoles.
Y no: los dictadores, son dictadores, y los fantasmones, fantasmones, porque la verdad es verdad lo digan Agamenón, su porquero, o el Financial Times y The Economist.
Se afirma que el Gobierno y la Generalidad catalana, apoyados por sus afines políticos y mediáticos, chantajean al Tribunal Constitucional para que apruebe su Estatuto de Autonomía, pero debería aclararse que a quien extorsionan realmente es a cada uno de los españoles, incluidos los catalanes.
Porque ese Estatuto no mejorará la vida de los contribuyentes catalanes, sino la de sus políticos: sólo trata de igualar a la casta autonómica dominante con la que gobierna España.
Por eso impone el tú a tú del poder político catalán con el español, la obtención de fondos para la autopropaganda, y un sistema legal y administrativo exclusivo para dominar a la población por encima de la Constitución alegando características diferenciales y la necesidad de la Formación del Espíritu Nacional, que prevé la ampliación imperial catalanista a regiones vecinas, españolas y francesas.
Es, además, un camino independentista, pero pensando en mantener ventajas parasitarias en el mercado español, incluyendo el futbolístico.
Mientras, la ciudadanía catalana está cada día menos libre y más enclaustrada, al contrario que la de otras CC.AA. que miran al mundo, no el ombligo.
Las presiones sobre el Tribunal Constitucional para que apruebe ese texto castizo y aldeano han sido denunciadas ya por dos de sus expresidentes, ambos catedráticos y juristas de prestigio nacional e internacional.
Uno, Manuel Jiménez de Parga, granadino que pasó parte de su vida académica en Barcelona, y que en artículos de prensa y entrevistas afirmó que el Estatuto nació enormemente inconstitucional, y que continúa siéndolo.
Otro, Álvaro Rodríguez Bereijo, buen conocedor del autonomismo como gallego, que en una entrevista acaba de decir también que el Estatuto es inconstitucional y que el Tribunal actual está sometido a unas enormes e inadmisibles presiones.
Y que todo este desafuero nace del “error de dimensiones históricas” de Zapatero cuando le prometió a Maragall que respaldaría incondicionalmente el texto que saliera del Parlamento catalán.
¡Qué inmisericorde con José Luís Rodríguez Zapatero ha sido Financial Times, el diario económico más influyente del mundo, llamándole anodino y, sibilinamente, patán!
El periódico británico, que recuerda el asalto a la web de Presidencia del Gobierno en la que lo sustituyeron por Mr. Bean, Sr. Habichuela, considera que ambas figuras se parecen en lo físico y en lo patético.
Advierte además que Zapatero presenta un programa baladí para los seis meses de copresidencia de la UE, durante los cuales no servirá de ejemplo para ninguno de los 27 miembros por haberse mostrado incapaz de reaccionar ante la crisis y el pavoroso crecimiento del desempleo.
Aunque recuerda que la presidencia real la ejercerá el flamante titular permanente europeo, Herman Van Rompuy, que ha marcado su territorio convocando él solo una cumbre económica de jefes de Estado y Gobierno para el 11 de febrero.
España, eso sí, pagará los hoteles de los actos y saraos que celebre la Unión en su territorio.
Sin embargo, Z. cree que lo escucharán tras presentar a su nuevo “comité de sabios”: el expresidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, Felipe González y Pedro Solbes.
Pues sobre este comité no salió ni una sola noticia en la prensa europea no española, ni la más pequeña.
Además, Zapatero nunca sigue las instrucciones de gente así. El tiene fijada su obsesión: conseguir que la UE apoye el matrimonio homosexual y una ley de género como la suya.
Es el inocuo programa al que parece referirse el Financial Times, que cree que este objetivo, ante los problemas actuales de Europa, y sobre todo de España, es una solemne majadería.
Es que Z. nunca conoció mundo y no sabe que bastante países descubrieron antes que él el Mediterráneo y la libertad sexual. Y de forma racional, menos venal, progre, que no progresista, y no dominada por militancias extremas..
Pero, volviendo a sus sabios, en 2003 ya había creado un comité similar para, enseguida, no hacerle caso, aunque nombró a algunos de sus componentes ministros. Muchos dejaron grandes desastres para la Historia, como Caldera, Calvo, Magdalena Álvarez, et all.
Y en 2007 montó otra corte de los milagros: reunió a 14 figuras internacionales, con tres Nobel, uno de Economía y dos de la Paz, mujeres, una de ellas africana, defensora de la ablación de clítoris; y además, a un par de pícaros, Rifkin y Pettit.
Al tener tantas ocurrencias como él, enseguida se cansó, y de ellos, nunca más se supo.
Egipto está resultando tan enemigo como Israel de Hamas, la secta islamista que gobierna el medio millón de palestinos que viven en Gaza, una franja de 151 kilómetros cuadrados fronteriza solamente con esos dos países y el Mediterráneo.
Egipto está cerrando herméticamente sus lindes con Gaza, donde vive ese medio millón de palestinos, un tercio de los que le atribuyen muchos medios informativos, para inutilizar los túneles por los que pasan de contrabando alimentos, pertrechos, pero también armas para atacar Israel.
Y lo hace ahora con el aplauso de importantes instituciones musulmanas, la última, la universidad islámica de Al Azhar de El Cairo, fundada en 975 d.C.: la segunda más antigua del mundo.
"Egipto tiene el legítimo derecho de edificar instalaciones en sus fronteras para evitar los efectos de los túneles construidos bajo su territorio", expresó en una declaración el Centro de Investigaciones Islámicas de la Universidad.
El mito afirma que los árabes defienden incondicionalmente a sus hermanos, que también son árabes, los palestinos. Y Bin Laden y demás terroristas se presentan como sus vengadores para justificar atentados y masacres; pero cuando conviven con ellos se combaten mútua y despiadadamente.
Ocurre más aún en países donde los palestinos asientan: en Jordania la OLP pretendió derrocar al rey Hussein y se desencadenó la guerra conocida como el Septiembre Negro de 1970, que provocó, según algunas fuentes, unos 22.000 muertos.
Después, hubo innumerables guerras de los palestinos contra los libaneses en Líbano, y numerosos atentados también palestinos en países limítrofes, como Egipto.
No sólo los israelíes mantienen guerras contra las sectas terroristas más fanatizadas, Hamas en Gaza y contra Hezbollá en Líbano: los árabes no palestinos que sufren sus ataques afirman que los defienden mientras se vengan de ellos.
La verdad políticamente incorrecta es que unos y otros se odian.
Lo mismo que la Iglesia católica censuraba durante el franquismo los espectáculos y las diversiones profanas, la izquierda que domina ahora España quiere imponerle una censura laica a actos de origen religioso, como la cabalgata de los Reyes Magos.
Un distrito de Madrid autorizó que en la cabalgata de este año hubiera una carroza antiabortista entre las demás, patrocinadas por el Ayuntamiento y por marcas comerciales.
Y el PSOE ha exigido la dimisión de la cúpula del Partido Popular que la autorizó: “Intolerable politización de una fiesta popular”, protestan quienes sufrieron décadas de censura, y que ahora exigen colocar la suya.
Porque la fiesta de los Reyes Magos no es una celebración profana por mucho que haya penetrado en la sociedad, sino una de las principales del cristianismo.
Igual que la censura de lo profano no era misión de la Iglesia, sino una intromisión que sólo puede darse en una dictadura del nacionalcatolicismo, la censura de lo religioso pacífico tampoco es misión de laicos que se proclamen demócratas.
Y la fiesta de los Reyes recuerda a quienes, según la creencia cristiana, fueron a adorar un niño que si lo hubieran abortado no habría nacido. Ese niño creó el cristianismo, cuyos creyentes tienen derecho a defender sus ideas en sus manifestaciones religiosas públicas y privadas.
Está creciendo el nuevo totalitarismo laicista, especialmente anticristiano, mientras decrece el histórico totalitarismo católico: es difícil imaginar actualmente al cardenal Rouco decidiendo qué carrozas más o menos acordes con lo que él piensa podrían autorizarse en la cabalgata el Día del Orgullo Gay.
Y las cabalgatas de Reyes y del Día del Orgullo Gay están subvencionadas igualmente por el Ayuntamiento y la Comunidad, al menos en Madrid, aunque también, y sobre todo, por las mismas firmas comerciales.
Que, estas sí, son ecuménicas y cosmopolitas: aparecen en todos los actos, tanto religiosos, como profanos.
Que se cuide quien esté en la tan católica República de Irlanda y profiera un blasfemia de esas tan comunes entre los españoles, antiguamente devotos de Frascuelo y de María, ahora de Jesulín y de Belén Esteban.
Cuidado: el 1 de enero entró en vigor allí una ley que multa la blasfemia con 25.000 euros. A quien sólo proclame, digamos, que el Dios del Antiguo Testamento era brutal, o que la Virgen no era tal, o la denigre con palabras gruesas.
Una sharia en un miembro de la UE de tradición católica, donde los malos tratos en los internados religiosos y la pederastia de numerosos sacerdotes son noticia permanente que escandaliza a muchos creyentes, más propensos por eso a vociferar juramentos.
Un ataque frontal a la libertad. Porque deben distinguirse el deber de respetar al ser humano piadoso, y el derecho a denigrar sus creencias, muchas veces detestables.
El librepensamiento, la Ilustración, se conquistaron en el siglo XVIII rechazando con razonamientos, y también con groserías, los dogmas religiosos.
Con esta ley irlandesa no existiría la Enciclopedia. Voltaire, Diderot, D’alembert habrían terminado arruinados o en prisión en la democrática República de Irlanda.
Habrían sido incapaces de divulgar impetuosamente el racionalismo, algo que para los creadores irlandeses de la ley parece blasfemo, ignorantes de que si tienen fe deben dejar que su Dios sea quien castigue los pecados ajenos.
La sahria irlandesa sólo le ofrece traición a los musulmanes que desean liberarse de la literalidad cruel y sanguinaria del Corán, un sacrilegio que según el fanatismo islamista también merece castigo: la muerte.
Es algo peor que esa multa irlandesa, que justifica los intentos del islamonazismo para asesinar a los dibujantes daneses que ridiculizaron a Mahona , o de atentar contra todos los que rechazan el mensaje de su profeta.
Van a sobrar por innecesarias 27 millones de las 37 millones de dosis de vacunas de la gripe A compradas por España, y se perderán gran parte de los 333 millones de euros que el Gobierno invirtió en medios para paliar la pandemia que iba a matar a decenas de millares de españoles.
La gripe A ha resultado un fiasco. Una gripecilla, como anunciaban tantos médicos escépticos, acusados también de negacionistas indeseables porque abundan entre ellos los que dudan de que el hombre ocasione el supuesto calentamiento global que iba a achicharrarnos este invierno y que está congelándonos, empapados.
Sí, todo el mundo necesita vacunarse contra la manipulación, el alarmismo y la mentira de los que explotan nuestros miedos y emociones.
Necesitamos vacunas contra el fraude sistemático al que nos sometieron no se sabe quiénes, desde dónde, ni por qué, con todos los pavores que nos inculcan, esta vez la gripe porcina, gripe A, o A1H1.
Se diría que somos ratoncillos de indias víctimas de campañas propagandísticas que ensayan cómo puede provocarse un pánico mundial, incluso entre los dirigentes políticos de cualquier país.
Porque el Gobierno español y sus únicos opositores, el PP y UPyD, cayeron en la trampa de creer en esta gripe, pero también lo hicieron otros gobiernos, incluyendo el de EE.UU., donde egoístamente los Obama hicieron vacunar a sus hijas antes que a nadie del país.
La manipulación no parece que sea por los 3.600 millones de euros de beneficios que obtuvieron con las vacunas las farmacéuticas fabricantes: eso lo ganan con cualquier medicamento sin necesidad de provocar pánico mundial.
Es como si hubiera algo oculto, como las grandes campañas atemorizadoras anteriores, la principal de ellas la del calentamiento antropogénico.
Hay que vacunarse, sí. Quieren aterrorizarnos y es imprescindible vacunarse con grandes dosis de frialdad, desconfianza y retranca.
Si usted conoce a iraníes recientemente exiliados, sea en Europa o en América, y especialmente en EE.UU., sabrá que ahora reconocen que el régimen dictatorial del Sha Reza Pahlavi, al que derrocaron en 1979, era preferible al de la república islámica que ellos mismos trajeron al entregarle el poder al ayatolá Jomeini.
Es una opinión que se ha generalizado entre muchos exiliados, incluyendo los que pertenecieron al Tudeh, el partido comunista perseguido por la Savak, la temible policía secreta del Emperador, el Sha de Persia: les era más fácil militar bajo aquel régimen que sufrir la opresión de los ayatolás que, según afirman, tienen permanentemente en prisión entre 80.000 y 100.000 opositores.
En España hay una colonia iraní de buen nivel social, con exmiembros del Tudeh laicos. Hay también chiítas, pero liberales: esta rama del islam era históricamente más abierta que la sunnita.
Característica que pudo hacer creer en Occidente que el ayatolá Jomeini iba mantener la separación religión-estado iniciada por el Sha, que estaba abriendo el país a la economía y las costumbres occidentales, aunque mantenía la dictadura política.
Dejarlo caer fue, quizás, el mayor error de Jimmy Carter, que por hacer el bien, porque era un santurrón buenista, logró que triunfara algo infinitamente peor.
La mayoría de los países occidentales podrían estar equivocándose también ahora al creer que si se hunde el actual gobierno del exaltado Mahmud Ahmadineyad, y liderado por el fanático ayatolá Alí Jamenei, el pueblo lograría nuevas libertades, más laicas y democráticas.
Posiblemente, no: los dirigentes opositores al gobierno siguen siendo mayoritariamente clérigos algo menos acalorados, pero que difícilmente aceptarían un sistema de libertades similar al de los países occidentales.
Es por eso que muchos de los que derrocaron al Shah desean ahora la reinstauración de su heredero exiliado en EE.UU., Ciro Rehza (49, hijo de Farah Diba) muy occidentalizado y que promete para Persia una democracia de corte occidental, con separación de religión y estado.
Sépalo usted: estos días numerosos funcionarios del Gobierno y de todas sus instituciones, además de los de las CC.AA. y los municipios más pequeños se reparten entre ellos cestas navideñas y costosos regalos que paga usted, pero que donan con la fastuosidad del rico que gasta de su bolsillo.
Una generosidad que les permite, a ellos y a sus familias, ahorrar muchos euros en las compras navideñas, sin pensar siquiera en que cada gasto de estos es una estafa a los contribuyentes.
Estos regalos, llamados coimas y viáticos, son copia de los auxilios espirituales de la iglesia católica a los moribundos y que nacieron en la vida política en el siglo XIX para alimentar a los funcionarios que quedaban en la calle cuando su diputado protector perdía el escaño.
Hoy, darse el viático es una norma y una muestra de poder, como la que permite firmar facturas a costa de las finanzas públicas por la gran mariscada de un par de políticos de la Junta de Andalucía destinados en Mercasivilla por valor de 875 euros, 145.000 pesetas.
Es para que un dirigente sindical de UGT gaste 300 euros como algo natural en el mejor restaurante del mundo, el Bulli, de Ferrán Adriá, o para que un manifestante contra los empresarios sea fotografiado con la bandera de CC.OO. teniendo humillado a sus pies a un limpiabotas en mitad de una calle de Madrid.
Denunciar estas actitudes corruptas y soberbias de la izquierda no es demagogia, sino necesidad, porque justo la izquierda nació para erradicar actos así que, dice su doctrina, sólo son de las derechas.
Ya no es que los Roldán desmantelaran la historia de los “cien años de honradez”, es que llevamos ya varias décadas sufriendo el choriceo de falsos progresistas.
Desde este 1 de enero España preside durante seis meses la Unión Europea, aunque su papel será más bien simbólico: el líder efectivo es el cristianodemócrata belga Herman Van Rompuy, ideológicamente alejado de José Luís Rodríguez Zapatero, el "premier" español que dijo en Copenhague con fervor revolucionario que en el mundo hay demasiados ricos y demasiados pobres.
Una expresión propia de los teólogos de la liberación y de los dirigentes del tercer mundo que culpan de la pobreza a las naciones que son prósperas gracias a su esfuerzo intelectual y físico, cuando ellos hacen todo lo posible para que en sus países haya pocos ricos, ellos los primeros, lo que genera muchos pobres.
Pocos le prestaron atención al discurso de Z., que sólo repetía tópicos sobre el calentamiento global en aquella fracasada reunión dizque para querer cambiar el clima del planeta.
Pero quienes lo oyeron estaban desconcertados: no sabían si pertenecía al grupo de los dirigentes de las democracias europeas, o era uno más de los Chávez, Evo Morales y similares: su discurso era el de esos populistas que culpan al imperialismo de todos los males que, en realidad, provocan y protagonizan ellos con su demagogia, corrupción y ausencia de laboriosidad.
Porque el líder de un país moderno que se quiere miembro del primer mundo dice justamente lo contrario, y Zapatero debería saberlo como lo saben los europeos como Van Rompuy: allá donde haya más ricos habrá siempre menos pobres, y a la inversa, donde hay pocos ricos hay más pobres.
Además de la constatación teórica de esa ley, es incuestionable empíricamente que pocos ricos no generan gran riqueza, mientras que si hay muchos ricos es porque han sabido crear una riqueza que inevitablemente saca de la pobreza a la población que los rodea.
Hembrismo y feminazismo son términos menos adecuados que el de femibolchevismo para describir a quien odia al hombre porque lo ve como un enemigo de género, nueva versión del enemigo de clase, como lo eran la burguesía y la aristocracia para los bolcheviques.
Observemos que la aparición de una ideología radical izquierdista basada en la lucha de géneros, término que sustituyó al de sexos, coincidió con el abandono en el mundo desarrollado de la dialéctica de la lucha de clases.
El marxismo-leninismo se aplica ahora atribuyéndole a la mujer el carácter de clase explotada. La mujer militante, como los bolcheviques, tiene la razón y el deber revolucionarios de romper las cadenas que atan su clase oprimida, el género.
Y si ella comete malos tratos físicos o sicológicos debe justificársele porque él “algo habrá hecho”, y además, porque el bien perseguido siempre será superior al mal ocasionado.
Bajo este pensamiento se creó la ley contra la violencia de género zapaterista, con la que en un conflicto entre hombre y mujer él siempre será culpable como miembro de la clase explotadora.
Contra esta ley se ha expresado públicamente, poniendo en peligro su propio empleo, el juez Francisco Serrano, que descubrió cómo una mujer hacía enviar a prisión constantemente a su exmarido denunciándolo por malos tratos cuando él estaba a kilómetros de distancia.
Juez de familia número 7 de Sevilla, Serrano conoce numerosos casos de denuncias falsas similares, y señala que si bien los hombres mataron este año a 54 mujeres, las mujeres provocaron numerosos suicidios y mataron a treinta hombres.
Cierto, los hombres son más violentos, pero no todas las mujeres son inocentes, como proclama el femibolchevismo, que exige ahora la destitución de este juez y, quizás, desearía facilitarle el final del Zar Nicolás II.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla