En un discurso que hizo estallar en aplausos varias veces a quienes le concedieron el premio instituido por Alfred Nobel, el inventor de la dinamita, Barack Obama recibió ese nombramiento parafraseando al Gran Hermano de “1984”, al reconocer que “La guerra es la paz”.
Los pacifistas y antimilitaristas que veían en él a un Mesías contra la violencia, que lo imaginaban el misterioso Enmanuel Goldstein que denunciaba en la novela de Orwell al belicista Gran Hermano, se quedaron pasmados cuando dedujeron que también “La paz es la guerra”.
Por eso los aviones de Obama –y algunos enviados por el manso Zapatero-- machacan a los talibanes, aunque de vez en cuando matan erróneamente a quienes no son terroristas, costo que debe asumirse porque “es en guerra justa”.
Cuatro siglos a.C. en el “Epitoma rei Militaris”, de Verecio, aparecía una frase que inspiró a Julio César cuando dijo “Si vis pacem, para bellum”, si quieres la paz, prepara la guerra.
A veces debe haber guerras, dice Obama, aunque le disguste a los pacifistas, unas almas cándidas pero peligrosas cuando tienen responsabilidades de las que dependen seres humanos.
Porque su excesiva cautela, generalmente cobardía, entrega el pueblo al albur de los monstruos agresivos o invasores.
Hay algo peor que la guerra, que es dejar en la indefensión a las poblaciones que no pueden defenderse, dijo Obama al recibir el premio en Oslo.
Pero es posible que su anuncio de abandonar Afganistán en un cercano plazo fijo provoque un mal mayor: no hay nada más indefenso que las mujeres en sociedades donde son tratadas como ganado.
Y si vuelven los talibanes al poder, quince millones de afganas se convertirán nuevamente en animales domésticos de carga gracias a la traición neopacifista del Comandante en Jefe de las fuerzas del bien.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez