Ante el griterío que asegura que destruiremos el planeta si desdeñamos lo que se proclame estos días en Copenhague, deberíamos recordar que innumerables generaciones anteriores sufrieron un mundo mucho peor que el que nos anuncian.
Cualquier español mayor de cincuenta años puede sentirse satisfecho de estar aquí pese a todos los desastres que padeció cíclicamente, como sus antepasados, y que podrían haberlo matado media docena de veces.
Al nacer, de tuberculosis o de polio. O de hambre: hace sólo cinco décadas media España estaba famélica, y en muchos lugares no tenían ni electricidad ni agua corriente.
Había sequías tan largas que en las iglesias se evocaba la maldición de las siete plagas bíblicas, aunque se consolaban evocando que tras los siete años faraónicos de pobreza venían otros siete de abundancia.
Pero entre los pantanos reguladores de agua y electricidad y, sobre todo, el trabajo duro de todo el país y de sus emigrantes, los españoles sobrevivieron, incluso, en dictadura.
Quienes estudian historia conocen las teorías sobre los desastres cíclicos, tan antiguas que estaban recogidas ya en textos chinos, en el Génesis o en el teatro griego.
Recuérdense las amenazas de catástrofes cercanas, en los 1970 la de la congelación planetaria, o el hambre mundial cuando se superaran en los 1980 a 3.000 millones de habitantes, según Paul Ehrlich, personaje al que siguen homenajeando los catastrofistas a pesar de que casi somos 7.000 millones.
El SIDA iba a carcomernos sin excepción, igual que los carnívoros moriríamos como vacas locas. Íbamos a ahogarnos sin la capa de ozono. Con las gripes aviar, hace poco, y la actual, A-H1N1, caeríamos como moscas.
Ante la histeria del calentamiento, y sus miedos supersticiosos, recordemos tan sólo que sus inventores son vampiros que esperan chuparnos la sangre.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez